Ciudad Tab

”                                                                                          .” – Jonathan S. Cuthbert

En el coche suena una, vamos a llamarla: “melodía”. Algo de Trent Reznor que hace que el paisaje gris ahí fuera haga juego con los ojos de Iris y yo no esté más que lleno de Iris: mi cuerpo bombea Iris, como y bebo y digiero Iris. Etcétera.

A mi lado está Orfeo. Orfeo bombea, come y bebe Ameba, la chica sentada justo delante, en el asiento del copiloto. Iris conduce. A veces hago como que no busco sus ojos por el espejo retrovisor interior. Cuando me mira, miro por la ventanilla o le digo algo a Orfeo. Orfeo suele mirar el espejo retrovisor derecho, supongo (seguro que) buscando una dosis de escote Amebil. Creo que ella no sabe bien el daño que eso causa, esa forma de enseñar sin enseñar del todo, el modo de mostrar demasiado aun quedándose muy corta.
La mitificación máxima de los pezones femeninos.
Todo ese montón de erecciones brutales desaprovechadas: la ropa interior de Orfeo echada a perder para todo el día.
Mi Iris en cambio ha bajado del cielo en una capsula rosa para volverme idiota y desgraciado y feliz a la vez. Aunque en realidad se crió a dos calles de mi casa, muy lejos de aquí. Iris salió de su capsula, caminó hasta mí un día y me dijo: Se acabó el pensar sólo en ti mismo, imbécil. Aunque en realidad hablamos durante tres horas un día en un bareto en el que nos encontramos por casualidad, y luego yo me hice tres pajas en casa con ella durmiendo en el mismo barrio (por aquel entonces tenía novio, de los viajantes…). Me sopló alguna clase de colonia en la cara, y me dijo que sus zapatos siempre son de cristal y su carroza nunca se convierte en calabaza. O más bien pasaron dos semanas de esa noche del bareto, y me dio una punzada en el estómago al volver a verla; y ahí sigue, clavada. Mi tumor particular salpicado de purpurina. Iris la puta, la pin-up, Iris la princesa, las bodas, los hijos, lo anodinas que son todas las demás… Me duele la cabeza y el estómago por su culpa todo el tiempo. Aparece siempre en medio de una bruma formada por gente tonta y aburrida; el mundo, la vida. Con todo, es más lista que yo y sabe que soy gilipollas. Lo que tengo que descubrir es si eso le importa.

Viajamos hacia la implosión del Teatro Nube. Véase un escenario dedicado sólo a la representación de monólogos y lecturas que acababan en suicidio. Ibas con tu texto o con tu libro de quien fuera, y al final, cuando ya habías leído el fragmento elegido, pues bueno, la mayoría de actores usaban una pistola. Otros se iban por los cerros y preferían desangrarse. (Si había sida: veneno, pastillas…) Parte del publico se iba de las representaciones antes de ese último acto. Por lo demás, los monólogos y lecturas acostumbraban a ser emocionantes e intensos. Dicha modalidad de teatro extremo seguro morirá con el Nube. Lo que nosotros queremos hacer es despedirnos simbólicamente viendo la demolición. Luego yo quizá declararme a Iris. Y Orfeo, bueno, lo suyo con Ameba tiene más que ver -creo- con una cubana o una mamada; no sé si es un sentimiento o algo más parecido a tener muchas ganas de mear.

Miro el espejo retrovisor, Iris me mira; miro hacia el cielo; Orfeo, digo, a todo esto, aún tienes que devolverme el libro de Cuthbert.
Orfeo -inmerso en el mundo de los escotes- dice: ¿Qué?
Es igual…
El libro que le dejé: Ventajas de saber la fecha de tu muerte. Trescientas páginas en blanco (numeradas). Pero un prólogo de veinte escrito por la última novia del autor. Una broma que no para de venderse desde que el mismo falleciera hace la tira por un cáncer de pulmón. Para los muy íntegros, el prólogo se vende aparte por un precio muy inferior, y se ha convertido en texto de culto. La autora de dicho prólogo vive enterrada en leyendas que hablan de desgarros vaginales, orgías maratonianas (en su casa), visitas al hospital con objetos sólo médicamente extraíbles de su ano… Anita M. Gäbel: una mujer que probablemente sea en realidad tan excéntrica como tu vecina, pero que ya es una Historia (del tipo “Elige tu propia aventura”) en sí misma: al fin y al cabo, es la “viuda” de uno de los autores potenciales de la Guía Tab.

