Soliloquio sobre la Chica Naranja

Maite me llama un día y parece llorar y me dice literalmente que siente que se está ahogando; yo intento bromear y le pregunto cuánto lleva bajo el agua. Cuelga. Una semana después la encuentran suicidada en la bañera, hundida en lo que parece Lambrusco pero en realidad es sangre y agua y orina, etcétera. Tres meses después, reducido a mierda existencial sin autoestima, decido acudir a un psicólogo que me recomiendan. El tipo, cuando quiere ponerse serio, me sugiere muy sutilmente que puede que haya sacado las cosas de quicio; nadie se corta las venas porque le hagan una broma, y menos una semana después. Durante la siguiente cita permanezco unos diez minutos callado y mirándole (sin haberlo planeado), y ante su desconcierto me levanto y me voy con el tipo disparándome preguntas por la espalda. La última hace mención al dinero que le debo aun habiendo desperdiciado la sesión. Antes, hace la tira de años ya, la vida era muy lenta, nunca pasaba; todo era colegio y todas esas rutinas preadolescentes; tanto que ahora da la sensación de que si alguien me hubiera disparado a bocajarro por aquel entonces, podría haber esquivado la balas. El día después de dejar la consulta decido quedar para charlar con un amigo. Antes le hago prometer que no se va a suicidar una semana después de haber hablado conmigo. Él no se ríe. Ahora la vida va a toda leche, las nocheviejas se enganchan entre sí y todo parece un bucle de deberes adultos sin fin y en muchos casos deprimente y terriblemente dañino para el alma. No sé bien cómo se hace eso de sonreír aunque nada te haga gracia. El amigo con el que charlo parece estar en silencio de ese modo en que sabes sí o sí que cuando esté con otra persona y yo no pueda oírles, todo serán diatribas sobre lo mucho que necesito amueblar mi mente y hacer un cambio y ligarme a alguien en serio y, en definitiva, parecerme a ellos. Ellos sí saben reír aunque nada les haga gracia. Para ellos esa es la fórmula de la felicidad, aparentar ser feliz antes de serlo de verdad. Es como la versión emocional de fingir un orgasmo, un rollo muy de moda entre los amantes de la búsqueda de la simplicidad existencial y ese vago narcisismo enterrado en buenas maneras y saludos adecuados. Ellos conocen la Etiqueta de la vida. Hablar con dicho amigo solo me sirve para sentirme aún más incómodo y liado. Todo lo que él me dice es que no debo sentirme culpable por lo de esa tía, y mientras tanto yo no soy capaz de convencerle de que no se trata sólo de lo de esa tía, sino de que yo también conozco la Etiqueta de este restaurante llamado Vida o Tierra o Existencia, pero la verdad es que la sola posibilidad de seguirla hace que me vengan ganas de darle yo también un doble uso a mi bañera.
Te despiertas un día y al segundo ya te estás despertando al día siguiente; cuando quieres disfrutar del viernes, parpadeas y ya es domingo por la tarde otra vez; y mientras maldices llega el siguiente domingo por la tarde. No tienes ni treinta años y cuando piensas en las series que veías a los doce te parece que aquello era otra vida, te sientes reencarnado. El pasado superlento, los partidos de fútbol de tres horas y las niñas aún sin curvas. Vuelve a ser viernes y te da miedo de ir a dormir por si cuando te levantes ya tienes sesenta años y lo único que te queda es mirar hacia atrás sin haber aprendido aún a sonreír antes de tiempo.
