Aileen

Un colega, otro de esos perdidos ya en la inmensidad de Facebook, alguien más a quien antes le contaba mi vida sin miedo a que la amplificara con sarcasmo para su propia diversión y mi perjuicio, me dice que si sé algo de esa máquina que hay expuesta en el Poma, ese museo del centro. Arte moderno.
¿Como?, le digo.
Me dice que te metes dentro y que estás a oscuras. Pero que el silencio es lo importante. Este chaval, ahora amigo número setenta y pico por orden de agregados, me dice que el silencio es de verdad; no como el de un estudio insonorizado o un barrio pijo apartado por la noche. Es silencio espacial, absoluto, el que sentirías en el vacío, sin oxigeno ni traje de astronauta, flotando en órbita antes de morir.
Me llega un mensaje de Allegra al móvil: Mi perro está vomitando, ¿te importa si quedamos más tarde? Te llamo. Conocí a Allegra porque alguien, por algún motivo, me dio su dirección vía messenger, sin más. Me pareció una grosería no agregarla, y ahora llevamos un par de semanas viéndonos. El problema es que ella sí busca “algo más”, pero yo sólo quiero lo de siempre; y soy demasiado perezoso para mentir, mojar, dejar pasar un tiempo y cortar. Mi colega sigue hablando de esa máquina, de que está siendo objeto de leyendas urbanas, la gente habla de ella, tiene varios grupos de seguimiento en Facebook; “Yo también estuve en la máquina del Poma y sigo queriendo a mi pareja.” “Yo también entré solo en la máquina del Poma y no me pasó nada.” Este desconocido amigo del pasado me recita cada uno de los grupos, se los sabe de memoria. Estoy con él porque bombardeó mi muro. Hacía como cinco años que no nos veíamos. Hemos estado varios días hablando por Internet, y ayer me dijo que si no tenía nada que hacer hoy por la tarde, él tampoco, y que podíamos tomar un café; un rollo de amistad, aclaró. Me dio cosa darle largas, y ahora hago como que le escucho con interés mientras me dice que dos de las personas que entraron en esa máquina se suicidaron al cabo de los días, y que no dijeron nada desde el momento en que pusieron un pie fuera de Aileen. Así es como su creador llama a ese trasto del silencio: Aileen. Y yo asiento, asiento. Ajá. Vaya. ¿Sí? Ajá… Como si no hubiera oído nada antes de toda esa mierda.
Este tío no para de parlotear. Y creo que si fuera otra persona quien me hablara del tema podría sentir mucha curiosidad, pero con él nada hace click dentro de mí, es como cuando de crío mirabas una pizarra llena de ecuaciones sin prestar atención y esperando a que acabase la clase. Asiento. Asiento. Con los años perfeccionas la impostura, puedo sonreír los lunes por la mañana y parecer aceptablemente natural; incluso estoy mejorando mucho en mis gestos de asombro y mis réplicas cuando alguien me enseña a su bebé o su coche nuevo.
Dicen que Aileen te puede trastocar, que la mayoría de gente nunca ha estado un buen rato sin oír absolutamente nada, o realmente a solas con sus pensamientos. Casi todos entran en esa máquina acompañados, entre risitas de turista que mira los cuadros en los museos como quien ve pasar el tren. Es lo que pasa, eso dicen las leyendas urbanas; los que no se toman en serio ese rollo del silencio salen de allí como si nada; pero hay algunos que realmente se sientan a solas en la pequeña butaca que hay dentro, e intentan percibir el ruido exterior. Luego, cuando se dan cuenta de que realmente están en esa quietud absoluta, y si pasan un rato más, piensan. Se aíslan. De repente están en paz para hacer balance de todo. Eso dicen. Es un paréntesis minúsculo y punzante en tu vida, un trasbordo forzado, un charco de lava que pisas sin haberte dado cuenta, y luego, fuera, enloqueces o pones tu existencia patas arriba: de golpe decides sincerarte brutalmente en una reunión familiar, o dejas pasar ciertos días del año sin regalarle nada a nadie, o poco a poco vas cambiando hasta volverte irreconocible para los demás, quizá porque estás empezando a ser tú mismo. O no. O en casos extremos, te conviertes en un autista o te matas. Son historias, cosas que le gusta contar a la gente como el tipo que tengo en frente. Aunque no por ello son menos inquietantes.
Entonces, cuando estoy a punto de aportar algo a la conversación, el tío cambia radicalmente de tema. Comienza a hablar de su novia. Es obvio lo que está pasando, me habla de todo lo que no hablaría con sus amigos o su entorno. Soy su confidente forzado, se supone que tengo que decirle que no se preocupe, que no es nada raro que ahora lo único que le interese de su “churri”, con la que lleva tres años, es que le haga pajas con los pies. Quiere que le diga que no es normal que ella no quiera practicar sexo anal. Es verdad, al principio duele, pero luego el tema se dilata. Y no, no tienen importancia esos sueños que tiene en los que la degolla y luego sodomiza el cadáver. Ya ves tú, la de cosas raras que he soñado yo también. Y sí, quiere que le apoye cuando me dice que Freud era un capullo. No pasa nada por que sueñe con ese rollo cada dos por tres, no significa que en la realidad le ponga la idea de follar con cadáveres. Asiento y asiento por más barbaridades que diga; subrayo sus explicaciones. No, tampoco es un problema que de chaval tuviera ganas de “tirarse” a su madre. Y tampoco importa si aún le vienen esos pensamientos a la cabeza aun teniendo ella ya sesenta años y él veintisiete. Ya sabes, Edipo. En el fondo todos queremos hacerlo. Y asiento, aunque se me revuelva el estómago. Si he sido capaz de aguantar cenas eternas y bodas y comuniones y toda esa multitud de quehaceres adultos, también puedo asentir si un tipo me dice, después de haber reconocido que se tiraría a su madre, que además le va la coprofagia. Bueno, está bien, son heces… a mi no me van las heces, le digo, pero cada uno… Luego me dice que si me parece un tío raro, que si a mí no se me pasan según qué cosas por la cabeza. ¿Nunca me avergüenzo de lo que pienso? Le digo que bueno, que mi madre ya murió, y que en mi familia todos acaban siempre hechos cenizas dentro de una urna… Y sí, me queda una abuela con vida, pero nunca he fantaseado con tirármela o comerme su mierda. Yo soy así, muy del montón.
Mi amigo número setenta y pico me dice que si le estoy tomando el pelo.

