Epílogo

Es un ático. He venido con dos amigos. Si miras a tu alrededor no conoces a casi nadie; las chicas llevan vestidos de noche, y cuando creen que no las ven arrugan el ceño y buscan algo en lo que verse reflejadas. Hay unas luces azules que nacen de algún lugar entre el suelo y las paredes, y que hacen que sienta frío a un nivel abstracto. Uno de mis colegas ha ido al lavabo junto a una tía que me gusta bastante y hace veinte minutos que siguen allí. Bebo un vodka con naranja demasiado cargado. Noto como poco a poco se me va intensificando una punzada de negatividad en el estómago, trago sorbos largos procurando que desaparezca. Esta es la intentona número tropecientos de que esto me guste. Entre todos hay una masa uniforme de sonido que consta del ruido de la gente y la música; no puedes oír bien lo que dicen y tampoco las canciones. Lo único claro es el sabor del vodka y las horas y horas de comprar ropa y zapatos y complementos que me rodean. Al parecer, esto es a la juventud lo que una residencia a la vejez. Si pregunto por qué no me lo paso bien, me dirán que porque no quiero. Tranquilo yayo, aquí te cuidarán, tendrás todo lo que necesites; no llores, de verdad, es lo mejor.
Un tipo no para de reír y trastea en una blackberry o Iphone o algo por estilo. La alza intentando que capte la canción que está sonando. La alza y mira la pantalla, la alza y mira la pantalla, repite. Bebo un buen trago. La alza y mira la pantalla. El tema parece de Artic Monkeys, pero podría ser el ruido de un camión de basura en plena faena. El colega que no se está tirando a la tía que me gusta en el lavabo, se me acerca y me da un golpecito en el hombro. Hace una mueca como de sonrisa y saca su Iphone del bolsillo y sigue aquí pero es como si ya no estuviera. Vuelvo a beber y termino el cubata. Me doy la vuelta, tengo la barra detrás. Una de las chicas tras ella me sonríe y le pido otro vodka. Quiero decirle que no lo cargue tanto, pero el ruido hace que mi pereza sea superior a mis ganas de hacerlo. Hay dos pantallas gigantes en las que un capitulo de los Picapiedra se proyecta en bucle. La iluminación se reduce a las luces azules antes mencionadas y unos efectos estroboscópicos molestos que acentúan el efecto del alcohol. Es ese ambiente de confusión visual que hace que al día siguiente todas las mujeres presentes resulten mucho menos atractivas.
Poco a poco me voy sintiendo mejor. Tres cubatas. Apuro el tercero. Veo que mi colega y la chica que me gusta salen del lavabo. Ha pasado más de media hora. Ella hace esos gestos de recolocarse el vestido sin disimular lo más mínimo. Se ha retocado el maquillaje y vuelve con sus amigas. Él viene hacia a mí y me da un toquecito en el hombro y saca su Iphone y sigue aquí pero es como si ya no estuviera. Veo que la chica comienza a trastear en el suyo también junto a su grupo. Un rato después descubro que están chateando. Pido otro cubata.
Quien sea que pinche ha puesto a los Air, lo cual aquí es como intentar que un ambientador sea efectivo en una cloaca. A la pregunta de serie barata de la tele sobre si estoy incómodo por lo de esa chica y mi colega, la respuesta sería la Vida. No sé cómo funciona ese rollo, antes de que se enrollaran ella me interesaba tanto como cualquiera de sus amigas, quizá como cualquier chica de este local; creo que solo siento unos celos infantiles de que la muchacha se haya fijado antes en él que en mí. El resto es pura automutilación emocional: ella no se me ha ganado, soy yo quien la está mitificando. La gran pregunta, pues, no sería la del cotilleo. Lo interesante sería saber si el cuelgue por alguien no es simple autosugestión casi siempre. De todos modos -y a riesgo de que parezca que solo quiero quitarle hierro al asunto (conclusión que sacaría cualquier cotilla)- he de decir que no estoy enamorado de ella; es más bien un intenso deseo de morderla aderezado con envidia de la de toda la vida.

Una chica echa a llorar desconsoladamente poco después de llegar a la fiesta. Primero se rumorea que alguien la ha llamado para decirle que ha muerto su padre o algo así; luego se dice que es que acaba de pillar a su novio con otra… Al final nos enteramos de que solo pasa que otra chica lleva el mismo vestido que ella.
Durante mi quinto cubata, cuando me vuelvo y veo a la muchacha que me los ha servido todos, me parece que en cualquier momento podría decirle alguna tontería. Mis dos colegas hablan de irse de excursión mañana. Son las tres de la madrugada. Me preguntan si quiero ir.

Vomito en el lavabo; puede que sea el mismo en el que han follado Colega y Vida. Siento que me va a estallar la caja torácica. De crío vomitaba sin problema; era muy desagradable, pero lo hacía sin esfuerzo. Ahora cada vez que tengo que hacerlo tengo miedo de que me estalle la cabeza o el pecho. Noto el sabor de la cena; es sorprendente lo lenta que es la digestión. Me vienen recuerdos nítidos, imágenes en puto HD de mis amigos en el sitio de bocadillos en el que hemos estado. Es desconcertante, como una pequeña muerte, parece una versión single de lo que dicen que ves antes de morir de verdad.
Salgo del lavabo con cara de culo. Les digo a mis colegas que si no nos vamos ya yo me voy solo. Al final nos vamos todos. La chica del polvo en el lavabo ya se ha largado con sus amigas.

