Irene B-5111 (Revisión)

Irene, ante los demás, se consideraba a sí misma la guardiana de su portal en turnos de veinticuatro horas, incluidos los fines de semana. Una cuestión meramente vaginal; no era conservadurismo, era su tendencioso rasgo característico; ella siempre decía que si no dejabas entrar a cualquiera en tu casa no ibas a dejar que todos los tíos simpáticos que te cayeran medianamente bien entraran en tu coño. Además, añadía, no todos ellos son unos genios en ese sentido. No se trataba de evitar que la llamaran zorra, decía; simplemente, si la dejaban en paz ella prefería ir un paso por delante. Con el sexo nunca ha habido término medio: si eres mujer, o eres estrecha o eres una puta. Y ser normal es aburrido. Había tantas capas de moral humana que ya era difícil encontrar una película comercial en la que alguien enseñara las tetas o fumara. Irene perdió su trabajo como profesora de enseñanza primaria por decirle a sus alumnos durante las tutorías que no hicieran demasiado caso del discurso sobre lo que es correcto y lo que no:
“Según todos, todo es nocivo, todo cuanto te dicen que no hagas o pruebes perece formar parte del plan absurdo de una sociedad que está empezando a creer más en cierta realización interpersonal de diseño que en la libertad, y donde cosas como la violencia en una película o algo de humo en un bar parecen tener que provocar que nuestra opción de ser nosotros mismos se vea irremisiblemente coartada de alguna manera. Al final, alguien que se considera sano y orgullosamente a salvo de cualquier vicio, tiene el mismo problema en un bar de fumadores que un fumador que se tiene que salir a la puerta de un local de no fumadores cinco minutos para poder seguir con su vida. Y ambos morirán bajo prácticamente el mismo factor suerte, si pueden de viejos y con un montón de recuerdos que desearían no tener y otros por los que se enorgullecerán de su vida. Lo de que la libertad de uno acaba donde empieza la de los demás debería funcionar en ambas direcciones.”
Así se despachaba Irene durante sus tutorías de los viernes, durante el hueco que dejaron las clases de religión que la escuela dejó de impartir.

Eso no es ética, dijo el director. Irene fue despedida porque una de las alumnas habló distendidamente con otro de los profesores. Se consideró que hacía “apología de las drogas”. El director del colegio sacó unos papeles con las estadísticas de muertes anuales por culpa del tabaco. Blandía sus pruebas incriminatorias delante de ella en su despacho y hablaba sin parar del parque lleno de jeringuillas que había apenas a dos manzanas del colegio. “¿Qué es exactamente lo que pretendías, Irene?”, preguntó.
Irene llegó a casa, a su piso de soltera creíble recién licenciada. Se miró al espejo y pensó en cuándo la gente empezaría a preguntarle si se había retocado. Quizá en cuatro o cinco años.
El postramiento y la inactividad estaban especialmente contraindicados entre humanos. Al día siguiente tendría que salir y encontrar otro trabajo; quizá otra vocación tal y como lo llamaban ellos. El atrezzo de la casa con el tiempo ya apenas la preocupaba, la nevera vacía y los cajones y la cama siempre hecha. Hacía como un año que no llevaba a cabo ningún ejercicio social. Su condición en su ficha era la heterosexualidad, pero llegó a tener dudas sobre si no se sentiría más a gusto abrazada a una mujer, ya que esa era la única sensación de bienestar que ella podía apreciar de entre todas las cosas que hacían los humanos en la cama. Los hombres apostaban a menudo por la brusquedad, aunque quizá fuera porque eso les gustaba a ellas. Los ejercicios de análisis social del comportamiento humano llevaban a menudo a difíciles encrucijadas y contradicciones; no había parámetros globales claros dentro de una lógica a seguir para ellos, aunque muy en contra de esa realidad ellos estaban muy convencidos de que el orden existía, ya que a la hora de actuar no concebían más mundo del que podían atisbar mirando desde sus ventanas.
Irene también dio cuenta del alto grado de facilidad para las comunicaciones de la parte tecnológicamente desarrollada en los lugares de la Tierra de fácil acceso a la alimentación y paz territorial, a menudo tan sólo circunstancial. Finalizada su etapa como profesora debía plantearse otra vida, decidir qué software se instalaría para poder desempeñar sus nuevas labores. Desde la nave nodriza llegaban noticias por radio de que ya se meditaba la opción de la extinción forzada según el MP (Mandato Planetario). Sea como sea, ella de momento tenía seguir con su trabajo.

