MetaBarbies

Empiezo. Al principio crees que estás inspirado, que puedes acabar relativamente pronto. Pero sospecho que esto me va a llevar al menos unas tres o cuatro horas entre el proceso de escritura, las relecturas y demás. Esto no es como el sexo. Y no es sencillo. Ni autobiográfico. Al menos no textualmente, al menos no de una forma en que todo lo que diga no esté codificado entre varias capas de mamoneo literario. Así que nadie podrá reconocerse demasiado aquí. Esto no es el susurro de tu amiga la tontita hablando de quien acaba de ir al lavabo.
Llámalo ficción o como quieras. Pero esto no es exactamente el espejo de tu baño. Ni tan siquiera el del mío.
Esto no.

Se me hace difícil comprender por qué HL llora desconsolada sentada en mi sillón, en el sillón que utilizo para ver la tele o masturbarme. Dice algo de su novio, un cuento repetido. Parece claro que Ken a vuelto a darle largas a Barbie. Pero por si acaso me siento a su lado y le pregunto. Y Ken ha vuelto a darle largas a Barbie, me dice. Aunque no llega decirlo sin intercalar varios hipidos y hasta tos. Por un momento parece que va quedarse sin respiración, y luego vuelve a las andadas con las lágrimas y el moqueo. Es una criatura de cuento hortera, como esas hadas que dibujan ciertas artistas supuéstamente chic, y que son tan luminosas y oníricas que acabas por no creértelas ni como hadas ni como mujeres. No te parecen ni una obra de arte ni una excusa para sacártela.
Pero ésta es real.
(Siempre lo son en estos textos no-autobiográficos, no-nada).
Es rubia, y su melena cae como blablablá, y tiene curvas mareantes y sus ojos son un océano en el que perderse y blablá… Todo eso. Adapta tu mejor fantasía masturbatoria y o romántica a esto; al fin y al cabo es lo que se busca a veces en ciertos cuentos pretendidamente dulces. Rubia o morena o pelirroja da igual si su pelo huele bien y cualquiera se la beneficiaría en un supuesto encuentro sexual salvaje; como todos esos supuestos, como cuando alguien te pregunta qué te llevarías a una isla desierta y les respondes con el título de un libro o algo por el estilo, cuando en realidad te llevarías toda la biblioteca, tu tele, tus muebles, y personal cualificado para construir y electrificar ese terreno.
Así que puedes imaginar a Scarlett Johansson si quieres, o a Kirsten Dunst si te gusta el rollo más frágil y menos carnoso. O a quien sea. (Incluso puedes creer que pasarás toda tu vida con ella).
Pero qué bonito es su pelo rubio o moreno o pelirrojo. Qué bien quedo consolándola como si me importara un carajo su amorío con el Ken de turno, que ya debe estar beneficiándose a una de esas Bratz, y para el que esos supuestos encuentros sexuales salvajes con Ideales de Mujer no son solo una posibilidad remota.
Las chicas como HL tienden a creerse las mentiras de Ken. Creen que Ken está más allá de la carne. Pero Ken tiene una mansión y está bronceado y va al gimnasio y tiene un deportivo. Ken es demasiado joven y “atractivo”, encaja demasiado bien en el ideal de revista para conformarse sólo con Barbie.
Pero Barbie, aun siendo quizá poco más que una pija estúpida -y aun habiendo sido Actriz, Atleta, Azafata, Bailarina, Enfermera y hasta Astronauta, entre muchas otras cosas- sí suele tener sentimientos que pueden ir más allá de la carne, aunque estén enterrados en publicaciones imbéciles y toneladas de maquillaje y ropa.
Con todo, la chica del poster central sufre otra vez por otra “polla bonita”.

