¡SUFRIR CUAL MAMONAZO!

Una idea. El equipo de rodaje de un lado a otro. Un guionista se pasea fuera de los decorados. Nadie le conoce. Hace unos días tuvo un ataque de ansiedad. Y ahora tiene una idea sobre cómo podría haber hecho que el guión fuera de verdad bueno, y no solo la típica historia con un buen arranque que se va desinflando poco a poco hasta que deja en el publico esa sensación de coito interruptus. Hace paralelismos del proceso de escritura de su guión con la forma en que ha llevado su vida últimamente. Un técnico le pregunta que quién es, que qué hace siempre aquí. El guionista no responde, aunque lo sepa. Normalmente las cosas importantes no se pueden resumir con un par de frases, piensa él, aunque la gente lo haga; algunos son capaces de coger el momento que consideran más importante en su vida y banalizarlo transmitiéndolo en voz alta de forma patética, con discursos entrecortados, eufemismos y gestos de mierda. Hacen eso, le quitan hierro a su propia vida porque creen que eso les da un aura de humildad, y así se sienten abiertos y modernos, y sobre todo libres para hurgar en la vida de los demás.
El guionista está enamorado. Aunque aquí se podría recurrir a muchas otras palabras supone él, pero «enamorado» es una que todo el mundo entiende, aunque sea algo trillada y ambigua y encierre muchas clases de relaciones (algunas sin nada que ver con el amor). Pero lo que el escritor siente es esa clase de calvario genuino que provoca el no poder quitarse a la Persona en cuestión de la cabeza; esos etcéteras: libros y películas y debates y discusiones y gritos y mujeres muertas y depresivos y matrimonios y cuernos…
Dicha persona vaga ahora por el plató. Es una de las maquilladoras. No le mira, y sin embargo antes siempre le buscaba con la mirada. No se acerca a él, y en cambio antes siempre tenía una excusa para venir y darle un golpecito en el hombro. No le habla, y antes cualquier excusa valía para provocar la conversación (aunque hubiera que organizar un brainstorming de silencios para encontrarla). El guionista no se considera muy despierto en estos asuntos, pero tiene una vaga idea de por qué ya no tiene relación alguna con la maquilladora.

Ya es el cuarto mes de rodaje. El director es uno de esos tíos hiperactivos, tiene un carácter extraño, como de mucha seguridad en sí mismo, pero como si en realidad estuviera actuando para que nadie note que en el fondo no es lo que quiere aparentar. Eso hace que el guionista no se sienta cómodo en el trato con él, incluso aunque él siempre se muestre servicial y atento e intente con palabras como «genio» -inyectadas de una supuesta sinceridad- que el guionista confíe.
El guionista tiene motivos para pensar que la maquilladora y el director follan por las noches. Aquí la palabra «follar» es la más adecuada; ya que cuando el guionista llega a casa por las tardes y cena y escribe artículos e intenta solventar compromisos y acabar trabajos, solo puede pensar: «ahora se la estará follando»; y eso hasta que consigue dormirse, y en todas sus distintas permutaciones: «ahora se lo estará follando», «ahora estarán follando», «ahora estarán dándole bien», «ahora follarán», «a estas horas ya habrán follado»…
El guionista ya tuvo un par de enchochamientos destacables en el pasado, pero nunca ha conocido esta clase de sufrimiento emocional tan puro.

Una mujer ha estado intentando llamar su atención últimamente. Él cree que es guapa, es una chica lista y guapa, es simpática, inteligente, y es guapa, indudablemente. Es, de hecho -y eso lo tiene muy claro el guionista- la clase de chica de perfil curvilíneo y llamativo que cualquiera querría llevar un domingo a casa de sus padres; encaja a la perfección en cualquier primera impresión. Es cariñosa y está dispuesta a Escuchar, a Tener paciencia, a Ser discreta para con el guionista. Y además está impresionada, al menos en parte. Lo está porque el guionista publicó una novela corta hace dos años. Tuvo buenas críticas y ventas mediocres. Pero esta chica fue una de las personas que leyó el libro. Para él la muchacha, por tanto, es lo que muchos llamarían “Una presa fácil”. Es, además, esa clase de féminas que le daban casi miedo en el instituto, la clase de curvas y tetas y labios en los que él pensaba de adolescente al masturbarse. En definitiva, la chica tiene un solo defecto destacable de verdad. Pero es el peor defecto que puede tener.

