LHP, el vacío y P.J. Franklin

Tengo un antojo serio a propósito de cierta chica ascensorista. Mientras hoy me bebía el café de todas las tardes después del trabajo, una familia se ha sentado en la mesa de al lado, y el crío, uno de ellos, no paraba de gritar como un energúmeno. Y en lugar de pensar con regocijo en la posibilidad de ahorcar al infante con mis propias putas manos debido a la migraña creciente… Pues bien, en lugar de eso, pensaba en la chica ascensorista; su olor dentro de la caja de zapatos cara que me lleva al piso cincuenta por la mañana y me baja hasta el suelo por las tardes. Todo mientras contengo el aliento y sólo siento ácido en el estómago. Llueve, llueve y llueve, pero siempre es un día radiante.
Tiene el pelo oscuro por los hombros y dos canicas extraterrestres azules en esas cuencas donde suele haber ojos humanos deprimentes y mundanos. Tiene pecas en la nariz. La poesía se encierra con ella en su habitáculo de cristal y metal, ese transporte engranaje de nuestro sistema para esclavizar a un mundo que ya me importa cero. No pienso en nada; que el ser humano deje de follar, que se mueran los niños hambrientos y paren el calendario, que yo me me bajo. La ascensorista me ha respondido sí. Está bien, ha dicho, un día podemos salir a tomar un café. Aunque no quiere nada serio. Y yo tampoco, he pensado; nunca ha funcionado intentar nada serio; esta vez quiero que con ella la historia dure.

No era metáfora, es cierto que no para de llover estos días. Pero ahora tengo asociada la lluvia a la luz, la noche a la esperanza libre de eslóganes. Ya no veo las corbatas como cárceles para mi imaginación. Ya no necesito la fantasía. Todo fluye en la dirección correcta y románticamente equivocada. Me hundo en ese color rosa de blog adolescente. Soy inocente, una persona carente de talento. Soy feliz y tengo los pulmones apestados. El nervio de la columna vertebral del edificio donde han exprimido mis planes de hacer algo creativo con mi vida, es la respuesta a la depresión baja en calorías del ser humano corriente que soy. Quería tirarme desde el piso setenta algún día, que mis compañeros vieran desde sus despachos una mancha aparatosamente roja abajo en la acera. Esa piloto de rascacielos no sabe que pendo de un hilo. No le convengo, no debería haber quedado conmigo. Corre el peligro de ver algo en mí que le haga darme su número de teléfono. Quizá lo mejor para los dos sería que ese ascensor fallara y se estrellara contra el suelo antes de nuestra cita de cafés para charlar…

Pero la vida sigue… Salimos juntos al día siguiente del crío migraña, por la tarde después del trabajo; he hecho una hora extra para coincidir en la salida con ella; la espero fuera mientras se quita su uniforme. El cielo sigue gris y aunque hoy aún no ha llovido tengo la esperanza de que lo haga en cualquier momento. Desde que el sol se fue hace cinco días me siento mucho mejor; el amor platónico se ha convertido en material de cafetería. Al menos podré hablar con ella, saber si estoy colgado sólo de un ideal, si me interesará algo más allá de sus paredes vaginales. Al fin y al cabo no estoy quedando tanto con ella como con un prejuicio nocturno a rebosar de risas y relatos de Hustler. Es a lo que muchas veces llaman Amor; se trata de coger a una persona que en realidad sólo es humana e intentar convertirla en lo que a ti te gustaría poseer…
Pero no, esta vez no. Esta vez la escucharé, la aceptaré. Seguro que tendrá algo que decir. Si seguimos saliendo no la enterraré en regalos oficiales y chorradas de pareja. Seguro que ella será superficial sólo en parte.

Hago gala de mi feliz falta de imaginación de estos días y me la llevo a la cafetería de siempre. De camino comienza a lloviznar. Ella lleva una falda tipo ejecutiva, medias grises; lleva una camiseta negra pozo sin fondo, un pañuelo violeta al cuello. Y no lleva reloj ni pulseras ni colgantes ni pendientes. Es como si hubiese pasado corriendo por algún jardín privado y hubiera robado esas prendas al azar. Sabe que se ponga lo que se ponga tendrá que aguantar tonterías masculinas de todas formas… Por ahora, yo sólo soy su nuevo lastre.
Cuando nos sentamos y pedimos café solo y cortado, me lanza una mirada que parece tener ensayada, entre amable y cauta. Quizá piensa que soy patético, o quizá le intereso. Quizá sólo me necesita para hoy por falta de planes. O puede que no, puede que sea una romántica. No parece ser la típica chica de costumbres sosas y apología de lo bien visto.
Aunque en el fondo tiene toda la pinta de no llorar desde que murió Kurt Cobain, aun así intenta sonreír, ser amable.

