Noches ProDerm

Es de noche, estamos sentados en una terraza. Estamos todos, y la mayoría hace demasiados años que nos conocemos. Celebramos el cumpleaños de alguien y es sábado. El cumpleaños real fue el miércoles. Tenemos ante nosotros patatas de bolsa y olivas y frutos secos, y esperamos unas pizzas. Quien cumple años es una “novia de”; es una chica neutra, gris y sin sentido del humor más allá de las chorradas más superfluas que estén de moda.
Las chicas se han sentado juntas y los tíos permanecemos en el otro lado de la mesa. Creo que ahora hablamos/hablan de fútbol. El orden habitual de parejas sentadas juntas y solteros sentados de forma arbitraria suele cambiar cuando las chicas necesitan demostrar lo muy amigas que son, se pongan verdes o no entre ellas luego por separado. Al margen de las parejas, somos tres chicos solteros, y una chica, vieja amiga, al parecer, de quien cumple años, y que no sabemos que también está “oficialmente” sin pareja hasta que la cumpleañera se encarga de decirlo bien alto y claro guiñando un ojo para que los tíos solteros tomemos nota y las parejas -aunque lo que sigue es más inconsciente- puedan sentirse un poco más adultas, organizadas, responsables, superiores, etcétera, que el resto.
El novio de quien cumple años es alguien en casa de quien solíamos reunirnos para ver partidos de fútbol o películas o pelis porno. Ahora agarra constantemente la mano a su novia (personalmente no sé que ve en ella, no sólo me extraña que nadie pueda enamorarse de alguien así, también me deja de piedra el solo hecho de que pueda haber quien la aguante una vez se ha vestido), y no para de hablar sobre las botas que se ha comprado, y nos dice que no seamos tontos y las probemos y no para de repetir el nombre de la tienda en la que se las ha comprado.
Siento unas ganas indescriptibles de irme a casa o a otro sitio, pero la huida a estas alturas ya no tiene explicación o excusa posible, sin hablar de lo importante que es un cumpleaños para todos y lo terrible que sería largarme así de repente y solo de la celebración de las veintidós primaveras de Fulanita. Me convertiría en el ogro, alguien realmente indeseable y amargado que no sabe valorar las pequeñas cosas de la vida. Y por otro lado, hay una buena temperatura y estoy en buena compañía (en parte); lastima que se haya producido ya esa especie de explosión rosa conversacional inevitable de cuando dos o más chicas muy jóvenes (y del tipo auto-estereotipadas) se cuentan la vida, riéndose por todo y queriendo ser a la vez muy abiertas pero muy apocadas, muy atrevidas pero muy femeninas, muy salidas pero muy elegantes, etc.
Escribo algo mentalmente; alguien me envió un mail y me dijo que podía interesarme cierto certamen de relatos con alguna posibilidad real de ganar o quedar entre los tres primeros (la única vez que gané uno de esos certámenes no había leído las bases, y ahora alguien tiene en casa un equipo de karaoke que querían encolomarme a mí). Tengo una vaga idea sobre un cuento de pistoleros, un relato sucio sobre el lejano oeste o algo así, algo tan bizarro que no ganaré ni en broma. La idea es el típico llanero solitario que llega a un pueblo, una prostituta se enamora de él, etcétera. Así dicho parece una mierda como un piano, pero las imágenes en mi cabeza cobran fuerza gracias a otros detalles.
La pizzas llegan y son demasiadas. Mientras comemos se produce cierto estado de relajación, un silencio intermitente forzado; creo que el motivo por el que alguna gente es incapaz de estar en calma o sin hablar en compañía de otros es que jamás se sienten cómodos con gente. Yo soy igual en el fondo, pero he ido perfeccionando cierta técnica de aislamiento mental que hace que no me resulte necesario tener que parlotear constantemente para sentirme bien e integrado (en realidad el único secreto para llevar a cabo mi técnica es que no te importe demasiado que los demás prejuzguen que eres raro o un perdedor).