Allegra, mi pseudo novia, se llama así por una cantante de opera o algo parecido; no me quedó claro la primera vez que nos vimos, cuando me ametralló con cientos de datos autobiográficos que yo tenía que saber, según ella, para estar tranquilo. Ella no era una tía rara ni nada de eso, decía, quería que eso quedara muy claro. Me dijo que había visto mi perfil en Facebook y que le hizo gracia y que sintió una conexión, algo muy fuerte. Luego me preguntó que de qué signo soy. Habían pasado unos veinte minutos, y para entonces yo ya pensé que no… que nada… que… eso, tetas y nada más. Le dije que Libra. Abrió el periódico y buscó el horóscopo. Ese día iba a tener que tomar una decisión importante relacionada con mi familia, pero también iba a conocer a alguien especial. Eso decía mi signo. Allegra se sonrojó y cerró el periódico. Yo le dije que no creía mucho en esas cosas, ella pensó que lo dije para que no se avergonzara y, desde un punto de vista realista, probablemente nuestra relación acabó ahí.
Para parafrasear a Hank Moody en “Californication”, Allegra es una tía que a veces te provoca una extraña sensación, no sabes si te apetece más follártela o darle un puñetazo en la cara. Aunque mentiría si negara que soy capaz de cogerle cariño a lo que sea. Creo que si pasara veinte años en una celda, cuando me soltaran, miraría hacia atrás y sentiría cierta nostalgia de mis momentos privados de libertad, tocaría el camastro y los barrotes por última vez y respiraría profundamente el olor del lugar antes de irme.
Veo a Allegra unas horas después de haber tenido mi encuentro con setenta y pico. Vamos a cenar. Al olerla y besarla me siento mucho mejor que con mi anterior compañía. Por más que me extrañe pensarlo, por primera vez reencontrarme con ella es algo así como volver a casa. Quizá haya hecho bien en no mandarla a paseo elegantemente hace unos días. Ahora comienza a hablarme a su modo atropellado de cría ansiosa, y se me hace relajante escucharla. Dan ganas de apretujarla y protegerla; vale, quizá no sea mi tipo por dentro, pero es innegable que hacerle el más mínimo daño a cualquier nivel sería propio de un hijo de puta. No hay maldad ni doblez posible en ella. Es como lo contrario a mí en muchos aspectos. Ahora soy consciente de ello; es el otro extremo del cinismo y el pesimismo y hasta la fría racionalidad. Y no es una pose. Es tan malévola como lo pueda ser Minnie Mouse.

