Archivos Mensuales: enero 2011

Miss Cafeína

Camina por el escenario y su atuendo es como el de esas chicas que trabajan en los locales Nespresso. Tiene el pelo liso a la altura de los hombros, y pasado un minuto de extraño silencio en el mundo moderno, dice muy seria: Bienvenidos a este show de rabia inflada de amor… Que nadie os engañe, me encanta la vida. En el local debe haber como cien personas. Miss Cafeína es la última en actuar después de tres monologuistas treintañeros, hijos de esa retórica neutra de anécdotas cotidianas en plan Club de la comedia. Miss dice Nos os puedo garantizar risas, pero con el sexo tampoco os reís y seguro que os lo pasáis de puta madre…; al menos si vuestra pareja es de las que folla en lugar hacer el amor, y no tiene miedo de vuestros genitales…; ya sabéis: mamadas. Los comentarios de Cafeína no suelen arrancar carcajadas; más bien la gente permanece atenta y algunos se remueven en sus sillas. Su falda ejecutiva, las medias negras y los zapatos de tacón de chica sadomaso para algunos son suficiente. No concede entrevistas, no dice su nombre, no tiene miedo de que para muchos ese halo de misterio no sea ya más que un cliché o una mera táctica comercial. Su monólogo de veinte minutos se lo rifan en clubs que no tienen miedo de que alguien suba al escenario y no cuente anécdotas trilladas sobre relaciones de pareja o enfrentamientos Hombre/Mujer. Miss Cafeína dice De entrada debéis saber que si meto caña en el escenario es por lo mismo por lo que una madre está enfadada con su hijo. Debéis saber que os quiero, y que además puedo equivocarme igual que cualquier madre… Ya sé que no está de moda equivocarse, y que nos crucificarán si nos equivocamos los mismos que dicen que la forma de aprender es equivocándose… Pero amiguitos occidentales, la opinión personal no siempre va ligada a la verdad. Y además la verdad suele ser muy complicada: mitad orgasmo mitad puñetazo.
Todos conocen al personaje Miss Cafeína en ciertos ambientes, y por eso su monólogo suele lanzarse en base a cierta familiaridad. Aunque ella sea tan cercana como un témpano de hielo en tu nuca mientras duermes, su sexualidad y su marcado discurso hacen que muchos la quieran. Y la quieren de verdad, más allá del sexo, la quieren hasta el vergonzante “Te quiero” pronunciado en voz alta.
Miss Cafeína tiene un tono peculiar, apenas gestualiza, sigue hablando, solo camina lentamente contoneándose de un lado a otro del escenario, a veces parando un momento, casi sin mirar al público. Su voz desprende esa consabida colonia abstracta femenina (in)voluntariamente erótica, y de algún modo cuando dice un taco suena más contundente que con los otros monologuistas. En la mano derecha lleva el micrófono, y en la izquierda, siempre, vaya donde vaya, una copa enorme con un líquido rojo que muchos quieren creer que es sangre, y que realmente es lo que más parece.
El otro día me masturbé leyendo la Biblia, aunque es cierto que tardé un hora en conseguir llegar al orgasmo… Y vosotros pensaréis:“Cafeína, estás tarada”, pero yo intento abrirme, intento entender la vida. Si algunos son capaces de morir por cosas así, bien podré yo conseguir ni que sea un orgasmo… Se supone que Dios está de mi lado; y os aseguro que en este texto que oís siempre escribo Dios con mayúscula. Dios, Dios, Dios… Mi madre creía tanto en él que ahora Dios debe ser su puta. Mi madre muerta. Dios con mayúscula. Qué polla debe tener Dios, lástima que seguramente no exista.
Cafeína bebe de su copa; se queda parada un momento. El publico suele estar a la expectativa, nunca saben cuándo deben aplaudir, siempre permanecen mirándola bajo una nube de confusión. Pero drogados de algún modo, positivamente drogados, en el punto álgido del colocón. Miss intercala a veces su propio texto con poemas cortos de Bukowski o haikus de cosecha propia. Su monólogo de veinte minutos preparados ha llegado a alargarse hasta los cuarenta. Nadie interrumpe nunca, nunca se ha dado el caso. Su cara tiene esa cualidad de mujer fresca y joven, es como un melocotón en almíbar andante, es un vino selecto que ni los expertos son capaces de reconocer. Nadie sabe su edad con seguridad.
