Romper el hielo

Vivir no siempre es cómodo cuando te prometen que lo será. De hecho muchas veces es como cuando de pequeño le tenías pánico a las agujas y te decían algo como que si soplabas la inyección no te dolería. Y dolía igual. Mientras soplabas. Porque no siempre es indoloro cuando te prometen que lo será. No todo el tiempo es oro porque alguien diga Carpe Diem. Y es necesario que nos lo recuerden de vez en cuando entre todo ese mar de positivismo postizo de magazine televisivo. No hace falta que nos sintamos culpables si dejamos algo para mañana o si somos menos complacientes de lo esperable con los desconocidos. Mirar a la vida de frente no siempre significa Dar el paso, Decir Sí, Correr lo más rápido posible.
Partiendo de todos estos principios básicos para mí, y departiendo conmigo mismo, iba yo por la calle y crucé un paso de cebra; y el primer coche se detuvo, pero el del siguiente carril no debió verme, y rodé por su parabrisas, volé, y caí ya inconsciente en el asfalto.
El vehículo se dio a la fuga.
Me ingresaron, principios incluidos, con varios huesos rotos, costillas hechas trizas, laceraciones, etc. Pero por suerte, nada era irreversible; en el futuro podría volver a cruzar los pasos de cebra a cámara lenta con mis neuras. Aún era carne fresca para una discapacidad, una muerte horrible o los orgasmos. Quedé vivito y coleando y con una baja de meses; aprendí que la ociosidad es un arte imperecedero, y que con la tecnología moderna tu empresa puede hacerte sentir culpable a diario vía internet.

Con el tiempo me dejaron deambular un poco por el hospital; a veces bajaba con las muletas a comer a la cafetería del edificio. Cogía el ascensor, y cuando llegaba abajo me parecía estar en otro país. Estuvieron dudando por culpa de mis golpes en la cabeza, y con la indecisión estuve bastantes semanas enclaustrado antes de volver a casa; …aunque los primeros días me habían dicho que volvería al hogar enseguida; aunque el dolor y la incomodidad fueron más de lo prometido.
Según esa filosofía que dice que la felicidad está en el camino, en la penetración anal lo que se disfrutaría sería el doloroso proceso de dilatación hasta llegar al placer. De eso me estuvo hablando una enfermera que me contó que a los diecinueve años hizo unas diez películas para adultos antes de saber qué quería hacer de verdad con su vida. Según los típicos capullos, me dijo, la metas no valen para nada; luego te sientes vacía.
– Yo quiero ser una actriz seria, y te aseguro que las paso putas en cada uno de los castings en los que me rechazan.
Y no pasaba nada. Al final fue enfermera porque tenía que hacer algo mientras en el camino hacia el estrellato nunca llegaba a ninguna meta deseada.
– Según esa gente, resumiendo, yo ahora debería estar las veinticuatro horas corriéndome de felicidad.
Tenía ya veintinueve años y el punto más alto de su carrera era un anuncio de patatas fritas. Era popular en el hospital por hablar hasta con las plantas, y su simpatía era genuina como el dolor agudo que te provoca una aguja, o la inconsciencia que te provoca el romper el parabrisas de un coche con la cabeza. Ella era real, con un carácter mullido y agradable como sus tetas al tacto; sincera como la promesa de muerte a largo plazo, y cuidadosa como una madre común.

