Colgado

El bar apesta en serio. La nube de humo se ha ido extendiendo desde el techo hasta el suelo. El aire está cargado de esa forma en que ya te irrita los ojos. Saco otro cigarrillo y la puta al final de la barra sigue mirándome. A veces hacen eso; te hacen creer que has ligado y luego te piden setenta euros. La verdad es que tengo la garganta irritada y el alcohol ya entra como el agua. Potenciar la posible enfermedad puede llegar a parecer cuerdo en un mundo enfermo. Vivir sano hasta la muerte es optativo (todavía), y de hecho de algún modo te puede convertir en un hipócrita pasivo: tus explicaciones respecto a la salud tienen sentido, pero por lo demás sigues siendo tan gilipollas como el que más.

Creo que he decidido ser infeliz en general porque así al llegar los momentos buenos sé apreciarlos de verdad por contraste. Si es que algo así se puede decidir… Sólo es mi forma de vivir. Joder, supongo que si se puede decidir ser feliz también se puede optar por lo contrario. El argumento más recurrente con el que te rebatirá alguien autodeclarado optimista, es el de que es más fácil ser infeliz. Para qué luchar, te reprochará, así te quedas quieto, esperándolas venir, autocompadeciéndote. Y luego ese mismo tío, después de largarte eso, comenzará a quejarse de que aún es martes, o lunes, o porque ya es domingo; o por su medionovia, su trabajo, la vida en general… Al final podrás poner en una balanza tus comentarios y los suyos, y te darán ganas de regalarle una pistola por su cumpleaños.
De cualquier modo, finalmente todo dependerá de la fama que tenga él y la que tengas tú. Hagas lo que hagas al final él seguirá siendo el diligente y tú el desgraciado. Quizá es que no sé venderme.
Pero en realidad la infelicidad sincera, la transparente, conlleva mucha dedicación; tanta como por ejemplo mantener una relación, sólo que esto último a largo plazo te podría convertir en alguien mucho más falso e hipócrita.

La puta se va acercando poco a poco, deslizándose con su copa y el paquete de Camel. Parece demasiado joven, sonríe. Va demasiado bien maquillada y viste como si acabara de salir de su trabajo en un bufete. Todo eso, sumado al hecho de que no llevo las gafas, me hace dudar sobre si realmente será prostituta. No tiene la pinta de haberse tirado ya hoy a cinco camioneros. Sobre el hecho de qué narices verá en mí, no tengo ni idea. Hay mujeres que detectan la naturalidad: cuando naturalidad significa ponerte lo primero que pillas y no actuar apenas para los demás. Ven algún tipo de atractivo en lo que la mayoría llaman dejadez. Describir lo que llevo puesto sería demasiado aburrido; por lo demás, llevo como media hora escribiendo en un bloc barato de papel reciclado. Cualquiera lo suficientemente adaptado te diría que necesito un corte de pelo y afeitarme. Y nada más, aquí tienes a un hombre común: sólo soy la versión treintañera del feto que estuvo dentro de mi madre. Cero logros significativos.

Veo que junto al tabaco y su copa, la chica -que por cierto es rubia y que a más cerca está menos años parece tener- tiene también un libro en rustica, algo de Ira Levin que no es La semilla del Diablo.
Se coloca a medio metro de mí, con su paquete de tabaco y la copa y la elegancia y el maquillaje sutil. Y está claro que si es puta yo no me la puedo permitir. Ahora puedo verla de verdad. Si has visto Un beso a medianoche, piensa en Sara Simmonds y te harás una idea. No es el tipo de chica a la que te imaginas follando en hoteles de cinco estrellas con multimillonarios anónimos de sesenta y cinco años. Demasiado dulce.
El libro se llama Las poseídas de Stepford, del cual sé que tiene una mediocre adaptación al cine con Nicole Kidman, y que viene a ser una especie de alegoría sobre el machismo. Así que está claro que no es puta, o que es muy poco probable. Y no es que lo de que la chica tuviera lectura fuera ya en sí una señal. También hay un tipo de literatura de consumo para pilinguis; las hay que incluso acaban escribiendo un libro, y hasta presentan programas terribles de televisión. En realidad, poner el coño para unos desconocidos quizá sea el tipo de prostitución más digno que haya. Esas chicas merecen cotizar y tener seguridad social mucho más que algunas periodistas, escritoras y otras serpientes del tipo Machaco-Tu-Cerebro-Por-Dinero. Las prostitutas, en el sentido más primario del término, no dañan a nadie. En todo caso son ellas las que pueden acabar mal; pero al fin y al cabo, tan sólo follan…