Días después de la charla con mi colega, conozco a una chica y unos tres segundos después me entero de que tiene novio y está de dos meses. Mi cuerpo -mi estómago, mi corazón, la mente, lo que sea- no quiere entenderlo, y paso unas veinte semanas (por algún motivo cuento mi sufrimiento en semanas) buscando información sobre las estadísticas de separación en las parejas por aborto accidental. Me acuerdo de que hace unos dos años (aunque parece que fue antes de ayer) un colega me dijo que se ligó a su novia justo la noche en que el ex de ella la dejó. Ahora lleva con ella como cinco o seis años; hablan ya de hijos y habitaciones potenciales de colores pastel en el piso en el que viven juntos; esto sucede, como digo, gracias al mal rato del abandono que la muchacha sufrió aquella noche en que mi colega fue a consolarla con un tono lo suficientemente convincente como para parecer alguien momentáneamente eunuco, y solo preocupado por la veinteañera dulce de tejanos apretados y jugoso escote.
La sensación de sufrimiento decrece en mí a medida que la barriga de la chica crece, convirtiendo su futuro en la forma más pura de amor según muchos artículos cuyas páginas tienen recetas de cocina en la otra cara. Acabo desconectando de ella y su barriga y su vida.
Y conectado siempre al ya cotidiano mar digital, todos los días es el cumpleaños de alguien. Es probable que tengas más amigos en Facebook que días tiene el año. Esa niña que olía mal en primaria y a la que sus padres cambiaron de colegio, ahora tiene tetas, y a menudo al verlas en biquini acaba oliendo a semen en toda mi habitación.
Arqueo de cejas.
Qué asco y todo eso… No es un rollo muy popular. Al parecer, una cosa es que el deseo sexual sea algo natural, y otra muy distinta que mientras la gente sonríe buscando ser felices vayan a aceptar siempre la realidad. Ellos no comulgan con eso, eso podría desbaratarles los planes. No está bien visto hablar de eso si no es con metáforas o de forma poética, o si no te vas a desacreditar de algún modo dando así de qué hablar para futuras reuniones sin tu presencia. Si vas a ser crudo o realista o lo que sea, al menos ofrece un buen espectáculo patético. En eso acaba la sinceridad moderna.
Et-Lunes-cé-Miércoles-te-Domingo-ra.
Parpadeo. Un domingo por la tarde veo a la pareja por la calle desde una terraza, y la barriga ha sido sustituida por un carrito de bebé tan mono y rosa que casi puedes ver debajo el precio y el modelo como en un catálogo dinámico. La chica sigue siendo tan atrayente como siempre, pero ahora la sensación de cosquilleo de mi polla ya no se expande hasta mi estómago, corazón… Hasta el punto de que no recuerdo qué cojones vi en esa mujer para enfermar muchos días hasta el borde del lloro. De no haber tenido novio ni barriga, ahora podría estar sentada en la mesa en la que estoy, oyéndome titubear sin saber cómo decirle que ya no quiero estar con ella. Y, aunque esto es un tiro a ciegas, quizá su novio ahora no resoplaría por la calle empujando ese carrito. Sí, es el mismo rollo otra vez de bañeras y cuchillas de afeitar… pero me estoy quedando helado en la terraza sólo para fumar, y mi cabeza va por libre.
De todos modos, una cosa es cierta, jamás he sentido envidia de nadie que empuje un carrito de bebé. Muchas personas creen casi una obligación el traer al mundo otra infancia a cámara lenta. Dichas personas suelen hablar de tener hijos siempre con diatribas que incluyen máximas del tipo “Me encantan los niños”. Lo dicen casi como si creyeran que no van a crecer y jamás pudieran acabar haciendo cola en el Inem. Es el pensamiento más extremado del carpe diem. Nadie gesta adolescentes ni adultos, todos buscan un niño, un niño precioso al que amamantar y cuidar en su cuna como si fuera alguna raza de perrito que ya no va a ir a más y va a ser siempre un peluche vivo adorable. Es la razón por la cual la gente no adopta adolescentes de dieciséis años pudiendo elegir a una cucada rubita de un metro a la que te dan ganas de estrujar y pellizcar los mofletes. El adolescente aún no ha aprendido a sonreír sin ganas, y ella aún sonríe de verdad.