Cuando mis visitas al comedor comenzaron a tener frecuencia diaria, casi cada día la enfermera se sentaba a mi lado y hablaba como si fuera a morir pronto y aún tuviera muchas cosas que decir. El día que me dejaron ir a vegetar el resto de mi baja a casa, me dio su número de teléfono sin ningún reparo.
Al día siguiente, de puro aburrimiento, la llamé. Lo cierto era que me gustaba, y que quería volver a verla y a oírla. Era agradable escuchar a alguien que tuviera cosas que decir y que no enmarcara sus discursos en saludos y despedidas dadas por la inercia. No es fácil, la mayoría de gente quedaría fatal; pero ella sabía cómo desenvolverse para que aunque ni tan siquiera te hubiera dicho “Hola, como estás”, tú entendieras de sobras que se preocupaba por ti.
Al tercer día de estar en casa vino a visitarme por la tarde. Por primera vez la noté retraída ante mis padres, tensión que se disolvió al instante al encerrarse conmigo en mi habitación. Yo aún tenía una pierna enyesada y un brazo en cabestrillo. Para entonces ya había desconectado por completo de mi trabajo, de mi vida anterior. Ese primer día de visita en casa ella me besó en la boca antes de irse, no dijo nada más y se largó.
– Verás – me dijo al día siguiente – yo pensé que te quedarías en silla de ruedas o algo así, es más frecuente de lo que la gente cree.
Vino a mi casa todos los días hasta que me dieron el alta. Tuve que aguantar dolorosas erecciones sin poder hacer nada. Cuando ella me comenzó a hablar de sexo, lo hacía con el mismo tono entre natural y despreocupado con que abordaba cualquier tema.
– No te preocupes, tenemos mucho tiempo por delante.

Los procesos habían desaparecido con ella. Tenía miedo de volver a mi vida real y hablarle a la gente sin más, preguntarles sin más, o lo peor de todo, creerles sin más. Sabía que podía confiar en ella, pero el resto del mundo era otra cosa.
– Si un día dejaras de gustarme, te lo diría. No te preocupes. No puedo prometerte que no te haré daño, pero sí que siempre seré sincera.
A veces pasa, me dijo, quizá un día vaya con sus amigas a una discoteca y note una conexión con alguien. Y ese día no hará nada, pero al día siguiente, me dijo, me dirá la verdad y se irá a perseguir a ese otro chico.
– Es una tontería andarse por las ramas, somos muy jóvenes. Ahora te quiero, pero no puedo prever el futuro.
Y qué contestas a eso. ¿Le puedes hacer prometer algo a una chica de veintinueve años? ¿Y a una chica guapa de veintinueve años que liga como quien te pide la hora? La gente se suele incomodar si les hablas del futuro más allá de lo profesional. Es comprensible, es algo personal. Seguramente lo que hace que muchas parejas se mantengan unidas al cabo de los años es la negación. Ella me dijo que no era de esa clase de personas, que si dentro de cinco años seguía conmigo sería porque ella quería, y no por la idea de estabilidad que tienen todos los demás.