Inicio del rodaje. Todo era un caos. El director aún no tenía perfeccionada una impostura con la que sentirse cómodo. El primer día llevaba una camisa tejana que por la tarde acabó con dos cercos de sudor grotescos en las axilas. Había hecho un par de videoclips, era su primer largometraje. El guionista aún pensaba que su guión valía la pena de verdad. Quizá fuera un poco delirante en su segunda mitad, pero él creía que cierta imperfección podía incluso hacer más grande la historia: algunas de sus películas favoritas eran imperfectas, polémicas, en parte absurdas. Y esta también lo sería.
Los primeros días la maquilladora no le llamó la atención especialmente; sí, era una chica guapa, era femenina y sexual y apetecible, como muchas otras en el rodaje, pero nada más. Era una más, una cara que poco a poco fue recordando mejor, igual que las que deambulaban a diario en plató. No lo recuerda bien, pero fue quizá al sexto o séptimo día cuando ella se le acercó. Se acercó a hablarle. Muy tímida, aunque decidida; roja como un tomate, pero sin tartamudear. Ella también era de las personas que había leído su libro. Dijo que le hubiera saludado el primer día, pero que la perdonara, que no le conocía de cara. El guionista se mostró bastante tranquilo, incluso cuando ella -que tenía el impulso de acercarse mucho para hablar- proyectaba el aliento en su cara, cada minuto que pasaba más relajada y confiada.
Todo iba encajando a la perfección; él sabía hacerla reír, de hecho la había hecho reír tanto que con el tiempo ella ya se reía solo con verle, y siempre tenía una carcajada en la recamara para él. Llegó un punto en que no se trataba tanto de que a ella le hiciera todo gracia como de que quería complacerle. Ella se sentía a gusto con él. Y no tenía ningún problema en verbalizarlo, en decírselo mirándole a los ojos. Ella se acercaba, le cogía por el brazo, se reía, iba a hacer lo suyo y volvía con él. Y él, aunque no fuera necesaria siempre su presencia en el rodaje, cada día volvía por ella. Si algún día faltaba por fuerza mayor, ella se acercaba a él al día siguiente y bromeaba con que la había dejado abandonada el día anterior, con que no lo volviera a hacer. Etcétera. El guionista no sabía entonces que echaría terriblemente de menos esos momentos; que los echaría de menos hasta estar al borde del lloro. Y no lo sabía porque la maquilladora estaba comenzando a darle miedo en cierto modo, le hacía sentir -a un nivel emocional- de la misma forma que las chicas especialmente atrayentes en el instituto a un nivel físico.

Así que pasó un mes. Un mes de cierto flirteo. Ella debía estar medio metida en alguna relación, pensó el guionista, porque a pesar de todo lo cercana y hasta picante que era con él, no fue hasta ya entrado el segundo mes cuando le preguntó si tenía pareja. Volvió a ponerse roja como el primer día. El guionista dijo que no, no la tenía. Entonces la maquilladora comenzó a bromear con que si el guionista era de los que despertaba en habitaciones desconocidas de vez en cuando, o con que si debía tener a unas cuantas chicas rifándoselo; a lo que él contestaba con evasivas disfrazadas de bromas, a las que ella seguía respondiendo con amplias y generosas sonrisas y carcajadas.
Al menos al principio.

El guionista entra en la discoteca tras los demás. Es la oscuridad de siempre, cada palmo relleno de ruido, niñas demasiado pintadas, cubatas de garrafón. La maquilladora baila con el resto del grupo en el centro de la pista, con sus amigas. El DJ tira de bandas pop machaconas, efectistas y vacías. El guionista está cerca del grupo, pero prudentemente observando desde fuera. La maquilladora le mira de vez en cuando, le guiña el ojo, baila sin pudor, está preciosa y está feliz.
Al poco se acerca al guionista y le grita al oído que la acompañe. Le coge de la mano. Le lleva sin pudor hasta los lavabos de mujeres entre todo el gentío. Entran los dos dentro. Ella le rodea con sus brazos y le mete la lengua en la boca. El guionista y la maquilladora se morrean sin importarles el tránsito de chicas y más chicas que entran y salen y se retocan el maquillaje. El guionista casi puede sentir la lengua femenina, baja las manos hasta su culo (el de ella), se lo coge, ella se aprieta más a él, y entonces es cuando él siempre despierta.