Piensas siempre en un ideal, una mezcla de fantasías autofelatorias y perfeccionismos relacionados con cómo te verán los demás con esa tía, o esa otra. ¿Parecerá que estoy a gusto? ¿Cuando me juzguen sin que estemos delante dirán que estoy desesperado?, ¿que me estoy agarrando a un clavo ardiendo? ¿Cuánto tiempo nos darán?, ¿dos meses?, ¿un año? ¿Qué tipo de insultos -directos o indirectos- utilizarán para con ella? (En este caso aludirán a su peso, seguro, aun no siendo nada alarmante e incluso añadiéndole atractivo.) ¿Qué dirán sobre nosotros esas parejas que ya hace años que conviven juntos? Y lo más importante, ¿me importa todo eso? No lo sé; diría que, de un modo individual y para conmigo, objetivamente, no. Pero, ¿debo sonreír como un capullo cuando me reúna con la gente?, ¿haciendo como si no hubieran estado juzgándome, asintiendo como un imbécil a cada chascarrillo y comentario como si nada? ¿Me hago demasiadas preguntas? ¿Significa eso que estoy amargado? ¿Y los que te llaman amargado, estés o no delante, seguro que ellos no lo están aun teniendo la necesidad imperiosa de juzgar a todo el mundo para después hacer el papel con todo el mundo? ¿Esa gente que es capaz de compartir sus intimidades como si nada, y que luego se cabrean si alguien les roba una pulsera o un reloj, no están amargados? ¿O son quizá demasiados los que son así y es un alarde de pesimismo relacionado con la naturaleza humana muy arriesgado hablar de ellos en esos términos?
Y.
¿Qué papel juega Aileen en todo esto?
Esa gente que entra en la máquina y que de repente necesita recuperar su individualidad, que dejan a sus parejas para tener algunos pensamientos distintos antes de dormirse, ¿qué habían estado haciendo antes? Mi teoría es que lo que hacían de verdad era demostrar que pueden ser uno más, pueden sumar; pueden convencer a su entorno de que son responsables, adultos, monógamos, todo eso. Pueden convivir en pareja a la voz de ya si les apetece, tengan veinticinco o cuarenta años. Da igual. Si mi hermano ha podido, yo también puedo. Si mis amigos lo han hecho, yo también debo hacerlo. Yo también puedo conseguir que todos digan que he madurado cuando no esté delante. Puedo conseguir que afirmen que he mejorado, que ahora soy estable, sé afrontar mis responsabilidades y poner la otra mejilla o el culo ante la vida. En definitiva, tengo cojones y puedo hacer esa mierda. Así, si igualas tu situación a la de todos, serás digno del mismo modo que todos. Arrinconarás lo “abstracto” y te sentarás orgulloso a cenar con tu entorno en nochevieja procurando que se vea bien tu reloj nuevo, tu pulsera comprada en marruecos. Sonríe, todo está buenísimo, ya eres completo, y la cámara está a punto de disparar.