Y no, vivir no siempre es cómodo. La primera vez que bebí un trago de sangre, no me pregunté si era sangre humana. Ella, decía, lo hacía de forma habitual. Yo, al tragarme el primer sorbo, lo vomité en el suelo de la habitación. Y a ella le dio un ataque de risa.
– Mi abuelo bebía sangre de cerdo a litros y nunca le pasó nada. Pero la sangre de cerdo es algo distinta.
Era una lata de pepsi que ella rellenó. Faltaban dos semanas para que me dieran el alta. Tuve miedo de hacer preguntas. Entendí lo que quise entender.
– No me gusta el rollo de los vampiros. Es solo una costumbre. No creo que los vampiros existan…
Aquel día no sabía qué decirle; ella me miraba divertida, me hizo un alivio manual, y se fue con mi esperma bajándole por la traquea para unirse a la comida. Se había bebido la lata entera mientras fregaba el suelo y mis padres deambulaban por el centro de la ciudad sin saber que hay gente que bebe sangre humana, y que mi novia era una de ellos.
La paja me dejó aturdido. Sentí una mezcla de terror y excitación. Al quedarme solo, con el suelo recién fregado, me quedé literalmente en blanco; por primera vez mi cerebro no supo encontrar una salida, por rebuscada que fuera.
Habían pasado cinco meses desde que nos vimos por primera vez. Cuando mi sentido común empezó a carburar, me imaginé que sería una especie de gótica, que robaba esa sangre del hospital y que el riesgo de las enfermedades y el desconocimiento la llevaban a algún tipo de excitación sexual; lo cual explicaría cómo después de beberse aquella lata me la sacó y me masturbó haciéndome algo más allá de las lenguas por primera vez.
En cualquier caso, mi vida estaba empezando a convertirse en algún tipo de leyenda urbana, y eso tampoco me hacía puta gracia. Solo esperaba que hubiese notado mi rechazo a eso rollo de la sangre. Pero no.
Al día siguiente trajo una jeringuilla, algodón y alcohol. Dijo:
– Mis bisabuelos llamaban a esto “Unión de las almas”.
Se buscó la vena en la parte interior del brazo y llenó una jeringuilla entera. Parecía limpia, y al llenarla había para dos vasos de chupito. Trajo un vaso de la cocina, y me dijo que si me la bebía me haría un mamada.
Al cabo de tres minutos ella estaba fregando vómitos del suelo diciendo que aun así el ritual era correcto, mientras yo me bajaba el pantalón del pijama. Y luego, durante aquellos cinco minutos hasta que me corrí, pensé que realmente aquello había valido la pena. Solo debía acostumbrar a mi estómago. Esta vez no había vomitado tanto, y había bebido más. Podría haberme contagiado de mil enfermedades. Podría haber comenzado a enfermar por estúpido. Ella dijo justo al acabar:
– Ten en cuenta que mucha gente se muere de vieja sin que nadie les haya hecho sexo oral jamás.
Me subí el pantalón del pijama. Ella se fue como siempre, sin decir nada, sonriendo como mucho, y a saber dónde.

Luego pasaron algunos días sin sangre. Me tranquilicé, imaginé que de todas formas seguro que era sangre sana, que ella jamás me pasaría el sida de nadie, que esa putadas no eran propias de ella. Pero cierto es, también, que durante cinco días tampoco hubo nada sexual; solo un beso al venir y otro antes de irse.
Dos días antes de volver al trabajo, ella vino a verme como siempre, otra vez poco antes de que mis padres salieran a su paseo de la tardes. Trajo una mochila; sacó de ella plástico aislante y un bote lleno de rojo. Me dijo que le debía una mamada. Yo ya no llevaba el yeso, y apenas cojeaba un poco. De todas formas sabía que las normas las ponía ella, y que eso nos excitaba a ambos por igual. Ella se ponía cachonda al pensar que yo la debía considerar una loca, y a mí me excitaba la idea de que en cuestión de perversiones mi novia no parecía tener límites.
Se desnudó por completo. Puso el plástico encima de la cama. Y me dijo que no la penetrara, por favor, que la gracia ese día estaba solo en mi lengua y su coño. Y era verdad, ella tenía razón, otra vez, aunque mi pene gritara dentro de mis calzoncillos. Se tumbó en la cama y se abrió de piernas. Cogió el bote lleno de sangre y antes de que la tocara comenzó a hablarme de Judith. Judith era la chica de recepción del hospital, una morena de veintipocos; tenía cara de no haber roto nunca un plato, curvas para marear a un equilibrista. Era básicamente una cabeza de niña en un cuerpo al que no podrías hacerle justicia en tu vida. Y la sangre del bote, era de ella.
– ¿Alguna vez te he mentido?
Al parecer Judith comenzó a aficionarse también a la sangre. A ella, me dijo, tampoco le gusta bebérsela. Pero a su novio sí si ésta, sea de quien sea, chorrea de su coño.
Chupé y chupé sin parar mientras ella iba vertiendo poco a poco a Judith en su entrepierna afeitada. Fui tragándome la sangre sin sentir nauseas en absoluto. Me tuve que quitar los pantalones y los calzoncillos para que mi erección pudiera respirar. Me alivié con la mano derecha mientras seguía sumergido en el coño rojo, y al correrse ella aproveché para vaciarme yo también en su vientre y sus tetas. No tenía en mi pasado nada que pudiera competir con aquello.

