Viaje tóxico.

El paisaje negro pasa a toda velocidad y la luna está arriba, estática y llena. Apenas puedo fijar la vista en las luces de cada urbe o pueblo que el tren atraviesa. Al pasar al lado de una autovía ves siempre todos los coches parados; todas las ciudades tienen colesterol.
Voy solo en mi compartimento, e intento leer un libro de Bukowski para no pensar en mi agenda vacía. No tengo ningún proyecto sólido. A ninguna persona. Todos los días son iguales, cada paso supone un esfuerzo sobrehumano. Si este tren pudiera pensar, probablemente no avanzaría tan convencido.

Voy al vagón restaurante. En el que antes se podía fumar. El único cambio significativo reside en que ahora la mitad de la gente tiene el mono. Se ha puesto de moda el respeto, aunque sólo en las distancias cortas. La autodestrucción es algo muy tonto, dicen. Entregar tu vida a un vicio nocivo. Lo cierto es que si ahora mismo pudiera me fumaría dos pitillos seguidos, y los no fumadores aquí seguirían pareciendo todos suicidas potenciales. Mírales a los ojos si puedes. Sólo dos chicas jóvenes cuchichean entre sí, con sus risitas veinteañeras. Una de ellas se come la imitación de un bocadillo de verdad. El papel del mismo está empapado de algo que parece aceite de motor.
Si llegas a observarle, el tipo que hay tras la barra parece solicitar una eutanasia tranquila. Yo me bebo un café que sabe demasiado extraño para no haber pasado cuarenta filtros de control. Si miro a mi alrededor todo es pequeño y útil. Todo es práctico, sin más. Aquí encajaría perfectamente un canario robot metido en una jaula, que cantaría una melodía en bucle, con un sonido metálico. Nuestros pulmones agradecidos se hinchan camino a la muerte, mientras cada uno de nosotros guarda el secreto común de que algo no encaja, algo perfectamente camuflado en el ambiente.

Decido meterme en el hueco que hay entre los vagones. Si eres lo suficientemente autodestructivo e irresponsable, ahí es donde puedes fumar relativamente escondido. Al cerrar la puerta del vagón restaurante veo el cartel de prohibido fumar, una placa de metal tosca con esa señal de tráfico roja, que muy bien podría simbolizar la muerte de la poesía; aunque más por una cuestión relacionada con la libertad, en su sentido más puro y anárquico. Ciertas prohibiciones amparadas por el sentido común no parecen representar más que nuestra afición a la negación. No vivimos en un mundo sucio. No somos malos por naturaleza. No somos injustos. No somos unos hijos de puta egoístas. Tenemos cerebro, y maldita sea, sabemos usarlo. Es patético en cierto modo. A estas alturas de la historia es como meterse calcetines en los calzoncillos para marcar paquete.
Recuerdo que en mis tiempos de no fumador, no me importaba entrar en un bar con su típica nube de humo en el techo. Supongo que por aquel entonces ya era un irresponsable. En relación al humo, entonces me molestaba lo mismo que ahora: el gilipollas que te lo echa en la cara. Sólo tengo la esperanza de que el vicio, si es posible, no acabe conmigo demasiado joven; pero por favor, que me mate antes de que me atrape el alzheimer.

A veces tengo mis crisis; lo dejo durante un par de semanas, o incluso un mes; pero al final siempre vuelvo al hábito. Al final uno prefiere lidiar con otros irresponsables en la zona de fumadores, que con familias enteras y sus niños correteando en la zona responsable de los locales.
Durante esa época sin cigarrillos, cuando quieres dejarlo, un día u otro tienes que elegir entre la tranquilidad o el nerviosismo histérico del síndrome de abstinencia. Y la verdad, la gente que llega a los noventa años sana tiene demasiadas penurias que contar para mi gusto.