Pasan los días y Allegra cada vez me enternece más. En cuanto al sexo, sólo diré que ahora el olor a pis me la pone dura. Digamos que, Allegra no es de esas que baja un momento al pilón y en cuanto aquello erecta pugna por pasar a lo siguiente. Ese contraste entre su actitud melosa y su falta de escrúpulos en la cama satisfaría a cualquiera. Quién iba pensar que en ese tipo de aspectos es la típica mujer que podría romper matrimonios.
De todas formas, seguimos chocando en cuanto a nuestra visión sobre la rutina y las personas. El tema es que yo siempre he creído que todo esto no es más que una batalla: tú contra la vida; y que al final gana la muerte. Ya sé, así dicho puede sonar muy extremo, pero -aunque a distintos niveles- la mayoría de gente piensa así (quizá todos excepto los suicidas…). Y creo que todos piensan así porque constantemente te están diciendo que te levantes, que sigas, que actúes ya, que superes los obstáculos, que nada debe frenarte… ¿Y qué es todo eso sino una batalla? Todos lo transforman todo en una contienda. Si les hablas del matrimonio te hablan de que hay que luchar por mantenerlo en pie, si estás solo te dicen que para estar acompañado hay que mover el culo y salir de la trinchera. Si estás realmente enfermo te dicen que luches por tu salud. Todo es una guerra. Contra el colesterol, contra el nivel de azúcar en la sangre, el tabaco, el alcohol, las drogas duras, la edad… Es un enfrentamiento constante con todas las circunstancias que pone en tu camino la existencia.
La diferencia entre Allegra y yo, es que para ella toda esa lucha es bonita, y yo intento valorar las cosas por separado. Porque puede que pensando al modo simple o vitalista u optimista, acabes perdiendo más la perspectiva que si eres un puto cínico aferrado a los rincones oscuros de la realidad. Es la diferencia entre sonreír para estar contento, o hacer algo, estar contento y como respuesta sonreír por ello. Y yo nunca he sabido alegrarme porque sí para ser feliz. Ese rollo me parece algo así como el capitulo uno de un libro de autoayuda escrito por alguien mucho más mezquino que yo.

Una de las cosas que más me gusta de Allegra es que siempre está localizable; no tiene una de esas agendas a reventar de cursillos y clases de idiomas y terapias de la risa y toda esa lista de quehaceres que te convierten en alguien tan “preparado”, moderno y cosmopolita. No necesita saber cuatro idiomas para sentirse realizada, ni hacer actos altruistas en pos de algún tipo de insatisfacción sin nada que ver con el altruismo. No, ella puede ir a trabajar, volver y calmarse; no se pone nerviosa con siete horas libres en las que no tenga que dormir. No es como esa tanta otra gente que necesita tener al menos cinco o seis frentes abiertos en su vida para mantenerse ocupados. ¿Dónde está la pasión? ¿Pasión es hacer muchas cosas a toda leche? Yo al menos no podría disfrutar de una clase de japonés (por más que me pudiera interesar) si después tuviese que ir a clase de yoga y después a algún taller de cocina. Y lo que creo es que mucha de esa gente no haría la mitad de las cosas que hacen si después no pudieran contar que las están haciendo. Es algo que jamás entenderé; he llegado a ver esa actitud incluso en relación con el sexo: “¿qué sentido tiene tirarse a Fulanita si luego no lo puedes contar?” Sueltan cosas así y se quedan tan anchos. ¿Es que vivimos en una puta comedia romántica americana? He llegado a oír cosas como: “podemos ir a ese bar que está un poco después de donde voy a hacer yoga y un poco antes de la academia de baile.” ¿¿¿¿¿¿?????? ¿En serio necesitas contarle tu vida a alguien para llevarle a un sitio que ya sabes dónde está? Y, con todo, la pregunta, en este caso genérica y plenamente justificada, sería: POR QUÉ (o, qué papel juega Aileen en todo esto). Es decir, ¿se puede profundizar en algo en la vida -lo que sea- que siempre, y repito, siempre esté sujeto a horarios y enterrado en otras actividades?
En eso coincido plenamente con Allegra. Lo importante es Hacer (si te apetece), y luego contar lo que te dé la gana, si te la da. Además, insisto, de todas formas la gente suele gestionar muy mal la información (por decirlo finamente).

