Idiotas con Facebook

El libro de David Foster Wallace “La broma infinita” es como una chica espectacular con un carácter complicado y arrollador, mucho más inteligente que tú y capaz de cualquier cosa; es como darle la mano a Dios durante más de mil páginas sin saber qué cara poner, mientras decides si reír o deprimirte y compadeces a todos los que son capaces de menospreciar el hecho de estar vivos y poder leer.
Y no es algo que te dé en la frente. Como casi todo lo excepcional, empieza de forma gradual; quizá pasen trescientas páginas y el supuesto hermetismo de Wallace te imposibilite el adentrarte en su obra. Pero no desistas, cuando te quieras dar cuenta el libro empezará a acabarse, y no podrás dejar de pensar en releerlo, sintiéndote estúpido por no haber captado ni la mitad de sus neuras.
Sudo, de los nervios, me siento patas arriba. Estoy en un rincón de la biblioteca releyendo por tercera vez el mamotreto mencionado (y esto quizá no es algo de lo que debas presumir en primeras conversaciones si tienes planes de bajarle las bragas a alguien), voy por la mitad, y aún tengo que volver hacia atrás en algunas partes debido, al parecer, a mis alarmantes limitaciones como lector. Soy una farsa, así me siento al leer a este cabrón muerto. Más o menos todos somos idiotas a su lado, así que algunos lo aceptamos y punto, y otros se enfurruñan, se ponen cabezones y no paran hasta que el espejo del gimnasio se convierte en el mejor amigo. Supongo que todos estamos pensados para algo; Wallace tenía que ser un genio, y la mayoría de los demás, idiotas con Facebook.
Pero ya sabes, hay que ser constructivos. No sabré poner tres frases juntas, pero al menos tengo dinero para hacerme fotos en otra ciudad europea. Quizá te quede de puta madre el bikini o seas un maestro haciendo paellas… cada uno se consuela con lo que puede. Al menos quizá Wallace no era feliz y tú sí, ese podría ser el precio de la inmortalidad.
En cualquier caso, a la pregunta de si vale la pena vivir y ser capaz de escribir algo así, la respuesta, indefectiblemente, -aun teniendo en contra, seguro, muchos valores, pequeños detalles y justificaciones anticinismo, e incluso contando con que el cerebro privilegiado de Wallace le llevó a ahorcarse con cuarenta y tantos años- para mí, sería SÍ.

Yo siempre he querido ser escritor porque la chica que me gustaba en la adolescencia, leía. Era la única que leía. Tenía unas gafas enormes de pasta con la montura roja; casi siempre estaba enferma o en casa. Aun sin hablar apenas con ella, yo era el único que le presentaba el más mínimo respeto. Nunca llevaba esa ropa de putilla, no marcaba, no se disfrazaba de su versión zorra. En mi opinión, no lo necesitaba. A sus quince y dieciséis ya habían pasado por sus manos Shakespeare, Céline y hasta Bukowski. Los demás debíamos parecerle seres subdesarrollados, y con razón. Antes de que los libros pasaran a ser cosa solo de las bibliotecas, y los lectores fuéramos los nuevos apestados, ella ya parecía tener claro hacia dónde iba la evolución. Ella, hace como un año, fue la que me recomendó leer “La broma infinita”.
– Si yo hubiera escrito ese libro, iría por ahí con la cabeza bien alta, destrozando habitaciones de hotel – me dijo.
– ¿Cómo? – contesté. No la oía, estábamos en medio de un tiroteo.
– Que no te olvides de cambiar el cargador…
El señor bibliotecario, de unos tropecientos años, dice que va a cerrar ya, que no puede dejarme más rato o los piquetes le romperán los cristales. Asiento. De todas formas está empezando a anochecer y los piquetes mencionados podrían perseguirme y darme una buena tunda si se enteran de que he estado leyendo una novela de mil cien páginas.
Por la calle no hay casi nadie más allá de las siete de la tarde; hace dos meses, cerca de mi casa, frieron a tiros a una mujer de cuarenta años y a su hijo de diez; dicen que un grupo radical les vio con un cuento infantil, uno de esos libritos de seis o siete páginas sólo con dibujos que hace la tira que dejaron de venderse. No solo se trata de los libros, es una cuestión cultural, dicen que la cultura lo complica todo. Hoy en día si quieres morir sólo tienes que plantarte en medio de un lugar concurrido con un buen volumen de filosofía avanzada; tarde o temprano, después de las discusiones y los gritos alrededor tuyo, alguien sacará una navaja y te la hundirá en el estómago, o te dispararán, o, dios no lo quiera, te apalearán. Y olvídalo, nadie llamará a una ambulancia.
Son los tiempos que corren.
No se hace cine, el lenguaje interpretativo en general está muy mal visto; hace como un mes tuve que pegarle tres tiros en la cabeza a un chaval que vio cómo me asomaba un dvd por el bolsillo interior de la chaqueta. A priori nadie se fija en esas cosas, pero si te delatan, entonces te podrías convertir en objetivo. Doblé por una esquina, entré en un callejón y el chaval fue detrás de mí; en pocos segundos me di la vuelta y le disparé como el testigo potencial que era.
Para cuando el total de los cines y teatros que existían ya se habían convertido en viviendas, centros comerciales y tiendas de ropa, decidí que tenía que tener armas en casa. Es así. Lo que no sabía es que tendría que usarlas tan a menudo. La única expresión cultural que está más o menos bien vista por algunos, es la música; pero eso se está acabando; cada vez se encuentran más cadáveres sin libros encima o historial como lectores, con la cabeza abierta y los cascos destrozados e incrustados en el cráneo. Algunos dicen que las letras de las canciones son una fuente demasiado rica de ideas, y que adónde vamos a ir a parar, que de ahí a leerse El Quijote hay un paso.