La única parada que haremos será para visitar la tumba del escritor. No es que nos pille de camino, pero tanto Orfeo como yo podremos caminar junto a las muchachas sin que Iris conduzca y Ameba note un cosquilleo entre sus tetas. Los detalles aún no mencionados -o tan sólo mencionados de pasada- sobre Iris, son: Siempre viste de tal forma que parece un regalo sin desenvolver. Es ese estilo a lo pin-up. No enseña demasiado, pero lo que se intuye hace que te sientas con fuerzas para criar a tres niños con ella en una casa que no podéis permitiros con vuestros sueldos. La miras y crees que la monogamia la tuvo que inventar alguien que conoció a uno de sus antepasados. Es una sensación particular que no solo tiene que ver con su cuerpo (obviamente, joder); tiene que ver con “algo más”. Pero la gente que intenta hablar sobre eso suele acabar banalizándolo, convirtiéndolo en una postal hortera. No sé si mi colega siente lo mismo por Amebita, pero de ser así, si se compra la Guía Tab su caso puede ser particularmente preocupante. Le he visto destrozar un ordenador con un bate porque no se cargaba cierto video de Youtube que necesitaba enseñarme (un perro “bailando” un cha-cha-chá con su amo).

Más detalles (esto ya no hay quien lo pare): Ahora caminamos entre tumbas. Iris lleva una especie de… ¿kimono? No lo sé, es algo tipo oriental, pero demasiado ceñido para llamarlo kimono. Ni idea, tendría que llamar a alguna amiga para que me orientara. Sea como sea, es de una pieza y se lo cubre todo desde las rodillas hasta el cuello (en esa zona tiene una apertura minúscula trasera de unos dos centímetros). La prenda va abotonada (o “abotonada”) por delante. Podrías verla desde un helicóptero tras haberse caído barranco abajo por un accidente de esquí. Todo son rosas enormes que dan la sensación de abrirse más y más. Distintos tonos de rojo llameante. La espalda es todo cremallera: la línea de meta. Te hace pensar en vaginas y hoteles baratos. Ameba dice que a ella le recuerda a las geishas.
Orfeo camina dos pasos por detrás de Ameba. El culo de Ameba, en el coche no podía verlo. (Tejanos ajustados, suéter verde tipo infarto.) Lo cierto es que Ameba es como la chica Biodramina definitiva. Hay que reconocerlo. Ahora mi colega no hace más que representarnos a todos; lo hace por todos los hombres heterosexuales. Sus ojos son nuestros ojos. Lo que le atrae no es tan superficial como parece; es el motivo por el que estamos todos hoy aquí: lo que compensa la idea absurda de que no, mis padres nunca han follado. Eso es una aberración y no se hable más.
Nos hacemos algunas fotos tontas junto a la tumba de Cuthbert. Su epitafio: “Echadme la culpa a mí.”

De vuelta en el coche, todo sigue más o menos igual. A más señas, Iris es amable conmigo, habla más conmigo que con los demás, es encantadora, jamás ha sido fría ni me ha hecho desplante alguno. Es dulce, mi idea de una chica dulce. Cuando aún escribía un diario, tenía páginas y paginas escritas sobre lo que para mí es una chica dulce. Pero lo cierto es que jamás podré combatir contra el cliché de la chica más bien tontita asociado a eso de «dulce». Hay personas dulces y personas como mucho válidas. Las personas válidas son la mayoría: sufren, intentan salir adelante, son chismosas, hipócritas, egoístas, de buen corazón pero a la vez algo malas (a veces muy malas). Son el motivo por el que el mundo es el que es. Y las personas dulces… no intentaré banalizarlas con una definición pomposa o poética. Sólo diré que la mayoría suelen dominar muy bien el arte de la discreción asociada con los silencios.
No sé si yo encajo en alguno de esos dos grupos. Sé que puedo ser muy gilipollas; pero en realidad eso en este mundo se asociaría más al grupo dulce. No lo sé. Ahora solo puedo pensar en bajar cierta cremallera.

