Drogas duras

Puta no es la palabra correcta, pero es la primera que te viene a la mente. Hay por la calle unas quince chicas entrechocando y llamando la atención con diademas polla en la cabeza. De vez en cuando alguna dice lo que sea y las otras estallan en risas. La que parece la futura novia va ya como una cuba aun siendo las siete de la tarde. Un día más se le escurre a todo el mundo de las manos, y ninguno hemos aprendido nada.

El calor me aprieta contra la depresión en mi bonito piso modelo caja de zapatos para futuros muertos sin gloria. El tabaco me vuelve a salvar el día. Quizá vale la pena vivir unos años siendo un vicioso en lugar de vivir toda la vida cabreado. Estoy de pie, mirando por la ventana, en lo que sería mi despacho, una habitación en la que apenas cabe una mesa escritorio y un pequeño mueble archivador. De no tener ventana esto casi se podría considerar un cuarto trastero. Tiras de paciencia en momentos así. Lo más que podría tener aquí conmigo es un pez, pero siempre he creído que es como tener que dar de comer a un cuadro. Cuando viene visita procuro ocultar mi nacional-cinismo; les sonrío a todos de oreja a oreja mientras se dan cuenta de que aquí no habrá una habitación para el bebé. Y además las prostitutas no cuentan como relación estable, por muy fiel que seas al servicio.
La realidad no suele encajar con la idea de la vida que la gente tiene en la cabeza: de ahí muchos fracasos. Ser feliz siempre es la meta, de modo que casi es normal que todo el mundo pierda el culo por creerse que la felicidad está en el camino. Supongo que se trata de disfrutar a cualquier precio; esos capullos deben referirse a eso. Dan ganas de llamarles los lunes por la mañana y reírse de ellos hasta que te cuelguen. La felicidad está en el camino, sí, en el de baldosas amarillas. Todos hablan de lo muy placentero que es aguantar y aguantar sin correrse, pero ninguno de ellos se pondría a ello si jamás pudieran llegar al orgasmo.
Blá. Blá. Blá.
Todos hablan sin parar amontonando idioteces aprendidas de la sección basura de cualquier librería; u oídas a otros que, como ellos, son incapaces de hacer un análisis cercano a la realidad sobre lo que viven, sobre lo que ven y lo que hacen. Algunos suicidios deben llegar cuando uno de esos ilusos abre un día de repente los ojos.

Suelto el humo con un soplido y sin querer esparzo la ceniza del cenicero por toda la mesa y el suelo. Todo el piso huele a tabaco como un bar mal ventilado. Pero lo bueno de tener un piso versión zulo moderno, es que lo limpias en apenas unos minutos.
Dejo la escoba y el recogedor y me siento y abro el ordenador portátil; me pongo a escribir; aún le debo un texto a una revista, una de esas revistas semi-eróticas que nadie lee, y que ya nadie en la era de internet utiliza tampoco para masturbarse. Pero por algún misterioso motivo sigue vendiéndose. Es una de esas publicaciones que la gente hojea cuando están esperando el turno en la peluquería y cosas así. El caso es que mi columna de la penúltima página solo sirve para cuadrar la maquetación. Mi foto corona siempre el texto; es una de esas instantáneas en las que ni siquiera te reconoces. Salgo sonriendo, de esa forma en que enseñas los dientes cuando te vas a hacer las fotos de carné, cuando lo último que te apetece es reír delante de la dependienta. Ya sea con los demás o a cámaras fotográficas, tienes que pasarte la vida haciendo muecas. Mucha gente no debe estar agotada por el trabajo o las responsabilidades, o los hijos o por cuadrar números; más bien deben estar hartos de fingir. Supongo que una vez empiezas en la vida, ya no hay marcha atrás. La apariencia es una de las peores drogas, y ni tan siquiera acaba contigo a los treinta; además, si te metes esa mierda desde tu adolescencia, quizá tengas que recurrir a ella para siempre, ya sea a la hora de vestir o para tomar decisiones.
Lo he visto, llega un punto en que debes creerte tanto tu personaje que ya estás totalmente convencido de que eres así. Es el destino manifiesto, sólo eres todo lo libre que los demás te dejen ser; aunque eso sea en gran parte mentira.