Cuando ya casi estoy llegando a casa, veo que desde el fondo de la calle dos muchachos corren hacia mí. O quizá sólo en mi dirección. Como no sé exactamente qué pretenden y sólo puedo ver sus siluetas, tengo que sacar mi pistola. Disparo hacia el aire, a ver qué hacen. Pero siguen corriendo. Así que apunto hacia ellos y el primer tiro lo recibe uno de los dos en el estómago. Cae al suelo, un grito ahogado. El otro tipo sigue dando zancadas como si no hubiera pasado nada. Disparo y no consigo darle. Pero a la segunda y cuando ya lo tengo casi encima, le acierto en pleno cuello. Parece tropezar y se derrumba de cara casi a mis pies. Se atraganta con su propia sangre, la vomita, le disparo otra vez en la cabeza. Recargo. Camino unos diez metros hacia donde está el otro, aún retorciéndose. Voy a preguntarle quiénes son, pero lo pienso mejor y decido que ya no importa. Se mueve demasiado; le pongo el pie en el pecho, le apoyo el cañon en la sien y aprieto el gatillo dos veces.
Me dirijo a paso rápido hacia mi portal. No es que sea un gran “pistolero”, de hecho me considero poco más hábil que el tirador medio, pero cuando nací a la gente ya no le daba ningún miedo matar, ya no sentían apenas punzadas de culpabilidad. Y aunque no me resulta agradable tener que utilizar mis armas, la idea de llegar vivo al día siguiente es más poderosa que cualquier principio pacifista.
Hoy en día, si quieres un ambiente familiar tienes que ir a las galerías de tiro, locales que antes eran almacenes, librerías, quioscos, videoclubs, etc. Las hay pequeñas y las hay que tienen suficiente extensión para albergar a cientos de personas. En dichos lugares tan concurridos casi cada sábado alguien se encabrona y mata a todos sus amigos, o quizá un niño de siete años que ya reconoce más de cinco tipos de silenciadores apunta a su madre jugando, y acaba volándole la cabeza o acertándole en el corazón. Es algo tan habitual que el resto apenas se vuelven a mirar, y después siguen a lo suyo. Nunca en mi vida he visto a alguien llorar si no era mirándome al espejo.

La chica de la que hablaba se llama Úrsula. Un nombre que me hace pensar en carruajes y damas del siglo XVIII. Nunca hemos hablado de cuáles son mis fantasías masturbatorias, pero ella sabe perfectamente que me gusta desde siempre, pase lo que pase, pase quien pase; si mañana me pegara un tiro en cada rodilla y se fuera a vivir con un pederasta, seguiría queriéndola. Ese es mi problema, no sé parar, no pasa el tiempo para mí, no sano, todo se me acumula; y creo que cada vez más, cuando disparo a alguien, siento algo de desahogo, como si me dejaran entrar en una habitación para destrozarla con un bate.
Nos encontramos una o dos veces por semana, nos une el riesgo de la lectura; somos de los pocos que no solo leen en la clandestinidad, nos atrevemos a entrar en las pocas bibliotecas que quedan. Cogemos guías de viaje o mapas, y dentro metemos novelas y ensayos; no es que no se puedan leer las novelas y los ensayos si estás allí dentro, pero si alguien se calienta, entra en la biblioteca con un fusil de repetición y no nos da tiempo a desenfundar, siempre podemos decirle que estábamos consultando un mapa de carreteras o apuntando una receta. De lo que se trata es de no hacerse el gallito. No hay que hacer uso de un vocabulario muy extenso, y si lees en voz alta con más soltura que un crío de once años, enseguida te calarán.
El huracán de violencia establecido hace que el asesinato hoy en día sea tratado como un delito leve, lo que antes podía ser vender marihuana o atizar a tu novia de forma puntual.
Parecerá delirante, pero es algo que puede pasar si las armas se legalizan a nivel mundial y llevas tu Colt 1911 igual que llevas tu móvil y la cartera. Si metes la mano en el bolso de una chica, junto a los tampones y los kleenex, etc, también palparás al menos una o dos pistolas y algunos silenciadores. Y ya no es una cuestión de miedo o conservadurismo, he visto a chavales de quince años ametrallarse entre ellos en la puerta del colegio; vi a un señor bajarse de su coche en un semáforo en rojo y disparar desde fuera a sus dos hijos y su mujer aún en el interior para después pegarse un tiro en la boca. Hace nada una anciana de noventa años entró en un banco con un kalashnikov para matar a todos los empleados y salir con la cara salpicada de rojo, una sonrisa en la boca y dedicarse a esperar a la policía. Es la perfecta combinación de hartazgo, ignorancia y munición de acceso fácil.
Por lo demás, hay una especie de democracia ridícula nutrida de politicuchos que antes prometían bajar las cifras del paro, y ahora dicen que pueden reducir la tasa de mortalidad entre los jóvenes. Dicen que impondrán duras penas de cárcel por asesinatos injustificados (un curioso concepto). El partido que se autoproclama de izquierdas dice que aboga/ría por el relanzamiento de la cultura, quizá abriendo algunas librerías para llenarlas de mamotretos de cocina, secciones de autoayuda y guías de todo tipo. El partido de derechas -en el poder desde ya ni se recuerda- potencia una sociedad sin ficción, alegan que muchas de las “enfermedades mentales” y los procesos a través de los cuales la gente llega a separarse, agredir al prójimo o suicidarse, etcétera, tienen que ver con la literatura y los textos reflexivos que aún quedan.