Por las noches se hacía un corte en el brazo derecho, y con una aguja rellenaba sus cables del nitrato de calcio líquido que necesitaba para pasar la noche y el día siguiente entero; después se limitaba a yacer en el sillón de su comedor para calibrar el flujo de información televisivo mientras su brazo se regeneraba.
El proceso de aprendizaje para la adaptación a cada nueva especie no era muy agradecido; normalmente cuando Irene se acostumbraba a su nueva vida, la nave nodriza volvía a reclamarla para otro trabajo después de haber testado el planeta que fuera, cuya valoración negativa conllevaba el exterminio inmediato del susodicho, o más bien de su especie, dejando así que el lugar deshabitado volviera a generar vida en el futuro si la naturaleza del mismo así lo decidía.
Las políticas duras establecidas no convencían a Irene; pero lo bueno, y para ella hasta divertido, era que cuando llegabas a un nuevo planeta era muy fácil adoptar sus formas y comportamientos con la ayuda del equipo de cirugía de la Altamar 313, y hacerles creer que eras uno de ellos; el sentimiento más habitual en los planetas habitados por inteligencias autoproclamadas superiores era el escepticismo.
Todas las civilizaciones con las que ha trabajado Irene piensan que están solas en el universo, o en todo caso que, si no lo están, es imposible que otra especie pueda llegar de fuera para invadirles u observarles; y mucho menos imaginan a alguien como ella, híbrido de tejido de Altamar (indistinguible con el humano) y mecanismos de fábrica intercambiables. A Irene le chocaba la inmensa capacidad de imaginación de los humanos, y cómo ésta contrastaba con su lentitud para los avances científicos a la vez que eran capaces de creer en seres mitológicos redentores salidos de sus propias mentes en el pasado que, según ellos, seguían en algún lugar extra-terrenal cuidando de que todo siguiera cierto orden como objetivo de un inapelable plan divino.
Un descubrimiento, el de la fe bajo adoctrinamiento, que a Irene ya no le sorprendía, ya que era habitual también en otros planetas. Solo que, en los humanos, dados los contrastes en cuanto a contradicciones, potenciación de la ignorancia en favor del poder y la casi nula conciencia de la distribución de la riqueza, había una inmensa capacidad de jactación alimentada por un egocentrismo que no parecía conocer límites; actitud ésta, en la que Irene veía que dichos seres parecían estar estancados para siempre.

Irene se auto-programó para la misión en la Tierra como una mujer siempre en busca de la teoría que hiciera temblar los principios básicos que los humanos creían lógicos para vivir en paz con ellos mismos; algo que había obtenido buenos resultados en el pasado, consiguiendo hacer cambiar el rumbo de otras especies, o por lo menos habiéndolas hecho aptas para la hibridación. Y realmente en ese planeta era tan solo, y de forma individual, con ellos mismos con los que querían vivir en paz.
Irene había conocido otras especies con capacidad de espiritualidad, pero en la Tierra esto no sólo había sido pasto de minorías; en la Tierra habían muerto millones por la causa; tan convencidos de que iban a conseguir algo llamado “la salvación de sus almas” y tan aterrados con la idea de la muerte, que eran capaces de aferrarse a cualquier estribo por débil o falso que resultara desde un punto de vista libre de dogmas mucho más allá de lo tangible.
Dados a ciertos rituales sangrientos -algunos incluso captadores de masas-, y también aficionados hasta sentir cosas cercanas a lo que ellos llaman amor por las competiciones deportivas arraigadas en su historia, los humanos parecían tener totalmente atrofiado su sentido de las prioridades, dando una importancia exagerada a ciertas facetas de su vida en detrimento de otros placeres y actividades a priori mucho más ricos e interesantes. A Irene le bastó con dos semanas de investigación intensiva en la Tierra para confirmar hasta qué punto la autodestrucción es la tradición universal más arraigada de la existencia.

