Paseo hasta McDonald’s

En los cafés echo sin querer la ceniza de mi cigarro en la Coca-cola de una tal Ester, o Esther, o algo así. La tía se vuelve y me mira como a escoria. Me levanto de la mesa y salgo del restaurante y fuera hay un mendigo y le echo un euro y luego dudo sobre si era un mendigo. Una tal Laura, amiga de amiga de alguien y con quien he charlado mínimamente al comenzar la comida sobre si Watchmen es realmente un cómic político, sale a la calle y me dice que si me encuentro bien. Le digo que no, y cuando se queda callada le digo que es broma (aunque no lo sea), y entonces parece relajarse y me habla sobre la posibilidad de irnos a otro sitio. Y digo: ¿qué?. Y dice: tú y yo. Y no reacciono y comenzamos a caminar calle arriba o calle abajo y al principio estoy incómodo pero luego me doy cuenta de que todos estarán hablando de nosotros y de que me importa un carajo y de que estoy como fuera de juego, de la vía, la autopista, lo que sea. Eso me hace sentir estúpido y libre a la vez, y Laura, que opina que Watchmen es una excusa para justificar cierta estética del superhéroe depresivo, me coge de la mano un momento, me la aprieta, luego la suelta, me mira y después mira hacia la calle, hacia el cielo, y vacía su mirada y seguimos caminando. Tiene un lunar en su mejilla derecha y los ojos claros, quizá verdes o azules, y le digo en un tono monocorde muy idiota que si ella conocía mucho a la chica del cumpleaños. Mueve la cabeza vehementemente. En realidad, dice, la odia, joder. A esa “puta tetona con ínfulas”. Joder, repite. Y escupe al suelo con un gesto muy peliculero. Yo soy su excusa para huir de allí. Está bien. Dónde vamos, digo. No lo sé, contesta. Da igual, sigue contestando, donde sea menos volver a ese sitio. Y joder, pienso yo también, veinticinco putas personas allí dentro con sus cubiertos delante, con sus regalos preparados la mayoría, y la pava de turno cumple veintidós años. Y todos presumen optimismo y no están celebrando más que que su amiga es joven y no ha muerto. A eso le llaman hoy en día «vitalismo». Si te ríes por todo eres vitalista; si celebras el mes, el año, el aniversario, las bodas de plata; hasta tu funeral acabará siendo una cena en un restaurante y alguien le regalará cosas a tu viuda o quien sea que tenga las narices de decir en público que te quería pese a tus defectos, etcétera. Y es que estamos encerrados en nosotros mismos, le casi grito a Laura. Piénsalo, balbuceo, ansioso como un crío a quien por fin alguien hace caso. Piénsalo. Nunca podemos mover un solo dedo sin tener que justificarnos ante toda esa peña. No disfrutamos de la parte positiva del solitario, del abandonado al borde del suicidio. ¿Qué pasa si no quieres ser como ellos? ¿Por qué parecen tan conservadores siendo como parecen tan libres y sinceros y modernos? ¿Por qué ser demasiado cínico es malo si aparentar ser demasiado optimista es igual de dañino?
Caminamos un rato y le digo de dónde soy, que he venido en mi coche especialmente, que en mi ciudad si quisieras llevar a cabo uno de esos atentados terroristas contra un símbolo bastaría con estrellar una avioneta en un Zara. De donde vengo una librería sirve casi siempre para que los estudiantes adquieran los libros que les mandan y el resto compren los que van a regalar; el porcentaje de personas que entran a comprar una obra para sí mismos tan solo por la pura intención de leer algo sin el sentido de la obligación o la tradición, debe ser ínfimo. Le berreo a Laura que en esa ciudad, la ciudad de doscientos mil habitantes en la que nací, solo hay dos librerías de verdad. Y ninguna tienda de discos. Es real, le aseguro, es mi mundo.