Lo cierto es que la muchacha soltera y supuesta amiga de la infancia de la chica veintidós, está como entre los dos grupos, es la red del partido de tenis. Pero coincide que está a mi lado, y casi enfrente de otro de los solteros. Seguramente Cumpleañera ha pensado que podría intentar liar a alguien con alguien, o al menos pasar un buen rato viendo si nos hablamos o no, o si la chica o yo o el otro soltero intentamos algo, o si -y esto le encantaría- los dos nos colamos por su amiga y acabamos peleados durante meses o algo así. A veces tales espectadores de tu vida hacen que no te queden ganas de hacer nada, de decir nada, sólo de esperar a que todo acabe, y cuando digo todo quiero decir todo; dan ganas de matar a todas las celestinas y ahorcarse con los pantalones de marca de la que más odies. Es ese tipo de gente -es una plaga, en realidad- a quien no les puedes contar nada importante, porque cogerán tu historia y la retocarán hasta que sea ridícula, hasta que tu propia vida íntima expuesta te humille y vuelva a ti para dejarte en mal lugar en el siguiente cumpleaños, y el siguiente, y el siguiente.
La gente suele tener a buen recaudo siempre lo material, sus posesiones físicas, todo lo que dé algún resultado depositado en una bascula; y sin embargo las intimidades más valiosas -las abstractas- las reparten como si fueran caramelos, juegan con ellas, tanto que muchas veces ves a esos grupos unidísimos de amigos o amigas que de repente se llevan a matar de un día para otro; y nadie sabe por qué. Y en realidad la única y aburrida respuesta -dada la conducta humana- parece ser que los secretos son gratis: si tuviéramos que pagar por saber algo quizá la información también nos parecería intransferible y de nuestra propiedad y hoy yo no estaría sentado al lado de esta chica tan agradable y tímida que tiene pinta de estar ya -y con razón- sumamente arrepentida de haber venido. Porque aunque hoy pasara algo entre nosotros, quien quisiera saber más detalles en adelante debería estar dispuesto a pagar. Pero pongo la mano en el fuego: aun con ese sistema habría gente que se arruinaría con tal de seguir escarbando en la intimidad del vecino.

Sigo dando forma al relato de pistoleros. Tengo pensado un inicio potente, algo como la narración de una pelea a puñetazos vista desde dentro del típico Saloon; el protagonista recibe un puñetazo y entra en el local abriendo las puertas de golpe y cayendo al suelo brutalmente entre las mesas. Cumpleañera interrumpe mis ideas porque le dice algo a su amiga soltera, algo sobre si ha visto lo guapos que somos los que no tenemos pareja. Y guiña un ojo. La muchacha sonríe e intenta hacer que el tiempo pase y dejen todos de mirarla. El propósito de Cumpleañera -que está solapado en su tono de broma y su sonrisa que quiere ser de niña pero es más de viuda negra- es el de ver qué cara pone su amiga y cómo reaccionan todos, sobre todo las parejas, al estar claro el hecho de que ninguno de los solteros disponibles que estamos aquí somos nada parecido a guapos. Es el típico comentario retorcido enterrado en falsa inocencia: incomoda a la muchacha, nos incomoda a nosotros, y sirve para el regocijo de los demás. Es la clase de detalles que -en acumulación- separan a la gente más que unirla. Hay cierto tipo de paternalismo odioso que está muy en boga. Seguramente es precipitado sacar conclusiones sobre dicha actitud. Obviamente no todo el mundo tiene siempre mala intención, o la mala leche -más que reconocida entre nosotros- de Cumpleañera, pero es algo cada vez más habitual. Mi teoría es que, por más que dichos cabronazos altivos y pedantes hayan alcanzado ciertos objetivos -ya sea tener pareja estable o licenciarse en X o lo que sea- no están contentos, no acaban de estar satisfechos, o quizá incluso sean infelices. Y por tanto recurren a aplastar a quienes no han alcanzado esos objetivos en su vida, por H o por B, porque no han llegado o querido, o porque básicamente unos somos distintos de otros. Jugando así, este tipo de personas se sienten superiores, y aunque, como digo, quizá no estén satisfechos del todo, al menos tienen las fiestas de cumpleaños para enseñar en cierto modo los galones.
Hay muchos grados de mala leche; a veces ese comportamiento de humillación al prójimo es tan sutil que puedes hacérselo entender a tan sólo algunas de las personas que estén presentes y rodeando a la, llamémoslo con todas sus letras, víctima. Lo que provocas así, con indirectas, es sembrar la duda en los demás, y quizá conseguir que el tema que sea que incomoda o deja en mal lugar a Fulanito o Menganita se ponga encima de la mesa de forma “natural”, como si simplemente hubiese surgido inocentemente. Al parecer, la discreción, a algunos les supone un esfuerzo titánico; la realidad es que mucha gente no está a gusto durante mucho tiempo si no ve cómo alguien cercano lo pasa mal. Suelen escudar sus ansias de morbo en conceptos como la sinceridad total, o amparándose en argumentos sobre lo abiertos que hay mostrarse, lo modernos que hay que ser, etc. Por eso ahora todos en esta mesa sabemos quién tiene pareja y quién no, y por eso la muchacha de mi lado está cada vez más retraída e incómoda por culpa de los comentarios cada vez más “elegantemente” impertinentes de Cumpleañera.