Siempre me ducho con el audio de “Lost in translation”. Probadlo, quitad la puta FM y escuchad esa película que ya os sabéis de memoria. Para conseguir la paz no hace falta hacer ejercicios rebuscados de relajación, ni meterse en un monasterio. Para conseguir la paz basta con eliminar la furia mediática de vuestras vidas. No quiero morirme sin darle alguna vez un guantazo con la mano abierta a un locutor de FM. Y te quiero, Bill Murray. Ya sé que no estás en este local y que no puedes oírme, pero lo proclamo por el mismo motivo por el que escribo Dios con mayúscula. Cafeína está a tu disposición, tanto amistosa como lúbricamente.
El líquido rojo del vaso mengua a cada largo sorbo. Cafeína sigue hablando de ese modo en que si te pierdes diez segundos luego te sientes aún más confuso, pero igualmente atraído. Entre las distintas leyendas que circulan sobre ella, se incluyen varias etapas en centros de desintoxicación, la posibilidad de que sea bisexual, y hasta un historia de zoofilia con una supuesta mascota, según dicen un perro. Se cuenta también que cada día se acuesta con una persona diferente y que no es una exageración, y también se habla sobre una posible relación con una camarera de dieciocho años que según las habladurías sería la única persona de la que Cafeína se ha enamorado.
Algunos me preguntan por qué lo de Cafeína. ¿Nunca os habéis encontrado en esa situación en la que estás esnifando coca del frenillo de la polla de un tío y alguien llama a la puerta preguntando por la anfitriona de la fiesta?… Veréis, la primera idea era la Cocaína. Pero teniendo en cuenta que escribo Dios siempre con mayúscula y que aun así no querría conocer antes de tiempo a semejante hijo de puta, tuve que frenarme. Así que la cafeína ayudó bastante. Y como soy agradecida y amorosa, y lo soy mucho más de lo que creéis, al final fui Cafeína.
Alguien empieza a aplaudir y los demás le frenan con Tssss varios y algunos ¡calla!. Cafeína sigue caminando y hablando, y ya ha superado sus veinte minutos. La copa está a tres tragos generosos de acabarse.
La verdad es que no sé cuál es mi aportación… Mi consejo es que me recordéis pero no me hagáis ni puto caso. ¿Tiene eso algún sentido? ¿Es un término medio? Es igual, repito, me suena bien: mi consejo es que me recordéis pero no me hagáis ni puto caso. Y luego haced lo mismo con todo el mundo cuando salgáis ahí fuera. Eso creo, no hagáis vuestra ninguna opinión que no sea de cosecha propia. En serio, no crucéis la vía de noche aunque veáis riadas de gente haciéndolo. Sed discretos y asentid. Eso les gusta. Id solos al los sex shop. Ese es mi consejo. Mi consejo es que no escuchéis más consejos. Mirad a vuestro alrededor y haced un análisis subjetivo, porque todos lo son. Pero todos tenéis la puta razón, que nos os dobleguen. Hasta ahora eso no ha servido de nada.
Cafeína se detiene y mira el fondo de su copa. Otro largo trago. Se queda en silencio algo más de un minuto. Algunos la cronometran. Se queda con la mirada perdida, lanzada al azar hacia ningún lado. Luego camina de nuevo. Todos escuchan.
La verdad, me gustaría saber contar chistes verdes, me gustaría sonreír ante cualquier chorrada precoito como hacen otras chicas. Me encantaría reconocer veinte clases distintas de perfumes o tener un novio fijo. Ese tipo de cosas. Lo que pasa es que -y todo el que haya probado alguna vez las drogas lo sabe- cuando te comes una seta alucinógena, de repente desaparece la inercia del deber. Del supuesto deber. Creo firmemente que nos han convencido de que la vida es algo mucho más serio de lo que es. Cuando en realidad la mayor parte del tiempo es estúpida, la llenamos de estupidez. Por eso mi libro favorito -y está en mi puta mesilla- es la guía Tab… Y os aseguro que no hago publicidad. El colmo de la ironía, en la sociedad en la que vivimos, amigos occidentales, es un guía para saber morir bien. Es muy posible que los autores de esa guía, sean quienes sean, hayan perpetrado la mejor broma de la historia de la humanidad.