La verdad es que casi nunca pasa nada emocionante de verdad. Y esta tarde no es una excepción. Hemos tomado café y cuando se ha agotado la conversación nos hemos ido a casa, cada uno a la suya. Y ni tan siquiera sé qué impresión se ha llevado de mí. La primera mirada de la tarde ha sido igual que la última, e igual que todas las demás: una proyección de sus rasgos entre alegre y cínica; algo que la deja más cerca del Joker que de las chicas Playboy. No tiene ninguna intención de potenciar su dulzura. Lleva la misma coraza que cualquiera, pero completamente a la vista; y no le preocupa lo que yo pueda contar sobre ella.

Luego pasa una semana entera en blanco. No me atrevo a decirle nada más allá del saludo, y ella se limita a tratarme igual que antes del día en que quedamos. Un rumor corre por la empresa. Si una cosa es cierta, es que el uniforme a veces hace que buena parte del carácter de algunas personas desparezca. Es una típica táctica empresarial; te hacen entender sutilmente que no eres nada, que mañana mismo puedes estar en la calle; sólo sirves para cubrir el cupo durante un tiempo. En la vida real para quien tiene dinero de verdad no vales más que cualquier muerto de hambre lejano enfermo de malaria. Y ese detalle, el del uniforme, fue el que hizo que me equivocara. No sospeché nada al ver cómo iba vestida el día de la cafetería. Ha sido diez días después, con el sol ya radiante y la rutina deprimente golpeándome duro otra vez, cuando he sabido a ciencia cierta que es lesbiana.

Lloro a solas…

Como me dice un compañero – el mismo que me ha puesto en mi sitio -, si Eva la hubiera conocido tiempo antes de liarse con Adán en el jardín del Edén, la historia hubiera sido muy distinta.
Así pasamos el tiempo, especulando sin sentido, riéndonos de lo imposible, distorsionando lo escrito. Y menos mal que nadie sabe que salí con ella. La pregunta, claro está, es por qué ella quiso quedar conmigo. Si la mítica Eva pudo haberse convertido en lesbiana, es porque hay quien asegura que la chica ascensorista ya ha conseguido beneficiarse a un par de compañeras del edificio; tías hetero y casadas y con críos a quienes nunca les han hecho un cunnilingus decente. Y sí, así nos divertimos, pero yo no he podido evitar creerme ese rumor.

Los días siguientes son negros y estúpidos. Ya no cabe ni el amor platónico. Quizá es bisexual, pero por lo que he oído es poco probable. Todo pasa a toda leche. Hay lapsos de tiempo larguísimos sobre los que no hay nada que contar. Todo es igual todo el rato; cada día el mismo largometraje de quince horas en el que todo lo que pasa se resume en una amenaza sobre lo prescindible que soy en la empresa, en el mundo, en la vida…

