Saber comportarse

El colega con el que crecí está tirado y borracho en mi sillón de tres plazas (mi mueble más preciado), y está babeando y no para de repetir lo buena que está Gemma Arterton, que es, en presente, la típica partenair femenina en las películas americanas comerciales, con todo lo que eso supone: enseñar palmito, gritar, y finalmente tirarse fuera de plano al protagonista, algún actor cuarentón y conocido en cualquier lugar de la Tierra.
En la última entrevista de trabajo, donde tenía que apuntar mis aficiones, puse que la mía era «Tocar a mi novia». El entrevistador era en realidad entrevistadora, y ese dato dio paso a una conversación absurda, porque no tengo novia, y porque de todas formas eso no tiene nada que ver con la labor que desempeñaría en dicho trabajo; un trabajo mal pagado con el que de todas formas acabaría amargándome en cuestión de semanas.
Mi colega habla sin parar y cambia de tema cuando le da por cambiar de tema y parece estar más lúcido en cuanto a sus razonamientos que cuando está sobrio. Está amaneciendo y le he traído aquí porque no podía conducir hasta su casa en ese estado. Tengo un recuerdo vago de lo que hemos hecho toda la noche; hemos estado con más gente, la mayoría desconocidos, y el único local en el que ponían buena música estaba tan mal sonorizado que he confundido un tema de Pearl Jam con uno de Sidonie. Mi amigo de la infancia dice:
– Tío…
Dice:
– Esos cabrones… esos come-cocos…
En la tele hay una mujer de unos cuarenta años en lo que parece la repetición de algún falsamente amable programa de sobremesa. Parece dar consejos sobre cómo levantarse cada día con el pie derecho. Así es como se expresa. Evita pronunciar palabras demasiado concluyentes como «felicidad» o «dinero». Y mi colega farfulla:
– Esos matasanos están a la altura moral de los publicistas y las sexólogas…
– Tío -le interrumpo-, duérmete ya, apaga la tele.
– Se creen que porque les obligaron a leer a Freud en la carrera ya pueden…
Desconecto. Me voy a mi habitación. Mi cama da vueltas y la última imagen que pasa por mi mente es Gemma Arterton. Pero no consigo imaginarla desnuda y estoy demasiado cansado para hacerme una paja.

Estoy en McDonald’s. Mi colega sigue conmigo. Se llama Raúl y ahora dice que le duele la cabeza, que nunca le duele la cabeza, que es extraño. Luego hace una pausa y dice:
– Tío, me duele cantidad. Y es raro, porque nunca me duele.
– Tienes resaca.
– Qué va, otras veces he bebido más. – Una chica pasa por nuestro lado, va de rosa y blanco: rubia, zapatillas Nike sin calcetines, minifalda, minisueter, miniestatura, preciosa de cara. Menor.
– Tío… – susurra Raúl, y cabecea hacia la chica. Ni siquiera parece estar desarrollada del todo -. Así debía sentirse Timothy Hutton en Beautiful girls cuando veía a Natalie Portman.
Con el hambre acumulada, el menú que estoy devorando me parece la mejor comida del mundo.
– Tío – dice Raúl -, en serio, no sé qué puta manía le tiene la gente a McDonald’s, es un rollo de pijos que nunca han pasado hambre.
– Tú tampoco has pasado hambre nunca.
Silencio.
– Oye… pero yo sé valorar la comida…
Al rato, la chica menor pasa con su bandeja y se sienta en la mesa que hay de espaldas a mí. Está sola. Ha pedido un menú infantil. Raúl dice que eso le pone aún más cachondo.
– Déjala en paz – digo.
– Oye, a mí se me dan bien las tías, no me jodas, ya lo sabes – susurra.
– Pero no eres Timothy Hutton.
– Y qué coño importa… él tampoco es Johnny Deep.
– Seguro que sólo quiere comer tranquila y largarse de aquí. Esto no es una peli de Ted Demme.
– Ted Demme está muerto, déjame en paz…
– ¿Ted Demme está muerto?
– Sí, joder, Ted Demme está muerto, le dio una infarto jugando a baloncesto o algo así.
– No tenía ni idea.
– Oye, no intentes cambiar de tema. Sólo quiero saludarla, creo que me suena.
– Bueno, haz lo que te salga de la polla, yo no quiero saber nada.