Supongo que suponen que es algo que tiene que pasar, esos procesos de humillación; es decir, sobreentienden que si a ellos desde, digámoslo así, un punto de vista políticamente correcto, les va bien, tienen derecho a hacérselo saber a todos, a utilizar a los demás, a ser condescendientes en el peor de los sentidos. No hay ápice alguno de introspección, casi nadie pensaría en cómo les van a beneficiar los esfuerzos que hagan si dichos esfuerzos no les permitieran a la larga sentirse mejores y más centrados que al menos un tercio de las personas que conocen. Es sólo una impresión (ojalá que equivocada), pero es la impresión que me da a mí como activo observador; y basta con estar presente en este cumpleaños y ver los nimios contrastes: Parejas/Solteros, Cumpleañera/Soltera-amiga-de-la-infancia. Con eso basta para que casi se puedan tocar con las manos las jerarquías.
Pero qué más da, la verdad siempre es lo de menos, y nadie la tiene al completo. Todos podemos decir que somos felices y que vamos tirando, y un largo etcétera de mentiras y verdades a medias bajo las que se acuclillan cientos de conductas en mi opinión deleznables.
¿Viene a cuento decir, por ejemplo, que nadie se suicida porque sí? ¿No?
Cada vez más, me esfuerzo en ser el centro zen de la indiferencia; sigo intentando ver qué va a ser de mi pistolero ficticio. Lo bueno de la ficción es que es libre. En un relato mío, Cumpleañera podría perfectamente acabar empalada como en Holocausto Caníbal. Cada vez que alguien me empieza a caer realmente mal, me lo imagino así, con un palo enorme incrustado por el culo y que le sale por la boca. A veces es una postal mejor que unas paradisíacas playas si la imaginas con la persona adecuada.

La protagonista de la noche -y encantada de serlo- habla con sus amigas y pseudo amigas y novias de amigos… Y de vez en cuando lanza una pullita a la chica sentada a mi lado. La chica/víctima potencial se llama Sandra. Sandra es más bien bajita, guapa a su modo (su modo dulce y nada explosivo), pelirroja, callada (aunque quizá sólo aquí por las circunstancias), tiene el perfil perfecto de blanco de las crueldades “blandas” y aceptadas, de persona que jamás se rebota o contesta por más enfadada que pueda estar, y que encima al paso del tiempo seguro ya no le guarda el más mínimo rencor a nadie. Es eso, el centro perfecto, la frágil flor en medio de todas esas hijas de puta cada vez más numerosas, esas plantas carnívoras que están siempre sedientas de un nuevo rumor, algo más de lo que poder hablar para evitar pensar. Esas “buenas personas en el fondo”, esas “bromistas” sin imaginación o mundo propio alguno.
Y lo más bajo es ver cómo algunos de los tíos que conoces desde hace diez años ahora también son así, de repente saben vestir (como sea que haya que vestir ahora) y ya nunca les oyes decir nada ingenioso. Es más, incluso se piensan más maduros cuanto más insensibles parecen. Quizá sencillamente la gente cambia a peor al saberse más adultos, o puede que a algunos los flujos vaginales de pareja estable les trastoquen el lóbulo frontal.
A todo esto, mi pistolero se levanta del suelo del Saloon, pero el tipo que le ha dado el puñetazo no entra en escena. El pistolero tiene una ceja abierta que borbotea sangre, y se encamina hacia la barra, pero entonces Cumpleañera dice:
– ¿No te gustan mis amigos, Sandra? ¿Tendrás que mojar este verano, no?
Sandra sonríe, sacando fuerzas de flaqueza, se pone roja. Me entran ganas de decir algo, de contestar a alguna de las pullas, pero Cumpleañera podría estar esperando algo así, podría tener el comentario preparado por si alguno de los solteros sale en defensa de la chica. Y no puedo darle ese gusto. A Sandra no le vendría mal comenzar a guardarle rencor a alguien de vez en cuando. Y Cumpleañera dice:
– ¡Ay Sandra, Sandrita! ¡Que es broma, tonta!
Y hace un guiño.

