Universo teen

Este editorial está más que nunca dirigido a todos vosotros, los lectores de Universo Teen (aunque más bien debería decir lectoras), y también a vuestros padres. Estoy segura que tanto hijas como padres sois lo suficientemente inteligentes para entender todo lo que tengo que decir, así que no me cortaré.
Este es el último número de la revista, y hemos decidido que éste sí sea honesto. Nuestra publicación ha durado más de diez años. Como directora llevo unos meses sintiéndome como auténtica basura. Tengo una hija de dieciséis años que tiene la habitación empapelada con posters de Justin Bieber. Mi otra hija de trece años va por el mismo camino. Quiero que conste que quiero a mis hijas más que a nada, pero ambas son caprichosas y están adiestradas para tener gustos concretos. Ambas son un producto (o casi debería decir víctimas) de lo que revistas como esta promueven.
Todas nuestras energías se han dirigido a crear ídolos. Pero nunca ídolos en base a méritos o talento o sentimiento. Solo ídolos, sin más. Quiero que sepáis que los artistas jóvenes a los que idolatráis no son artistas; en realidad se parecen más a lo que son mis hijas. No son nada; solo críos elegidos vía casting, guapitos y guapitas que tienen cierta soltura para moverse, a veces incluso para cantar. Pero artísticamente hablando están vacíos.
Hace tres meses pillé a mi marido masturbándose con un poster de Selena Gomez. No seré yo quien controle los contenidos de Disney, pero sí podría haber elegido otro tono para Universo Teen. Al ver a ese hombre con el que llevo cinco años casada, al verlo sudando y con los ojos entrecerrados y tocándose con mi revista, con lo que yo cree… Al ver eso imaginé a muchos otros haciéndolo, y me pregunté qué es lo que estábamos alimentando en la redacción, a qué clase de monstruos.

Obviamente esto es un editorial muy personal. Pero sé a ciencia cierta que muchos de los colaboradores de la revista -algunos muy inteligentes y con auténtico buen gusto- piensan igual que yo. En la reunión para decidir los contenidos de este último número decidimos que iba a tener pocas páginas, y que en realidad yo tenía que ser quien diera explicaciones y despertara de su letargo -a poder ser- a muchas lectoras que realmente confían y han confiado en esta publicación para elegir qué disco quieren escuchar, qué serie o película tienen que ver, o a quién han de idolatrar.
En realidad ha sido mi marido quien, con su libido rayana en la pederastia, ha hecho que abra los ojos, y ha sido así porque pensándolo detenidamente, todos estos años hemos vendido poco más que testosterona, buscábamos nuevos DiCaprio de quince años de los que poder hablar. Buscábamos otra Hannah Montana (con la cual mi marido se tocaba la segunda vez que le pillé).
Solo con pensar en todo el daño que se puede llegar a hacer alimentando cierta industria del entretenimiento, aún se me pone la piel de gallina, incluso ahora que sé que al menos esta revista va a morir. He visto a chicas de casi treinta años en un concierto de Miley Cyrus. Las he visto gritar como si todo lo que se ve en el escenario no fuera producto de una campaña de marketing, y no más de la música, no más de esa ilusión con la que algunos grupos escriben y tocan sus canciones, ensayando en locales por los que pagan cifras nada desdeñables de alquiler. Tengo un hermano que tiene más de cuarenta años, y que lleva toda su vida con su banda de blues, tocando canciones de verdad, y que jamás podrá dejar su trabajo para dedicarse por completo a tocar. Aunque tenga mucho más talento y sentimiento que todos esos chicos y chicas de los posters de vuestras paredes.

Vivimos en una época en la que ya existe acceso total a la variedad. Con esto quiero deciros que ya estáis un poco más salvo de la publicidad. Sé que hay madres a las que les hace ilusión ver a sus hijas aparentemente felices de camino a un concierto de espíritu disney channel, pero a todas esas madres les quiero decir que esa felicidad no dista tanto del bienestar físico que puede producir en ellas la pastilla que les puedan dar en una discoteca. Es una felicidad más bien artificial. Y puede que esta analogía sea extrema. Pero realmente hablamos de educación y percepción, temas muy serios que grandes empresas y canales de televisión pueden controlar mucho más de lo que pensamos. Ahora, en muchas industrias del entretenimiento, ya no se busca crear algo bueno que poder vender; más bien se van creando poco a poco perfiles concretos de comprador a los que ofrecer mediocridad empaquetada con fuegos artificiales. Lo que quiero decir es que si vuestra hija llega extasiada de un concierto de Justin Bieber, eso no es tan distinto a ver a vuestro marido llegar borracho del bar de abajo. Por mi experiencia, ya sé que es algo más o menos igual de patético, solo que uno está matando su cuerpo, y la otra, a muchos niveles, su mente, su capacidad de percepción, su opción potencial de tener algún día algún criterio que no lleve siempre por delante la consabida y a menudo demagógica máxima: “para gustos los colores”.

