Atardecer en Vampiria

Mamá ha debido salir de compras, ha debido madrugar. La nevera vuelve a estar llena de botellas perfectamente alineadas, de pie o tumbadas en cada uno de los compartimentos.
Cojo una y me la bebo en dos tragos, mi cuello se hincha por la violencia del ansia. Antes, cuando la gente bebía leche o cerveza o agua, seguro no debían sentir esta sed. Hasta que ellos mismos se convirtieron en zumo para alimentar al siguiente peldaño de la cadena alimenticia, nunca debieron sospechar que alguna vez ellos serían el equivalente para nosotros del agua embotellada, y que esta sangre de cerdo que acabo de tragarme a conciencia no sería más que lo que debía de ser antes el agua del grifo.
Bueno, más o menos. Y todo eso, por lo que sé, claro está.
A pesar de todo, agradezco mis circunstancias, soy otra ciudadana pura que no conoce el trauma de la transformación, porque ya estaba transformada en el útero materno.

Una chica del barrio, la vecina, la hija de una amiga de mi madre, tiene veinte años igual que yo. Esa chica, dicen, asegura que hace dos semanas vio a un tío que tenía los ojos azules. Azules de verdad. Ahora las pupilas de todo el mundo son las de siempre, pero el color de ojos común es el rojo. No el marrón, ni el negro, ni el verde. No el azul. Así que si hay alguien por ahí con los ojos no rojos, significa que entre nosotros aún hay quien come sólidos, quien puede saciarse con un plato cutre de arroz o un trozo de pollo. Ese alguien, si es verdad que tiene los ojos azules, come sin parar sólo para coger fuerzas y envejecer y morir algún día. Un tío mortal: El tipo de ser que todos pensamos que ya se ha extinguido en la Tierra; un alimento de calidad; nada de ratas ni cerdos, un corazón humano que late bombeando sangre de gourmet.

Sin cerrar la nevera, me bebo una segunda botella. Este zumo animal casi parece tragable cuando estás sedienta de verdad. La diferencia con la sangre “de botella” -que yo apenas bebí cuando era pequeña y aún nos rodeaban los humanos con fecha de caducidad- es poco perceptible si estás acostumbrada a consumir sólo sangre animal; hay críos vampiro que no saben la suerte que tienen de no haber bebido jamás del cuello de una quinceañera mortal. No quiero aburrir a nadie con los detalles, pero mis padres me amorraban donde fuera; sabían que pronto los vivos mortales solo serían un mito. Como ese tío de los ojos azules. Ese envase de sangre humana clásica.
Según la vecina, ese tío es como los que iban antes por ahí con unos colmillos falsos; dice que es como cuando los últimos seres humanos se ponían unas lentillas rojas para poder pasear por la calle disimulando hasta algún lugar en el que conseguir fruta o cualquier comestible de antaño. Cuando era pequeña, a los críos nos encantaba delatarles. Cuando sospechábamos de alguien, nos las arreglábamos para sacarle la dentadura falsa y llamar a nuestros padres. Los que se arriesgaban a mezclarse entre una población casi totalmente no muerta, no conseguían una transformación. Nuestros progenitores desangraban allí mismo en la calle a quien fuera. Colgaban el cuerpo aún vivo boca abajo de un árbol y los vecinos hacían cola con sus botellas. Era todo muy fluido a nivel de organización, un certero corte en el cuello y ese día unas cuantas familias tenían sangre de calidad que darles a sus hijos.

Salgo de casa, renovada, y todo parece estar en su sitio. Todo ojos rojos camino del trabajo. Al no haber restos de comida como antes, los cubos de basura ya no apestan como antes. Los contenedores se llenan de botellas de plástico y cristal; todo son botellas, botellas y basta. La personalidad de nuestra gente puede reducirse a un diligente ímpetu por salir adelante. Nadie dice ya Carpe Diem. Podría morir igual que hace años los humanos si me atropellara un coche, por ejemplo; pero de puertas para dentro solo hay un vicio, y éste solo mata el hambre. No necesitamos fumar ni beber ni droga alguna. Lo que más ansía cualquiera, es más sangre. Más que el sexo.
Beber es la ilusión auténtica por excelencia casi siempre. Cuidándonos, tenemos toda la eternidad por delante.
Sueño con ghettos llenos de seres humanos llenos a su vez de sangre gran reserva. Solo de ver fotos de mis antepasados mortales me entra una sed de aquí te espero.
Mi abuelo paterno decidió suicidarse cuando alguien le mordió; demasiado religioso para mirarse a los ojos cada día en el espejo. En cualquier caso era mejor eso que haber pillado un día a mis padres comiéndoselo. El concepto de familia pasó por una grave crisis años atrás cuando en las cenas de navidad unos eran vampiros y otros no. Como digo, doy gracias de ser joven y haber nacido ya transformada. Soy evolucionada. Si Dios existe, a buen seguro tiene ya su nevera llena de botellas.