Es algo que se puede palpar en el ambiente. Salgo a la calle, miro a mi alrededor, y la primera impresión es: Vas a morir mañana. Así que, ¿por qué intentar escribir? No había ni hay motivo práctico alguno. Por tanto, me puse a ello.
Y sigo.
Obviamente hay gente que aún guarda los libros en casa, pero la mayoría ya se han deshecho de ellos; aunque no tuvieran una postura política concreta ni les importara el tema, de todas formas antes tampoco los leían, y ahora el solo hecho de conservarlos les podría traer problemas.
La chica que hace que todas las demás sólo me causen flaccidez e indiferencia, tiene en casa el mayor arsenal de armas que he visto; y tras una estantería que se abre como una puerta, un cuarto trastero a reventar de libros viejos, comprados hace muchos años o robados de la biblioteca. Úrsula es capaz de acertar en la cabeza a un objetivo móvil desde más de quinientos metros si el arma está bien calibrada. Es la asesina más preparada que conozco, la misma mujer que de cría soportaba burlas en el colegio y tuvo que comprar más de dos y de tres gafas nuevas debido a los matones que siempre la hostigaban, y de los cuales yo nunca me atreví a defenderla. Ella siempre ha sido mi sentido común; cuando la sociedad tenía alguna oportunidad de salvarse, se empeñaba en no replicar nunca, en poner la otra mejilla e intentar que hubiera paz al menos a su alrededor. Pero cuando vio que no había vuelta atrás, fue de las primeras en visitar las armerías y estudiar métodos de autodefensa o cuestiones como si iba a poder conseguir ropa interior hecha de kevlar.
El kevlar, el material antibalas por excelencia, tiene el mismo éxito comercial que el pan o el porno. Nadie lleva ropa que no esté fabricada con esas fibras. Es el motivo por el que siempre hay que apuntar a las rodillas o la cabeza.
Al final todo es reacción. Quizá haya algo positivo en todo esto. Obviamente no se sabe cuánta gente lee ahora con regularidad, pero es muy probable que debido a las restricciones en contra de, sobre todo, esa práctica, el porcentaje de lectores sea mayor que cuando en las armerías te pedían el permiso de armas; Úrsula siempre dice que tiene algunas amigas que, de no ser por el clima de violencia/morbo que hay, en lugar de leer, estarían sólo preocupadas por el bikini que se van a comprar, o los dos kilos que tienen que perder antes de ponérselo delante de todos. Supongo que se trata de ver el lado positivo. Leer debe hacer que se sientan sucias, debe convertirlas en putas pro-cultura, deben susurrarles ese atrevimiento a sus amantes mientras follan. Ahora, leer es sexy, porque desde esos libros ya amarillentos te hablan de medias tintas y grises, y lo hacen sin inmutarse, te hablan de la imperfección, de lo factible que puede ser, te hablan de hipocresía, de lo estúpida que es la gente y de que tú también formas parte de ellos. Estás en el ajo como todos, te dicen, pero al menos tú estás dispuesto/a a reconocerlo.