Harto, como un mes después de saber sus inclinaciones, decido sentarme con ella a comer, sin previo aviso.
Voy a su mesa solitaria de siempre y le pregunto cómo va todo, como si nada. A más años tienes más fácil resulta arrinconar las humillaciones y los despropósitos; la vida es un buen gimnasio abierto las veinticuatro horas para ejercitarse en eso. Cada vez te resulta más fácil aceptar que no eres más que mierda, detritos, grasa que facilita el funcionamiento de la maquinaria que hace posible que otros disfruten de verdad de la vida. Ella lo sabe, yo lo sé; y por eso la conversación arranca con bastante naturalidad. El meollo de la cuestión se puede evitar hasta el momento adecuado; superados los treinta años no es difícil ser falso el rato que haga falta.
– ¿Conoces a P. J. Franklin? – me pregunta, después de haber rajado los dos de todos los compañeros y conocidos comunes.
– Pues no.
– ¿No conoces a P. J. Franklin?
– Bueno… no… ¿es muy famosa?
– Bueno… es actriz.
Al hablar de esa mujer, su gesto cambia por primera vez. Se relaja, se ilumina y caen todas las defensas. Su fortaleza es ahora un paseo de baldosas amarillas hasta la alcoba reluciente de su cerebro. Es el momento de atacar, de ponerla contra las cuerdas, de hacerle daño. Es el momento de ganar.
– La verdad es que quería hablar contigo por otra cosa… – suelto.
– …
– Del otro día, cuando quedamos…
– …
– Bueno, yo creía que…
– Y el caso es que… – me interrumpe -, sólo la he visto en esa serie mala de la tele… Ni sé cómo se llama… La pongo y me quedo absorta mirándola.
No existo. Me dice cuántas cosas querría hacerle a esa mujer. Habla incluso de matarla. La mataría antes de morir sin poder tocarla. Y entonces me coge de un brazo y me dice que Ella va a venir al edificio. Que tengo que ayudarla. Faltan tres días, me dice. Veinte plantas más abajo hay una pequeña productora de cine. P. J. Franklin vendrá a negociar su participación en una película. Lesbiana Hija de Puta lo sabe de algún modo. Debe fisgar e intercambiar favores sexuales a cambio de información. Ahora la veo perfectamente capaz. Me dice que no quiere ir sola a verla, quiere que yo vaya con ella, que me haga pasar por otro fan psicótico. No quiero que me cale enseguida, me dice.
– Seguro que no soy la primera bollera que intenta algo con ella…
¿Calarla enseguida?
– ¿Pero ella es lesbiana? – pregunto.
– Eso es lo de menos.

La vida puede tirarte las esperanzas a la cara en forma de tijeras entre bolleras locas. Ahora soy el mejor amigo de la versión dulce y semi-gótica de Ellen DeGeneres. Al llegar el día del encuentro, ella viene al trabajo con una cámara de fotos y otra de video. Comienza a darme miedo. Aún no la entiendo, no sé por qué quiso salir conmigo, por qué me dijo que no quería nada serio; recuerdo perfectamente sus palabras. Si alguien te dice que no quiere nada serio, quiere decir que cabe la posibilidad de que haya algo serio. Es lo que se hace; la gente se junta y es feliz, y luego se cansan y se separan y juran soltería indefinida. La gente, todos, somos estúpidos sin final feliz. Ni tan siquiera somos originales; damos vueltas y vueltas siempre al mismo circuito mientras presumimos de que en cualquier momento nos saldremos de él.
Con lo cual, si alguien se abre lo suficiente para salir contigo y te dice que no quiere nada serio, pues bien, técnicamente ésa es la primera mentira de vuestra posible relación. Ya que, claro, es demasiado complicado decirle a alguien que te lo vas a pensar; porque quizá aún no le conoces lo suficiente, no sabes de qué va, o puede que tan solo quieras hacer una radiografía completa de su físico y ver si supera tus controles de calidad. Es decir, quien sea siempre quiere algo serio; lo único que no sabe es si lo quiere contigo.
¿Pero ella? ¿Es que sólo quería a un colega al que presentar a la actriz que lleva años soñando con tirarse?… No hay respuestas. Más adelante lo acabo sabiendo porque nada cambia entre nosotros. Lesbiana Hija de Puta tiene la facilidad de desviar la conversación y cambiar de tema de tal forma que tú sólo podrías arrancarle una declaración con gritos y amenazas. La última vez que me pelee fue con once años durante un partido de fútbol en el patio del colegio. Desde entonces ni tan siquiera le he levantado la voz a nadie. Quizá por eso ahora me consumo y obedezco siempre y tengo un trabajo que odio y me enamoro de las lesbianas… Todo el mundo cree que soy adorable.