Tenía un amigo, ahora el ciento y pico por orden de agregados en Facebook, que decía que la vida es un coñazo, pero que al menos está salpicada de coños. Lo decía siempre que me hablaba de las amigas de su novia, con las cuales no tenía problema en flirtear. Cuando ya llevo un mes y medio con Allegra, se empeña en presentarme a su círculo. Concrétamente, son tres chicas, y muy parecidas a ella físicamente. Estamos en la terraza de un bar. Si has visto uno de esos videos porno en los que al principio tres mujeres disfrazadas de adolescentes se pelean con almohadas dando grititos y sonriendo estúpidamente, pues esto es bastante parecido. Lo bueno es que también son tímidas, y parece ser que respetuosas; saben que no las conozco e intentan entablar conversación de una forma educada. Al menos dos de ellas… La otra no habla, permanece seria, o más bien meditabunda, como si tuviera la cabeza en otro sitio.
Llega un momento en que se levanta sin decir ni pío, entra en el local y va al lavabo.
Y, ni que decir tiene, su silla la ocupa Aileen.
Allegra y las otras dos chicas me dicen que hace dos días que Sandra fue al Poma. Que entró en esa “máquina rara”. Les digo que ya sé de qué hablan, pero que todo ese asunto es una chorrada. Y aun así les pregunto:
¿No ha hablado nada?
Me dicen que solo con monosílabos. Pero que lo extraño es lo seria que está, que ella ha sido siempre muy sonriente, muy centrada. Podría pensar que me están gastando una broma, pero estas chicas no parecen ser de las que maquinarían una historia así. Les digo que no tiene por qué ser por la máquina, quizá está preocupada por algo. Dicen que vale, que es una posibilidad, pero insisten en que está muy extraña, nunca la han visto así.
La muchacha vuelve, pega un trago de su vodka, y sigue a lo suyo.
En el local tienen un plasma dirigido a la terraza. Al cabo del rato, alguien le ha pedido al camarero que suba el volumen. Todos miramos la pantalla. En el telediario dicen que el sueco Bjorn Anderson -el creador de Aileen- lleva días desparecido. No tiene familia, y sus allegados y compañeros de trabajo no saben nada, solo que no responde a las llamadas y los mensajes. Su casa está vacía y no hay notas ni pistas de dónde puede haber ido. A las chicas y a mí nos da por mirar durante un segundo a Sandra, la neo-autista. Ella responde a nuestra mirada y después desvía la vista hacia su regazo, mientras hace que no con la cabeza, dejando ir una media sonrisa algo siniestra.

El día siguiente amanece con una extraña noticia. Dicen que una chica inglesa de quince años entró hace tres meses en Aileen. Y la muchacha, aun con el himen intacto, está comenzando a engordar. Está embarazada, y la única explicación plausible es la de que se haya tirado a alguien y haya pactado con quien sea una reconstrucción de himen. La explicación lógica es esa, que la chica, aun con su pinta de no haber roto un plato, ha llevado a cabo una táctica de desconcierto para echar la culpa a Aileen. Aileen siempre tiene la culpa. Todos cambiamos por Aileen. Un grupo satánico dice que esa niña está engendrando el anticristo. Se dice que los médicos no quieren enseñar las ecografías a nadie. Los padres de la chica no hacen declaraciones. Hay un buen puñado de datos extraños, de incoherencias. Mi teoría a bote pronto es que el cabrón que se la ha tirado es cirujano. Se la tira y luego la “arregla”. Y misterio. Pero lo que sigue sin cuadrar es la imagen que la chica da en los medios. Parece tener ese perfil a lo Minnie Mouse de quien no pensaría en nada tan retorcido para ocultar el hecho de que alguien seguramente mayor de edad le ha dado un buen repaso. Lo cual además sería abuso de menores. Pero Aileen está tan de moda que quizá la menor haya cedido a los deseos de ese mamón cirujano reconstructivo y ahora no sepa cómo salir del entuerto en que se ha metido. Es delgada; ha ocultado su barriga hasta que se ha hecho demasiado evidente. Por más que le preguntan, la muchacha dice que nadie la ha violado ni nada parecido, que incluso tiene un novio de su misma edad que puede constatar que ella no ha estado nunca por ahí follándose a mayores de edad. Dice que él, ademas, la vio entrar en Aileen, y que si entró sola fue solo porque quería estar en silencio un momento, sin nadie más. Y yo creo que quizá debería apuntarme a clases de alemán, me siento muy poco internacional últimamente. La muchacha dice que meterse en esa máquina es lo único extraño que ha hecho en su vida, y que en cuanto supo que estaba embarazada, Aileen fue lo primero que le vino a la mente. Y yo me pregunto cómo serán esos ejercicios de terapia de la risa. Dice que no, que ella no conoce al creador de la máquina, y que no se han encontrado ni fue él quien practicó sexo con ella, porque ella no practicó sexo con nadie. No creo que sea tan raro eso del yoga, quizá incluso sea útil; quizá todos necesitamos relajarnos un poco, puede que haya recetas de verdad para eso. Allegra mira como hipnotizada la tele. Todos los canales hablan de lo mismo. No se trata de una adolescente embarazada más. Es la novia de Aileen, y dice que lo suyo ha sido como la inmaculada concepción. A todo esto, el sueco sigue desparecido, se lo ha tragado la tierra. Si la realidad comienza a distorsionarse tanto que no alcanzo a comprender al menos un tanto por ciento respetable de ella, quizá sea una buena idea que me apunte a unos talleres de cocina, por ejemplo. Al fin y al cabo salgo temprano del trabajo. Una locutora de la radio dice que los ojos de la muchacha quinceañera están cogiendo un tono rojizo. Dicen que se aprecia en las entrevistas de televisión. Que antes eran verdes. Allegra abre su portátil y pone “Biblia Satánica” en Google. Parece que su perversión en la cama se está extendiendo un poco hacia otras áreas. Y yo podría incluso dar clases de esgrima, debe ser divertido, y además esas espadas no pinchan, les ponen un tope, una bolita o algo así. Pero ¿por qué una reconstrucción de himen? ¿Por qué no abortar? Alguien llama al móvil de Allegra. Allegra descuelga, espera, y cuelga sin decir apenas nada. Luego consigo sonsacarle mientras llora que han encontrado el cadáver de Sandra en las vías del tren.

