Cambiar el mundo

El Señor A se levantó de la cama a las dos de la madrugada, con una migraña terrible y su habitual dolor de espalda. Abrió la persiana y vio otra noche más cómo el vecino de enfrente, quinceañero de libro, se masturbaba en su habitación mirando el poster de siempre de Amanda Seyfried: actriz, lo más parecido a la nube blanca y solitaria de las diez de la mañana de un sábado libre de trabajo, cuando abres la ventana y el aire que respiras parece totalmente limpio después de haber dormido nueve horas.
Amanda posa descalza con una especie de camisón blanco por encima de las rodillas, de pie con su aura de photoshop, y sonriendo de esa forma que te hace pensar que jamás podrás tocarla, a no ser como lo hace el vecino del Señor A.

Los problemas de insomnio del señor A venían dados por una salud física que parecía querer matarlo lentamente. Él, de hecho, estaba convencido de que tarde o temprano sería huésped de un cáncer o un tumor. Su cuerpo parecía predestinado a sufrir los más horripilantes dolores, hasta morir un día mucho antes de la tercera edad después de varios años de insoportable enfermedad.
Poco después de que el vecino sacara de su mesilla un rollo de papel higiénico para limpiarse, el Señor A se tomó dos aspirinas y volvió a la cama.
Sorprendentemente durmió a pierna suelta, hasta que el despertador chirrió dándole la bienvenida cínicamente a la realidad: el trabajo de alta esfera del señor A, como él decía, arruinador de cualquier posibilidad de huir, conocer mundo o simplemente ser mínimamente feliz. El señor A no tenía el suficiente valor como para romper con su acomodada y monótona vida; jamás se sentiría tranquilo y feliz como él deseaba, del mismo modo que su vecino jamás conocería a la chica del poster.
Tenía una labor que le obligaba a ir constantemente de un lado a otro en avión: absurdas reuniones; poses; negociación, mentir, regatear, estafar. Desde joven siempre escogió el camino más práctico, y ahora se sentía tan sólo ocupado; siempre elucubrando para mantener ciertas cifras inamovibles, y si es posible en constante estado de crecimiento potencial.

El día de trabajo transcurrió entre pasillos y salas de reuniones, camisas perfectamente planchadas, corbatas, mesas de caoba enormes y oficinas con vistas a la gente de a pie. Los protocolos se amontonaban del modo habitual, los susurros entre socios, los papeles de un lado a otro con columnas inacabables de estadísticas y logos de empresa. El Señor A sonreía en el momento adecuado intentando mimetizarse con el entorno. Lo de menos era llevar a buen puerto una gestión empresarial coherente; lo que importaba era alcanzar una buena cifra de ventas, ya estuviera sustentada en la honestidad o en la falta de escrúpulos. El Señor A a veces sentía que la única forma de salvar su alma sería entrar en una de esas reuniones de peces gordos y ametrallar a socios y colaboradores, con la esperanza de dejar ciertas empresas en manos de gente que al sonreír no parecieran excavadoras abriendo sus fauces.
Pero el principal motivo por el que era absurdo matarlos a todos, era que la savia nueva que llegara a ocupar esos puestos tendría la misma mentalidad adoctrinada en Ambición y Codicia, las dos asignaturas básicas para entender el mundo. El Señor A se consideraba a si mismo una puta, pero sin la parte en la que el cliente experimenta algo de consuelo.

Se fumó el primer cigarrillo del día pasadas las siete de la tarde, en los lavabos de un aeropuerto; así de tarde, pensó. Las cosas se estaban yendo de madre, a ese paso dejaría de ser él mismo para empezar ser un tipo más, el aterrador hombre corriente, huyendo siempre de la autodestrucción mientras destruir no es más que trabajo, uno bien remunerado, para el cual necesitas un currículum a rebosar y varias recomendaciones.