Comienzo mi columna quejándome por todo, como siempre, por mi vida, por la de los demás y por cómo otros que piensan igual que yo deciden fingir que tal y como está todo ya les va bien. Y una vez cierro el primer párrafo, decido hablar sobre el optimismo, el optimismo sincero. Sobre esas personas deliciosas que son luminosas por fuera porque lo son por dentro. Recuerdo una revelación importante con un amigo mientras hablábamos de mujeres. Una vez superada con mucha dificultad la parte sexual de la conversación, él me comenzó a hablar de alguien en concreto, de que se había enamorado “o algo así”. Me habló de una taquillera de cine a quien conoció; una de las pocas personas en su vida, me dijo, que cuando sonreía no estaba intentando librarse de ti de algún modo, ya fuera acelerando la llegada de su turno para hablar o para fingir cualquier otro sentimiento. Así que cuando ella estallaba en carcajadas la vida cobraba sentido, había una persona que de algún modo conseguía irradiar luz natural, en contraste con el buen humor de batería que luce la mayoría. Tanto me habló mi amigo de la muchacha milagrosa, que comencé a formarme una idea de ella en la cabeza; una idea física, por supuesto.

Al rato, releo lo que llevo escrito y me doy cuenta de que el texto está derivando en algo demasiado personal; además de que estoy incluyendo en él a un amigo que quizá no quiere que esos detalles íntimos se publiquen.
Decido llamarle, aunque hace siglos que no hablamos. Sé muy bien que estuvo saliendo con la taquillera, demasiado bien. Me lo imagino viviendo con ella; hace ya cinco años que la conoció, y aun así me lo imagino viviendo con ella; quizá no tan enamorado o feliz como en tiempos, pero junto a ella, sin remedio, aferrado a un trozo de autenticidad que no es fácil encontrar en la vida.
Me coge el teléfono al tercer tono. Le digo que soy yo, que cómo está, que qué tal le va, etc. Y una vez superada la comedia del falso interés, le hablo sobre mi columna. Y al otro lado del teléfono alguien rompe a llorar. Le digo que qué pasa, qué ha pasado, por qué llora.
Sorbe, titubea, sorbe otra vez: ella ha muerto, me dice. Murió hace dos años. Intenta recuperarse y me cuenta cómo la taquillera una noche se dirigía a casa con el coche y dos chicos de veinte años se saltaron un stop. Ellos apenas se rompieron algún hueso, y ahora siguen por ahí vivitos y coleando, libres y absueltos por la justicia. Me dice que no llamó a nadie, que era para él muy doloroso tan sólo dar esa información, que le entienda. Mi amigo intenta sonreír, adoptar una pose telefónica menos apesadumbrada. Dice que ahora está con otra chica, pero que, honestamente, le parece una estúpida de diseño, una adicta a la ropa nueva, consumidora televisiva aficionada al mal cine y la música basura. Y nuevamente rompe a llorar. Está destrozado, dice, ahora todas la demás mujeres le parecen igual de previsibles, de simples, de bobas; ahora sólo distingue unas de otras por el físico. Me he convertido en alguien del montón, murmura moqueando el auricular. Durante una milésima de segundo estoy a punto de intentar bromear, de decirle que se case, que su actual pareja parece un buen partido; pero, inteligentemente, me callo.

Después de hablar un rato más por teléfono, me despido y le deseo mucha suerte a mi colega, mi amigo de la infancia, la adolescencia y la edad adulta, aunque ahora ya sólo sea hablando cada dos años por teléfono para contarnos desgracias. Me siento en mi silla de oficina cutre, gris y a punto de desmontarse; y después del shock inicial noto un infinito y glorioso alivio. Noto cómo por mis venas corre una de las drogas más fuertes que hay en la vida: la desgracia ajena. Borro todo el texto que llevaba escrito, ya no quiero escribir nada especial. No es que desee la muerte ajena, en realidad sólo esperaba que la taquillera ya no estuviera con él; que estuviera liada con otro, o casada con otro, o incluso con críos, de cualquier manera siempre y cuando no estuviera en mi órbita social. Ahora yo no la tengo, pero ya no la puede tener nadie. Pensaba centrar el artículo en todas sus virtudes, en lo que hizo que me pasara mucho tiempo odiando a todo el mundo por su culpa, por culpa de su luz, porque mi amigo el suertudo estaba follándose a Helena de Troya a espaldas de Paris. El gran artículo, de escribirse, sería la verdad, la que siempre se esconde para no dañar, porque no queremos que nadie piense que a veces la desdicha de los demás nos da placer. Como si eso fuera una aberración puntual, como si no pudiera observarse en cualquier faceta de la vida, en una familia, entre amigos, en una comunidad de vecinos, en el barrio, la ciudad, el país, el planeta. No me siento culpable, me siento tan sólo humano, y me estoy regodeando en mi humanidad, mientras recuerdo ahora sin lágrimas en los ojos la única noche que pasé con ella, a espaldas de él, hoy cornudo para siempre sin saberlo. Recuerdo cómo su primigenia perfección se desmoronaba en la cama de mi piso de mierda, y cómo aun así seguía siendo perfecta para mí. No puedo ser más feliz, he vivido una parte de Verdad, mientras mi amigo llevará por siempre sus cuernos imaginarios. La mejor etapa de su vida era en parte una gran mentira, una farsa, dos orgasmos que yo había provocado y que su querida se había llevado a la tumba. No puedo sentirme mejor, él la conquistó pero yo he ganado la guerra. Tengo mi verdad, y un arma arrojadiza brutal que podría lanzarle si hiciera falta, y dejarle humillado en un rincón quizá para el resto de su vida.

