Bienvenidos a esta maratón solidaria

Solo puedo estar como ambivalente sentado aquí. Es una silla de esas de jardín, como de paja, con el respaldo amplio y cerca de la piscina. Pero en realidad estoy en casa de un colega y han pasado siete años de eso. Pero estoy allí otra vez y casi nada de lo que pasa a mi alrededor ahora me afecta. Y/Pero sigo sufriendo por algo difícil de contar. Lo mismo que me hacía sufrir entonces. No es dónde estás sino dónde están tu mente y tus ideas. Lo único que me afecta del presente es cierta chica que estando yo en la silla de paja tenía diez años, y ahora sentado en este sillón tiene diecisiete y quiero irme a una habitación de hotel con una pistola porque así es como hace que me sienta, sentado en la silla de paja o en el sillón o antes o ahora.
Haciendo crujir la silla al borde de la piscina, me veo como un pervertido, porque ella es hija de un amigo y juega con otra niña y ambas son niñas, crías, ni siquiera adolescentes. Por algún motivo me siento -digámoslo así- enamorado de algún modo de ella. Y aunque mirándola con disimulo desde la silla de paja no sienta ningún deseo pedófilo, me muero por hablar con ella u olerla, quiero decirle que me parece una criatura fuera de lo normal y que me hace sentir enfermo porque no quiero que sea hija de mi colega sino hija mía. O lo que sea, pero mío. Sólo puedo sentir que no es una posesión mía y que si no lo acaba siendo voy a tener que hacer alguna idiotez. Ahora sentado en este sillón es el cumpleaños de mi colega (su padre), y somos unas quince personas y es jueves y ella está de morros porque no la han dejado salir. Mi colega cumple cuarenta y siete años, yo tengo treinta y cinco. Somos compañeros de trabajo. Él comenzó a invitarme antaño a las barbacoas que hacía en su torre.
Mi primer recuerdo más vivo sobre la muchacha es esa imagen de la piscina porque era domingo -pasaba un fin de semana con mi colega- y sentí al verla que iba a sufrir como un cabrón hasta el momento en que volviera a verla. Dos meses después, agilipollado por algo que no puedo explicarme a mí mismo, me divorcio sin saber darle un motivo razonable a una mujer que cualquiera querría llevar los domingos a casa de sus padres. Me lo intento explicar de mil maneras: nostalgia por la juventud, nostalgia por la niñez, la frustración de no poder volver atrás en el tiempo… Pero nada me alivia. De repente esa niña que no existe en mi rutina diaria hace que todo me parezca mediocre o ruin en comparación. Es absurdo, o patético, o lo que sea…; no puedo hablarlo con nadie, no debo ni mencionarlo. Me acuesto muchas noches al borde del lloro. La cría se convierte en mi santo grial emocional. Estoy a punto de hablar con algún profesional sobre mi posible enfermedad, me veo en la cárcel por acosador. Pero no me pasa con nadie más; ninguna otra niña; ninguna otra mujer. La cuestión de la edad parece estar aparte. Mi colega comienza a resultarme una tortura; el verlo cada día en el trabajo me revuelve la cabeza y las tripas.
La segunda vez que la veo tiene trece años. Lo más que hablamos es con saludos y muecas y despedidas. Ella no me considera parte de la familia, ni soy una especie de tío extraoficial ni nada parecido; solo soy un colega de su padre al que ve como alguien mayor y anodino.
Ahora, sentando en este sillón, recuerdo que la última vez que la vi tenía quince años. Fue entonces cuando comencé a ver que estaba creciendo y, por tanto, escapándoseme de las manos de algún modo. En mi mayor pesadilla recurrente estoy en su boda.
Un día, por aquel entonces, mi colega mencionó algo de un noviete, y esa noche me pasé dos horas abrazado al lavabo vomitando bilis. Quería montar una puta convención de psicología avanzada con motivo de mi caso. Tenía tanta lástima por mí mismo que me imaginaba maratones televisivas sobre capullos treintañeros enfermos por culpa de hijas de amigos; tipos que necesitan una cura lo más pronto posible. Llamen a este número de teléfono, por favor, cualquier cantidad de dinero suma y es valiosa para ellos. Estoy sentado en un plató con un numero de siete cifras detrás en un marcador gigante. El presentador anima a todos antes de comenzar la entrevista a que llamen y aporten algo, lo que sea. Sus planos y los míos se combinan con los de una centralita telefónica llena de famosos totalmente serios e implicados. Mi emotiva charla con el presentador se interrumpe de vez en cuando con anécdotas sobre los esfuerzos económicos de la gente anónima; una niña de doce años ha roto su hucha, ciento doce euros más para la causa. Todos sonríen. Una chica de veintidós ha donado los diez mil euros que tenía reservados para operarse las tetas. Todos sonríen.