Avanzamos por la calle porque sí, como personajes de una película de Richard Linklater o Alex Holdridge, solo que esto no acabará con una escena ambigua y bonita, no tendrá un lacito al final ni saldrán los títulos de crédito; no, tendremos que acarrear con las consecuencias de lo que hagamos o dejemos de hacer. Por el momento nos hemos largado de esa fiesta de cumpleaños sin poner una excusa, sin dar una explicación. Hemos sido malos; ahora quienes estén sentados allí hablarán de cuánto se nos va la olla, de lo poco que controlamos, de cuán poco fiables somos; pero en realidad les hemos hecho un favor, les hemos dado de qué hablar, a quien mirar por encima del hombro probablemente el resto de sus vidas. Sin gente como nosotros, todos esos libro-fóbicos y zara-adictos seguirían comprando ropa bonita para ir guapos a comprar más ropa a cada hora.
Laura me comenta algo en lo que iba incluida la palabra «coño». Pero no estaba atento, y se lo digo y me dice: No, ahora me da vergüenza repetirlo. Y cuando estoy apunto de hacer la parodia de la súplica me dice que está empapada. Soy de grifo fácil, dice. Dice que tiene las bragas mojadas, que entre los pantalones que lleva y la textura de la silla de aquel sitio… en fin, que ahora está incómoda. No sé por qué te lo digo, añade. No tengo ni idea de cómo responder a su confesión. Es un bloqueo. Así que me río y le digo: Lo siento, chica. Ella no dice nada, y luego dice: sólo espero no mojar también los tejanos, joder. Dice que una vez empieza le resulta difícil dejar de segregar sus fluidos. No es una infección, aclara, ya tengo la opinión médica; es sólo que soy como una fuente. Comienza a describir cómo una vez masturbándose empapó con un chorro de sus fluidos la tele de su habitación y luego ésta no volvió a funcionar. Es así, me dice, cada vez que folla tiene que plastificar la cama, o el sillón, o lo que sea. No es que sea una obsesa de la limpieza, pero llega un momento en el que ya te da igual la cara que ponga el tío de turno, argumenta. Aquella vez, la de la tele, explica que su padre la intentó reparar, que aún no sabía que su hija de diecinueve años podía tener poluciones nocturnas con las que al día siguiente parecía que se había meado en la cama. Por suerte mi madre me ayudó con eso, dice, algunas mañanas me ayudaba a sacar rápidamente las sábanas. Es vergonzoso que tu madre se entere de cada vez que te has mojado, balbucea. Después de lo de la tele, cuando se tocaba, lo hacía con una jarra de agua que compró en un chino; cuando veía que iba a eyacular en plan aspersor, colocaba la jarra de tal forma que todo el liquido acabara dentro. He llegado a chorrear medio litro de fluidos, acaba. Es entonces cuando, después de una historia así, voy y digo: ¿Y en quién pensaste cuando el medio litro?
Oh, dice, en Natalie Portman.
Vaya… Es decir… No, me interrumpe, soy bisexual, también existimos. Se comienza a reír a carcajadas, se detiene y se sujeta la entrepierna. Esto no es bueno, balbucea, nada bueno. No puedo evitar mirar su zona de conflicto, pero desde fuera aún no se detecta humedad ninguna. Una vez se calma, dice que lo crea o no su novio estaba en ese cumpleaños. ¿Su novio…? Sí, dice, el tío que había a mí lado. Creo que en ningún momento he llegado a pensar que fueran pareja. Lo sé, masculla Laura, a él le gusta aparentar distancia en público; lo jodido, añade, es que en privado es igual de distante. Ese tío… ese pavo está liado con la fuente mágica de Montjuic y no quiere que nadie lo sepa. Debe pensar que es la polla, en todos los sentidos. Llega un momento en el que ya no sé lo que estoy diciendo en voz alta y lo que sólo pienso. Laura dice que su novio cree que follar es como ir a Ikea, algo que las parejas hacen.
Evito hacer preguntas, de todas formas ella sola se anticipa y acaba contando todo lo que sabe implica el comenzar a explicar ciertas cosas. Yo soy más de contar las historias a medias. Mucha gente cree -y esto lo digo en voz alta- que lo mejor de una relación llega cuando ya lo sabes todo del otro, ya sea tu amigo, tu pareja o lo que sea. Argumentan que el amor pasa a ser duradero porque ya lo habéis compartido todo. Es una filosofía muy extendida por películas mediocres, series de sobremesa y libros de masas. Pero yo no opino igual, no creo que se pueda sentir más fascinación o cariño por alguien que ya no presenta el más mínimo misterio. A