Todas las mujeres ficticias

La fecha de entrega límite para el certamen de relatos es dentro de un mes. El tema: Mortales. De entrada básicamente debo jugar con la idea del ser humano con fecha de caducidad. No es difícil que resulte romántico al modo simplista. Puedo usar expresiones del tipo “para toda la vida”, “para toda la eternidad”, etcétera. Supongo que van a llover los cuentos de ese calado. Pone la piel de gallina ver cómo esas adolescentes que beben sangre de perro con tal ansia que deben mojar las bragas, luego escriben sobre muchachitas que comen ensalada y se han enamorado del profesor de gimnasia. Hablan sobre amaneceres y ellas no durarían vivas ni diez minutos viendo uno. No es que no sea un tema recurrente lo de los mortales, supongo que antes se escribía sobre vampiros románticos por el mismo motivo, sea cual sea. Quizá los mortales sí tuvieran ese ánimo de enamoramiento constante, pero la verdad es que mi tatarabuelo llegó a vivir esa época, y según sé solo hablaba pestes de mi tatarabuela. Llegaron ambos a los setenta y pico; con esos límites no es tan utópico ficcionar sobre amor eterno.
Al escribir siempre tengo junto al teclado un vaso de sangre de cerdo. Hay gente que se conforma con chupar huesos entre horas. Yo prefiero seguir bebiendo. La web a la que se mandan los relatos ya tiene unos cuantos publicados a disposición de quien quiera leerlos. Sigue habiendo errores garrafales de coherencia histórica. Las niñas de quince años creen que los mortales ya podían emigrar a Marte por cuestiones de superpoblación potencial. Te puedes tragar cientos de cuentos con parejas de enamorados “eternos” viviendo en las galerías marcianas, apurando su amor puro. Aunque en la actualidad la gente folla como si tuvieran que expulsar el alma por los genitales, muchos tienen las narices de describir el sexo de aquella época con una plaga de metáforas a cámara lenta. Hablan con conceptos como «Senos», «Dulce cavidad femenina», «Poblado monte de Venus» (ahora una chica que no esté completamente depilada por esa zona es como un trébol de cuatro hojas).
No sé cómo encarar mi relato. El corazón de los personajes debe latir. Pero muy poca gente sabe hacer eso creíble sin caer en tópicos de novela rosa mortal. Mi idea inicial es contar la historia desde el punto de vista de una chica; una chica joven pero no inexperta, algo como una tía de veintimuchos atormentada por conseguir una buena pareja estable antes de que su edad la acerque cada vez más a su fecha de caducidad. Algo chocante de aquella gente es saber que al tener una idea aproximada de cuándo iban a morir, tenían que apresurar ciertos hechos en la vida antes de verse demasiado solos a cierta edad. Eso provocaba el acabar buscando una “compañía” adecuada que quisiera follar contigo y quizá tener descendencia aunque no estuvierais enamorados desde la perspectiva shakesperiana. La verdad, no creo que eso fuera precisamente un potenciador del amor verdadero; y más teniendo en cuenta la quizá inconsciente necesidad que debían tener de dejar algún legado, lo cual normalmente se traducía -como digo- en hijos (que, total, iban a morir igual). Aunque es obvio que es más “fácil” eso que dejar huella eterna escribiendo un libro o pintando una obra de arte.

