Tina Rock and Roll

Cristina es Tina para todos, y como casi todos, tiene un problema. Pero claro, el problema de Tina, como los problemas de todos, es algo que ella tiene a buen recaudo, enterrado en detalles, complementos y, en su caso, trucos fallidos de respiración y contracción de la vagina para llegar al orgasmo. Tina Rock and Roll es llamada así por una-larga-historia; o quizá no tan larga, pero sí es de esas historias que la gente estira como un chicle, a la que se le añaden cada vez detalles más rocambolescos y de la que la gente habla bebida los sábados para echarse una risas sin sentimiento de culpa alguno. Tina está en el centro de la diana, asociada constantemente a los solos de guitarra de Jack White, componente de los White Stripes, grupo de rock de Detroit cuyos videos en directo son para ella como un porno para un chaval de quince años.
La historia oficial sobre Tina Rock and Roll habla de que su primer novio -un estudiante de biología heterocromático y rubio hasta el punto de ser como la luna con esa bruma que veces se le pone delante-, les fue contando a todos que para que ella llegara al orgasmo no le bastaba con utilizar su polla albina de veinte centímetros y un considerable grosor. Esa polla realmente poco fotogénica, de un rojo color sangre cuando estaba en erección, era algo que Tina llamaba Mango. Y a menudo decía que no le bastaba con el mango. Susurro en tu oreja: No-me-basta-con-el-mango. Cuando su novio -tan blanco que su pelo rubio resultaba castaño-, intentaba dar placer oral a Tina, esta enseguida se revolvía en demanda de la la polla albina o mango que, por más que con su considerable grosor friccionara de sobras con las paredes vaginales, la dueña de éstas no orgasmaba hasta que el tema Death letter de los Stripes grabado en directo no alcanzaba el clímax con un solo tan afilado que se clavaba en las cabecita pelirroja de Tina, hasta dentro, hasta hacer que babeara incluso cuando a veces la polla albina ya estaba pasando al estado fláccido dentro de su condón corrido.
Conclusión: El novio y su polla albina y todo su rollo de piel lechosa, se fueron buscando tierras más fértiles.
Tina lloró todo un día y luego se pasó dos semanas enteras encerrada en casa y escuchando a todo trapo los discos de Jack y Meg. Meg White, no mencionada aún, es la batería y única compañera de escenario de Jack, y a veces si acercaras lo suficiente tu oreja a la boquita de piñón naranja de Tina, podrías oír la frase: No-soy-lesbiana-pero-me-tiraría-a-Meg.
Hay algo más jodido que tener que convivir con un rumor, y es que dicho rumor sea cierto. El binomio “Tina y la Masturbación” dio para que un compañero de clase cruel -y dicen que enamorado de Tina y poseedor de una gran calabaza desde el día que se lo dijo- escribiera un relato llamado “Tani y la Masturbación”. Dicho relato, leído en voz alta en una clase de literatura creativa, puso en evidencia a la chica de tal forma que esta salió de clase corriendo y llorando de ese modo teatral que solo suele darse en las películas, para después tener que soportar al autor pidiéndole perdón en privado justo antes de que ella descargara un derechazo y le rompiera la nariz provocándole además un leve estrabismo crónico.
Tina Rock and Roll hizo que todo el mundo hiciera a partir de aquel día comentarios sobre el chico del tipo “en serio, no creía que estuviera mirándome a mí”. Pero aquel puñetazo hizo que ella dejara de llorar, y el arrebato de violencia devolvió la paz a su corazón pelirrojo y luego en casa superó su propio record de orgasmos tan solo utilizando un dedo y el dvd Under Blackpool Lights de los Stripes.