El ser humano era la “x” de la ecuación, y hubo problemas y violéncia en las calles hasta que nos los bebimos a todos. Una vez despejada esa “x”, la nueva sociedad ha seguido pedaleando hacia delante de una forma bastante digna. En realidad, ya pueden algunos decir misa, que los sentimientos son muy parecidos a los de antes, las emociones, la confusión y el miedo que produce el hecho de sentirte atraída por alguien que no te hace ni puto caso. Todo eso, en lo que mí respecta, sigue igual.
Como vampira de nacimiento, dejas de envejecer entre los veinticinco y los treinta años. No hace falta comentar lo raro que es ver familias que tienen todos la misma edad en apariencia. Por suerte, mis padres siempre tendrán pinta de padres, pero nunca me quieren contar quién los transformó, ni cómo. Quizá me importaría si tuviera un pasado mortal.

Esa vecina, la que aún va por ahí asegurando que hay un humano clásico entre nosotros, pues bien, ella no es lesbiana.
Solo nos saludamos al cruzarnos, tenemos una relación de cordialidad que casi es tensión sexual teniendo en cuenta la acostumbrada frialdad no muerta. Se ha reducido el nivel de formalismos e hipocresías entre las personas; si alguien te da los buenos días de forma sistemática, es que como mínimo le caes muy bien, o incluso ha estado pensando en ti, valorándote en positivo.
Así que yo me estuve haciendo ilusiones románticas durante un tiempo. Ilusiones vanas de vampira lesbiana.

La sangre le ha comido mucho terreno al sexo. Lo cual tiene una lectura interesante, y es que ahora siempre es verdad que, cuando un vampiro disfruta sinceramente follando, es cuando lo hace con alguien a quien quiere de verdad.
Ella se llama Dania, y ya está, solo conozco su nombre de pila. Dani para los amigos. Sus padres, más jóvenes que los míos, acuden cada sábado y domingo por la mañana a sus misas satánicas. No preguntes en qué se han convertido las iglesias, pero solo hizo falta poner las cruces del revés y eliminar algunos símbolos para adaptarlas a la nueva sociedad. Muchos de los vampiros que no conocieron la mortalidad, creen en Satán. Estamos iniciándonos en la Historia, adaptándonos, aprendiendo nuevas leyendas, rebuscando entre las tradiciones para encontrar las nuestras y seguirlas. Mortales o no, hay muchos que aún tienen el suficiente miedo de morir en un accidente para querer saber que en el infierno el Diablo les esperará con los brazos abiertos, lleno de consuelo para sus ovejas rojas.

Un sábado, cuando yo ya llevaba como tres semanas soñando que le comía el coño a mi vecina, la vi besándose con un vampirillo que no llega a los veinte años ni de casualidad. Un niñato encantado de la vida, como si cada día que le veo llegara de chuparse a unas gemelas obesas de veinte años. Ese pipiolo mamón…
Esa mañana mi corazón muerto de vampira les vio juntos antes de entrar en casa de ella cuando los papás se habían ido a Misa. Ella le metió la lengua hasta la garganta mientras abría la puerta y desaparecían en Danialandia. Lo jodido fue no poder ver cómo se lo montaban, cómo follaban en la cama del amor de mi vida potencialmente eterna. La imaginación tiende a ser mucho peor.
Los padres se pasaron toda la mañana fuera. Ese cabroncete y Dani estuvieron más de dos horas metidos en casa. Durante esos ciento veintitantos minutos él la empalaba con su pene enorme y albino sin parar, y ella se corría y pedía más y más en mi cabeza. Yo acabé acurrucada en mi cama con los ojos secos y buscándome el pulso en las muñecas y el cuello.

Han pasado ya seis meses desde aquel día terrible. Y cada fin de semana se vuelve a repetir dos veces. Así de creyentes son los papás de Dania. Sábado y Domingo. Por la razón que sea ella se ha librado de las misas. Ahora me gustaría que mis padres fueran unos beatos sectarios, que me obligaran a ir a la iglesia siempre con ellos; quisiera que me adoctrinaran y me forzaran a aprenderme paginas enteras de la biblia satánica. Que cerraran las persianas de mi habitación y me diesen con una vara cada vez que fallase recitando los nueve mandamientos. Cualquier cosa antes que estar mirando por mi ventana cómo esos dos se meten en casa de Dani y salen al cabo de dos horas para darse un morreo de despedida. En serio, quisiera que fuera verdad eso de que el sol nos quema como en los libros que nos dieron nombre. O que no soportamos ver una cruz. Saldría a mediodía a la calle y me dejaría abrasar hasta poder dejar de pensar en ella. Guardaría una buena cruz de madera en la mesilla de mi cuarto.

