Periferia Microsoft

Siempre me ha sorprendido no ser un drogadicto. Es un triunfo épico. Un paquete de tabaco al día no es nada, y no hay nada que merezca que llegue a los ochenta. Maya Hills se baja las bragas en la pantalla y dice que tiene dieciocho años, que está húmeda, y sonríe. El paisaje pasa a toda velocidad, fábricas, hierba seca y huérfana, el cielo tiene ya siempre ese tono sucio de haber tenido que convivir con seres humanos. Maya intenta meterse una polla negra entera en la boca, pero apenas puede introducirse el glande. El móvil es de mi colega, Orfeo, que conduce. Nunca he sabido su nombre de verdad. Me dice que me fije bien, que ahora viene lo bueno, ahora el africano se la folla. Son las ocho de la tarde y sólo he fumado cuatro cigarrillos hoy. La industria del tabaco es de las pocas que ha aguantado siempre bien las subidas y bajadas de precio. Hago un intento, pero Orfeo me dice que ni de coña me va a dejar fumar en el coche, y que esté atento, que esas tías de principios del siglo XXI eran las más guarras.
– Tío – le digo -, esta pava lleva trescientos años muerta.
No sé bien dónde vamos. O lo sé, pero no quiero pensar en ello. A más años pasan, la gente es capaz de hacer viajes cada vez más largos por chorradas cada vez más grandes. Orfeo me dice que Elvis también lleva muerto la tira, y no por ello es retorcido escucharle ahora.
El otro día nos chivaron que un tío pudo oler a gasolina al paso de un coche extraño que no llevaba matrícula. Gasolina de verdad. Eso podría significar que hay muchas otras cosas que se nos ocultan; da lo mismo si llevas un coche eléctrico o como antaño, pero no da igual si se tratara de otros recursos útiles que nos han dicho están agotados. Físicamente, nos dirigimos a Periferia Microsoft, una ciudad de trescientos mil habitantes en que cuentan que algo ha crecido en medio de una de sus plazas, un árbol jodidamente enorme, de la nada, porque sí. Antes la gente veía la tele o abría un periódico, no tenían que conducir dos mil kilómetros para conseguir respuestas. Orfeo encontró el video de Maya Hills rebuscando en la basura. Los servicios de “comunicación” no pasan de la telefonía móvil, se supone que hay intereses. Hace mucho que Internet es un recuerdo, y pronto se convertirá en leyenda. Expresiones como el cine o la música dejaron de producirse comercialmente hace como un siglo, pero el porno ha seguido hacia delante. Se trapichea con sticks de memoria llenos de videos guarros de hace dos siglos; los actuales escasean y cuestan cinco veces más. El móvil que se ha encontrado Orfeo tiene más de doscientos gonzos, pero no hay nadie follando en ellos que siga vivo. Por lo demás, hay como cien películas, algunas incluso en blanco y negro. Marilyn, Bogart, Lemmon, Grant… todos siguen vivos aún en esta mierda metálica en la que se ha convertido todo. Ah, y por cierto, los móviles ya no sirven para llamar ni recibir llamadas, nada de mensajes de texto tampoco, Apple se encargó de ello hace mucho tiempo, y todo el mundo picó. La moda era tener un móvil lleno de aplicaciones con el que además no te podían molestar con incómodas interrupciones. La melodía del anuncio que lo promocionó tuvo varias remezclas poco antes de que la música volviera a la edad media. El trasto arrasó un segundo antes de que todo se fuera al carajo, lo cual sucedió cuando dicho modelo de pijada tecnológica absurda se quedó sola en el mercado. La incomunicación parece servir como paraguas para los de siempre, es un paso más en la desinformación ahora que el cincuenta por ciento de la población mendiga y el resto hacemos lo que podemos.
La electricidad y el agua corriente es cosa de los que antaño tenían piscina en casa. Cuando la batería del móvil de Orfeo se acabe, tendrá que volver a usar la imaginación para cascársela. Y ya nos podemos olvidar de Marilyn y compañía hasta que volvamos a tener otro golpe de suerte. Maya está espatarrada y dice que le gustan las pollas grandes, pero cuando el africano empuja no parece estar disfrutando que digamos. De vez en cuando me vuelve a la cabeza el motivo de nuestro viaje, y entonces miro el video, miro por la ventanilla, a Orfeo, y doy gracias de que toda mi familia esté ya muerta.
Vuelvo a decir en voz alta que eso del Árbol de la vida es un concepto, una idea, sea lo que sea que haya en Periferia no va a ayudarnos.
– Tío – dice Orfeo – , oye, solo vamos a ver qué hay, a ver que se cuece. No perdemos nada.
Quedan veinte minutos de video. El africano sigue haciendo su trabajo, aunque él sí parece estar divirtiéndose. Decido no replicar a Orfeo. Entiendo que él también tiene derecho a agarrarse a un clavo ardiendo como todos. Flotadores existenciales como la religión han vuelto a pegar fuerte, y cómo.
Alguien bautizó el estado mundial político en cuanto al potencial intelectual del pueblo como Idiocracia, citando una vieja película. La democracia no sirve en esta conciencia colectiva igual que un tenedor no sirve con un plato vacío. Esa misma gente que fue corriendo a comprar un móvil con el que no podían hacer llamadas, luego tuvo hijos. Y el tiempo no se detiene. Los libros siguen existiendo, pero ahora cogen polvo en las estanterías como nunca. El analfabetismo ha vuelto a instalarse en la historia de la humanidad como hace siglos, cuando todo sólo podía ir a mejor.