Una pausa para la publicidad.
Arcadas en el lavabo. Luego, el presentador, con una educación ejemplar, me pregunta que desde cuando estoy así. Hace ya unos cuantos años, le digo. Le cuento cómo sufro cada día al levantarme pensando en ella y cómo padezco por la noche horas de insomnio antes de poder dormir. Pero que aun así estoy contento de que me hayan invitado y así poder hablar de mi caso. Un par de veces, el tipo elegante me interrumpe y se dirige a cámara aclarando que «… estos hombres y mujeres de los que hablamos hoy aquí no son malvados, no sienten ningún deseo sexual por el objetivo de su complicado amor, al menos hasta que son mayores…». ¿Es así?, me dice. Sí, nunca he querido tocarla. Aunque me guardo la idea de que con quince años ya comienza a parecerme atractiva también en el ámbito sexual. Un hilo de bilis se queda colgando y no acaba de caer. Mis ojos se llenan de lágrimas. El público aplaude. El presentador dice que hoy es un día muy importante, «todo el dinero recaudado será de gran ayuda para avanzar y hacer que estas personas consigan olvidarse de hijas de amigos o amigas de hijas o esa niña a la que no pueden evitar ir a ver cada día a la puerta del colegio arriesgando así reputaciones y carreras profesionales». La entrevista se vuelve a interrumpir con un pequeño reportaje sobre cómo actuar si un amigo o amiga se comporta de forma extraña cuando algún niño o niña en concreto anda cerca. El primer paso para solucionar el problema es aceptar que se tiene un problema. Justo después de volver a darme ánimos y despedirme, el tipo elegante da paso a una azafata que le acerca el micro a un actor de culebrones en la centralita, y este habla de una generosa cantidad ofrecida por un párroco que ha preferido mantenerse en el anonimato. Una parte del público silba al actor y éste pone cara de circunstancias. La azafata le aparta el micro y el presentador sonríe y vocifera que ¡ha llegado el momento de repasar el marcador!
Esa fantasía barroca de maratón imposible va variando con los años. Ahora que estoy sentado aquí en este sillón y los de mi alrededor gritan por una especie de juego de las películas, quedan diez días para que Ella cumpla los dieciocho.
La maratón se ha transformado en algo a la vez más sencillo y también en cierto modo más complicado. Lo que antes te acercaba a los pederastas ahora te asocia a los adictos al sexo. Y todos lo afectados intentan explicar que no se trata ni de una cosa ni de otra. “Solo” se trata de una persona a la que quieren pero no pueden tener sin armar un buen follón, y quizá quedarse solos. Llegada la edad adulta de dicha persona/objetivo, todo lo que eran sentimientos más relacionados con el trato entre un padre y una hija, se convierten en los potenciales deseos sexuales que cualquier hombre mayor puede tener con cualquier chica de dieciocho. Bienvenidos a esta maratón solidaria; vamos a ver si nos entendemos. ¿Alguien leyó “Lolita”? ¿Han visto “Beautiful girls”? En la maratón de hoy tratamos el caso de unos enamoramientos que no son más que la continuación de los de ayer; pero con tetas. El presentador intenta dar ese idiota toque de humor fuera de guión, pero son las nueve de la mañana y no funciona entre las señoras del público. Ese fragmento acaba en Youtube; decenas de miles de visitas en dos días. Alguien me insiste en que participe en la siguiente tanda del juego de las películas, pero me niego en redondo.
Verá, le digo al presentador ya durante la entrevista, no se trata sólo de querer meterle la polla a la recién adulta (aunque no lo digo con estas palabras), simplemente es una tentación muy fuerte de autodestrucción, ¿entiende?, si no la tengo quiero morirme, y si consigo tenerla mi vida podría volverse imposible. Entiendo, dice el tipo elegante (habitualmente presentador de informativos), lo que dice usted es que no se trata solo del deseo de cualquier hombre por tirarse a cualquier universitaria (él también elige otras palabras realmente). Exacto, digo, obviamente mojaría el churro sin dudarlo con esa preciosidad (ídem), pero aquí hablamos de una obsesión más allá del sexo. Vale, para aclarárselo a nuestra audiencia, ¿podría ponerse a llorar como una nenaza? Muy bien, procedo (aquí lo que pasa en realidad es que el presentador me ametralla a preguntas sobre cuánto quiero a la chica, sea quien sea; y yo me acabo derrumbando para deleite de todas las señoras en plató, que prorrumpen en un sincero aplauso al margen del regidor).