Cuando a llegó a casa, cenó un plato precocinado imitación de spaghetti carbonara. No había tiempo de cocinar cuando la vida consistía en aprovecharla de ese modo irremediablemente esquematizado con el que la noche sirve exclusivamente para dormir. Organizarse significaba asentir, sonreír y olvidarse de la infancia, cuando cogíamos un palo de madera y podíamos crear todo un mundo alrededor. La edad adulta era directamente perder la inventiva, fijarse en el de en frente y hacer lo mismo pero mejor. El Señor A sabía que su vida, pensada detenidamente, no tenía ningún sentido; por mucho que fuera calcada a la de los demás.
Había una mujer interesada en él. Tímida, cada vez más guapa en cada encuentro, responsable, insegura: la Señorita @.
El Señor A no había tenido buenas experiencias de pareja. Y cuanto más lo pensaba menos sentido le veía a la monogamia; para él era una pura cuestión de estadística; el amor era una reacción química que curiosamente podía marchitarse fácilmente una vez superada la novedad sexual. Una vez estabas libre de tradiciones y creencias, no eras más que un ser humano curioso cuyas restricciones del camino no podían comprender ni lo sentimental ni lo sexual; la única restricción, el final del camino, sólo podía ser la muerte. Y limitarse durante el trayecto hacia ella cada vez le parecía más forzado.
Él era un hombre de negocios, y tendía a proyectar una imagen de éxito. Y si no podía ser feliz en una relación monógama… ¿qué era exactamente lo que le prohibía vivir de otro modo?
Él tenía amigos que asociaban la soltería y la poligamia a la infelicidad: Sí o sí. No había salida. Pero ¿podría él aguantar con la Señorita @ hasta el final de sus días? ¿O la monogamia en serie sí proyecta una imagen de felicidad de cara a la galería? ¿Se puede ser feliz si los demás consideran que no puedes serlo viviendo de una forma determinada? Es decir, ¿los demás van a dejar que seas feliz si te atreves a hacer lo que quizá muchos de ellos no hacen, precisamente para no alterar el impecable prejuicio que han alimentado sobre si mismos? Rectos, responsables, profesionales, monógamos…

El Señor A se comía los días con patatas congeladas y raciones minúsculas de todo lo que sirven en un avión. Ganaba tanto dinero que nadie se atrevía a juzgarle si no era para quitarle de algún modo parte de ese dinero; dichos ladrones eran básicamente otros tipos como él, con trabajos similares, y con los que muchas veces coincidía en primera clase mientras las azafatas intentaban venderles botellas de coca-cola encogidas, como recién salidas de una lavadora industrial para materiales tratados para primeras marcas: Productos seguramente ideados por colegas de profesión. Si el Señor A miraba alrededor, podía contemplar que casi todo lo que existe ha salido de un brainstorming, hecho por gente que trabaja para que el cerebro de todo hijo de vecino funcione por impulsos irreflexivos.
La idea básica para controlar las mentes es que todo el mundo funcione de adulto como cuando eran niños, pero sin los comportamientos aleatorios ni la creatividad de los niños. El plan es secar cerebros. La idea es que nadie vea las distintas opciones, que sólo vean unas pocas y las consideren sagradas. Da igual si es para elegir un refresco en el supermercado o para decidir qué carrera vas a estudiar; soltero o casado; monógamo o polígamo; con una personalidad propia o la de serie según el entorno… Con todo, un buen negocio necesita un target al que dirigirse, porque ¿qué pasará el día que una gran mayoría comience a pensar por sí misma?

El día que dejemos de comprar coca-cola será el principio de la anarquía, cuando muchos abran su nevera y se den cuenta de que siempre hay lo mismo; cuando miren a sus mujeres y se pregunten qué es lo que han hecho durante tantos años, y sobre todo, por qué ¿Para ellos? ¿Para los demás? ¿Para tener hijos? ¿Querían tener hijos? El Señor A comenzó a comprender con el tiempo que para mucha gente la vida era como la gravedad, solo había una opción posible; hagas lo que hagas no conseguirás que la manzana flote; hagas lo que hagas, si no vives como todos, no serás feliz. Siempre notarás que te falta algo, o te sentirás muy solo, sentirás un vacío terrible cuando todos abran sus regalos en familia cada cierto tiempo por fiestas oficiales. Siempre te sentirás mal, pero no será porque tu opción sea peor, sino porque una gran mayoría estarán totalmente convencidos de que la suya es mejor. Y difícilmente alguien se te unirá, por el mismo motivo por el que el niño rarito del patio, por muy divertido que sea cuando hablas con él, siempre está marginado. Sus juegos son distintos y quizá más ingeniosos, pero es el único que juega a ellos, y no puedes rebajarte.
El Señor A cada vez estaba más convencido de que es ese algo que no funciona en las personas en cuanto a pensarse un poco más, lo que hace que tantas cosas vayan mal, al final, por un gran y estudiado efecto dominó.

