Otra vez la oscuridad

Puedo oler a hierba recién cortada si pego mi nariz a su vello púbico. Pero ella no está aquí aún. O siempre es otra. Siempre es el mismo rollo de poeta agilipollado que solo sabe escribir mediocridades y tiene a su amada lejos, o con otro, o muerta. Sí, qué penurias… Como si a nadie le gustara de vez en cuando nadar en la amargura.
Más adelante hay un accidente de tráfico. Te pones algo ansioso. La cola se ralentiza. Te preguntas si podrás ver algo esta vez o será como siempre, un coche con el morro chafado y nada de cuerpos ni sangre. Y cuando pasas por al lado y no hay nada digno de mención, para variar, sigues adelante y tu vida se vuelve a reordenar: otra vez huele a hierba recién cortada. Tienes que respirar hondo, mantener el aire, y luego soltarlo poco a poco para conseguir unos segundos sin sentir el cubo de ácido en tu estómago.
Es otra vez la oscuridad. Sabes cómo te invade y cómo se mueve. Está al fondo de la barra y la tía está fumando en interiores. Exhala el humo como si todos fuéramos mortales -o quizá porque lo somos-, y no le echas más de veinticinco años según su piel y sus andares. La oscuridad solo tiene que estar presente para tentarte, es como llegar nuevamente al final de un camino en el que todas las sonrisas de los demás te resultaban harto sospechosas. Como si al final de ese camino esa mujer fumadora te diera un beso en la mejilla, y te exculpara susurrándote que el cinismo solo es otra forma de supervivencia.

Pero, ¿por qué te vuelve a llamar la oscuridad?
Ves unas semanas atrás. Miras a tu alrededor. Tienes una amiga que dice que conoce a alguien que dice llevar ciento treinta y dos años viva. Si chafardeas en su Facebook (el de la supuesta anciana), y una vez ya te la has cascado con su delirante colección de fotos en biquini, puedes percatarte de que no parece pasar de los treinta años. Es una muchacha aparentemente cuerda, y al margen de su marcado exhibicionismo no hace muecas ni se muestra particularmente histriónica. Es una mujer, punto, la típica a la que cualquiera lo suficientemente borracho miraría fijamente con el cubata en la mano.
Pero según esta amiga tuya, la tía dejó de fumar hace unos cien años (literalmente), y desde entonces no ha envejecido. Su cuerpo no se ha arrugado; si la chica dijera la verdad, su organismo estaría disfrutando de una regeneración celular eterna.
El motivo por el cual achaca ese supuesto milagro al hecho de haber dejado el tabaco, es un misterio. Dicho misterio surge en base a que no se conoce a ningún otro no-fumador que no haya muerto de viejo, por enfermedad, o en un soso accidente como el antes mencionado. La chica, además, es vegetariana; y sí, también es esa amiga de amiga que te acaban presentando un día, que habla contigo y hasta le caes bien y, sorpresa, ella también te cae bien a ti.
Se llama Enriqueta -o eso dice- y no huele como el cadáver ya putrefacto que debería ser. Es todo modales y discreción. Te dice que lleva la tira de años currando en no sé qué ONG y en no sé cuántos sitios más, que no gana casi nada, pero que con el tiempo el dinero deja de importarte de verdad (e insiste, De verdad, y no como a un mortal común dice que ha dejado de importarle cuando sólo ha vivido qué, ¿cuarenta míseros años?).
La oscuridad sigue fumando al fondo de la barra y no puede aguantarse la risa mientras te ve embobado con Miss Inmortalidad Verde. Pero tú pasas de ella de momento, te aferras a los bienintencionados consejos de los demás, e intentas prosperar (palabra que odias en secreto).

Puede que un día quedes con la chica inmortal. Un café y esas cosas. Intentas no sacar temas incómodos; la chica te está empezando a gustar de un modo, digamos, intracardiáco. Te sorprendes a ti mismo pensando en Doña Biquinis por las mañanas. El día que quedaste con ella te dio el número de su móvil, y tienes que morderte la lengua para no llamarla, porque de todos modos no sabrías qué decir. La has visto solo dos veces (una a solas) y, aunque no te crees que sea inmortal, eso te parece un detalle cada vez más ínfimo. Y qué si está un poco tarada, es una buena persona, es atractiva y no parece neurótica. Por más que oigas las carcajadas de la oscuridad, un día decides volver a llamarla; te armas de valor y decides mostrarte vulnerable. Otro café.
Algo que te llama la atención es que los demás no se extrañan por ese rollo de la inmortalidad; lo aceptan con naturalidad y con el tiempo te acaban insinuando que la chica te conviene; es muy “para ti”. Esas cosas. No pasa nada si ella quiere creer que nunca se va a morir si no vuelve a fumar. Tienes otra amiga que cree que aunque quizá sí se muera, siempre parecerá joven si sabe administrar su maquillaje y renueva su vestuario con asiduidad. Otro colega cree ciegamente que nada puede ir mal si su coche no se raya. Otros creen que su báscula mide los éxitos del futuro, se aferran a ella y se plantean objetivos. Conoces incluso a gente que se sienta a ver la tele. De verdad. Ven la tele. Cualquier cosa. Porque aseguran que eso les relaja e incluso les divierte; suelen ver además programas de testimonios o realitys, y recuerdan los nombres y las peleas, recuerdan cada grito y cada taco, incluso con frases textuales. Oyes diálogos entre ellos que son del tipo “¿Viste ayer a Fulanita en «nombre de programa del corazón»?/ Sí, cuando le dijo eso de Eres una zorra y te vas a comer pollas todos los días…”. Y luego se ríen, y hacen que no con la cabeza como si esos rollos no fueran con ellos.
Conoces a tanta gente rara, y todos son capaces de normalizar hasta tal punto el vacío, que tarde o temprano comienzas a mirar de otra forma a la muchacha con la que sales. ¿De verdad quieres eso? ¿Hacer como si no te diera pena y vergüenza ajena casi todo lo que ves y oyes? ¿Quieres dejar de lado el detalle de que tu chica cree que es inmortal porque no fuma? ¿Vas a seguir poniendo cara de póquer cada vez que maldice al pasar cerca de algún fumador por “lo mal que me va a oler la ropa” como si eso fuera algo realmente importante al lado del hecho de creerse inmortal? ¿Quién está sacando las cosas de quicio?