Cuando no estás muy dispuesto a tragar con lo que tienes delante casi nunca, la vida se acaba convirtiendo en un domingo que no acaba. A veces ese domingo está a rebosar de gente comprando por las calles; otras veces está vacío. Pero siempre puedes ver las riadas de personas moviéndose en manada, y aunque algunos se sientan estúpidos como una tortuga en un terrario que ya se le ha quedado pequeño, la diferencia entre ellos y la tortuga es que ella sí acabará escapándose. Aunque sólo sea para que la encuentres muerta el día que decidas cambiar de sitio los muebles.
Maite era una chica tan pelirroja que yo, a modo de apodo cariñoso, a veces solía llamarla Chica Naranja. Cuando su vestido dejaba ver sus hombros, podías ver mejor sus pecas, y era encantadora cuando usaba su pelo o un gesto para taparse si te pillaba mirándolas. Maite no sonreía a menudo, pero cuando lo hacía era como la niña rubita de adopción potencial, era luz natural invadiendo interiores de noche. Tenía siempre esa mirada de ojos abiertos como platos, como una cría que hubiera pillado a sus padres en plena faena. Tenía veintidós años y yo siempre intentaba hacerla reír porque sabía que era la única forma de hacerla momentáneamente feliz; con ella no podías sacar a relucir ninguna filosofía optimista con la que minimizar los lunes o darle brillo a un futuro lleno de posibilidades.
Sí hay algo peor que colarse por una chica con novio y preñada de dos meses, es colarse por una que ya está muerta.
El motivo por el que mi negación funcionó tan bien con Maite en relación al hecho de quererla como unos padres adoptivos quieren a la niña rubita, es que yo, con mis quedadas furtivas y secretas con ciertas chicas que nunca quieren nada serio, quería dejarla en paz. Quería dejar que pasaran unos años. Era mi as bajo la manga. Mi futuro potencial. Por algún motivo, no me preocupaban sus posibles novios. Creí que lo mejor que podía hacer, dada su edad, era, de momento, dejarla libre. Quería actuar justo al revés de como mucha gente actúa y te dice que actúes. Esos padres que gritan a sus hijos en lugar de enseñarles y dejarles en paz. Esas parejas que se vuelven posesivas. Quería eliminar de mi vida social el sentido de propiedad, algo que no debería existir entre las personas. Nadie pertenece a nadie. El amor (o lo que sea) no solo es algo bonito, también puede ser repugnante y doloroso, cruel y no correspondido. A veces la mejor forma de torturar a una persona es elegir un mal momento para decirle que la quieres, que no vas a poder vivir sin ella.
De verdad, no me parecía un mal plan lo de Maite. Es solo que no contaba con que probablemente justo lo que la hacía especial y preciosa en muchos sentidos, fue lo que la mató. De igual modo que muchos músicos y actores y escritores y etcétera, quizá jamás habrían podido ofrecer al mundo sus obras inspiradoras y brillantes si no hubieran tenido ese mismo carácter que hizo que acabaran suicidándose.
En resumen, quizá si ahora no estuviera muerta, yo jamás me habría fijado antes en ella. Miro a mi alrededor y sigue siendo domingo.
Camino un día por la calle, y mientras, me pregunto cómo la nueva madre pudo sustituir durante tanto tiempo a Maite en mi cabeza. Quizá acabé haciendo caso a alguien que no era yo. Ya no lo recuerdo. El día que me llamó y me dijo que se estaba ahogando, probé a llamarla unas cinco o seis veces sin que me cogiera el teléfono. Me dolía la cabeza y estaba enfurruñado. Dejé el teléfono de lado y me tome un gelocatil. Me estiré en el sofá. En la tele daban alguna película de sobremesa. La dejé puesta de fondo y me fui adormilando. Fuera era no sé qué festivo. Era domingo y todo el mundo había salido a comprar.