Sí, un mes de cierto flirteo. Y sí, luego la maquilladora un día le pregunta si tiene pareja. Y los días siguientes se muestra cada vez más y más “dispuesta”. Pero aun así no acaba de “morder”. De ahí las sospechas del guionista de que quizá ella tenga algún asunto por solucionar en su vida sentimental. Sea como sea, fue en esos días en realidad, ese era el momento cumbre. Ella comienza a tirarle los trastos al guionista. El guionista siempre bromea y comienza a resultar “elegantemente” esquivo. Es como si el guionista quisiera gustar, pero no tanto. Como si quisiera impresionar, pero a la vez mostrándose imposible de “penetrar”. Es como si el guionista quisiera firmarle el lomo del libro que escribió y ella ya pudiera conformarse con eso. En definitiva, el guionista se vio entre la espada y la pared. Vio venir un cambio potencialmente brutal en su vida, de los de casi tener que escribir una notificación a todo el mundo para informar. Esa mujer no era algo pasajero, no tenía pinta de eso; esa mujer parecía decidida a hacer ciertos sacrificios por él, y eso era algo que a él le aterrorizaba aunque no quisiera reconocerlo. Ni tan siquiera estaba seguro de merecerla. Ella era un torbellino, y él solo intentaba pasar desapercibido, y de vez en cuando meterse un chute para el ego escribiendo un guión que pusiese a trabajar a cien personas para hacer la peli; o escribiendo una novela que pusiese patas arriba a quien la leyera. Eso estaba bien para él. Pero lo que representaba la maquilladora, lo que en cierto modo prometía, se le antojaba demasiado intenso, demasiado “grande”. Pero sobre todo, y por decirlo así, demasiado definitivo.

El día que todo se comienza a ir a la mierda -términos en que siempre lo recuerda el guionista-, es como a mediados del segundo mes de rodaje. Los días anteriores ella seguía con él en cada localización, seguía riendo con él y seguía intentándolo con él. Pero como no conseguía que él se abriera del mismo modo, decidió hacer una propuesta de cita más directa. Ella sabía que tenía que dar algunos rodeos, suavizarle al guionista la conversación, hacer que se sintiera cómodo y lo más relajado posible para así ella poder proponer lo que quería proponer.
Estuvo hablándole, muy de cerca, la maquilladora hacía mohínes y su lenguaje corporal era de claro “ataque”. Ella se esforzaba, cosa que, al recordarla un tiempo después el guionista, hace que le dé un vuelco el corazón.
La muchacha entró en materia diciendo que hacía poco había dejado una relación, y que estaba en una época algo turbia; decía que el guionista la había ayudado a sentirse mejor, y que él no sabía lo agradecida que le estaba. El guionista, ante toda esa sinceridad, comenzó a construir un muro invisible entre los dos, un muro impenetrable para la pobre maquilladora. Ella relajó un poco el ambiente diciendo que ahora ya estaba mejor, y que lo peor ya había pasado. Y etcétera. Pero con todo aquel discurso, por más cierto que fuera, lo que el guionista sabía que ella intentaba decir, era: “llevo días tirándote la caña, y no entiendo por qué no te dejas si parece que te gusto…”. Y no era extraño que intentara decir eso, razona ahora el guionista, que además sabe que la maquilladora comenzó a alejarse de él cuando él se sacó evasivas de la manga después de que la chica le insistiera en que esa noche iba a cierta discoteca con unas amigas, y quería que él la acompañara.