Ella es el modelo B-5111, y junto a las otras Irenes se dedica a testar los planetas en busca de, entre otras cosas, un lugar feliz. La inmortalidad del androide no es sino un lastre cuando no hay nada en el universo a lo que poder llamar hogar.
Al pensar en su planeta, Altamar, recuerda cómo hasta que la I. A. se hizo presente todo estaba abarrotado de una especie, por cierto, salvando las distancias, bastante parecida a la humana, su anterior condición de ser cien por cien carnal. Recuerda cómo un día en su habitación de veinteañera asustada y sola en el universo junto a sus iguales, aquellas dos máquinas entraron agujereando la estancia y la operaron con sus púas y bisturís, con extrañas herramientas, una de las cuales hasta saltaban chispas en el contacto con los huesos de sus propias costillas, o eso recuerda ella. Recuerda cómo al paso del tiempo se sintió tan agradecida a su nueva condición de híbrido como para embarcarse en estas misiones de repoblación espacial, solo para ocupar unos días en los que ya no necesitaba comer o hacer ejercicio.

Al observar la especie humana sólo necesitó unas horas para establecer sus certezas: no tenían proyección de desarrollo para merecer una condición de híbridos, y al matarlos nadie sería más cruel de lo que son ellos al sacrificar a un caballo herido.
Irene se auto-instaló un software que incluía habilidades para la carpintería y la jardinería. Harta de espacios cerrados y ese ruido característico que los humanos no pueden evitar hacer gritando entre ellos cuando hay varios juntos, consiguió trabajar para el ayuntamiento de una ciudad, arreglando jardines, recortando setos, y nada segura de si la vida sobre la faz de la Tierra se acabaría en unos días o en unos años. En cuanto recibiera órdenes de arriba, tendría veinticuatro horas para empaquetar sus reservas de nitrato de calcio y los recambios, montar en su cápsula y despegar hacia la nave nodriza Altamar 313, junto a las otras novecientas noventa y nueve Irenes y sus cápsulas destinadas en el planeta.
Después, desde una de las ventanas de la nave, muy parecidas por cierto a las de los submarinos humanos, contendría su falta de aliento hasta ver cómo con un solo misil sobrante de los viejos conflictos de su planeta otra especie perdía su oportunidad de haber sido digna de vivir.
Pero de momento eso sólo era una posibilidad; muchas especies con rutinas de comportamiento similares a la humana habían conseguido su derecho a ser híbridos con el tiempo. El proceso de hibridación consistía en moldear con la tecnología lo que la especie por si sola no había conseguido perfeccionar orgánicamente para una convivencia global sostenible. Los estudios confirman que, una vez superado el trauma de la incredulidad inicial, cuando superas el día de la operación al asalto y te ves a ti mismo en un espejo y te acostumbras a oír los mecanismos de electricidad e inyección de tu cuerpo, cualquier especie mejora a la larga. Al menos lo suficiente para respetar a sus allegados a nivel global y adoptar costumbres idóneas para la adaptación a la inmortalidad y a la idea de que reproducirse ya no será posible. Los planetas lo agradecen, la naturaleza lo agradece, y a largo plazo hasta los organismos vivos lo agradecen.