Sigue habiendo elecciones. Ahora los políticos son tíos con casa de lujo propia que viven de promesas como hacer que la electricidad vuelva a casa de todos. Dicen que rebajarán la indigencia y la delincuencia igual que otros antaño prometían bajar las cifras del paro cuando éste daba auténtico miedo. La gente, en cualquier caso, suele votar a quien les cae mejor. Formas de campaña electoral como los mitines, escasean, y las cifras de participación no llegan al treinta por ciento. Básicamente, sin comunicaciones, la política es casi un milagro del boca a boca. La educación está cada vez más cerca de formar una familia católica ejemplar en la que el padre sale a cazar por las mañanas. La gente es feliz sólo con comer cada día; lo que representa el video de Maya Hills que tengo en las manos es casi el equivalente material de conseguir una hipoteca hace cien años. Hay instalada una especie de anarquía en la que, paradójicamente, sigue reinando el capitalismo; hay millonarios igual que antes, y siguen siendo tal y como eran. Ya no existe el tercer mundo porque todo es tercer mundo. Orfeo y yo estamos un peldaño por encima de la auténtica indigencia, con nuestro coche eléctrico y nuestro móvil Apple lleno de pelis ya nos podemos dar con un canto en los dientes.
Comer, eso sí, significa tener que hacer algo repugnante. Además, la industria pesada a tardado menos de lo que pensábamos en arrasar el cielo. Lo que antes era un día soleado ahora es una capota inmensa color verde que hace que nuestro coche algunos días nos deje tirados. Si llueve, paramos, salimos y abrimos la boca. Yo aún soy ateo, Orfeo lleva un rosario colgado del cuello. Por si acaso, dice. No podemos explicarnos el mundo en el que vivimos porque no sabemos cómo hemos llegado a esto; tenemos datos sueltos, ni siquiera entendemos muy bien qué clase de “estabilidad” reina.
Cuando lleguemos a Periferia iremos al piso de un amigo de Orfeo que trabaja como basurero, lo cual viene a ser como antaño ser funcionario, jamás se les acaba el trabajo. Es un colega y a la vez un enemigo de los que hacen que pasemos semanas enteras sin llevarnos nada a la boca. La novia de Orfeo falleció en la calle dando a luz un bebé muerto, lo cual podría explicar cuán fácil es capaz de combinar su nueva faceta de católico con la de pornófilo. Lo que se dice es que Dios ha vuelto de algún modo, ha regresado para poner las cosas en su sitio, y lo ha hecho en forma de símbolo tangible. Se supone que de ese árbol emana algo abstracto y efectivo si llegas a tocarlo, se habla incluso de inmortalidad. Hay gente que no quiere morir ni viviendo a base de pieles de plátano. Lo del árbol no tiene explicación alguna igual que nada la tiene hoy en día; todos son ignorantes, y por tanto Dios, efectivamente, ha vuelto, todopoderoso, a salvarnos.
Si no, de qué. Qué vamos a hacer. Cuando la gente se lavaba todos los días el indice de mortalidad por suicidio ya superaba al de los accidentes de tráfico; hoy en día tienes dos opciones, o tienes fe y no te importa vivir en la miseria, o buscas una forma rápida de irte al otro barrio. Y luego estoy yo, demasiado curioso para desesperar y demasiado cagado para suicidarme. No sé si hay mucha más gente así. Diría que no. En cualquier caso, nunca he sentido que forme parte de nada. Mi polla sigue fláccida bajo mis asquerosos calzoncillos incluso mientras ese africano muerto se corre en la boca del recuerdo de Maya. Y ella dice: ¡Uau!, y enseña los dientes. Un segundo después tiene una arcada, y termina el vídeo.