Es entonces, justo al día siguiente, cuando él sonríe a la chica y ella sólo deja ir media sonrisa y no habla con él en todo el día y el director comienza a tirarle la caña. Es patético verle soltar chascarrillos. Ver cómo le mira el culo a la maquilladora, cómo se acerca ella y le susurra algo cuando la chica trabaja en la cara de alguien. El guionista no sabe cuántos días pasaron hasta que ese memo se la folló, pero no fueron muchos. Fue justo durante esas horas cuando se dio cuenta de lo que pasaba. Recuerda el momento exacto. Dos días después de que él rechazara la noche discotequera (y por tanto a ella), al verla llegar una mañana para rodar unas escenas en exteriores, ella le saludó como si fueran semidesconocidos, con una sequedad que era como energía nuclear para el alma. Aquello destrozó al guionista, y fue justo entonces cuando se dio cuenta de que estaba enamorado.
No es que antes la muchacha no le gustara, es obvio que le gustaba, hasta se había imaginado casado con ella, o al menos viviendo con ella; pero esas posibilidades eran justo las que le hacían temblar de terror, no se veía preparado para semejante nivel de convivencia. Estaba a gusto solo, picoteando de la vida en todas sus facetas y sin dar explicaciones a nadie. La maquilladora era un tsunami que iba a arrasar con todo su estilo de vida. No era el compromiso lo que le daba miedo, era la idea de que en este caso la posibilidad del compromiso era real, y no solo el comienzo de otra relación “por probar”; esta vez si él decía sí, era como si fuera Jack y estuviera convenciendo a Rose para que no se suicidara; parecía un rollo hasta la muerte, un nivel de apego y un punto de inflexión en su vida que no sabía si podía afrontar con la suficiente calma. Comenzó a tener el sueño recurrente de la discoteca a la que no fue, y por las noches le dejaba “Holas” a la maquilladora por Messenger y Skype y Facebook que quedaban huérfanos, mientras a él le crecía un nudo en la garganta y respiraba hondo y contenía el aire para después expulsarlo y sentir un mínimo de paz cardíaca.
Ahora, el guionista, era el paciente inglés, pero la enfermera se estaba tirando al director de la peli.
Y no es que no hubiera intentado hablar con ella. Incluso un día, después de un impasse de tres días de descanso del rodaje, él se acercó a ella por la mañana e intentó mostrarse amable, pero ella le dio dos besos secos en las mejillas y le respondió “Es que soy mala persona” al comentario “Ya no se te ve el pelo”. Las distintas intentonas por parte del guionista por conseguir volver a hacerla reír, o incluso que ella misma caminara hacia él entre el decorado solo para saludarle -cosa que ahora haría tan feliz al hombre que casi podría romper a llorar- han acabado en respuestas distantes por parte de la muchacha y sus polveras.

Teniendo en cuenta la incompetencia del director, es probable que la película se alargue al menos un mes más. Aun así, el guionista ya se siente estúpido intentando “recuperar” a la maquilladora. Ya no sabe qué más hacer. La ultima vez que habló con ella repitió como diez veces la frase “Me gustaría que me perdonaras si te he molestado en algo”; pero ella no hizo más que decirle que no pasaba nada, que ella no tenía ningún problema con él, y por tanto él no tenía ningún perdón que pedir. No es que la maquilladora estuviera en una torre peinándose la melena y esperando a que la rescataran, es que había erigido un castillo rodeado de un lago con cocodrilos, protegido por un ejercito de tíos con armaduras mientras se follaba a ese memo en alguna habitación enorme de piedra.
¿Todo era así?, ¿había pasado un tren que él no había cogido y ahora solo podía joderse y arar sus tierras viendo el castillo de lejos?, ¿la vida se reducía a frases hechas? Y, en todo caso, ¿hacía falta que ella fuera tan cruel como para follarse al director? (¿que solo parecía poder ofrecer Polla?) El guionista se hacía esas preguntas por la noche en su casa entre permutación y permutación de la frase «Ahora se la estará follando». Se preguntaba cómo podía hablar con ella de modo que ella volviera a su dulzura inicial con él, le daba al coco mientras miraba la pantalla de su ordenador, que nunca parpadeaba por un mensaje nuevo de ella. Estaba comenzando a odiar al resto del mundo por contraste. Odiaba a todos los que le saludaban y querían, y quería a la única persona que no le hacía el más mínimo caso. Todo él estaba lleno de Ella. Cada noche cerraba los ojos y volvía a esa discoteca a la que nunca había ido.
Y al paso de los días se acordó de aquella otra chica; aquella otra chica que estaba interesada por él. Aquella chica que le saludaba a veces algo vergonzosa por Messenger y que tenía el libro del guionista firmado en casa (él mismo le mandó un ejemplar nuevo). Por un momento se animó. Pero luego recordó que la chica tenía ese terrible defecto que la crucificaba para con él.