Despierto. Es lunes, once y media, y no hay nada que hacer. Cuando conecto el móvil tengo siete perdidas de Raúl. Y un mensaje:

“Me la he tirado”.

No sé por qué, abro el segundo cajón de la mesilla, y veo pañuelos y un reloj de pulsera que hace años que está sin pilas. Lo cojo y no tengo la sensación de haberlo tocado jamás antes. Me resulta extraño a la vista, grotesco, sólo algo que llevaría alguien con muy mal gusto. Lo suelto y cierro el cajón. El móvil comienza a chillar y es Raúl, pero decido dejarlo sonar. Me visto con bastante soltura y salgo a la calle. No puedo dejar de pensar en la entrevistadora con quien discutí el viernes pasado. Sí que parecía bastante mayor, pero ahora en el recuerdo no le echo más de treinta y cinco. De todas formas llevaba anillo de compromiso, y tenía pinta de ser una puta del sistema, insatisfecha e insoportable.
Mi móvil vuelve a sonar. Raúl me cuenta cada nimio detalle de la noche pasada, cómo de estrecho sintió el coño de la chica, que era de las que la chupa, etcétera. Yo asiento con parcos “uhm”, como si me estuvieran hablando del tiempo en Alaska. Raúl es de esos tíos que parece que no haría nada si después no pudiera contarlo. Me dice que la muchacha le dijo que tiene diecinueve años, pero que no quiso enseñarle el DNI. Luego me promete que se ha enamorado de ella. Le digo que espere al menos tres años antes de volver a verla. Y me cuelga.
Camino una media hora, me meto en una cafetería/bar/lugar inmundo, un tugurio en el que nunca he entrado. Pido café solo, luego me llega una taza con una especie de líquido amargoso demasiado transparente, y me arrepiento de no haber pedido una Coca-cola. Hojeo la prensa, arranco disimuladamente la hoja de los anuncios de empleo con tres números de teléfono marcados. Doy dos sorbos al café. Salgo de aquí.

Hago la compra y vuelvo a casa. Hace dos meses se me jodió la televisión, ahora tengo un ordenador en la misma mesa del comedor. No echo de menos la tele, Internet te da la oportunidad de sortear mínimamente la publicidad y la basura mediática.
Tercera temporada de “Californication”, décimo capitulo, un diálogo me llama la atención; no parece nada del otro jueves, pero me gusta cómo suena por boca de los dobladores en combinación con la interpretación gestual de los actores. El protagonista (David Duchovny), que en la trama es/era escritor, amanece en su coche descapotable al lado de su antiguo editor después de toda una noche de juerga. Están cerca del mar:
Antiguo editor: Ha sido divertido, deberíamos hacerlo más a menudo.
Duchovny: Mira, yo puedo hacer esto, porque soy un artista; pero tú eres un puto hombre de negocios, un lame-culos con traje de chaqueta. Tienes que saber comportarte.
Antiguo editor: No me parece justo.
Duchovny: Yo no hago las reglas…
Pausa.
Duchovny: Eres un buen amigo, calvo hijo de puta… Tengo suerte de tenerte.
Antiguo editor: Lo mismo digo.
Y luego el diálogo sigue, ya volviendo de lleno a la trama del capítulo. Tengo que ver esa escena tres veces antes de quedarme satisfecho. No sé el motivo. El móvil suena otra vez. Es Raúl y lo dejo sonar. He comprado tan poca cosa que mañana tendré que volver a comprar. Comida, quiero decir. De todas formas algún día se acabará el dinero. Creo que sería un buen mendigo de todos modos, de los que respetan a sus iguales y no putean a nadie. De los que no se vuelven especialmente violentos ante la necesidad. No sé cuántas de las cosas que ahora tengo echaría de menos. Quizá casi nada, o quizá todo.