Sigo siendo una persona estupenda mientras bajo veinte pisos con Lesbiana Hija de Puta, hasta llegar a la planta en la que P. J. Franklin debe negociar su contrato para alguna película de la que nadie se acordará en cuestión de meses.
Son las seis de la tarde. Según LHP, P. J. debe llegar en cualquier momento. Rondamos por los pasillos de Projections Entertaiment. Vemos secretarias arriba y abajo, y LHP me comenta lo buenas que están como si hubiéramos participado en orgías juntos. Me siento incómodo, manipulado, por primera vez creo que sé quien soy, y que no quiero seguir siendo así; LHP ha hecho sin querer de espejo para mí, y he visto mi reflejo auténtico. Soy justo la hormiga obrera que nunca quise ser. Yo de mayor me conformaba con ser raro, sabía que serlo ya me ponía moralmente por encima de muchos. Pero sólo soy paja, más paja con estudios que asiente y queda bien con todo el mundo.

Llega el momento en que se abre el ascensor. La actriz es rubia, y ahora recuerdo haberla visto alguna vez en la tele. Tiene un gesto amable y creo que no es lesbiana… A su lado camina un tipo de unos cincuenta años, dos cabezas más alto que ella, trajeado, con un maletín y una sonrisa blanco nuclear.
LHP se acerca hasta ellos; comienza a hablar en inglés como si llevara toda la vida ensayando el discurso. Yo me quedo a unos metros, no sé ni para qué estoy aquí, no gano nada, no participo, siempre soy el espectador, siempre atento, responsable. Patético.
Hablan durante más de cinco minutos. Tanto ella como el que debe ser su representante, asienten como si LHP fuera importante, como si no fuera una HP… No entiendo lo que dicen, casi apenas lo oigo, a ratos susurran. Y al fin, todos se dirigen hacia mí. Me la presentan en unos cinco segundos;
– Vamos arriba – me dice LHP sonriente -, a la azotea.

En el ascensor, LHP y P.J. se miran todo el rato a los ojos. El representante se afloja la corbata y resopla. Durante treinta segundos discute con su cliente. Ella le replica sin dejar de mirar a LHP a los ojos. Yo sigo siendo el único que no sabe qué narices pasa.
Al llegar arriba, abrimos una puerta metálica y salimos a la gran azotea. Me invade algo de calma al ver que el cielo está nublado y no queda mucho para que anochezca. Hay unos veinticinco grados y es la primera vez que estoy aquí. Estamos al lado de un enorme pararrayos; una estructura metálica que da miedo sobre todo ahora que de lejos se ven relámpagos, atronadores a los pocos segundos.
A unos metros de la puerta hay algo en el suelo. Al llegar veo que es un colchón. De hecho tiene hasta una sábana y una colcha.
– No sabes lo que me costó subirlo hasta aquí – me dice LHP, sonriendo. Lo cual quiere decir que en algún momento ha metido un colchón en el edificio y ha subido hasta aquí y nadie se lo ha impedido.
Y después de decirme eso, ha abrazado a P. J. y ha comenzado a besarla en la boca.
El representante me da un toquecito en el hombro y me dice pasándome una cámara que yo tengo que encargarme de las fotos mientras él graba. LHP y P. J. se echan en la cama y se desvisten la una a la otra. Y el armario empotrado vuelve a hablarme y me dice que si publico las fotos o el video vendrán a por mí, que conoce gente. Gente que conoce a otra gente. Y que si lo hace LHP también pasará algo terrible. Pues muy bien… Ahora ya están las dos desnudas y el tipo graba mirando con su ojo derecho mientras el izquierdo mira al cielo… Pueden pasar desde avionetas hasta helicópteros de tráfico. LHP le pega un grito a Armario Empotrado y le dice que grabe bien, que se acerque, que no se corte. En realidad él sólo ver a su cliente desnuda ha tenido una erección, que obviamente aún sigue. Yo les hago fotos sin moverme del sitio, como si fueran ocas en el zoológico, y también acaban echándome bronca.
Le preguntaría a Armario Empotrado qué es lo que pasa, qué le ha dicho LHP a esa mujer para que ésta ponga en riesgo su carrera y se amorre a esa desconocida en sesenta y nueve de esa forma. Pero creo que él está tan desconcertado como yo. ¿Cómo la ha convencido LHP, cómo hace que todo el mundo baile a su son? ¿Fue cierto lo de sus compañeras hetero? ¿Quién es? ¿Es de una raza superior? ¿Esto es lo que pasa cuando alguien trasciende la monogamia? A la hora de comer, cuando ella se sienta sola en su mesa, ¿somos todos los demás los marginados? Ahora, viéndola comerse literalmente a esa actriz de televisión, creo que sí.
LHP sorbe el coño de P. J. sin parar hasta que ésta grita corriéndose a chorro, con un gemido de sorpresa, y en los zapatos de Armario Empotrado, que se acuclilla con la cara roja como un tomate buscando planos imposibles.
Un trueno suena muy cerca de nosotros y rompe a llover. Y es justo en ese momento cuando decido conservar mi relación de amistad, o lo que sea, con Lesbiana Hija de Puta.

