Miss Cafeína

Camina por el escenario y su atuendo es como el de esas chicas que trabajan en los locales Nespresso. Tiene el pelo liso a la altura de los hombros, y pasado un minuto de extraño silencio en el mundo moderno, dice muy seria: Bienvenidos a este show de rabia inflada de amor… Que nadie os engañe, me encanta la vida. En el local debe haber como cien personas. Miss Cafeína es la última en actuar después de tres monologuistas treintañeros, hijos de esa retórica neutra de anécdotas cotidianas en plan Club de la comedia. Miss dice Nos os puedo garantizar risas, pero con el sexo tampoco os reís y seguro que os lo pasáis de puta madre…; al menos si vuestra pareja es de las que folla en lugar hacer el amor, y no tiene miedo de vuestros genitales…; ya sabéis: mamadas. Los comentarios de Cafeína no suelen arrancar carcajadas; más bien la gente permanece atenta y algunos se remueven en sus sillas. Su falda ejecutiva, las medias negras y los zapatos de tacón de chica sadomaso para algunos son suficiente. No concede entrevistas, no dice su nombre, no tiene miedo de que para muchos ese halo de misterio no sea ya más que un cliché o una mera táctica comercial. Su monólogo de veinte minutos se lo rifan en clubs que no tienen miedo de que alguien suba al escenario y no cuente anécdotas trilladas sobre relaciones de pareja o enfrentamientos Hombre/Mujer. Miss Cafeína dice De entrada debéis saber que si meto caña en el escenario es por lo mismo por lo que una madre está enfadada con su hijo. Debéis saber que os quiero, y que además puedo equivocarme igual que cualquier madre… Ya sé que no está de moda equivocarse, y que nos crucificarán si nos equivocamos los mismos que dicen que la forma de aprender es equivocándose… Pero amiguitos occidentales, la opinión personal no siempre va ligada a la verdad. Y además la verdad suele ser muy complicada: mitad orgasmo mitad puñetazo.
Todos conocen al personaje Miss Cafeína en ciertos ambientes, y por eso su monólogo suele lanzarse en base a cierta familiaridad. Aunque ella sea tan cercana como un témpano de hielo en tu nuca mientras duermes, su sexualidad y su marcado discurso hacen que muchos la quieran. Y la quieren de verdad, más allá del sexo, la quieren hasta el vergonzante “Te quiero” pronunciado en voz alta.
Miss Cafeína tiene un tono peculiar, apenas gestualiza, sigue hablando, solo camina lentamente contoneándose de un lado a otro del escenario, a veces parando un momento, casi sin mirar al público. Su voz desprende esa consabida colonia abstracta femenina (in)voluntariamente erótica, y de algún modo cuando dice un taco suena más contundente que con los otros monologuistas. En la mano derecha lleva el micrófono, y en la izquierda, siempre, vaya donde vaya, una copa enorme con un líquido rojo que muchos quieren creer que es sangre, y que realmente es lo que más parece.
El otro día me masturbé leyendo la Biblia, aunque es cierto que tardé un hora en conseguir llegar al orgasmo… Y vosotros pensaréis:“Cafeína, estás tarada”, pero yo intento abrirme, intento entender la vida. Si algunos son capaces de morir por cosas así, bien podré yo conseguir ni que sea un orgasmo… Se supone que Dios está de mi lado; y os aseguro que en este texto que oís siempre escribo Dios con mayúscula. Dios, Dios, Dios… Mi madre creía tanto en él que ahora Dios debe ser su puta. Mi madre muerta. Dios con mayúscula. Qué polla debe tener Dios, lástima que seguramente no exista.
Cafeína bebe de su copa; se queda parada un momento. El publico suele estar a la expectativa, nunca saben cuándo deben aplaudir, siempre permanecen mirándola bajo una nube de confusión. Pero drogados de algún modo, positivamente drogados, en el punto álgido del colocón. Miss intercala a veces su propio texto con poemas cortos de Bukowski o haikus de cosecha propia. Su monólogo de veinte minutos preparados ha llegado a alargarse hasta los cuarenta. Nadie interrumpe nunca, nunca se ha dado el caso. Su cara tiene esa cualidad de mujer fresca y joven, es como un melocotón en almíbar andante, es un vino selecto que ni los expertos son capaces de reconocer. Nadie sabe su edad con seguridad.