Cuando faltan unos treinta kilómetros, Iris dice que se le cierran los ojos, que si alguien puede coger el coche, por favor. Estoy a punto de presentarme al cargo; pero luego comprendo que existe la posibilidad de tenerla arrimada aquí detrás. Ameba dice que ella tampoco ha dormido mucho hoy. Yo enseguida me apunto al carro de los somnolientos.
Iris para en una zona de servicios. Salimos y aprovechamos para fumar. Ameba camina hacia el edificio-bar/cafetería/lavabos/etcétera; todos se giran a mirarle el culo. Todo está lleno de viajantes. Padres resoplantes, niños ansiosos, madres cansadas. Familias.
Iris fuma delante de mí. Orfeo se aleja, dice que va a mear. Le hablo de lavabos. Dice que no usa servicios públicos. Irís me sonríe. Me quiero casar con ella.

El plan funciona. Se sienta atrás conmigo. La coartada de la amistad. Iris es amiga mía, Ameba es amiga de Iris. Y luego está Orfeo, y esa energía extraña que hay entre él y Ameba. Mucho silencio, dudas. No sabes si es tensión sexual mutua o solo erecciones por parte de uno e indiferencia femenina (si es que tal cosa existe).
Orfeo comienza a rajar sobre una tal Lola. Otro detalle sobre Iris: Suele llevar una libreta y un bolígrafo con ella en el coche. Igual puede escribir cinco páginas seguidas que hacer un dibujo y cerrarla. Orfeo no para de hablar de esa tal Lola; que si le produce migraña, que si la tiene que aguantar en el trabajo… Iris le mira de soslayo, dibuja un corazón en la libreta y me lo enseña. No, le digo con la mirada, esa tal Lola no puede competir con quien yo sé… Ameba dice que no será para tanto. Orfeo dice que está harto. Miro el vestido de Iris, no me importa que me vea mirarlo. Si solo vieras su silueta podría parecerte que está desnuda. Tengo una extraña confianza con ella; muy poco de la timidez galopante de otras veces, otras chicas que llegaron gustarme al modo “apocalíptico” de dudas y decisiones por tomar. Tengo que morderme la lengua para no tocarle una mano o la cara.

Lo que pasa es que ese lugar, el Teatro Nube, antes era llamado Ciudad Tab, aludiendo a esa “guía” sobre el suicidio. Más que un teatro es un almacén en el que había apilados decenas de palés en cierto rincón; éstos, hacían las veces de escenario. Había foros por Internet en los que se informaba sobre nuevas “representaciones” (no siempre eran muy fiables). Éstas solían durar horas. Cada representación significaba al menos unos diez suicidios. La cosa se podía alargar hasta dos días según el texto que eligieran los “interpretes”. La última vez que acudimos, el último tío leyó entera la novela “Un mundo feliz” de Aldous Huxley + corte de venas. El silencio reinaba durante toda la lectura. Se palpaba el respeto por la muerte. O más bien el respeto por la libre elección. Si alguien leía su texto y se echaba atrás, todos le aplaudían. Si alguien soltaba el libro y se pegaba un tiro en la boca, todos le aplaudían. Era una reunión a medio camino entre alcohólicos anónimos y cualquier secta religiosa. Todas las veces que fuimos, sentimos que aquel lugar lleno de armas tenía más sentido evolutivo que una iglesia o un colegio. No podría definir con exactitud el sentimiento que me producía todo aquello; del mismo modo, no sé exactamente por qué Iris ahora hace que el resto de las mujeres me resulten emocionalmente tan atractivas como un semáforo.