resultas, diría que la mayoría de gente lo que es es adicta al aburrimiento, les encanta; dicen que no, pero son yonkis de los domingos por la tarde, adoran lo de tirarse en el sillón para ver cualquier mierda de telefilm que den en televisión. Están agotados psicológicamente por sus trabajos y asocian cualquier tipo de esfuerzo con el dinero. No creen que algo en lo que puedan poner todo su empeño les pueda dar algo más que una retribución material. Y además son multitud, son quienes dicen no leer porque no tienen tiempo, pero después acuden a todas las reuniones concertadas en Facebook con cara de vaca mirando pasar el tren. Hay algo, le digo a Laura, una tendencia a la apatía del trabajador o algo así; la apatía de quien cuando está en horas libres no hará absolutamente nada si lo que sea no le va a inflar el currículum o le va a aportar más dinero a final de mes. El resto, lo que queda, es demasiado abstracto. Pueden dar clases de alemán, pero no, no se leerán ningún libro que les dejes; no tienen tiempo. Pueden ir al gimnasio o a lavar el coche, pero no les prestes ese dvd de “Banda aparte” al que le tienes tanto cariño. Están demasiado ocupados, en constante evolución, inmersos en un orgiástico magma de acumulación de puntos para el futuro.
No hay tiempo.
Laura bromea con que un día podemos quedar para suicidarnos juntos. Le digo que qué va a ser entonces de ese tipo, el tipo distante. Tal y como folla, contesta, si me cambia por una muñeca hinchable no lo notará mucho. Cuenta que al principio se llevaban bien, pero que con el paso de los meses ella ha visto que vive en un error conviviendo con Distante. Eso es lo peor de todo, masculla, él no tiene la culpa, él siempre ha sido igual. ¿Y sabes cuál es el final del chiste? No, digo.
– Llevamos dos años viviendo juntos; estamos pagando una hipoteca. Ya puedes reírte hasta que te reviente el pecho…
Encima, añade, es una casa, hasta tenemos un jardincito. Pongo cara de asombro. Es verdad, no flipes, en serio, por las noches a veces pienso en salir fuera con mi vibrador para marcar el terreno. Es un barrio de gente pija, mi madre está orgullosa, cada vez que nos visita dice que es como estar en una película.
Llevamos tanto tiempo caminando que ya casi ha oscurecido. De fondo vemos uno de esos carteles de McDonald’s, esa “M” como derretida amarilla. Laura dice que hace la tira que no se come una hamburguesa. De ningún tipo. Al parecer Distante es vegetariano. Vegetariano radical, escupe Laura, así que yo, como quería apoyarle y no parecer una cerda a sus ojos, decidí no comer carne cuando estuviese él delante.
– Cuando aún no vivíamos juntos aún comía de todo; aunque por cómo me lo come a mí debería haber intuido lo que vendría.
Nos acercamos peligrosamente a las hamburguesas industriales; estoy convencido de que Laura querrá ir, querrá aprovechar esta huida para saciarse de comida políticamente incorrecta. Lo cierto es que me da igual, no me importa comer comida basura si no pasa de una o dos veces al mes. Son poco más de las seis de la tarde. El cielo ya ha sido azul lo suficiente hoy. Como veo que Laura no se decide, soy yo quien la empuja: Podemos ir a McDonald’s si quieres, yo sí puedo comer lo que sea. Vale, dice, pero que conste que me has obligado.
Nuestros teléfonos móviles han ido vibrando toda la tarde; el de ella en su bolso y el mío en mi bolsillo. Nos sentamos con nuestros menús. Ella tiene veinticinco perdidas, todas de Distante. Yo tengo diez, todas de amigos. Este local de colorines es deprimente en parte, y por otro lado te sientes casi rebelde poniéndote hasta arriba con esas hamburguesas que prefieres no mirar durante más de diez segundos. Laura muerde la suya y mastica con los ojos cerrados. Tanto es así que se me enciende una bombilla. Miro por debajo de la mesa. Sus tejanos -aunque no cante en exceso- están ya empapados en la entrepierna. Laura me pilla mirando y dice:
– ¿Tienes novia? Es igual, va a ser lo que tú quieras. No se tú, pero yo esta tarde ya he tomado unas cuantas decisiones.

