Noche cero (3 de 3)

Lo primero que me pregunto después de despertar es qué será de los poetas ahora. No sé por qué. Luego tomo conciencia de verdad de que Ameba ha sido detenida (o algo así) y se la han llevado en ese furgón de policía. Camino por la calle siguiendo a Rubí, Luna y Colirio. La cabecilla al parecer es claramente Colirio. Se ha quitado los zapatos de tacón, los lleva en la mano y avanza decidida a la cabeza del grupo. Ella ha sido la que ha tomado la determinación de que hay que «rescatar a las chicas». En otras circunstancias me desentendería de todo, pero esta vez, en este mundo, necesito el apoyo personal de Ameba. Ella ha sido mi guía hoy, tan capaz de dejarme manipular sus pies como de ponerse roja ante según qué comentarios. Todo se reduce a que me enternece, y por tanto me interesa. Me agita los fluidos. Me da rabia que no esté aquí. El romanticismo no siempre es complicado. En situaciones extremas se reduce al hecho de si recibirías tú la bala por ella. Y ahora la vida es así, básica, muy difícil debido al riesgo pero muy fácil para tomar decisiones. La anarquía solo la podía provocar un virus; las calles ahora son un hervidero de miedo (aún más que antes), de gente en sus casas que ni tan siquiera se atreven a encender la luz. Pero estoy comprobando que el miedo es solo un ingrediente mortal. Antes no sabía si atreverme a pedirle el teléfono a una chica, y ahora no dudaría en matar a puñetazos a alguien por una chica que ni tiene teléfono.

Ya no soy una pulga occidental enterrada en una manifestación de la que después se manipularán las cifras en los medios. Ahora sí me siento con algo de poder. Ahora Colirio se ha puesto frente al primer coche en marcha que ha visto, éste ha pegado un frenazo, y no hemos dudado en actuar. Dentro del vehículo: papá, mamá y dos críos, niño y niña. Una familia huyendo, el maletero seguramente a rebosar. Pero son desconocidos, y ahora ya nos es indiferente que estén en frente o en otro país en medio de alguna guerra capitalista. Así que hacemos lo que hay que hacer. Los sacamos a rastras del coche entre súplicas ahogadas. Nos los bebemos. Mueren. Y Colirio se instala en el asiento del conductor.
Me da sus zapatos. Aprieta el acelerador. En el asiento del copiloto, Luna; Rubí a mi lado atrás. Los semáforos y las señales ya sólo son decorado, el mejor adorno para la proyección del caos. De vez en cuando vemos a alguien despedazando algún cuerpo. La mayoría de los coches yacen aparcados, aún no ha dado tiempo a que se desate del todo la histeria, en algunas partes de la ciudad la gente duerme creyendo que la vida sigue.
Luna guía a Colirio hasta la comisaría. En los cómics el cielo enrojece, en las películas que la mayoría de la gente quiere ver hay luz contra oscuridad. Pero la mayoría de veces en la realidad lo único que hay son cazadores y víctimas. Empresarios y obreros, banqueros y clientes, nazis y judíos. El odio por encima del amor, el interés por encima del altruismo. La envidia. Y el dinero por encima y por debajo de todo.
Sin embargo ahora los matices se van difuminando, el mundo real se simplifica. Elige entre A o B. Muerde o espera. Colirio dice Muerde. Toma las curvas derrapando, escupe por la ventanilla. Ella también quiere a Ameba. Porque Ameba no solo tiene rasgos de depredadora. Todo indica que a partir de ahora la inteligencia sí tendrá que ver siempre con el control de los impulsos. La moral se ha quedado fuera. La Biblia tiene tanto valor como un libro de Dan Brown.
Son suposiciones, claro, pero da gusto intuir que muy probablemente a partir de ahora para hacerte daño intentarán matarte en lugar de engañarte y desgastarte poco a poco. Te puedes defender de un ataque físico, pero no de un rumor.
Bajamos al infierno, y cada vez me gusta más lo que veo por el camino.

