Noche cero (2 de 3)

Estamos en lo que sería una tienda de golosinas, con la persiana cerrada. Estamos a oscuras. Veo a estas tías sólo parcialmente. Pensaba que me iban a dar alguna solución, pero solo parecen querer seguir con la fiesta. No me duele nada, de hecho casi me siento bien si no fuera porque mi estómago sigue protestando; ese gran hijo de puta, toda la vida he tenido problemas con él. Una de las chicas me lleva a un rincón, junto a una ventana con rejas que da a la calle. Nos ilumina mínimamente la luz artificial exterior. Al parecer aún nadie se ha lanzado a morder los cables eléctricos. La chica se trae dos taburetes de madera, me da uno y se descalza. Tartamudea. Me dice que cómo estoy, que la escuche, quiere ponerme al día.
Cosas que he visto desde mi coche siguiendo a la furgoneta hasta aquí: Un tipo va a coger en brazos a su hijo y éste, de unos cuatros años, se lanza a morderle en el cuello. Tres chicas de no más de quince años destripan a un hombre y lamen lo que parece su tráquea. Una gasolinera explota.
La muchacha me dice que si no me importa pintarle las uñas, y sin más apoya su pie derecho en mi pierna izquierda. Me pasa ese potingue con tapón/pincel pintauñas. No parece tener más de veinte años, es delgada, bien torneada, como una especie de actriz/cantante de Disney Channel. De hecho me recuerda a alguien, lo tengo en la punta de la lengua.
Mientras me concentro en aplicar color con el minipincel, me entero de que ahora mi cartilla de la seguridad social ya no sirve para nada. A la práctica, eres inmortal, me dice esa doble de… ya casi lo tengo…
– S… Solo tienes que evitar de…desmembramientos, o que te saquen el c… corazón, te arranquen la cabeza… e… en fin. Te regeneras, pero no t… te pases, todo tiene un límite…
Soy un vampiro…
– Bueno, s… si lo quieres llamar así…
Mi estómago, me está jodiendo…
– Necesitas sangre, eso sí es vep… verdad. Puedes sacarla de los animales p… pero, ya sabes… es mejor la humana.
¿Cómo ha comenzado…?
– No lo sé. A mí me mm… mordió Colirio hace una semana.
Colirio…
– Sí, casi todas nos cambiamos el n… nombre, yo soy Ameba, aquella de allí es Rr… Rubí, las dos que se morrean son Colirio y Luna. Y las que no p… paran de cuchichear mirándonos son Escarlata y Marla.
Acabo con el pie derecho y empiezo por el izquierdo. Estoy confuso porque no estoy confuso, no tengo miedo, y la tengo dura.
¿Y cómo…?
– Fff… Fisiológicamente eres igual que un humano. Excepto por lo de la cc… comida. Y hasta el momento la teoría dice que las emociones van a menos, af… fectan menos, bueno… No lo sé. En todo lo concerniente al ss… sexo…
– ¿En todo lo concerniente al sexo?… -interrumpe Escarlata-. Vas a acojonarle hablando así…
Las demás ríen.
Ameba baja la mirada. Yo sigo a lo mío, las uñas.
– C… Como decía, bueno… el sexo es igual.
Silencio. Y acabando mi labor, digo:
– Te pareces a Taylor Swift.
– ¿A q… quién?