Les dije a mis padres que quería dormir en un ataúd, que ya estaba cansada de mi cama feliz. Un ataúd está más acorde con cómo me siento. Pero mi padre se negó en redondo. Yo sé que hay familias enteras que duermen así, hay ataúdes de tamaño medio y ataúdes de matrimonio, hay incluso ataúdes para bebés, esos bebés rollizos e inmortales más felices que yo. Y mi padre dale con que no; no me iba a comprar un ataúd a menos que me muriera.

Tiene narices, padres vampiros. Ellos podrían comerse una oveja delante de mí, podrían coger por banda a ese tío de los ojos azules si existe y matarlo y rellenar las botellas de la nevera con él, todo sin importarles si yo estoy presente. Ellos pueden pasarse tres pueblos, pero yo no puedo salir ni de mi barrio: mi habitación tópica de mierda con vistas al idiota que se tira a la fantasía de mis pajas.
El futuro es hetero y vive justo enfrente. Aunque también podría ser bisexual. Dania la bisexual, carne y pescado. Liberalidad. Es lo único que me queda. La esperanza podía no valer un pimiento cuando sabías que te arrugarías y pasarías a ser mercancía para la gente joven; pero ahora la esperanza tiene tonos pastel de cuento de hadas. Puedes imaginarte dentro de treinta años con la persona que quieres, y los dos seguiréis jóvenes y lozanos en esa ilusión, en una casita, bebiendo “sangre del grifo”, felices.

Así que he madrugado y me he bebido dos botellas de combustible y he salido a la calle. Y ya estoy harta de aguantar, de tragar.
Hoy paso de ir a la universidad. Demasiada gente. Años atrás, cuando los gobiernos aún los formaban tíos cincuentones camino a la muerte pos-residencia, los vampiros tenían vetada la entrada a todos lados. Un vampiro no podía encajar en ningún entorno social. No podían entrar en bares; no había una zona para vampiros donde antes estuviera la de fumadores. Hasta les quisieron poner brazaletes rojos identificativos…
Puedo entender ese miedo. Básicamente, te debía entrar un hambre de narices si veías a Fulanito de Cual con su sonrisa inocente y sus planes de futuro para cubrir el cupo de la esperanza de vida vigente.
Pero creo que a mí se me hubiera dado bien vivir con restricciones.
Pero sí, era para verlo. Los nuevos judíos/negros/gitanos se podían beber tu sangre hasta matarte y te iban a sobrevivir. Era algo inadmisible entre vivos comunes. Yo me fijaba, miraba a mi alrededor. Parecía lógico que el ser humano acabara devorándose a sí mismo. Quizá todo esto no sea cosa del Diablo, quizá Dios se haya apostado la especie de su creación en una última mano a la desesperada.

Doy una vuelta por el centro y veo ojos rojos donde miro; salen y entran, se besan y discuten y sirven mesas, suben en ascensores, se reúnen en las maquinas de café para escaquearse.
Aunque intento no pensar mucho en ello, sé que no estoy caminando adonde me lleve el azar; no estoy simplemente dando un paseo. Quizá ese fuera el plan inicial, pero ahora condiciono mi ruta y sé que voy a hacer algo, alguna tontería.
Pero no me preocupa. Por suerte ahora la gente ya no hace tanto uso del chismorreo; cuando tienes un pasado en el que quizá te hayas comido a tus padres o hayas asesinado a niños para bebértelos, es difícil que lo que te cuenten pueda desacreditar o ridiculizar a un tercero. Los cuchicheos han pasado de moda. La gente va más de cara, aunque estén incluso más separados y sean más fríos que los humanos de antaño. Por lo que sé, ahora, de algún modo, hay más discreción, más respeto. Sonará todo lo paradójico que quieras, pero los condicionamientos de la vida eterna nos han proporcionado cierto equilibrio moral.

Ojos azules… Cada vez estoy más convencida de que todo eso del mortal es un rollo. De que a Dania le gusta jugar con la gente. Algo nada propio de una vampira joven, lo cual aún me pone más cachonda.
Sé que ella pisa poco la universidad. No preguntes, pero sé también dónde va siempre con ese vampirillo, ese delgaducho moreno con cara de malo de pega. Nunca he entendido la atracción sexual para con los hombres, ese criajo jamás podría hacerme disfrutar más que mi consolador; solo ver su mirada bovina, solo imaginar tocar esa piel aceitosa y su cosa corriéndose en un condón dentro de mí, me entran arcadas.