Mientras Colirio maniobra, vemos cómo dobla una esquina corriendo una chica con dos policías detrás, también a pie.
Volantazo.
Nuestra conductora interrumpe la carrera de los dos tipos. La cabeza de uno choca contra el parabrisas, el otro sale disparado contra la pared. Ambos quedan descoyuntados, inconscientes o muertos. La muchacha deja de correr, y al ver los dos cuerpos se arrodilla y se amorra a sus heridas. Colirio dice: Esperad. Dice: Dejadla. Estamos detenidos y vemos cómo la chica lleva a cabo la ingesta sin tener en cuenta nada de lo que pasa a su alrededor. Colirio sale del coche. Dice: Quedaos aquí. Luego la vemos hablar con la muchacha mientras esta acaba de beber y se apoya en la pared sentada en el suelo. Sus rasgos se suavizan, abre los ojos poco a poco. Colirio se acuclilla, dice algo y la chica sonríe y se pone de pie. Ambas vienen hacia el coche.
La nueva compañera, nada más sentarse al lado de Rubí, vocifera que si no nos importa quiere que la llamemos Atenea. Tiene unos diecisiete años y nos sonríe y nos pregunta los nombres a todos. Nos da las gracias repetidas veces mientras arrancamos. Lleva un bolso de Hello Kitty, tacones y un vestido plateado brillante sin tirantes. Habla como una ametralladora, berrea que un chico la ha mordido hoy y que al salir de la discoteca en la que estaba han comenzado a perseguirla esos polis. Dice que es la primera vez que bebe sangre y que está muy emocionada. Tiene esa piel blanquecina anglosajona, y rasgos suaves que me hacen pensar en Ameba. La nueva incorporación es otra tía buena. Todo el coche huele ahora al suavizante de su pelo negro, es ese negro artificial de Pin up manga. Negro de bote. Toda ella me recuerda a los cómics eróticos japoneses que leía cuando tenía quince años.
Y sin venir a cuento, como si nada, dirige toda su atención a mí y me dice que si yo también soy vampiro. Digo sí. Digo: claro. Las demás sueltan unas risitas. Luego se dirige a todos y nos pregunta que si sabemos las noticias. Saca un htc de su bolso y se conecta a Internet. El actor Robert Pattinson ha sido asesinado en su casa de Londres. La escritora Stephenie Meyer ha desaparecido. Anne Rice también. Nos lo cuenta la nueva a voces, para ella ésas son las noticias. Luego dice que se siente rara porque le gusta mucho Crepúsculo, pero no siente nada lo que ha pasado. Colirio le dice que si antes le gustaba ese actor. Claro que sí, contesta, y saca de su bolso un ejemplar de Luna nueva. No estamos seguros de si somos vampiros, dice Rubí en tono provocador. Atenea mete el libro en su bolso y la mira sin saber qué replicar. Digo en voz alta que da igual, y que de momento todo parece indicar que sí, que si parecemos alguna cosa es vampiros. La chica me mira agradecida, parpadea rápido dos veces. Siempre tengo que hacerlo, no puedo evitarlo, tengo que llegar con mi puto caballo blanco para defender a la dama de turno. Me guste o no. Colirio pregunta suspicaz que si no echo de menos a Ameba. No digo nada. Y Atenea pregunta: ¿quién es Ameba? Me dice: ¿tu novia? Aún llevo los zapatos de Colirio conmigo; los mira y dice: ¿esos zapatos son suyos? Digo no. Colirio dice: son míos. Y Atenea: ¿entonces es ella tu novia? Arquea las cejas depiladas hacia arriba esperando una respuesta. Digo que los llevo porque ella me los ha dado. ¿Por qué? No lo sé. Colirio bufa y murmura que conduce mejor descalza que con esos tacones. Y Atenea, sin haber apartado la mirada de mí, arquea la espalda por encima de las rodillas de Rubí, y bajando la voz como buscando un momento de intimidad, me cuchichea: ¿entonces tienes novia o no?

Son las tantas de la mañana. Seguimos callejeando, pero nos hemos perdido. Seguimos buscando la comisaría para ver qué ha sido de ella. Atenea sigue disparando preguntas en todas direcciones, la mayoría no se las contestamos. Colirio bufa. Luna dice que no entiende cómo nos hemos perdido. Ya es cada vez más difícil encontrar zonas iluminadas con algo más que la luna. Me estoy meando. Atenea le pregunta a Rubí que si tengo novia. Rubí le dice que si se puede callar un ratito, que le dará un «caramelito». Cuando vemos un coche de lejos parece una nave espacial surcando la oscuridad, no parece que sea posible que volvamos a ver el sol. Y me pregunto si lo de mear y cagar no podría habérselo ahorrado el diablo o quien cojones nos haya creado.
Buscando y buscando acabamos por ver en una avenida a lo lejos un vehículo volcado. Aún tiene las luces puestas. Cuando nos acercamos vemos que es el furgón. Nuestro furgón policial. Y Rubí le dice a Atenea: Ahora te presentaremos a Ameba, pregúntale a ella si el Novato tiene novia.
Nos detenemos y bajamos del coche. No parece haber nadie, pero al rodear el vehículo siniestrado vemos a Escarlata en la acera metiendo la cara en el estómago abierto de un poli. No hay nadie más. Colirio la coge por detrás y la pone de pie. Tiene la cara ensangrentada, se vuelve hacia nosotros y al vernos sonríe con cinismo. Mira a Atenea. Murmura: ¿ya estáis reclutando a ninfómanas? Y Atenea dice: ¿tú eres Ameba?