Releo siete u ocho veces lo que llevo hasta ahora, y creo que se intuye bastante la posibilidad de que Narrador acabe de un modo u otro entrando en Barbie. Pero aún no sé si a un nivel emocional, físico, o de ambas formas. Lo que se suele hacer es dejar claro que hay un vínculo amoroso, y luego hay un “fundido a negro” literario o algo así mientras los protagonistas se besan y el lector intuye que más tarde habrá penetración física. Novela rosa. Es lo que le gusta a mucha gente, que les digan que los personajes se quieren, pero que les ahorren el porno, la visceralidad, lo que viene después, las citas conflictivas, las discusiones, las tardes frías, las quedadas en cafeterías en las que no surge ninguna conversación, los polvos mal ejecutados, los celos por terceras personas, etc. Pero aún no sé bien adónde va esto.
HL se tranquiliza y la rodeo con mi brazo derecho. Le digo que si quiere dar una vuelta y calmarse. HL tenía que pasar sólo esta tarde aquí. Pero perdió un vuelo y yo le ofrecí quedarse a dormir, descansar y que cogiera otro mañana. Ella tiene que interpretar el personaje de una película para televisión. Yo la escribí. Ella quería verme; es la protagonista y considera importante el hecho de dejar las cosas claras con el director y el guionista. Se comporta como si fuese a triunfar, como si ese rollo fuese a estrenarse en cines o algo parecido. Y pasan unas horas mientras hablamos del guión, etcétera, y entonces Ken llama a su móvil y dice que se acabó.
Luego me doy cuenta de lo complicado que es para ella dormir aquí. Lo que para mí se hubiera reducido al hecho de quitarme los zapatos y estirarme en un sitio blando, para ella es una odisea. Hasta sale a comprar un cepillo de dientes. Le digo que puede dormir en mi cama. Pero dice que el sillón ya está bien. Le dejo uno de mis pijamas. Pone el móvil, y lo vuelve a apagar haciendo pucheros al ver que no hay ningún mensaje ni llamada perdida de Ken; murmura que se le acaba la batería. Cree que quizá él se arrepienta. Le digo que quizá debería llamar ella e intentar calmar las cosas. Pero se niega. Y seguramente ella sabe por qué. Son las muñecas Bratz, todas esas cabronas, el resto de las mujeres que no son ella, todas esas Nancys y Chochonas, esas zorras que imposibilitan la monogamia en el mundo de las hadas reales.

Me dice que le gustaría ser más del montón. Lo cual se traduce, supongo, en: menos guapa. Dice que me agradece mucho mi amabilidad, pero -después de haberse pasado una media hora recostada sobre mí contándome su vida- me avisa de que no me confunda. Lo cual se traduce en: No. Y yo, en resumen, le digo que no pretendo tirármela ni nada, solo le ofrezco un techo. De lo cual se desprende que no sería la primera vez que folla por ahí para conseguir cosas o evitar cosas. Pero como me ha calado, se siente muy segura mientras habla de lo poco “su tipo” que soy. A mí me gustan más altos, más dominadores, dice. Lo cual indica que muy pronto otro Ken va a llamarla para dar paso al siguiente Ken, y el siguiente y… O puede que al final encuentre a un tipo que además de ser alto y fibrado y metro-sexual y portada potencial, también sea algo sentimental más allá de unas bragas tiradas en medio de una habitación.
No es que yo sea mejor por ser más feo. Pero la ventaja de ser del montón es que la percepción que una chica así tiene sobre ti sólo puede mejorar; así que si le caes bien, quizá con el tiempo confunda ese mejor concepto que va arraigando en ella respecto a tu persona con algo más profundo. Es como si no pudiera aceptar la idea de que podría haber algo atractivo en alguien que no es atractivo superficialmente. Y cuando ese atractivo finalmente se materializa en lo no-atractivo, puede que acabes teniendo acceso a la modelo de portada.
Es lo que en el fondo quiero yo ahora. Subirle la falda a la Barbie y que esta vez tenga sexo. Quiero la Barbie de carne y hueso, con todos sus complementos, con todo su rollo de pija, de perfumes y gilipolleces. Odio esa mierda pero amo esa mierda. Me parece superficial y desolador pero también me la pone dura. Es la princesa del cuento; es lo que siempre, desde niño, te han vendido como Mujer. Una mujer es débil y te está esperando, debes rescatarla, protegerla; es suave y le gustan los niños; es tierna, vulnerable, delgada, con los ojos enormes y un vestido rosa. Nosotros llevamos pantalones y ellas falda. Ellas son las que tienen que aguardar a que las saquemos a bailar, son las que nos apartan la mano de su entrepierna en las primeras citas, las que nos cogen del brazo en las películas de terror; son inocentes, les gusta ir de compras y las películas empalagosas americanas.
Ese rollo, todo ese rollo en teoría del pasado de lo que deberían ser supuéstamente los hombres y las mujeres, aún lo tenemos metido bajo la piel; y por más que luchemos por ser más abiertos, etcétera, seguimos teniendo mucho de eso. Nosotros salimos de caza y ellas se quedan a cuidar de los niños. Haz la prueba; la situación recurrente de las situaciones recurrentes: Ves al cine, a una sesión numerada de sala llena, un sábado. Si llega una pareja y le toca sentarse a tu lado, verás cómo enseguida es el hombre quien ocupa la butaca junto a la tuya. Porque eres una amenaza, porque ella es su novia; porque vete a saber qué cosas terribles podrían pasarle junto a un desconocido macho a esa pobre chica de vestido rosa y ojos enormes, inocente, cándida, débil, desprotegida. Esa mujer no-independiente que además es tuya porque tú eres el hombre.
La diferencia es que antes ellas eran lecheritas y ellos no se depilaban, y ahora ambos llevan piercings y tatuajes. Pero en muchos casos, el juego de relaciones sigue siendo el mismo.