El pistolero cierra el ojo derecho intentando que no le entre sangre. Pide un vaso de agua. Los tertulianos y demás habitantes del Saloon sueltan un risotada. Y me quedo bloqueado, no sé cómo puedo continuar, no sé aún cómo conocerá a la prostituta ni por qué ella se sentirá atraída por él. Porque mientras se va acabando el hambre aun con dos pizzas intactas sobrantes, Cumpleañera sigue pinchando a su amiga; puedo oler el perfume que lleva la muchacha, y casi sin mirarla puedo notar que está apunto de decir algo o echar a llorar. Puedo imaginarla arreglándose en casa y dispuesta a venir aquí para pasar encantadoramente desapercibida. Entre los temas que Cumpleañera ha sacado hasta ahora para fastidiar ha habido de todo, hasta ha insinuado que la chica se duchaba con su padre hasta los doce años. «¿Verdad, Sandra?», «¿Cómo se llamaba aquel chico que te dejó?, bueno que cortasteis, ¿Frank?», «¿Quería que le llamaran Frank?», «¿Estabas muy colada por él, no? Pobrecita…». Y Sandra no dice ni mu. Algunas de las parejas evitan sonreír al ver que la muchacha ya está visiblemente incómoda, se miran entre ellos, vislumbran futuras conversaciones; esta noche no es más que el caldo de cultivo de decenas de rajadas futuras con Sandra ausente. Las charlas paralelas se suceden y de vez en cuando Cumpleañera vuelve a la carga.
«¿Estás llorando?», «¿Por qué lloras, tía?».
Sandra finalmente llora. Nadie dice nada. La muchacha se levanta y se va. Una de las chicas, otra “novia de”, saca de su bolso la cartera y de ésta cincuenta euros. Cumpleañera va hacia ella y los coge. Y dice:
– ¿Estaba llorando o no?
– Que sí…, estaba llorando – dice la tal “novia de”, otra chica morena que al parecer comparte aficiones con Cumpleañera. Alguien murmura con indignación que cómo le han hecho eso a la chica, pincharla así, apostar…
– Sí – dice Cumpleañera -, pero bien que os lo habéis pasado.
Y añade:
– Ay pobre, voy a hablar con ella… Ya veréis como enseguida se le pasa.
Por algún motivo, nada de lo que ha acontecido me sorprende en absoluto. Tan sólo parece una evolución natural de nuestra conducta hoy. Bien visto, Cumpleañera tiene más razón que quien se ha indignado por la situación. Ninguno hemos defendido a la muchacha, todos hemos mirado, hemos esperado a ver adónde llegaba la historia, a ver cuándo explotaba la víctima. Sencillamente ha sido otra ejecución emocional en directo, sólo que con dinero de por medio. No es nada tan llamativo cuando demasiadas personas se reúnen.
A los pocos minutos, Cumpleañera trae de nuevo a Sandra, que no había ido muy lejos. Unos metros antes de llegar adonde estamos los demás, vemos cómo la abraza; es obvio que hace ese gesto para que la veamos, para que todos pensemos que no pasa nada. Sólo es una chica mala “pero buena en el fondo” que quiere mucho a su amiga de la infancia. Sandra vuelve a sentarse a mi lado. Cumpleañera vuelve a su sitio, parece intentar llorar con… ¿arrepentimiento?, sin mucho éxito. No sé cuántos creen ahora que en el fondo ella no es mala persona, o que se ha equivocado pero no tiene mal corazón, pero de todos modos seguirá quedando como alguien con recursos para este mundo, y Sandra, de ser una chica anónima con cierto atractivo y una dulce timidez, ha pasado a ser una pobre inocente que no sabe defenderse y que sufrirá mucho más en el futuro a manos de Cumpleañera y similares.
Chuck Palahniuk escribió que aunque muchos no hemos vivido ninguna gran guerra, nuestra guerra es la guerra espiritual, y nuestra depresión es nuestra vida. Pero no sé si ese principio encaja más con cómo es Cumpleañera o con la actitud de Sandra, que ha vuelto, ante todos, y sigue sin hablar.