La Señorita @ dejaba mensajes en el contestador del Señor A. Concisos, dejando claros sus sentimientos y que necesitaba una respuesta, positiva o negativa, para poder seguir con su vida. El problema era que lo más cómodo era no contestar, y además también era agradable que hubiera alguien a quien no solo no le dabas igual, sino que además estaba pendiente de ti, sufría por ti, y quizá hasta te quería. El Señor A estuvo durante mucho tiempo adaptando su actitud práctica a su vida sentimental en lo que a la Señorita @ se refería; lo cual ya hacía mucha gente de otras maneras igualmente reprochables, pero mucho mejor vistas.
A la larga, gracias a los remordimientos, la a veces inexorable lógica hizo que el Señor A quedara para tener una conversación seria con la Señorita @.
De todos modos todo el asunto se estaba convirtiendo ya en algo muy estresante. El Señor A se prometió a sí mismo que la Señorita @ sería su último trabajo para la E.C.S. Las personas eran algo más que ratas de laboratorio. Y además combinar los horarios con su trabajo diario era un caos. Los Estudios de Comportamiento Social eran una forma más de limpiar conciencias. La gente normal colaboraba con ONG’s o apadrinaba un crío. Pero el Señor A recibió información privilegiada sobre una facción secreta de investigación; un chiringuito privado que nadie sabía quién financiaba.
Cuando mantienes una relación con alguien enviando siempre al final del día un informe sobre los patrones de comportamiento de tu pareja y sus amigos, no siempre crees que estés aportando algo positivo al mundo. Al cabo del tiempo el Señor A comenzó a analizarse también a sí mismo, su modo de vida, sus compañeros. Los psicólogos reclutados por la E.C.S se planteaban a diario si lo que estaban haciendo era lícito, y si gente como el Señor A, por más enchufe fiable que tuvieran, estarían preparados para calar a todo el mundo, hurgar en hipocresías y salir después sanos y salvos de la experiencia. Lo peor de analizar los defectos de los demás era ver que los demás no eran más que otra vez tú.
Nadie podía dar nombres reales; el Señor A sólo era el Señor A; y la Señorita @ podía tener un nombre precioso, pero desde el momento en que el Señor A la conoció tuvo un nombre oficial para ella. Se trataba de llevar al extremo la idea de que al final para todas las instituciones sólo somos uno más en la lista. De igual modo que cualquier otra empresa sólo te ve como trabajador o cliente potencial, la E.C.S tampoco debía implicarse emocionalmente si quería tener unos datos precisos con los cuales poder trabajar. Si el mundo nos había convertido en seres básicos, egoístas y estúpidos, no había por que negarnos la posibilidad de intentar enmendar las cosas poco a poco.