Y no podía hablar con nadie de aquello. No sabía si en el hospital había mucha más gente aficionada a la sangre como juego. A veces estaba en el trabajo -un edificio de oficinas muy cerca del hospital- y me llegaban cartas por correo ordinario que simplemente eran un sobre con un folio dentro salpicado con varias gotas rojas. Y entonces tenía que ir al lavabo y masturbarme para poder librarme de la erección. Y ella decía:
– La sangre es un buen motor para la monogamia.
Si alguien te convierte en un cerdo depravado, esa persona sabe que difícilmente podrás seguir siéndolo con otra. Prueba a jugar con fruta, o aceites, con juguetitos o habitaciones de hotel exóticas o disfraces. No es lo mismo. Te seguirás sintiendo del montón, juguetón, travieso. Pero nada de eso es comparable con tener a tu novia más cachonda que nunca justo cuando le viene la regla.

Al cumplir un año de relación, fuimos a un hotel de cinco estrellas. Y estuvimos hablando después de ver juntos una película de terror, sobre lo guai que sería que la salpicara con la sangre de una de esas chicas tontas de las pelis; la sangre de una de esas actrices con silicona. Un tajo limpio en el cuello y ya tendríamos para pasar una buena noche. Los dos follando con la chica tirada al lado de la cama, muriéndose justo en el momento en que nosotros llegáramos al orgasmo.
Justo después de hablar sobre todas aquellas fantasías enfermizas y psicópatas, ni tan siquiera nos hizo falta sangre para que el sexo alcanzara el nivel de lo moralmente reprochable, el polvo extenuante que escandalizaría igual a nuestros padres que a nuestros amigos, esos treintañeros responsables que están planteándose la idea de tener hijos como siguiente paso en sus objetivos vitales. Será cómodo. No te dolerá. Carpe Diem.

Al día siguiente, al despertar en aquella habitación de hotel, ella estaba fumando en el balcón. Iba descalza. Salí a acompañarla.
Te he mentido en algo, me dijo.
– Pero es que necesitaba probarte…
Dijo que la sangre es algo muy importante para ella. Y no solo por el juego, y lo de bebérsela y correrse y todo eso. Podía bebérsela, sí, pero también comprobar si era sangre enferma. Mi mayor problema, me dijo, siempre ha sido dar el primer paso.
– Siempre he sido muy tímida.
Le dije que, joder, de todas formas, sabía disimularlo.
– Oh, no te creas. Lo paso fatal cuando alguien me gusta.
Como cuando yo comencé a gustarle, me dijo. Como cuando coincidió conmigo en cierto bar durante un par de semanas y tuvo que cambiar de sitio a la hora del almuerzo para no volver a verme y así dejar de sufrir.
– Pero no podía dejar de pensar en ti.
No te recuerdo, le dije.
– Ya… intentaba que no me vieras. No quería que te dieras cuenta de que…
Ya…
– Así que… tomé una decisión.
¿Una decisión?
– No sabía cómo romper el hielo. Ya me ha pasado otras veces. Quedo con un chico y luego empiezo a hablar y bueno… no te digo ya si hablo sobre la sangre o si… bueno… la cuestión es que si te hablaba y me mostraba tal y como soy, era seguro que no querrías volver a verme…
No sé qué decir, porque tenía razón. Ahora la quiero, pero como el bicho raro que todos la consideran.
– Sabía que a las once salías a almorzar. Así que decidí alquilar un coche, porque no quería hacerlo con el mío, y esperar a que cruzaras la misma calle de todos los días para ir al bar. Y… en fin. Fui yo la que te atropelló.
Creo que en ese momento sentí amor en el sentido más diabético de la expresión. Ella rompió a llorar pero yo no supe encontrar el atajo emocional correcto para enfadarme. Me dijo que si la dejaba lo entendería; que si la denunciaba lo entendería. Me dijo que me escribiría desde la cárcel. Cartas de amor. Me dijo que volvería a atropellarme si así conseguía seguir conmigo; que me cuidaría aunque me quedara en silla de ruedas y me negara a jugar con sangre.
Le di un beso en la mejilla. Me metí en la habitación y me comencé a vestir. Lloraba y sonreía a la vez, sin poder controlarme. La sangre comenzó a fluir por mi cuerpo con normalidad poco a poco. Ella seguía rígida y en el balcón. Llamé por teléfono al restaurante Babilonia y reservé una mesa para dos.