La puta de mi cuento será una sosias de Megan Fox; la descripción será esa; divagaré con eso hasta que se me ocurra cómo la junto con el pistolero. Se me están ocurriendo algunas ideas más, y aunque son de los más tópicas, me apetece teclearlas, ver cómo quedarán en el word. Cumpleañera sigue de charla, ahora intentando calmar a su amiga delante de todos, comenta que se ha pasado, que no debería haber sido tan cabrona, que a veces se le va la olla, etcétera. Es obvio que ha visto que el resto, aunque satisfechos en el fondo de haber venido, no han aprobado su actitud. Y sí, lo violento que resulta tener ahora a Sandra otra vez entre nosotros no hace más que confirmar que sólo es cuestión de días el que vuelva a sufrir otra humillación similar, y quizá peor que la de hoy; la vida suele explorar nuestros límites si no somos igual de capullos que los demás a tiempo.
Mientras oigo respirar pesadamente a la muchacha y vuelvo a sentir su perfume, veo cómo la puta de mi cuento llega al Saloon y le da conversación al pistolero con la cara llena de sangre y bebiendo agua. La mezcla de rudeza y torpeza del tipo hace que ella se ablande. Es un buen principio, al menos si lo traduzco bien en acciones; tendré que currarme las descripciones y hacer que al lector le interese mínimamente qué va a ser de los personajes.
Veo escenas violentas y duelos, quiero meter en la cabeza de quien lea el cuento esos planos a lo Sam Peckinpah, y que no sepa si le está gustando mucho o si le parece una memez, una historia sobada de novelilla del oeste. Otro tópico que me gusta y que escribiré tendrá que ver con el pasado de la puta; creo que estará liada con el sheriff del poblado, y que él estará enamorado de verdad de ella. Creo que efectivamente será una historia previsible, pero me divertiré escribiéndola. Quiero que sea simple como el argumento de un videojuego pero potente visualmente como el mejor Sergio Leone. Si hay algo que me guste tanto como ganar esos certámenes de relatos, es imaginar que el jurado se lo ha pasado mejor leyendo mi cuento que el del ganador, que, como siempre, seguro será calculadamente ambiguo pero no demasiado, calculadamente crítico pero no tanto como para desafiar o incomodar al lector. Etc. En pocas palabras, bueno pero también aburrido. Siempre es mejor un tópico brillantemente construido, que una provocación que se queda a medias y sin instalarse en la retina de nadie.