[En el video, trailer de “La cinta blanca”, nueva película del terrible y gran Michael Haneke, que esta vez, dicen, nos cuenta los orígenes del nazismo. Casi na… Y en la foto, P.J. Franklin, la chica del relato y protagonista de la serie “Mis chicos y yo”, bastante mediocre si no fuera por su tierna presencia; y la cual, que yo sepa, no es ninguna bisexual impulsiva devoradora de seres humanos…]

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55 comentarios en “LHP, el vacío y P.J. Franklin

  1. “La gente, todos, somos estúpidos sin final feliz. Ni tan siquiera somos originales; damos vueltas y vueltas siempre al mismo circuito mientras presumimos de que en cualquier momento nos saldremos de él…”
    Qué triste, pero es totalmente verdad.

    Realmente, una historia bastante excitante…

    Besos!

  2. Un saludo antes de nada, Jordim.
    Algunas de las afirmaciones de tu personaje encuentran rasgos comunes con mi lado más sarcástico, porque así somos… así actuamos…

    Has pintado una historia que pudiese comenzar a ser romántica dándole la vuelta lentamente, hasta llegar a otra visión nueva y totalmente diferente de lo que pueden llegar a ser las relaciones recién iniciadas.

    Gracias por la visita.

  3. De lo que escribes, me quedo siempre con los pedacitos de realidad y las frases envolventes. Me gusta que parezca fácil y que enganche. Me gustan las historias raras cuando uno las siente tan reales… Algunas lesbianas dan mucho miedo, jajajaa. Gracias por tu comentario. Nos leemos, narrador.
    bESO.

  4. joder, esta experiencai bolleril es tremenda, mezcla de terror, voyeurismo y gore, jaja

    pues prepárate que vienen curvas, jaja Aún falta la nueva mala de la serie V, la lagarta reina, jaja

    bezos.

  5. Jamás hubiese imaginado este final al comenzar a leer tu relato. Francamente, lo que más me ha impactado son las reflexiones que haces sobre la alienación en el trabajo y lo extraños que resultamos ante nuestros propios ojos. Que dos tías se lo monten en la azotea imagino que será un regalito para tus “fanes” heteros, jajajajaja. Genial historia, geniales reflexiones, genial final.

  6. Muy buen relato, lo de la monotonía nos pasa a todos, el sentirnos encerrado en un circulo que no para de dar vueltas y nunca encontramos el momento de bajar. Lo del lesbianismo ha sido lo mejor, un amor platónico poco usual XDXD.

    Besoss

  7. Tu relato me ha recordado la película “El apartamento”, en la que Jack Lemmon se enamora de una de las ascensoristas de la oficina, interpretada por Shirley McLaine. Pero las semejanzas con el largometraje de Wilder acaban ahí. ¡Ja,ja,ja,ja,ja! Lo demás es cosecha made in Jordim. Genio y figura. 😉

  8. Lo rocambolesco del final me ha hecho releer otra VEZ todo el relato. Y me ha vuelto a parecer igual de bueno que la primera.

    Un placer leerte.

    Saludos

    Perdón por comerme la vez antes.

  9. Siento cargarme el misterio del relato Jordim pero casualmente yo pasaba por allí y pude entender que LHP se presentó como la productora de la película y les puso como condición, antes de firmar, que habrían de hacer una prueba, en un decorado próximo, para despejar las dudas sobre la capacidad artística de P.J. Franklin si el proyecto de un millón seiscientos mil euros se materializara.
    Así pues, creo que la decisión última de tu personaje (que podía llamarse Tristón) no es la acertada, sobre todo cuando Armario Empotrado se entere del fraude.

  10. Sinhue:

    Has sacado una conclusión muy interesante. Y escalofriantemente parecida a lo que yo tenía en la cabeza entre líneas al escribir la segunda parte del relato; que de hecho para eso está esa segunda parte, para especular… Muy bien, así se lee 🙂

    saludos a todos.