Sara Simmonds me dice que se llama Isabel, pero que la llame Isa. Y sonríe. Va algo borracha, y por eso al verla borrosa al final de la barra he sacado conclusiones erróneas. Pero no se lo digo. Para eso sirve mi cuaderno reciclado. No es que sea un diario, pero viene a hacer las mismas funciones.
Me dice que si es posible que nos conozcamos, que a qué colegio fui. Se lo digo.
– Pues es raro, creía que ya te había visto antes. ¿Qué escribes?
Nada importante, le digo. Tonterías, digo, la mayoría de gente sólo escribe tonterías; los hay que incluso se ganan la vida escribiéndolas.
– Entonces qué es, ¿tú diario?
La miro y creo que en cualquier momento me puede vomitar encima. Quizá ha cortado con ella hoy su novio, algún ejemplar de triunfador occidental, y ahora necesita tratar con alguien que represente más bien lo contrario. Le digo que no es mi diario, que tampoco es poesía. Que no sé lo que es. Y que eso es lo mejor.
– Ah… – suspira -, entonces eres una especie de genio…
Sí, contesto, un genio incomprendido. Y no sé exactamente si estoy bromeando o lo he dicho en serio. Ella se ríe.
Sigue hablando sin parar, pero es demasiado novedosa y lleva demasiado escote para que yo la escuche. Dice algo sobre que quiere dejar su trabajo. Me pone la mano en el hombro, se apoya, se ríe, bebe. Tengo miedo de que se caiga al suelo con un coma y me vea obligado a hacer algo. Una puta jamás se comportaría así, hablaría con seguridad y me camelaría, sobria y seductora.
La gente nos comienza a mirar raro. Ni tan siquiera existe la posibilidad de sexo. Tal y como está, si notara algo entrando por su vagina lo más fácil sería que comenzara a vomitar como un aspersor. Le digo que si bebe un poco más se va a arrepentir.
– ¿Esas cosas escribes en el cuaderno? Hablas como si… ¿Estás insinuando que estoy borracha?…
Ahora ya está directamente apoyando su cabeza y sus tetas en mí. Me rodea con su brazo derecho. La última palabra que oigo de su boca es: Estrasburgo. Y se desliza hasta el suelo.

He tenido que sacarla personalmente del local. Como estaba conmigo enseguida todo el mundo me ha mirado. El lastre era culpa mía. Seguramente han pensado que ha sido cosa mía. Que la he emborrachado yo.
He tenido que pedir un taxi. Y ahora ella está dormida en mi cama y yo tengo que buscar una postura cómoda en un sillón de tres plazas. Así de bueno soy. Y sí, es justo sobre estas cosas sobre las que escribo. El tipo de cosas sobre las que casi nadie quiere leer.
Me gustaría decir que la chica ha despertado durante la noche y hemos follado como locos. Pero lo único que ha pasado es que se ha levantado a vomitar tres veces. Una de ellas en la cocina porque no encontraba el baño. Ahora podrían haber estado violándola tres tarados en un parking.

Despierto a eso de las doce. El sol es insoportable, una estrella sobrevalorada, como los gimnasios o las novias tontas. Decido dejar todas las persianas casi cerradas. Me trago tres aspirinas y me voy a mi habitación a ver a Sara Simmonds. No consigo recordar su nombre real.
Está dormida en posición fetal, con toda la ropa puesta; parte de ella manchada de vomito. Toda la habitación huele a lo que sea que le hubiese pasado ayer para emborracharse así; una mezcla de la cena, bilis, colonia femenina, suavizante y maquillaje machacados. Me siento en la cama y espero a que despierte, a que se me quite el dolor de cabeza, a poder moverme sin sentir impulsos suicidas. Mi bloc está en algún sitio, lleno de garabatos. Isabel. De repente recuerdo su nombre. Abro un poco la persiana de la habitación. Con la poca luz diurna que entra parece más guapa que ayer estando cocida. Hay esa tranquilidad en su rostro de cuando estamos a salvo del mundo real, que desaparecerá justo cuando despierte y vuelva a sentir ganas de vomitar, o el dolor terrible de cabeza que le espera. No puede tener mucho más de veinte años, y seguro que cuando abra los ojos va a salir pitando de aquí. Viéndola así tan blanca, angelical y vulnerable, seguro que ya alguien ha llamado a la policía. No sería raro que hubiese unas cuantas patrullas buscando a la niña. Ahora comienzo a sentir esa cosa en el estómago. Y no puedo negarla. Ahora podría inyectarla, causarle un coma para poder tenerla así para siempre, para mí. Mi obra de arte humana. Su imagen me transmite una paz preciosa; luego terror, después pánico, y finalmente todo a la vez, al no saber qué va a ser de mi vida cuando ella despierte.