Cumpleañera dice que lo siente, pero que tiene que madrugar mañana. Todos comenzamos a levantarnos de nuestras sillas. Y entonces comienza una de esas largas y extenuantes despedidas, de esas que intentan ser muy amables para no parecer secas o inapropiadas, y que se alargan hasta consumir la paciencia de cualquiera. Empeora la situación el hecho de que muchos están aquí vía Facebook o similares, lo cual quiere decir que hacía mucho que no veían ni querían ver a Cumpleañera, lo cual da paso a la subsguiente retahíla de mentiras e hipocresías; que si «tenemos que quedar para tomar un café», que si (e incluso llegan a concretar fechas) «la semana que viene te pego un toque», y así durante más de veinte minutos de intercambios sobre lo mucho que querían verse pero no tenían tiempo, o dinero, o que si el trabajo… hablan como si acabaran de salir de una jaula y lo primero que hubieran hecho es quedar para cenar con quien más quieren.
Y a todo esto, Sandra se va a un rincón y se dedica a mirar al suelo.
Todos van marchándose, incluido el novio de Cumpleañera (aún no viven juntos, se dice que él quería pero ella aún no; me hago una vaga idea de por qué).
El verdadero nombre de Cumpleañera es Verónica (Vero hasta para su loro), y es exactamente como la imaginas, con el perfil de pija de tienda de ropa interior femenina que podría dinamitar cualquier matrimonio-por-inercia sin demasiado esfuerzo. Morena, buenas tetas y culo (forma de guitarra), y lo que muchos llamarían “cara de guarrilla”. Es ese estereotipo de chica con quien los tíos decimos que nunca iríamos cuando estamos hablando con alguien del sexo opuesto y con perspectiva de joder a corto plazo. Porque lo que nos interesa es el interior, o que al menos haya un equilibrio, y tópico, tópico, tópico, y blablá, blablá, blablá…
Cuando todos han salido de la casa (incluido el novio, quizá algo mosqueado por cómo ha arrancado su coche), Vero me dice que espere un momento mientras le da un abrazo Sandra, que lleva como media hora catatónica, facialmente al borde del suicidio, como si estuviera tomando alguna decisión drástica respecto no solo a ella misma, sino a toda la humanidad. Yo también le doy doy dos besos, y la muchacha se mete en su coche y los dos la vemos arrancar y desaparecer en la primera curva. Durante dos minutos nos quedamos callados, como esperando oír un violento choque o algo así.
Pero no pasa nada.
Y Vero/Cumpleañera dice:
– Hoy no puedo, es verdad que madrugo. ¿Mañana puedes quedar?
Y digo que sí sin mirarla a los ojos.
– Alberto se va tres días fuera a trabajar – dice.
Alberto es como se llama su novio, amigo mío desde que descubrí que se me podía poner dura. Y asiento con la cabeza, sin decir nada. Y camino. Vero me ve alejarme hacia mi coche. Le digo al suelo:
– Te llamo al móvil.
Ella se mete en su casa sin añadir nada más. Estoy algo cabreado (muy cabreado). Tengo que masturbarme antes de irme a casa.
Cuando acabo, saco un kleenex y me siento mejor al recordar que tengo ideas tópicas y divertidas que escribir. Arranco el coche. Con todo, y que esto quede claro, el día entero ha sido una perdida de tiempo. Follar es lo único que puedes hacer a gusto con una persona que odias.

[Parece que hay un ya casi género cinematográfico actual inspirado en el cine de acción de los ochenta y noventa (y hasta de antes) que resulta mucho más sugestivo e inteligente que aquellas pelis basura (ya fueran muy caras o de serie B, o Z o lo que sea. Hasta Stallone parece estar autoparodiándose (¿sutilmente?) de algún modo con “The Expendables”, cosa que ya hizo en el último “Rocky”. Un tipo que ha dedicado su carrera a recuperar cierto tipo de cine para lavarle la cara, por decirlo así, es Robert Rodriguez (también Tarantino, pero creo que en el caso de Tarantino hay más CINE, más sello personal). De todos modos, y aunque aún hay que ver la peli, “Machete” (trailer arriba) parece el resultado definitivo de este estilo de referencia al cine comercial de género (y no tan comercial) del pasado, centrado en tipos duros sin mucha neurona, y tías buenas, etc; lo que en aquellas pelis podía ser ridículo, misógino, etc, en estas nuevas pelis se convierte en (para mi gusto) comedia de primera clase.
Por otro lado, ya ha salido el tercer número de la revista digital “A-Zeta” (link en el blogroll), en la que colaboro y para la que esta vez he escrito el relato “Alguna clase de monstruos”, que es inédito (o sea, que no está en el blog), y que me costó mis buenos sudores y tacos. Echad un vistazo a toda la revista (yo ya lo he hecho), en todas las secciones hay algo interesante que llevarse al cerebro.]