Tina no sabía por qué lo único que la hacía orgasmar era la guitarra de Jack. Estuvo con distintos chicos, todos desconocidos, pavos de Internet que querían follarse a la pelirroja. A ninguno de ellos les importaba que ella trajera su Ipod y sus altavoces y su Rock and Roll. Y todos creían que eran ellos los que se estaban luciendo en el sexo. Y no Jack en una de sus giras, no sus solos llenos de pinchos y ruidos a contrapelo. Tina Rock and Roll no encontraba a su Fulano de polla versión Death Letter. Eso se estaba convirtiendo en un problema.
Se imaginaba a ella misma haciéndose pruebas, autotorturándose con videos de los Stripes que intercalaran imágenes del nazismo o peleas callejeras o partos con cesárea. Imágenes desagradables. Un suplicio al estilo de La naranja mecánica para comprobar si rehuyendo su obsesión podía convertirse en una chica normal que se corriera con pollas albinas de grosor considerable.
Pero había, sin embargo, un hotel con unas vistas espectaculares al que Tina siempre había querido ir. Ella tenía la convicción de que follando en una de esas habitaciones de cinco estrellas podría llegar al orgasmo sin necesidad de música. Solo con una polla y ganas de usarla.
Así que quedó con un tipo, un desconocido que estaba dispuesto a pagar la fortuna que valía pasar allí una noche. Tina interpretó el papel de prostituta de lujo tan solo para ahorrase la pasta que valía todo el asunto. Para ella era un experimento. El tipo, uno de esos recién cuarentones que hablan a las chicas de veinte con ese tono en plan “Hola qué tal, soy Don Polla, no vamos a alargar mucho la cena”, tenía tantas ganas de pasarlo bien que bebió más de la cuenta antes de subir a la habitación. Tina le sujetaba por el pasillo de camino a la puerta. En ese momento ya sabía que poco iba a poder follar con ese tío casado y rico que al parecer ya era de esos que prefieren beber a tener una erección. Lo que no sabía Tina es que una vez dentro de la habitación, y desde el piso doce, el muy gilipollas intentaría saltar a la piscina del patio interior mientras ella estaba en el lavabo.
Resultados: Una mancha enorme de sangre por limpiar justo al lado de la piscina. Una viuda. Dos niñas gemelas de siete años sin padre.
Tina solo tuvo que decir que el tío estaba borracho, luego vino la autopsia y todos asintieron y la dejaron en paz. La vida parecía estar dándole un mensaje a Tina, y este no era necesariamente: Los cuarentones millonarios son gilipollas. Sino algo como: Déjate de mierdas, ve a un médico. Pero Tina no quería decirle a un médico que solo podía correrse escuchando a los White Stripes. No es la clase de anécdota divertida que quieras contar si tú eres el protagonista de la misma. Se sentía como esos animalitos con los que se hacen experimentos de asociación. Es como si desde cría alguien hubiera estado haciendo que ella asociara el sonido de esa guitarra eléctrica con el placer, como si tuviera ese rollo metido en la cabeza desde siempre y ahora no hubiera marcha atrás.

Una noche, desesperada ya con el asunto, decidió contarle a su madre -mujer comprensiva y tranquilizadora donde las hubiera- que tenía un problema serio con su sexualidad. Ese fue el principio de su soliloquio. Tengo un problema con… y aquí señaló con el mentón su propia entrepierna. Entonces la mujer se levanto extrañamente relajada y llamó a su marido, que ya había ido a dormir. Tina Rock and Roll se quedó de piedra cuando su madre, ya con el padre también presente, le preguntó qué grupo necesitaba escuchar para llegar al orgasmo.
Ella estuvo como un minuto en silencio. Sus padres la miraban como si hubiera tenido su primera regla, como si pensaran: “La niña está creciendo”. Eso desconcertó a Tina. Pero aun así dijo que tenía que escuchar a los White Stripes. Eran los White Stripes.
Su madre dijo que no los conocía, que quería escucharlos. Tina trajo un cd y utilizó el reproductor de dvd para la escucha. En el cd había unos treinta temas. Y su madre le dijo que cuál era la canción que mejor le funcionaba. Tina pulsó el botón hasta encontrar Death Letter. Mientras la canción arrancaba, su padre le dijo que si había ido al médico. Tina hizo que no con la cabeza; él murmuró algo tipo No hace falta que vayas, no tienen ni puta idea… Entonces su madre dijo: ¿sabes cómo me llamaban a mí de joven? Tina se sentía como una niña; hizo que no con la cabeza. Su madre dijo: Encarna Woodstock. Tina casi sintió un mareo. Su padre sonreía, la escena estaba sucediendo, era real. Y su padre dijo: La historia es muy larga. Dijo: Tu abuela Cristina era Jazz Tina.