Un trago más. Y ya solo queda para otro más.
¿Cómo de serio es vivir? ¿Habéis visto lo que llevo puesto? ¿Lo que hago? Ni siquiera sabéis lo que bebo… Estoy orgullosa de no ser como vosotros. Pero ya os he dicho que no me hagáis caso. Aunque la verdad es que yo jamás pagaría por ver a alguien como yo… Espero que os hayan gustado los anteriores monologuistas. Yo no encajo, lo sé. Ni siquiera sé imitar el ruido de una licuadora o de la lluvia o de un coche. No sé hacer gags. De hecho me siento bastante culpable. Porque la verdad es que ya hace un rato que todo lo que digo está fuera de texto… Pero sigo aquí porque vosotros seguís aquí. Y como he dicho, aunque no quiera ser como vosotros, os quiero. Seguramente tengo la autoestima lo suficientemente atrofiada como para sacrificarme por cualquiera. Nos os preocupéis, yo encajaría el golpe. Conmigo tendríais un buen escudo. Y me alegro de no dudar en algo así.
Otro paseo silencioso. Solo se oye el ruido seco de los tacones en el escenario. Es como si no hubiera dueño del local, como si el local nunca cerrara, como si no hubiera publico. Como si Miss Cafeína estuviese sola.
Os podéis creer más o menos el veinte por ciento de lo que se dice sobre mí. Sobre todo si sois capaces de retorcer ese veinte por ciento y echarle imaginación… Digo esto porque hoy me siento generosa. Y porque creo que ha llegado el día. Esto me está haciendo efecto… Podéis convertir en metáfora lo que va a pasar si queréis, pero la verdad es que sencillamente quería llevar a otro nivel eso del “monólogo visceral”, ese rollo asociado a mí. La puta Miss Cafeína da la nota otra vez… Siento que hayáis venido hoy… Nadie os dará las buenas noches ni os arropará con un par de frases cálidas finales de monólogo naïf.
Miss Cafeína se pone de rodillas de espaldas al publico. Su trasero es un corazón invertido en su falda ejecutiva. Se lleva el micro a la boca y dice: Creo que aún no llega. Y se vuelve a poner en pie. Camina.
Hoy vais a saber qué es este líquido rojo que bebo siempre…
Está vez estalla un aplauso que todo el público decide que viene a cuento. Aun así dura unos pocos segundos, y se extingue casi de golpe.
Hace dos años fui a un lugar. Muy lejos. Ni siquiera pienso deciros dónde… No sé, os jodéis. Nunca digo mi nombre, así que mucho menos voy a decir dónde voy de vacaciones o a quién me follo. La verdad es que os recomiendo ser lo más herméticos posible. Por lo general la gente no sabe gestionar la información… Pero en fin… Como os iba diciendo, fui de viaje. Y en ese lugar alguien me enseñó a cocinar una especie de… cómo diría… Como un Álmax. Sí, eso, un Álmax natural, sin fármacos ni rollos de posgrado. Un brebaje, esa clase de mezclas que nadie se bebería… Pero un día estaba realmente jodida del estómago, y ese brebaje, que es este del que solo me queda un trago, me dejó como nueva.
Miss cafeína vuelve a arrodillarse, esta vez cara al público.
La verdad es que el brebaje me encanta, pero lo cierto es que con una cucharada basta para eliminar una indigestión… Así que, amigos occidentales, ¿qué podía pasar si cada día de show llenaba un poco más la copa? ¿En qué límite el digestivo natural podía pasar a ser indigesto? Y decidme, ¿y la vida? ¿Pasa igual con la vida? Miradme ¿Acaso vais a hacerme puto caso?