Salimos a la calle. Todas excepto Ameba parece que puedan arrancarte los ojos en cualquier momento. Caminamos en grupo. Hay menos caos que antes. Ameba me dice, con mucha dificultad, que su gran ironía es que antes era vegetariana. Dice que se siente extraña, no echa de menos a sus padres. Dice cosas sueltas, que las mujeres ocultan mejor su inmortalidad por el maquillaje, pero que a los tíos se nos ve a la legua. Que ahora puede hacer todo lo que siempre había querido hacer. Lleva unas sandalias de talón alto, suéter, minifalda; todas van igual.
Me cuenta que ésta era la noche. Hoy es cuando todos se han puesto de acuerdo en salir del armario. Dice que los días que ha pasado en casa con sus padres una vez ya transformada han sido un calvario. Cada día vomitaba desayuno, comida y cena. Su primer banquete de verdad: su madre. Estaba ahí sorbiendo de su cuello, asegura, y jamás se había sentido mejor. Mis padres están muertos, le digo. Si estuvieran vivos también te los beberías, dice. Le pregunto qué fue de su padre. Intentó bebérselo, dice, pero no se desmayó, así que se la quitó de encima. Es uno de nosotros, murmura, pero seguro que sigue siendo un gilipollas.
Su tartamudeo hace que pases apuro, y a la vez la hace más encantadora.
Dice que tenía la esperanza de poder hablar con fluidez si la transformaban, pero sigue igual que antes.
Las demás nos guían hacia una especie club. Ameba me cuchichea que es uno de los sitios de reunión para los nuestros. En la puerta hay dos tíos de seguridad. Marla los llama Soporte y Topo. Besan a todas las chicas en la mejilla. Me presentan a ellos como “un novato”. Topo me da la mano y Soporte dice “bienvenido”, y me da una palmadita en el hombro.
Dentro suenan los Chemical Brothers, y enseguida veo que no estoy en una discoteca al uso. En medio de la pista de baile hay una jaula cuadrada de barrotes. En ella, tres mujeres de unos cuarenta años, un hombre de la misma edad y dos niños de unos seis o siete. La cena.
Estoy sediento y vagamente cachondo. Los enjaulados miran en todas direcciones, gritan, los críos lloran; da la sensación de que los acaban de meter ahí. Me doy cuenta de que la DJ que pincha es la tía que me mordió. Me hace un guiño cuando me ve. Le pregunto a Ameba; me dice que se llama Lantana, y añade que no me fíe de ella. Le digo que por qué. Me dice que si tengo hambre.

Somos seis novatos para seis vivos. Lantana ha vociferado por un micro a lo Madonna que por favor, que nos acerquemos a la jaula. Es nuestro momento. Un tipo de unos ciento cincuenta kilos al que llaman Mercante entra en la jaula y les esposa a todos de pies y manos, incluso a los niños. Una de las mujeres berrea y llora más que los demás; deduzco que es la madre de los críos. Ameba me dice que vaya a por ella, que cuando están en ese estado las palpitaciones ayudan a la ingesta. Tomo nota. Mercante sale de la jaula y nos dice que ya podemos entrar, lo hace con un sonriente “que aproveche”.
Entro detrás de una chica, la única del grupo, ella se decide por uno de los críos. La gente alrededor de la jaula vitorea cuando la novata no duda en levantar del suelo al niño y morderle en el cuello. Yo hago caso a Ameba y me voy a por super mamá. No me siento incómodo, verla de tan cerca con el maquillaje corrido, los ojos hinchados y la voz ronca de tanto gritar no hace más que darme más ganas de hacerlo. Y lo hago, la muerdo en el cuello tal y como he visto que atacan todos. Mientras trago y noto el sabor fuerte y denso de la mujer, todo a mi alrededor se difumina. Desde fuera de la jaula me gritan que aproveche, que beba hasta que se muera. A medida que chupo y absorbo va desapareciendo mi malestar estomacal. Todo se me antoja asqueroso y mágico.

Cuando salimos del local veo que estoy salpicado de sangre por todos lados. Mi nuevo bienestar hace que me dé igual el hecho de llevar la camisa con un lamparón de mi sangre junto a la de super mamá. Ameba camina otra vez a mi lado. Me dice que debería tirar el reloj y el móvil, que ya es absurdo seguir anclado en el pasado.
– Ni siquiera t… tienes padres.
No digo nada, solo medito lo que me está diciendo.
– L… Lo siento. No q…quería…
Saco mi móvil y lo dejo caer en el suelo. Hago lo mismo con el reloj. Le digo a Ameba que cuál es el plan.
– B… bueno… ¿Tú dónde quieres ir?

Caminamos y caminamos. Entramos en una bolera a medio destruir. Todos los “clientes” que ahora juegan son de los nuestros. Ameba me dice que puedo estar unos tres días sin volver a beber sangre, y que entonces tendré que buscarme la vida.
– Aunque yo t… te puedo ayudar…
Nos sentamos todos en la misma mesa. Todas las chicas y yo. Le pregunto a Ameba que si siempre ha sido tartamuda. Y Rubí dice:
– No es tartamuda… Sólo tartamudea cuando alguien le gusta, ¿verdad, Amebita?
– No seas cabrona, sí que es tartamuda -dice Colirio-, pero no vas a encontrar otra igual, Novato.
Las otras vuelven a sus conversaciones. Quiero decir algo para hacer que Ameba se vuelva a sentir cómoda, pero no me sale nada. Mira hacia las pistas, tratando de hacer que el tiempo pase. Para cambiar de tema, le pregunto si tiene un sitio a donde ir. Me dice que van cambiando, pero que no tengo que ir con ellas si no quiero, que puedo buscar a mis amigos, ver qué ha sido de ellos. Le digo que no siento la más mínima curiosidad, que todo ha cambiado. Ya de paso, le digo que ella no parece como las otras.
– No pareces tan fría como todos los demás… vampiros o lo que sea.
– Sí que soy distinta a c… como era antes…
Silencio.
– Bueno y… ¿te ha gustado cómo han quedado las uñas…?
Sonríe. Vuelve a mirame a los ojos.