Un día, uno de los últimos teóricos, el guionista fue al rodaje con ciertos ánimos renovados. Se rodaba en exteriores y hacía una día de sol primaveral. Todo el equipo estaba en mitad de una pradera; algunos ya le conocían y sabían que era el guionista, y le saludaban. De verdad se encontraba bien, ya tenía ganas de ver qué era de su guión, incluso aceptó los auriculares que le ofreció un técnico de sonido que estaba intentando captar el gorjeo seco de algún tipo de mantis religiosa. Se dio cuenta de que ya hacía al menos tres días que no escribía sobre la maquilladora en cierto archivo Word que tituló histéricamente: “¡SUFRIR CUAL MAMONAZO!”, y en el que se desahogaba haciendo crecer una especie de diario del odio (o el amor). Es decir, que se notaba más centrado y menos enneurado. Pero entonces vio aparecer de fondo entre unos árboles al director y a la maquilladora. Iban agarrados de la mano.

Por la noche, el guionista vuelve a las andadas, a los “Holas” digitales huérfanos y a los nudos en la garganta. Pero por la tarde ha llamado a la chica, esa chica que sí se interesa por él. Y ahora cenan. Ella ha aceptado el venir a casa del guionista. Vista de cerca, es un bombón, una de esas chicas que oye frases inconexas y gritos ininteligibles al pasar junto a edificios en obras. Es rubia; en cierto modo, el guionista la ve como justo lo contrario a la maquilladora: su némesis estético. Fantasea con presentarse el último día de rodaje con ella de la mano. Sonriente y acicalado. Quizá la bese delante de todos.
La chica que sí le hace caso se llama Lorena, y se la ve receptiva y dispuesta. Cosa que el guionista enseguida confirma cuando la chica se levanta de la mesa después del postre y se dirije hacia su habitación, hacia su cama. Y se planta en ella. Y se pone a esperar. Y sonríe. Y ella sí le quiere. A ella sí le interesa. Con lo cual, el guionista se levanta de la mesa, y se encamina hacia la cama, y hacia ella. Y justo en ese momento, del ordenador portátil del guionista en el pequeño escritorio junto a la cama, saltan tres sonidos, casi seguidos. Son esos ruidos como infantiles que escupe Skype cuando alguien te manda un mensaje. El guionista no puede evitar la tentación de mirar la pantalla. La chica arruga el ceño ante ese desdén repentino. Los tres mensajes son de la maquilladora. Tres:
1. hola
2. estás?
3. me siento fatal, puedo hablar contigo?
El guionista mira a la chica tumbada boca arriba, y dice:
– Lo siento, pero ¿te puedes ir, por favor?
– ¿Cómo?

[Esta vez, me vais a permitir que le dedique el vídeo a Irene, una de las lectoras del blog, por su fidelidad a pesar de los tochos que publico, y por sus esforzados comentarios (que me hacen mucha ilusión por lo detallados). Es un tema de The Raconteurs (de aquellos espatarrantes), en el que el amigo Jack White se luce (y que sé que provoca todo tipo de sentimientos en la lectora mencionada…). Así que para ti, muchacha 🙂 Abajo, más pin-up.]

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30 comentarios en “¡SUFRIR CUAL MAMONAZO!

  1. “Normalmente las cosas importantes no se pueden resumir con un par de frases,” mi abuelo sí lo hacía; incluso con una.

    “le quitan hierro a su propia vida porque creen que eso les da un aura de humildad, y así se sienten abiertos y modernos, y sobre todo libres para hurgar en la vida de los demás.” Esto lo voy a reflexionar.