En cierto momento, le susurro: “Alien”. Ella está sentada a mí lado y lo dice en voz alta y gana la ronda. Me sonríe; es la primera vez que compartimos un momento así. Por un segundo, quiero llorar; ella se pavonea de su victoria y el presentador me dice que yo no soy el único afectado por una situación similar. Entre aplausos, da paso a una mujer que se sienta en una silla a mi lado. Tiene unos cuarenta años, y dice que no puede vivir sin ver a cierta niña de dieciséis. Hasta el punto, dice, de haber pensando en hacer alguna locura, como secuestrarla. Hay un murmullo entre el público. El presentador pide calma, y que todos entendamos que la invitada está pensando en voz alta, sincerándose. Luego la mira de un modo en que parece flirtear con ella. Unas cuantas rondas después, la película es “Cuatro bodas y un funeral”, Ella vuelve a ganar gracias a mí. A medida que avanza la entrevista, el presentador parece más y más interesado en la invitada. El emblema de la maratón es un cupido, una suerte de niño con rizos rubios con textura de piedra, su arco y sus flechas, y unos ojos rojos de aspecto amenazante. La mujer comienza a sentirse incómoda. La siguiente película que acierta Casidieciochoañera es “Chinatown”; los demás comienzan a sospechar de mí; Ella me susurra algo, y aunque no la entiendo, asiento y sonrío. No sé por qué esa mujer cuarentañera siempre aparece en mis fantasías de maratón. Creo que es porque su caso acaba siendo mucho más llamativo llegado el punto en que cuando el flirteo del presentador ya se ha hecho casi masticable en el ambiente, ella se levanta de su silla y dice que quiere irse, que se siente incómoda. Cuando el tipo elegante intenta hacer que vuelva a sentarse, ella suelta un desafortunado “Eres muy mayor para mí”.
La realidad es que lo que comenzó conmigo sentado en aquella silla de paja otra vez, se ha ido convirtiendo en el mejor momento de mi vida, este estúpido juego de las películas en el que he mutado de adulto anodino a chivato de Su Majestad Casidieciochoañera. Esto es la versión épica color rosa de cuando vas en el coche y algún gilipollas hace una maniobra peligrosa, y durante un momento no te importaría que muriera el muy mamonazo (aunque en el fondo no desees la muerte de nadie). Pero. El problema aquí ahora es que la niña ya no es exactamente una niña, y las ideas sobre cómo será desnuda o si podría llegar a dejarme verla así si me la gano poco a poco, son cada vez más intensas. Soy el Nuevo Viejo Verde. No hace falta estar en la tercera edad para resultar un carca salido. Bienvenidos a esta nueva Maratón, otra más; este año sí que de verdad va a ser jodido justificar esta mierda. El presentador me mira de tal manera que parece estar más salido que yo. ¿Cómo se supone que hay que curarse de desear el sexo con jovencitas?, dice. La entrevista se nos va de las manos desde el principio. Vale, sí, dice el tipo elegante y ya algo canoso, es la hija de tu colega, sí, pero no es suya, ¿no?, no es de su propiedad, ella ya es mayor de edad. Tienes razón, le digo. El publico murmura. Se supone que desear ese rollo es un problema, dice el tipo, y que estamos aquí para recaudar fondos y… Entonces le da un ataque de risa. Algunas señoras del publico, pintadas como una puerta, se levantan y se ponen sus chaquetas. Oye, me dice el tipo, yo conozco a una amiga de mi hija que está salvando mi matrimonio, por la noche apago la luz para no ver a mi mujer y… “Tiburón”, le susurro a Su Majestad. Gana otra vez. Antes de seguir con otra ronda, la muchacha se levanta para ir al lavabo, da saltitos triunfantes; deja un vacío terrible a mi lado cuando dejo de notar su aliento y su cuerpo arrimado en el sillón. De camino le he visto la tira de las bragas. Y esto no tira… Comienzo a hacerme preguntas. Ella tiene dieciocho (el presentador me susurra: tíratela; ya han cortado la emisión y el publico se ha ido). Yo tengo treinta y cinco. Cuando ella tenga veinticinco yo tendré… Tengo un bulto en el pantalón, me cruzo de piernas; alguien me pregunta si quiero jugar. Me palpitan el corazón y la polla, y no quiero llorar delante de todos. Ella vuelve y se sienta a mi lado, y esta vez aún se apoya más en mí. Y digo que sí, que vale, joder, quiero jugar.

