En las nubes

La tele está puesta sin sonido, y ya ni oigo el disco de los Artic Monkeys que he puesto mientras deambulaba por casa muerto de miedo simplemente por estar despierto. Fuera hace un sol insoportable si sólo has dormido cuatro horas. Hay una chica tirada en mi sofá de tres plazas, boca abajo, como si hubiera tropezado y fuera a levantarse de un momento a otro. Pero no lo hace.
Mi cabeza aúlla desesperada por un chute legal. Me trago con mucha dificultad dos aspirinas y miro por la ventana. No sé qué hora es, pero todos ahí abajo parecen llegar tarde a algún sitio. Ojeo mi agenda, huele a nuevo; el objetivo, parece ser, es tener programados los próximos cuarenta años. De momento, me acerco a la chica para comprobar si respira.

Nos metemos en un bar a tomar café solo. Ella tiene unas ojeras alarmantes, y fuma, concentrada sólo en eso, sin llegar a atisbar nada de lo que pasa a su alrededor. Podrían ser las once de la mañana. La sola idea de mirar el reloj me angustia de forma indescriptible, incluso más que el hecho de no recordar el nombre de la chica que tengo en frente. De repente ella murmura algo más que un monosílabo por primera vez hoy, pero no sé lo que me ha dicho; intento asentir con convicción sin llegar a lograrlo, y parece quedarse conforme.
Tiene los ojos de un azul extraño, metalizado, como si fuese más lógico que sus pupilas fueran rojas. Se termina su café, y me pregunta que si ayer lo hicimos. Que le diga la verdad.

El mundo se ha convertido en una pecera inmensa. Pretecnotimes comenzó a experimentar con las pastillas para borrar la memoria hará unos diez años. La nueva moda: sin efectos secundarios, sin sustancias que potencien la adicción. La infelicidad es el motor más fiable para el negocio, y el miedo su combustible infinito. Los avances científicos no tienden a solucionar los problemas de verdad; las enfermedades que todos conocemos siguen todas ahí, vigentes. El enfermo de un cáncer severo morirá igual, aunque haya conseguido olvidar la quimioterapia.
Compra las de ocho horas, decía todo el mundo antes. Y acababas haciéndolo. Si odiabas tu trabajo y llegabas a casa cansado y enfadado todos los días, te tomabas una de esas píldoras, y en diez minutos sólo estabas cansado. Mucha gente casi no recuerda sus jornadas de trabajo; ahora algo como la estabilidad conyugal puede depender de los recuerdos que te queden. Si quieres a tu novia pero te ha puesto los cuernos… si habéis tenido una fuerte discusión… en fin, casi siempre acabas abriendo el mueblecito de las medicinas.
Muchas mujeres despiertan con fuertes contusiones por las mañanas y besan a sus maridos resacosos, como si no hubiera pasado nada la noche anterior. La deducción ha sustituido en gran parte a la memoria. No puedes ser tan infeliz si no recuerdas los motivos. Píllate las pastillas de las tres horas. O las de veinticuatro. O borra de un plumazo las navidades. O ves más allá y coge las de un año entero, aunque dejen algo de resaca. Para eso mezcla la pastilla con una aspirina: funciona igual y despertarás fresco como una manzana. Infórmate cada día de la fecha en la que vives, por si acaso. Asegurate en la farmacia de que te venden las adecuadas; no te arriesgues a olvidar la mejor época de tu vida, o incluso tu vida entera.

El suicidio moderno ya no es cortarse las venas ni despeñarse. Ahora la gente se inyecta la Aguja Alfa, que es como la llaman en el gremio. Sólo demuestra que no eres alérgico a ninguna de sus sustancias, y te la inyectarán sin problema. Así suicidas todo tu background cultural; pero entra en el seguro de enfermedad, tranquilo. Antes tenías que demostrar con papeles una depresión, que eras un fiambre social. Pero todo eso se acabó. Si quieres olvidar toda tu vida es sólo problema tuyo. Después te quedarán las habilidades motrices básicas, pero, entre otras cosas, tendrás que volver a aprender a leer; lo cual alimenta otros negocios. El concepto de Colegio Mayor a cambiado. Esos edificios están abarrotados de héroes de guerra o personas que perdieron a toda su familia en un accidente.