El piso de Otto el basurero es el típico zulo mono-ventana metálico e impersonal. Nos recibe sin problemas. Nos dice que le va bien, que cuando hay disturbios viene a casa y se olvida de todo.
Imagina una de esas celdas para dos presos, con una litera y un retrete. Cambia la litera por un camastro y mete el retrete en un habitáculo contiguo en el que solo hay espacio para poder abrir la puerta sin que ésta choque con la taza del váter. Sin electricidad, sin agua corriente. Ya tienes el piso de Otto.
Y él está como unas pascuas. No preguntes por el sueldo base. No hay esperanza, pero nuestro coche huele mejor que este lugar. Y nosotros tenemos un móvil.
Son las diez de la noche. Otto tartamudea que es mejor que nos vayamos cuanto antes. Ese árbol está en el centro de la ciudad, donde aún hay electricidad. Dice que hay mucha gente, demasiada, y cada vez más. Vienen de todos los lugares. Me pregunta si creo en ello. Le digo que sí.
Bajamos las escaleras de los siete pisos que antes subimos, todo es metal y resuena a cada paso, todo es muy resistente y muy fino, las paredes, el suelo. Pisos eternos en los que cobijarse como ratas. Si pusieras un cristal enorme delante del edificio sería como ver un nido de hormigas. Todo es óxido y huele a salado. No te caigas, no quieras descubrir en lo que se ha convertido la seguridad social; piensa en esas fábricas reconvertidas en hospitales cuando estalla una guerra. Otto, al salir a la calle, nos dice que no hablemos muy alto, esta zona no es muy segura. Debemos caminar un par de manzanas sin llamar la atención.
Cuando pasa un coche es como ver volar a una nave espacial, sus luces lo atraviesan todo y luego volvemos a quedar en penumbra urbana. En el cielo podemos ver la claridad que llega desde el centro, incluso oír ruidos del gentío cuando sopla la brisa. No hay nadie, somos los únicos que vamos hacia la plaza del árbol desde el barrio de Otto. Otto nos dice que el otro día conoció a una chica allí, pero que él no pudo tocar el árbol.
– Dijo que yo le gustaba… Esa tía olía bien. Bien de verdad.
Oler mal no es algo que te haga perder estatus hoy en día. A lo que se refiere Otto es al olor corporal. Hay duchas comunitarias que funcionan con escasas reservas de agua, y mucha gente se lleva el agua en cubos para poder usar el váter en casa. Cosas del capitalismo vigente. Un ducha allí se lleva medio sueldo mensual de Otto. Así que a lo que se refiere no es a que la chica fuera perfumada, sino a que ella incluso sin lavarse puede dar sensación de higiene. El amor tiene más barreras ahora. Si eres feo hueles peor, pero si eres guapa y sabes jugar bien, puede dar igual cómo huelas.
A medida que caminamos, los ruidos aumentan. Es como si todo el mundo estuviera allí, como si el resto de la ciudad fuera la nada que rodea a la existencia, el antes de nacer y la muerte. El centro es el árbol de la vida. Aunque un creyente ofrecería una metáfora distinta. Orfeo parece emocionado, como si todos los años que llevamos puteando y robando y dañando para sobrevivir ahora tuvieran sentido. Otto dice que hoy sí quiere tocar el árbol, arrancar un trozo del tronco. Dice que lo ha visto, la gente mastica trozos de corteza y el árbol se regenera solo. Puede que te hagas inmortal, o simplemente podría levantarte de tu silla de ruedas o curarte un cáncer o devolverte la vista. Todo son beneficios. Dice:
– Es una bendición, habéis hecho bien en venir.

