Anyone’s Ghost

Vas tropezando, agotado, atinando a tocar una teta, un billete de quinientos, una nube… Esta es la parte del texto/vida/existencia más desagradecida, cuando aún tienes que esforzarte por seguir adelante, dudando de si estás perdiendo el tiempo otra vez. Tienes que apartar rocas y telarañas, librarte de tus prejuicios. Y puede que veas una luz al final del túnel, pero al final la mayoría de veces no es más que otra persona perdida igual que tú. Con una linterna.
Y tú ya tenías linterna, todos la tienen. Y esa persona igual de despistada, la mayoría de veces tira por otra galería; bastante tiene ya con aguantarse a sí mismo/a como para lidiar también contigo. Con tu linterna de los chinos y tu rollo patatero en plan “voy a pegarme un tiro cualquier día de estos”. Nadie quiere esa mierda. Quieren que les compres con colonia y una presencia decente; quieren hacer manitas contigo en el cine, ya sabes. La mayoría de esas parejas tan apasionadas después no deben pasar de la postura del misionero. Esa gente que se pierde la peli, muchas veces no está más que protagonizando una mucho peor que ya hemos visto todos.
La historia se repite y se repite y tú no eres más que el siguiente en la cadena de montaje. Pero aun así miras esa luz cuando surge, y te preguntas si no será natural de verdad. Todo eso mientras intentas recordar cómo te perdiste, por qué no se puede ir marcha atrás.

Elevemos el costumbrismo. Recuerdos.“Californication”. Capítulo ?: La mujer de mediana edad afirma: “Me encanta cómo escribes”. Y Hank Moody responde: “Esas son mis palabras favoritas del idioma”. O algo así. Abría los periódicos todo los días, da igual si eran gratuitos o digitales o si estaba en un bar hojeando La Vanguardia. Y todas esas noticias redactadas supuéstamente en nombre de la verdad, resultan cada vez más ajenas a ella. Otra cosa son los artículos de opinión; vale, ahí hay una visión correctamente subjetiva. Eso está más cerca de algún tipo de autenticidad. Pero si realmente quieres Verdad, sal a buscarla a la calle, viaja. O en su defecto, lee ficción. Buena ficción, claro. Qué hay mejor para enterarse de verdad de lo que pasa en el mundo y la vida y la existencia, que un escritor medio borracho que necesita vomitar algo en el word o el office o su máquina de escribir vieja. No, no vas a encontrar más verdad en ningún otro sitio. Nadie que escriba con un horario apretado en medio de una oficina a dos horas del cierre te puede contar nada que merezca la pena ser leído o escuchado. Lee al tío al que se le hace de día escribiendo, ese que escribe porque sí, o al menos con un mínimo margen de acción, sin presión, y si puede ser hasta sin nómina de por medio. Un periodista debe concentrarse más o menos igual para redactar su rollo que para cagar después de haberse dado un atracón de café. Pero otro de esos tíos perdidos en medio del túnel que ven linternas ajenas de lejos como yo, esos tíos quizá te digan algo atinado, ya que, en cualquier caso, no tienen ninguna necesidad profesional de decírtelo, sólo quieren sacarlo de su organismo.

Caminas y caminas, e igual ves otra luz; esta vez parece más estática, más brillante. Pero no. Enseguida, cuando apagas tu linterna para apreciar el pequeño fulgor, éste se asusta y recula, o cambia de túnel. Más gente perdida.
A ratos parece sonar una melodía. Al final acabo reconociéndola. Es el pop que viene a rescatarnos. Quizá. Pero lo que es es una canción: Anyone’s Ghost. Sí, elevemos el costumbrismo. Es un tema de “The National.” Parece ir y venir con la corriente de los túneles. No puedo estar lejos de la luz natural. Quizá esa música no sea sólo ensoñación, quizá no tenga nada que ver con que en cierta época escuchara cierto disco unas tres veces al día durante semanas…
Didn’t want to be… your ghost
Didn’t want to be… anyone’s ghost…

El estribillo se repite una y otra vez. Estoy en casa, tengo cinco años, mi madre ya no me coge en brazos tanto como antes. Y mi vecina, mi vecina se baja las bragas para mí en las escaleras del edificio. Mi vecina de ocho años. Cada día. Y no hay nunca respuestas en el pasado: el caldo de cultivo de Freud no es más que tinta desperdiciada. Y con doce años mancho un sillón con mi primera paja. Y no es más que una paja, una paja viendo no sé qué concurso de televisión solo en casa, el escote de alguien. Y luego mi madre muere cuando yo tengo catorce años. Mi madre, no-fumadora, no-nada. Un infarto. Y ya está, no busco otra mujer a la que poder llamar mamá: ya superé aquella mierda. Y mi linterna sigue enfocando paredes curvas, suciedad vital, caminos incorrectos. Tropiezo y alguien me echa la bronca en el colegio; me tiro a una chica en los vestuarios del gimnasio; un profesor me pide la agenda y ve mis dibujos obscenos de pollas y tetas y llama a mis padres. Dejo los estudios y me pongo a escribir. Trabajo en lugares infectos que no merecen palabras. Mi padre se desespera. De vez en cuando me lío con alguien y no la vuelvo a ver, entro en chats, me la casco con fotos de Facebook. Un día me sale sangre por la rajita del pis de tanto machacármela. Al día siguiente miro las mismas fotos otra vez y comprendo que estoy colado por esa tía. Una tía, cierta tía, amiga de amigas; habremos coincidido seis o siete veces con seis o siete personas más. Si que alguien sangre por ti no significa nada, pensé, ya no sé qué es lo que coño cuenta en esta vida.