De momento tengo, por tanto, a la chica de veintimuchos. Siendo muy optimista puede durar unos noventa años. Mi idea es hacer un recorrido por toda su vida, describiendo los momentos importantes, los buenos y los malos. No es una historia muy agradecida, ya que entonces al final siempre se juntaban Perdida, Enfermedad y Muerte. No tengo muchas esperanzas de ganar contra cuentos que describan la época de la juventud de los amantes, centrándose en los momentos en los que “hacen el amor” a cámara lenta con la ventana abierta y el sol dándoles en los ojos. Ella como si fuera de cristal, y él como si más que follarse a la chica la estuviera operando.
Así que no es nada muy comercial lo que tengo en mente. Hoy en día ya se ha puesto de moda el que las mujeres les regalen a los hombres una reconstrucción de himen. Es tan habitual como antes regalar flores o corbatas. Así que mi idea es quedarme a medio camino, evitar los tópicos y también la realidad que me rodea. El problema: Supuéstamente nadie que esté enamorado en este contexto se arregla con unos bocadillos, más bien come marisco con su pareja en una terraza a mediodía en verano. Si estás enamorado -y siempre hablando en este contexto- no lo haces con tu novia como si quisieras desmontarla con tus genitales, lo que haces es alquilar una habitación de hotel y agasajarla con cosas que ella intuya caras. Ellas no quieren sinceridad y sexo duro, quieren que les susurres colonia y las lleves a cenar antes de hacer el amor. Pero no quiero que mi personaje sea así, quiero que sea más Humana; seguro que ellos -los mortales- tenían mucho de lo que somos ahora los no-mortales.
Otro ejemplo: Cuando la película o novela presume de romanticismo a ninguno de los protagonistas les gusta el sexo oral. El sexo oral es como el otro extremo del beso dulce en los labios. Se supone que tengo que evitar escenas que les conviertan a ellos en salidos y a ellas en guarras en base a la doble moral hipócrita siempre vigente (y ahora más acentuada que nunca).
Otra cosa que se me antoja un gran bache para narrar un amor verdadero que perdura con el paso de los años, es el deterioro físico. Si ahora crecemos y dejamos de estropearnos pasados los treinta, la fealdad sigue siendo un problema, pero la vejez, al no existir, ha remodelado la forma de pensar al conocer a alguien y conectar de algún modo con esa persona. Se supone, pues, que en cierto momento de la historia tendrá que ir menguando la cuestión sexual; tendré que hacer que suene creíble el hecho de que aunque ambos -los enamorados- envejecen, aún siguen pegados aun rodeados de carne joven y tersa y dispuesta. Debo evitar, por tanto, que los personajes tengan demasiada vida social, no puedo dejar demasiado margen a la confusión ni a la natural atracción sexual que puedan ejercer terceras personas, las cuales no siempre rehuirían una aventura física con el madurito o madurita de turno.
Concesiones: Ella se va a llamar Helena (quizá lo convierta en un guiño solapado a Helena de Troya), él será algo mayor que ella (esto es algo que gusta al lector/a potencial de estos textos). Él, sutilmente, siempre llevará la batuta en la relación, lo cual podría resultar machista, pero en realidad es un camino sin salida en este contexto: si él no llevara la batuta resultaría algo ridículo, alguien por quien Helena no puede fascinarse, porque no es un Hombre de Verdad, o Seguro de Sí Mismo. Ella será un poco histérica, más complicada, lo cual será así porque en parte también querría tomar decisiones importantes en la relación, pero a la vez se siente bien con la situación (lo cual quizá sea un sentimiento derivado del comportamiento dominante de él en la cama, y que a ella le encanta), sabiendo que quien toma las decisiones es su novio, porque resulta muy macho, y aunque ella proteste a veces por ello, en realidad eso es algo que en el fondo no desearía que fuera de otra forma.
De todos modos la historia no hablará del nivel de ingresos de cada uno, ni de quién lleva las cuentas en la casa, etcétera.
Hoy en día la convivencia de pareja real es distinta. Pero por aquel entonces, tal y como lo estoy planteando, el perfil de la pareja de mi cuento debía ser la típica que acababa con una muerte absurda de ella a manos de su novio alfa y que tan burra la ponía al principio de la relación. Pero la realidad es que el grueso de lectores (o sobre todo lectoras) que adoraban (y adoran) ese tipo de clichés en las relaciones, es masivo. Él es el caballero de filosofía gruesa y ella la princesa en apuros. Cualquier otra cosa no debía conseguir que las amas de casa mortales pudieran desconectar de sus vidas, incluso aunque tuvieran un ojo morado de vez en cuando.