El lugar en el que siempre quedan es una especie de discoteca chapuceramente reconvertida en un bar que funciona las veinticuatro horas. Al final, cualquier sitio solo es otro lugar más en el que beber sangre. Pero éste además cuenta con amplios lavabos en los que los vampiros jóvenes follan a salvo de sus padres. Los dueños del local lo saben, la policía lo sabe, y hasta los padres lo intuyen. Pero ahora a nadie le supone un problema abortar, y no existen las enfermedades venéreas. La prohibición del sexo en lugares así sólo provocaría una desbandada hacia la competencia.
Así que Dania y su novio de mierda se pasan aquí las horas bebiendo sangre animal y fornicando, mientras yo sigo sospechando que un día mi corazón comenzará a latir de envidia malsana.

La localización también ayuda, el lugar está en un callejón que, ya esté más o menos transitado, sigue dando sensación de escondite. Los asientos fríos de la universidad son porque aquí hay todos los días un montón de inmortales que pueden licenciarse cuantas veces quieran y en lo que quieran sin tener que preocuparse por el tiempo. Sólo evita los accidentes auténticamente graves, no bebas sangre de otro vampiro. Es simple, los hospitales poco pueden hacer normalmente. Si te has roto por siete sitios distintos solo es cuestión de horas lo de regenerarse. Pero que tu cabeza no se separe del cuerpo, evita descuartizamientos, que nadie te engañe y te dé sangre no mortal.
Sobrevivir no es muy dificil, sólo conduce con precaución y bebe en lugares bien iluminados, cualquiera sabe que hace falta un buen trago de nuestro zumo grumoso casi negro para morirse.

Entro por fin en Vampiria, que es como se llama el nidito de hacer pellas. Este bar enorme. Por todos lados todo son grupos y parejas. Se suele desconfiar de los vampiros solitarios. Hay unos amplios ventanales, la luz natural entra imponente por ellos, derribando mitos. Camino entre mesas. Aún no veo a Dania y compañía, pero poco importa que ellos me puedan ver a mí; el tipo delgaducho no debe conocerme, y para ella sólo soy la vecina simpática, esa muchacha a la que saluda por algún motivo cuando se cruza en su camino.
No puedo coger y sentarme sola en una mesa, eso me convertiría en el blanco de todos los demás. Así que deambulo entre ellos, así todos piensan que tarde o temprano encontraré a mis colegas, mi mesa para charlar serenamente sobre exámenes o planes para mañana. No digas «Carpe Diem», pero tampoco digas «Futuro».
Les veo, están sentados justo al lado de una ventana, ella de cara al cristal, y su vampirillo de espaldas a él. La mesa entre ellos. Dos botellas de plástico encima, a medio vaciar de sangre pos-mortales. Camino hacia allí. Parecen discutir. Ojos azules… mentirosa. A medida que me acerco ya no sé si me gustaría más acabar con los dos o solo con él. Enamorada y harta y cabreada. El asesinato es factible. Pero debe parecer que te defendías, que te habías enzarzado en una pelea. Si matas solo por placer o venganza, la pena de muerte es prácticamente irrevocable. Dile a un vampiro que le van a matar con una inyección letal/legal de sangre no muerta, y verás que los antiguos corredores de la muerte llenos de ojos no rojos eran cosa de broma, idiotas esperando su ejecución que iban a morir por fecha de caducidad de todas formas, salieran o no de allí. Dicen que muchos de ellos -los vivos antiguos- no hubieran podido soportar la inmortalidad. Yo creo que estaban demasiado cagados para aceptarse como lo que eran. Una vez se transforma la gente, ya no quedan ciertas manías de sus versiones anteriores.

Llego hasta la mesa y me quedo de pie entre los dos. El sol se refleja en un escaparate enorme de fuera, de tal forma que parece atardecer en Vampiria. Algunos dicen que a los jóvenes les gusta este local por eso, hay oscuridad o atardecer, pero nada de ese sol eléctrico de media mañana.
Dania me mira y enseguida sonríe; supongo que piensa que he pasado a saludarla, que soy tan amable que debo haber venido con amigos y no he podido evitar acercarme a su mesa para decirle Hola. El chico, ese vampiro pseudomacho, me observa con esa cara suya de seguridad. Se muestra como si no pudiera pasarle nada malo, una actitud típicamente no muerta. Digo Hola;
– ¿Cómo estás? – dice Dania.
– Bueno, bien. Te he visto desde fuera y quería pasar a saludarte…
– Muy bien… ¿Todo bien en casa?
Seguimos así un rato, hablando como si nos conociéramos mucho más de lo que nos conocemos, como si tuviéramos los ojos verdes y el tío de los ojos azules estuviera a punto de llegar para invitarnos a una ronda de antiguos cubatas mortales. Así nos comportamos. Hasta tal punto que el vampirillo comienza a aburrirse. Y Dania me dice que acerque una silla y me siente con ellos, que no me quede aquí de pie. Acepto encantada.

