Relato diario (3 de 5) – Miss Diván

Querido diario (…) … la verdad es que estoy a un tris de dejar de escribir gilipolleces aquí. A veces ni yo me creo los discursos adornados que incrusto en estas páginas. Si aún fueras árbol serías más útil de lo que eres. Porque como libreta, al menos en mis manos, no sirves para gran cosa.
La verdad es que he pensado en abrir un blog y usarlo como diario… pero luego se me ha ocurrido que no tiene sentido… Un diario siempre ha servido como modo de masturbación mental, ¿no? ¿Escribir intimidades en un blog no sería como ducharme en un escaparate a la vista de todos o algo así? ¿O como meterme los dedos pudiendo cabalgarme la gran polla?… No sé, cuanto más lo pienso menos sentido le veo. Si la gente se lo contara todo no existirían los diarios personales… Así que, ¿dónde coloca eso a los blogs que se usan como diario? (Aunque quizá sí son un buen reflejo de la actitud acostumbrada de la gente en público, esa cosa a medio camino entre la amabilidad y la hipocresía. O algo así. Ese rollo de “¿No ves que estoy siendo amable contigo?”, esa forma de abrirse a los demás que luego incluye frases como “Ya habéis visto que yo se lo he dicho en la cara…”).
En fin, que lo piense como lo piense, no sabría cómo gestionar un blog de ese tipo. Una cosa es escribir aquí y otra cosa esforzarse por escribir algo que suene creíble a los demás y no haga que se me caiga la cara de vergüenza del todo a mí… (ya sea por mentir o por vender una vida feliz inexistente, etcétera).
Total, que tenía que expresar mis dudas sobre esta forma de llenar el tiempo, porque no sé muy bien adónde me lleva, no sé si es saludable o si sería mejor que me comprara un vibrador y algún lubricante…
Hoy me ha tocado sesión con el psiquiatra otra vez. Eso sí mola cada vez más. En realidad me parece un rito enfermizo, esa clase confianza entre dos desconocidos, y uno que cobra por tenerla… Todo ese rollo cada vez me parece más ambiguo y desconcertante. Pero tiene su punto divertido.
El tipo es maduro, pero se mantiene bien, es algo como un tío moderno; creo que después del trabajo se va a hacer yoga o así; como mínimo va al gimnasio; un día me tocó ir a última hora de la tarde y en su despacho había una mochila de esas muy cucas, de marca. El tipo habla con un tono de seguridad tan brutalmente impostado que te lo puedes imaginar haciendo cualquier cosa con su tiempo libre; desde engañando a su mujer hasta follándose a una cabra o comiéndose la mierda de alguien en una orgía coprofágica. Lo que sea. Representa todo lo que pueda haber justo al otro extremo de conceptos como «natural», «espontáneo», etcétera.
Lo que sí sé es que le va la carne. Hace unas sesiones estoy jugando a la zorrita despreocupada. Es un juego sencillo, pero muy entretenido. Consiste en ponerse cierto tipo de faldas notablemente cortas. A veces, si puedo pasar por casa antes, me calzo un vestido y le digo que luego tengo que ir a vete a saber dónde, y que si no le importa que hagamos la sesión conmigo disfrazada de putón de nochevieja (no se lo digo así, pero ya sabes…).
Entonces el tipo intenta mirarme a los ojos durante la sesión, pero éstos van a su bola, se dan un paseo por mi escote de vez en cuando, y a veces hasta llegan a mis piernas, momento en el que aprovecho para descruzarlas y volverlas a cruzar de un modo descaradamente lento y gratuito.
Esto que no es más que flirteo gamberro para torturar al cerebrito, si mi padre supiera que lo hago no dudaría en dejarme los ojos morados y tirarme en una cuneta. La vida de verdad tiene mucho que ver con ese tipo de acciones.
El cambio hoy es que he visto que al tipo se le ponía dura, una tienda de campaña ha comenzado a crecer en su entrepierna. Él ha querido disimularlo, pero ha sido imposible. Me he sentido orgullosa. Era mi obra, el producto de mis esfuerzos; toda esa sangre acumulada en el capullo de ese mamón con estudios; es probable que él haya conseguido menos con sus años de carrera para con las mentes ajenas, que yo en su despacho con mis trapitos en apenas cinco días. He tardado cinco días en derribar el muro profesional. Pido un gran aplauso para mí. Ha sido una erección brutal. Es merecido. (Creo que cuando acabe dibujaré algunas pollas en el margen para celebrarlo…)
Y ahora toca el siguiente nivel. ¿Cuánto tardará Mister Amabilidad Intelectualoide Occidental en hacer desaparecer de su escritorio la foto de sus dos preciosas hijas?


(…)

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2 comentarios en “Relato diario (3 de 5) – Miss Diván

  1. Uuuufff, hay que ser capulla, si si , capulla, porque sabe perfectamente que lo de la foto lo conseguirá, sabe que después le seguirá el anillo de casado, para después encontrarle con ropa mas de sport e inmadura o juvenil, luego ha volverse loco y quizás le lance un par de indirectas que ella por supuesto no cogera, porque es muy inocente..claro..
    En menos de un mes me la veo espatarrada, con los dedos de el en… y la boca ocupada, diciendo entre respiración y respiración, “esto no es correcto doctor” y agarrando de la cinturilla de su pantalón aún mas fuerte…
    Vale, ya me pase, se que mi imaginación no tiene limites, pero tú has empezado con eso de la coprofagía, uuuaaaggg… que asco, habrá se visto…

    Genial Jordi, hacia mucho que no ponías el punto de vista de la putilla en vez del atormentado del empalmado.

    _Por eso nunca he tenido diario_

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