  11. Suelo devolver las visitas…. por cortesía, voyeurismo e inercia. Una vista rápida, de esas en las que pasas de puntillas y con guantes de látex… Me he tragado el texto entero (y aviso que odio leer más de veinte líneas de pantalla). Seré sincero, me sedujo la primera parte, paladeé con gusto la ración de lengua adobada del protagonista, a ratos exquisita. El postre de bollitos, en cambio, me ha resultado un poco empachoso.
    Creo que quien escribe así de bien (y esto es un halago sincero) prefiere que le escupan las sensaciones del lector antes que las consabidas palmaditas en el hombro.
    Volveré a catar sus bocados, un placer.

  12. Januman:

    Esto es internet, una especie de cloaca de trolls y peloteo gratuito. Así que si no se llega al insulto cualquier comentario es bienvenido. Aunque obviamente los que más me gustan son como el tuyo, sinceros y críticos.

    Saludos.

  13. Muy interesante, Jordim. Me he quedado pegada y me gustaría saber por qué o cómo hizo la LHP para convencerla! Pero ya leí un par de comentarios arriba… no se me había ocurrido (qué poca imaginación la mía!)
    ¿Me pregunto por qué tus heroínas son siempre mujeres y el pobre hombre resulta siempre (o al menos en los últimos 2 o 3 textos) siendo manipulado, dejándose llevar, etc, etc? Madre dominadora, o fantasías con dominatrix? Bueno, como psicoanalista no la hago, ni modo 🙂
    Muchos saludos,
    Carolina

  14. Mientras voy leyendo tus largos textos paso de la asquerosa envidia por lo buen escritor que eres a la curiosidad por ver en qué acabará la historia en cuestión. Reconozco que esa es la parte mas tibia. Será quizas porque toda la narración me tiene atrapado y espero un final de traca final de fuegos artificiales.
    Desde luego no dejas indiferente.

    Canicas extraterrestres azules en sus cuencas… joder!!

    Saludos

  15. Ella le dijo a la “diva” que la cámara oculta en realidad una bala con su nombre si no accede al revolcón!
    Jajaja! Perdona, pero es que no puedo, no consigo encontrarle el “por qué”!!!
    Pero bueno, eso es sólo el final de un relato lleno de reflexiones tremendamente cotidianas. Uno puede imaginar que el mundo del trabajo (de ese tipo) es así. Antojo serio? Me ha llamado mucho la atención esa frase por lo contradictoria. Un antojo no es nunca serio! Jajaja! Está muy bien.
    Para mi todo el mundo es igual en el fondo. Lesbiana o no, ella sería la misma y actuaría igual independientemente de su inclinación sexual.
    Igual que hay muchos hombres que tratan siempre de echar el anzuelo a las ascensoristas, secretarias, limpiadoras…
    Típicos, tópicos y un gran relato para nosotros, los lectores.

    Pero cómo la convencióooooooooo??? GGrrrr…

    Un beso

    Lala

  16. Hola Jordim:
    Gracias por visitar mi Blog..queria decirte que tienes una capacidad narrativa muy buena, por eso tus relatos, aunque extensos, no se hacen pesados, si no mas bien, amenos he interesantes, felicidades, un saludo…

  17. Hola amigo vengo a devolver la simpatia, me gusto mucho las palabras que dejaste en mi blog, y la verdad es que estoy impresionada por tu manera de escribir, es muy bueno el post me encanto el relato, tienes una muy buena imaginacion….

  18. jajajaja me he reido en varias ocaciones con varias ironias, disfrute la lectura jaja seguro paso seguido tengo la costumbre de leer lo que publican los que llegan a pasar por mi blog(en buena parte jaja para tratar de rastrear de donde encontraron mi pagina jaja,cosa que siempre pasa a segundo plano una vez que comienzo a leer) se que seria feliz de que mis sueños tocaran y destruyeran la realidad,pero tengo mis dudas respecto a que todos los sueños en general invadieran la realidad… digamos que al final soñariamos con la realidad para escapar de un entramado de sueños de los cuales no somos dueños ni propietarios

  19. Interesante reflexión acerca de las lesbianas.
    Qué te molesta más,que sea lesbiana o que no quiera acostarse contigo?
    Todo esto desde el punto de vista del protagonista claro,que sé que es ficción,porque es ficción verdad?jajajaja

  20. OH MY GOD ! Confieso que me enamore de tu forma de escribir, quede completamente sorprendida, pero mas aun porque pasaste por mi pobre blog y comentaste. Muchas gracias, es realmente un honor. En este mismo instante me hago seguidora tuya, y no pienso dejar de serlo. Cariños, Agus .