    “la maquilladora y el director follan por las noches.” Lo de “por las noches” me ha llamado la atención.

    “¿Todo era así?, ¿había pasado un tren que él no había cogido y ahora solo podía joderse y arar sus tierras viendo el castillo de lejos?” Exacto. Así es. Que se joda el cobarde, memo, poquigüis, blandengue.

    Por favor ¿cuál es el defecto de la pin up esa que está enamorada de él?. Pobre chica por cierto. Qué mal me cae tu protagonista de hoy.

    1. Pues me sabe mal que te caiga mal, porque precisamente buscaba dibujarlo para que no cayera necesariamente en garras de las frases hechas y la “sabiduría popular” de los abuelos. Para mí la vida es bastante más que eso. Pero eso para mí, claro. De hecho creo que aferrarse esa clase de “sabiduría popular” me parece la forma más efectiva de no avanzar. Yo al escribir siempre busco hurgar en otras ideas y términos medios, no en las sobadas de siempre, aunque parece que contigo no consigo hacer reflexionar mucho casi nunca 🙂 Para mí es tan respetable (o no) el personaje protagonista como la maquilladora. Creo que cualquiera puede entender la actitud de ambos, para bien y para mal.
      De hecho acabo el relato con un final abierto, porque de entre todas esas frases hechas de la sabiduría popular, una de tantas que me parece una idiotez, es la que habla de un tren que pasa y no vuelve a pasar (y encima suelen soltar esas máximas los autoproclamados optimistas y vitalistas…).

      1. No me pillas ni de lejos Jordim. Voy a volver a no comentarte porque lo pasas fatal, la verdad. Además, tú a mí tampoco me comentas y hoy, mira, sabiduría popular o no, me ha jodido.
        Pero al menos, aunque sólo sea porque te lo hemos pedido todos: ¿CUÁL ERA EL DEFECTO DE LA CHICA? Y no, no se sobrentiende, con que venga.
        Yo apuesto a que: tenía un abuelo sabio.
        (Por cierto, cómo se nota que tú no conociste a mi abuelo. Yo no hablo de dichos populares ni frases hechas. Hablo de estar toda la peña dándole vueltas a un asunto, como un garbanzo en la boca de un viejo sin dentadura, y en eso, abrir mi abuelo la boca, y no, no salía el garbanzo, salía la conclusión o la solución o la definición de todo el asunto ¿vale?. Babrás tú más de la vida que mi abuelo; vamos. Mi abuelo que vivió 89 años y era labrador. Anda ya, Jordim, que eres muy pequeñito todavía. Yogurcín.
        Y esto: “le quitan hierro a su propia vida porque creen que eso les da un aura de humildad, y así se sienten abiertos y modernos, y sobre todo libres para hurgar en la vida de los demás.” Esto lo voy a reflexionar. ¿Qué?, seguro que soy la única que lo reflexiona. ¡Bah!)

  2. Celos. Malditos celos incongruentes y decapitadores. Es casi un apuñalamiento lo que algunos hombres (y en este caso me refiero al guionista) les gusta hacerse a si mismos, que cuando tienen evidentes pronósticos de éxito en alguna faceta de sus vidas, las desechan por ser demasiado para asimilar. Celos. Son en la mayoría de los casos el detonante para poder cambiar esa falta de compromiso o ese sentimiento de valentía que es necesario para poder hacer que tu vida funcione, aunque con ello (o para ello) haya que dar un giro vertiginoso y brutal, dañino en cierto sentido. Celos. De esto trata (a mi modo de ver) este relato escrito con las tripas y con el corazón encerrado entre espinas alargadas y de punta. Supongo que uno, en la mayoría de las cosas que tiene que verse envuelto en la vida, no sabe o no ve, la repercusión del asunto, hasta que lo pierde y la perspectiva es ya “casi” irremediable. Pero al corazón no se le engaña. A ese cabrón que cuando se llena solo da bombeos erráticos, no se le puede adulterar la verdad. Me alegra que el pobre guionista (que pierde su noche “que prometía” apasionado sexo) se le de una nueva oportunidad. Porque cuando una mujer pide ayuda, debe estar muy necesitada, o al menos, así me ocurre a mí.
    Gracias Jordi, uuff, no se, tengo que dártelas por muchas cosas esta vez, así que haré la lista telegráficamente. (Que ya me paso de comentario hoy) Gracias por el texto magistral, este va directo a la saca, gracias por la foto (vergüenza no, sabes que no tengo) pero me has puesto colorada interiormente, jeje; también por la dedicatoria especial, ya sabes que siempre comento así porque me sale de dentro; y gracias por mi Jack, es cierto, este hombre despierta mis más oscuras pasiones. (He visto el video tres veces y puede que lo repita otras tantas) Besos en la boca, esta vez te los mereces.