[A veces me llevo sorpresas agradables con mi extraña afición a los videoblogs. Esta vez me apetece poner un video que es un buen ejemplo sobre cómo hacer algo divertido en base a algo tan penoso y aburrido como el video (muy exitoso en visitas por supuesto) de cierta niña fan de Justin Biever que despotrica y básicamente es una muestra real de que ciertas edades o fases de la vida son muy desgradecidas. Abajo, pin-up.]

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18 comentarios en “Soliloquio sobre la Chica Naranja

  1. … apenas escribi algo sobre unas luces rojas (las luces traseras de los autos) y es algo muy similar (habla sobre como t dejas ievar por los dias, a hacerles cotidianos, simples que no los ves bien, que no llegas a interiorizar el exterior que llega a aparecer)… en esencia… de acuerdo contigo en seriados parrafos, este Vehiculo nombrado Hombre o Mujer que te ieva por el camino de la Vida deberia ser tan sincero como el de un niño al amanecer y ver la cara de su madre amandole sin mas ni mas… esa estupida y maravillosa sonrisa que ilumina aunke tus dientes no esten… de acuerdo el amor jamas es propiedad… un fabuloso dia, aprenderemos a ser con el Ser sin mas … Saludos desde Mexico

  2. Ante este relato, tan bueno como siempre, confirmo algunas consideraciones:
    a) Es deseable volver a los tiemps de Mattrix, cuando podíamos esquivar las balas o las gotas de lluvia.
    b) Los niños se hacen adolescentes… ¡Qué adolescentes, qué adolescentes!
    c) El conducto por el que algunas personas pasan de los genitales al corazón está organizado de tal modo que su propietario no tiene ni idea de cómo funciona.
    d) et-domingo-cé-miércoles-te-domingo-ra

  3. Si ves todo desde lejos, si no te implicas con todo lo bueno y lo malo que conlleva no vivirás la vida de verdad. Es más fácil huir siempre, escudarnos en ideas y pensamientos que no llevan a ningún sitio, ni siquiera van con nosotros mismos. Si no te metes en la mierda, no sabes el gusto que dará ducharte chaval 🙂

    1. Sigo sin entender cómo algunos después de leer un texto de ficción aleccionan a un personaje que no existe en lugar de ver qué puede aportarles el texto a ellos.
      En cualquier caso el tipo del relato habla de un rasgo concreto de su vida, y para intentar escribir algo interesante no voy a centrarme en tópicos como “implícate” o”vive la vida”, porque sobre eso ya está escribiendo un montón de gente todos los días y, sinceramente, me aburre no sabes cómo.
      Además, por bonito que suene todo eso, ni tiene por qué funcionar siempre dar el paso, ni la vida es tan sencilla. Por tanto creo que al escribir hay que procurar ir un poco más allá del cliché.

      Saludos.

      1. Cada uno escribe lo que necesita escribir, ya sea ficción o realidad, pero matizo, cada uno escribe lo que necesita escribir. O quiere, lo mismo da, querer viene de carencia y la carencia es una necesidad.
        El texto es bueno, transmite la frustración de la no afrontación, del que hubiera pasado si… muchos condicionales, me gusta la idea de la felicidad fingida y preimpuesta, si no tienes esto o lo otro no vas a ser feliz.

        Escribir sobre clichés puede resultar aburrido, pero ya digo, los clichés son diferentes para cada persona, lo que a uno le resulta un cliché a otro le trasmite diferencia.

  4. Este relato me dice a gritos esa frase tan pronunciada por todos
    “¿Que hubiese pasado si..?”
    Porque el protagonista de esta nuestra historia, es justo eso lo que todo el rato se pregunta, que hubiese pasado si la contesto diferente, o si no hubiese muerto, o si la otra no hubiese estado embarazada, o si …..
    La vida siempre se reduce a eso, a lo que hubiese pasado pero no paso, de ahí vienen los mayores problemas, de ahí se desatan las mayores depresiones, los temibles dolores y sufrimientos, porque el ser humano siempre ha querido ser dueño del tiempo y haber podido cambiar (o no) lo que le ha pasado en un determinado momento.
    Maravilloso texto Jordi, como siempre.
    Un apunte: este chico del video, creo que en un futuro y no tardando tendrá problemas, ya veremos si no tiene que decir eso de
    “¿Que hubiese pasado si..?”
    Un beso fuerte Jordi

  5. Tienes un enlace roto en lo de la licencia (copio el fragmento par que te sea más fácil localizarlo):

    Proyecciones Blog de Jordi M. Novas está bajo licencia de Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