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27 comentarios en “Noches ProDerm

  1. Un texto que ha logrado inquietarme, una buena cuota de angustia seca, de esa que queda cuando uno descubre que no está a gusto con la realidad que le toca, con la realidad que se ha fabricado…esas situaciones de incomodidad en que nos colocamos por simple inercia o por no aceptar que es preferible estar solo que mal acompañado.

    Me quedo releyendo este estupendo relato.

    Saludos!

  2. Me ha encantado el final!

    La verdad es que describes perfectamente las situaciones típicas en un grupito de amigos de esa edad y mas mayorcitos tambien. La gente no cambia tan fácilmente. Lo peor de todo es que si no tienes una personalidad lo suficientemente fuerte acabas haciendo lo que la sociedad te dicta que debes hacer para adaptarte y sentirte integrado con el resto.

  3. Me apetece mucho ver cómo sigue lo del pistolero. Eso del vaso de agua en un Saloom típico me parece genial. Todavía puedo oír las risotadas del personal.
    ¿Vero no tiene nada que ver con la prostituta del relato, ésa que todavía no sabes como juntar con el de la ceja rota?

  4. Retrato crudo, sin colores pastel. Y de no ficción. Resulta creíble hasta el insperado final. Vero es una perfecta insoportable hija de la gran puta (solo la salva que tiene un loro), pero el prota, no tan insoportable, no le va a la zaga (y él lo sabe porque de tonto no tiene un pelo).
    Empecé el relato pensando en qué momento aparecería la sorpresa en forma de nave espacial o extraterrestre……pero no, todo fué muy muy real.
    Me ha gustado.

  5. ESto es como aquello de : “A los hombre les gustan rubias, pero se casan con las morenas”. En esta ocasión podríamos decir: “Al protagonista le cae bien la pelirroja, pero se tira a la cabrona con cara de guarrilla”, jajajajajjaja!!!
    Me ha sorprendido ( y no sé porqué, la verdad, quiero decir que no debería sorprenderme conociendo cómo escribes ) lo bien que describes a las chicas “…muy jóvenes (y del tipo auto-estereotipadas) se cuentan la vida, riéndose por todo y queriendo ser a la vez muy abiertas pero muy apocadas, muy atrevidas pero muy femeninas, muy salidas pero muy elegantes, etc.” Yo también lo he pensado esto algunas veces.

    Eso sí, debo decir que el final no me ha sorprendido del todo. A partir de “Vero me dice que espere un momento mientras le da un abrazo Sandra, que lleva como media hora catatónica…” he pensado, a que se la tira?, y bueno, ha quedado aplazado, pero el objetivo era el mismo 🙂

    ¡Ah!, me encanta esa mezcla entre la historia que se está desarrollando en el exterior y la historia de vaqueros del interior de la cabeza del prota y esa manera sutil ( que no sé si es adrede o no) de ligarlas por medio del aspecto físico de Vero, que a mí me ha parecido muy similar a Megan Fox, que al tiempo dices que sería la apariencia de la prostituta de la historia de vaqueros.

    Besos selváticos.

  6. Lamento no poder acercarme más a tu casa, pero tus textos requieren atención y un tiempo que no tengo, no tengo tiempo ni para mi blog. Pero gracias por pasarte de cuando en cuando y prometo que intentaré venir y leerte con la atención que mereces.

    Saludos

  7. Cumpleañera es una bitch con todas sus letras… Y como finiquitas su historia, hombre!! jajaja, es cierto, follar es lo unico q puedes hacer bien con alguien que odias…
    Me gustaria leer el western! 😀

    Saludos, y gracias por pasar por mi blog de vez en cuando…

  8. Me ha deprimido un poco porque me ha recordado a ciertos momentos de mi vida. Cierto tipo de reuniones, cierto tipo de personas… ciertas obligaciones que una tiene de vez en cuando. Afortunadamente no siempre es así y afortunadamente una madura y evita ese tipo de obligaciones cada vez con más facilidad.
    También es cierto que todo depende del pie con el que uno se levante para verlo todo verde (mejor que rosa) o negro.