No me parece una buena idea si respondo con sinceridad, pero el momento ha llegado, mañana toca Día de Furia. Lo que pasa cada día veinte de Agosto, es que la gente se reúne en plazas de todo el mundo, en todas las ciudades y pueblos, y se hace una lectura pública de “Fahrenheit 451”. Ya es una tradición muy arraigada.
Estoy en casa, ya es muy tarde; desde mi ventana, con las luces apagadas, veo cómo en el bloque de pisos que hay enfrente entra un grupo de radicales, destrozando el portal a tiro limpio. A veces lo hacen, eligen un edificio al azar y registran todos los pisos en busca de algún atisbo de cultura. Saco un pitillo y me dispongo a ver el espectáculo.
Lo que diferencia el Día de Furia de mañana del resto vividos, es que más de cien lectores, liderados por Úrsula, vamos a esperar armados hasta los dientes en las azoteas de los edificios que rodean la plaza en la que se celebra la lectura en nuestra ciudad.
Los radicales suben al segundo piso, puedo ver los destellos de la gente que muere en ellos a través de las cortinas, e incluso por los agujeritos de las persianas; al parecer tengo mucho vecino aficionado a pensar. Los silenciadores hacen su trabajo, pero el ruido de los muebles cayendo y los destrozos se oyen a esta hora en toda la calle. Estos días estoy leyendo una biografía de Hitler por las noches, y es tan emocionante hacerlo porque ahora mismo podrían matarme. Tengo más de trescientos títulos en casa entre ensayos, novelas y cómics. No los tengo especialmente escondidos, sólo dejaría de verlos alguna visita amistosa; pero a los radicales enseguida se les ocurriría mirar bajo la cama o tras el armario del comedor. Luego, con suerte, me fusilarían, o quizá me torturarían, como parecen estar haciendo con un vecino del tercer piso del edificio de enfrente, que grita como un poseso y pide berreando una muerte rápida, por favor, con la garganta ya al rojo vivo y la voz quebrándose. A veces te hacen cortes y esperan a que te desangres, otras veces tiran de tus brazos y tus piernas hasta arrancártelos y luego esperan a que tú mismo te retuerzas ya sólo con el torso, vaciándote. Esos hijos de puta perfeccionan técnicas para que no te desmayes, son capaces de drogarte para que lo veas todo hasta pocos segundos antes de morir.
Ellos son felices con la mente en blanco, y los demás no tenemos derecho a apilar ideas contradictorias para confundirles; a veces casi puedo llegar a entenderles.
Los más de cien asesinos que mañana nos reuniremos, sabemos que quizá ya estemos muertos. Y la verdad, no sé si me importa. Con esa idea, y aún oyendo gritar de fondo a ese lector maligno, me duermo.

Úrsula me despierta a las ocho, llamándome por teléfono. Me dice que viene a mi casa, que necesita hablar con alguien. La lectura empieza a las diez y se alarga durante todo el día.
Veinte minutos después ya está conmigo desprendiendo ese olor característico, suave, pero intenso para mí por lo que significa: que no me quiere como yo a ella; y hoy: que quizá ya estamos muertos. Y luego caigo en la cuenta de que, si no verbalizo lo que siento por ella ahora, quizá no pueda hacerlo nunca. Ella se mueve de un lado a otro, se sienta en mi sillón y mis sillas y se levanta y parlotea, lleva unos pantalones y una cazadora de cuero y va forrada de kevlar por debajo, las fibras asoman por todos lados. Lleva el pelo recogido en una cola de caballo y nada de maquillaje. Me dice que no me preocupe, que todo saldrá bien. Y yo me pregunto cómo cien personas armadas podrán contra miles de personas armadas. Quizá Úrsula no quiera más que una muerte digna mientras lucha. No lo sé, lo cierto es que mi apego por la vida nunca ha sido especial o significativo al ver cómo es la gente, el paisaje moral, el odio intenso masificado. Intento encontrar un hueco en su diatriba para decirle que en realidad no tengo conciencia política; de no ser por ella sería un cagado más que vive encogido en su piso, sin libros, enganchado a la telebasura y rezando por encontrar una chica tan lerda como yo para echar un polvo a la semana, y luego ir tirando, envejecer y morir.
Lo que me gustaría decirle es que todo lo que hago lo hago por ella, imitándola a ella, y que las chicas que he conocido en mi vida no eran más que figurantes en comparación con ella. Pero como soy un deshecho humano y me doy asco y sólo he aprendido a matar sin remordimientos, lo que hago es callarme y vestirme, forrarme de kevlar, lavarme la cara, los dientes, todo como si fuera a durar hasta el final del día.
Úrsula me dice que tendremos apostadas en cada azotea tres Gatlin guns con sus propios pies, que son algo así como la ametralladora de seis cañones que engancharías a un helicóptero si quisieras destruir toda tu ciudad. Le digo que ¿cómo…? Me dice que tranquilo, que las han subido esta noche, está todo preparado. Tres Gatlin por sietes azoteas son… Úrsula, digo, habrá mucha gente: mientras matamos a unos, los otros subirán enseguida a todas las azoteas y…
– Ya sé que es difícil, pero también vigilaremos los accesos a las azoteas. Hemos invertido mucho en munición.
Me dice que se trata de evitar morir, es el primer objetivo, siempre lo es. El segundo es hacernos notar, que los radicales comiencen a temernos igual que nosotros a ellos.
Ha traído consigo un bolso tamaño “me voy un fin de semana a París”. Lleva dos ametralladoras Alfa M55 con sus respectivos trípodes, y todo enterrado en munición “de sobras”. Yo llevo algo similar, pero del modelo M44; no llevo tanta munición como ella. Al parecer quiere sobrevivir de verdad. Yo metí las armas en el bolso casi como cumpliendo un protocolo, creo que rezando por primera vez en mi vida.