  21. Lo cierto es que te has extendido bastante, y coincido con alguien de ahí arriba sobre este punto. Los amores o apretones no correspondidos están en todas partes, por diferentes motivos, también. Me pasaré más veces, Jordim. Un saludo.

  22. Resulta en extremo agradable estar en mi oficina, tomarme unos minutos de descanso mientras la primavera porteña inunda mi espacio. Me preparo un café cargado y dulce, abro mi blog y estás vos visitándolo y con la gentileza de dejar un comentario. Voy raudamente al tuyo, comienzo a leerte. Obsesa y adoradora de los libros me vas atrapando con tu relato , soy de las que gustan de imagunar, te imagino, sonrío, y me felicito por haberte dedicado este momento.

    Guardo tu dirección, hoy en cuanto tenga “tiempo”, aquel bendito espacio para hacer y decir lo que nos place, voy a seguir conociéndote a través de las palabras impresas y no dejaré de congratularme por haberme atrevido a buscarte en esta tarde de primavera que se inundó de tus cuestionamientos, tu ritmo, tu migraña, tus deseos, tu amiga less, y sus piruetas.

    Feliz finde y besotes!!!

  23. Emmmm.
    Por partes:
    -Yo lloré cuando murió Kurt Cobain, pero diré en mi defensa que tenía unos 13 años.
    -¿Por qué la gente hace algunas cosas? Es mi eterno dilema. Muchas veces no me entiendo con el género humano. Me consuela saber que tampoco me entiendo a veecs a mí misma, lo cual me mete en el saco de la vulgaridad en el que al menos no estoy solita.
    -¿Qué le dijo???

    Besitos!

  24. Si algo me gusta de tus protagonistas (algunos, muchos de ellos) es esa sensacion de dejarse hacer, de no actuar, me identifico mucho con ellos porque a veces me pasa que me meto en situaciones, que me veo de pronto inmersa en acuaciones ajenas, en relaciones donde creo que no pinto nada, donde no sé a cuento de qué he llegado, pero sin embarrgo no hago nada por salir.

    Y no porque no sepa cómo hacerlo, a veces es muy fácil, sin embargo, es como una atracción, como un vacío que te atrae, o que te clava al suelo.

    No puedes dejar de mirar, quieres saber el final de todo eso, no sé si me entienes en fin, cosas.

  25. Ultimamente no hay libro que me enganche, los tengo todos con el marcador en las primeras páginas. Y tu relato me lo he zampado de tirón.
    Y no es peloteo gratuito. Seré troll? 🙂
    Saludos

  26. Interesante relato que nos deja claro cuan manejables podemos ser en aras de algún tipo de sentimiento real o ficticio. Aunque esto es pura ficción, muy bien lograda por cierto, la realidad no se aleja mucho de ella.
    Tienes talento y mucha imaginación.
    Un cordial saludo Jordi

  27. Jordim,
    Otra vez por aquí, pero esta vez para desearte que pases unas lindas fiestas, ya sé que no eres creyente, pero igual, espero que la pases bien y te diviertas un montón, con todos los tuyos.
    Muchos saludos,
    Carolina

  28. Venia felicitándote la Navidad, quizás la utopía parezca grande, pero mis deseos se quedan pequeños, por lo mucho que deseo abarcar para ti, para que estas Navidades empapen cada centímetro habitado, para que ningún olvido se quede encerrado en el baúl, para compartir sin necesidad de pedir, para sonreír sin limitaciones, para ganarle el pulso a la tristeza, para que la esperanza arraigue en nuestros corazones, para darte las gracias por estar ahí y en definitiva para que la Navidad sea para todos y para todo el año…

    ABRAZZZUSSS PARA UNA FELIZ NAVIDAD

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