Hablo por supuesto de arte. Sí, puede que vuestra cría luego sea abogada y gane una pasta, aunque después moje la ropa interior en un concierto de El canto del loco. Pero como digo, esto de lo que hablo tiene más importancia de la aparente. Es uno de esos fenómenos ya tan extendidos que por más nocivos que sean la gente ya se ha acostumbrado a ellos. El arte tiene la capacidad de emocionar. Pero a veces para emocionarse hay que abrirse de forma abstracta igual que yo me abro para mi marido físicamente aunque luego él piense en las gemelas Olsen para llegar. Es muy posible que vuestra hija en un futuro llegue a ser una persona muy distinta si ahora comprende que algo tan especial como una creación musical buena de verdad la sobrevivirá. Es muy importante que, cuanto antes, comiencen a distinguir el dinero del arte (y todo lo demás), aunque muchas veces vayan de la mano. Tienen que entender que hay artistas que se ganan la vida volcando sus emociones y filtrándolas de tal manera que no les hace falta tener un spot en la tele cada día cuarenta veces durante las pausas de Los magos de Waverly Place.
Ahora ya hay más sectas industriales que religiosas. Me gustaría que les evitarais en la medida de lo posible esas sectas a vuestros hijos. Que les motivarais para que probaran los distintos sabores. Que realmente ellos pudieran formarse un criterio para después elegir de verdad por ellos mismos, y luego ya en un contexto más carente de publicidad y moda sí pudieran decir que se mueven por una cuestión de gustos. Lo cierto es que viendo las cosas con perspectiva me siento -y he sentido- terriblemente culpable. Estoy en trámites de divorcio y mis hijas no paran de darme la vara para ir a la presentación de cierta película que ni tan siquiera quiero nombrar.

Escribo este editorial desde el hospital. He pasado por un proceso muy farragoso de depresión y ansiedad. Me trajo mi marido después de que le pillara en el suelo y desnudo masturbándose mientras olía unas bragas que yo no me hubiera podido poner ni con diecisiete años.
Cuento todos estos detalles personales porque creo que vienen a cuento con el tema tratado aquí. Y es que aún me gustaría que los cortes en mis brazos hubiesen causado su efecto. No sé si todo esto va a sonar hiperbólico o exagerado, pero aún tengo la sensación de ser uno de esos dictadores con cientos de miles de víctimas a sus a espaldas. No hay que matar a nadie para ser un genocida; hay muchas otras formas de serlo. Llevo días sin poder ver un solo minuto de televisión. Solo tengo la esperanza de que todas esas niñas víctimas de mi revista lleguen a cambiar con el tiempo, lleguen a saber revolcarse en belleza en lugar de en publicidad. Solo tenemos una vida, y estoy harta de oír que lo bueno de la vida son los pequeños detalles. Solo espero que esos pequeños detalles acaben siendo auténticos con los años en la vida de muchos jóvenes. Lo deseo con toda mi alma. A los demás, a los que jamás podáis salir de la vorágine de publicidad, marqueting, moda, espejos y fuegos artificiales, lo siento, no sabéis cómo lo siento…

[Arriba gran interpretación en directo de Thom Yorke de uno de los temas del último disco de Radiohead (sublime). Abajo más pin-up.]

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14 comentarios en “Universo teen

  1. Este escrito me llega especialmente, ya que tengo dos hijas adolescentes. afortunadamente tienen mejores gustos musicales, no leen revistas para adolescentes y tienen suficiente capacidad de discernimiento. Consumen,sí los productos disney -no viven en una burbuja- pero con reservas. Coincido en que el afán de lucro está ubicado en nuestras sociedades muy por encima de las mínimas pretensiones tanto éticas como estéticas. Está en nosotros al menos intentar filtrar un poco de la mugre con que se bombardea a nuestros hijos.
    Un abrazo.

  2. Primera visita a este blog, y aquí me quedaré por un buen rato. El texto me llega fuerte por el hecho de haber sido editor de varias publicaciones comerciales a nivel internacional, además de colaborador en títulos muy similares a los que escribe la “editorialista” del relato. Simplemente brutal. Ya te leo el resto, además de incluir link en mi propio blog a este espacio.

    Saludos grandes desde México/Miami.