Ahora sí, detrás vamos realmente apretados; tanto que Rubí se ha sentado en mis rodillas. Todo supura perfume femenino y sangre. La cara de Escarlata está llena de rojo secándose. Atenea habla con ella como si fuera Ameba. Es como ir con una Heidi adolescente hormonada hasta los dientes. Me han dicho que te pregunte si él tiene novia, le dice Atenea a Escarlata. Yo no soy Ameba, dice Escarlata. Dice que Marla y Ameba han salido corriendo tras los otros polis hace un buen rato. Rompieron las esposas a pulso. Ellos comenzaron disparar, pero no se veía un carajo, así que cuando se les acabó la munición las chicas tuvieron ventaja. Le he roto la nariz de un puñetazo a uno de ellos, dice, antes ni en coña tenía fuerza para algo así. ¿Tú crees que somos vampiros?, pregunta Atenea. ¿Quien coño es esta niña?, murmura Escarlata. Es Atenea, dice Colirio.

Cuando llevamos como otra media hora buscando a las chicas, digo en voz alta que no puedo aguantarme más, tengo que salir a mear. Vaya, el novato tiene que salir a mear, murmura Colirio, que sea rapidito. Nadie dice nada. Nos detenemos y salgo. Noto la mirada de Atenea clavada en mi nuca. Deambulo y finalmente me meto en un portal, a salvo de los ojos del coche. Está todo en silencio; suelto el chorro sin más en el suelo, donde deben hacer aquí las reuniones de vecinos. Mañana la peste a pis será lo de menos en la comunidad. Con parsimonia, me subo la cremallera, salgo a la calle y vuelvo al coche. ¿Ya está?, dice Colirio, ¿alguna más necesita cagar o algo así? Entonces todo se ilumina de golpe, el interior del vehículo se vuelve blanco. Vemos cómo de fondo en el cielo hay fuegos artificiales. El sonido llega con retardo. ¡Huala!, exclama Atenea. Precioso, añade Colirio, aunque con otro tono. Vamos a ver qué se cuece.
Al mear me he dado cuenta de que necesito metérsela a alguien; o al menos masturbarme. Tengo una mancha viscosa en los calzoncillos. Me pregunto qué pasaría si lo dijese en voz alta, cómo reaccionarían todas estas tías, mi familia nuclear extrañamente fiel y atenta. Luego me doy cuenta de que la idea de que todos mis amigos y familiares y amigos de amigos, etcétera, puedan estar muertos, resulta curiosamente sugestiva. En realidad es la forma más pura de comenzar de nuevo, cuando todo el que te conoce ha dejado de existir, has tirado el teléfono y tus nuevos compañeros de vida no parecen ser de los que se deprimirían si no les regalaran nada en su cumpleaños. Atenea trastea en su htc mientras vamos hacia la luz, y dice que en Facebook ya hay grupos como “Yo también he matado a mis padres y no siento nada”. Dice que en otros países el caos parece mayor que aquí, y que muchos diarios digitales han dejado de actualizarse hace horas. Espero no encontrarme con mi novio, añade.

