La caducidad de las flores eléctricas

Una vez unas albóndigas hicieron breakdance en mi estómago. Luego salí del lavabo y busqué algo en la nevera para quitarme el sabor a bilis. No volví a comer albóndigas en años.
De pequeño era así, y le podía guardar el mismo rencor a las personas que a la carne picada; soñaba con que podía convertir a algunas personas en carne picada, y leía libros de Stephen King mientras pensaba en qué sentiría si matara a alguien, por ejemplo metiéndolo en una trituradora de madera.
A los treinta y cinco años salí de la cárcel por buen comportamiento. Aún era joven. Lo primero que hice fue entrar en un restaurante y comer albóndigas. Estaba dispuesto a aceptar mi pasado y afrontarlo, pero si quería que me aceptaran los demás no podía hablar mucho de él.
Conocí a una chica que aseguraba tener en casa una lámpara hecha con los huesos de un niño de diez años. A priori parecía un buen partido, fuera o no auténtica la lámpara. Al cabo de un mes de salir con ella tuvimos que dejarlo. Fue por culpa de la hipoxifilia, que es el proceso a través del cual un orgasmo es más intenso cuanto menos oxígeno te llega al cerebro. El motivo por el cual lo dejamos fue la asfixia involuntaria. El problema de la hipoxifilia es que si tú te corres en el mismo momento que ella, es probable que se te olvide aflojar la mano alrededor de su cuello.
Así que salí pitando de su casa, y la policía echó la puerta abajo varias semanas después cuando el vecindario ya no podía soportar el olor. Pasaron los meses y nadie reclamó mi presencia en comisaría ni invadieron mi piso de madrugada gracias a alguna huella dactilar. Era la primera vez que mataba de forma involuntaria, y no me sentó muy bien. De saber que vas a matar a alguien, prefieres vivir el proceso atento a los detalles, y no corriéndote en un condón mientras te pierdes cómo tu víctima se apaga lentamente, destroza a toda su familia y se convierte en una reseña en la página de sucesos. Había pasado mi juventud en la cárcel porque todo eso me parece infinitamente mejor que un orgasmo.

No me reformé. Todos querían pensar que sí, e hicieron que yo también me lo creyera. Pero con el tiempo volví a las andadas. Tal y como yo lo veo no es una cuestión de maldad; si pudiera matar sin destrozarles la vida a los seres allegados lo haría. Si mato es por una cuestión personal y un bien mayor, no tengo en cuenta las consecuencias colaterales para nada; no mato para hacer daño, sino para mi propio recreo: por mi objetivo.
Salir de la cárcel y aquel accidente con la gótica tarada hizo que me aceptase por lo que soy. Sea lo que sea. La flor no pide ser flor, igual que el Tiranosaurio no eligió ser agresivo. Soy un producto de la naturaleza. De la Tierra. De la evolución. Mi entorno tendrá que lidiar conmigo igual que el planeta tiene que lidiar con el ser humano. El día en que la naturaleza cree la enfermedad que acabará con todos nosotros, entonces la gente como yo pasará a ser la coherente, la que más acorde estuvo con su entorno, los que ayudaron a salvar la creación del mayor cáncer de la historia de la evolución. Si la naturaleza se renueva y autoabastece, entonces yo soy uno de sus enviados para reestablecer el equilibrio.