La variedad es inagotable. Hace poco se hablaba de la píldora de los cinco minutos; lo cual dio pie a varios chistes de índole sexual en los medios.
Si despiertas y en tu cama hay un desconocido o desconocida, hay un plan de acción protocolario estipulado para hacer que esa persona despierte y se vaya de tu casa. La promiscuidad ahora también vale para las chicas buenas; cualquier mujer cosmopolita tiene pastillas de distinto calibre en su bolso. Si tu religión no aprueba el que te lo montes con tres tíos a la vez, eso ya no es problema; vas a ir al infierno igual, pero al menos no te sentirás culpable.
Todo método, en cualquier caso, es un arma de doble filo. Ahora la delincuencia ha tomado nuevas formas. Los violadores, después de forzar a la adolescente de turno, le inyectan a la fuerza la Aguja Alfa. Luego la chica despierta en el hospital; y aunque no tiene el trauma de la experiencia vivida, pronto entenderá que va a tener que repetir toda la educación primaria. Hay un pacto tácito respecto a los desmemoriados postrauma; contarles la verdad es una putada, no se hace. Por tanto, no es extraño que en esos Colegios Mayores, junto a los héroes de guerra y demás, haya un buen porcentaje de chicas jóvenes.

La gente ya no recuerda ningún fracaso personal a corto plazo. Y ni la chica que estaba en mi piso ni yo, podemos recordar nada de lo que pasó ayer. Así que no puedo decirle si lo hicimos. De todos modos, el haber borrado mis últimas horas de la memoria no es una buena señal. Mi último recuerdo es de un bar oscuro, y esa chica no estaba conmigo. Ahora fuma sin parar, me dice que no se siente como si lo hubiera hecho, y llama a su novio por teléfono. Antes de salir del piso miré en el lavabo; quizá hubiera un condón usado en algún sitio. Pero no había nada.
– No te preocupes – me dice ella -, si tomamos las pastillas seguro que fue por una buena razón.

Me dirijo ya solo hacia los estudios, el plató de siempre. Hay secuencias pendientes que rodar. Llego demasiado pronto. En principio hoy había día libre, pero el director llamó ayer a todo el mundo para repetir ciertas escenas. En el rodaje de una sitcom la jornada suele empezar temprano (no como hoy), y sales a la calle cuando ya es de noche. Cuando llego, Ana está sola; repasa el guión sentada en el sillón de la falsa sala de estar. Ella me gusta mucho por algún motivo; y el motivo seguramente es que es muy guapa y tengo que enfrentarme a eso todos los días. Es mi pareja en la ficción; tengo que sobarla y besarla y mirarla a los ojos de modo que sea creíble en el contexto de la serie, y a la vez no resulte incómodo para ella en la realidad. Últimamente me siento como si bajara a la mina todos los días. Lo que más me preocupa es que creo que yo también empiezo a gustarle a ella. Hace semanas que casi he dejado de tomar pastillas para los recuerdos.
Al llegar adonde está me siento a su lado, la saludo con discreción, mal, como si tuviera doce años y me gustara la delegada de la clase. Ella levanta la vista de su guión, y me sonríe de esa forma terrible si corre sangre por tus venas. Me dice: ¿Qué tal?
Apenas hay unas cuantas luces de emergencia encendidas. Estamos casi en la penumbra, rodeados de muebles y paredes de atrezzo. Hay un cielo de focos y paneles de iluminación entre las sombras. Cámaras quietas y muertas mirando hacia nosotros. La silla del director vacía. Mi corazón late como si estuviera huyendo de algo. Tengo retazos del pasado en mi cabeza. Recuerdo todo lo relacionado con Ana, o eso creo. Nos pasamos siempre nueve y diez horas diarias juntos en uno u otro lugar del decorado. Ella siempre encima de mis rodillas cuando estamos sentados, con un brazo alrededor de mi cuello, quizá una mano apoyada en mi pecho, a veces con su aliento muy cerca de mi boca. Y se supone que todo es mentira. Vivo una vida de recortes de la realidad, y el noventa por ciento de lo que puedo recordar en los últimos tiempos forma parte de un guión en el que mi personaje es feliz.

Ana me ve distraído, y me sacude suavemente:
– Estás en las nubes, muchacho.
Estoy recostado en uno de los brazos del sillón. Y ella va y se recuesta encima mio sin dejar de mirar el guión. Y va y suelta:
– Si molesto me lo dices…
Nunca he hablado con ella sobre las pastillas famosas. No tiene pinta de ser de las que las toman a diario. No sé qué es lo que recuerda de mí, o si alguna vez me ha borrado de su rutina pasada. Quizá algún día se ha sentido más incómoda de la cuenta trabajando conmigo. Quizá ahora se muestra melosa porque sólo recuerda los momentos cómodos que ha vivido conmigo. Incluso es posible que yo haya borrado algún gesto de desdén de ella en el pasado; aunque eso ya me cuesta más creerlo. Y también es factible que aun habiendo reducido mi consumo de pastillas, tenga mitificada a esta chica porque la mayoría de mis recuerdos durante los cuatro años que llevamos en la serie, son sobre ella, sobre el tiempo pasado en este decorado, que apenas ha cambiado desde el primer día.
– Sigues en las nubes – vuelve a decirme.
Ahora ya no ojea el guión. Se ha acurrucado en posición fetal encima de mí. Tengo su nariz en mi pecho. Todo huele a ella y nadie está rodando esto. Ahora sé que me he acostado con la otra chica; que cada vez que he hecho algo así he recurrido a las pastillas, seguro, desde que empecé en la serie. Ahora creo, mientras miro hacia los focos y e intento controlar la respiración, que quizá con un consumo de drogas apropiado, la mujer con la estoy podría llegar a ser perfecta para siempre.
Así que rodeo sus hombros con mi brazo derecho, y le digo que sé que no tiene pareja, y que qué va a hacer luego. Cuando acabemos aquí.