Creo que Narrador está en un mal momento para atacar a su Barbie, pero todo es posible: es lo que le gusta al lector. Esto no es la vida real. Y dejando al margen el hecho de lo raro que es hablar sobre uno mismo en tercera persona, la verdad es que hay multitud de posibilidades para Narrador. Y aunque los personajes, aun siendo tan distintos, acaben juntos, siempre cabe la posibilidad de cortar esto cuando mejor estén: algo como besándose al atardecer o… no, demasiado trillado. Pero sí algo por el estilo.
HL dice al final que prefiere mi cama. Ya era raro que esta muñeca de anuncio de colonia se conformara con un sillón. De todas formas, dice que mi pijama es muy ancho, que quizá prefiera dormir en ropa interior. Es decir, si a mí no me importa. Así que se mete en mi habitación y supongo se quita mi pijama y se mete entre mis sabanas. Y mañana sale su vuelo a las once. Lo cual significa estar como mínimo a las nueve despierta.
Y aquí llega el parón, el vacío narrativo. Para que pasara algo tendría que irme a dormir y, mañana, recién levantado, tirarle los trastos. Como casi todo el rato hablaba ella -y sobre sí misma- no me ha dado tiempo a soltar un solo chascarrillo, no he podido hacer que se riera. Solo escuchaba y escuchaba cosas sobre ese Ken, ese folla-Bratzs que ya seguro ni se acuerda de HL.
O.
Espera.
¿Ha insinuado algo con lo de dormir en ropa interior? Y teniendo en cuenta lo altiva que ha sido todo el rato ¿no es extraño que me haya pedido permiso para quitarse mi pijama? Tal y como iba todo, más bien hubiera esperado un tosco “no se te ocurra venir a la cama”. Pero en cambio me ha mirado a los ojos y me ha dicho que iba a quitarse ropa, que quería quitársela. ¿Tan grande le iba el pijama? Yo diría que no. Pero es un riesgo, la verdad, teniendo el carácter que tiene podría denunciarme por un solo cachete en el culo. Aunque por otro lado, quizá quiera un polvo vengativo, quizá yo pueda ser su muñeca Bratz. ¿Quiero que me utilice?
Sí.
Pero ¿querrá luego algo a cambio? ¿Será esto algún tipo de trato vía -llamémoslo así-: prostitución blanca?
Me revuelvo en mi “cama”, no paro de darle vueltas. Pero un pensamiento me tranquiliza: si ella quisiera realmente algo, lo habría dicho directamente, o al menos se habría insinuado más claramente. ¿Qué haría ahora mismo un Ken? No tendría que hacer nada, ya se la habría tirado dos veces, estaría durmiéndose con el sabor del tabaco en la boca.
De golpe, oigo un ruido. Pasos. HL abre la puerta de la habitación. Por un momento creo que viene hacia mí. Pero solo va al lavabo. Cierra la puerta, pone el pestillo. Se me ha puesto dura de tanto pensar en si ir o no ir a la habitación.
Es raro, pasan los minutos y no se oye nada. Nadie coge papel higiénico, ni sorbe, ni abre un grifo, nadie parece estar usando de verdad el baño. Bueno, supongo que llevaría alguna revista en el bolso, o quizá me ha cogido un libro. Puede que sea de las que se toma su tiempo. Sea como sea, voy a estar en vilo hasta que salga y vuelva a la cama. De hecho, incluso, una vocecita, me dice: “quizá se está aseando para ti, puede que se haya dejado de tonterías, igual sale y se te folla en el sillón.” Quién sabe. Pero es poco realista, incluso no siendo esto autobiográfico. No es que haya límites, pero el lector necesita sentirse mínimamente en los raíles.
El silencio llega a ser desconcertante. Pasan veinte minutos y aún no sale nadie del lavabo. Me levanto del sillón, de verdad preocupado. Golpeo la puerta con los nudillos: ¿HL, estás bien?…
Silencio.
Enciendo la luz del comedor. Vuelvo a golpear la puerta. ¿Se habrá dormido ahí dentro? ¿HL, estás bien?, grito. Y silencio. Comienzo a dar vueltas por el piso, nervioso. Son las dos de la mañana. Puede que despierte a medio vecindario, pero tengo que echar la puerta abajo.
Cojo carrerilla. Y el primer intento es patético. Caigo al suelo con el hombro dolorido, soltando tacos. La puerta está intacta.
Joder.
Vuelvo a coger carrerilla. Y esta vez consigo cargarme la madera por la zona del pestillo. La puerta rebota dentro y queda entreabierta.
La abro del todo.
Y dentro no hay nadie. Me quedo aturdido. Miro al techo, a las paredes. Noto un mareo, creo que por el golpe, me he dado sin querer en el marco con la cabeza. Salgo del lavabo y voy hasta mi habitación. No hay nadie, mi cama está hecha, las cosas de HL no están. La habitación me da vueltas. Demasiadas vueltas.