Mamá me entiende, sabe por dónde voy. No quisiera repetirme, pero sé que no mato por una cuestión simplemente lasciva o morbosa. O no solo por eso. Tengo el complejo de Edipo, lo reconozco. Soy un aliado, pero mi ejército son los tornados y los terremotos, las inundaciones y los tsunamis. Me siento bien, eso me hace sentir bien.
Después de tener la seguridad de que la policía no quería nada de mí, me atreví a seguir, a ser yo mismo. Mi madre se enorgulleció por ello. Un sistema biológico autodestructivo no es como un depresivo que se tira desde una cornisa. Mamá sabe que sólo somos abono, incluso yo, su soldado, uno de ellos. Pero no me importa saber el final, no si sé que contribuyo a una causa mayor. La fauna se comerá las ciudades cuando mi alma descanse en el sueño eterno de los justos.
Seguí matando. Descubrí que el sexo es un buen aliado de la muerte, y combiné esos dos factores, que en definitiva eran pura evolución histórica; sexo y muerte significan futuro. El ser humano cree poder controlarlo todo, crear y destruir a su antojo. No conocen a mamá. No saben que la misma casualidad que les ha vestido con ropa de marca es la que les asfixiará por hipoxifilia existencial.

Madre, tú sabes de qué hablo, y con eso me basta. Me gusta rezarle a la Diosa verde, la única que hay, la que reparte y renueva. Lo de lo dinosaurios solo fue mala suerte, siempre se van los inocentes. Una vez nace el ser humano, se convierte en la única especie que tiene la auténtica capacidad de elegir entre crear y destruir; y cuando tiene acceso al poder la tendencia es arrasar con todo, incluyéndose a sí mismo: la única parte positiva. Somos producto de la misma casualidad que todo lo demás, pero hasta mamá se equivoca. Yo quiero pagar por sus errores, estoy dispuesto a ello. He ahorcado a niños en las ramas más altas, he quemado personas del mismo modo que un pirómano tira una cerilla en el bosque, he probado la carne humana añadiendo salsas igual que nosotros hacemos con cualquier animal que nuestra cultura acepte como alimento.
Trabajé como cocinero durante tres años, y todo tipo de gente pagada de sí misma comió carne humana que yo conseguí hacer pasar por delicias de a veinte euros por cabeza. Ascendí y tuve a mis órdenes más de veinte camareros que nunca hacían preguntas. Sonreía y saludaba a todo el mundo, y todos volvían a por más. Sopa, supuestos platos de pollo o ternera, huesos sospechosos. Utilizaba como aliadas todas esas deliciosas especias que nos da la tierra, y que pueden hacer pasar cualquier tipo de carne por aceptable menú para educados en recetas básicas tradicionales.

No puedo evitarlo, estoy enamorado de ella, es mi único amor. Salgo a un balcón y respirarla es casi imposible. Pero lo poco que aún queda de ella en las ciudades es mi droga, mi motivo para vivir y la mejor justificación para matar. No pueden clasificarme: desde el mismo momento en que naces estás metido en el ajo, nadie es inocente. Y yo tampoco. Pero estoy dispuesto a seguir con lo mío y a la mierda con todo.
Dejé el restaurante porque llegó un momento en el que engañar a esos bobos con precios elevados y salsas sofisticadas comenzó a ser aburrido. Aproveché mis habilidades culinarias para convertir mis asesinatos en mi forma de autoabastecimiento. Antes de matar a alguien pensaba en cosas como: ¿podré conservar esos muslos más de tres semanas sin que se estropeen? Matar es complicado de por sí; pero cuando además tienes que evitar cortar el tubo de la heces la cosa empeora. Pasé del fuego y las armas blancas a tácticas más elegantes: la asfixia siempre ha sido mi favorita, pero si la quieres incluir en tu juerga de sexo tienes que procurar embaucar a chicas menudas. Un fallo supone volver a la cárcel, y no quiero dejar a mamá sin mis servicios.