Miro por la ventana y veo pasar otra vez a la comitiva, la despedida de soltera, que viene de hacia donde iba. Una de las chicas se apoya en la pared y comienza a vomitar. Me doy cuenta de que estoy empalmado, erecto después de haber pasado como una hora pensando en el amor de mi vida. Me siento y decido escribir mi artículo de relleno habitual, poniendo a parir a todo el mundo: demagogia apoyada en una buena base de retorcida retórica.
Luego apago todas las luces y me bajo la cremallera del pantalón. Pero que quede claro, Puta sigue sin ser la palabra correcta.
Comienzo a masturbarme pensando en ella, que una vez estuvo entre mis brazos y ahora está pudriéndose, lo cual es trágico y delicioso a la vez. Y lo que más enfermo me pone, a la par que cachondo, es que en ningún momento hemos hablado en nombres propios por teléfono, y soy del todo incapaz de recordar cómo narices se llamaba.

[Es el décimo aniversario de “El proyecto de la bruja de Blair”, película infravalorada, sobrevalorada, malinterpretada, influyente, y tantas otras cosas que cuesta resumirlas en un parrafito. En cualquier caso, servidor, que la vio años después de su estreno en cines, en casa, en dvd, solo y predispuesto, la disfrutó de lo lindo. Hay muchos motivos por los cuales esta película merece los halagos que recibió en su momento, en contra de las críticas de los que fueron al cine a ver una película “al uso” que era más bien una especie de video casero en un contexto muy concreto, publicitado hasta la saciedad por internet, y que sólo los muy abiertos de mente debieron disfrutar a las primeras de cambio. Entre otras cosas, me parece una película brillantemente dirigida, brutalmente interpretada (hasta el punto que muchos aún sentados en el cine querían creer que era un video real); la película tiene momentos brillantes, un final chocante y premeditadamente indefinido (o sea, malrollero en el mejor de los sentidos), y vuelvo a decirlo: actores increíbles. Siempre habrá quien se queje de los movimientos de cámara y otras lindezas técnicas que de haber sido de otra forma le hubiesen restado todo el sentido a la película (véanse “REC”, “Monstruoso” y otras hijas de la Bruja), pero a mí particularmente no suele marearme una película; me suelo marear en las atracciones de feria que solo dan vueltas, por ejemplo. Así que en el video podéis ver los primeros diez minutos de la peli, por si alguno le echa un vistazo y con el empujoncito decide verla, o revisarla un día de estos. En fin, quede constancia de mi Cumpleaños feliz para ella.
Y abajo, cartel de “Jennifer’s body”, cuyo trailer ya publiqué. Porque… pff… porque tenía que ponerlo.]

kjfr

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20 comentarios en “Drogas duras

  1. ¿Quién no se pone tibio a las siete de la tarde? Mucha gente.
    La paciencia sigue estando sobrevalorada, con y sin tabaco.
    Y quien no sea un fracasado, que levante la mano. Siempre hablo de los futuros fracasos que vendrán, que son los más jodidos.

  2. A veces cuando vengo aqui me siento una friky….o una quinceañera atontada(con todo el respeto a unos y a otros) porque siempre tengo que decir que me gusta lo que escribes….

    Has escrito el reflejo de la sociedad, vivimos de apariencias…aunque creamos ser autenticos que no dudo que tengamos esos momentos de autenticidad…y que tambien en algunos momentos podamos alegrarnos del bien ajeno…aunque digamos que no pero hay una vara insconsciente que nos dice de quien podemos reirnos y de quien no….

    Me parece un escrito directo, cruel, ironico…perfecto…

    Por cierto…quien se dedica a ver faltas ortográficas es porque no sabe ver más allá….yo ya sé porque lo digo y supongo que tú tambien….

