La camarera siliconada

Lorna aplasta su cigarrillo en el cenicero, y dice que no le gusta su nombre, pero que tampoco sabe si legalmente se lo puede cambiar, y que de todas formas ya todos la llaman Lorna y sería estúpido intentar modificar ese hábito. Dice que está en una especie de ciclo bajo, luego que se siente fatal y no sabe por qué, y finalmente que últimamente cree que está cambiando algo en su vida. Para mejor. Y sonríe.
Yo asiento cuando creo que ella espera que lo haga, apuro mi cigarrillo agobiado por el hecho de si debería encenderme otro enseguida o si debería esperar unos minutos. Lo que haría si estuviera solo: me encendería otro con la colilla del que fumo ahora. Lo que hago: aplasto la colilla y sigo asintiendo mientras jugueteo con el paquete de tabaco e intento no mirarle el culo a la camarera.
Digo en voz alta que parece estar muy nerviosa, o tensa. Lorna dice:
– Perdona. Acabo de salir de una relación muy larga… conmigo misma.
Aunque yo me refería a la camarera, miro a Lorna y asiento. Dicha camarera es pelirroja y tiene forma de guitarra. Tiene las tetas operadas, pero por su mirada y la forma de tratar con los clientes no parece el tipo de chica hortera y superficial que se pone silicona con veinte años. Pero sí lleva silicona. Y debo haber dicho algo en voz alta sin darme cuenta, porque Lorna dice:
– Perdona, pero yo no estoy operada…
– Claro que no – digo.
– Igual cuando tenga treinta años, si me veo muy estropeada… Pero ahora no, ni de coña, me dan mucho miedo las operaciones.
– Claro.
En las fotos por internet -y cuando digo fotos, hablo de más de mil, en discotecas, playas, ciudades europeas, en su habitación, y en el espejo del baño- parecía más rellenita. Ahora sin embargo me recuerda a una de esas actrices que a medida que pasan los años se van quedando en los huesos, como víctimas de una especie de campo de concentración mental legitimado por diseñadores de moda armados con cientos de mohínes y argumentos que apoyan la tesis de que tener un aspecto natural es nocivo, terrible, algo que evitar a toda costa.
Aun siendo la camarera quien está operada, no puedo evitar imaginar a Lorna dentro de treinta años con ese aspecto de mujer gatuna, con los pómulos y los labios hinchados, toda la cara estirada y los ojos hundidos y rodeados de varias capas de colágeno. Por algún motivo, y aun conociendo menos a la camarera que a ella, creo que ya sé quién de las dos es más superficial.
Lorna me pregunta, medio bromeando, que si me parece una lerda.
Le digo que no, le miento. Intento contestar y darme a entender con monosílabos. En parte es producto del miedo. Ella es amiga de mi hermana, todo cuanto haga puede ser utilizado en mi contra; así que lo que hago es intentar mantenerme neutro, que la muchacha diga lo que quiera y no sienta que está haciendo un mal papel; incluso si quedo un poco peor que ella, mejor; se trata de solventar el tema de tal forma que cuando le hagan preguntas, conteste diciendo que soy muy tímido, pero buen chaval, etc. A veces, que te describan con tópicos y frases acomodaticias no es tan malo: todo depende de quién lo haga.
Cuando alguien te causa indiferencia o incluso te cae mal, el secreto está en usar palabras que no puedan ser malinterpretadas y a la vez no desvelen demasiado sobre ti. No es fácil, y más cuando quien te cae mal es una chica, ya que por lo general no volverías a hablar con ella en toda tu vida, pero quizá sí te la follarías cada sábado de los próximos diez años. Lo cierto es que odio a la gente, y a menudo también a mí mismo por hacer muchas de las cosas que hace la gente. Pero es muy probable que sea más cómodo conocer siempre a ese tipo de personas que no te gustan, ya que cuando conoces a alguien que sí y eres como yo, eso puede ser algo demasiado intenso, y entonces tienes que afrontar el odio que te tienes a ti mismo.
Ahora Lorna habla y habla y me cuesta mucho no desconectar, no mirar a la camarera, esa chica que, sin más información que su cuerpo embutido en sus tejanos, el suéter y el delantal con el nombre de la cafetería, ya me sugiere mucho más que quien tengo en frente. Corres peligro cuando no sólo se trata del físico y ni siquiera te ha hablado. Mientras Lorna me cuenta lo bien que se lo pasó el fin de semana pasado en no sé qué bar de una prima suya, he visto a la camarera ya pillada, saliendo con un tío más guapo que yo, más centrado y sencillo, la he visto casarse con ese tipo y tener un bebé precioso que ahora tendrá unos meses: mi anticristo particular.
Intento meterme mínimamente en la conversación; le digo a Lorna que si le gusta el cine; me dice que no recuerda la última peli que vio, que es muy mala para los títulos, pero que fue a verla con un tío que le dijo que era muy buena, y ella se durmió. Yo asiento con la cabeza; digo: uhm… Luego farfulla que su hermano mayor es Disc Jockey, y yo vuelvo a mirar a la camarera disimuladamente mientras las palabras de Lorna se vuelven a convertir en ruido. Un tío, un gilipollas que hay sentado en un taburete ante la máquina tragaperras, intenta llamar la atención de la muchacha siliconada cada vez que ella pasa cerca. Es el tipo de tío que acaba llevándose a esas chicas; parecen ligárselas por una sencilla cuestión de insistencia, por agotamiento. Es como una violación, pero muy gradual; ellas creen que no, pero para cuando ese tío haya logrado meterles la polla, en realidad todo el proceso no habrá sido tan distinto a maniatar a alguien, ponerle esparadrapo en la boca y bajarle las bragas. El abuso políticamente correcto. Insistes tanto en que te haga caso que al final te lo hace; es como cuando acabas cogiendo cariño a un objeto, es el mismo efecto, pero en lugar de un osito o una pluma estilográfica, es un tipo salido y lleno de semen.