[No sabía qué video poner, y he topado con el trailer de “Bright star”, nueva película de Jane Campion, directora siempre interesante, siempre portadora de buena droga cinematográfica sin cortar. El trailer es de una factura visual impecable. Muchos la descartarán por su estética, por su rollo engañoso de película de época; pero no os engañéis, siendo una película de la directora de “Holy Smoke!” seguro que no se habrá tirado a lo fácil, más bien al contrario. Y abajo, foto de Abbie Cornish, una de las protagonistas, una de esas actrices que pronto debería comenzar a dar guerra de verdad; quizá con esta película…]

elizabeththegoldenageprem4

42 comentarios en “En las nubes

  1. Hola Mr. Jordim! No sé cómo llegaste hasta Mr. Jones Country, pero me encantó que lo hicieras y así poder llegar yo hasta aquí. Me ha encantado tu relato y el trailer. Me ha gustado leeer algo interesante y bien narrado. ¿realidad o ficción? Una historia donde todo puede entremezclarse y sentirse de igual modo. Te seguiré. Ahora me detendré a leer más y ver qué hay detrás de este texto y quién eres o quién es tu alter ego… Una sorpresa grata de visita.
    Un beso.
    LADY JONES
    Te espero por las calles de Mr. Jones Country.

  2. Hola, Vengo a devolver la visita
    y me encuentro con un relato impresionante… ¡con la de veces que llegamos a decir, si pudiera olvidar!
    oye, casi que se me han ido las ganas…vamos que me ha gustado, y que vuelvo seguro.
    Besos

  3. Jordim:

    Ante todo, gracias por la visita.

    Este relato me ha reforzado la noción de que “somos una construcción de nosotros mismos”: una edificación de recuerdos, memorias, sensaciones; parece sólida, pero es un castillo de naipes a merced de un soplo de viento.

    Saludos frágiles.

  4. Ciertamente , ya las están fabricando..Están ensayando pastillas que borren los recuerdos, así que estamos a un pasito de que ocurran cosas como las que cuentas en tu interesante relato.
    muchas gracias por visitarme.y por tu comentario
    abrazos

  5. No está mal, señor Jordim, nada mal. Tendré que seguir leyendo.

    (Si hay pastillas para no recordar debe haberlas para recordar, como los venenos y contravenenos. Lo importante, como en todo, será no mezclar.Y, llegado el caso, hacerlo).

    Un beso.

  6. Un horrible suicidio continuo. Perder o borrar la memoria equivale a reducirnos a somas sin voluntad ni razón de ser, a la deriva y esclavos de quien quiera esclavizarnos. Resulta horrible, porque está muy bien escrito.
    El trailer es un estupendo contrapunto. Campion me atrapó desde “El piano”; no le da miedo alguno el hacer películas de época.
    Un saludo.

  7. Lo terrible de todo esto es que, aun encuadrado en el ámbito de la ficción, podría llegar a ser verdad en un futuro no demasiado lejano. El mundo se ha vuelto un lugar tan hostil y escalofriante que no me extrañaría nada. Al tiempo.

  8. Leo los dos primeros párrafos. Como antes he leído otras cosas que suenan en la misma onda. Y cuanto más me acerco a ese mundo que me es completamente ajeno, más me alegro de ser un tío muy, muy convencional. Luego aparece Pretecnotimes. Otra mundo, aún más lejano si cabe. Más extraño. Y no puedo evitarlo: me pregunto cuál es la posición del que decide recordarlo todo, del que elige no perder nada. Y creo que es de ventaja, de mucha ventaja sobre los demás. El relato es muy bueno, sí señor.

  9. una buena historia para estos tiempos en los que no vendría mal olvidar algunos recuerdos… aunque creo que somos una especie de naturaleza más bien olvidadiza.. y que la mayoría llegaremos a una edad en la que no recordaremos ni quiénes somos.

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