Al llegar a casa estoy hambriento. Noto la cabeza como si alguien no dejara de gritarme a la cara. Tengo ese pitido de haber estados varias horas exponiendo mis oídos a un ruido absurdo y desordenado; innecesario en definitiva. Me encanta la música, me encantan las mujeres; si me apuras hasta me puede gustar beber. Pero dame una buena canción desnuda, o un sitio tranquilo en el que hablar, dame una guinness. Quiero una habitación de hotel, trasnochar con un disco de Bent junto a una mujer tranquila, nada alborotada, algo introspectiva. Quiero luces indirectas y silencios largos. No quiero la Fiesta. No quiero la Residencia.
¿Cómo van las cosas, abuelo?… ¿No vas a contarnos nada?… ¿Estás enfurruñado?… Nos han dicho que no comes bien…

Por la mañana no me duele la cabeza. Por la noche comí y me tomé dos aspirinas. Pero aún así noto el cuerpo pesado; no es dolor, pero no es mejor, es una resaca que sé que me va a durar dos días, y que me va a hacer estar medio atontado, aún más que habitualmente.
Mi piso es como un piso de verdad, pero más pequeño. Si la entrepierna de una mujer es atractiva y sexual, mi piso sería lo que ves cuando le levantas la falda a una Barbie. Algo así.
De todas formas no me quejo. No me amarga la idea de tener ya cierta edad y no haber formado una familia, o ni siquiera tener planes de hacerlo. De vez en cuando pasa alguna chica por aquí. Nunca son de las que me gustan en el sentido cardíaco. Las que me gustan son aterradoras, enseguida las veo vestidas de novia. No se trata del miedo al compromiso, es más bien que la idea de que hacer según qué promesas a cierta edad me parece casi una irresponsabilidad. Es enternecedor que los demás lo intenten y a menudo tropiecen y se divorcien o corten o se tiren los trastos por la cabeza y a eso lo llamen Vida, pero porque ellos lo hagan yo no estoy obligado a hacerlo; al menos no cuando ellos quieran.
Seguro que dirían que mi habitual carácter más bien compungido se debe a mi resistencia a vivir lo que ellos tan valientemente afrontan. Pero lo que no saben es que la mayoría del tiempo lo que me pasa es que siento una pena bestial por ellos, y por la forma en que presionan a quienes son diferentes, por la forma en que quieren imponer sus rutinas sin concebir ningún otro estilo de vida, y porque así hacen que mucha gente dé pasos hacia adelante en cierta dirección solo para quedar bien aunque arruinen sus vidas a veces tanto profesional como emocionalmente. Es un barullo de ideas, y es complicado, pero así es la vida, la vida no es necesariamente como te diga el tío que empuja el cochecito de bebé. El único motivo por el que no pongo bombas en la tiendas de ropa es porque yo en el fondo albergo mucho menos odio en mí que quien vive por las leyes de la inercia.
Bostezo.
Es domingo y cada vez que bostezo noto un dolor agudo en la garganta por la vomitona de ayer. Me siento ante el ordenador, ya superé esa fase de tele-porque-sí, ese rollo de tirarse en el sofá y ver literalmente lo que sea que den.
Por Facebook las cosas siguen igual, poco ingenio y mucha mamonada, alguien se ha liado a subir fotomontajes de ovnis. Solo hay algún aporte interesante en forma de videoclip. Una amiga de amiga de… ha subido veinticinco fotos más, y todas son de ayer. Me percato de que son del lugar en el que yo estuve. Pero no hay nada interesante que llevarse a la bragueta.

Cojo el coche por la tarde. Hay una especie de colina, de mirador improvisado a las afueras. Si te llevas unos prismáticos es un sitio perfecto para meter las narices donde no te llaman; siempre y cuando haya ventanas abiertas… Yo nunca lo he hecho, me convertiría en la misma basura que critico (y ya lo soy en parte…). Podría acabar siendo digno, normal, respetable y un hipócrita aceptado y todo eso, pero de momento prefiero seguir teniendo la picha hecha un lío, gracias.
No soy un sentimental de las puestas de sol. De hecho, en lo que se refiere al sol, nunca he visto un amanecer sin sentirme hecho una mierda y de camino a algún trabajo humillante. Me va la noche, pero no como cuando la gente dice eso cuando lo que quieren decir es “me gusta ir de fiesta”. Me va la noche en sí, el silencio, la tranquilidad; puedes mirar la luna todo el rato que quieras sin quedarte ciego. La noche parece más sutil. Y puede ser definitivamente más bonita. Quizá por eso todo el mundo diga que es para dormir. Puede que lo digan por el mismo motivo que rehusan disfrutar de muchas otras cosas bellas que ofrece la vida; ellos que son los románticos, los vitalistas; ellos que se meten mano en el cine y se pierden la peli y también el polvo. Ellos que agradecen el no ser yo.
Y por eso ahora estoy solo aquí; la mayor parte del tiempo lo que merece la pena ser visto nadie lo ve. La mayor parte de las personas nunca verán la vida desde fuera, jamás tendrán perspectiva de absolutamente nada. Viendo la ciudad desde este lugar todo se me antoja frágil como un hormiguero. Hormigas obreras. El sol se está escondiendo. Fumo. Y entonces me sobresalto, veo la primera nave, negra, silenciosa, enorme y brillante, que baja atravesando la atmósfera de norte a sur.