Así que el Señor A quedó con ella una vez más, @, otra chica más que a priori parecía tan angelical o más que la actriz del poster del vecino de enfrente. Otra Amanda, otro número bonito de lotería con el que jugabas con la esperanza de que éste sí te cambiara la vida.
El Señor A sabía muy bien que @ sólo era a priori otro objetivo de análisis, otro experimento; pero dadas las circunstancias, y a sabiendas de que ya tenía decidido dejar el E.C.S, se dijo que si ella le gustaba dejaría de actuar como un robot, dejarían de llegar informes, e impediría que actores, psicólogos y demás miembros de la organización entraran a hurtadillas en su vida para intentar reordenar sus prioridades. Funcionaba así. Si los informes estaban llenos de datos sobre alguien tremendamente egoísta, manipulador, controlado e hipócrita, E.C.S ponía a trabajar a sus empleados. La cifra de objetivos que “malear” era mareante; el Señor A sabía que en cualquier ciudad del país había miembros de la organización haciéndose pasar por amigos, camareras, gogós, prometidas, barrenderos, y un largo etcétera de personas que no eran lo que parecían. La organización estaba creciendo tanto que ya no se sabía hasta qué punto eso era positivo o negativo.
El día del encuentro entre A y @, el Señor A estaba más nervioso que de costumbre. Llevaba cinco años colaborando para E.C.S, y no sabía si habría perdido la habilidad de observar la parte positiva de la gente. Llegó un punto en que la mayoría de personas, incluyéndose a sí mismo, le parecían ridículas e hipócritas, siempre obsesionadas con la mundanidad y las posesiones, ya fueran un armario lleno de ropa o una novia llavero, que es como en E.C.S llamaban a las chicas florero cuyos novios siempre comentaban a sus espaldas que sólo eran sexo para ellos.
A y @ se encontraron en una cafetería céntrica. @ llevaba un vestido de flores escotado, el pelo suelto y una diadema rosa, como si en lugar de tomar un café fueran a rodar una escena porno encima de la barra. @ sabe jugar sus cartas, pensó el Señor A. Ella había puesto toda la carne en el asador, hasta un punto de encanto que superaba la versión photoshop de Amanda Seyfried. Dadas las circunstancias, el Señor A no podía abalanzarse encima de @, así que comenzó a hablar en su tono habitual de prueba, sobre su hernia, sobre lo hipocondríaco que podía llegar a ser, sobre los tumores y todas las enfermedades y bichitos minúsculos que podían entrarte por la nariz y matarte. Incluso ella, le dijo, aun con todo lo guapa que era, acabaría dentro de una caja de madera, pudriéndose y desvaneciéndose en la memoria de todo el mundo. Así es, señorita @, le dijo, tú también estás muerta.
– Parece que hayas soltado ese discurso de memoria – dijo ella -. ¿Te haces revisiones anuales?
– Eh…
– Deberías hacerte revisiones anuales.
– Bueno, no todos los años…
– ¿Te gusta tu trabajo?
– La verdad es que no.
– ¿Ganas mucho dinero?
Esto tenía que ser al revés, pensó el Señor A; el miembro de E.C.S siempre debe conducir la conversación. Aun así le dijo que sí, que no podía quejarse, que, joder, estaba podrido de dinero.
– ¿Y te parece importante, es lo que crees que importa de verdad?
– Bueno, antes sí.
Se hizo un silencio. @ estaba comenzando a asustar al Señor A.
– ¿Conoces la A.A.S? – dijo ella de sopetón
– ¿A.A.S?
– Sí, la Asociación de Ayuda al Suicida… Hay muchos miembros de la E.C.S que han recurrido a nosotros; no tienes de qué avergonzarte. No sois tan… secretos. Tantos años intentando ver la realidad sin filtros pueden afectarle a uno… Y el derecho a la muerte debería ser algo fundamental… Desde nuestra asociación, queremos darte todo nuestro apoyo. Tenemos varios pisos a los que puedes acudir, todos con asistentes y gente competente que te ayudaría a morir… A ti y a cualquiera de tus familiares, siempre que sean mayores de edad… No me mires así, te he captado como hacemos con todos; te he seguido y he observado tus movimientos. Hace años que no sales con una chica si no es para la E.C.S. Y ni tan siquiera has pasado la prueba del pajillero.
– ¿Qué?…
– Tío, nadie se queda embobado viendo masturbarse a un quinceañero cada día si no es por puro hastío crónico, o porque es un pederasta; y tú no das el perfil de pedófilo. Ese chico trabaja para nosotros.
– Pero… yo no quiero morir…
– Alto ahí – interrumpió @ -. Todos decís lo mismo al principio. Tienes lo síntomas claros. Llevas años siendo un maníaco depresivo, eso nunca se va del todo. Contesta con sinceridad: ¿Has pensado alguna vez en el suicidio?
– Bueno, sí, pero…
– Basta… Correcto. Te voy a pedir que te aferres a ese pensamiento. Que lo tengas en cuenta. Solo es otra opción, pero es tan factible como las otras. Míralo así: es el reposo eterno, el fin de los problemas, esa nada que todos buscamos al corrernos, el vacío a salvo de preocupaciones y miedo. Piénsalo: Suicidio. Repítetelo a ti mismo: Suuuiiiiciiiidiooo…
– Ajá…
– Lo siento, llego tarde a otro sitio. Te dejo pensando.

La señorita @ dejó una tarjeta en la mesa, se levantó y salió de la cafetería. Caminó rauda hasta un bar cercano, cruzó la calle. Entró y besó a un hombre de unos treinta años.
– Perdona – dijo @ -, tenía un trabajillo pendiente… Dime, de qué querías hablarme.
Silencio.
– Bueno… ¿Has oído hablar de la O.R.P?
– ¿Cómo?

[Voy a volverme un poco loco y voy a recomendar “Transformers 2” (cuyo trailer podéis ver arriba, porque no sabía qué video poner y no tenía ganas de pensar). Salir en defensa de Michael Bay no es fácil, pero voy a intentarlo. Esta película, incluso más que la primera, tiene escenas de acción y momentos concretos que ya valen la entrada (si en tu pueblo la oferta en cartelera es limitada). Llega a tal nivel de delirio gratuito y sus personajes son tan planos, que llega un momento en el que piensas: a la mierda. Vale, Michael Bay, me creo eso que dices de que es una peli para niños, aún con el culo de Megan Fox planeando durante todo el metraje (su primera aparición resume lo mejor que puede ofrecer Bay al cine), y los casi ciento sesenta minutos de película. Y sin olvidar la escena en que, (SPOILER) otro pibón por el estilo intenta degollar al protagonista sacando un brazo metálico por la boca, para pasar a convertirse en robot igual que los coches y los camiones (gran escena, lo reconozco, pero eso en los dibujos ni de coña…) (se cierra SPOILER). Total, que si os apetece ver cine de acción honesto hay que reconocer que el chulopiscinas de Bay sabe hacerlo bien cuando se limita solo a eso. Ni tan siquiera me han sorprendido las cuatro estrellazas que le han plantado a la peli en el Fotogramas de este mes… Y en la foto de abajo, podéis ver a la “chica nube” del relato, que siempre luce mucho en cualquier blog al final del post…]