Deben ser como las dos de la mañana. Recorremos las calles caminando por las calzadas, entrando en escaparates rotos, fisgando por todos lados. La luna llena deja ese resplandor tenue en las partes no iluminadas de la ciudad. Colirio rodea con su brazo izquierdo a Ameba, que camina conmigo; le da un beso en la mejilla, le dice que debería darse un capricho de vez en cuando, beber algo más de lo que necesita, saborear el momento.
– He bebido en l… la fiesta…
– Pero cariño, no se trata solo de hacer desaparecer el mono, también tienes que saber tener gula de vez en cuando.
Colirio le da otro beso y se adelanta con las otras chicas. Le digo a Ameba que no la vi allí en la casa. Me dice que fue tarde. Que no le gusta hacer cuento, sólo la parte de la ingesta. Luego se queda en silencio, y finalmente dice:
– La v… verdad es que te vi, y q… quería convertirte yo… Pero Lantana… bueno, a ella s… se le da mejor la gente.
– Vaya… me siento un privilegiado – me veo diciendo (y me alegro de haberlo dicho).
Sonríe.
Y dice:
– C… Creo que Colirio tiene razón, debería tet… tener más gula…
De repente oímos sonido de sirenas. Escarlata nos grita que nos apartemos de la calzada. Todo sucede en segundos. Vamos corriendo a la acera. Doblan una curva y entran en nuestra calle dos furgones de policía. Seguimos andando como si nada. Pero cuando nos queremos dar cuenta ya les tenemos encima, y nuestra ropa salpicada de rojo por todos lados nos delata. Uno de los vehículos para. De él salen cuatro tíos armados hasta los dientes. Uno de ellos, sin más, reparte una ráfaga de ametralladora. Rubí y Luna caen al suelo. A los demás no nos han dado. El que ha disparado se pone a recargar su arma, los otros se han liado a culatazos. Estoy bloqueado. Veo cómo Ameba salta encima del que está recargando; oigo un crak líquido cuando le muerde. Él intenta zafarse, quitársela de encima. Veo cómo la cara de ella está deformada con su mandíbula alrededor del cuello del tío. Rabia. Y de golpe noto un pinchazo agudo en la cabeza.

Me despiertan dándome palmadas en la cara. Al principio siento una ligera jaqueca, pero luego enseguida desaparece. Estoy tirado en el suelo. Me miran Rubí, Luna y Colirio. Rubí dice:
– ¿Ya estás bien, Novato?
Digo que sí. Me pongo de pie.
Todo esto sigue siendo real. No despierto en mi cama. Y por un segundo noto cierta tristeza, una sensación de desamparo. Mi vida anterior no era gran cosa, pero ahora es una letanía. Me sacudo los pantalones, y poco a poco todo va cogiendo forma, poco a poco me voy sintiendo igual que antes del culatazo que me han dado. Las tres chicas me miran esperando a que haga mi aportación, a que perciba la nueva realidad, haga una valoración, ofrezca mi granito de arena. Estas tías con sus minifaldas y su rollo de gogós post apocalípticas. Mi nueva familia.
Y Colirio me dice:
– Esos cabrones se las han llevado, se han llevado a Escarlata, Marla y Ameba.