Al llegar a la azotea en la que seguramente moriré como un perro, veo a unas diez personas más, todos de negro, algunos incluso con capucha. Están sentados de tal forma que la gente abajo no vea a nadie aquí arriba. Hemos llegado sin problema, se han elegido edificios con muy pocos vecinos, muchos pisos están en venta y otros vacíos por vacaciones. Permanecemos apoyados tras un balcón de tochos que, de pie, nos llega poco más arriba de la cintura. Es estrecho pero lo suficientemente ancho para hacer un buen uso de los trípodes de ametralladora e incluso las Gatlin.
Úrsula lleva un Walkie y les dice a todos, ya apostados en sus azoteas, que esperaremos diez minutos más.
La tontería ha empezado hace rato; hay famosos y representantes de la cultura de las armas; ninguno tiene una lectura fluida, algunos incluso se encallan y pasan segundos hasta que retoman el texto. Hay un silencio considerable teniendo en cuenta el público reunido. Cuando en algún pasaje se habla de la quema de libros, la gente vitorea, y quien esté leyendo tiene que esperar unos minutos hasta poder retomar con mucha dificultad el texto. Úrsula dice:
– Esté donde esté, Ray Bradbury nos los agradecerá.
Y luego:
– Vale… Dejadme ser la primera.
Coge el Walkie y dice: «luz verde». Como todo lo que lleva tiempo sin dejarte dormir, pasa sin más. Úrsula apoya una de sus M55 en el balcón, y dispara hacia la multitud. Decido esperar un minuto. Oigo cómo de los demás edificios ya salen también decenas de ráfagas de ametralladora. El sonido de las Gatlin se oye como un estruendo metálico y apagado, los cañones giran escupiendo munición, y por el momento todas las balas son útiles teniendo en cuenta la masa de gilipollas apretada que hay abajo. Cuando me decido a echar un vistazo, veo cómo la gente intenta moverse, huir, pero no consiguen más que apretujarse aún más. Veo ya muchos muertos, algunos radicales ya han sacado sus pistolas y disparan hacia todos lados. Supongo que la idea era ésta, pillarles auténticamente desprevenidos. Quien leía su pasaje de Bradbury, está derrumbado, acribillado sobre el atril. A mi lado hay unas siete u ocho personas ametrallando hacia abajo y a otras tres manejando las Gatlin, una de ellas dirigida hacia la puerta metálica, que es el único acceso a la azotea. Podemos ver cómo hay gente que ya está localizándonos en serio y entrando en los edificios.
Inspiro con fuerza. Cuando de verdad comienzo a disparar, me siento bien, muy bien, la cafeína fluye por mi cuerpo y abajo las balas hacen que los muertos salpiquen a los vivos. El caos es tal que algunos no pueden ver por la sangre ajena que se les ha metido en los ojos. Incluso vemos cómo algún joven, en un ataque de histeria, se mete su pistola en la boca y decide terminar con todo. Tal ventaja llevamos. Y sabemos que la policía sólo vendrá cuando lo peor haya pasado, cuando los servicios de sanidad y limpieza tengan que arrastrar a las decenas de cadáveres que se van amontonando.
Soy un cabrón, pero me gusta pensar que lo que somos es la respuesta poético-destructiva a los nazis. El primer tipo que se ha atrevido a subir a donde estamos ha recibido tal ráfaga de la Gatlin que ahora todo lo que pisamos son sesos y trocitos de cráneo. Los que iban detrás han vuelto por donde venían, avisados. En pocos minutos, abajo el suelo es una amalgama de rojo y negro; la gente que queda viva tropieza con los cuerpos.
Todo pasa en pocos minutos. Muchos han huido, pero muchos más han muerto. Las ráfagas de ametralladora se van espaciando cada vez más. Ya no hay tantos a quien disparar. En las otras azoteas parece que han tenido peor suerte con los que han subido para intentar neutralizarles. Úrsula dice que en una la Gatlin que cubría la entrada se ha atascado y se han colado hasta cinco tíos pegando tiros. Ha habido algunas bajas.
Suelto el aire. Dejo de disparar. Ahora acaba de empezar algo importante de verdad. Ahora soy un terrorista. Esta es mi vida. Hasta ahora yo era nada, nada cultivada. El sol es una broma cruel y me cuesta más de tres horas dormirme cada noche. La chica que quiero sigue viviendo en un planeta en el que todo encaja menos yo. Y ahora acaba de empezar algo importante de verdad, sí, tengo la camisa salpicada de sangre y no sé de quién es. El cielo está gris y hay una agradable temperatura, poco de ese calor asfixiante de días atrás. Aún no oímos la sirenas de la policía.
Desde donde estoy, puedo ver un graffiti abajo, entre una armería y un bar; en él, pone: Tu vida es una puta mierda, y lo sabes. Por algún motivo, me hace sonreír. Por algún motivo, me viene a la mente la cara angelical de Amanda Seyfried. No sé si me gusta la idea, pero sigo vivo.