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25 comentarios en “Cambiar el mundo

  1. Como me pasó con el anterior post en la primera parte todo me parecen reflexiones geniales…esas cosas y gentes cotidianas que nos negamos a ser o a tener alrededor y sin embargo existen…

    Las segundas partes quiero pensar con algo más de ficción pero lo que no s gustaría hacer en nuestro rincón más oculto …”matar” a la celestina y aqui tambien como cambia la historia …

    Eres muy bueno, diferente…invitas de forma onirica a la reflexión …o a cosas que ironicamente pensamos algunos de la sociedad …

    Como siempre un placer leerte

  2. ¡Bufff! este es el relato que más ritmo tiene de los que te he leído.

    De todas maneras, aunque la felicidad perfecta no existe, el Sr. A era medianamente feliz, pero siempre se puede mejorar.

    ¡Un placer leerte!

    MIGUEL

  3. Tus reflexiones son extraordinarias, como siempre. Y muy próximas. ‘Tranformers 2’ la vi el miércoles con mi hijo. Larga, muy larga; Y ESPECTACULAR, eso sí. Pero si salían juntos en pantallala vista dejaba a los ‘mostruitos’ de lado y se iba hacia Megan Fox. Es tremendamente guapa. Y cómo la utiliza Bay! Como dices, la primera escena resume lo que puede dar de si ella y la peli. Un abrazo.

  4. Por momentos me hizo acordar el relato a 1984 de G.O. Me parece interesante el análisis de la sociedad, donde poco es lo que parece y los caminos que elegimos, o que nos eligen, y hacia dónde vamos… da para largo. Saludos!

  5. Me gusta leer tus reflexiones sobre la sociedad y la manera en como lo haces. La de hoy es extraordinaria. Al ser humano más tarde o más temprano llega un punto en el que ha de decidir ser valiente y mirar en su interior o hacer que no ve nada. De nosotros depende como queremos vivir nuestro tiempo de paso por el apasionante camino de la vida.

    Un abrazo.

    Montserrat

  6. Uy, qué tierno… rescatar y ser rescatado, jeje…lo peligroso debe ser… suponer que se es inmune al rescate… En fin… Salu2.

  7. Supongo que entre todos pordíamos cambiar el mundo, si no fuera por el SCAC generalizado (Síndrome de cojones amplios y cómodos).

  8. Me gusta tu manera reflexiva y casi costumbrista de ir desarrollando los relatos..
    nos llevas alli, nos metes en cada personaje a traves de tus palabras

    un abrazo

  9. Maravilloso giro…
    sigo diciendo y pensando que eres un escritor con pluma afilada y sarcástica; un puntito amargo y ternura bajo la dureza de las afirmaciones de tus personajes.
    Rotundidad y humor negro.

    Genial…!!

    Jordim, encantada de poder leerte !!

    ( pensamiento hipocondriaco )

  10. Mucho me temo que, a pesar de todo, A y @ acabarán casados, serán padres de unos deliciosos gemelos in vitro y adoptarán también, por qué no, a una niñita negra.

  11. Me ha encantado el relato… en la vida todo es cíclico… atraemos lo que nosotros mismos somos… esa es la realidad…
    Una parte me ha recordado la peli: “El show de Thruman” no sé exactamente por qué…

    Un fuerte abrazo y felicidades por tus posts!

    Muakssssssssssssssssssssssss!!!!

  12. waaaw!

    me encaaaaanta… no se que carajo consumis para escribir estas historias… realmente me fascinan… son muy tensas y el giro que lograste dar es genial…

    es la puta realidad, es la paranoia que nos encierra.. es genial…

    un abrazo grande

    fran

  13. Resulta tranquilizadora esa manera calma de plantear el suicidio como una alternativa mas.
    Me ha “tocado” lo de…. el carácter aleatorio de los niños y su creatividad…..
    ¿ Hus leído “El hombre de los dados” de Luke Reinhart ?

  14. Jejeje este ha sido curioso. Da qe pensar como crees que controlas la situacion y al final eres tu el controlado.

    Me recuerda al Show de Truman, me encanta esa peli jeje y emparanoya en verdad jeje.

    Enfin, ultima lectura por hoy, le cogido vicio a esto jeje

    saludos 😉

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