“Los aeropuertos ya se han convertido en campos de cultivo”. Recuerdo esa frase. Cuando era pequeño mis abuelos me contaban que al principio todo fue muy romántico para algunos, el caos, el fin de lo conocido: las personas sencillas quizá tuviesen una oportunidad si todo se iba a pique. Hoy hay instalaciones enormes, fábricas, parques temáticos, pueblos enteros, todo vacío, fantasmas por doquier de la soberbia humana. La esperanza de vida ha caído en picado. Cuando tuve más capacidad de razonar, para entonces los padres de mi madre tenían alzheimer, y todo aquello que me habían contado en el pasado jamás pudo tener un análisis certero de adulto. Mis padres nunca decían nada, y tampoco me dijeron cómo mis abuelos por parte paterna habían muerto hacía mucho. Ya no se renovaban las enciclopedias, no se publicaban periódicos ni existía la tele. La única fuente de información que había era el típico gilipollas que no deja de hablar y decir idioteces.
Podemos ver la plaza cada vez más cerca, la iluminación eléctrica impresiona cuando no estás acostumbrado. Se puede ver a gente arrodillada. Rezan. Y es cierto, hay un árbol enorme, como un dibujo a tinta real, tridimensional. Surge del asfalto de la plaza, el suelo está destrozado en la base, como la cascara de un huevo por la que se hubiese abierto paso un pollito. Sea como sea, se lo han currado. El tronco es grueso, retorcido. Orfeo me pone una mano en el hombro a medida que nos acercamos. Llora. Tengo flashes de un futuro en los que una multitud quema esta plaza, árbol incluido, entre vítores: un nuevo muro de Berlín que no sé aún qué coño representa. Entramos en la zona en la que la gente yace en el suelo, algunos mirando simplemente el árbol, otros rezando. Hay una calma sorprendente aun con el bullicio. Muchos se acercan al tronco y arrancan un trozo de corteza, pero desde donde estamos no se puede ver si se regenera o no. Realmente siempre me ha sorprendido no ser un drogadicto, pero ahora tengo que fumarme un pitillo.
Recuerda a una especie de castaño, pero gigante, una versión gótica que se alza unos cuarenta metros por encima de los demás árboles del parque; se erige como una de las construcciones más altas de la ciudad. Claro, si esto no es cosa de Dios…
Haría sospechar a alguien cínico que la criatura haya surgido precisamente en la zona rica. No veo a nadie que tenga pinta de tener agua corriente en casa por aquí adorando o emocionado. Pero si han plantado esta imitación de árbol en una sola noche o algo así, bien merece algunos rezos, añade esperanzas respecto al potencial del ser humano. Solo hace falta encauzar esas energías hacia el bien.
Nos metemos entre la gente que espera de pie su turno para poder acceder al tronco. Desde donde estamos, subidos en el destrozo de cemento y raíces gigantes, ya se puede ver que no, no se regenera. Tiene el aspecto de una espalda pelada por el sol. Hace ya una semana que nos llegó el chivatazo sobre esto; la diferencia esta vez es que al menos el árbol existe, pero no quiero discutir sobre lo que pueda significar con Orfeo. Al menos no aún.
No veo a nadie en silla de ruedas, ni tan siquiera hay algún iluminado gritando: «¡puedo ver, puedo ver!». Aun así, todo me suena a potenciación de la fe, a reuniones en despachos y decisiones drásticas. Orfeo y Otto llegan hasta la corteza, conmigo detrás. Me obligan a pellizcar y coger mi propio trozo de salvación. Lo masticamos. Mis colegas se abrazan al tronco (al menos la base parece madera de verdad). Lloran. Yo sonrío e intento simular esperanza. Los que hacen cola tras nosotros, nos apremian. Una chica pelirroja muy guapa llega hasta Otto, y se besan.

[Faltan unos días para que se estrene “Kick- Ass”, pero no he podido resistir la tentación de verla por la red (de todas formas la veré en el cine). Hacía tiempo que no me divertía tanto con una película. Es gamberra y brutal, y se nota que está hecha al margen de las grandes productoras. Un ejemplo de lo que digo es HitGirl (video) interpretada por Chloe Moretz (foto), uno de sus personajes, una cría de once años que destila carácter y que asesina, mutila y hace saltar la sangre haciendo que la peli te explote en la cara cuando aparece en escena. Por lo demás, hablamos de dos horas en las que servidor no se ha aburrido ni un minuto, mérito de su director Mathew Vaughn. Sí, el cómic es más guarro, brutal, oscuro, pero aun así la película entra directa en las ligas mayores en lo que adaptaciones de cómics se refiere. La mala noticia: No sé si hacer una secuela es una buena idea…]

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19 comentarios en “Periferia Microsoft

  1. Hola,

    Encantada de la recomendación cinematográfica, tomo nota, parece buena. La niña por un momento me la imaginé como la de Lazy Town, por el color de pelo y los saltos, pero más divertida. Me interesará lo que vayas publicando al respecto, sobre todo de las fuentes gráficas de la que ha salido la película.

    Siento no leer los textos, desde hace tiempo ya renuncio leer textos demasiado largos, Patrícia lo sabe también.

    Un saludo!