  3. “En definitiva, la chica tiene un solo defecto destacable de verdad. Pero es el peor defecto que puede tener.”
    Creo que este es el único punto del texto que no me quedó claro. ¿A que defecto se referiría el guionista? Mmm…….

  4. Salvo la pobre chica del defecto que nunca se menciona, todos son como el perro del hortelano, ni comen ni dejar comer, pero siempre mueven el rabo…..

    Dentro de tus fantasías, a veces me asombra lo mucho que hay de realidad en el comportamiento de los personajes.

  5. El texto genial, como siempre, una cosa curiosa y que me venía venir es que al final no sabemos cual es “el peor defecto que puede tener” a ojos del guionista Lorena. Pero el texto ejemplifica como son las relaciones hoy en día. Alguna vez hemos acudido al ordenador dejando a un lado a la otra persona…
    Un saludo.

  6. No se si me he perdido algo pero me he quedado con las ganas de saber ese terrible defecto de la chica (o era el físco nuse)

    Esto es un claro ejemplo de como meter la pata ( o ser idiota, según se mire) y no morir en el intento, que pasamos todos, ahora si ahora no, mieditis en el cuerpo, por cambios no planificados.
    El muchacho debería follarse a la dispuesta y luego ya que vuelve a la maquilladora, así resarciría el ego XD

    Besos

  7. Gata:

    Hay escritores mucho más crípticos de lo que es este texto, y a mí me encantan, como a mucha otra gente. De todas formas en un comentario ya he mencionado cual es ese defecto. (que por cierto no debería decir nada, la gracia en los textos (sean de quien sean) está muchas veces en esa clase de dudas.

    Y no, yo no conocía a tu abuelo. Pero sinceramente, en este mundo que siempre está patas arriba de una forma u otra, y en que la gente seguimos siendo esencialmente estúpidos y borregos, ya estoy hasta las narices de sabiduría de garbanzo y todo ese rollo de “mi padre dice…” o “mi abuelo decía…” Quizá deberíamos empezar a pensar por nosotros mismos alguna puta vez. Yo al menos lo intento (quizá eso era lo que hacía tu abuelo).

    Y por cierto, tienes la piel muuuy fina. Esto es ficción, puedes leerla perfectamente relajada y sin sobresaltos y reflexionar si hay algo que te haga reflexionar; como con ese dato que dices que te ha hecho pensar, igual con todo lo demás.

  8. ¿Cómo me voy a tomar EL TEXTO como un ataque personal? Ni que me lo escribieses a mí (que ya me gustaría, pero no me conoces); ni que fuese una carta a mi correo.
    El que se toma mis comentarios como algo personal parece que eres tú, y encima no me pillas ni una. Y me pones muy nerviosa.
    Y ya.
    Y, y, y,

  9. No digo yo que yo no tena parte de culpa :), pero tienes que reconocer que tu primer comentario en este post me empujaba a decir algo.
    Pero bueno, ya está, lo que no quiero es que te crispes más de la cuenta cuando vienes al blog…

  10. Por si te sirve de algo (ánimos o algo así, que supongo que no los necesitas):
    Supongo que ya lo sabes por el número de visitas, pero algunos leemos y sólo comentamos de vez en cuando. Personalmente prefiero no hablar si no es para decir algo: pero eso no quiere decir que no te siga leyendo! De hecho los leo toditos 😛

  11. ¿Necesito ánimos? (no lo sé, pero no volveré a repetir Este blog no es lo que se dice un diario; en un relato anterior había un robot que disparaba por la vagina…)

    Gracias por pasar y leer. Sé las visitas que tengo, y no me puedo quejar, pero nunca puedo saber quién lee y quién no (y no sé si quiero…) 🙂

  12. Increible. Ese mamonazo soy yo.

    Jaja, has dejado a mitad – si no todos – en el auditorio con la bendita duda del defecto en la chica; que imagino lo que es pero no tengo la menor idea de como expresarlo. Seguro así se sienten muchos.