    En cualquier caso, escribe ese relato de vaqueros y no te acuestes con la cabrona la próxima vez. Hay tias buenas que además, son buena gente. Bueno, en el caso de que el protagonista seas tú claro…

    Un saludo.

  9. No pude leer todo, llegué hasta:

    “Me convertiría en el ogro, alguien realmente indeseable y amargado que no sabe valorar las pequeñas cosas de la vida.”

    ….. y aunque sea ficción, uno, en cada escrito refleja algo de lo que es….

    Saludos

  10. “….. y aunque sea ficción, uno, en cada escrito refleja algo de lo que es…”

    En mi opinión, eso es una perogrullada.

    Yo he escrito relatos enteros partiendo de una foto, por ejemplo; lo unico que tenían que ver conmigo esos relatos era que los había escrito yo.

    Gracias por pasar e intentar leer.

  11. hola jordim….gracias por tu entrada en i blog….desde luego , lo que tú escribes tb es interesante, y para ser ficción…mucho ´más…un beso

  12. La vida es la que nos toca pero podemos cambiarla, por lo menos intentarlo, que mas da arriesgar y perder si ya estamos perdidos.
    Esccribes muy bonito.
    Primavera

  13. La narración trasciende de la acción al pensamiento viajando hasta la metaficción con fluidez y magnetismo. Es, además, divertido en ambas tramas, la del mundo interno y la del mundo externo. Engancha de principio a fin, como propone, proyectando un montaje de imágenes de nuestra aburrida realidad bajo un prisma diplomático hasta el sadismo, y de la más emocionante ficción con tinte maestro del cinematográfico género de acción. Además, consigue hacer que ambas proyecciones se fundan coherentemente, como el hielo en el agua. La metaficción está construida con precisa intertextualidad. Y en cualquier párrafo es capaz de arrancarte una sonrisa o dejarte atónito. He disfrutado incluso más que con Transmutación. En cuanto pueda leo el que dices has publicado en A-Zeta y le echo otro vistazo a la revista.

    Pd) ¿A qué te refieres con ProDerm?

  14. jajajajaja jordim, me ha encantado ese “gracias por intentar leer”

    yo no sé como serás o dejarás de ser, pero creo que todos tenemos cierta curiosidad por saber quien se “esconde” al otro lado de la pantalla para escribir, de ahi que la gente intenté encontrar detalles de tu propia persona en tus relatos

    un saludico!

  15. Joaquin:

    Gracias otra vez por tu atenta lectura. Y por los halagos, claro. Sigo en ello.
    Proderm: Productos para el cuidado y embellecimiento de la piel.

    neko:

    Ya sé que está muy de moda el chismorreo y el hurgar en los cajones de la gente. Pero yo creo que si se sabe demasiado de quien está tras las cortinas se pierde buena parte del encanto de cualquier obra de arte (si es que lo mio es arte..) 🙂

    Saludos a todos.

  16. Desde luego como fueras todo lo que escribes darías un pelín de miedo.
    A mi la verdad es que me intrigas, pero te doy toda la razón es mejor así, y yo creo que para mucha gente, si, eres un artista.

  17. Jordin he venido a conocerte…

    Y si quieres que te sea sincera, no voy a leer tu entrada, pues me resulta muy larga, y soy perezosa…

    ya de entrada como ves.. no es que sea especialmente dulce, en mi forma de ser.

    Y por otro lado tu comentario en mi blog está bien.. es real.. la bondad nunca es gratuita y yo particularmente entono un mea culpa, de que no siempre soy todo lo bondadosa que debiera.. sin prejuicios, sin ideologias, sin religiones, bondad, por amor al ser humano y al fin por ser feliz.

    pero …

    te hubiera gustado mas que en mi blog te invitara a matar a tu vecino????

    son sólo palabras.. pero yo prefiero las otras..

    aunque evidentemente tu dudes de mi bondad, lo cual está muy bien pues puedo no ser-lo tanto como presumo…y llevarias razón..

    pero no me gusta la violencia, ni las armas, ni el terror.

    Un beso

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