Así que las risas de la oscuridad resuenan cada vez más fuertes en tu cabeza. Esa chica que fuma y no te juzga. Es su vello púbico el que huele a césped recién cortado. Los demás la repudian, la insultan, la evitan. No es moderna, no tiene buen gusto para vestir. No tiene un Iphone. No tiene manías. No es una nueva pija, no encaja con el nuevo fenómeno de pijo expansivo políticamente correcto y cada vez más empapado en detalles absurdos y doble moral. La oscuridad sabe, como tú, que ser muy feliz es un buen motivo para sentirse culpable. Uno de los mejores.
Y sus carcajadas no son más que el producto de verte intentarlo, de verte intentar ser como ellos, de verte autoconvenciéndote de que aunque tú no eres así, ser así te haría más fácil la vida. Pero tarde o temprano vuelves a ser tú, cada año que pasa eres menos de lo que son los demás. Y vuelves a caminar hacia el fondo de la barra, caes otra vez en los brazos de la chica que te gusta, esté o no presente, encaje o no con los patrones globales establecidos, guste o no a esa gente a la que quieres parecerte. Quieres respirar humo. Sabes que nadie es inmortal, y que en esta vida quizá la única forma de esperanza realista y aceptable -y a salvo de hipocresías y discursos vácuamente amables y luminosos- es la de que el próximo accidente de tráfico que veas no sea desde el coche siniestrado.

[Ricky Gervais, el tipo que la ha liado en Los globos de oro, tenía una serie llamada “Extras”, en la que podías encontrar escenas tan potentes como la del video. Y abajo, para calmar los ánimos, pin-up.]

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10 comentarios en “Otra vez la oscuridad

  1. Y luego dicen que por escribir uno es rarito. La verdad es que…
    Me parece una de las mejores narraciones J. Una de las más conseguidas y esa reivindicación tuya sobre la mortalidad me parece cada vez más necesaria.

  2. Me resulta patética y fuera de lugar la visión del mundo de ciertas personas, que dan más credibilidad a las apariencias y cosas cotidianas sin sentido, que a lo verdaderamente único y sincero. Pero es la sociedad en la que nos hemos metido, por desgracia casi todos, donde una chica que no lleva ropa de moda, que no hace las mismas cosas que el resto, tiene los mismos gustos establecidos y que no se deja deslumbrar por tópicos carentes de sentido e inteligencia (ejem. esos programas de los que se habla que solo muestran porquería) no es aceptada y es tachada y etiquetada de rara, incomprendida y anormal. Seria mejor para este hombre que dejara eso de la inmortalidad (claro ataque de los demás para entretenerse) y se quedara con la única que al parecer tiene algo que ofrecerle y no esa chica de la barra insulsa y más de lo mismo, echa en cadena.
    Curiosa teoría la del video, me ha gustado y una pin up muy sorprendida y sorprendente. Un beso Jordi, como siempre magnifico.

  3. Muchas veces pienso que me hubiera gustado no cruzarme nunca con esa mujer que fuma ahí al fondo.
    Que mi corazón en las tinieblas hubiera mantenido su luz de no haberse roto por querer conquistarla.
    Me enseñó tanto como me hizo sufrir y ahora sólo trato de olvidarla buscando una luz en cada mirada,
    pero mis ojos como agujeros negros se tragan cada chispa, cada brillo… quedando éstos frios. mirando la nada.
    La mujer que fuma detras de la barra me mira y se sonrie sabiendo que ya soy suyo aunque trate de ignorarla.

  4. Me gusta pero no termino de entenderlo. Sin embargo, pienso que el relato está favorablemente abierto a la libre interpretación y, por ello, puede que en un par de días sí termine de darle sentido a mi visión del texto, a lo que me transmite.
    Pero buena idea la de personificar a la oscuridad en una fumadora inmortal. En cualquier caso, y teniendo presente la reciente referencia a ‘Revolver’, diría que dicha personificación podría ser nuestro ego, que entiendo es quien nos tienta a la autodestrucción… no sé, puede que sea una visión demasiado subjetiva.

    Saludos.

  5. Siempre te lo digo, pero me encanta tu manera de diseccionar la sociedad.
    Cada cual intenta ser inmortal a su manera. Tus textos por ejemplo sobrevivirán a ti así que en parte también lo eres tú.

  6. No solo es una historia humana high quality, basada en hechos cotidianos de alta envergadura, de seres solos capaces de empatizar cuando sus vidas se colocan en el límite de lo tolerable. A parte de esto, el final abierto te deja con una especia de sonrisa que, por momentos, te devuelve algo de confianza en minúsculas partes de la humanidad.

    Un abrazo,

    VD

  7. dios!! qué gusto como escribes!!! conecto inmediatamente con tu
    forma de pensar en otro momento te comento el post mejor es sólo un impulso por agradecerte

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