    P.D: Ahh!! casi lo olvidaba, tu aclaración en los comentarios es una puñetera adivinanza.

    Un saludo.

  13. Hay escritores que ahogan a sus lectores en datos y descripciones exhaustivas de forma que todo quede escrito y definido, a mi me gusta más la otra opción, dejar las cosas en el aire, que se intuyan o, simplemente, se imaginen 🙂

    Tienes una gran habilidad para describir idiotas encantadores, por cierto.

  14. jaja Después de tu dedicatoria y del comentario de irene ya es difícil ahora esforzarse, todo puede sonar a querer participar en una carrera comentatriz, jaja. Irene se lo merece todo, de todas maneras, pues se esfuerza igual en mi blog a pesar de mis mamarraxadas, jaaj

    En fin, que ahora nos dejas así… Este post un poco folletinesco me recuerda a lo que dice una amiga mía: “Los que me van no me vienen y los que me vienen no me van” y es que es así. Estamos todo el rato detrás de alguien y cuando lo conseguimos ya no nos interesa. Eso si este guionista tiene que espabilar. Sobre todo pq esas chicas rubias y maquilladoras entre un pobre guionista de jersey de pico azul un poco gastado que no puede ofrecer mas que tardes de ordenador y wisky o un director de cine que puede ofrecer un “papelito” lo va a tener siempre crudo, jaajaj Que no se descuide o se queda tb. sin Lorena.

    Bezos a ti y a Irene.

  15. Me ha sorprendido (positivamente) este relato tuyo con relación al resto. Es tan humano que parece que estés describiendo paso por paso una vivencia real.
    El estado de enamoramiento es como una larga enfermedad mental que aunque sea así es necesario pasar alguna vez en la vida.
    Me ha gustado tu personaje.

  16. me gustan los textos que me hacen pensar, comerme la cabeza, buscar, atolondrarme…
    Me gusta que haya cosas en el aire para poder jugar a capturarlas.
    me gustan, en definitiva y mucho, tus textos.
    besotes!!!

  17. es un punto muy común en el inicio de relaciones de pareja, la mujer lo pone a uno en “tratamiento” y para ello si es preciso acostarse con alguien o algunos, lo hacen. al final es cariño: para uno también, quien a sufrido por la idea tonta de la exclusividad en el amor, la monogamia esta, antinatural enseñada por los católicos y todas esas maquinas de tortura instauradas en nuestras mentes. por lo menos yo ya me construí una imagen de Lorena lo suficientemente voluptuosa para olvidar a la maquilladora, que no es que la desprecie al fin se que ella quiere y siempre quiso al guionista. es muy fuerte el final. pero muy lógico.
    yo tambien sentí la duda del defecto de lorena como todo el mundo, creo que ya estamos en proceso de comprender.

  18. Me recuerda a ese punto del amor en el que sabes que estás hasta el cuello, pero igual no te importa nada. A parte, está el hecho de que lo lleguemos a clasificar hasta como “el mejor sentimiento”, eso solo puede hacer que me replantee el criterio con el que fueron clasificadas las demás cosas… Así que termino suponiendo que la pérdida del sentido cuando uno cae enamorado, no existe como tal, ya que éste nunca se tuvo. ¡Estamos todos locos!
    Muy lindo tu relato 🙂
    Un beso!

  19. (estoy de buen humor) me alegra haber leído hasta el final. después de una noche de sentimientos inflados, me encuentro con una sorprendente verdad. eso me deja de cara al futuro más tranquilo, pero ahora no consigo ser espontáneo… sólo se me ocurren frases ‘de abuelo’ : ) como dice juan natural.. el fin, sin fin, por fin, con fin. a todos, gracias!

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