[He topado con el trailer de “The Wolfman”. Revisitación del mito del hombre lobo; esta vez un Benicio del Toro que tiene toda la pinta de comerse el papel con patatas. El director es el nada desdeñable Joe Johnston; que no ha tenido mucha suerte con sus proyectos pero en el cual sigo confiando. El trailer tiene una pinta buena buena. Al parecer el proyecto estaba en manos de Mark Romanek, pero finalmente cayó en manos de Johnston. No sé a qué altura de la historia la cosa cambió de manos, pero no me extrañaría que hubiesen quedado resquicios de la desquiciante imaginación de Romanek. Emily Blunt (foto) pone el contrapeso femenino.]

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26 comentarios en “Colgado

  1. Yo siempre tiendo a pensar que igual lo más honrado en estos tiempos es no ser feliz, escribir tonterías dadas las cosas serias que por ahí se escriben.

    En los relatos siempre me parece cantidaddeinteresante el modo en que los personajes entran en contacto. Es entonces cuando pasan cosas, porque casi siempre alguno de ellos ha estado el suficiente tiempo sólo, escribiendo para… escribir, no hay más que leerte, te agudiza la vista. Terminas siendo como una especie de señorita Marple y sin saber cómo te das cuenta de que tal igual es una mujer lobo, la dejó el novio, volverá a ser lo que era en cuando abra los ojos; pero igual no.

    Total, que me gusta leerte; te sigo hace un par de post, lo que casi nunca había podido leerte del tirón y comentar.

    Abrazos aúúúúuú

  2. No sé que tiene tu escritura que te atrapa sin remedio. Quizás tu certera manera de observar la realidad y fijar los detalles sin caer en lo prescindible. Quizas el ritmo cinematografico, tal vez la personalidad del sujeto narrador como el típico heroe perdedor.. no sé. Pero es una delicia leerte.

    Las ocuridades de la noche y los vapores del alcohol te puede llegar a ver lo que no es. Una puta, evidentemente, no es más que alguien que vende su cuerpo como otros venden su inteligencia. Que la chica lo fuera o no es lo de menos, todos en algún momento de nuestra vida somos putas, lo hemos sido, o lo vamos a ser…

    Bezos.

  3. LA verdad es que despues de una buena duchita……….apetece, no?
    Buena fotografía parece la del Hombre Lobo, y con el Hopkins el interés crece aún más. Para no haberme interesado demasiado el tema Wolf Man, creo que ésta la voy a ir a ver.
    Gracias por el descubrimiento.

  4. ¡Vaya! No podía dejar de leer.
    Estas son el tipo de cosas que uno encuentra cuando no busca nada. ¿Infeliz? ¿A caso existe la felicidad? Al menos somos coherentes.

  5. Preciosa historia… que se hace corta y casi da rabia que tenga un final, porque te sientes relajada y a gusto deleitándotela… con adorables detalles y todos los mensajes del mundo.

  6. No sé en que blog leía el otro día un comentario tuyo que me llamó la atención porque venías a decir algo como que tus días eran poco relatables.
    Definamos que son para ti relatables por favor!!!.

    Bueno, yo no te voy a decir que me ha gustado, aunque te lo esté diciendo, porque odio andar repitiéndome, así que a partir de ahora tendrás que dar por hecho el placer que me produce leerte como una premisa cierta cada vez que me veas por aquí.