Llegamos sin novedad. Aparcamos cerca de la zona. El plan es ver la demolición desde cierta colina. Es la “tribuna”, el mejor lugar posible. No sabemos si habrá más gente, o cuánta gente habrá. Caminamos entre árboles. Es la típica zona de campo más bien apestosa; demasiado cercana a la civilización como para que no encuentres condones usados o alguna jeringuilla. Basura.
De momento no vemos a nadie más. Pisamos ramas secas, nos sentimos bien. Al menos yo tengo buena vibraciones. Iris camina a mi lado.
Iris. Iris. Iris. Tengo que decirle a Iris que ella no es una chica semáforo. Tengo que hacerle entender lo que siento sin asustarla, sin comprometerla, sin que sienta que se acaba de meter en un lío sin comerlo ni beberlo.
Llegamos a la zona “mirador”. Solo hay una muchacha: unos dieciocho años. Está sentada en el suelo. Al menos por aquí arriba no hay nadie más que haya querido despedir al Nube. El Ciudad Tab.
Saludamos discretamente a la muchacha. Ella asiente. Procedemos también a sentarnos en el suelo; lo hacemos bastante cerca de la chica, como en un acto de confraternización involuntario. Ella sonríe un poco. Nos “acomodamos”.
Alguien informó en el foro más fiable sobre todo esto. Fecha y hora de la demolición. Ya podemos ver gente que se mueve por el polígono industrial. Más espectadores; sólo que ahí abajo, deambulando. Nadie sabe bien por qué se derriba el edificio. En esta época pos-Tab, el hecho de que unos cuantos tarados se reunieran para ver a otros tarados suicidarse, ya no era algo tan chocante como antaño. Es lo que algunos llaman: La desnaturalización de la vida. Según muchos tertulianos, ahora el suicidio es una moda. El nuevo peinado. Todos hablan como si antes de publicarse la Guía Tab todo el mundo fuera feliz. Vital. Ya sabes. Inteligente por aguantar bajo cualquier circunstancia. Pero ahora, para muchos, matarse puede ser tan válido como aguantar. La eutanasia entre gente mayor es tan natural como operarse de apendicitis si el dolor te deja doblado. Y no es que todo el mundo se haya vuelto autodestructivo de golpe. Más bien hablamos de cáncer, tumores, la lista clásica de enfermedades terminales. “Le quedan seis meses de vida/Gracias, doctor.” No es que te deje la novia y te tengan que esconder los objetos cortantes. Es solo que un tema más bien tabú ha dejado de serlo para siempre.
Según nuestros relojes quedan dos minutos: la demolición está programada para las diez de la mañana. El almacén (un edificio de ladrillo extensión Carrefour de los grandes + una gran chimenea de unos treinta metros) es la reconversión de una fábrica centenaria en centro logístico de cierta cadena de supermercados. Los camiones acudían a él, los rellenaban de palés llenos de productos, y se dirigían a supermercados de todo el país. Luego el edificio quedó abandonado. Luego vacío y triste; sucio, desangelado. Y finalmente algún grupo de impulsivos suicidas se coló en modo ocupa y comenzaron las representaciones. Si alguien muy sensible se dio cuenta, nunca alertó a las autoridades. Si se alertó a las autoridades, éstas nunca hicieron nada (al menos hasta ahora). Cinco años de representaciones.
Ya son las diez. Diez y dos.

No pasa nada.