Si no puedo dejar de pensar en el tabaco durante todo el viaje, no es sólo por el hecho de no poder fumar.
Me dirijo hacía el entierro de mi tío. Ha muerto con setenta años (creo…) por un cáncer de pulmón. Al final ya fumaba en secreto. Una jugada inteligente por su parte. Llevaba demasiado tiempo atenazado por todo tipo de dolores, postrado en cama, siempre en espera de una próxima operación. Fue tachando enfermedades hasta que al final le diagnosticaron el cáncer. Si uno lleva veinte años aguantando dolores crónicos y con la marihuana entre las medicinas que el medico te ha recetado, al final un cáncer de pulmón agresivo no es tan mala noticia. Lo cierto es que el epílogo de su vida se estaba alargando ya demasiado.

Una vida demasiado longeva debe ser agónica, viendo a todo el mundo caer muerto a tu alrededor; levantándote de madrugada a coger el teléfono mientras te preguntas quién habrá palmado esta vez. De poder elegir entre cuarenta buenos años de verdad y una vida normal, la mayoría lo tendría muy claro si contestara con sinceridad. Ese mensaje de los paquetes de tabaco en el que reza “El tabaco acorta la vida” nunca me ha parecido especialmente amenazante.

Tengo ganas de que el tren pare, de llegar. Estoy harto de ver pasar luces sin sentido por la ventana. Pero aún deben quedar unas dos horas. Una para que comience a amanecer.
Cuando llevas medio día sin fumar, crees tener el aguante necesario para dejarlo. Pero sólo es una ilusión. Sólo aguanto porque sé que podré encenderme un pitillo justo al bajar del tren. Si de golpe me dijeran que no puedo fumar un solo cigarrillo más en mi vida, no aguantaría tranquilo ni las dos horas de trayecto que faltan.
Y ni tan siquiera eres un cocainómano. Ningún no fumador puede entender tu ansiedad, se ríe de tu vicio. Un no fumador suele dar el perfil perfecto de quien es absolutamente incapaz de ponerse en tu lugar. Se ponen en evidencia. Cuanto menos has probado más cerrado eres, más egoísta. Más imbécil, en definitiva. Lo que algunos piensan que les hace inteligentes es justo lo que les convierte en ignorantes. Lo que creen que es su pura superioridad natural no es más que mezquina condescendencia. Es una paradoja. Para mejorar el mundo seguramente hay que fiarse más de los consejos de un mendigo viejo, que de los de un saludable ejecutivo.

Cuando faltan unos diez minutos para llegar comienzo a ponerme alerta. Vuelvo al vagón restaurante, esta vez ya con mi maleta. Llevo tantas hora sin comer que me planteo seriamente el pedir uno de esos bocadillos revenidos. Pero no lo hago y me siento en una de las mesas. El sol ya está bastante alto. Tengo dos días de mierda por delante. Creo que de hecho, el tabaco va a ser lo único que va a darme algún placer en mi viaje relámpago. Además odio a mi tía, siempre la he odiado, es una persona recta en el peor de los sentidos, el auténtico cáncer de la vida de mi tío. Si hubiera sido por ella le habría mantenido alimentado por tubos metido dentro de un ataúd. No es que le quisiera, es que simplemente le quería vivo, aunque fuera gritando de dolor como un loco. Mi tía es de esas típicas personas que está en contra. De todo. De los preservativos, el sexo prematrimonial o al margen de la procreación, el aborto, la ropa corta, los dulces, la playa, la montaña, las demás razas, las demás mujeres (especialmente las jóvenes)… En fin, es una de esas personas que sólo concibe la vida como desde el punto de vista de un cura de extrema derecha con varios discos duros repletos de pedofília. Porque siempre he sospechado que no sólo es conservadora en el peor sentido, sino que además es mala. Y es la misma mujer a la que voy a tener que dar el pésame.