Arrinconamos a ese mamoncete; él dice llamarse Perlas, quiere que le llamen así. Y le he dicho Vale, y Dania y yo hemos seguido hablando de nuestras cosas no muertas, del barrio, nuestros padres, de lo que supone formar parte de las primeras generaciones de vampiros puros. Perlas levanta una mano y pide la palabra. Me mira;
– ¿Tú quién eres? – me dice.
Su voz se quiebra, grita más de lo debido. Dania le mira como si no le conociera.
– Soy su vecina, vecina de ella…
– ¿Y acaso sois amigas?
– ¿Por qué te tienes que meter con ella? – interrumpe Dania
Noto una vieja sensación mientras ellos reanudan la discusión que tenían antes de que yo llegara. Esas tardes jugando de niña con otras crías de ojos rojos. De jardín en jardín. Nos encantaba ver el atardecer entre casas, el sol bajando, rojo, escondiéndose, belleza gratis para vidas sin fin. Recuerdo a esos tíos, esos paseantes que a veces iban de dos en dos. Discutían en cuchicheos. Recuerdo ese sentimiento, algo casi poético, poesía sangrienta de una infancia nueva, no conocida, nada visto aún antes. Niños vampiro, fríos pero también sensibles. Y esos paseantes, paseantes en busca de un plato cutre de arroz, un triste trozo de pollo…
No lo pienso. Me lanzo y agarro a Perlas. Le meto la mano derecha en la boca. Y no sin esfuerzo le arranco una dentadura falsa, en realidad una especie de alambre, minúsculo, soldado a unos colmillos; algo tan sutil que ni Dania había podido descubrir morreo tras morreo. Obviamente los tenía bien sujetos. Del tirón le he rajado la encía superior y sangra por la boca.
Danía se queda paralizada, me pone una mano en un hombro, como en un intento vano por controlar lo que ve, lo que pasa y ha pasado. Abre los ojos y mira hacia todos lados, a Perlas. Le grita:
– ¡Quitate las lentillas!
Grita:
– ¡Quítate las lentillas!
Todo el mundo en Vampiria se vuelve a mirarnos. Perlas se encoje tras su silla, echa a llorar.
– ¡Quítate las lentillas!
El capullín se levanta, parece entrar en una fase de aceptación. Se mete el dedo en un ojo, se quita una lentilla. Luego la otra. Yo aún estoy con sus colmillos falsos en la mano, aún de vuelta en el pasado, con mis amigas, todas pequeñas, nuevas, preciosas, redondas, vampiras puras. Saludables. Dania coge la cabeza de Perlas con las dos manos. Le mira a los ojos;
– ¡Azules! – grita.
¡Azules!
La gente se levanta de sus sillas, ya a sabiendas de lo que pasa. Algunos de ellos jamás han conocido a un mortal, nunca han saboreado esa sangre. Me cuesta horrores volver al presente, sacudirme esa agradable sensación de maldad infantil cuando descubríamos a alguien y le lanzábamos a los perros (nuestros padres). Aquella época en que Dania aún no vivía en el barrio, cuando mi corazón muerto no parecía querer despertar, latir en el pecho de alguien con los ojos rojos. Y Dania dice:
– ¡Os lo dije! ¡Ojos azules!
Pero este chico no es el tío que ella vio. Éste, según él mismo confiesa, es su hijo.
– ¿Alguien más? – pregunta Dania
Su madre, dice él. Tres mortales, Mamá, Papá, y Perlas. Sangre de gourmet. A Dani solo le cuesta un puñetazo arrancarle la dirección en la que viven sus padres, sangre fresca, nueva, deliciosa. Sigue pareciendo atardecer en Vampiria. Alguien cuelga un gancho en algún lugar en el techo. Al fijarme, veo que han utilizado unas escaleras, han descolgado un viejo candelabro, y están atando los pies de Perlas, justo a mi lado. Mi pasado viene y va, mis flashes infantiles de postal gótica. Tengo fotos, hay pocas cosas más hermosas que una cría de cinco años, sana e inmortal, con sus preciosos y enormes ojos. A veces querría ir a la iglesia y dar gracias. A alguien, a quien sea. Cuelgan por los pies a Perlas en medio de Vampiria, tal y como hacían mis padres con los paseantes mortales de mi infancia. Parece ser el dueño del local quien, con una minúscula navaja, hace un tajo en el cuello de ese falso vampirillo que se ha visto reducido a un mal polvo de sus padres. Algunos ya han salido corriendo hacia la dirección que ha dado, allá donde podrán encontrar más sangre para seguir disfrutando. Dania se mantiene de pie, con aires de triunfo; ella sabía que nadie la creía. Lo que no sabía era que yo tampoco, y aun así me tenía en el bote. Me acerco, y primero pongo una mano en su hombro. Luego agarro su mano, ella me la aprieta. Otra vez parece que mi corazón bombea algo. ¿Bisexual? No hagas preguntas. Los tiempos están cambiando. Mientras los demás rellenan sus botellas con esa sangre casi extinta, ahora quisiera que Dania hubiera sido una más de esas niñas con las que yo jugaba de cría, algunas de las cuales murieron a manos de mortales. La imagen real de Perlas colgado boca abajo y cada vez más blanquecino es digna de un buen cuadro, belleza pura mientras Dani me coge la mano, la inmortalidad se reafirma, y sigue atardeciendo en Vampiria.