  3. Me ha gustado. Me ha parecido un relato sencillo, directo y bien planteado. Es interesante que quien habla forme parte del marketing que critica, asi como que se relacione -por contexto- la pederastia con susodicho marketing de adolescentes.
    Sorprende que una madre hable así públicamente de sus hijas y su marido. Manda un mensaje serio y coherente, pero queda contaminado por poner en evidencia a su propia familia. Supongo que es lo que quieres: buscar la facultad narrativa y construir un personaje concreto más allá de dicho mensaje o reflexión.
    (al final dices ‘harto’ en lugar de ‘harta’, y al principio se te coló una ‘s’ en “tantos hijas como padres”)

    Epílogo me ha gustado mucho. Me ha encantado el juego de bucles y varias de las comparaciones que haces, como el de la residencia o el del ambientador en una cloaca.
    (en relación a los ovnis: en marzo se hace otra cumbre de exopolítica en barcelona)

    el directo de Yorke me ha emocionado.

    saludos

    1. Gracias por las correcciones.
      En cuanto al personaje, está prácticamente en proceso de trauma o pos trauma, después de un intento de suicidio y divorciándose, así que me parecía importante que disparara en todas direcciones.

      En cuanto a a ese tipo de cumbres sobre ovnis, siento una mezcla de diversión y miedo. Pero en general los ovnis y cualquier otro asunto paranormal me llama mucho la atención, al margen de mi propio escepticismo…

      1. sí, bien planteado lo del ataque: situación y personajes (ella y marido) ‘extremos’, reacción ‘extrema’.
        intentando ser crítico, supongo que podría haber disparado también sobre marido e hijas sin manchar tanto, si su marido no fuese un personaje tan extremo -hablando en un nivel más sensorial que evidente-, que igualmente podría haberla conducido al divorcio y a publicar dicha carta, pero quizá sin el intento de suicidio. [vaga opinión personal]

        …mi curiosidad me ha llevado a ver conferencias y charlas, y documentales que no son más que recopilaciones de conferencias y charlas sobre el tema. mi impresión es siempre la misma: pretenden estar destinados a todo el público pero creo solo surten efecto en quienes ya creen o quieren hacerlo; además de que parecen forzar la importancia del tema: he escuchado repetidas veces que “se trata de la verdad más importante de la humanidad”. en cualquier caso, más que revelar algo concreto -más allá de su opinión afirmativa acerca de la visita de extraterrestres- considero que solo aumentan el misticismo. suelen saltar de unos puntos de información a otros prácticamente perdiendo el hilo discursivo.

        es interesante que lleguen a mostrar tal fe sobre su creencia. supongo que en parte es como en tu relato Epílogo, cuando más o menos dices que lo que sientes por una chica puede ser sugestión. he visto imágenes de un exmilitar del ejército americano (de algún departamento al respecto) casi llorando porque está preocupado por las generaciones futuras en cuanto a las fuentes de energía fuera de la tierra (entre otras cosas). este tipo en concreto fue uno de los protagonista de la cumbre anterior.
        a veces me ha apetecido “creer” y darle sentido a lo que leo y escucho, pero nunca he encontrado base suficiente para hacerlo.

  4. Lastima que con la de editores que podían hacer esto no solo con sus textos y publicidad engañosa, si no con las recomendaciones y artículos que venden en esas revistas adolescentes, como que el sexo es algo así o asa, como cuando hacen mención a cuentos idiotas de proclamaciones y consejos rayados en la falsedad y el regocijo de vender mas ejemplares, que dan ideas falsas a las pobres consumidoras, crías que se dejan guiar en la vida por lo que en ese horóscopo o articulo ponga, que si hacen el test de turno y les da como solución que deben hacer cambios en sus vidas, terminan por dejar al novio o al contrario, a ver si empiezan a pagar por sus pecados los responsables de dichas publicaciones del diablo, o esos padres consentidores se dan cuenta que cierto tipo de lectura para sus hijos no es mas que una lobotomía embasada.
    Fantástico y por supuesto una genialidad, directo, justo a la yugular.
    Este tema de Yorke por ser nuevo no lo había escuchado y me ha encantado, y la pin, mucho mas calentita de lo que acostumbras, besos Jordi

  5. A mi también me sentaron frente a la tele y me compraron las revistitas. Ahora pasa que no hay nada que logre llenar el vacío que dejó el hecho de que durante mi infancia (y con la mejor de las intenciones), se hayan ignorado las necesidades básicas de empatía y contención.
    Por eso me parece genial este texto. Hay que replantearse las metas y las formas si es que no queremos seguir engendrando seres necesitados que arrasan con todo buscando Madre.
    Genial, Jordi. Tomo nota 🙂

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