Lavabo. Bebo rojo y meo rojo. He empezado el relato con energía, y creo que no es tan malo como podría ser. Lo llevo bastante avanzado, he estado obcecado como dos horas en ello y ya me estaba meando. Luego he querido añadir cierto detalle a las relaciones entre Helena y su amante. Algo que puede dar juego, añadir pimienta al cuento, e incluso en cierto modo un toque de realismo. Ella, cuando hacen el amor (pocas veces incluyo la palabra Follar), suele llegar a perder el control hasta el punto de mearse encima. No es que lo mencione cada tres líneas precisamente, pero sí en ciertos pasajes clave. En lo que creo que es la escena más arriesgada, el amante, falto de Helena y echándola terriblemente de menos, tiene un momento de mirada perdida hacia ningún sitio cuando haciéndose unas pruebas médicas le piden una muestra de orina, por favor. Es casi seguro que ese detalle será lo que me quite cualquier posibilidad de ganar el certamen, pero es el detalle del que estoy más orgulloso. Es la clase de dato que da forma y humanidad a alguien que no existe, pero que aun así no hace el amor durante hora y media a cámara lenta, sino que pierde el control y lame y babea.
Helena me gusta, pero debo intentar dar forma al tipo. Algo me bloquea, no sé si debo mencionar el tamaño del pene mortal. Pero tampoco quiero dar datos vagos aludiendo a su grosor o su capacidad de profundidad. Una vampira de veinticinco años una vez me dijo que no importa tanto el tamaño como el vacío que deja después. Suena casi poético. Es la única vez que he creído a una mujer con lo de “el tamaño no importa”. Decido poner esa frase sobre el tamaño en boca de Helena. El texto cada vez me gusta más y cada vez tiene menos perfil de ganador de un certamen.
Si miro a mi derecha, tengo la ventana (segundo piso), y abajo puedo ver de vez en cuando a algún crío corriendo tras una rata o un perro. Son las tres de la mañana, queda mucho para que salga el sol. Lo que hay que ver. Vampiros celebrando aún la navidad. Vampiros que siguen vociferando lo que ellos jamás harían aunque lo hagan luego a escondidas. Cuando me acercaba al pecho de aquella súcubo de veinticinco años, no se oía nada. Nunca se oye nada. Ni siquiera ruidos de digestión. Pero la gente sigue usando el corazón sin necesidad de que lata. Se llamaba Irina. Irina la vampira. Yo hace ya cuarenta años que cumplí los treinta. Si Helena acaba siendo Irina, debería camuflarlo de algún modo (aunque no siempre se consigue). Si yo soy el tipo que la domina, quizá debería buscar un regla y medir mi erección. Quizá el personaje sugiera lo de medírsela como quien no quiere la cosa, y Helena entonces diga eso de “No importa tanto el tamaño como el vacío que deja después”. Irina se fue con un tío más alto que yo (aunque nunca sabré el tamaño de su pene), y ahora es todas la mujeres ficticias. Es Helena quiera o no, quiera yo o no. Pero solo siento una vaga sensación de perdida, no es exactamente sufrimiento. Ni siquiera celos de ese gigante verde. Creo que no voy a alargar el cuento hasta la vejez. Sería un rollo, y ya hay suficientes datos escabrosos como para que me haga gracia. Lo termino con una patética escena, en la que el tipo definitivamente busca una regla y se palpa el pene hasta que este está erecto. Helena le mira sin saber qué decir; no está exactamente ofendida, pero tampoco parece sentirse muy cómoda. Esto ocurre ya después de que ella haya dicho lo de “No importa tanto el tamaño como el vacío que deja después”. Y el tipo lo hace, pone una regla de plástico junto a su pene mortal. Bebo un poco de mi sangre de cerdo. Todo acaba con Helena diciéndole al tipo que ha hecho mal, que ahora que ella sabe lo que mide, el vacío que sentirá después será menor. Luego dice que ha conocido a un chico en el trabajo, un chico nuevo. Dice que es muy alto, que quizá él no haga cosas como medirse el pene. Y se ríe mientras lo dice.