[Arriba, brillante trailer de “Scott Pilgrim versus the world”, adaptación del entrañable comic del mismo nombre, y dirigida por Edgar -Zombie’s party- Wright. En el reparto, Michael Cera (me encanta) y Mary Elizabeth Winstead, la animadora de “Death Proof” (foto). Qué puedo decir, esto promete…]

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42 comentarios en “Atardecer en Vampiria

  1. Pues no hay tanta diferencia con respecto a la sociedad actual; total, una cruz al revés, unos ojos rojos, pero hay que ir a trabajar, siguen existiendo las universidades, y casi todos chupando del bote…

    Y joder, qué bien escribes, Jordim.

  2. Me alucina, de veras, tu facilidad creadora. ¡Menudo ritmo!
    Y este giro a nuestro mundo, criticado, analizado con ojos inyectados, resulta además divertido.

  3. “Ole el arte que no se puede aguantar” decia mi amigo y cantaor Bernardo Jurado Hermoso, en una cantina de la colonia Roma en Mexico Distrito Federal al termino de una cancion de su tierra tocada con flautas y guitarras muy a la mexicana.
    La perversidad del vampiro es fascinante y mucho mas (lo que lo hace mas vampiro) el efecto que provoca en sus victimas.

  4. jaja no sé cari de donde sacas tu la sangres para escribir post como estos, una nueva vuelta de tuera vampírica, ya hasta el título es literario, jaaj me encanta Atardecer en Vampiria…

    la verdad es que el vampirismo actual sea tal vez el económico, y en ese sentido, como dice alguien, la sociedad no ha cambiado tanto: Unos chupan y otros son los chupados…

    Bezos.

  5. Ayer cuando lo leí me pasó lo mismo que me pasa siempre, que lo visualicé como si se tratara de una película. Qué buenas películas haces, jajaja!
    Un retrato de una sociedad vampirizada, con los mismos gestos que cualquier otra sociedad. TRabajo, estudio, sexo, relaciones sociales…
    Creo que aún siendo vampiros, tienen mucho de humanos.

    Un placer leerte

    Besos

    Lala

  6. Oy, Jordim, siempre me sorprendes, aunque a mí me dio pena de que lo mataran, ya ves, y no tengo los ojos azules, ni tampoco rojos… bueno, de leerte sí que se me ponen algo rojos, eh? que es muy largoooo!! 🙂

    Te iba a comentar una cosa que no sé por qué me da penita, y es la sensación que me queda al leerte, pero porque también he leído más textos tuyos, no sólo este. Y es ese sabor amargo que deja el pesimismo que se trasluce a través de tus escritos, es como no ver salida digna al ser humano más que convirtiendose en algo degenerado, malévolo, ya sé que la sociedad está muy transformada y el capitalismo salvaje hace monstruos de nosotros, pero no sé por qué yo lo relaciono con esto… como haber perdido la fe en el ser humano, como una visión triste de la evolución que está tomando matices antagónicos.

    Me ha gustado, pero, me ha dejado ese sabor de boca amargo, quizás sea que ya he bebido demasiada sangre embotellada…

    Besito

  7. Pues yo ya he oído de adolescentes que duermen en camas con forma de ataúd. No me extraña que sean de la misma cuerda. Lo que no sé es si tienen los ojos rojos y litros de sangre animal en la nevera…intentaré averiguarlo…me has motivado!
    Un mordisco

  8. Hola

    Me encantó esta vampirita romántica y dura al mismo tiempo. Aunque algo violenta con los pobrecitos machos comunes y mortales, de que tenía su corazón de pollo… lo tenía

    Saludos

  9. Podrían haber tomado este escenario vampírico para hacer la película de “crepúsculo” en lugar de esa mierda moñas de adolescentes yanquis.