En cierto momento, Lorna me dice que si la estoy escuchando, que para ella es importante. Cuando vuelvo a atenderla y el ruido vuelve a ser palabras, veo que tiene los ojos llenos de lágrimas, y dice:
– Era una gatita tan mona…
La camarera siliconada manipula la máquina de café. El tío de las tragaperras intenta mantener contacto visual con ella cada vez que puede. Sensible hijo de puta. Saco de esperma apestoso… Mi vista va y viene, le digo a Lorna que cómo se llamaba la gatita;
– Se llamaba Minina… Ya te lo he dicho…
Ahora llora a moco tendido. Pongo mi mano derecha en su hombro izquierdo;
– ¿Cuándo se murió?
– Hace cuatro años…
Hay otra camarera, una chica morena, muy joven, uno de esos extraños casos en los que alguien del sexo opuesto no me atrae lo más mínimo físicamente. Quizá es por contraste con la camarera siliconada, pero incluso Lorna, con su originalidad cero y su estúpida sensiblería, me pone más que esa segunda empleada.

Cuando ya llevo cuarenta minutos escuchando a Lorna -ahora habla sobre un pequeño accidente de coche que tuvo hace tres años- sé que no tengo nada en común con ella, y que aunque ella quisiera volver a verme para dejarme ir a más, luego yo tendría que frenar el asunto, y me da mucha pereza iniciar ese proceso. Luego me pregunto si la camarera será extranjera, y si eso me importa. Decido que no, aunque sé que un rollo así podría traer cola entre amigos y allegados, habladurías y comida para cerebros simples y odiosos. Lo único que tengo que investigar es si tiene pareja. De ser extranjera podría tener hasta hijos, si es de aquí -y parece de aquí por lo que he oído- es muy probable que tenga novio; pero también podría ser que no. Lorna me dice de repente que tiene que irse, pero que le ha encantado conocerme -no sé qué parte de esa frase puede ser más falsa, creo que no he dicho en todo el rato más de cinco palabras seguidas-, temo haber sido demasiado parco o desinteresado; de todas formas igual así a mi hermana se le pasan las ganas de montarme citas con Lornas.
Cinco minutos después, ya solo, decido ir a pagar. Espero el momento en que la camarera siliconada esté en la caja. Me levanto de la silla cartera en mano, ya preparando la calderilla que vale mi café. Llego al lugar de la barra en que suelen cobrar. Ella ahora está de espaldas, garabatea algo en un papel. Intento pensar algo para decir, algo sencillo pero que dé a entender que me interesa; o más, que me atrae, o incluso que hace tiempo que me gusta. Ella se da la vuelta y me ve billete en mano. Tiene los ojos marrones, la boca pequeña, pecas, el pelo naranja rizado y suelto sobre sus hombros y su espalda, algo despeinado -lo cual la hace aún más llamativa-, sonríe con una mueca discreta, como a cualquier cliente. Me coge el billete y vuelve a darme la espalda. Abre la caja registradora, la oigo manipular las monedas. Puedo olerla, intento averiguar a qué flor huele, lo tengo en la punta de la lengua. Luego se vuelve hacia mí y me da la calderilla. No sonrío, no reacciono. Guardo las monedas en mi cartera y salgo de la cafetería encendiéndome un pitillo.