Por suerte todo el berenjenal es mañana. Hoy me limitaré a disimular en un hotel que aún no he llegado. El tren por fin se ha detenido. Se produce ese atasco de siempre de maletas y gente en el pasillo. Aun con todo, de repente me siento optimista. Puede venirme bien desconectar de la rutina, aunque sea por un funeral. Creo que todo el ritual me puede limpiar algo por dentro. Espero poder ver a mi tía llorando, sufriendo; aunque mucho me temo que nunca me ha parecido que pueda sentir nada. A no ser que sea por Jesús o algo así; y si éste era el hippie del que muchos hablan, poco en común iba a tener con ella.
El caso es que el sol entra por las ventanas, y ya puedo oler el aire de fuera. Me pregunto por qué de golpe me invade este buen ánimo. Y la respuesta siempre ha estado ahí, y me vuelve a la mente como una mala canción de moda: En cuestión de minutos podré volver a fumar. Dios existe y es misericordioso. La vida es buena. Ahora tengo ganas hasta de enamorarme.

[Esta vez he decidido colgar un par de videos (trailers); he pensado que merecía la pena, para recomendar dos películas más que interesantes que se estrenan esta semana. Por una lado “El Imaginario a del Doctor Parnassus”, película de la que ya he hablado pero de la que aún no había puesto el trailer, y que sencillamente hay que ver porque es del incansable Terry Gilliam. Y por otro lado “500 días juntos”, película de trailer quizá algo engañoso (al parecer hay que venderla como la típica ñoñada), pero que está dejando en jaque a la crítica; tiene puntuaciones altísimas por todos lados. De entrada el reparto es más que interesante, con un Joseph Gordon Levitt que dicen podría ser el nuevo Joker, y Zooey Deschanel (foto), la ojos azules de “Casi famosos” o “Guía del autoestopista galáctico”, que me parece está muy bien escogida para ese papel.]

zooey-deschanel

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28 comentarios en “Viaje tóxico.

  1. Hola qué tal? estuve viendo algunas cosas en tu blog. Trabajo con posicionamiendo web y tengo una propuesta de publicidad : 50 euros cada mes por incertar pequeños links de nuestros anunciantes. Son 50 euros mensuales para cada blog que se registre con nosotros.
    Saludos -comunicate-

  2. te ha servido bien, para dejar afuera lo que adentro se enquista.
    Y que tengas ganas de enamorarte es buena señal.
    gracias por la recomendación.

    Besos.

  3. Yo soy un poco rara, quizás porque también fumo, o por aquello que dicen algunos, que los que escribimos y nos creemos bohemios, estamos más pa allá que pa acá.

    Debe de ser verdad, porque mira que entro a blogs y no me engancho, me aburro, leo deprisa, no me aporta nada, y eso que me gusta leer, menudo martirio cuando empiezo a leer un libro y antes de diez páginas, ya sé que me va a costar acabarlo. ¿Es malo dejarse un libro sin terminar?

    Apenas algunos blogs me transmiten, normalmente cuando entro la primera vez, ya sé si al leer ha habido flechazo, y esa sensación es mágnifica.

    Este comentario ha sido demasiado largo.

    Jordim, me gusta lo que dices
    me gusta como lo dices

  4. Hola Mr.! Gracias por tu coment, me has transportado a cualquier viaje en tren de hace unos años… a esos momentos de vagón a vagón, haciendo lo que sea por poder fumar… Pero ya lo dejé, ya no viajo y ya no fumo, fue sencillo, eso sí, hice una media y la media venció a mi cabeza y lo dejé, ya ves. Si eso un día te lo explico. Como siempre, me gustó tu texto mucho. Me enganchaste, otra vez… ¿me volveré adicta, doctor?
    Un beso.
    LADY JONES

  5. y tú, para que vas a ese funeral???

    He disfrutado mucho con tu pequeño síndrome de abstinencia que te hizo ver la vida como en ocasiones ES. Muy buena descripción de los personajes, del ambiente, de las emociones…

  6. Jordim? De dónde has salido? jajaja Cómo nunca he sabido de tí y eso que no tienes un blog nuevo, sino que veo que llevas tiempo… jaja supongo que del blog de Rosa o Winnie que veo por ahi que te visitan.