Parece cada vez más claro que las luces y los petardos salen desde la playa. Si se están reuniendo los nuestros allí, puede que encontremos a estas dos allí, dice Colirio. Marla y Ameba. Ameba. Ameba. Ameba. Hace un rato que no pienso en ella. Me pregunto si es porque simplemente a veces pasa o si lo que pasa es que a pesar de ser ahora lo que soy sigo siendo un cabrón miedoso pseudo polígamo como antes. Pero lo cierto es que su imagen ha vuelto poderosamente a mi cabeza. La idea de vaciarme en todos los sentidos en ella parece lo mejor que puedo hacer en las próximas horas. Y probablemente en lo que me queda de vida. Define ahora Vida. Es así de intenso. Y aún con todo, puede que esta sensación solo signifique que estoy cachondo y quiero descargar.
Cuando llegamos al paseo marítimo se hace difícil ver lo que pasa en la arena. Luego vemos que hay unos postes clavados cerca del agua, y que de ellos cuelgan cuerpos boca abajo. Lo cual hace pensar en Punto de reunión. No puedo entender cómo ha pasado esto de la noche a la mañana a escala mundial. O si ya estaba pasando y no me di cuenta. Pero es lo de menos. El cielo comienza a clarear. Me viene a la mente la pregunta obvia: ¿Nos vamos a quemar? No, Novato, contesta Colirio, podrás pasear con Amebita al atardecer sin problema. Atenea, que lleva un rato inmersa en su htc, se vuelve hacia mí y dice: ¿Entonces Ameba es tu novia o no?

Finalmente aparcamos. Estamos a cinco minutos a pie de la playa. Colirio dice que vamos a ver qué hay atrás en el equipaje, que seguro que se puede aprovechar. Lo cierto es que todos tenemos la ropa húmeda, llena de sudor y sangre. Y efectivamente, en el amplio maletero hay dos maletas grandes y dos bolsos. Hay dos pelotas de playa desinfladas y hasta un álbum de fotos. Me llama la atención. Lo cojo y lo hojeo. Son las típicas instantáneas, el bautizo de los niños, la boda de los padres, cumpleaños, etcétera. No hay ninguna foto para la que antes no haya habido que reservar en un restaurante y haber hecho decenas de llamadas. Puede que lo positivo de este cambio sea el hecho de quizá haber dejado atrás ciertas celebraciones del protocolo como éstas. Fechas señaladas para ser feliz. Ya hacía mucho que habíamos asesinado la espontaneidad. Quizá ahora tengamos una segunda oportunidad. Y ni tan siquiera será un mundo mucho más violento que antes; puede que el cambio resida en que la violencia ahora estará más repartida. De momento la anarquía no parece una mala idea provisional.
Las chicas se quedan en ropa interior (o solo en bragas) y aprovechan para rebuscar entre la ropa. Colirio coge un traje de hombre y empieza a ponérselo. Atenea se embute en otro vestido parecido al que llevaba puesto, la madre de familia también era delgada. El tipo era más bien chato. No hay muchos problemas con las tallas. Yo me limito a cambiar de camisa, y cojo una chaqueta que me va algo estrecha; es una pieza beige horrible de llevar veinte años casado. No me importa, abriga y cumple su función. Cuando las chicas acaban de cambiarse caminamos hacia la arena. Al llegar a ella todas se quitan los zapatos de tacón para llevarlos en la mano. Atenea camina a mi lado sin decir nada; parece estar a la expectativa.

Nos quedamos quietos aún algo lejos de donde está la gente cerca del agua. Cada vez hay más claridad. Colirio está un par de pasos por delante de todos, con su traje de corbata, su pelo suelto y sus zapatos en la mano. Intentamos localizar a las chicas. Nos acercamos un poco más y decidimos -o más bien Colirio decide- que paseemos por la cala a ver si nos las encontramos.
Hay hogueras. La gente está vestida, tumbada en la arena y charlando. Cuando ven nuestras manchas de sangre en la cara enseguida se dan cuenta de que somos bienvenidos. De cada poste clavado cerca del agua cuelgan tres cadáveres como mínimo. Hay uno más o menos cada diez metros, y los cuerpos oscilan ya blanquecinos y vacíos. Algunos están destripados, pero la mayoría sólo están llenos de desgarros por la zona del cuello. Se mezcla el olor a sal con la peste a putrefacción; pero todos asociamos ya ese olor al hecho de saciarnos. Somos la nuevas moscas que van a la mierda. Moscas orgullosas.
Cuando Atenea vuelve a preguntarme sobre Ameba, no me queda más remedio que decirle que sí, que la he conocido hoy y es ella quien me interesa. Ante mi explicación, decide aparentar dignidad y me dice que podría haberlo dicho antes, que no pasaba nada. Le digo que lo sé, que me entienda, que no suelo hablar sobre esos temas fácilmente. Pero no siento nada al decirlo, y creo que ella en realidad tampoco está disimulando. El silencio se adueña de la situación. Rodeo a Atenea con mi brazo derecho, sin pensarlo; ella responde pasando su mano izquierda por mi cintura. Me sonríe, nos separamos. Quedamos en paz sin decir nada más. Mi polla cuelga semi-dura en mis calzoncillos. Las demás chicas hablan entre ellas, ya han perdido interés por nosotros. El olor a muerte se me hace cada vez más neutro, como intentar oler el agua de un manantial metiendo la nariz en el vaso.