[Arriba, trailer de “Skyline”. Que me viene bien para rajar un poco sobre cierto tema: efectos especiales. ¿A nadie más le parece que “Avatar” está sumamente sobrevalorada en ese aspecto? A bote pronto se me ocurren varias películas que me gustan mucho más visualmente (Amelie, Sin City, 300, Watchmen…). ¿Y nadie cree que los avatares eran directamente muy feos? (azules, con trenza, estirados) Además no acababan de convencer; mirabas a Sigourney Weaver, que era la cara más conocida, y su avatar resultaba extraño, desde sus movimientos hasta sus facciones; para lo que nos habían vendido, aquello para mí dejaba mucho que desear. De hecho, solo esta “Skyline”, que quizá será peor que “Avatar” (aunque no es muy difícil igualar a “Avatar” en argumento, etc.) ya me parece mejor acabada en sus efectos especiales, como si sus directores se hubieran empeñado en lavarle la cara a “Independence day”. Echadle un tiento. Por otro lado, y cambiando totalmente de tercio, ha salido el cuarto número de la revista A-Zeta, esta vez abordando como tema el Humor, y en la cual encontraréis un relato inédito de servidor: “La encantadora Lily”.]

35 comentarios en “Aileen

  1. Me ha parecido que abres muchos temas y personajes paralelos, generando interés por saber más; algo que me parece tremendamente difícil y que sólo se puede conseguir cuando se tiene chispa escribiendo (porque sorry, pero estoy convencida de que no todo se puede aprender; se tiene o no se tiene) pero hay un momento donde se me ha deshilvanado la idea; antes de conocer a las amigas. Después el hilo a vuelto, más fuerte incluso.

    Buscaré tu relato en la revista A-Zeta, es difícil no querer leer lo que escribes.

    En cuanto al trailer… if you want live, you are dead. Esa es mi opinión sobre las pelis con exceso de efectos especiales. Las historias sin base en lo real cotidiano no necesitan grandes aliens, si no conexiones con lo cotidiano. Como tu Aileen.

    Un saludo.

    (Por cierto, como empiece a leer comentarios de que el texto es muy largo, directamente me van a volver las ideas asesinas… ¿la people no se ha leído nunca un puñetero libro?)