[Podemos congratularnos por estar vivos, Arcade fire publica nuevo disco; en el video, uno de sus temas, “Empty room”.]

45 comentarios en “Idiotas con Facebook

  1. Te iba a comentar que el relato me recordaba a Fahrenheit 451 y menuda sonrisa se me ha puesto cuando he visto que tu mismo lo nombrabas.

    Diría que este relato es de los que más me ha gustado, pero es difícil elegir cuando te gustan todos.

    Ah, y si me permites, ¿lo que cuentas sobre la chica es todo ficción, no hay ninguna base real? Bien, tal vez la pregunta mejor formulada sería: ¿Cuáles fueron tus inicios en la lectura?

    Saludos

  2. María:

    Mis inicios en la lectura… Un libro de Richard Laymon que se llama “La estaca”; hace poco volví a leerlo y volvió a gustarme. No fue el primer libro que leí (en el colegio me hicieron leer mucha mierda juvenil) pero sí fue el primero que yo elegí y disfruté de verdad.
    Es menos interesante que en el relato, no había chica de por medio, solo hambre de leer algo escabroso 🙂

  3. Sentir que semejante infierno apocalíptico pueda llegar a ser alguna vez realidad hiela la sangre…(por suerte no me la hace hervir, de otro modo sería más que preocupante, porque me parecería demasiado a tus angustiados y/o desalmados personajes! jejeje)…pero no, todavía me doy el lujo de tener esperanzas…soy afortunada, o demasiado inocente, no sé bien…

    Gracias por tu visita por mi blog

  4. Mucha mierda juvenil? qué tienes en contra de la literatura enfocada a otros gustos que no son los tuyos? Vaya con el Juan Ramón como se nos pone…

  5. WTF:

    Como sabrás, hay buena literatura juvenil y mala literatura juvenil. Pues bien, a mí me hicieron leer mierda juvenil. Y no sé quién es Juan Ramón.

    (este tiene pinta de troll..)

  6. que intenso. Primero me metes un libro en la cabeza, luego me recuerdas como deje a alguien solo porque pregunto ¿todo eso te has liado? ( y era una de las mil cajas de libros que aun no había abierto de la mudanza? Una pequeña.
    Y acabas incitandome al crimen. Muchas emociones para un lunes.

    M.

  7. jja cari, apocalíptica visión y panegírico del libro y la cultura. Casi leo entre líneas el viejo debate de si el libro electrónico acabará con el libro de pastas duras, jaaj si no fuera por la inpiración futurista anticultural… Realmente parece un poco exagerado, pero no lo es. La cultura siempre ha hecho daño y desde el principio de los tiempos se ha castigado al que muestra ganas de saber… Me encanta -pero no en este post, sino en todos- la manera que tienes de epresar las más simples ideas de una manera tan original y sin embargo nunca caes en el disparate y todo tu pensamiento forma un “corpus” perfectamente coherente y libertario…

    Arcade Fire un lujo, jaja

    Bezos.

  8. Me ha llamado la atención el libro, me considero una devora libros. Los dos últimos que han pasado por mis manos “El nombre del viento” “El clan del oso cavernario” los he leido en un mes.

    Realmente vale la pena estar vivos, eso no hay ni que dudarlo. Un saludo

  9. Vi un comentario tuyo en una de mis fotos. No resistí la curiosidad y vine a tu blog, del cual no he salido en dos horas, he leído varios de tus textos. Resulta que hace un par de días, estaba buscando la versión en inglés de la novela en cuestión de Wallce, Infinite Jest y ¡la encontré!, en un pdf (el cual estoy dispuesto a compartir contigo si me dices a dónde te lo envío). De cualquier forma, pienso comprar la traducción al castellano (Mondadori no suele ser una editorial accesible, menos en Barcelona).

    Es una pena que los blogs de wordpress no tengan anclas, así que vendré de manera aleatoria.

    Un saludo de un Idiota con Facebook (me gustó la etiqueta).

    Raúl Peñaloza

  10. Raúl Peñaloza:

    Me alegro de que te guste el blog. Yo soy otro idiota con Facebook, aunque no hay nada interesante en mi cuenta, ni fotos ni nada, siempre está más o menos abandonada…
    Cambiando de tema, creo que de momento puedo vivir sin leer la Broma infinita en inglés, no tengo nivel de inglés para eso; además ya es una novela muy dura de leer en castellano, Wallace maneja mucho más vocabulario que el resto de escritores que he leído, casi como para tener el diccionario al lado mientras lo lees (así que imaginate lo que será en inglés…). Por otro lado, cabe insistir en que es un libro acojonante en todos los sentidos.