Irene llevaba más de trescientos años en cálculo humano de convivencia con su condición de híbrido; había testado más de cincuenta planetas junto a las otras híbridos dedicadas a lo que ella consideraba un noble oficio de actualización de las especies a la vida moderna. En ocasiones podía trabajar junto a Irene B-2200, o con el modelo A-9000, con las que tenía una amistad que se alargaba desde hacía más de cien años. Pero por lo general, todas tenían que trabajar solas, esparcidas por los distintos puntos y clases sociales de cada nuevo destino.
Había aprendido con facilidad varios de los idiomas de la Tierra, se había adaptado a sus costumbres en cuanto a lo que ellos llamaban horarios: zonas temporales restringidas con las que ellos se sentían más seguros. Era tal la soberbia humana, que no sólo habían cortado el tiempo en rodajas, sino que además habían supeditado a éste absolutamente todas sus labores, ya fueran profesionales o personales.
Seguros de que con dichas premisas en cuanto a su amado orden todo sería más fácil, asentaron su integridad y orgullo en metas asociadas casi siempre a objetivos que tuvieran que ver con todo lo tocante a la posesión, ya fuera de objetos o incluso de otros seres humanos. Su sistema de reproducción partía de lo que ellos llamaban: relaciones sexuales. El sexo, claramente placentero según la experiencia de Irene en sus ejercicios sociales, conllevaba para los humanos tantas contradicciones que de describirlas se tardaría bastante en poder calibrar al final hasta qué punto la humanidad es absurda cuando se trata de valorar las ventajas y desventajas de su forma de reproducción. Por un lado son capaces de pagar a cambio de sexo por placer, pero por otro lado, sus costumbres alimentadas por la tradición alimentada a su vez por las creencias religiosas, hacen que ni en la vida privada ni en los medios de comunicación el sexo sea considerado como algo normal, sino como algo sobre lo que no debe debatirse, no fuera que así pudiera acabar viéndose como intrínsecamente natural a ellos.
Irene había observado cómo estos seres no sólo tenían auténticos problemas con cuestiones sencillamente naturales como sus propios cuerpos desnudos, las relaciones o la forma de mostrarse entre ellos, sino que además eran capaces de dividirse en grupos y alimentar miedos de una forma poco menos que escalofriante. Xenofobia, racismo, afinidad radical a diferentes equipos en competiciones deportivas… Todo lo tenían etiquetado. Y no sólo había rivalidad por las diferencias; además parecía haber una competición de una mitad del mundo con la otra por acaparar los recursos naturales y todos los bienes materiales posibles. Después de su experiencia como profesora, Irene llegó a la conclusión de que el microcosmos de su clase, con niños egoístas, materialistas y ambiciosos debido -creía ella- a sus edades, en realidad era representativo de lo que también pasaba a escala mundial: el niño fuerte que abusa del débil, los cuatro gamberros por los que toda la clase paga en los castigos, etc.

Irene antes se había llamado Kropka, Aliss, Medelux, y de muchas otras formas en otros planetas junto a todas sus demás compañeras de juicio final. En definitiva era simplemente el modelo de serie B-5111, cosa que al principio le resultó frío y dominante, como si para las pautas de su empresa en la vida extraplanetaria sólo fuera un dígito, lo que para los humanos sería un Dios a tiempo completo, una obrera explotada.

Al cabo de tres años se recibió el aviso oficial. A los humanos se les había acabado el tiempo. Pasa con todos los planetas de cierto recorrido histórico. La paciencia de los ordenanzas en la nave nodriza suele durar poco más de tres años, o a lo sumo cuatro, se podía calcular. Los Informes Irene transmitidos por radio habían sido siempre desastrosos. Para Altamar 313 la Tierra era poco más que basura espacial, un planeta de posibilidades infinitas ocupado por una especie en constante proceso de masturbación, sin proyección de verdadero altruismo o paz en la mayor parte de su territorio como pasa en otras civilizaciones. Su desarrollo tecnológico, aunque constante, era lento; pero su evolución como especie se reducía a eso: mientras en territorios parcialmente regulados y controlados la gente podía aspirar a ser feliz con un equilibrio de humanidad, ego y poder personal, en otros lugares las guerras jamás tocaban a su fin y la hambrunas y los intereses ajenos hacían menguar a sus pueblos. Esbozos de una especie que para el MP era totalmente insostenible, y además estaba ocupando un espacio en el que quizá otros seres vivos de organismo similar podrían convivir de una forma realmente digna y duradera.
Así que el modelo Irene B-5111 empaquetó sus enseres personales y despegó en su cápsula, en la que pasaría una semana, y en la que para cuando llegara a Altamar 313, ya tendría asignado otro nombre y otro planeta.

Para su disgusto, no pudo llegar a tiempo a la nave nodriza para poder ver con atención el destello de destrucción de la humanidad. Pensó en algunas de las personas a las que había conocido, y se preguntó cuántos de ellos hubiera salvado si hubiera estado en su mano.