[Uno de los blogs que me gustaría que se actualizase cada día, es el de Kobayashi Maru; básicamente porque su autora vuelca en él sus obsesiones sin tener miedo a la repetición referencial y con posts distintos cada vez. En esta ocasión quiero recomendaros su última entrada, en la cual habla del demoledor trío Reznor/Palahniuk/Fincher. La música de Reznor -como el tema del video, esa especie de canción-migraña enfermiza de la que no te puedes desenganchar-, es ideal para crear ciertos ambientes en el cine. Si no, ver: La red social. Abajo, y en homenaje a Kobayashi, una foto de una ídola que comparto con ella, y que es una de las musas principales de este blog: Lily Cole.
Actualización: Otra vez me tengo que cagar en Dios. Como en un anterior post no hay puta manera de que se me vea en el blog un video de Reznor, así que tendréis que clikar para verlo en youtube.]

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7 comentarios en “Tina Rock and Roll

  1. Hoy voy a empezar por el video, bueno en cuestión de comentario, ujum ujum, a ver, “el club de la lucha” impresionante película y esa banda sonora que te sacaste de la manga, uuff me ha resucitado. Creo que esa peli y la de “the game” las vi como unas tres veces cada una en un fin de semana (es que había que devolverlas al video club y me gustaron mucho, ya sabes mi paranoia ¬¬) Seguiremos con el relato, vaya vaya, me has vuelto a hacer lo de ayer, muy curioso, como sigas así, me ocasionaras daños irreversibles en el córtex cerebral, ya veras. Creo que tenemos alguna que otra cosa en común Tina y yo, no se, porque mi obsesión por Jack White empieza a ser enfermiza, ese hombre ocupará el primer puesto en mi Rankin de “quien me acompaña esta noche en sueños” su música es… ooook, no encuentro la palabra que la describa, todas se me quedan cortas, pero no me extraña que se corra con él… ujum ujum…
    Lily Cole, hola encantada de verte, ya nos tomaremos esas copejas cuando quieras. Y no te cages tan alto Jordi, que al final se te echan encima, jajaja
    Sigues siendo la puta ostia (Vaya boquita la de la Irene últimamente, me lavaré con jabón, prometido)

  2. A ver, por partes, que vengo emocionaíta xD

    1) El de hoy me ha encantado (para variar). Hay muchas veces que me gustan tus entradas y al final no te digo nada mitad pereza (desde el reader) mitad palo (para decir siempre lo mismo…) pero es que eres genial. Y la historia de Tina también, que me ha triunfado por muchas bandas: los orgasmos musicales (aunque no sean exactamente lo mismo que a lo que yo les llamo eso, pero molan), que sea pelirrojuela 😉 las habladurías, el momento piscina (eso por otra cosa, pero también me ha llegado) y sobre todo el final, que es genial 😀

    2) Josss, que me ha hecho mucha ilusión que me menciones, me has sacado los colores y todo, jajaja, y que te haya gustado. Son un trío poderoso, espero que se mantengan mucho tiempo conectados (que no se manden a la mierda en un momento de calentón-entre-genios, que David y Chuck no sé cómo van de eso, pero Trent sobrado).

    El vídeo con “Somewhat damaged” también queda clavado (aunque no es de las que más me molan… aunque haya sacado el vídeo del directo de regalo por navidad).

    He visto algún par más con algunas que son cojonudas por los golpes de música y otras por la letra (el “Only”). El señor Reznor, o su música, sí, son como una enfermedad que se te cuela dentro, al principio duele pero luego gusta xD

    (no pasa ná porque te cagues en todo, él te haría una canción y todo)

    3) Y Lily, qué hermosa Lily. Hoy te dejo un regalo en breve, compartido, pero eso 😉

  3. Yo hay veces que me masturbo al ritmo de las “Cuatro estaciones” de Vivaldi. Afortunadamente no lo necesito para correrme.

    Adoro a Lily Cole. Si fuese hombre me volvería loco.

    genial, como siempre.

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