  2. Me gusta que la historia a ratos se entretenga sin prisa en esas reflexiones filosóficas tan inteligentes sobre cualquier cosa. Lo curioso es que me identifico con casi todas esas reflexiones. El relato también es muy interesante.
    P.D. Estoy de acuerdo en lo de Avatar y todavía más, diría que es cine infantil que inexplicablemente ha triunfado en el mundo adulto. Salí cabreado del cine. Una historia simple, unos efectos muy trabajados a golpe de dolar pero que, mira tú por donde, yo también me quedo con los de Watchmen y un buen puñado de crítica social y política suave para no ofender a los verdaderos cabrones(denuncia rebelde de tercera fila sin un ápice de originalidad).

  3. Otro relato inquietante en el que “lo menos” creo que es el relato en sí. Me generan un estado de ánimo raro tus conclusiones acerca de la amistad, de la soledad, del sexo… hasta de un facebook que ni siquiera tengo. Sé que jode que te rellenen un comentario con algo que has escrito tú, pero no me reprimo. Me quedo con esto:
    “Lo importante es Hacer (si te apetece), y luego contar lo que te dé la gana, si te la da. Además, insisto, de todas formas la gente suele gestionar muy mal la información (por decirlo finamente).”

  4. Alguien tenía que decir lo de la largura… 😉 La cuestión es quejarse del tamaño de las cosas… En fin, que me pierdo. Increíble. Todo. La forma de narrarlo, de mezclarlo, de unir varias historias, pensamientos, de soltar verdades como puños que cargan el texto con pinceladas de realidad aplastante. Brutal. Me ha encantado. Poco a poco, te voy leyendo. Y cada texto, largo o un diálogo de cinco frases, me sorprende sobremanera. Me quito el sombrero. Un besete y un placer!!!

    1. Yo me consuelo pensando que la mayoría de la gente que dice que es largo es porque no ha leído. Una cosa es que sea largo y otra muy distinta que “se te haga largo”. Intento escribir para que quien lo lea disfrute, así que no me corto; nadie echa un polvo maratoniano y luego se queja de que ha sido genial pero un poquito largo (si se me permite la extrema analogía).
      Pero como no puedo saber con seguridad quién lee y quién no… Y tampoco sé hasta pasado un tiempo si lo que he escrito es bueno o no para mí…

      Gracias por pasar y leer.

      1. Se te permite la extrema analogía porque plasma a la perfección esa pequeña crítica de la largura. Si lo disfrutas todo, no suprimes ni una frase. Si “se te hace largo”, al lector no termina de acabarle. Pero es lo que tiene escribir y lo que tiene leer. Que la satisfacción del escritor no tiene por qué coincidir con la del lector, y viceversa. También te habrá pasado recibir grandes elogios por textos que no te terminaban.

        A ti, por escribir!

  5. Siempre pensé que la línea entre lo que llamamos locura y cordura era muy delgada y fácil de transgredir. Lo que nunca se me haía ocurrido es que alguien pudiese inventar una máquina que activara ese cruce…hacia un lado o hacia el otro, según sea su componente escencial.
    Ailleen se me ocurre un artilugio de ese tipo…quizás algo más maléfico (?)…por las dudas yo no entro!

    Un abrazo.

  6. ¡Qué chulada de trenza has tejido! una verdadera gozada, vi cachitos de mí en esa Allegra tan cándida y siniestra, atractivo contraste… y de Aileen, auch! escalofríos…

    Me da gusto encontrar compañía en el territorio Anti- Avatar, a mi me pareció una chorrada ridícula, cursi y simplista, ademas de visualmente desagradable… me uno a Amelie y Sin City por supuesto

    Un abrazo y gracias por el coment de ha

  7. Lo que puede hacer una maquina, en mi caso ni loca entro, encima quedar embaraza sin saber uff que peligro.
    Pues a mi que quieres que te diga, la pelicula Avatar en todos los sentidos me gusto, diferente a las que estamos acostumbrados y con algo que muchas personas desearian hacer, por unas horas hacer algo que sus incapacidades les permiten…lo digo para las personas que hemos tenido en la familia alguien con problemas de este tipo.
    Hay opiniones para todos los gustos, eso es lo realmente bonito…los avares originales segun claro mi punto de vista.
    Primavera