    Me gustan mucho mas tus desarrollos e ideas que los finales. El decorado es perfecto.

    Vamos a darles la vuelta a las cruces ya !

  10. Tendrían que volver a instaurarse el uso de envases retornables, aunque sólo fuera para no atorar los contenedores…Eso sí, la sangre en vidrio, sabe mucho mejor que la de lata, igual que pasa con la cerveza.

    Un saludo

  11. Que tendrán esos blancos colmillos que prometen la vida eterna, que tanto atrae a los mortales…¿?
    Me confieso una de esas mortales…
    Atraída una vez más por tu relato…
    Bsos

  12. No se porque, pero ahora los vampiros estan de moda. Dede que salieron esas peliculas “Twilight Moon” o algo asi.
    Igual, te soy sincero, de verdad creo que tu relato es muchisisimo mejor, pues no tiene el peso del comercialismo atras. Excelente!

    Saludos!

  13. Pues yo creo que deberían criar hamsters o bichos de esos que se reproducen rápidamente a escala masiva para tener sangre de grifo, porque vamos, tener que andar siempre con botellas, con lo que pesan… ¿y cuando haya huelga de comercios? Tiene que haber un seguro…

    Besitos!

  14. ¡de vuelta a la normalidad! Perdón por mi ausencia; estuve de “mini-vacaciones”.
    ES-PEC-TA-CU-LAR!!!!!! No tengo más que añadir. Eres única escribiendo, me enganchas.
    Besitos!!!

  15. Lo perverso ineludible confundiendose con la maldad humana, no se distingue mucho entre lo que algunos consideran “mounstruos” de los que van a pie por la calle tan tranquilos…tu haces un retrato delicado y tenebroso de éstos días, que como decía el abue ya hace años: “son tiempos violentos”. Ja!

    Un biko, cuando el viento me trae por acá, siempre es un gustazo leerte, o disfrutarte o ambos :=)

  16. Un relato estremecedor y… buenísimo!!

    Casi me olvido de respirar y he recordado después que…

    ¡Creo que tengo los ojos azules! No volveré a dormir bien jamás!

    😉

    Un abrazo de admiración por tu universo vampírico, Jordim…

  17. Te voy leyendo “por entregas” pues no puedo con los post tan extensos, así sean tan buenos como el tuyo…

    Un placer descubrirte y gracias por dejar tu comentario en mi blog.

    Besitos multicolores

  18. En general me ha gustado, como siempre, porque tu modo de escribir es realmente impactante, pero creo que hay un problema con la trama, que hace que no me lo crea mucho. Por un lado dice la narradora y protagonista que ahora hay más respeto, y la narración sugiere una sociedad bastante ordenada, pero por otro resulta que los vampiros pueden críar como los humanos, pero en cambio no se mueren si no tienen algún “accidente”. Se sabe que a mayor crecimiento de la población menos espacio y menos recursos, lo que genera violencia, lo que no casa con el orden que parece sugerir la narradora. En fin, no sé, a mí esto hace que la historia no me la acabe de creer.
    Besos selváticos.

  19. Panterablanca.

    Tienes razón en tu razonamiento. Solo que yo escribí el relato desde el punto de vista de una chica joven, inexperta, poco informada sobre el pasado, etc. Con lo cual su discurso y su forma de contar la historia tiene ciertos vacíos e incoherencias que pensé que debían estar ahí.
    Es el punto de vista de una chica joven que forma parte de una sociedad “recien nacida”, y que prácticamente no conoce más que su sed y a su vecina.
    No quería que fuera una narradora omnisciente que acaparara y entendiera todo lo que pasa y lo que supone la sociedad en la que vive, más bien quería que el lector se hiciera una idea de ese entorno a partir de la narración condicionada de la protagonista.
    (Otra cosa es que haya conseguido que del relato se desprenda todo eso…)

    Saludos.

  20. Incursionando en el nuevo bum literario, los vampiros estan vendiendo en estos dias. Pero tu vision de este mundo es original, utilizando la ficcion como siempre, siendo el principal elemento de tu literatura. Buen relato, aunque con su extencion puede convertirse en un tipo de novela corta. Se nota que en cada post te exiges mas para escribir mejor, lo cual se reduce en lo que se lee.

  21. “Solo de ver fotos de mis antepasados mortales me entra una sed de aquí te espero”

    Joer que genial!!, aunque es más largo que un día sin pan, es empezar a leerlo y no paro. Has cambiado una sociedad ya de por si destinada al fracaso por otra autodependiente, un poco sádica, por eso de colgar a los humanos tal cual cerdos pero muy sensata jejej. Al final del relato ya estaba esperando ir a por lo padres XDD

    Besets

  22. Fascinante, aunque no entiendo por qué los vampiros deben ser satánicos… Está bien que los vampiros tb se sientan perdidos en su vida cotidiana de vez en cuando, aunque imagino que no tanto como nosotros.
    Menos mal, por otra parte, que no les entusiasma demasiado follar, sino a ver dónde se metían…
    Saludos!