Pasado un tiempo, poco antes de ser avisada para emprender otra misión de análisis, el modelo B-5111 topó con el A-9000, otro híbrido con más experiencia que ella, y vieja amiga. Todos los híbridos tenían un aspecto similar; los rasgos femeninos eran parecidos en muchos planetas carentes de especies hermafroditas destacadas, y cuando se diseñó la patrulla de exploración espacial, cuyo último trabajo había sido el test Irene, se decidió dar un aspecto amable a todos los híbridos, cuya mayoría de componentes eran de Altamar, y tenían el aspecto de una fémina de no más de veinticinco años, delgada y de gesto amable, cuyo patrón se había ido acentuando más que nunca después de la misión en la Tierra.
B-5111 y A-9000 se saludaron efusivamente en la zona de recreo de la Altamar 313: un recinto bien iluminado, amplio y acogedor donde todo el que quisiera podía simplemente postrarse en unos cómodos salientes acolchados con vistas al espacio, o recargar sus baterías con la dosis diaria de nitrato de calcio.
Las dos híbridos se sentaron con vistas al vacío, y A-9000 le dio el pésame a su amiga. B-5111 había perdido a su familia en un viaje de recreo a Marte mientras ella aún tenía un año por delante como Irene. Se pasó varios días lagrimeando -algo habitual en híbridos-, y tuvo que administrarse durante un tiempo más dosis de nitrato del aconsejado, lo cual entre androides se considera poco menos que drogadicción.
Las dos perfectas imitaciones de la veinteañera tipo charlaron durante horas. B-5111 le preguntó a su amiga qué impresión le habían dado los humanos. A-9000 le contestó:
– No sé…, algunos tenían formas agradables.
Las dos se quedaron en silencio, mirando en la dirección en la que se podía ver la esfera azul a lo lejos; la cual ahora tenía un tono tirando a marrón.
– Tierra 0 – murmuró A-9000 -. ¿Te apetece un poco de nitrato?

[En el video, escena de “Extract”. Hay películas que nunca acaban de llegar a España, o llegan muy mal, o muy muy muy tarde. Es el caso de la nueva peli de Mike Judge, con Jason Bateman, Ben Affleck y Mila -madre-de-dios-cómo-sale-de-guapa-en-esta-peli- Kunis, (sí, ya sé que en este blog hay mujeres recurrentes, pero si tienen buen gusto eligiendo sus proyectos qué culpa tengo yo…). A decir verdad algunas críticas que hay por ahí no son muy buenas que digamos, pero con las críticas pasa que a más lees menos credibilidad tienen (coño, sólo son otros tíos viendo pelis…). En fin, toca esperar o bajarsela o robarla o lo que sea, pero tengo que verla… Vaya la cabecera simbólica de esta actualización dedicada a todas esas películas interesantes que jamás veremos por su mala distribución.]

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40 comentarios en “Irene B-5111 (Revisión)

  1. Me parece que prefiero seguir con mis contradicciones a cuestas. Aunque algunas cosas son interesantes y la visión de Irene sobre la estulticia de la especie humana es bastante aguda y significativa, creo que entre los humanos he encontrado muchos tipos de formas agradables.

    El relato me parece bueno y me parece inquietante.
    ¿Qué le pasa a los humanos si se enamoran de una B-51111

  2. Pues creo que es facilísimo empatizar con cualquier Irene.
    Yo es que tiendo a ser pesimista con respecto a la raza humana y su supuesta inteligencia. En general, por supuesto, que personas maravillosas las hay! Pero en general entiendo perfectamente el sentido del relato y casi me apunto a ese bando de Irenes.
    Pero ciñéndome al texto, me parece divino! Todas las propuestas que lanzas son buenísimas, en todas tus entradas, las cosas que expones, que cuentas…mmm…vamos, que te digo lo de siempre…
    Genial. Me ha encantado leerte de nuevo 😀

    Un beso

    Lala

  3. Cada vez que enciendo el televisor y doy una vuelta a golpe de mando a distancia, me topo con androides y seres híbridos. Sólo que éstos no tienen, no ya talento, sino habilidad alguna más que mostrar impúdicamente su estupidez terrícola. Si fuera el mandamás de Tele 5 (por citar la cadena más esperpéntica) compraría una partida de Irenes para que me llevaran la programación entera. Sin sentimentalismos y con eficiencia.

    Alguien escribió que el sexo es la única utopía realizable: para alcanzarla, sólo hay que negociar con una persona.