    Saludos a todos.

  11. Pues yo soy una idiota con facebook, pero además soy una idiota integral porque no lo uso para nada. Me vuelvo loca : que si mensaje en el muro, que si solicitud de no se que….¡Coño! que yo soy muy básica y estas cosas me aturullan, jajajaaaaaaaaaaaaaaa!!!
    leerte es engancharte.
    Un besazo!!!!!

  12. Jordi:

    Acabo de aterrizar en tu blog al haber tu aterrizado en el mío. ¡Qué gran descubrimiento! Gracias por ponérmelo en bandeja de plata y hacer que me acercara a tu blog. ¡Me encanta! Ahora es tarde, en la madrugada, el calor y el cansancio me vencen, pero prometo ir leyéndote y comentándote.

    Me ha gustado mucho, pero mucho cómo empiezas este post… Es genial y una descripción muy acertada, deberé sin falta leer el libro de Wallace.

    Abraçada forta,

    Amber

  13. Por cierto, Jordi, me he olvidado de comentarte que yo desde hace ya unos meses no estoy en “Caralibro” (como muy bien lo llaman los mexicanos)… Y me siento tan, tan liberada…
    Justamente en mi blog tengo una entrada escrita sobre esta moda social PASAJERA e inútil (como suelen ser todads las modas). El post en cuestión lo encontrás en el mes de abril, si mal no recuerdo, y lleva por título: “FACEBOOK BONFIRE OF VANITIES”…

  14. Como algunos de mis antecesores, he venido a visitarte luego de encontrar un comentario tuyo en mi blog musical y me he quedado gratamente sorprendida de lo interesante y dinámico de tus relatos y escritos.

    Prometo seguirte, para lo cual me convierto desde ya en lectora asidua.

    Un abrazo.

  15. “(…) Wallace tenía que ser un genio, y la mayoría de los demás, idiotas con Facebook”. Muy bueno. Como algunos de los precedentes, llego aquí a través de una participación tuya en mi blog. En cualquier caso, si no has leído “Algo supuestamente divertido que no volveré a hacer”, también de Foster Wallace, hazlo. Ha sido escrito para ti.
    Saludos de otro que se siente cómodo como outsider.

  16. Aqui una “idiota con facebook”….
    Vengo a conocerte después de comentar en mi blog. Me gusta lo que he visto… Este último relato me ha encantado, pero con tu permiso, me quedo por aqui a leer alguno más.

    Saludos!

  17. Saludos Jorge. Debo admitir que esta vez no te visite con el fin de leerte sino por otra duda que tenia, pero me encontre con esta entrada y como me pasa siempre con lo que escribis me cautivo jaja. No se como lo haces, pero no tengo espacio para resaltar todas oraciones, ideas e imagenes que me parecieron increibles asi que trato de poner una sola… “Ahora, leer es sexy, porque desde esos libros ya amarillentos te hablan de medias tintas y grises, y lo hacen sin inmutarse, te hablan de la imperfección, de lo factible que puede ser, te hablan de hipocresía, de lo estúpida que es la gente y de que tú también formas parte de ellos”. Simplemente genial. Recorde a Tarantino al leer esto y me sonrei… y podria hablarte de porque pero no me entraria en el comentario.

    La razon por la que vine fue porque encontre este comment en mi blog:
    :::::::A-Zeta (Revista abierta a participación)::::::::: dijo…
    recomendación personal:

    http://www.azetarevista.com/

    Entre y vi que vos eras parte del staff. Fuiste vos el que dejo ese comment? Y que significa, que podria escribir algo para la revista? Porque eso estaria muy bueno.

    Solo me preguntaba eso, suerte. Segui escribiendo estas… cosas jaja, ya voy a encontrar un adjetivo para lo que escribis, por ahora son un misterio para mi.

  18. Sencillamente apasionante, demoledor, letal relato. Me ha enganchado desde el principio sin respirar. Muy bien escrito. Acojonante. Los lugares comunes tiemblan…y eso siempre es de agradecer.

    Y los dos comentarios que hiciste en mis dos últimas entradas también me gustaron especialmente.

    Un abrazo.

  19. Iba a preguntar si te habían dicho alguna vez que tienes un coco prodigioso y una forma de contar que impresiona pero sería estúpido por mi parte porque te lo habrán dicho mil veces.Un descubrimiento tu blog.Amenazo con volver.

  20. Después de leer relatos como éste siento cierta vergüenza por haber dado referencias en el comentario a la anterior publicación; de alguna forma me siento como el personasaje de “Idiotas con Facebook” ante Wallace. Pero sigo viniendo a “Proyecciones blog” porque me estimula en mi proceso de cambio: ser mejor persona; pulir esos defectos que la vida revela en reflejos, proyecciones de nosotros mismos desde un punto de vista distinto. Contextualizar tan generosas reflexiones en un marco violento -pero igual de extremo que la hipocresía civilizada- apoya el dinamismo de la lectura y, por ende, de la revelación.