[He visto “127 horas”, y me he alegrado de recuperar al Danny Boyle de verdad después de “Slumdog millionaire”, película que a más tiempo pasa peor me madura; hasta el punto de ya parecerme quizá su largo más tramposo y pillado pos los pelos. De hecho el resto de sus títulos, aunque algo desiguales, son mucho más coherentes, películas que con el tiempo se han sostenido y que incluso mejoran con cada visionado. Aun así me alegré de que le dieran el oscar, pero fue raro, como si a David Fincher se lo hubieran dado por “El curioso caso de Benjamin Button” (suerte que este año sí se lo llevará, y por una peli cien por cien Fincher) Abajo, más pin-up. Por cierto, visiten: Desaparezca aquí]

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13 comentarios en “Epílogo

  1. ¿Con que ovnis? mmmm, vaya vaya, pues este chico si que necesita una vacaciones, jajaja
    Me gusta tu forma de narrar lo que pasa por la mente y cuerpo de alguien cuando esta en esos locales de nueva generación, de modernidad rayando lo vulgar y excéntrico, esas salas de fiestas que quieren parecer in, pero solo consiguen ser insoportables…
    Sus luces, sus videos repetitivos, y esa necesidad de salir corriendo que te infunden desde que entras. Que gilipollez chatear con alguien a quien tienes delante, con quien puedes hablar directamente, nos volvemos idiotas según pasa el tiempo, es la decadencia de nuestras futuras generaciones, donde se dice mas con una tecla, que con una sonrisa cercana y directa, que pena, que lastima, ahora me gustaría llorar…
    Esta salida nocturna me ha dejado echa polvo, creo que me iré a dormir, o quizás solo a descansar….
    Como siempre fabuloso, la peli, la veré, la pin, una mujer de verdad….
    Besos

  2. Llevaba tiempo sin pasarme por aquí, casi no recordaba lo geniales que eran tus relatos.

    Me ha encantado el simil con las residencias de ancianos. Te dicen lo que debes ser y lo que te debe gustar, te dicen cómo vivir y como hablar, y si decides decidir por ti mismo te tachan de raro y de no saber disfrutar la vida.

    Hay continuación del relato? porque el final…..

  3. Me pregunto si todos nos sentimos así en esa clase de lugares, o sólo nos pasa a un pequeño porcentage de “privilegiados”…
    … Y resulta que a la gente le gusta.
    Esto me resulta incomprensible y me hace sentir como un inadaptado mientras me digo a mi mismo que los locos son ellos,
    pero nunca se sabe…

  4. La parte de la fiesta me ha gustado mucho por la sensación de agobio que daba. Y lo del ovni creo que requiere una continuación 😉 Por cierto, me moló mucho el primer vídeo que pusiste de Chinawoman, el del loop. Me he agenciado los dos discos pero se ve que aún tengo que pillarles el punto. En cuanto a “127 horas”, había oído decir que no era gran cosa, pero me animaré a verla en estos días. Un saludín…

  5. Confundir ático con sótano puede traer ciertas dificultades 🙂
    En la parte más alta de la casa, pero aún todavía en el interior… Un montón de humanos pasa el tiempo libre envolviéndose en rutina, proclamándose reyes de su propia porquería e ignorando lo que afuera no los va a esperar.
    Suena legítimo.

    Gracias por tus relatos y por la Mayéutica de siempre. Beso!

  6. De esas escenas está llena la vida ¿no? Pasamos por paisajes en el que todos los personajes interactúan. Algunas personas, que llamaremos “nosotros” por decir algo, son esos hombres y mujeres que miran fuera del cuadro, directamente a los ojos de quien pasea por el museo… Alrededor de ellos está lo común, la atmósfera de siempre, la sala de fiestas iluminada con luces frías, la gente riendo o chateando por el movil. Esos nosotros están al margen, rodeados, pero solos, oyendo el molesto ruido de fondo de la vida. ¿y ahora qué?
    Me gusta tu estilo de escritura, buen blog, volveré.

  7. Si 127 horas es muy buena a mi me gusto la verdad.Lo de Fincher es algo increible….no sabes como me encanta esta pelicula…me causo una sensacion a lo Fight Club.
    Saludos

  8. Veo que participas en el concurso de relatos de Irene Comendador, me pasé por aquí sólo para desearte buena suerte… ¡Deseoso estoy por leer tu relato!

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