  8. Primavera en Otoño:

    Mi opinión sobre “avatar” es que bajo toda la parafernalia de efectos visuales y diseño de producción, y al margen de un par de escenas de accion sucias muy bien hechas (al fin y al cabo es Cameron), practicamente no hay argumento ni fondo, o este se reduce a: los humanos son malos y los de pandora contraatacan, más una historia “ecologista” y de amor trilladísima, y fin. ¿Que es entretenida? Pue sí, pero a las dos semanas ya solo recordaba un batiburrillo de azul y verde CGI; no se me aceleraba el corazón ni me daban ganas de volver a verla en absoluto.
    A mí me gustaba mucho más el Cameron sólo violento y gamberro, el de Mentiras arriesgadas y Terminator.

    saludos.

  9. Sabía yo que alguien iba a mencionar el tamaño… si es que al final sí que importa.
    Que digo yo que a lo mejor no me he enterado; y por supuesto que todo texto es subjetivo y sugiere cosas diferentes según el lector. Pero no me ha parecido que ninguna “máquina” vuelva “loca” a nadie; más bien me ha sugerido que el silencio de verdad, el que no admite escape, nos remite a lo más profundo (o superficial) de lo que somos; lo que intentamos callar con ruido constante. Y eso es lo que produce reacciones incomprensibles para el resto. Éso, y que los que “entran en la máquina” sean justo este tipo de personas, las que no tienen contacto con su yo más íntimo.
    Pero no sé, lo mismo ma aquivocao yo…

    Un saludo.

  10. jaja Cari, me he partido el culo.. el comienzo es descacharrante y la máquita del Silencio Perpetuo, Aillen es el mejor hallazgo literario que he leído últimamente… Me ha encantado (como siempre, que asco, jaja) y todo eso con el amigo 69 por orden de aparición en el facebook… que genial, de verdad.

    Luego, también como siempre, con esa facilidad con la que pasas de lo cómico a lo trágico, me dejas inquieto y acojonado por el final. Lo mejor como siempre es tu escritua fluida y facil que, sin embargo, va cargado de misiles contra todo, y que consigues atraparnos y emocionarnos y conmovernos…

    Tus comentarios finales cinematográficos un poco a lo bertoldbrech, como distanciando del genial texto que, bueno, ahí os dejo, lo acabo de hacer como si nada, como si no fuera contigo la maravillosa e inquietante historia de allegra y la maquinita.

    No sé, me veo tan burro comentando malamente que casi prefiero callar, jaja. Bezos.

  11. Felicidades por el relato. Me encantó… sobre todo (y no se por qué) las referencias al sexo.

    Respecto Avatar… eran feos. Si. Skyline… pues no sé. A priori parece Independence day… pero tengo la esperanza de que el elemento humano tenga peso y la salve.

    Saludos.

  12. ¡Vaya!, creo que se me ha borrado todo lo que había escrito, jolín, con la rabia que da.
    Repetimos.
    Gracias por tu comentario, así que lo de las promesas son una especie de leyenda urbana…
    Y luego te decía algo así como:
    ¡Caramba! ¡vaya pedazo de blog!, me has hecho sentirme pequeñita, el mío es una insignificancia comparado con éste.
    Y para terminar, añadía:

    Gracias por la visita, y un abrazo,

    Creo que eso era todo.

  13. Si lo imaginas como una película, tendría un punto a lo Richard Kelly cojonudo. Con su parte cómica y su parte de misterio e intriga. Además del formato estrictamente narrativo, incluye partes ensayísticas (formuladas a modo interrogativo) que transforman de manera inesperada la narración. Inevitablemente suscita cierta extrañeza, lo que en este caso enriquece la lectura del texto; supongo que será por como se combinan las reflexiones del protagonista con el intangible desconcierto provocado por la parte de misterio: “Sandra mira su regazo, negando con una sonrisa siniestra, y al día siguiente encuentran su cadáver en las vías del tren”.

    Yo me quedé con las ganas de meterme en la máquina de John Cage, y “escuchar” su 4’33” en la condición de máximo aislamiento acústico.

    Buen relato.

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