Lo único que lamento es no poder estar el día que todo se vaya a pique, el día que los seres humanos comiencen a caer como fichas de dominó con su mísera filosofía derrochadora. A veces sueño con poder quedarme a solas con ella, cuando el agua y la vegetación sean otra vez lo único, y morir signifique más extinguirse que desangrarse. Puedo ver rascacielos llenos de musgo y ciudades inundadas, materia prima al servicio de la supervivencia, y ausencia natural de codicia. Quisiera poder contemplar un mundo en el que el dueño en la cadena alimenticia se comunicara con rugidos o modos viscerales de comportamiento. Rezo por que caiga otro meteorito. Mi pornografía son las chimeneas en desuso, un torero llevado en volandas mientras deja un reguero de sangre; se me pone dura con entierros y familias destrozadas, con funerales militares y zonas residenciales en llamas. Me encanta que me llamen loco mientras aún respiran; esa misma gente que está dispuesta a sacrificar bosques enteros para poder utilizar sus posavasos.
Mamá respira tranquila aun viendo cómo torturan a su hija, mientras prepara su plan maestro.

He perdido el tiempo viendo malos partidos de fútbol y bebiendo en discotecas de reputación inflada. Me he pasado horas viendo el Disney channel, una especie de reducto televisivo para quinceañeras pijas y pederastas conformistas. Me he pasado tardes enteras en gimnasios para poder decirlo después con camisetas estrechas. Me he cortado el pelo con puntualidad mensual y hasta una vez me hice la manicura. Soy lo suficientemente patético como para pasar desapercibido. Ya no me da miedo volver a la cárcel. Mi número de víctimas es superior al de un terremoto de intensidad media, pero muy inferior al de muchos sistemas legales. La madre naturaleza sigue respirando nuestra mierda al mismo tiempo que su amor por nosotros decrece. Algo terrible está creciendo detrás de ti cada vez que madrugas y trabajas y vuelves a acostarte. Tic-Tac. Tic-Tac…

[Nunca he puesto un video de Björk, así que ya es hora. Poner “Björk live” en youtube es toparse con videos tan potentes y bizarros como este. Esta tía me gusta tanto que es capaz de hacer que le vea sentido a un desfile de modas. Quizá porque ella está cantando mientras tanto uno de sus clásicos con un vestido de esos que no caben en el comedor de tu casa, un peinado que más o menos lo mismo, y una máscara que parece de perlas y que vete a saber en cuánto debe estar valorada. En fin, que al final lo que más importa es el temazo.]

bjork-with-lace

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21 comentarios en “La caducidad de las flores eléctricas

  1. Concorde contigo acerca de BJORK.
    Su música es dimensional, estrangulante, estrambótica, indefinida, e infinita.
    Me encanta, se nota poco, pero me encanta.
    Además ese video, es apaciblemente espectacular.-
    Habrá que esperar el nuevo disco.

    Saludos, y genial saber, que ésta, está entre tus gustos.

  2. Como ha comentado uno de los compañeros….eso, te has metido en la cabeza de un asesino…pero como siempre genialmente escrito…

    Como siempre …

    Tus escritos son trascendentes y algo frios …eres el mismo en cada uno de ellos porque tienen tu forma y sin embargo son mundos diferentes …supongo que eso es saber escribir…

    Con lo de frio me refiero que nunca imagino al escritor…sólo veo su historia apasionante…en este mundo de blogs siempre sabes que hay alguien detras, que le escribe normalmente al amor, a cosas sociales, sabes más o menos lo que le importa …y contigo me pasa que lo importante es lo que escribes …no veo tu cara….como si llevaras una máscara

    Bueno …cosas mias …

    Encantada como siempre, tambien de leerte …

    Un saludo

  3. Vaya! Jordim, me he colado un montón de nuevos posts tuyos!

    Perdona por la ausencia.
    Me pondré al día mañana, comenzando el finde.
    Y te seguiré para que no me ocurra más…

    Un saludiño!

  4. El texto es crudo. Pero replantea varias cuestiones como por ejemplo si el asesino nace o se hace o si parte de sentimientos humanos llevados al extremo por alguna razón larvada en un fallo mental… o simplemente hay personas en las que por alguna razón todo resbala, no les importa ni su propia existencia cuanto menos la de los demás. A eso puede llamarse maldad? No se, me dejas descolocada, como simpre y eso me gusta. Un beso.

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