[Ahora resulta que el Sherlock Holmes de las novelas no era el pipiolo casi amanerado que siempre nos han hecho creer; resulta que era buen boxeador y hasta diestro en otras disciplinas para luchar. Y eso que los defensores del personaje clásico se llevaban las manos a la cabeza con esta nueva peli de Guy Ritchie diciendo que dónde íbamos a ir a parar si alguien se atrevía a hacer una película de acción con Holmes como protagonista. Y al final va a ser Ritchie el que se acerque más a lo que era este personaje en las novelas… En fin, que algunos quieren ser tan conservadores que al final no saben ni lo que quieren conservar. Os recomiendo una doble sesión para un día de estos con: “La cinta blanca” de Michael Haneke, y la peli de hostias y risas con Robert Downey Jr (nominado al globo de oro por cierto, joder ya…) Y para la foto, otra pin up maja.]

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50 comentarios en “Romper el hielo

  1. leyendo este relato una no puede más que pensar que el mundo será dominado por los tímidos

    con este sorpresivo final yo al menos no lo pongo en duda, hay motores que rompen huesos y costillas, motores que rompen el hielo y hasta motores que favorecen la monogamia

  2. Buen regalo para un domingo por la mañana.
    “…un cuerpo al que no podrías hacerle justicia en tu vida.”. Clic.
    “Pero nada de eso es comparable con tener a tu novia más cachonda que nunca justo cuando le viene la regla.” Eso es lo más común del mundo, que lo sepas.
    ¿Te metes algo para escribir? ¿Sangre? ¡A que sí!, pero de tigre, será sangre de tigre, seguro.

    Y esa película me voy a ir a verla ya de ya. No mucho que me voy esta noche, fíjate. Y que espere Avatar; que está todo el mundo enloquecido con ella.

  3. Tanta originalidad hay en esta entrada que creo que se te puede dar tratamiento de friki, jajaja, madre mia, qué cosas eres capaz de escribir!
    Pero para nada me gustan las obsesiones y las psicopatías si te llevan a atropellar a alguien y cosas peores…
    Y como lo que leo, lo veo, diosssssss, m’ha impactao toa! Jajajaja!

    Por cierto, a mi me gusta el nuevo Holmes. Pero me gusta más el nuevo Watson. Y sobre todo, esa relación entre los dos. Pero el nuevo Watson es cierto que me ha sorprendido gratamente. Además es una peli divertida 😀

    Un beso

    Lala

  4. Es bestial, me encanta. Jod.., me gustan todos, a cual mejor, no sé. Y sí, a mí también se me hacen cortos. Cuando veo que queda tan poco para que nos hables de las pelis… Ufff, no querría que acabases nunca esos relatos.

  5. Me gustan los relatos de vampiros. De los antiguos me quedo con drácula. De los modernos, con la vampira de la película: déjame entrar.
    Según cómo caiga la sangre, tal vez podríamos hablar de vampiros reales o aprendices.
    Escribres muy bien jordim.

  6. Ay, por dios, ¿qué es eso del plastico encima de la cama?

    Y como dicen arriba, lo de la regla y el cachondeo es así, la vida misma.

    Ayer vi Sherlock Holmes y me encantó. La cara de Robert Downey Jr. es una maravilla expresiva.

  7. Madre mía, cada día vas a mejor.

    ¿El amor de verdad es enfermizo? Sentir una conexión tan grande te vuelve loc@, estoy totalmente de acuerdo y eres capaz de hacer cosas que jamás te habías planteado.