Alguien me da palmaditas en la cara, y dice: “ya abre los ojos…; dice algo de… palmaditas, está murmurando cosas”. En mí campo de visión aparecen dos hombres con traje y corbata, y también está mi hermana. Mientras me desperezo hablan entre ellos;
– Sí, creo que lleva días sin salir de casa.
– ¿Qué le ha pasado?
– Hace un mes Laura le dejó. Su novia.
– Es la chica con la que hablabas antes por teléfono?
– Sí, Laura Hernández, la conocemos desde críos.
– ¿Algo más?
– Hace tiempo que intenta vender un guión. La última vez que se lo rechazaron se lo tomó muy mal.
– Ha dicho algo de su «campo de visión». De unos hombres con traje…
– No sé de qué habla, la verdad.

[Por regla general los trailers suelen ser muy malos. Suelen intentar acaparar el máximo publico posible para las películas; así que los suele haber de dos tipos; o son siniestros (efectos de sonido, golpes, etc), o son en plan comedia estúpida (los típicos que te cuentan casi toda la peli). Pero de vez en cuando sale alguna joya, algún trailer realmente precioso que hace que se te haga la boca agua. Es lo que me ha pasado con el de “Blue Valentine” (trailer en el video), una peli que está acumulando premios, protagonizada por Ryan Gosling y la gran Michelle Williams. Una peli que desde luego pienso ver sí o sí.]

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38 comentarios en “MetaBarbies

  1. No sé si vas publicando en función a lo que vas escribiendo, o si lo haces desordenadamente. Si es la primera opción, me da la impresión de que “investigas” cosas nuevas. Éste me ha gustado especialmente más que los dos últimos; supongo que por identificación; parte del tema que tratas lo he estado desarrollando en rollos teóricos ultimamente. Me ha resultado “esclarecedor” tener una visión masculina diferente sobre las relaciones en función al género.
    Me gusta encontrarme con nuevos avisos de tus textos. Es como ver los trailers se las pelis que me gustan (lo siento, pero me sigo quedando con las ganas de saber cómo se desarrollan las tramas).

    Un saludo

    1. No tengo un orden fijo para ir publicando. Normalmente publico una vez a la semana, pero estos ultimos días me ha dado por publicar más. Los dos anteriores relatos están escritos de un tirón. Este es más en la línea de lo que suelo hacer.

      Saludos.