Un cartel inmenso de Coca-cola flota en el agua a unos treinta metros de la orilla. Navega en la misma dirección en que caminamos. Alguien lo ha sacado de cuajo de donde estuviera y lo ha lanzado al mar. Alguien… al menos cinco vampiros, o súcubos, o lo que sea. Los bañistas vitorean cuando esa publicidad pasa flotando frente a donde están tirados en la arena.
Al fondo aún hay gente mordiendo de cuerpos colgados aún jugosos. Nos vamos acercando a ellos, cada vez oímos más los gritos y súplicas. Letanías del pasado, todo eso, vivos con fecha de caducidad cuyo plan siguiente era bajar la basura. Atenea dice que no le importaría comerse a alguien ahora. No en el sentido sexual, aclara. Ya todo es más textual, la metáfora está en declive. Y yo vuelvo a pensar en qué será de los poetas ahora, mientras Colirio grita: ¡Ameba, estamos aquí! Entonces vuelvo la vista hacia donde Colirio mira: y ahí está. Ameba mordiendo de una mujer colgada boca abajo. Tiene toda la ropa roja, alza una mano y saluda hacia donde estamos. Puede que estemos más a salvo de la luminosidad postiza, es una sensación repentina. Ameba me mira a los ojos. La miro. La gente vitorea. Es navidad en mi puto estómago, más de lo que lo haya podido ser jamás entre los que nunca la han odiado.

[Arriba, segundo trailer de “Sucker punch”, esa nueva ida de olla de Zack Snyder que veré. Abajo una foto de Emma Stone (nueva musa proyeccionera) que vi en un blog y que no he tenido más remedio que ponerla también en este. La belleza es como el dinero, cruel y mal repartida…]

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30 comentarios en “Noche cero (3 de 3)

  1. Esta parte parece escrita por una Señorita Pepis con síndrome premenstrual. No te lo había dicho, pero nombres como Ameba, Rubí o Colirio en realidad no suenan muy femeninos, no genuinamente ;P . Con Atenea mejora la cuestión, pero su aprecio por la saga de Crepúsculo convierte la historia en una especie de “Fin” con peores auspicios de los que tenía “Fin”. Espero que no hagas como el señor Monteagudo y nos dejes sin un fin a la altura de las circunstancias. Lo que más me gusta es ese aroma de serie B, me gusta que se vea el cartón piedra, deseo que la cosa siga por ahí, ya te has cargado a Stephenie Meyer (guay) Y a Anne Rice!!! (heregía). Quedo enganchada a la escabechina de escritores, pero lo siento, no me creeré a Colirio, de no ser que al final tenga rabo.

    ¡Un beso!

  2. Pobre Atenea, me ha recordado (en ciertos aspectos, yo creo no se porque que me entiendes) un poco a mi, y me da mucha pena, primero que todos la traten de pesada (aunque quizas lo sea, un poco cansadita si que es) y segundo que se haya quedado solilla, a ver si encuentra un parecido a Edward por esa playa para calmar su “hambre”.
    Como siempre muy interesante esta continuacion. Ya te tenia ganas, has llegado justo a tiempo.
    Por cierto te dire que quizas la gente no lo note, pero eres un romantico, o eso me parece a mi, espero no te ofendas. Casi todos tus escritos tienen ese pequeño y escondido punto de romanticismo, aunque le intentes camuflar con sarcasmo, ironia o satira. Asi que si algun dia te llamo dulce, no te sorprendas, jajaja
    Gracias por compartir estas joyitas con nosotros
    En cierta manera me hizo ilusion sabes que habias matado a Stehanie y Robert, jajaja, wow, nunca pense que diria esto.
    Un beso nene, te lo has merecido
    Irene Comendador

    1. ¿Atenea te ha recorado a ti? Por lo de Crepusculo… Nah, solo es un estereotipo con el que quería jugar en este contexto de cuento de vampiros, nada más.
      Y por otro lado, es obvio que soy un romántico 🙂 y eso que se me tacha habitualmente de lo contario. En este relato es fácil verlo, y en muchos otros que he escrito también.