Y de repente, ocurre:
Se oye una explosión. La chimenea tiembla. Todo se para. Unos chorros de polvo bajan por ella. Como lágrimas. Iris me da un codazo, me enseña su libreta, ha escrito en ella: novia abandonada en el altar. Otro detalle sobre Iris: Brutal rapidez en asociación de ideas. Te mira y la entiendes.
La segunda explosión derriba la chimenea, y enseguida se viene todo abajo. El Nube implosiona. El fin de Ciudad Tab.
Todo se hunde en el clásico mar de polvo que todos hemos visto por la tele. Éste sube hacia el cielo. Todos miramos, atónitos, como si no lo esperáramos. Luego, oigo un chasquido metálico. Y un ruido atronador.
Nos levantamos sobresaltados. La chica que había a nuestro lado se ha disparado en la boca. Además, no parece haberlo hecho muy bien. Tiene temblores. Esputa sangre. Nos quedamos mirándola, atontados. Por fin deja de moverse.
Orfeo procede a tomarle el pulso. Miro a Iris, Iris estaba muy cerca de ella. Tiene toda la cara salpicada de sangre. Parte de su vestido. Su brazo derecho. Rompe a llorar por el susto (y por las posibles consecuencias de lo que ha pasado: rápida asociación de ideas); dice que le ha entrado sangre en un ojo. Ameba la abraza desde detrás, le susurra, la intenta calmar. Le digo a Iris que no se preocupe, saco un kleenex. Intento limpiarle la cara lo mejor que sé. El rabillo del ojo. Llora aún más fuerte, intenta decir algo señalando la escena de Orfeo buscándole el pulso al cuerpo. Le susurro una y otra vez que no se preocupe, que era muy joven. Es poco probable que tuviese algo contagioso a su edad; eso le digo. Orfeo dice que la chica está muerta. Sopeso la cara de Iris, ella intenta controlarse. Sigo limpiándola, estoy a punto de llorar. Digo:
– Que se joda.

[Relato larguete y cabrón (que ya tocaba). El video es un trailer que, sencillamente, mola. Abajo + pin-up]

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21 comentarios en “Ciudad Tab

  1. Impresionante. No me sale otra palabra :). Una verdadera joya para aquellos que venimos creciendo con la Guía Tab. Y de largo nada, que cuando vas por el final, no quieres que se acabe.

    Sólo en esta parte me ha parecido que faltaba algo “Luego yo quizá declararme a Iris.” por lo demás, y obviando claro que tengo unas ganas de preguntar el porqué de EL Ciudad Tab y no LA. (Bueeno, ya lo hice…) :P, este texto va a la colección de favoritos.

    Un saludo.

      1. Ajá, eso era. Por extensión, entonces, es El (teatro) Nube. xD. Menos dudas me quedan.

        Gracias por la aclaración.

        P.D: Se han armado un ping-pong de respuestas sobre el aborto y la eutanasia muy serio e interesante de leer ¿he?. 🙂

        Saludos.

  2. Siempre me ha parecido curiosa la clasificación que, vamos a decir la mayoría de los hombres para no ofender a nadie, haceis de las mujeres, las hay para casarse y las hay para pasar el rato. Me encanta la simpleza del asuntos, nosotras tendríamos una clasificación llena de matices y casilleros. Podría haber más de cien tipos de hombres.

    La prenda que lleva Iris, si he cogido bien la idea, se llama “qipao”. Es de procedencia china.

    Me gusta que la eutanasia sea legal, no entiendo muy bien porque en este mundo el aborto es algo natural y la eutanasia no, podemos quitar el derecho a la vida, pero no a una vida digna.

    Y podría seguir comentando pero no quiero aburrir, hoy tiene mucho jugo el texto, me ha gustado.

    1. Yo sí estoy a favor del aborto (por desagradable que sea), no se puede obligar a nadie a ser madre, igual que no se la puede obligar a abortar obviamente. Para mí un feto es un feto, siempre será más importante la mujer y las personitas que caminan y sufren. 🙂

  3. “Me gusta que la eutanasia sea legal, no entiendo muy bien porque en este mundo el aborto es algo natural y la eutanasia no, podemos quitar el derecho a la vida, pero no a una vida digna. ”

    Obviamente quería decir a una muerte digna. Problemas del directo.

    Un besito

  4. Yo no me posiciono a favor o en contra del aborto. Podría crear un gran debate al respecto y no estoy en mi casa, no sería educado por mi parte. Pero me parece que con la misma moral que consentimos que ese “feto” no viva, deberíamos consentir que una persona que ya ha vivido y probablemente está cansada de hacerlo, muera dignamente.

    1. Realmente no es un tema con el que haya que estar a favor o en contra; a nadie le resulta agradable el aborto de un feto. Solo es un tema que hay que saber ENTENDER.
      Y con la eutanasia pasa exactamente lo mismo; hay que saberse poner en el lugar de las personas, nada más.