    Un saludo

  4. Hola,
    “La inmortalidad del androide no es sino un lastre cuando no hay nada en el universo a lo que poder llamar hogar.”
    Qué frases te salen. Oye, ¿tú estas cosas las vas escribiendo sobre la marcha, o ya las tienes escritas?. Lo digo porque si vas sobre la marcha, ¿como se te pueden ocurrir temas e historias tan diferentes, así de carrerilla y tan seguido?
    A mí no me gustan las Irenes estas, hijas, pobrecinas ¿tú sabes lo que es no poderse comer un buen bistec, una paella o un arroç amb fesol i naps? Naaaaaa, yo no me apunto a esto. Si tiene que petar que pete, pero por un cometa o algo de eso.
    Saludos (te leo siempre; pero ha habido un periodo que no me salía comentar)

  5. Tengo la sensación de haber leído ya este relato, o a lo mejor es que es mi vecina. NO creas que me siento muy alejada de Irene “se hacía un corte en el brazo derecho, y con una aguja rellenaba sus cables del nitrato de calcio líquido que necesitaba para pasar la noche y el día siguiente entero” La metáfora empieza cada mañana, con la ducha y el café con leche.
    Besicos

  6. Pa’ mí que ya he tropezado con alguna de estas Irenes. Y me gustan , no creas, desprejuicidas y sin trabas terrenales.
    ¿Tienes fichas de tus personajes? Porque sería un archivo de lo más interesante
    Un beso androide

  7. Me gusta el relato, pero no entiendo la imagen de Irene. ¿De veinteañera?, ¿pero según los cánones terrícolas, o los de su planeta? Si son los cánones terrícolas, sólo tiene sentido en la Tierra, pero no en otro planeta, no?
    Besos salvajes.

  8. “A Irene le bastó con dos semanas de investigación intensiva en la Tierra para confirmar hasta qué punto la autodestrucción es la tradición universal más arraigada de la existencia”

    La verdad es que ha veces nos merecemos alguna que otra destrucción por tontos XD, eso si no me gustaría acabar siendo Irene, al final sería un poco aburrido ir de alli para alla, siempre evaluando
    Que imaginación más inquietante que tienes 🙂

  9. Por lo que veo, esto está lleno de Irenes, está bien la cosa, así estás acompañíto y no te tienes que morder los labios por la de la peli, 🙂

    Irene del Planeta Cai.

  10. Podemos toparnos con una de esas y no enterarnos. Inquietante, así es. En cuanto a pelis que no llegan a la cartelera por no ser suficientemente taquilleras, cierto, algunas son pasto del cine club donde se agradece verlas en su versión original. Algunas seguro que ni hizo falta traducirlas.

    Pues nada, tomo nota de esta.

    Besos!

  11. Tiene razón Olivia, qué tal que la guapísima Mila Kuni, es un prototipo como Irene B-5111 (jeje)?

    Muy buen cuento de ciencia ficción; me hiciste recordar uno de Isaac Asimov: “Intuición femenina”

    Saludos

  12. Interesante análisis el de Irene. Queda claro que la mejor manera de conocer a alguien o a algo es mirar desde fuera, cuanto más lejos mejor.
    ¿Y estos visitantes no han pensado alguna vez en dedicarse a la política?…aunque sólo sea para limpiar el mundo de poltroneros.

  13. Espero que nunca venga una Irene a nuestro planeta, y si lo hace, que vea que en el fondo no somos tan malos para hacernos volar por los aires, o si, pero dentro de esa imperfección hay un gran valor humano y sentimental, solo que está consciente o inconscientemente en el olvido.
    Un interesante y atractivo relato.
    Un beso.

  14. Y quién evalúa al evaluador? ya puestos… De acuerdo que somos capaces de más que lo peor pero de vez en cuando, tb es cierto que muy de vez en cuando, de lo mejor.
    Abrazote

  15. Oscar:
    Creo que si algunos se postraran y pensaran un rato en su vida, no les iban a gustar las conclusiones; de ahí quizá que muchos no puedan soportar la inactividad.

    saludos a todos.