[Hace poco he descubierto (o me han descubierto) a Chinawoman, una mujer que pare canciones preciosas, al mismo nivel que otras músicas salvajes como mi idolatrada Pj Harvey. Una muestra, con el tema del video (a la tercera vez que lo escuchas ya amas a esta mujer). Abajo, pin-up.]

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10 comentarios en “Bienvenidos a esta maratón solidaria

  1. Como siempre impactada me quede O.o
    Porque me haces meter en la piel del protagonista, esa manera de mezclar realidad con sueños bucólicos e irascibles me ha encantado, el juego de las películas, el vaivén del show televisivo, el capullo del presentador que para mi, connota una voz subconsciente que le deja en la penumbra…. bueno ya sabes que no soy racional la mayoría de las veces, pero así me ha parecido, enigmático y doloroso, como alguien puede destrozar su vida por una obsesión que quizás nunca llegue a tener, o quizás si….
    El video musical, como yo ya le había oído dos veces anteriormente, esta vez ya me enamoro Jordi
    Besos siempre como pago por tus perfectos textos

  2. Creo que esta idea da para una novela. Este texto, magnífico, podría ser como dicen los políticos, su hoja de ruta.
    Y tiene que ser muy jodido vivir algo así. Quizá suceda más a menudo de lo que parece.

  3. De maratón en maratón, de drama en drama, mientras la niña se convierte en ninfa y la ninfa en jovencita, de su mano el delito pasa a indiscreción y a debilidad propia de quien ve como se aleja su propia juventud.

    Interesante historia, ¿cómo sería poder leer en la mente de los demás? ¿cuantos personajes para el maratón?

    Un saludo, es un placer leerte.

  4. Hola, Jordim. Aterrizo aqui desde la recomendacion de Rosa. No he podido leerle todo todavia porque la gente me habla y me distrae, pero lo que he leido hasta ahora es perfecto. Voy a ver si me puedo hacer de tus miembros…no, miembro tuyo…suena mal de todos modos y crea ambiguedad. Voy a buscar el gadget y me apunto. Si visitas mi blog no me des las gracias por pasar por aqui, me deprime que me digan eso. Entre a gusto y voluntariamente. Tus letra son frescas. Leer asi da gusto.
    Un abrazo. Soy Romek.

  5. O el café me ha sentado mal, o el relato me ha sido realmente angustioso. El delirante contexto resulta atractivo para el contenido. Es algo así como la paranoia o sentimiento de culpa convertido en compasión pública.

    ‘Soliloquio…’ me ha gustado mucho. Quizá uno de tus mejores relatos de discurso reflexivo y verdades como montañas.

    Y estupenda Chinawoman. Me encanta el tono de la canción y como eleva y deja ‘suspendida’ la voz al decir i´m a natural, como crescendo de i´m a party girl, etc.

    Saludos.

  6. jaja Ya sabía yo que más tarde o más temprano esta unión enre Jordim y Romek tendría que darse, era inevitable. Poco importa que fuera por recomendación de Rosa o de mí mismo… Ni siquiera sabía que Rosa se pasaba por aqí, pero bueno, ajaj Pero los dos sois dos fantásticos blogueros.

    La historia atrapante como siempre, debe ser terrible una obsesión así… debe doler que te cagas, no me extraña que hagan hasta maratones de caridad jaja. Yo, por edad, claro, no he vivido una historia así, pero amores platónicos de esos que te vuelve loco un simple chico que te cruzas con el todos los dias al ir a clase si. Mataría por una frase de él, y me moriría -seguramente- al comprobar luego que era vulgar, claro. jajaj

    He oido que PJ HARVEY ha sacado disco nuevo, no?

  7. Todos nos creemos únicos y especiales en nuestros traumas de HombresAdultos, pero al final nuestros caminos los recorrieron otros muchos y, ya ves, ni tan siquiera éramos especiales cuando éramos especiales.

    Una mierda, claro, es como si de pronto a todo el mundo le tocase la lotería.

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