    Bueno pues esperando que subas un próximo post…este en concreto me ha gustado mucho

    Un saludo

  3. … es cierto y bién curioso cómo el ser humano se regodea en el sufrimiento de los demás… supongo que así se siente menos desgraciado… pero eso solo son suposiciones mías.

    Muakssssssssssssssssssssssssss!!!!

  4. Vale… Mucho mejor… Sórdido como se debe…

    Eso sí; “Quizá vale la pena vivir unos años siendo un vicioso en lugar de vivir toda la vida cabreado”… los habemos que, además de viciosos, también nos la pasamos cabreados… Una cosa no excluye a la otra.

  5. Aterradoramente honesto, un híbrido de visceralidad y frialdad. Bien servido.
    Me ha gustado tanto que ahora siento más perderme tus relatos por estar de rodajes fuera de casa y sin tiempo para entrar en internet.
    Creo que fue Palahniuk de quien leí que nuestro placer más puro viene del dolor de la gente a la que envidiamos; que la forma más genuina de placer es el que uno siente cuando una limusina gira en el sentido incorrecto en una calle de dirección única (prohibida).
    Voy a hacer acopio de todos los relatos pendientes de leer y les daré un repaso durante esta semana.

    Por cierto, he publicado en mi blog la primera película de Tarantino, My best friend´s birthday.

    Qué pases buen verano.
    Un abrazo, ¡hablamos!

  6. No sé si estoy asqueada o encantada con el descubrimiento de este blog. Es como cuando no sabes si follarte a alguien y después mandarle a la mierda o mandarle a la mierda desde el principio. En fin, ya lo pensaré.

    Sobre pimplarse a las 7 de la tarde: beber es como follar, se puede y debe hacer a cualquier hora en que se tenga ocasión. Yo estoy desayunando un ron.

    Sobre las faltas de ortografía, no sé de qué va el rollo que comentan por arriba, pero yo no he podido evitar fijarme en ‘órbita’ sin tilde. Lo siento, deformación profesional. De todos modos, ojalá todo lo que se lee por ahí, incluso en prensa, tuviese una ratio tan baja de errores. La corrección formal es una virtud, no un defecto, qué extraña manía tiene la gente últimamente con este tema, debe ser una moda que no alcanzo a entender… Bueno, me estoy yendo por los cerros de Massachusetts.

    En fin, cuando empecé a leer ya sabía que no conseguiría ser breve en mi comentario. Ya lo dejo.

    Un saludo. Me pasaré por aquí.

  7. Vi Gawain:
    Bueno, espero que estés tan encantada como asqueada; si solo estuvieras encantada o asqueada sería una decepción. En cuanto a la ortografía los errores que cometo te aseguro que en mi caso no son por moda. Y no te preocupes, agradezco los comentarios extensos, denotan interés.
    Gracias por la corrección.

    Un saludo a todos.

  8. Es uno de tus textos que más que ha gustado, fluido, cambiante, y siempre en tu linea, entre irónica y melancólica…. Un saludo cordial, y buen trabajo!

  9. Me gustan tus relatos Jordim, por la forma tan brillante que tienen de llevarnos por la realidad, tan dura, en alas del placer

    Fantástico!

    Un abrazo

    amaya

  10. Buenas! El post en general espléndido. Respecto a lo de la bruja de Blair, creo que me he visto todos los trailers posibles habidos y por haber en youtube, siempre he tenido la curiosidad de verla pero nunca me he atrevido. Por supuesto he visto esta primera parte pero “hasta ahí puedo leer” ¿qué se le va a hacer? Da un cague…ah he visto “Monstruoso” y “REC” y nada parece que tengan que ver con “El proyecto de la bruja de Blair”, esta última parece que es la que mejor está hecha y eso que es la más antigua. Un placer pasarme por este blog. Saludos!

  11. A veces la continencia para llamar a las cosas por su nombre se equipara al miedo que siempre he tenido a ver la bruja de Blair. A mí me pone cómo escribes, no hasta el punto de masturbarme pero casi. Un beso.

  12. Varios tipos de drogas tocas aqui. Y las hay.

    Me ha gustado 🙂 aunqe dejes el final a veces muy prematuro… o sera simplemente qe dan ganas de seguir leyendo jaja

    Y la peli… la del cartel, no sabia qe era la actriz de transformers 2 hasta qe no la vi en movimiento. Tiene qe estar graciosa la peli aunqe para vosotros sea mas un favor porq la tia se sale jajaj

    saludos 😉

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