Por la tarde, en casa, vuelve a sonar el móvil y vuelve a ser Raúl, siempre es Raúl, sobre todo entre semana. Me dice que hablaba en serio cuando decía que esa tía le gusta. Le digo que tiene dieciséis años, a lo sumo, que de qué coño está hablando.
– No tiene dieciséis años…
– ¿Te ha dicho la edad?
– No se la he vuelto a preguntar.
– …
– Oye, tiene la suficiente, tío, tú no la has visto desnuda.
– Eso desde luego, tú debes ser el segundo o así que la ve desnuda, después de su madre.
Me cuelga. En cierto modo, tengo algo de envidia, muchos pagarían por tener sexo con esa cría si supieran que nadie va a saberlo jamás, si no hubiera consecuencias posibles. El problema de Raúl, es que para él no sólo es una cuestión de carne; o quizá sí lo es al principio, pero después siempre se queda prendado; da igual cómo sea la chica, si ella se abre de piernas para él, él entonces cae rendido en su perfumado regazo. Algunas no han dado crédito de ciertas anécdotas del pasado. Lo cierto es que es una víctima de las mujeres igual que un canceroso lo es de la enfermedad. Ellas no tienen la culpa, pero creo que él tampoco.

Cuando despierto al día siguiente, tengo serías dudas sobre qué día es. Luego decido que no importa, me levanto, me ducho, me visto…
En la calle, camino, hoy una hora, entro en un bar o algo así… Hay un señor, un tipo de unos cincuenta años, sudoroso, parece realmente harto de seguir vivo. Aunque hace un calor increíble, sólo hay un pequeño ventilador en la barra, y no me llega una brizna de aire. Aun así, me siento y pido una cerveza. El tipo asiente, sin decir nada, rebusca con el brazo bajo la barra. Me levanto y pregunto si tiene algún periódico. El tipo señala el ventilador. Veo que junto a éste está la prensa del día. Respiro aliviado.
Me bebo la cerveza en tres tragos. Me digo que fumaré un cigarrillo y saldré de aquí. Mi móvil vibra cerca de mis huevos. Lo saco de mi bolsillo. Un mensaje:

“Tiene 19 años de verdad, he visto su dni”

Sonrío para mí mismo. Me guardo el móvil. De repente, el tipo sudoroso, como si esto fuera una película antigua de acción, estuviéramos en una taberna y él hablara en un inglés cerrado de Texas pero doblado por alguien de Valladolid, dice:
– Qué pasa, amigo, ¿buenas noticias?

Por la tarde, decido dar una vuelta por el centro. Estoy casi seguro de que es martes y no me siento especialmente chafado. Creo que es porque no hace tanto calor como otras tardes, incluso con el gentío que viene y va, las crías de vacaciones y todos los que vuelven del trabajo. Incluso con los coches, las prisas y la acostumbrada contaminación que me rodea, no me siento agobiado. Decido llamar a Raúl mientras camino. Me coge el teléfono enseguida. Le digo que dónde está, que si quiere tomar algo, a no ser que esté con su princesa mayor de edad, claro.
Un silencio al otro lado de la línea. Luego, casi imperceptible, Rául dice:
– Tío…
Dice:
– Me ha dicho que le doy mal rollo… Que no quiere verme más.
– ¿Que le das mal rollo?
– Sí, tío… No sé qué coño hacer…
Pausa.
– Oye,… ¿estás llorando?…
– … No…
– Pero tío, la conoces de antes de ayer…
– Dice que no le gusta que esté siempre mandando mensajes con el móvil y hablando con otros…
– Joder… ¿Y tú te has colado de esa?…
– Oye, no lo puedo controlar, ¿vale? Es así, no puedo cambiarlo.
Cuelgo el teléfono, espero que causando el efecto de colega mosqueado. Pero en realidad no tengo ganas de seguir hablando de ese tema. No tiene salida alguna y siempre es la misma puta historia aburrida. Creo que se entiende si digo que el amor es algo de lo más trillado y pasado de moda. Y no solo eso, además caduca. Por pocos años que lleves vivo, ya has oído cien mil veces la misma puta historia de amor; y lo peor es que parece que mucha gente no hace más que caer ante los imperativos emocionales de lo que se supone que hay que sentir según lo que todos suponen que hay que sentir. A veces no parece tanto un relación tuya con otra persona como una relación tuya con la opinión políticamente correcta de todos los demás. Es complicado, pero hasta Raúl ha tenido que demostrarme que su nueva novia es mayor de edad, cuando yo mismo me habría bajado los calzoncillos si ella me lo hubiera pedido por mucha pinta de quinceañera que tuviera. No queremos que los demás triunfen, porque si eso pasa, nuestra vida se convierte en un espejismo. No es que deseemos ser el centro de atención, pero tampoco queremos estar al final de la cola. Por suerte yo cada vez me siento más al margen de ese sistema de jerarquías y gilipolleces solapadas en esos simulacros de sonrisa generalizados. He pasado de simular interés y sufrir por lo que creen los demás que soy, o somos, o son, a una estado de se semi-indiferencia de lo más sosegado. En este sistema de valores real que nos rodea, el cinismo podría hacerte mejor persona.