[Arriba, último y parece que definitivo trailer de “Machete”: hay sangre, tiroteos, tías guerreras y de las otras, y hasta tripas; los cuchillos vuelan y Robert de Niro se ha apuntado a la fiesta; eso sí, sólo recomendada para quien sepa valorar este tipo de humor (a mi modo de entender, un humor que promete ser referencial, burdo e inteligente a la vez). Abajo, Danny Trejo, todo carisma, enseñando sus recursos interpretativos.]

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34 comentarios en “La camarera siliconada

  1. “víctimas de una especie de campo de concentración mental legitimado por diseñadores de moda armados con cientos de mohínes y argumentos que apoyan la tesis de que tener un aspecto natural es nocivo, terrible, algo que evitar a toda costa.” gran verdad

    grande

  2. “víctimas de una especie de campo de concentración mental legitimado por diseñadores de moda armados con cientos de mohínes y argumentos que apoyan la tesis de que tener un aspecto natural es nocivo, terrible, algo que evitar a toda costa.” gran verdad

    grande

    [si quieres borra el primer comentario que no se por qué tiene un email inventado-fusionado :P]

  3. De nuevo quien importa no está frente al prota. Otra vez otra Lorna. Tiene que ser un poco pesado. A veces tener hermanas puede ser duro.
    Me encanta lo visual del relato, como si jugaras con un par de cámaras o tres. A veces parece que has escrito el relato tres veces y luego lo has montado. Se nota que el cine te chifla…
    Me pasa lo que a Espérame en Siberia, no soy capaz de ver las cualidades interpretativas (ni de las otras) de Danny Trejo.
    Quizá sólo sea una cuestión de la publicidad, o lo mismo es que alucino, pero unas cuantos de los fotogramas del trailer parecen copias de otros fotogramas de otras películas…

  4. Por ROB!!! casi tengo un orgasmo al ver el trailer, lo mío será grave Dr.?

    El relato, corto (un poco más corto de lo acostumbrado), pero buen retrato de una primera y desastrosa primera sita… Eso sí, Lorna se llama Polaris

  5. Saber quedar bien es un arte, pero quedar mal por ser como eres y que no te importe es de admirar.

    Jordi, muestras una sociedad y situaciones tan patéticamente simples y deprimentes que vas a acabar teniendo que elaborar la guia tab al completo 🙂

    Un saludo!

  6. Disfruto tu capacidad para hacer que un texto (que aparenta a simple vista ser excesivamente largo e intencionalmente monocorde y enrollado) resulte en realidad tan interesante, natural y bien logrado. Da gusto leerte.

    Saludos, buen inicio de semana.

  7. Muy buen texto por cierto, lo he disfrutado bastante.

    Y el trailer de Mchete si es el final aunque aun no se sabe bien la fecha de salida de la misma, la habian apuntado para el año pasado.

    Abrazo grande.

  8. Patricia:

    Nunca he entendido eso de tener asco de la sangre de mentira y los descuartizamientos de muñecos cuando se trata de estas pelis tan obviamente en busca de la diversión a través de esa violencia de pega. Siempre he creído que es algo que suele medir muy bien el sentido del humor que tiene cada uno. A mí me revuelven el estómago cosas como el diario de patricia o la noria..
    (no es nada personal, sólo necesitaba desahogarme :))

    1. Ei JordiM, creo que se te desvía el tiro porque no estoy criticando la película.

      El Gore no me da asco, aunque he de reconocer que para mi gusto personal cuanto menos realista mejor porque sí que es cierto que las imágenes impactantes en mí no encuentran un buen sparring. Me revuelvo en el sofá y hay pelis que he tenido que ver tapada con una manta para poder esquivar ciertas secuencias, pero aún así las miro.

      Totalmente de acuerdo en lo del sentido del humor ¡Qué ingenioso te muestras haciendo chistes con los programas de la tele! ¡Me parto! ^_^

    2. Lo peor es que hay gente a la que le dan asco o repelús ese tipo de peliculas y luego son capaces de comer tranquilamente viendo a gente morirse de hambre, desangrada de un tiro en la calle o hechos pedazos por una explosión sin nisiquiera pestañear, algunos de ellos incluso disfrutando de su suerte.