    Que post tan bueno, hacia tiempo que echaba de menos alguien que escribiera asi. Yo puedo entender cuando alguien escibe bien, con un lenguaje nuevo y moderno y reflexiona lucidamente sobre la vida, aunque yo no sea capaz de hacerlo… me ha encantado conocer tu blog. Escribes con ese estilo que tanto me gustaba en mi amigo Canalla, aunque el era mas caotico y repasaba menos los textos. Pero me encantan estos post entre -tu lo has dicho- Bukowski y Faulkner… jaja

    Encantado, bezos.

  7. El paisaje se ha llenado de ventanas y puertas ocupadas: todos asumiendo qué más da, mientras aspiran las sutancias químicas que envenenan el tabaco con el consentimiento de los gobiernos.
    No fumo: no quiero que fumen a mi lado, excepto si es una mujer y me pide permiso con los ojos. Pero que cada uno haga lo que quiera.

  8. Nunca he sido fumadora, y eso que la tentación me rodeaba de contínuo.. qué le vamos a hacer, jamás me lo propuse, ni lo uno, ni lo otro!

    Estoy de acuerdo con lo que se dice de ti, de tu blog, de tus textos, de tu forma de escribir, de tu estilo, vamos!

    Y es cierto que blogs hay muuuuchos,pero, ayyyy (usted ya me entiende, verdad?)

    Pues nada, que se te lee bien, ágil, aunque el texto sea largo, y eso es bueno, eso quiere decir mucho a tu favor: que llegas!

    Y nada, que seguiré metiéndome en la piel de tus personajes cada vez que venga a leerte!

    Un abrazote desde la Orilla!

  9. Yo no soy fumadora, ni entiendo que fumar pueda dar placer. Me da asco el sabor del tabaco. Sin embargo, estoy de acuerdo con tu personaje. Más vale vivir pocos años con placer que muchos años de vida monótona, mediocre y sin placer.
    Besos felinos.

  10. Tengo 26 años y jamás he fumado, aunque toda mi vida he vivido entre fumadores, y ni soy intransigente ni un talibán antitabaquismo. Los que sí suelen ser intolerantes con los fumadores son los “conversos”, aquellos que un día le daban al pitillo y ahora no. Cuidadín con esos. ¡Je,je,je!

  11. “Nuestros pulmones agradecidos se hinchan camino a la muerte, mientras cada uno de nosotros guarda el secreto común de que algo no encaja…”

    Y tambien “Ahora tengo ganas hasta de enamorarme”

    Es placer haber pasado por acá, a leerte

  12. nunca sé qué comentarte, te leo (atenta además, he quitado la música para concentrarme… porque sueles decir tantas cosas)

    no sé, espero que el hotel no te salga demasiado caro, si es caro al menos disfrútalo fumando mucho ¿en las habitaciones de los hoteles se puede fumar?

    y quién sabe, a lo mejor te da tiempo de enamorarte en el tanatorio, porque tú a la iglesia seguro que no entras, te quedarás fumando en la puerta

    es uno de los sitios en los que los no fumadores envidian a los fumadores, tienen una buena excusa para no oír el sermón

  13. La verdad es que desde que conozco tu blog, no hace mucho, no dejo de sorprenderme con tus textos, son como una bofetada de genialidad que te dejan con ganas de más. Enamorarse es bueno jejeje, así que al ataque. Tengo ganas de ver lo último de Terry Gilliam, que tiene que ser una genialidad. Por cierto, te enlazo a mi blog.
    Saludos

  14. Me gustabas mucho, muchísimo.

    Tu manera de escribir es especial.
    Tu punto iconoclasta es único.

    Pero contigo me he llevado una decepción.

    Sabes que estoy “blindada”, por mi trabajo y porque no tengo más remedio. Me debo al Estado.
    Te estoy siguiendo ahora mismo en tu trayectoria “por mi casa y mis amigos”.

    Y que me uses de “lanzadera”..joer, me parece de Puta Madre..pero dímelo y te promociono yo misma ¡coño!

    Cuando he tenido tiempo para leerte,lo hago, eres un niño especial….pero veo que no me han engañado los que me hablaban de “Internet”. “Lectores” “Seguidores” etc etc…

    Como que paso. de este rollo…
    Jordim…Conmigo te has equivocado. Yo soy la leche…pero de frente..

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