[El video es de esos que me hace recuperar la fe en la humanidad. En realidad ya es un clásico. Un tipo llama al Diario de Patricia y… Lástima que esté montado por los del APM, ese programa ultra-sobrevalorado que mete cortes a cada momento muchas veces estropeando los videos. Para la foto, primer poster de “Caperucita roja” de Catherine Hardwicke. Lo bueno es que esta mujer, antes de Crepúsculo hizo dos buenas películas: “Thirteen” y “Los amos de Dogtown”. La mala es que las pocas imágenes que se han visto de la peli recuerdan peligrosamente a la estética de la saga vampírica, que a mí me pareció de lo más insulsa y hortera. En fin, ya veremos.]

Anuncios

19 comentarios en “Paseo hasta McDonald’s

  1. ¿Va a ser verdad lo de la eyaculación femenina o es una leyenda urbana?
    Como siempre un texto que atrapa. A veces hasta se olvida uno de respirar.
    Opino lo que Laura, eso de ser vegetariano radical tiene que influir en unas cuantas cosas.

  2. Uno de esos posts más intimistas que por cierto, suelen ser mis preferidos. Eso sí, la ironía como marca de fábrica o especialidad de la casa que no falte.
    La relación entre una buena felación y comer carne o ser vegetariano, debo decir, no va más allá del chiste que se pueda hacer con ella. Vegetarianas y carnívoras lo hacen igual de mal. Impresión personal.
    Watchmen es un comic político pero también es muchas cosas más. Como obra de arte de su especie lo abarca todo.
    Me gusta comprobar que a pesar de la ironía, símbolo de la inteligencia, también queda espacio para un final feliz en este cuento. Pero feliz de cojones.

  3. Pobre mujer, eso de la humedad es preocupamte, que aunque en ciertos casos no la vendra nada mal, creo que es un poco incomodo.
    Bueno al menos se llevo un trozo de carne a la boca en lo que ha durado tu relato. Hay mucha mas gente de la que nos pensamos y sabemos que vive esa vida, la de estar en una pareja, casa y mundo que queda bien, elegante, que es lo correcto, lo que a los demas les gusta ver, pero que a ti te hace inmensamente infeliz. Lastima que no todos se den cuenta de que nunca es tarde para cambiarlo y empezar a vivir sus vidas de una vez. Que se busque un buen chico o chica que le haga sentir algo mas que distancia y ser feliz. Con respecto a nuestro protagonista, no se muy bien que pensar, algo me ha quedado inconcluso, quizas porque toda la conversacion se centro en ella…. pues mira no estaria mal una secuela de esta historia con un poquito de él. Bueno solo faltaba la Irene pidiendo cosas por aqui, tú ni puto caso eh.
    Ole los huevos del hombrecillo del telefono en el programa de la Patrici-Sandra-Carolina o lo que sea eso, que me pongo enferma nada mas verlo haciendo zaping. Si seguro la mitad son malos actores vomitando su papel, a ver quien va a despotricar contra uno mismo ante millones de personas que posiblemente mañana te encuentres en el super.
    Vaya fijacion con Twilight, si, vale, ok, casi me vas a hacer tomarlo tirria a mi tambien, jajajajaja (pero Robert Pattinson me hace humedecer como la pobre de tu relato, jajaja)

    Un beso guapo y nos vemos en tus como siempre perfectas proximas entregas
    Irene Comendador

    1. No sé cuántas veces los invitados de ese programa son actores, yo diría que no muchas; no sólo es un programa basado en el morbo barato, además humilla día sí día también a mucha gente anónima que va allí engañada y que encima no saca nada a cambio. Lo chungo es que es muy representativo de la tele que se hace, y sobre todo de la tele que la mayoría de gente ve.

      Un abrazo.

  4. La vida real se parece más a las pelis de Todd Solonz, no me cabe duda. Menos mal que, por lo menos, tienen su gracia.

    Qué bien escribes, y cómo engancha tu blog…

  5. Buen relato. Empieza a lo “Menos que cero” y me encanta como termina. Estupenda la actitud de los personajes. La descripción de ambos es tan gráfica como perfectamente realista.
    Sencillo e interesante hasta el detalle.

    Saludos.

  6. Vaya…vaya vaya…eres genial ¿sabes? Me encanta tu visión de las cosas 🙂
    El texto es de esos que te dejan a medio camino entre el pensar y el quedarte sin palabras.

    gracias por pasarte por cierto 🙂

  7. Creo que estos dos se van a ir a vivir juntos, pero sería mejor que en vez de comprar otro piso, se compren una piscina, jajaaj.

    Y olé por Diego, el del vídeo, como dice uno por ahí, ¡con dos cojones!.

    Bezos.

  8. En un caso como ese, follar en una superficie plastificada no creo que haga sino empeorar el problema.

    Por lo demás, mucho de lo que escribes me llega. Llevo unos días leyéndote, pero nunca se me ocurre qué decir. Ya me iré soltando.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s