  2. Buenas:
    Muy apropiado para los tiempos que corren: postapocalíptico.
    me gustó el estilo narrativo, que ; en momentos, te transporta a proyectar el escrito en viñetas (como si fuera un comic).
    Mientas leía me invadió una idea (creí intuir el final, pero no acerté). Has despertado mis ganas de volver a escribir: Gracias.

  3. Pero que bueno que esta!
    Aunque no es tu tipico relato, ya que no me parecio tan ficticio, esta bueno porque (al menos asi lo senti yo) vi como bastante critica a lo que es la vida de hoy en dia. Excelente!

    Saludos!

  4. En cierta forma envidio la situación de alguien que tiene que recorrer 2000 km para acceder a sus verdades
    sea cuales sean estas

    Creo firmemente que es más humano que nosotros mismos
    o quizás soy un romántico

    En cualquier caso, y pecando de optimista, creo que siempre habrá esperanza, incluso entre los cascotes (o quizás gracias a ellos)

    Muy bueno, si señor
    ya te sigo desde hace unos meses, y me gustan mucho tus relatos
    ¡sigue en ello!

    Por cierto, entonces, ¿Recomiendas Kick-ass aunque me haya leido el comic? Es que lo leí, y me gustó (me divirtió muchísimo, es una visión fresca de los superhéroes… y no sé, empatice mucho con las situaciones y personajes, a pesar del desmadre sanguinolento. Creo que está muy bien narrado, tiene más chicha de lo que podría parecer), y cuando vi los trailers de la peli… me temí muy mucho que se lo hubieran cargado, supuse que me iba a decepcionar, al aplicarle el filtro Hollywoodiense.

    Y en cuanto a lo de la segunda parte; bueno, en teoría están preparando también la segunda parte del comic, así que, de lo peor, esperemos que al menos esté basado en ella

  5. Un placer volver a sumergirme en tu universo literario. Siempre encuentro calidad y estilo propio, y eso, en estos días preapocalípticos, es un pequeño gran milagro.

  6. Gracias por la felicitación, una va haciendo poco a poco. Me he dejado caer por tu blog y dejame que te felicite!! Me encantan tus retorcidos cuentos enfermos, y de este último relato…no tengo palabras!

    Seguiré leyendo! Saludos,

    Lara

  7. pues es que dices muchas cosas, pero como eres la segunda persona que recomienda es peli me veo en la obligacion de verla, aunque no creo que pueda ir al cine, asi que tendre que recurrir a algun otro medio.
    un saludo

  8. Creo que un futuro así sería perfectamente factible, tal como van las cosas. Como siempre, un gustazo leerte.
    Por cierto, tengo blog nuevo. Te dejo la dirección, por si te interesa: pantera-detrasdelasolas.blogspot.com
    Besos salvajes.

  9. Me parece una bella idea que después de trescientos años, los que existan, sigan disfrutando de los videos porno. De algún modo es una forma de inmortalidad de sus protagonistas. Esa capacidad de propagar y compartir un placer eterno. Me ha parecido hermoso. Claro que soy una romántica.

  10. Hablando de la falta absoluta de agua, te recomiendo, si no la has visto, “El sabor de la Sandía”. Hay que tenerle paciencia pero merece la pena…

    Besos.

  11. Cris:

    Casualmente tengo incluso el dvd de esa peli (no es raro, tengo muchos), y sí, es durilla pero tiene mucha chicha, los asiáticos parece ser que son los únicos que no tienen ningún miedo a experimentar y regodearse en los extremos, aunque hay algún honrosa excepcion en el resto de cine, sobre todo en Europa.

    saludos.

  12. Genial distopía, la tuya, aunque como se dice por aquí poco parece alejarse del futuro que día a día todos colaboramos a forjar. Falta de agua, de ilusiones, de luz, de humanidad, de vida…

    Me entristecen estos relatos, supongo que porque los siento demasiado cerca.

    Sobre la peli de kick ass me alegra tu valoración, proque me regalaron el otro dia entradas para su preestreno y no confiaba demasiado en su calidad, tengo un humor demasiado selectivo.

    Respecto al sabor de la sandía es curioso, porque practicamente todo el mundo me ha dicho que es malísima, pero me gusta el cine asiatico, tiene algo especial, así que intentaré verla y os contaré sobre las dos.

  13. Como siempre, me encanta tu ritmo, pero como casi siempre le encuentro que merece un final más definido.

    Será que soy muy cuadriculado, o que tengo mal dia, pero no es mi relato preferido de los que tienes.

    Gran definición de la religión como “flotador existencial”

    Saludos

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