Siempre me ducho con el audio de “Lost in translation”. Probadlo, quitad la puta FM y escuchad esa película que ya os sabéis de memoria. Para conseguir la paz no hace falta hacer ejercicios rebuscados de relajación, ni meterse en un monasterio. Para conseguir la paz basta con eliminar la furia mediática de vuestras vidas. No quiero morirme sin darle alguna vez un guantazo con la mano abierta a un locutor de FM. Y te quiero, Bill Murray. Ya sé que no estás en este local y que no puedes oírme, pero lo proclamo por el mismo motivo por el que escribo Dios con mayúscula. Cafeína está a tu disposición, tanto amistosa como lúbricamente.
El líquido rojo del vaso mengua a cada largo sorbo. Cafeína sigue hablando de ese modo en que si te pierdes diez segundos luego te sientes aún más confuso, pero igualmente atraído. Entre las distintas leyendas que circulan sobre ella, se incluyen varias etapas en centros de desintoxicación, la posibilidad de que sea bisexual, y hasta un historia de zoofilia con una supuesta mascota, según dicen un perro. Se cuenta también que cada día se acuesta con una persona diferente y que no es una exageración, y también se habla sobre una posible relación con una camarera de dieciocho años que según las habladurías sería la única persona de la que Cafeína se ha enamorado.
Algunos me preguntan por qué lo de Cafeína. ¿Nunca os habéis encontrado en esa situación en la que estás esnifando coca del frenillo de la polla de un tío y alguien llama a la puerta preguntando por la anfitriona de la fiesta?… Veréis, la primera idea era la Cocaína. Pero teniendo en cuenta que escribo Dios siempre con mayúscula y que aun así no querría conocer antes de tiempo a semejante hijo de puta, tuve que frenarme. Así que la cafeína ayudó bastante. Y como soy agradecida y amorosa, y lo soy mucho más de lo que creéis, al final fui Cafeína.
Alguien empieza a aplaudir y los demás le frenan con Tssss varios y algunos ¡calla!. Cafeína sigue caminando y hablando, y ya ha superado sus veinte minutos. La copa está a tres tragos generosos de acabarse.
La verdad es que no sé cuál es mi aportación… Mi consejo es que me recordéis pero no me hagáis ni puto caso. ¿Tiene eso algún sentido? ¿Es un término medio? Es igual, repito, me suena bien: mi consejo es que me recordéis pero no me hagáis ni puto caso. Y luego haced lo mismo con todo el mundo cuando salgáis ahí fuera. Eso creo, no hagáis vuestra ninguna opinión que no sea de cosecha propia. En serio, no crucéis la vía de noche aunque veáis riadas de gente haciéndolo. Sed discretos y asentid. Eso les gusta. Id solos al los sex shop. Ese es mi consejo. Mi consejo es que no escuchéis más consejos. Mirad a vuestro alrededor y haced un análisis subjetivo, porque todos lo son. Pero todos tenéis la puta razón, que nos os dobleguen. Hasta ahora eso no ha servido de nada.
Cafeína se detiene y mira el fondo de su copa. Otro largo trago. Se queda en silencio algo más de un minuto. Algunos la cronometran. Se queda con la mirada perdida, lanzada al azar hacia ningún lado. Luego camina de nuevo. Todos escuchan.
La verdad, me gustaría saber contar chistes verdes, me gustaría sonreír ante cualquier chorrada precoito como hacen otras chicas. Me encantaría reconocer veinte clases distintas de perfumes o tener un novio fijo. Ese tipo de cosas. Lo que pasa es que -y todo el que haya probado alguna vez las drogas lo sabe- cuando te comes una seta alucinógena, de repente desaparece la inercia del deber. Del supuesto deber. Creo firmemente que nos han convencido de que la vida es algo mucho más serio de lo que es. Cuando en realidad la mayor parte del tiempo es estúpida, la llenamos de estupidez. Por eso mi libro favorito -y está en mi puta mesilla- es la guía Tab… Y os aseguro que no hago publicidad. El colmo de la ironía, en la sociedad en la que vivimos, amigos occidentales, es un guía para saber morir bien. Es muy posible que los autores de esa guía, sean quienes sean, hayan perpetrado la mejor broma de la historia de la humanidad.
Un trago más. Y ya solo queda para otro más.