  23. Estábamos dando un paseo y descubrimos tu blog. Después de un minucioso estudio, STULTIFER te otorga el prestigioso galardón al MEJOR BLOG DEL DÍA correspondiente al martes 13 de abril de 2010 en No sin mi cámara por los contenidos y matices. Visitanos y comenta con nosotros. Saludos cordiales.
    Vamos, que nos ha gustado mucho y hemos querido acercarnos a ti.
    Puedes colgar el Premio voluntariamente en tu blog.
    Ya formas parte de la Orden del Stultifer de Oro.
    Y si tienes una escalera, mándanosla a edusiete@gmail.com y la publicamos inventándonos una historia.

  24. Hola querido/a (ahora he caído en la cuenta que también podrías ser una mujer ¿no?. No sé qué eres. De lo que estoy segura es de que no eres un vampiro. No,no,no,naaaaaaaa..déjate que no eres un vampiro)
    Bueno, no sé si lo sabrás, pero he perdido la escasa capacidad de redacción que tenía; así es que te transcribo lo que he ido apuntando en un papel mientras te leía:
    – Esto me está recordando la película “la invasión de los ultracuerpos” (alias “la película de las vainas”)
    -También me está recordando la película “la muerte os sienta tan bien” (ya ves que yo te pongo los títulos traducidos al castellano; no soy tan cool como tú. Lo digo en serio, sin sarcasmo: no soy tan cool como tú)
    – Y ¿por qué no “crían” humanos igual que nosotros criamos a los animales (para matarlos), si la sangre está tan buena? Granjas de humanos…
    – ¡Menudo olor a sangre deben hacer esas calles!; no olerán a basura, pero a posos de sangre reseca… ¿Y hay moscas?
    – Joder: vampira y lesbiana. Lo tiene todo la prota. Qué viciosillo/a que es este/a Jordim.
    – Ja,ja, el concepto de religión no muere; ahora son misas satánicas, satánicas, pero misas al fin y al cabo. Ni Jordim se imagina un mundo sin religión, jodeeeeeeeeer, cómo está el patio.
    – “Los nueve mandamientos”, ¿cuál es el que faltará…?
    – Creo que la inmortalidad acabaría conmigo; ni siquiera necesitaría suicidarme.
    -“belleza grátis para vidas sin fin” es un gran eslógan; ¿me lo prestas?
    – Pedazo de hija de puta es la vampirilla ésta de los cojones. Otra que no soporta los cuernos con dignidad. O pa mí o pa nadie. En lugar de hacerle la ola a su contrincante, va y lo delata. Qué falta de honor. Japuta. Vampira, pero niñata de patio colegio.
    – La película del Pilgrim no quisiera perdérmela. Por cierto he ido a ver, acordándome de ti, “El libro de Eli”: …vale, ya no me la cuentan; y “shuter island”: fantástica. Leonardo Di Caprio es un excelente actor; cuanto me gustó ir a verla.
    – Mi vampiro favorito sigue siendo “Drácula”; y leyendo la novela casi me cago, y eso que ya sabía cómo acababa de haber visto varias versiones de peliculas. De la de Cóppola, recuerdo (practicamente a diario) la frase “el espejo, simbolo de la vanidad humana”, sí oye, llevo esa frase grabada a fuego en alguna serie de mis neuronas.

    Escribes de puta madre. (Esta, ¿cual es la vez que te lo digo?)
    Saludos (pero de lejos; que yo tengo los ojos azules).

  25. siento que la historia plantea cierta… digamos nobleza o mas bien laxitud bondadosa de parte de esta raza para-humana, en realidad me parece mucho menos maquiebelica que la actual, el echo de que consuman los humanos que se encuentran y no los crien como a ganado lo demuestra. tambien esa falta de radicalidad da un alibio al ambiente (que son inmortales pero se pueden morir, que no se preocupan por tener que beber sangre animal enbotellada), el ambiente que se siente es fresco como gris con visos tenues e irregulares de color, para mi es una propuesta de vida.
    schnaider

  26. Pues en el portal de mi casa viven tres familias de vampiros y nos llevamos muy bien. Eso sí respetamos sus peculiaridades y nunca les invitamos a “La tomatina”. Esas bromas no las aguantan.
    Los que han estado a punto de colgar al Jordi, otro vecino, son los de la peña del Madrid del bar de abajo.

    Ahora en serio: buen trabajo de aproximación al sentir vampiresco.

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