[El doce de noviembre se estrena “Scott Pilgrim contra el mundo” (lo cual me ha jodido porque pensaba que se estrenaba ya esta semana). De todas formas ya está cerca, y es sin duda una de las películas más esperadas de este año, de esas que prometen no solo calidad sino también originalidad. Así que eso, unos días más y ya tenemos por a aquí a Michael Cera y compañía (que además están barriendo en las críticas…)
Por cierto, un nuevo artículo para Paniko Nuclear, esta vez sobre Bret Easton Ellis]

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14 comentarios en “Noche cero (2 de 3)

  1. Aqui estoy a por mi dosis
    Y esta vez empezare por el video trailer de la peli, vaya vaya vaya, creo que esa peli te gusta algo mas por la prota, esa tal Ramona de pelo multicolor, (no se creo que estoy celosa) bueno, ok, me parece interesante, como bien dices algo diferente que llebarse a la boca, y la ultima escena del polvo…. sin palabras, jajajaja
    Ahora si me pongo con el capi, me guuuuusta(tipo Jim Carrey en Como Dios). No me imaginaba este tipo de continuacion, y aunque lo de las uñas me haya desconcertado y mucho, (tio que fumada eso, jajaja) me ha encantado, aunque esperaba un poquito mas de…..uujjuumm uujjuumm(carraspeo) tu ya me entiendes, este chaval novato necesita que alguien le explique eso de la nueva vida dentro de sus pantalones, vamos que digo yo. Pobrecillo la tartamuda se la han robado, pero es que nadie le dijo que la vida como vampiro tampoco iba a ser facil ¿no?
    Esperare la tercera entrega con la ausencia total de paciencia que me carazteriza. PD. estoy esperando que me des lo que me prometiste en mi blog, espero no se te haya olvidado, jajaja (¡¡Estoy fatal!! seguro que peor que tú)
    Besos, abrazos….
    Irene Comendador

    1. Mary Elizabeth Winstead es tremenda sí, pero la peli la quiero ver sobre todo porque Zombie’s Party y Hotfuzz, las dos anteriores del director, son brutales.
      Por cierto, ¿qué te te esperabas de más en el relato?… Y, ¿qué te prometí en tu blog?…
      Además la pobre Ameba hace lo que puede para explicarle al muchacho lo poco que saben sobre el nuevo orden mundial… no creo que lo haga tan mal…

      Un abrazo.

      1. Espero que no hayas malinterpretado mis palabras, porque me suenas como un ataque, jajaja, ok, a ver, no pretendia meterme con tu querida Elizabeth, que la chica esta muy bien, jajaja. Y lo que me esparaba de mas era quizas algo de accion entre los protagonistas, me explico, en la primera parte me parecieron mayores de edad en general, aunque se que no dijiste los años que tenia ninguno, y se podia palpara la tension sexual en las palabras del chico, en cambio en esta parte es como si los protagonistas tubiesen unos 13 o 15 años, me suenan muy infantiles en ciertas cosas sus conversaciones (solo en comparacion) Y Ameba explica con bastante claridad lo que tiene que explicar, recuerda que en ningun momento dije que no me gustara. Pero como siempre te digo, es solo que mi mente no circula como la del resto, no siempre me vas ha entender, lo siento. Y a lo de decirte que me prometiste, pues lo siento pero me acabo de sonrojar, asi que mejor me callo.
        No seas muy duro conmigo que soy muy blandita, jajaja
        Abrazos de vuelta Jordi

  2. Irene:

    jaja, pues sí que sueno yo facilmente como un ataque, será porque no he puesto iconos sonrientes..
    No he interpretado que te metieras con Mary Elizabeth.. sino que insinuabas en plan coña que iba a ver la peli por ella; y yo he dicho que ella me gusta pero voy a ver la peli por quien la dirige, que es un buen bicho.
    En cuanto a los relatos, en el primero el narrador se las ve con una tía a quien se quiere trajinar sin más. Y en este conoce a Ameba, que ya es otra cosa. Y la gente cuando se trata de eso siempre vuelve a los trece o quince años y al principio trata al otro como si se fuera romper.
    Y sobre lo que te prometí o comenté o lo que sea seguro que sería alguna obscenidad solapada o algo así, así que supongo que será solo cuestión de que estés cerca y te dejes 🙂

    Un abrazo.

  3. Gracias por pasarte por mi blog y por tu comentario en él. Me he leído la entrada, y está bien; lo que pasa es que le cogí alergia al vampirismo con la saga Crepúsculo, y ahora estornudo cuando leo cualquier cosa que me recuerda a eso.

    Un saludo!! 🙂

  4. jaj muy divertida esta saga vampírica pop o algo parecido, jaja. Y siempre impregnada de tú especial “sangre social” jaja que cuando muerdes la realidad, desde luego sacas toda su esencia sangrante, jaaj

    Bezos.

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