  2. Te envidio enormemente. No sé dónde tengo que buscar para escribir algo últimamente, pero desde luego tú me inspiras. Ojalá se me pegue algo…

    Me muero de ganas de ver Blue Valentine.

    mua.

  3. Impresionante. Está escrito con estilo pero con intencion contraria. No sé, me has sorprendido pero, como siempre que te leo. Y aunque no muchas veces te dejo comentarios es porque no tengo el tiempo que me gustaría en poder leer enteros tus escritos.

    Ah, yo también me sumo como una fan más a ésta peli. Sisí.

  4. Divertidísimo!… sé que me repito en mis comentarios pero…¿alguna vez te ha costado mirarte al espejo? ¿ te cuesta mirar al lente cuanto te toman una foto?… A mí sí, demasiado… incluso me cuesta devolver las sonrisas masculinas cuando alguién me mira con aprecio… creo que el día que lo logre podré ser tan libre para escribir como tú eres. Me gusta Jordi, mucho, mucho

  5. Jordi, hola. Vengo en uno de mis viajes de peregrinación y me entretuve leyendote. Vine a traerte personalmente el formulario del que te hablé en la Parroquia. De paso, te dejo de tarea dos Ave Marías por los sueños que tienes. Con eso tu mente quedará limpia ya que de tanto esforzarte por recordar la oración completa -y dos veces- no recordarás nada más. Quedarás exhausto.

    Saludos

  6. Holaaaa!! Es la segunda vez que entro por aquí (creo recordarlo así) Y sinceramente tengo que confesar que me “asustan” los relatos largos, unas veces por falta de tiempo y otras porque me temo que se puedan hacer lentos de leer, pero este hmmmm este ha sido muy agradable, me ha encantado escuchar lo que pasa por una mente masculina en situaciones como la que describes, y me alegro de haberme tomado un ratito para leerlo. Y bueno que decirte de la peli? Por supuesto que la veré ^_^

    Un beso, y gracias por tu visita…

  7. Pues la verdad que no se por donde empezar, por un lado esta ese tipo de palabras o descripciones que usaste, como “Polla bonita” o “bratz” eso de “¿lecheritas?” (esta ultima no la entendi muy bien creo), ok, pues ese tipo de vocabulario me parece tan expresivo y aclarador, que hace que me arranques sonrisas mientras te leo, y que decir del contenido de tu narracion, querido “Narrador”, no importa que se masturbe en el mismo sillon, (no dire donde lo hacen “otras personas” jajajaj) pero si que importa el proceso de cortejo, ¿que mas da que sea una Barbie? si se sabe tener “cojones” solo has de apretar fuerte el agarre y esta a la que le gustan los tipos duros, se te tira encima, jajajajaj
    Y por que ese final, casi me tiras de la silla, madre mia, me encanto sin duda, pienso pasarme por aqui de vez en cuando para ver que me cuentas, porque tu sinceridad y transparencia me enamoraron.
    Y una ultima cosa, se que te metiste con mi “obsesion por MIS Vampiros” ok, se que es una frikada, pero es MI Frikada, no me ofende, nunca me enfado, va en contra de mi filosofia, pero deberas aceptarme con ese pequeño detalle. Y por Dios, no te cortes si pasas de nuevo por mi casa en decirme lo que pienses, porque lo que mas necesito es gente sincera, los lameculos no me gustan. Saludos y nos vemos (nt. mis coment siempre tienen esta extension, acostumbrate)
    Irene Comendador

    1. No te preocupes por la extensión del comentario, así es como me gustan. En cuanto a lo de los vampiros es verdad que creo que escribes mejor que la mormona esa de crepusculo (tampoco es muy dificil; y también eres más guapa y más joven 🙂 ). Y por otro lado, no tengo nada en contra de los vampiros, yo mismo he escrito varios relatos de vampiros.

      Nos leemos.