[Para el vídeo, clickad para verlo en Youtube; tiene continuación, y habla por sí solo. Abajo, más pin-up. Y… INSISTO…]

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14 comentarios en “Todas las mujeres ficticias

  1. Claro, es que en una sociedad de vampiros inmortales y que solo piensan en ser y destacar entre ellos, con un concurso tan al parecer lleno de niñas locas y hormonadas, sedientas de sangre romántica, pues hacer una historia de ciencia ficción sobre una pareja de humanos mortales, que tienen esos inconvenientes de la edad, pues es algo de lo mas normal. Madre mía que imaginación Jordi, tu mente trabaja a niveles desorbitados, a mi me dejas siempre con una sensación de empequeñecimiento algo dolorosa. Pero ya me acostumbro no sufras, me suele pasar a menudo. Eso del vacío que queda cuando se va, muy cierto. Y el video es impresionante, si es verdad que no he entendido ni una palabra de lo que ha dicho el de la mascara, pero las imágenes ya hablan por si solas. Solo me queda pagarte el talento recibido con un beso, y nos vemos en la próxima entrega.

  2. muy lindo relato, me gusta como escribìs y esos personajes de verdad combinan bien, se respira, que sigan juntos, voy a pedirle al Escritor por eso y que ganen el certamen. Los videos nunca los veo. Saludos.

  3. A mi la que me parece caducada es la sangre que bebes…estará pasada? Porque niño, como imaginación está bien…mucho talento, mucha palabra, cinismo, sarcasmo, morbosidad y mucho egocentrismo…

    De seguro ganarás el certamen…perdón..el concurso (por momentos te vi compitiendo en uno de esos certamenes de belleza masculina)…

    ah!! y si es verdad..muchos muñequitos puse en mi post pero quería quitarle el tono sentimental que me dejó escribir eso…para la prozima coloco vampiros y sangre chorreando por todo el post..

    De todas maneras…Gracias por tu visita

    1. Yo no bebo sangre Mirella: La beben los vampiros, (pero no existen)… Y lo del egocentrismo.. ¿es por el personaje o por mí? ¿le hablas a él?, ¿a mí?, ¿un poco a cada uno? ¿Y si soy yo soy el egocéntrico es por escribir ficción? Hay comentarios que no sé por dónde abordarlos…

      disculpa si te ha ofendido mi comentario en tu blog.

      saludos a todos.

  4. Menos mal que -a pesar de llevar 4 años en el blog escribiendo chorradas, no me considero escritor- pq ya no sería capaz de hacer tantas consideraciones, qué difícil lo veo pensar tanto antes de escribir en los personajes y en las situaciones… y si aún encima mezclas la realidad con la ficción, el presente con el futuro ya te cagas. Sin embargo tú encajas siempre todas las piezas, jaaj

    Bezos.

  5. Mi punto de vista:
    Esta historia es buena, tiene interesantes ideas y menciones, y me pregunto en que estado de animo escribís así, por que desde alguno relatos atrás el 85% son aburridos a desagradables. Tenes un par de relatos bueno o muy buenos que es la razón por lo cual guardo tus relatos y los leo con atención, pero eso se devaluó de alguna forma con el tiempo, a todo esto siento que tenes relatos mas trabajados que otros y no los diferencias como autor para tus lectores.

    También leo que hay gente que le gusto todo lo que escribiste hasta ahora en su mayoría y buscan profundas metáforas en algo para mi naif, quizás lo mejor para mi punto de vista es el mundo distopico social que creas y adornas con metáforas clasificadoras que a mi no se me ocurrirían produciendo en mi muchas sorpresas, al final de todo sos buen escritor para mi.

    1. Antes que nada, gracias por leer.
      Y bueno, aquí en el blog, básicamente publico todo lo que escribo. Por eso la producción seguro es muy irregular. La mayoría de textos están escritos en uno o dos días. Muchos necesitarían estar más revisados y otros puede que ni debiera haberlos escrito por no estar bien definidos en cuanto a ideas de base. De todas formas siempre he utilizado el blog para experimentar y aprender, nunca he pensado mucho en el lector la verdad. Escribo de un modo muy orgánico; y luego a veces hay textos que repaso más y otros que se quedan tal cual he acabado de escribirlos. De todas formas nunca sé si los relatos son buenos hasta que pasan unos meses y los vuelvo a leer, así que voy tirando.

      Saludos.

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