      Yo no comprendo nada.

  9. Hola Jordim (te llamaras asi?). Gracias por pasar por mi blog y dejar un comentario bastante acertado en mi ultimo cuento. Estuve ojeando tu extenso blog lo cual me tomo un tiempo jaja, y ya agregue The facebook movie y Mr. Nobody a mi lista de peliculas para ver.

    Suerte en lo que sea que decidas hacer, y ojala te pases de nuevo por mi blog =)

  10. Qué destreza. Celebro que últimamente estés tan prolífico. Además de que estos relatos son como el café. La combinación de estilo y técnica es cada vez más sobresaliente. Además de que -y quizá sea por llevar una pequeña temporada leyéndote más de continúo- la narración consigue atraparme, y el residuo de la misma se extiende durante días, a veces hasta la siguiente publicación.
    “[…] eso puede ser algo demasiado intenso, y entonces tienes que afrontar el odio que te tienes a ti mismo.”
    A mí con tus relatos me ocurre algo parecido.

    Sigo queriendo volver a leer “Alguna clase de monstruos”. Insisto en que me dio la impresión de pasar a la posteridad como una obra a considerar (aunque de relatos como el de hoy no aspiran a menos). Además de que, en ciernes de cumplir nueve años, ¿cuántas obras con el 11-S como telón de fondo están tan bien construidas?

    Yo veré Machete, y sé que me voy a pasar genial. Tú ve Level 5 de Chris Marker y disfrútala.

  11. Joaquin:

    Gracias por tus halagos, sigo en ello, dándole duro.

    Vi “Level 5” hace años, y es de esas películas que se queda rebotando en tu cabeza, de las que no se hacen precisamente a puñados, y desde luego tendré que revisarla.
    En cuanto a “Canino”, por lo que he leído sobre ella va a caer seguro.

    Sobre el 11-S, por cierto, la única obra que me he tragado y me ha gustado es “El hombre del salto” de Don Delillo, aunque de este tío me suele gustar todo; te recomiendo “Submundo”, por ejemplo, para cuando te sientas con fuerzas.

    Saludos a todos.

  12. Como siempre, me atrapó tu relato. A menudo me he sentido como Lorna: baja de moral, extraña, tristona…
    Pero decidí hacerme adicta a la risa y ¡oye! Que me va de miedo. Besillos!!!

  13. Ah, y desde luego eso de “eso puede ser algo demasiado intenso, y entonces tienes que afrontar el odio que te tienes a ti mismo”uf eso me ha dado en el alma. Gracias por describirlo.

  14. Hola
    Jordim me encanto leerte…tienes una forma de narrar las cosas ..que haces que uno se sumerja en tu historia …como si fuera una pelicula.
    Te felicito …gracias por compartir tus relatos.
    Un gran abrazo a la distancia de un lugar del fin del mundo.

  15. Vengo de la Ciudad a devolverte la visita. No voy a decir que revisé todo el blog, lo voy a dejar para la semana que viene, que voy a tener más tiempo. Sin embargo, debo decir que el texto tiene esa familiaridad, esa cualidad de subyugar y arrastrarte al pellejo del personaje, meterte de prepo y hacerte sentir en la piel la tribulación que está sufriendo. Sobre todo (y esto ya es autorreferencial) lo de delirar con alguna mujer que ni siquiera conoces y ya piensas que es la que te va a a salvar…
    Tus textos son extensos (aunque deliciosamente cotidianos), para mi estándar y espero que no lo sea mi comentario!!
    Abrazos!!

  16. Realmente divertido, entretenido, mordaz y (¡oh!) sincero al contemplar y plasmar qué sucede en el mundo.
    La peli. La veré con toda la familia una domingo por la tarde cuando la estrenen.
    Otra vez, gracias por compatir con los lectoblogeros estas historias tan buenas.
    Saludos.

  17. Lo que son capaces de provocar las siliconas… Màs que camarera, èsta Barbie parece salido de una jugueterìa de niños gigantes.

    Gracias por pasarte por mi blog y dejar tu huella.

    Saludos

  18. No conozco yo muchas camareras que se puedan permitir el lujo de hablar tanto, ni te dejan ni puedes, y por otro lado, se que somos el sueño erotico de muchos, pero no somos tan tontas, normalmente somos nosotras las que aguantamos las babas a los clientes, y no ellos a nosotras, ni te imaginas lo que se se puede escuchar detras de la barra de un bar, un saludo

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