Relato diario (5 de 5) – Violeta_17

Es sábado y son las ocho de la tarde, y Violeta tiene diecisiete años y -según se queja siempre- nombre de dibujo animado. Su móvil no suena. O más bien, cuando suena no es el sonido correcto, no es quien ella espera que sea. A veces es una amiga, a veces su novio. A veces mamá llama a la puerta de su habitación y hace preguntas estúpidas. Violeta escribe en un diario con cubiertas rosas y florituras infantiles. Dicho diario tiene un candado pequeño. Violeta tiene un hermano de veinte años; ella sabe que él sabe que ella sabe que su ordenador está a rebosar de porno, y que en cuanto descubra el diario rosa la mortificará y crucificará. Violeta se sonroja si un chico algo mayor que le gusta dice tacos cerca de ella. Ni tan siquiera hace falta que sea el chico de quien espera ahora la llamada. Tener novio, para ella, es solo un aliciente más para fijarse en algún otro muchacho menos conocido, que por tanto aún presenta algo de misterio; y de paso ofrece la indirecta esperanza que alimenta cierta fantasía romántica que, como dijo Bukowski, suele irse al traste con el primer rayo de luz de realidad.
Pero Violeta aún no sabe quién es Bukowski.
Lo que sí sabe es que no está vestida con sus mejores bragas para nadie que no sea el chico de quien espera la llamada, un amigo de su novio que hace una semana alguien le presentó, y el cual enseguida estuvo dispuesto a intercambiar teléfonos. Violeta -tal y como dijo una vez borracho su padre- sería una puta de lujo cuasi millonaria en cinco años. Su padre es de esos tipos que no tiene problema en admitir que lo que le gusta son las chicas jóvenes. Entra y sale de Alcohólicos Anónimos cada año, y cada año en nochevieja suelta perlas a propósito de lo mucho que le gustaría beneficiarse a todas “esa niñas de instituto”. La madre de Violeta se llama Dolores.
Violeta deambula por la habitación con su vestido minúsculo y casi son ya las nueve. Suele quedar a las once con sus amigas si no le sale plan con el chico que esté en su punto de mira. Otra opción sería que ella le llamara. Pero el orgullo, sumado a la curiosidad de si él estará pensando en ella, la tiene maniatada en esa típica cárcel supuéstamente reservada sólo a la adolescencia.
Algunas noches tiene pesadillas con la posibilidad de que alguien descubra su diario. Lo que más miedo le da es que en él no tiene secretos escondidos sobre sexo o situaciones o pensamientos vergonzantes; lo que le preocupa es que sus reflexiones no son las típicas relacionadas con una chica de su edad. Cualquiera sabe que si hay algo que asusta de verdad a un chico joven es una chica inteligente. Su carta de presentación no puede ser ese diario, deben serlo sus bragas. Ella siempre escribe que el problema del drama adolescente es que los problemas de su vida no son más que algo por lo que todos ya han pasado antes. Lo peor de la adolescencia es la condescendencia de los adultos. Son los adultos quienes crean la adolescencia. Esa actitud a priori extraña de un chico con acné, pues bien, según Violeta opina, no es precisamente culpa del chico con acné. Ese comportamiento a menudo arisco no es más que una respuesta a la radical indulgencia adulta. Lo cual convierte a los adolescentes en víctimas, y a los adultos en niñatos. En el diario de Violeta también se pueden encontrar reflexiones sobre sus padres, e insultos a su hermano, pero esa solo es la parte previsible. Lo que nadie debe saber es que Violeta piensa.
Mientras cena con el móvil a la mesa, su padre bebiendo ya en serio y su madre de la cocina al comedor y del comedor a la cocina, cada vez está más nerviosa. La palabra correcta sería Histérica. Su hermano sale con un prototipo de animadora de dieciocho años que la primera vez que vio a Violeta, preguntó: “¿Eres rubia de verdad?” Ahora deben estar follando en el asiento trasero del coche de papá antes de ir a cenar a algún sitio de comida rápida de los que a ella tanto le gustan.
Dentro de un mes Violeta cumplirá dieciocho años, pero eso no importa nada ahora porque su móvil sólo suena cuando su novio vuelve a llamar. Y mamá dice: ¿Porqué no lo coges? Y Violeta no dice nada, y piensa ya que va a tener que salir con sus amigas y que sus bragas no se van a mover del sitio y que no tiene hambre y está agobiada y deprimida aun siendo sábado. Quiere llamar al chico, pero no lo hará. Ni querrá ver a su novio hoy ni estará especialmente simpática con sus amigas. Porque lo que ahora desea de verdad es quemar su diario y engrosar la estadística de suicidio entre adolescentes menores de dieciocho.

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17 comentarios en “Relato diario (5 de 5) – Violeta_17

  1. “Pero Violeta aún no sabe quién es Bukowski” Me quedo definitivamente con esta
    Pobre Violeta, es tan difícil pasar por esa edad cuando lo que te interesa al parecer no es lo que se te ofrece, bueno, pero también es verdad que lo que se te ofrece es justo en ese momento lo que te deja de interesar, serán cosas de la edad…
    Que pena que sea el ultimo día mi chico, porque ya me había acostumbrado a irme a la cama con tu relato todavía fresco en mi memoria y así poder paladearlo un rato hasta caer en la inconsciencia, espero no tardar en degustar el próximo…
    Besos como pago Jordi, como siempre, perfectas joyas las que nos ofreces

  2. Una introducción digna de las vírgenes suicidas, la verdad.

    Creo que todos estamos perdido, pero a esas edades aún no sabemos disimular con tanta soltura como lo hacemos siendo adultos…

  3. Me quedo pensando en los culpables que somos quienes ya pasamos los vericuetos de esa edad en crear los estereotipos, las fobias y las expectativas que creamos sobre ellos. A lo mejor todo tiene que ver que intentamos comparar -a modo de referencia- lo que a ellos les pasa con lo que nos pasó a nosotros (que no tiene por qué repetirse…o sí…)
    Saludos.

  4. pobre violetta,como puede ser que me sienta tan identificada con ella a mis 35 añazos? será que aún no he superado la adolescencia? o será que en el fondo muchos de nosostros somos un poco violeta??

    un beso,me ha encantado,muac.

    1. La adolescencia no se supera, no es una fase, solo es el momento en el que comienzas a descubrir la realidad. Es como la madurez, que también es una etiqueta y poco más. Claro que solo es mi opinión..

      Un abrazo.

  5. “Cualquiera sabe que si hay algo que asusta de verdad a un chico joven es una chica inteligente”: Me parece que a los chicos menos jóvenes también les pasa.

  6. Cuando describiste a Violeta, se me vino a la cabeza, la novia de mi hermano. Aunque no es rubia, esta traumada con su gran parecido a la caricatura.

    Buena comparación con la relativa juventud de hoy.

    Saludos y gracias por ásarte por mi BLOG

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