Siguen retumbando “The National” en mi cabeza, una y otra vez, la misma melodía. Matt Berninger no quería ser tu fantasma. No quería ser el fantasma de nadie. Las luces aparecen de forma cada vez más habitual. Muchas almas perdidas. Entro a hurtadillas y de noche y por una ventana en casa de mi primera novia de verdad. La asfixio con su almohada, nadie me pilla. Yo sí quería ser el fantasma de todos. Créeme. Observé el cadáver y me masturbé antes de salir de su habitación de postadolescente; todo era rosa, todo insinuaba el hecho de que allí dormía esa putita de coño realmente estrecho; esa conejita que me dijo unas horas antes que estaba por otro, otro tío, un chico, dijo, alguien más de su edad. Y no lo pude soportar. Aun sabiendo que la chica que a mí me gustaba, por la que llegué a sangrar, seguía siendo la primera en la lista. Aun con novio. Aun en este mundo.
Y se había abierto la veda.
Yo sí quería ser el fantasma de todos. De todo el mundo.
El túnel sigue y sigue como la vida que es. Una calle por la noche sirve para cazar a ese cabrón. Ese “novio de”, ese estorbo. Tantos y tantos días y semanas, ella con ese tío, ese chico inútil con cara de empollón eterno. Ese más que probable gay reprimido. Ese mamón realmente se estaba tirando a la fantasía de mis pajas. No era la chica del poster, joder. No lo es. Pero era mi chica, esa muchacha sencilla con su bikini en la playa, de fiesta con sus amigas, en el cumpleaños de alguien… Yo conteniendo la respiración cada vez que actualizaba su cuenta, cuando añadía fotos. Lo que fuera bastaba, y esa noche tenía que frenarme antes de destrozarmela.
Pero luego llegó la nada, otra luz que era linterna. Luego no supe ir a por ella. No supe hacer el papel. ¿Qué pasa si sale conmigo y luego…? ¿Podría contenerme? ¿Soportar la idea de perderla? No era capaz de afrontar eso, y la forma de postergarlo fue esperar. Y por supuesto ella comenzó a tirarse a otro. Y luego a otro. Y así durante años. Hasta que yo acabé aquí. Y ahora no sé por dónde salir. Tampoco fui capaz de ir matándolos a todos. Era una idiotez. Yo era el idiota.
La historia sobre cómo se pasa de ser alguien normal a ser un asesino cutre, es tan chocante como aburrida. Es como leer un periódico sin artículos de opinión. Y ni tan siquiera he seguido. Nunca he conseguido acabar nada de lo que empecé. Ni aun metido en la mierda en este túnel sé seguir siendo algo de lo que fui.
Y.
Meando solo por primera vez. Matando hormigas después de volverlas locas al remover el hormiguero como un pequeño dictador genocida. Anuncios de Cola-Cao y Coca-Cola. Películas de acción de los años ochenta. Mirar al cielo tirado en el puto suelo porque eres muy pequeño y nadie lo va a tener en cuenta. Malas notas, gritos, más malas notas. Las tetas de Pamela Anderson a las siete de la tarde en “Los vigilantes de la playa”. Música Dance. Luego Brit Pop. Luego lo que fuera. Al final “The National”, el último grupo que escuché de vedad. Y Amargura, Remordimientos: me entrego. Y ahora oigo el ruido de mi celda abriéndose otra vez, y a ese funcionario capullo gritando a todo el mundo para pasar revista.

[En el video, el tema que da titulo al relato. Llevo muchos días in parar de escuchar a The National, empieza a ser preocupante… Por otro lado, la recientemente musa proyeccionera Emma Stone suena para protagonizar lo que ahora llaman el reboot de Spiderman. Parece que sale una chica en este blog, y al día siguiente le ofrecen el papel de su vida… Igual hasta veo la peli, no la pensaba ver…]

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9 comentarios en “Anyone’s Ghost

  1. Hey, yo también me “zampo” Anyone’s Ghost el día entero… me lo tengo fichado en spotify… 😛

    Tremendo relato, demoledor como muchos de los que te he leído. Si la gente se dedicara menos a buscar el final del túnel, creo que, iríamos mejor. Aceptaríamos. Y si tío, con unos cuantos párrafos te comes el mundo.

    He leído un guiño – o lo que sea – hacia Bukowski, que te ha quedado para enmarcar.

    p.D: Si he dicho algo fuera de serie… hay que achacarlo al sueño que me mata. Son las dos de la mañana.

    Un saludo.

  2. A mi es que me suena que la nueva versión de Spiderman es, cuando menos, una estafa por lo que se va sabiendo de ella… Y yo creo que mejor me la bajo cuando salga.

    Del relato, oiga, se ha superado… me ha gustado el ritmo

  3. Ah. Los National, ni idea. No los conocía. Me ha cansado el efecto voz, pero el grupo suena de maravilla. Apuntado en la lista, que es muy corta. Buscaré más canciones.
    El texto. No te conviertas en un Pessoabarcelona, por favor. El texto me ha gustado mucho, yo creo que la mayoría en una determinada franja de edad estamos ahí estampados en Anyone’s Ghost.
    Los Medios. Qué añadir, ya lo sabes. Mienten.
    Saludos.

  4. ” Si que alguien sangre por ti no significa nada, pensé, ya no sé qué es lo que coño cuenta en esta vida “…
    ¡Impactante! Tus relatos son tan crudos como la vida misma. Me encanta tu ironía.
    besillos!!!

  5. Una canción. Tiene momentos que evocan una gran canción. El túnel; escribir de manera pasional, sin ánimo de lucro, escribir de verdad. Y salir y conocer el mundo; la existencia, y canciones como este relato.
    Muy buen texto Jordi. Una grata sorpresa.

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