Cafeína se bebe el último trago. Deja la copa en el suelo; también el micrófono, y se pone una mano en el pecho. Una arcada, dos. Tres. Y comienza a vomitar un chorro de color rojo. Luego otro aún más violento y masivo. Alguien empieza a aplaudir desde el fondo de la sala.
El resto del publico se va añadiendo poco a poco. Hay miradas y asentimientos. Camioneros de cincuenta años que se desbordan entre Bravos y gritos.
Luego, cuando ya la mayor parte del publico aplaude puesto en pie y solo unos pocos salen a la calle, Miss Cafeína ya únicamente vomita bilis, con los ojos hinchados, y busca a tientas el micrófono. Levanta una mano a modo de advertencia a alguien que salía de bambalinas para ayudarla de algún modo. Se queda arrodillada y la actuación ya supera los cuarenta minutos. Mira a todo el mundo mientras vitorean. Tiene la barbilla y las comisuras manchadas de rojo, y algunas gotas han salpicado su atuendo al estilo Nespresso. Algunas personas vomitan en un rincón del club, y luego siguen vociferando. Otros van camino del lavabo. Pero la mayoría continúan aplaudiendo y Miss Cafeína sigue arrodillada y mirándoles, seria y cansada, la cara hinchada, los ojos llorosos, el rímel corrido, el pelo intacto, la boca entreabierta.

[Para el video uno de los White Stripes, que hace mucho que no pongo uno. Es el inicio de cierta grabación en directo brutal publicada tanto en formato disco como en dvd hace ya un tiempo (hurgad en Youtube). El video va dedicado a Irene, una lectora del blog a la que sé que Jack le pone hasta límites inconfesables. Y para la foto, Otra Pin up para la colección.]

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Porno de diseño

Bienvenidos al mundo. Ahora que la espontaneidad ya casi ha muerto a manos de la tradiciones. Ahora que ya hemos reducido la sorpresa a su mínima expresión, bienvenidos. Al parecer todo está en su sitio. Al menos a lo que da mi ventana el paisaje es tranquilo en apariencia. Y bienvenidos, repito, porque amigos, las apariencias, engañen o no, mandan. Esta es mi polla, la mido con ceros, mi coche es enorme y mi pene da pena. La vida sigue y debéis seguir perfeccionando vuestra sonrisa. No vuestra felicidad, no vuestra razón de ser; pero sonreíd con convicción, porque otro cínico ha llegado para daros su opinión. Está amargado y a ratos tiene razón; y cree que eso es mejor que estar contento y no quitarse nunca la venda de los ojos. Menudo mamón.
Bill Hicks dijo: “La vida es un paseo”, pero muchos han invertido demasiado en ese paseo como para dejarte margen a que pienses o tomes una decisión.
Acaricio el lomo de la guía Tab, me hace reír. Hay gilipollas a cada esquina, es cierto. Pero hay gente que está dispuesta incluso a casarse con ellos; gente que se convierte en estadísticas de lo que llaman Violencia de género (lo cual, traducido es: violencia).
El miedo funciona. Y lo hace en todas direcciones, para bien y para mal; te protege y te esclaviza, y es el motivo por el que no cambian sus vidas justo todos aquellos que te dicen que no deberías tener miedo.
Se ponen adornos y cambian los dígitos, la marea de mierda mediática sigue funcionando; es un monstruo de dos cabezas multipolla que convierte a tus hijos en unos pijos que amarán siempre la purpurina. Y quejarse, quejarse, quejarse. Ya no está de moda quejarse; es síntoma de inestabilidad personal; estás molestando a los demás con tus quejas. Pero yo he visto cosas más fascinantes que el tío de Blade Runner; he visto a tíos con abrigos cool y una bufanda anudada al cuello con doce grados sólo porque les gustaba la imagen que les devolvía el espejo. He visto a chicas reclamando madurez a sus parejas después de haberse pasado hora y media en el lavabo. He visto a miles de personas en la calle comprando de un lado a otro a las que cuando les preguntas Por qué, te responden Porque sí.