  16. Alucinante, tío.
    O sea, que no merecemos ni un misil nuevo.Desesperanzador.
    El MP es muy humano: o te manipulo o te fulmino.Total, por un par de contradicciones de nada.
    Aparte de esto,el relato se presentaba largo,pero se hizo corto.
    He disfrutado con la visión de la Tierra de Irene.
    ¿Un poco de nitrato?

  17. “Me gustan los humanos como individuo, no como colectivo”

    Interesante relato, me encanta la ciencia ficción. Pero veo alguna incongruencia como que Irene habla de “no sólo habían cortado el tiempo en rodajas, sino que además habían supeditado a éste absolutamente todas sus labores, ya fueran profesionales o personales.” (que me parece una frase cojonuda), pero luego es ella la que habla de años terrestres, del tiempo que pasa en cada planeta, de la apariencia que tiene, de cuando conoció a su amiga…

    Por lo demas estupenda esa vision que todos deberíamos de tener de nuestra raza desde fuera.

  18. Podría repetir frases que ya te han señalado, pero yo te quiero decir que ¡no tengo tiempo para leer super relatos! Y me gusta leerte, pero no tengo tiempo… así que espero me perdones si llego tarde, o no llego, pero es lo que hay, Jordim.
    Como siempre, un gusto la visita, pero en un bar, me llevarías a casa manga…
    Ciao

  19. Hola jordim, ya sabes que me gusta tu estilo, y además en esta ocasión se junta que la ciencia-ficción es uno de mis géneros favoritos. Eso sí, hay un salto demasiado brusco en tu relato de la historia de una maestra a la historia de ciencia-ficción pura y dura.

    En este género mi autor fetiche es Philip K. Dick.

    Por cierto, si pensara en alguien capaz de salvarnos ése sería un extraterrestre. Lástima que en tu relato acaben aniquilándonos, de ese modo, como ya ha comentado alguien, rebajan su condición a la nuestra, ¿no crees?

    Un abrazo, escritor, y gracias por descubrirme a Mila Kuni!!

  20. El mundo, el planeta entero, será una mierda, muy bien, pero Irene tampoco me vale. Sólo evalúa, no propone alternativas ni soluciones. Se parece demasiado a los humanos para no serlo.

  21. Oh por favor, no termino de acostumbrarme a pinchar arriba para comentar y me he ido al de Saliger!!. Cual ha sido mi sorpresa al ver que había un comentario supuestamente escrito por mí, que yo-no-he-escrito. Uno que decía que el mismo troll nos ataca, jajajaja, esto es de risa. Yo no sabía que tú también tenías un troll, y mucho menos que fuese el mismo. Lo he sabido ahora, a raiz de ver ese comentario no-mío y por tanto buscar entre los demás comentarios a tu troll. Fijaté que detalle, vino expresamente a decirte que cagaba por otros lares. Esto es lo malo de wordpress que cualquiera puede suplantar tu identidad en los coments, basta con poner cualquier mail y cualquier website que te lo admite. De todas formas podrás comprobar que no he sido yo porque el mail que habrá puesto el trastornado ese, lógicamente no es el mío. En fin, a mi me ha hecho batir records en el número de comentarios de toooooodo lo que me ha escrito. Uf, ya ni lo leo. Que desgaste de tio.

    En fín que una vez aclarada mi no autoría de ese coment. Te digo sobre este post que Laura hace una estupenda observación de campo, y para ello no deja de hacer lo que continuamente hacemos los humanos: adaptarnos, mimetizarnos, lo que ocurre es que a nosotros nos cuesta algo más de dos semanas llegar a entender que la autodestrucción es la tradición universal más arraigada de la existencia y que llegados a un punto perdemos la oportunidad de vivir, para simplemente sobrevivir.

    Gracias por el rato Jordim.

  22. Como un escritor talentoso siempre intentas ir probando nuevas formar de hacer literatura, resultado: un relato que no puede parar de leerse. Esperaremos tu proximo relato, para leer literatura de calidad.

  23. Ojala mas de uno tuvieramos la vision critica de Irene..

    Y respecto a la peli, tal como dijiste en la entrada anterior, no salen las buenas porq no interesan siempre. El simple de hecho de tragarnos porq si pelis españolas malas q tenems q pagar por huevos porq no lo valen por si solas es un ejemplo

    saludos

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