Cuando despierto al día siguiente ya es casi mediodía. Por la noche me pasé dos horas leyendo a Martin Amis. Luego me puse cachondo dando vueltas en la cama con Gemma Arterton rondando por mi cabeza, así que me levanté y recurrí a Internet. Para cuando volví a la cama, estaba agotado por algún motivo que no alcanzo a comprender, pero antes de dormirme ya se estaba haciendo de día.
Aunque ya es casi la una, decido salir a dar mi paseo, en busca de algún sitio en el que aún no haya entrado. Pero como no me apetece ir muy lejos debido al calor y a que he dormido poco y mal, me meto en un bar de mi barrio, y con el aire artificial y el leve siseo de los pocos clientes que hay, me siento un poco mejor. Conecto el móvil y me extraña no tener ninguna perdida de Raúl. Estoy a punto de llamarle, pero luego decido que no me apetece, comienzo a sentirme como una especie de madre falsa e incompetente con él. La tele está puesta con el volumen demasiado alto. Desde donde estoy, puedo ver un graffiti al otro lado de la calle en el que pone: “Tu vida es una puta mierda, y lo sabes”, y que curiosamente nadie ha borrado aun estando entre otro bar y un quiosco.
Salgo a los quince minutos, con ansia de volver a casa y combatir el calor de algún modo.
Al llegar, veo que han dejado mensajes en el contestador automático. Me extraña que nadie me haya llamado al móvil. Al escuchar los dos primeros mensajes, todo me cuadra más. Son dos citas para entrevistas de trabajo, deben tener una política de nulo acercamiento en ciertas empresas, quizá consideran que llamar al móvil es algo muy personal. Vete a saber, puede que básicamente sea la forma sutil de darte a entender ya desde el principio que si te contratan no vas a ser más que otro dígito de refuerzo. El tercer mensaje es una voz de chica; tras un leve siseo y varios titubeos, me doy cuenta de que es Sandra, una prima de Raúl; repite mi nombre dramáticamente varias veces. Dice que ayer por la noche Raúl se suicidó tirándose desde la azotea de su edificio, y que siente no tener fuerzas para comunicármelo de otra manera.

[Al fin llega a las carteleras una película interesante de verdad, ya hacía semanas que no ocurría. “Las posibles vidas de Mr Nobody” llega con interesantes críticas e imágenes (trailer arriba) potentes y evocadoras. Y abajo, la muchacha citada en el relato, la deslumbrante (al menos físicamente) Gemma Arterton.]

40 comentarios en “Saber comportarse

  1. Que bien ha sido leerte, Jordim.
    Que escribes bárbaro! eso ya lo sabes y no me importa repetirlo.
    Ácido, crudo, real… como siempre. Bien logrado.
    Ordenado en mi cabeza de esa manera especial; caótica.
    Me gusta mucho lo que haces, de verdad, no me detengo a comentar todo porque he de suponer que escuchas mucho “me ha fascinado” y bla bla bla, pero si leo… leo todo y releo cuando Feuerbach empieza a sacarme de quicio y generalmente le manoteo al libro, no le manoteo al ordenador porque me queda algo lejos y porque tu trabajo termina dejándome un dulzor espeso en la comisura de los labios.