      Un abrazo.

  3. Oye que si me hubieses dicho que esta Atenea era yo, (aunque no sea asi)la Irene mas feliz que una perdiz, madre mia, ser una super sexy mujer explosiva de pelis manga (“tia buena de comics eroticos japoneses”)que vuelve locos a los hombres, ¿que mujer no le gustaria eso? Y no pasar por la vida desapercibida con coletas altas y gafas de pasta. (aunque eso tambien tiene su punto) ¿ves? ya me dejaste pensativa de nuevo, no se como coño lo haces Jordi

  4. Tal vez sean vampiros, pero en el fondo son humanos, con otra manera de comportarse, pero muy humanos. Por cierto, hay mucho amor en el ambiente, o tal vez me lo ha parecido a mi.

    SIEMPRE, consigues que me lea del tirón y con mucha atención tus historias. Me pasa con muy pocos autores.

    ¡Feliz fin de semana!

    Miguel

  5. La muerte de esas escritoras me ha resultado muy sugerente. Me hubiese gustado verla. Especialmente la de la Meyer a la que detesto. Por lo demás me gusta este mundo apocalíptico que inventas porque a ratos parece periodismo de lo que todavía no ha pasado pero podría pasar de tan auténtico que resulta(o cómo actuaríamos en un caso así). Tú lo resumes con brillantez en esa frase dónde explicas que es un mundo en el que ya no hay metáforas. Cuando tienes que ser práctico te olvidas de la lírica. Aquí el horror sucede y se explica porque es lo que hay, sin regodearse pero sin mirar tampoco hacia otro lado. Seres humanos colgados y siendo devorados por otros… bueno, los personajes no, pero yo sí podría ver alguna metáfora en eso.

  6. jaj Y no acabaste con Huallebecq, por lo que veo… Pues alguien le podría dar un buen bocao, sobre todo ahora que ha ganado el Goncour…¡Y lo ha aceptado!. Realmente, con cosas así, te das cuenta que el verdadero vampirismo de hoy es el de los que buscan sacarnos no la sangre, sino el dinero….

    Di que si, cari… Tu acabas tus historias como quieres, además “se llevan” (jajaj y perdoname, cari por eso), los finales abiertos, casi sin finales y si abrir del todo, jaaja

    Bezos.

  7. Sé poco sobre lo de Houellebecq, sé que ha ganado un premio y poco más. Sea como sea ha parido libros cojonudos, así que…
    (Además el único al que me cargo es al actor de Crepusculo:))
    Y en cuanto al final, es lo más romantico que he podido.

    Saludos.

  8. El camino siniestro donde se gestaba el amor
    ese largo camino para llegar a la navidad de tu estomago.
    Un hígado que podría ser la noche de año nuevo con sed… u otra magnifica noche en cero.

    Un gusto.

  9. Hola Jordi,

    acabo de leer los tres del tirón. Me ha gustado bastante.
    La comparación inicial de las personas que hacen las cosas sin sentirlas, básicamente porque la tendencia dice que hay que hacerlas, con los vampiros, descritos igual que las personas, es decir, sin un cambio significativo.
    Lo que no nos mata nos hace más fuertes, cuando las relaciones sociales y nuestra aceptación por, supongo, no valorarnos lo suficiente, etc, lo que hacen es conducirnos a la muerte endureciéndonos en su peor sentido, es decir, aplicándonos una especie de coraza que nos desensibilice.

    Me encanta como detienes la narración, el tiempo, para reseñar aspectos de interés, y recuperas la narración en el mismo punto donde la dejaste.

    Me gustaría leer más de estos personajes, aunque ya no sea en noche cero, sí en una continuación.

    Saludos!

  10. Se dice a menudo que los hombres son gobernados por su imaginación, pero no sería cierto decir que se rigen por la debilidad de su imaginación (Walter Bagehot)

  11. Si algo de bueno tiene llevar retraso con tu blog es poder leer relatos fraccionados de un tirón.

    Me ha gustado la historia de vampiros, y aunque parezca extraño el personaje que mas me ha gustado es el de Atenea, y al final le hubiera metido algo mas de caña y le hubiera restado algo de romanticismo.

    En cuanto a los nombres de las vampirillas… parecen mas de actrices porno que de otra cosa!

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