    Otra cuestión es averiguar si eso es amor u obsesión, que a veces se dan la mano.

  8. Hola, hacía tiempo que no te veía por mi blog. Lamento no visitar el tuyo con frecuencia. Parece interesante. Es tarde, mañana le echaré un vistazo. Un saludo.

  9. Si alguien te atropella con cuidado, eso es impulso…
    Como siempre un gustazo leerte. La de hoy es una historia contundente. Como ya te han dicho, es una pena que se acaben tan pronto.
    Me gustó mucho eso de ligar como quien pide la hora.

  10. Tengo que reconocer que me ha costado leerte, porque la sangre y yo no somos buenas compañeras, es decir me mareo, de solo pensarla, ains rara con ganas.
    Eso de “Pero nada de eso es comparable con tener a tu novia más cachonda que nunca justo cuando le viene la regla.”, es buenisimoo

    Nada como un tímido y sus técnicas de ligue para impresionar 😄

    Yo también voy a ir a verr Sherlock Holmes, a mi se me hace extraño no Robert Downey Jr en el papel protagonista, sino el Dr Watson, Jude Law no me pega muchoo y la cinta blanca es la otra peli que me tocará ver

  11. Me ha parecido un tristísimo relato. Buenísimo pero muy triste o quizás buenísimo y muy triste. Tengo que decidir cual de las dos opciones, aunque ambas sean defendibles.

    Un gusto leerte.

    Saludos

  12. Bueno me ha gustado mucho el relato. Como bien dices, hay parejas que necesitan de la perversión para mantener el control y la durabilidad. Además, romper el hielo no siempre es fácil. Aunque lo que comentas es casi físicamente infactible para una mujer, sí es posible que un hombre llegue a esas circunstancias. Un relato a la altura, Un saludo desde código Racional http://codigoracional.blogspot.com

  13. Bueno me ha gustado mucho el relato. Como bien dices, hay parejas que necesitan de la perversión para mantener el control y la durabilidad. Además, romper el hielo no siempre es fácil. Aunque lo que comentas es casi físicamente infactible para una mujer, sí es posible que un hombre llegue a esas circunstancias. Un relato a la altura, Un saludo desde código Racional

  14. Joder lo que tiene que hacer una por amor…. ¡a la sangre!. Que giro da tu relato, jaja yo pensando el pobre hombre al que atropellan su cuerpo y sus principios como un pobrecito diletante de la vida, y resulta que era el enamorado de la más sanguinaria de las mujeres… Eso si que es ser vampírica pero de lo que me sale del coño, jajaja.

    En fin, cari, es verdad que no hay que ser conservador, pero espero que cualquier dia no nos hagan una peli de Hercules Poirot protagonizada por Daniel Craig, por ejemplo, jajaja

    Bezos.

  15. Me gustan las pin up.

    Como ahora estoy en rollo vampiresco, me resulta por demás curioso este relato tuyo. Nada vampírico, pero sí siniestro. Me ha gustado eso de que por no sufrir la chica no quería ni ver al chico…nunca he entendido eso. Pero parece lo más lógico. Y mira tu, le salió redonda la jugada, jejeje.

    Besitos! (por si te pasas, hay zapatos nuevos en el banner, ;-))

  16. Siempre sospeché del cirujano que me atendió después de mi accidente.Nunca antes me habían gustado los rubios y acabé casada con él.A él no le dió por la sangre, pero por otros mitivoas acabó en la carcel.Ahora sospecho del policía que le detuvo,con el que llevo saliendo unos meses…..
    Besos jrdim

  17. Me gustó y me enganchó. Siempre llega un punto en el que me descolocas y termino pensando en cómo terminará esta historia que aunque siempre tenga los mismos ingredientes, hace recetas tan variopintas… Sí, me gusta tu proyección.
    Un beso.