    Sobre lo de decidir ser infeliz, sí hay gente que lo decide, pero no sólo deciden serlo ellos, que hasta ahí todo iría bien, sino compartirlo con el resto de la humanidad que se cruce en su camino. Son personas instaladas en la perpetua queja. Son chupadores de energía ajena. Y eso ya…NO.

    Y sobre lo de Isabel, tu no habías decidido ser infelíz??, pues no la inyectes, dejala marchar.

    Besos

  7. Rosa:

    Bueno, no suelo justificar o explicar lo relatos, porque no tiene gracia; pero a veces creo puede venir a cuento. En el tema de ser feliz o infeliz, en realidad he querido reflejar la conclusión de que es algo que escapa casi por completo a nuestro control o nuestras decisiones (lo cual es arriesgado de decir, pero ahí reside a veces la gracia de escribir). De entrada porque cada uno es como es, y los demás no pueden decirte que la felicidad es una decisión; creo que más bien es una cuestión de caracter. Y luego pasa lo de siempre, habrá momentos buenos y malos, pero es injusto decirle a alguien que no es feliz porque no quiere, ya que todos vivimos condicionados (cada cual por sus motivos), y nos expresamos y somos de una forma distinta, y nadie tiene derecho a cambiarnos o aleccionarnos. Creo que no es prudente intentar cambiar a nadie, más bien hay que aceptar a la gente tal y como es; y si no los tragamos, alejarnos.

    Gracias por los halagos.

    Saludos atodos.

  8. Pues yo esperaría aque despertara. Para ver cómo cambiaba la vida del Buen Samaritano…!

    Muy bueno el relato.
    Y hoy sí, hoy he podido leerte de un tirón, he esperado a la hora posterior a las probables interrupciones telefónicas… jejeje!

    Me gustan estos dos personajes.

    Un abrazo!

  9. Me encanta la atmósfera que creas, tan decadente, tan brutal en su sinceridad, tan… llena de humo, alcohol y negros pensamientos.

    Si visualizo tu relato, distingo perfectos los tonos oscurecidos de la escena y del personaje… en contraposición con la piel nívea, joven, resplandeciente en su voz suave de la chica. Qué más dará lo que sea o lo que busque, en el momento en que él espera que despierte y se imagina inmovilizar al tiempo… parece feliz. Por que la tiene en ése momento…

    El vídeo es espectacular. Espero que no me decepcione y trataré de verla como si jamás hubiese visto una de licántropos. Quizás se me “cuelgue” alguna imagen en la retina.

    Un saludo y gracias por visitarme, Jordim!

  10. Hi, Mr.! Bueno, bueno, me gustó, vaya novedad!
    No entro en si me parece bien o mal lo que hace el prota, ni la chica, me encantaría que despertara y le montara un pollo típico de psicótica y después terminaran duchándose juntos, pero bueno, hasta ahí, hasta esa persiana abierta, la imaginación ha jugado muy bien, Mr.
    Sobre el trailer y la foto… me ha encantado la foto de esta chica, genial. Es el gesto y la mirada. Genial.
    Un beso de jueves.

  11. Me gusta mucho tu estilo narrativo. Me gusta que escribas desde lo cotidiano, desde lo común, volviéndolo atrapante.
    Que pena no poder seguirte por ser wordpress. Espero no perder tu dirección y visitarte a menudo, ya que me voy encanttada.
    Cariños!

  12. Es que ser feliz o infeliz es la forma de como tomemos ciertos detalles de nuestra vida o como nos planteamos salir.
    Me ha gustado mucho tu relato, interesante como escribes, un buen escritor, cuantos libros has publicado lo digo para comprarme uno…
    Es una pena que este blog no lo tenga en google porque asi estariamos enlazados ohhhh que bonito me quedo….
    Sobre lo que escribo..pues te dire que como soy tan romantica siempre intento escribir al amor, este o no este enamorada.
    Con cariño
    Mari

  13. Me quede con ganas de mas (como casi siempre, no quiero qe tus textos terminen, jejej), pero se ve qe tal vez era el momento mas feliz al qe podia aspirar…nose.

    Me ha llegado la reflexion principal, si eres infleiz, los momentos buenos los pasas mejor, jejej, y lo qe le pasa es un ejemplo^^ Muy bueno.

    bss

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