    Un abrazo y un beso.

  2. Quiero dejar en claro que este relato me ha gustado bastante… pero que conforme leía no podía evitar pensar en el mal chiste aquel del tipo que se pierde en una isla desierta con… Bueno, ponga aquí la actriz de su preferencia, digamos Natalie Portman… Después de 2 meses ella decide que ya que él es el único hombre en la isla, pues no hay que hacerle el feo… Viven semanas entras de apasionado y carnal romance, hasta que unos tres meses después él empieza a mostrarse osco y malhumorado… Ella le pregunta qué le pasa, si hay algo que pueda hacewr para ayudarle y etcétera… tras mucho pensarlo él le pide que se vista de hombre y se haga un bigote falso… Cuando la ve disfrazada se le ensancha la sonrisa y animadamente se acerca; “Tío”, le dice “a que no sabes a quién me estoy tirando”… He, yo dije que era malo

  3. Esa misma historia de amor… qué cierto es que se repite y repite… todos los días.

    Y el dialogo de David duchovny, maravilloso. Me lo voy a apuntar para decírselo a un amigo… jijijiji.

    El relato, maravilloso, como siempre. Con puñetazo en el estómago incluido.

  4. Amor però sempre amb independència de l’altre.Si no el resultat sempre acaba essent el mateix en els casos de que no funcioni…

  5. Pues yo me lie el año pasado con una de 19. Me mosqueé cuando me dijo que iba al instituto… algo no me cuadraba pero el misterio se resolvió cuando confesó ser repetidora.

    Magnífica historia, me encantaron las referencias a Beautiful girls y la “supuesta” comida basura.

  6. Umm… lo del suicidio es muy “chof”. Hoy en día todo el mundo se enrolla con todo el mundo y la edad no es algo que importe demasiado. A mí no me importa, aunque me muevo en otra franja, la de los adolescentes de treintacincuenta ;P . El relato me ha enganchado, pero creo que tiene más motivos para suicidarse el narrador, que es el que no moja.

    ¡Saludos!

  7. Hola Jordi,
    Mi circuito neuronal de lavadora no da para más. Hace tiempo que quería enlazarte y lo voy a hacer ahora, que la neurona está encendida.

    El relato me encanta. Este acercarse a nuestra realidad por el lado (no salvaje, no) real de la vida.

    Saludos.

  8. Los humanos solemos dar simples llamados de auxilio que a veces no comprendemos ni nosotros mismos. Para no asustarnos con lo que en ellos decimos, buscamos distraernos encontrando culpas en las conductas ajenas…pretendiendo “buenos modales” que en realidad terminan socavando hasta los verdaderos afectos.

    Un buen texto que deja pensando…

    Saludos.

  9. Buen final, dramático, como a mi me gustan.

    Frase lapidaria:
    “A veces no parece tanto un relación tuya con otra persona como una relación tuya con la opinión políticamente correcta de todos los demás.”

    Y sobre todo :
    “Tu vida es una mierda y lo sabes” … sensacional. Con tu permiso la usaré como perla en el blog un dia de estos.

  10. Una historia que deja en claro que la soledad luce diferente en distintas personas…

    A algunos no les resulta sencillo “vivir”, y menos aún saben lo que es realmente “amar”

    Muy buena historia!

    Saludos!

  11. Me recuerda gratamente a los primeros relatos que leí tuyos. El personaje en ningún momento está al servicio de la narración (error más común en mis baldíos textos), sino que lo acompaña en un sólido y humilde punto de vista que nos previene de los acontecimientos con tranquila naturalidad.
    Sencillo como el primer Bukowski; completado con un final que termina de decidir y definir el tono del relato.

    Espero que ya estés al tanto, pero me gustaría recomendarte la película Canino, premiada en Cannes 2009, que con una estética hiperrealista narra una historia que roza el corte surrealista. Destaco, mayormente, el trabajo con los actores, poco envidiable al de Trier, que también investiga con las acciones físicas logrando un resultado incapaz de dejar indiferente.