      🙂

    1. No es complicado, lo que pasa es que la gente tiende a ir sobrada de moral e ideales (más bien poco reflexionados).
      Es sencillo.
      Tienes 16 años, te quedas embarazada, no querías, no estás (obviamente) preparada. ¿Quieres poder tener el derecho de abortar por mal que te sepa?
      O.
      Tienes setenta años. Estás postrado en una cama, paralítico, solo puedes mover la cabeza, ¿Quieres poder tener el derecho de morir de la forma menos dolorosa posible?

      Dudo mucho que nadie, ya metido en “harina”, se negara esos derechos a sí mismo. Eso sí, impartir moral a los demás, de eso van sobrados…

  5. Además del tema moral, no entiendo como gente que nos roba a manos llenas, que permite que nos envenenemos con lo que comemos, que mienten acerca del origen de ciertas enfermedades, como el cáncer, nos hablen del respeto a la vida, el respeto a la vida está muy bien, es muy loable. Pero nadie entiende el respeto por la muerte, creo que se debe al miedo.

    1. Antes me creía todo el rollo ese de “no puedes quejarte si no votas”. Ahora sé que puedo quejarme, porque siempre que he votado me he sentido como un imbécil. Democracia sí. Pero yo jamás he visto a nadie en el poder del que me fíe lo más mínimo; cuando les oigo hablar es como si fueran de otro planeta.

  6. Casi se me olvida lo que iba a decir (seguro que sumanente prescindible) al leer vuestro debate sobre el aborto y la eutanasia…me gustó tu entrada, larga, pero muy entretenida y como siempre plena de imágenes, y de final poco previsible.

    Un saludo

  7. “mi cuerpo bombea Iris, como y bebo y digiero Iris”
    Si un hombre, alguna vez, llega a decirme algo como esto…soy suya. Completamente. Qué frase.

    El texto me ha encantado, tienes el don de terminar todos tus relatos de forma perfecta… me he vuelto una yonki absoluta de tu blog! (ya lo fui en tiempos…ahora solo retomo la adicción…)

    😉

  8. “Tengo que morderme la lengua para no tocarle una mano o la cara” Conozco esa sensación, la de querer decir, hacer, transmitir, dar, ofrecer….tantas y tantas cosas a esa persona que casi te roza, que esta ahí, a tu lado, que tienes que sufrir un horror para no tocarle y saber que esta verdaderamente ahí, que tus funciones motoras se mantengan a raya, no juntar tus labios con los suyos que parecen gritarte que lo hagas….. Me encantó pasear con ellos en ese viaje apocalíptico, esa excursión hacia el fin de un lugar increíble y como siempre genial que tu mente creó. La última actuación a manos de esa chica del disparo ha sido toda una sorpresa. Y el amor que tiene nuestro protagonista por Iris es sencillamente perfecto. Debería cogerle prestada esa libreta y dibujar un corazón con sus nombres, si, lo se, infantil, pero estoy segura de que Iris lo tomaría como el buen inicio de una relación con él, además de una fantástica anécdota para contar a los nietos… jejeje Podría estar comentándote el texto hasta que mi comentario fuese igual de extenso, jeje, por eso lo dejo aquí, eres increíble Jordi. Por cierto el video que has puesto hoy es acojonante, como el hombre ha ganado terreno y al tiempo lo ha perdido en este mundo, en su conquista, en la familiaridad con esta tierra, muy bueno, que joyitas que nos encuentras. Otro día me incorporó al debate de la eutanasia y el aborto. Besos.

  9. Qué buena frase la del -eternamente googleado- Jonathan S. Cuthbert.
    Me gusta como por un lado se relata el contexto del personaje y al mismo tiempo cómo vive a Iris. De tan gilipollas resulta tierno.
    Tus textos tienen una fuerza extraña que te va llevando, siempre resulta en vano agarrarse de la silla.
    Gracias, Jordi 🙂
    Un beso!

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