    Disculpa mi falta de reflexiones propias y vuelva a citar a Stern (La filosofía de Sartre y el psicoanálisis existencialista): Es casi tautológico decir “el ser humano se trasciende” (Heidegger). Existir significa ex-sistere, permanecer fuera o salir.
    Celebro que estés donde estás. Tus textos siempre son de gran inspiración, y poco tienen que envidiar a obras como la genial Inception (valga la comparación).

    Afortunadamente nunca serás David Foster Wallace, sino Jordi M. Novas.

  21. He disfrutado con las proteinas monológicas y acentos dentropía, capoteada sin capota y lengua espectativa asomada a los barrotes de mi escurridiza sesera adentrándose en tu incursión bla bla bla introspectiva calcetinera, Mimí.

    … desde los mares de Extremadura (en bajito te lanzaría el fruto acidulado de mis pensamientos)

  22. Siempre se ha temido la cultura

    Creo que el relato no se merece que aparezca nombrado el Facebook en él, pero a decir verdad practicamente todos somos estúpidos con facebook. No sé el por qué pero siempre que me decido a borrar mi cuenta hay algo que me retiene y eso que no lo utilizo para absolutamente nada, vamos, mas estúpida todavía que los que de verdad lo utilizan.

    Decir tambien que a mi parecer, merece la pena estar vivo, dependiendo de la vida que vivas.

    Me encantan las novelas distópicas aunque no he tenido la oportunidad de leer demasiadas, me apunto Fahrenheit 451 a la lista.

    Sobre el post; Creo que de los que mas he disfrutado. Muy oscuro y sangriento, como a mi me gustan, me meten miedo en el cuerpo de pensar que se pueda llegar a una sociedad así, aunque si depende de por donde andes ya puedes encontrarte grupos sociales que ven un problema en la cultura. Está claro que a los mandatarios no les interesa la gente que piensa por si misma, solo quieren un puto rebaño de zombies que se pegan el día delante de la tele o el facebook y sin ningún tipo de inquietud mas allá de ser el mas guay, gracioso y guapo.

    Un saludico Jordi! voy ahora a por el otro relato 🙂

  23. Joer, este es uno de tus relatos que más me han impresionado. La cultura y sobretodo los libros son el pasaje al entendimiento que nos falta en esta sociedad de gente engancha a las redes sociales, yo una de ellas, pero no podría vivir sin un libro.

    Leyendote, me siento una inculta aún, ni he leido a Wallace, ni a Ray Bradbury, ni Fahrenheit 451, en mi lista esta, aunque me hace recordar al hereje de Delibes, no es la misma temática, pero todo tiene relación, al conocimiento.
    Y si es verdad nos han hecho leer mucha mierda juvenil 😄

    Besets

  24. Ahora, por fin, comprendo la realidad de unos seres que desprecian la vida ajena y la propia, que aniquilan al prójimo por cualquier razón ya sea cultural, religiosa, onanista o por simple rabia. Da igual si eres más o menos cultureta, al final la parte más salvaje y animal aflora consciente o inconscientemente. La sangre es la vida.

    Muy bueno.
    Un saludo

  25. Me ha encantado…empecé a leerlo por casualidad y no he podido parar…
    Tengo curiosidades fruto de tu escrito, y eso es lo que yo califico como un “post semilla”.
    Un abrazo, seguiré paseando tus páginas.
    J.

  26. Qué hermoso, tengo que decirte, que después de fumarme todos estos post que veo de primeras, así como lo guarde solo por el video de la profesora tetona pelotuda de japonés, me sorprendo con tremendo relatos, en especial lo últimos, los que están cerca de idiotas con facebook.

    Yo ya no puedo, no seguir tus post.

    PD: 3 horas leyendo, esto es sobredosis para mí.

    PD2: Yo tengo gran curiosidad macabra sobre los escritores se que se suicidan o cualquier intelectual que lo hace por algún motivo.

    PD3: EL argumento que de este relato es tan hermoso, tan hermoso, creo que se podria hacer una peli con tarantino, asi todo comic, con ursula como fem fattale en el momento de la balasera… (aunque seria contradictorio).

  27. Otra idiota con facebook……

    Creo que es posible que llegue el día en el que leer sea censurado por la Inquisición, ya lo fue antes, porque no después.

    ¿Sabes?, no creo que por una chica, o un chico, me da lo mismo, te hagas lector, saborear de la lectura es algo que se lleva dentro. Quizá alguien sea capaz de sacarlo a flote, pero no se puede hacer por otr@.

    Tengo pendiente a Foster desde hace mucho tiempo, pero has conseguido despertar mi curiosidad, asi que esta tarde voy a ir a pedir el libro, 😉

  28. Insiste con Foster, al principio puede resultar muy hermético, muy duro, pero cuando le coges el tono es de lo mejor que has leído nunca. Te aconsejo empezar por alguno de sus libros de relatos antes (La niña del pelo raro, Extinción…)

    🙂

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