    Y muy fervientemente también el teatro de Angélica Liddell. Vi en Barcelona su última obra, “Te haré invencible con mi derrota”, que me dejó en estado de shock: narrada con una energía y una vitalidad sobrenaturales procedentes desde el dolor; y no pude evitar viajar al Festival d’Avignon para ver su anterior “La casa de la fuerza”, donde las grandísimas escenas no parecen agotarse nunca, cargadas de enorme potencia visual, interpretativa y literaria, pero, sobre todo, elevada sobre un tsunami de emociones.
    Quiero insistirte sobre su trabajo porque realmente creo que es una Lección de qué es el Teatro… auténtico, auténtico, auténtico y con muchísimo barro.

    Pd) Mr. Nobody pinta estupendamente, espero ir a verla pronto.

    ¡Saludos!

  12. Bien escrito.

    Con respecto a la pasiòn, cuanto màs ràpido llega, màs ràpido se va.

    Y que buena la descripciòn de Raùl, la vìctima de las mujeres! Cuantos hombres, somos asì. No aceptamos un “Touch and go”.

    Un abrazo.

  13. La lástima es que hay gente así por el mundo.
    Gente que necesita ayuda y ni siquiera es consciente de ello, necesita hacer partícipe de una manera tan profunda al resto de humanidad que llega a ser enfermizo. Hay gente muy desequilibrada que solo necesita un empujoncito para hacer alguna gilipollez mortal de ese tipo.

    En fin que jordi, me ha gustado el relato. Me inquieta lo bien que sabes dibujar la sociedad actual.

    Yo también me apunto la peli. No me gusta ver trailers ni leer nada sobre lo que voy a ver porque me gusta ver las películas con la mente completamente limpia, así que me fio de lo poco que oigo y esperaré a ver qué sucede.

  14. “No queremos que los demás triunfen, porque si eso pasa, nuestra vida se convierte en un espejismo.” Joer este tipo de frases son lo mejorr, con tu permiso me la apunto.

    Ya dicen que el amor el fugaz, otro que es una soberana estupidez y otros una reacción hormonal del cuerpo, lo de raúl sería todo junto, aunque el final mmmm lo del suicidio tal vez un poco fácil, para mi mejor una obsesión psicótica XDD

    La peli tiene muy buena pintaa

    Besetss

  15. Muy bueno, me gusta como se entrelazan las historias, y esos mensajes y esas llamadas en las que uno le cuenta al otro alg fundamental, cree, y el otro piensa en otra cosa. Memorable jajajaj, aunque el final corte eso fríamente. El amor, pasado de moda…creo que es cierto.

    Un saludo 🙂

  16. Jordim!
    vaya vida que tienes…! me pregunto si todo eso que cuentas es cierto, y si no lo es … enhorabuena! si no eres guionista ya, estas perdiendo tiempo!!!
    besos!

  17. Me ha dado pena Raul porque a mi forma de comprender lo que has querido narrar he visto a un pobre chico muy necesito de ayuda y que su amigo carece de lo mas minimo vamos que es un perdon por la expresion ehhhh mierd… carente creo de valores personales. bueno lo siento asi lo he sentido, que hayas quedido darle otro toque pues no lo he visto..ja ja ja
    Primavera

  18. Encantada de leerte. (De momento, sólo dos textos, y el del cumpleaños con Vero y Sandra me ha tenido pegada a la pantalla). Como tanto adjetivo no hace más que etiquetar, simplemente decir que para alguien que como yo, lee normalmente por puro placer, me ha dejado la típica sonrisa de asentimiento que dejan los buenos relatos.

    Saludos desde la república.

  19. Que buen relato!
    Cuando después de leerlo vi el trailer de la peli y sono el tema de pixies me dije: este es el tema para este cuento. No se si fue el azar, pero…
    (y si, yo creo en el amor de dos dias, qué importa… el amor dura(lo que dura dura) dicen… je)
    besos

  20. He escogido este post al azar, lo he leído creyendo que estabas escribiendo sobre tu propia vida, sorprendiéndome más que el resto al llegar al final. Muy logrado, un buen blog.

    Gracias por pasarte por el mío, un saludo!

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