¿Cómo de serio es vivir? ¿Habéis visto lo que llevo puesto? ¿Lo que hago? Ni siquiera sabéis lo que bebo… Estoy orgullosa de no ser como vosotros. Pero ya os he dicho que no me hagáis caso. Aunque la verdad es que yo jamás pagaría por ver a alguien como yo… Espero que os hayan gustado los anteriores monologuistas. Yo no encajo, lo sé. Ni siquiera sé imitar el ruido de una licuadora o de la lluvia o de un coche. No sé hacer gags. De hecho me siento bastante culpable. Porque la verdad es que ya hace un rato que todo lo que digo está fuera de texto… Pero sigo aquí porque vosotros seguís aquí. Y como he dicho, aunque no quiera ser como vosotros, os quiero. Seguramente tengo la autoestima lo suficientemente atrofiada como para sacrificarme por cualquiera. Nos os preocupéis, yo encajaría el golpe. Conmigo tendríais un buen escudo. Y me alegro de no dudar en algo así.
Otro paseo silencioso. Solo se oye el ruido seco de los tacones en el escenario. Es como si no hubiera dueño del local, como si el local nunca cerrara, como si no hubiera publico. Como si Miss Cafeína estuviese sola.
Os podéis creer más o menos el veinte por ciento de lo que se dice sobre mí. Sobre todo si sois capaces de retorcer ese veinte por ciento y echarle imaginación… Digo esto porque hoy me siento generosa. Y porque creo que ha llegado el día. Esto me está haciendo efecto… Podéis convertir en metáfora lo que va a pasar si queréis, pero la verdad es que sencillamente quería llevar a otro nivel eso del “monólogo visceral”, ese rollo asociado a mí. La puta Miss Cafeína da la nota otra vez… Siento que hayáis venido hoy… Nadie os dará las buenas noches ni os arropará con un par de frases cálidas finales de monólogo naïf.
Miss Cafeína se pone de rodillas de espaldas al publico. Su trasero es un corazón invertido en su falda ejecutiva. Se lleva el micro a la boca y dice: Creo que aún no llega. Y se vuelve a poner en pie. Camina.
Hoy vais a saber qué es este líquido rojo que bebo siempre…
Está vez estalla un aplauso que todo el público decide que viene a cuento. Aun así dura unos pocos segundos, y se extingue casi de golpe.
Hace dos años fui a un lugar. Muy lejos. Ni siquiera pienso deciros dónde… No sé, os jodéis. Nunca digo mi nombre, así que mucho menos voy a decir dónde voy de vacaciones o a quién me follo. La verdad es que os recomiendo ser lo más herméticos posible. Por lo general la gente no sabe gestionar la información… Pero en fin… Como os iba diciendo, fui de viaje. Y en ese lugar alguien me enseñó a cocinar una especie de… cómo diría… Como un Álmax. Sí, eso, un Álmax natural, sin fármacos ni rollos de posgrado. Un brebaje, esa clase de mezclas que nadie se bebería… Pero un día estaba realmente jodida del estómago, y ese brebaje, que es este del que solo me queda un trago, me dejó como nueva.
Miss cafeína vuelve a arrodillarse, esta vez cara al público.
La verdad es que el brebaje me encanta, pero lo cierto es que con una cucharada basta para eliminar una indigestión… Así que, amigos occidentales, ¿qué podía pasar si cada día de show llenaba un poco más la copa? ¿En qué límite el digestivo natural podía pasar a ser indigesto? Y decidme, ¿y la vida? ¿Pasa igual con la vida? Miradme ¿Acaso vais a hacerme puto caso?
Cafeína se bebe el último trago. Deja la copa en el suelo; también el micrófono, y se pone una mano en el pecho. Una arcada, dos. Tres. Y comienza a vomitar un chorro de color rojo. Luego otro aún más violento y masivo. Alguien empieza a aplaudir desde el fondo de la sala.
El resto del publico se va añadiendo poco a poco. Hay miradas y asentimientos. Camioneros de cincuenta años que se desbordan entre Bravos y gritos.
Luego, cuando ya la mayor parte del publico aplaude puesto en pie y solo unos pocos salen a la calle, Miss Cafeína ya únicamente vomita bilis, con los ojos hinchados, y busca a tientas el micrófono. Levanta una mano a modo de advertencia a alguien que salía de bambalinas para ayudarla de algún modo. Se queda arrodillada y la actuación ya supera los cuarenta minutos. Mira a todo el mundo mientras vitorean. Tiene la barbilla y las comisuras manchadas de rojo, y algunas gotas han salpicado su atuendo al estilo Nespresso. Algunas personas vomitan en un rincón del club, y luego siguen vociferando. Otros van camino del lavabo. Pero la mayoría continúan aplaudiendo y Miss Cafeína sigue arrodillada y mirándoles, seria y cansada, la cara hinchada, los ojos llorosos, el rímel corrido, el pelo intacto, la boca entreabierta.