  8. Debo ser de las pocas mujeres que no han jugado con una barbie (nunca me han hecho gracia y mira por dónde así me apodaron mis alumnnos, jajajjaaja, pues según ellos me parezco a esa muñeca . “Si no quieres caldo; toma dos tazas”) en fin, a Ken le bajaba la ropa interior para ver que “tenía debajo” y no había nada… todo plástico!!!
    Me gustó tu relato y el trailer también. Puede que siga tu consejo y vaya a ver esta peli. Besos

  9. “Releo siete u ocho veces lo que llevo hasta ahora, y creo que se intuye bastante la posibilidad de que Narrador acabe de un modo u otro entrando en Barbie”

    Como siempre me gusta la elaboración y el mimo de toda la historia y que pronto, cada pocos párrafos, encuentro una sorpresa (no sólo al final). Aquí por ejemplo y a mitad del relato el narrador habla desde fuera de sí mismo cuando está en otra cosa y rompe la cuarta pared del ordenador para dialogar con el lector. Y todo eso sin romper el ritmo ni la verosimilitud del relato. Es un ejemplo que se me ocurre entre otros…

  10. Quiero agradecerte la visita y tu comentario. Me alegro de que lo dejaras, porque así he podido conocerte. Me gusta mucho lo que he leído, seguiré haciéndolo despacio, son entradas más largas que las habituales, pero merece la pena leerlas. Eso creo. Saludos.

  11. Tus letras me parece novelas de la vida cargadas de palabras que confunde a imaginación. Una forma de expresar una vivencia de dentro para fuera de una apasionante literatura.

    Hasta pronto volveré a leerte. Besitos

  12. Sakudos, Jordin.
    Admiro tu forma de escribir despreocupada, empiezas como que no y al final termionas elaborando una entretenida historia, felicitaciones.

    ABRAZOS.

    Para Josealfonso: Ese es una de las mentiras más grandes del mundo “jamás me he masturbado y tampoco lo volveré a hacer”

    Saludos.

  13. Hola, Jordim, gracias por pasar por mi blog. Volveré más tarde a leerte porque ahora mismo estoy trabajando y me sería imposible concentrarme en la lectura. Pero no quería irme sin saludarte. Vuelvo mañana. Beso para ti y feliz semana!

  14. Un final totalmente inesperado. Por eso es un buen final.
    Es curioso todo ese mundo Barbie. Recuerdo que mi hermano mayor arrancaba la cabeza a mis muñecas y se masturbaba con ellas. Luego las guardaba en una montaña de desnudas y pequeñas mujeres perfectas sin cabeza. Era algo así como un enorme cementerio del onanismo…
    No sé que hago contando esto, al fin y al cabo es mi primer comentario aquí y pretendía dar buena impresión. En fin…

    Buen blog!

  15. Admiro a la gente que como tú escribe del tirón, y largo…
    Yo no valgo para alargar mis escritos. Siempre breve, y queriendo decir cuanto más con cuanto menos.
    Me encantó el final.
    Yo también jugaba con Barbie, Ken y Kelly, la hermanita pequeña de Barbie.
    un abrazo

  16. y espero su destino, ese que jamas ha sido escrito, con el único motivo de convertir su mente en la única vía de masturbación viable, en el único medio de olvido a sus sueños ociosos y pestilencias de modelos.

  17. Gracias por la visita a mi blog, paso a conocer el tuyo y me llevo una agradable sorpresa. Enhorabuena por él.

    Y sobre el post, es lo que tiene adorar a las Barbies, son demasiado irreales como para sostenerse en pie y por ende cualquier historia que se desprenda de ellas.

    Saludos.

    Arwen

  18. Estos giro de tuerca, me dejan siempre sorprendida. Vamos que si no hubiese sido una especie de sueño, se hubiese follado a la Barbie, el resarcimiento es un sentimiento poderoso, para darle en los diente XD

    Si Michelle Williams hace papelones, Ryan Gosling es aún mejor, desde el creyente, es uno de mis mejores actores, la veré

    saludos

  19. Muy bueno. Aunque no me gusta el final del relato. Es muy dificil escribir como tu lo haces y ademas hacerlo bien. Las impresiones del narrador sobre hombres y mujeres me resultan….. juveniles pero no exentas de verdad. Un placer leerte

  20. Genial. Me ha parecido un relato estupendo. Me encanta el juego realidad-ficción. Muy bueno cuando HL sale de la habitación y se mete en el baño; me gusta como crece la inquietud de Narrador porque ha crecido también mucho en mí como lector, y que eso derive a golpes contra la puerta es una forma cojonuda de volver a otra realidad-ficción.

    Llevas una racha grandiosa!

    Saludos,
    Joaquín.

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