  6. Claudette:

    Hablas de otro cliché, que es el del análisis barato de una persona a partir de lo que escribe. Yo puedo haber pasado un buen día y llegar a casa y escribir algo desolador simplemente porque he tenido una idea de estilo que encaja a la perfección con una historia triste. Normalmente intento escribir algo interesante y reflexionar sobre cosas para mí obvias que otros jamás ven o quieren ver. Sin embargo tú en lugar de ver si esas cosas que cuento tienen sentido, lo primero que piensas es en que el escritor no quiere vivir la vida. ¿?
    Yo suelo escribir lo que me da la gana, a veces el texto es producto de algo que he visto, una puta foto, otras veces solo es una frase que voy estirando, a veces solo es una gamberrada, otras veces una cagada (y solo de vez en cuando algo que merece la pena…), pero como lector de otros textos tengo claro que si quiero sacarles provecho la gracia no está en ver la relación entre el texto y quien lo ha escrito, sino entre el texto y yo.
    Y ya sé que es más cómodo aferrarse a una teoría sobada sobre la vida y la literatura, pero si las cosas fueran tan cuadriculadas yo no escribiría, pintaría con brocha gorda y listos.
    A la pregunta de por qué yo escribo: Solo te podría decir que por el mono de escribir, porque me gusta; me encantan los libros, el cine, etcétera; aunque ya sé que viste más decir que la gente escribe por carencia de algo…

    En cuanto a los clichés, yo diría que hay gente que sabe verlos y gente que no, y luego está la gente que se aferra a ellos, porque a veces pensar por uno mismo da mucho miedo.

    (Igual ha sonado agresivo, pero solo es mi opinión).

    Saludos.

    1. yo soy chiquita, soy una enano en esto de escribir … maravillosamente pequeña, tierna y cieerta… muy sincera eso si … y de acuerdo Jordi , lo que escribes no define lo que llevas, lo que cargas o lo que piensas, muchos menis lo que eres o no tienes… nada de eso! algo pasa, algo vez, algo observas, algo palpas y tratas de ver mas alla, maas mas alla de lo que pueda verse con claridad y llega una simple frase, un titulo o una imagen o revolotean miles de palabras en tu mente o en tus dedos que no contienes para plasmar … al menos a mi me pasa eso . . . y no, no, no hay vacuidad en ningun texto, que absurdo seria plasmar letras sin contenido, o solo como diarios eternos que cuenten lo simple de la vida que no es un cuento o un dia que se resuma en cinco parrafos tiesos… noo no nooo, ievan algo mas, algo de pragmatismo, algo de ubicuidad, algo eterno … como yo escribo en metaforas, pues finalmente lo que interpretan es bienvenido, porque eso es de acuerdo a lo que mis pocos lectores piensan, sienten o quieren ver o no ver… en fiiin … escribir es poner muchas letras, pocos puntos, unas comas y acentos que solo quieren proclamar algun misterio a dilucidar, algo certero que confirmar … algo que compartir o promulgar … 🙂 Saludooos Jordi… las noches son largas para leerte 🙂

    2. Cuando hacía la “crítica” que no es eso, llamemoslé opinión creo que me has malinterpretado, no me refería a ti directamente, si no al protagonista de la historia no soy tan soberbia de juzgar a alguien por un texto.

      Vestirá o dejará vestir la idea de que cada uno escribe aquello que necesita, pero al fin de cuentas cuando dices que escribes porque te gustan los libros o por el mono de escribir, estás expresando tu mismo que es por que lo necesitas. Igual da.

      Yo acabo recién de empezar en esto, soy muy joven y supongo que optimista todavía, no tendré la experiencia todavía que la vida da. Pensaré en eso de los clichés, a nadie le gusta la medocridad a fin de cuentas.

      1. Muy bien, disculpa si te he malinterpretado. Pero es que ha veces hay gente que hace lecturas muy raras de los relatos.

        Saludos.

        PD: Si eres muy joven, no dejes que te etiqueten de optimista o pesimista, en eso la vida va oscilando y no se puede controlar. De todas formas es tan malo forzar el optimismo como forzar el pesimismo. Al fin y al cabo vas a ser tú mismo quieras o no.

  7. Qué bueno joder.

    Ahora mismo mi vida es un domingo eterno. Gracias a Dios no pienso en bañeras y cuchillas/quedarme preñada para cambiarlo.

    Esta última pin-up no me acaba de convencer.

    Muak,

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