[Para el video uno de los White Stripes, que hace mucho que no pongo uno. Es el inicio de cierta grabación en directo brutal publicada tanto en formato disco como en dvd hace ya un tiempo (hurgad en Youtube). El video va dedicado a Irene, una lectora del blog a la que sé que Jack le pone hasta límites inconfesables. Y para la foto, Otra Pin up para la colección.]

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12 comentarios en “Miss Cafeína

  1. Me ha gustado Miss Cafeína y suy monólogo y todo el ritmo del relato y la facilidad para ponerle esos chistes que no hacen reir pero sí que te muevas inquieto en tu silla (será porque hablan de verdades incómodas). El nivel de tus relatos es insultantemente bueno. Y conste que no lo digo en el plan de esos escritores que hacen fajitas para libros. A mí no me pagan por aplaudirte. Brillante.

  2. Jodo vaya actuación !

    Yo tambien he pensado : “No quiero morirme sin darle alguna vez un guantazo con la mano abierta a un locutor de FM”, pero odio Lost in Translation, es un coñazo.

  3. BUENO BROTHER, NO ESTOY MUY FAMILIARIZADO CON LOS TEXTOS LARGOS. DISCULPA, SOY SINCERO, NO LEÍ. FULL BANDA LA DEL VÍDEO. UN GUSTO VISITAR TU ESPACIO.
    UN ABRAZO

  4. Tu anzuelo me pescó, y encantada por cierto.
    Me has enamorado de cafeína, lástima que su dolor forme parte del espectáculo. Soberbio, si lo permites, me quedo.

  5. Pues creo que he estado todo el monologo de Cafeína igual que sus espectadores, calladita, sin moverme y con la boca abierta, joder, esta tipa la quiero en mi casa para invitarla a cenar un día, a ver que me cuenta a solas. Maravilloso Jordi y ese final tan de tripas ha sido sin duda una grata sorpresa, conociéndote ya me la imaginaba cortándose las venas o algo así, que desperdicio seria eso, menos mal que la dejaste vivir… jajajaja
    El video, pues que decirte, primero que ilusión por dedicármelo a mi, tío gracias, sabes que Jack me pone mazo, me pone mucho, esa manera de coger la guitarra… esa manera de sobrepasar los acordes normales para convertirlo todo es una perfecta distorsión… uuufff mira mira un escalofrío… bueno es que le amo, ya esta.
    Y sabes que? Me gusta que incluyas la guía Tab en tus relatos, porque la haces verídica, creo que algún día será un libro cierto de culto, aunque sea solo como broma distorsionada de la realidad. El tiempo nos dirá, yo al menos me la compraría. Nunca viene mal.
    Un beso y de nuevo gracias por mi Jack, ha sido un precioso detalle, ya te compensaré con algo, a ver que se me ocurre ¬¬

  6. Ahhhh, nerd atack!! La barrera hematoencefálica impide que muchas sustancias tóxicas la atraviesen. Pero mi antagonista favorita, léase “Miss Cafeína” ingresa al cerebro de la misma forma que bueno, la cafeína. Atraviesa todas las barreras y te pega justo en medio del encéfalo. Ya no hace falta decir que estoy babeando un arco iris de veinte colores porque su monólogo dure el mismo tiempo que la metabolización de la ya mencionada sustancia, y que además, cumpla con todos las etapas de la farmacocinética. Ah, y con ella se pueden formar complejos indisolubles.
    No me temas 🙂

  7. Miss Cafeína era el título de una vieja canción que iría perfecta con este personaje..

    Si algunos son capaces de morir por cosas así, bien podré yo conseguir ni que sea un orgasmo… Mira, nunca lo había visto de esa forma. Puede que la pequeña miss no sea una gran monologista, pero es complicado no dejarse embaucar 🙂

  8. jaj Todo un personaje frente a un público tan adocenado como siempre, que igual le da que le halagues como que le vomites siempre. El caso es soltar unas risas y aplaudir mucho… “telecinqueando” le llamo yo a eso, jaja

    Y nada, que creo que Irene es reciente lectora de mi blog que supongo (bueno, ahora estoy seguro) me ha llegado del tuyo, pues parece que ya os conoceis bien… Y comparte mi devoción por la guía Tab. jaaj

    Bezos

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