  18. Vaya cantidad de emociones fuertes, jordim…

    Y es que una vez que se cruza una línea, el límite siempre queda más allá.

    Un saludo, un buen relato que me ha evadido de todo, durante su lectura.

  19. Más sangre que en una casquería. ¡Je,je,je! Quien más quien menos ha tenido novias raritas, pero la chica de tu relato se lleva la palma. ¡Ja,ja,ja,ja! Pero madre mía si los dormitorios hablaran. ¡La de cosas que nos contarían!

  20. Ese personaje, el protagonista de tus historias, tendrá muchos problemas existenciales pero lo que está claro es que tiene poco tiempo para aburrirse.

    Cuando sea mayor quiero vivir en un relato, una novela o un comic para que las desgracias queden amortiguadas por un colchón de letras o dibujos y para que los golpes sean indoloros aunque corran ríos de sangre.

    He acabado de leerte tomando distraídamente un zumo de tomate y ahora empiezo a preocuparme.

  21. Eva:

    Gracias. Es un honor tenerte por aquí, te descubrí vía -Fosca y hace tiempo que paso de vez en cuando a ver tus fotos.

    Nos leemos/vemos.

    Saludos a todos.

  22. Es una historia horrorosa como la vida misma.
    La excitación de lo nuevo, luego de lo prohibido y finalmente de lo inconcebible te salva de un tedio brutal.
    Planteas que vale más el asco de beber los coágulos de un coño que el asco ante un mundo que te da completamente igual.
    Al menos esa emoción te hace sentirte vivo.

    Por otro lado, la lectura del relato resulta fluída, corta y potente.
    Te seguiré leyendo. Enhorabuena.

  23. ¿Sabes? me ha venido a la memoria tras leer tu relato la película de Haneke “La Pianista”, si te gusta Haneke, seguro que la has visto, de lo contrario te animo a verla. Esta historia me ha recordado a algo que suelo pensar: si las cosas no ocurren, hay que provocarlas…Besicos

  24. El sufrimiento existe. Y negarlo es, como bien dices, una estupidez que no lo remedia; por el contrario, lo exacerba. Un buen antídoto es la aceptación de su existencia y jamás decirle a un niño/a que la inyección no dolerá. Dolerá lo que duele una inyección. Pasará el dolor tal y como pasan todos los dolores de la vida. Siento que hoy en día hay mucho sufrimiento en el mundo, mucho dolor psíquico personal debido precisamente a que no se acepta como parte del camino humano, de ahí tanta búsqueda desenfrenada y vacía por los placeres y las anestesias. Allí hay muchas mujeres y hombres hiriéndose con el propio puñal. Para mi, el Ego, es la madre y/o el padre del sufrimiento.

    Tu relato, en tanto texto, me parece transita por dos formas y estilos: Desde la reflexión existencial hasta el cuento. Y aunque no se evidencie literalmente, yo como lectora sentí que estos seres bizarros, como todos y todas, van en busca del amor. El símbolo de la sangre es un arquetipo universal. El gesto macabro del haber provocado ella misma el accidente termina siendo una perversidad amorosa-erótica que da un giro a la narración literariamente interesante.

    Gracias por visitar La Cala, espero mantengamos un contacto recíproco positivo para ambos.
    Un abrazo fraterno!

  25. Bueno, me quedo claro que la sangre es un tema, en lo personal me gusta leerla, beberla Mm. no lo se, no conozco a seudo vampiros o algo similar, en fin, la chica esta loca, tirarle el auto encima para ligárselo uff, ¿y si lo hubiera matado? , que estupidez digo, como matarías a tu personaje, te quedas sin historia, y nos jodemos todos jaja, son un par de locos de remate esta parejita, pero cada quien en lo suyo, pensaba ¿Qué pedirán en aquel restaurante?

  26. Me ha recordado a un de hace varios meses de la enfermera loca por ver accidentes, dicho de una manera fina jajajaa

    Un final que te deja K.O. muy bueno 😉

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