He visto cenas con veinte asistentes en las que la amistad queda diluida hasta convertirse en protocolo. Y en esos momentos he sentido que el adolescente suicida que se la pela hasta el límite de la autolesión, podría no estar tan confuso. Puede que sea papá el gilipollas con granos quien está ayudando a enterrar cadáveres inocentes.
Hasta el lado oscuro no es ya más que otra forma de mercadotecnia. Ni siquiera ser un cabrón está mal visto ya si es legal y tienes público potencial. Nos hemos hecho un bocadillo enorme de excrementos de orco, y nos lo estamos comiendo con una sonrisa en la cara y los carrillos llenos y los chorros marrones apestosos bajando por nuestras comisuras. Esa putrefacción tragada hasta el estómago, podredumbre que tendrás que digerir.
Arcada.
Pero luego vomitas y sigues comiendo. Otra vez lunes.
Antes aquella pobre gente del pasado no tenía Iphones. Y ahora yo quiero una máquina del tiempo.
¿Soy raro? ¿Y si la respuesta es sí eso quiere decir que no tengo nada que ver contigo?
Y quiero seguir fumando, adoro fumar, fumaré hasta que deje de importarte que tu chaqueta huela a tabaco; fumaré hasta morir o hacer que tu vida deje de girar alrededor de cosas como tu chaqueta. Te miraré con mi cigarrillo en ristre sin dejar de preguntarme un solo segundo quién es aquí el que tiene tanto miedo que incluso le aterra que su chaqueta huela a tabaco. Eres tan evolucionado que ahora incluso sentarte unas horas a la semana con quien fuma te parece un atentado contra tu integridad, una falta de respeto. Pero bienvenido al mundo. Incluso tú con tu coche enorme y tu pene pequeño.
Tú también sabes de qué va todo esto, aunque asientas un momento y pases a otra cosa cuando alguien tira del humor negro. Quieres ser naïf. Quieres serlo tanto como esas treintañeras de los videos porno que se hacen pasar por colegialas. Pero al igual que ellas, tú también tienes ya el coño curtido en mil batallas. Al igual que ellas, tú seguramente también estás actuando. Y vale, es verdad, seguramente tú eres mejor actor, pero sigues sabiendo que te mueves entre los platós de una película. Una película mucho menos honesta que el porno. La Waterworld de la existencias.
Eres un pequeño Gandhi de diseño, tan digno y moralista, tan ecuánime, tan tranquilo y sirviente de la paz. Nadie diría que eres humano. El vicio no te va, tú tienes control y no te importa comprar ropa nueva cada mes si eso te ayuda con Inés. Lo importante está en el interior, y por tanto tienes vía libre para ser superficial. Tienes coartada. Eres listo. Guiñas los ojos cuando ves el humo de mi cigarrillo. Tú sí sabes evolucionar. Pero no has querido ver las cosas que yo he visto. Olvida a los replicantes. De niño echaste a llorar al ver un pájaro dentro de una jaula, pero a los siete años ya eras genocida de hormigueros. Has sabido crecer. El guión pauta por pauta. El mundo está orgulloso. Bienvenido al mundo.

[Había oído hablar de Katy Perry, y también me sonaban algunos de sus temas. Pero aún no me había fijado bien en ella (a veces pasa). Musicalmente no parece tener mucho que ofrecer, pero un servidor se ha quedado agilipollado al ver según qué fotos (ejemplo abajo). Es una mujer con esa clase de belleza casi agresiva, y tan personal que hace que ni los fotógrafos autofelatorios ni los maquilladores cool ni el diseño de vestuario ni nada consigan arrebatarnos su físico reconocible, su cara, siempre sabes que es ella. Parece una versión macarra de Zooey Deschannel. El video de arriba va dedicado a Alba, la chica que me ha despertado respecto a la existencia física demoledora de dicha mujer. Para los que como yo aún no lo hubieran visto, ya aviso que es un video claramente masturbatorio; lo cierto es que canales como MTV mejoran mucho si les quitas el volumen…
Actualización: Otra vez el puto video de marras no se me puede ver en el blog (ya son muchas seguidas y se me están inflando los…), tendréis que clikar y verlo en Youtube]