Noelia

Noelia está en camiseta y bragas, y trastea en su ordenador. Dice: Las vacas vuelan y esta aún no se ha dado cuenta de que llega un tornado…
Estoy en su habitación, sentado en su cama. Todo huele a chica de veintitantos. Todo lo que me rodea es como un peluche sonriente que parece demasiado sarcástico para ser un peluche. Hay un poster de Posesión infernal. La pantalla del ordenador dice: «… este libro es gordito, tiene trescientas veinticuatro páginas, pero me lo han recomendado…». Noelia me mira y sonríe, y me pregunta si hoy me gustan sus bragas. Me cuesta más bromear con ella en persona que chateando. Asiento, enérgico, le digo que me gustan, sí, que están muy bien. No se me ocurre nada ingenioso que decir. Me pide que tenga paciencia, que enseguida se viste y salimos, y que no me preocupe por su padre. Noelia no me ha presentado como: «mi novio», sólo ha dicho: «un amigo». Pero su padre me ha mirado tal y como yo miraría al idiota con suerte que está teniendo sexo con mi niña de veintidós años. Nos hemos dado la mano, sin recrearnos. Su madre ha sido más amable. Escrutadora, pero amable.
La pantalla del ordenador dice: «… firmado por el autor…». Noelia ahora va con prendas de un lado a otro, aún en bragas. Quien habla desde la pantalla del ordenador es Laura, la hermana, desde su videoblog. Laura, me cuenta, hace cinco años que se independizó, dos desde que se casó. Treinta y tres años. Aún lee novela romántica y su idea sobre la música sigue siendo El canto del loco. Mi madre la adora, murmura, es como la típica ojiplática-por-todo, esas tías a las que todo les gusta y fascina. Es una mentirosa compulsiva, me asegura. No hay nadie tan feliz, dice, es imposible; y tendrías que ver a su marido, un tipo rechoncho y bajito que parece estar siempre preguntándose dónde está, con quién y por qué. No le culpo, pasar más de dos horas con mi hermana te hace pensar en esvásticas.
Le digo que a qué venía lo de las vacas. Ooh, vocifera, corre un rumor sobre él, el marido, dicen que ha conocido a otra y que se están viendo hace mucho; bueno, ya es algo más que un rumor. No es de extrañar, argumenta, mucha gente debe casarse cuando creen que ha llegado el momento; no es tan importante si quieres de verdad a tu pareja como el hecho de casarse…; eso es lo que hizo mi hermana con este tío, y parece obvio que él hizo lo mismo con ella…
Pero ahora él sale con alguien de quien está enamorado de verdad, dice.
«El siguiente libro es de Amelia Smith…», indica Laura, mostrando la cubierta a cámara, «… es una de mis actuales lecturas… va sobre un chico que descubre que su novia es el anticristo y que sólo puede verla él… de momento me está gustando pero…». Noelia mira hacia la pantalla y me cuenta que es una especie de secta, como una secta de treintañeras que sólo leen libros con cubiertas llamativas, enormes, con letra enorme, todo carcasa… Es extrañamente adictivo oír a pavas hablar sobre literatura basura, susurra sonriendo.

Cenamos en un chino. Ella es metódica y educada, pero no hasta el punto de resultar irritante. Tiene esa textura y redondeces y suavidad de la juventud Bollycao; aún no se ha obsesionado por marcar pómulos o buscarse arrugas en el espejo. Cuanto más la palpas y besas y chupas, más necesitas palparla y besarla y chuparla. Estrujarla.
Es de verborrea fácil, pero suele hablar alto y claro porque raramente se pone a destripar a nadie que no sea su hermana. Se mueve enérgicamente encima de ti con tu pene dentro, el sexo para ella es algo que hay que exprimir de verdad (palabras textuales). Nunca te has preocupado de buscar papel higiénico con sabor a vainilla hasta que una chica decide que también te quiere lamer el ano.
Ahora come con fruición; más o menos lo hace todo igual, hasta el final, sin avergonzarse. Cambia de tema sin previo aviso. Su preocupación actual -lo cual me sorprende- tiene que ver con sus tetas, siempre saca el tema. Sus tetas están bien, le digo, el tamaño no importa tanto, le digo, sus tetas son bonitas. Ya, murmura, pero cualquier día de estos saldrás por ahí en busca de alguien que pueda hacerte una cubana.
Durante los postres me dice que Laura quiere comprar un perrito. Ya sabes, dice, muchas parejas que hacen planes para tener hijos necesitan mientras tanto tener algún gato o perro por casa. Algún bicho adorable al que fotografiar y con el que hablar haciendo cucamonas. Necesitan demostrarte que profesan un gran amor hacia su mascota; que, aunque aún no haya un par de críos por el piso, ya son una familia. Creo que es un rollo muy sórdido en realidad, masculla. Como cuando tienen una gran pecera, un adorno al que le tienen que cambiar el agua y echarle de comer… Seguro que, igual de jóvenes y estando solos, no se comprarían ningún bicho por adorable que fuera en el escaparate; al menos los tíos seguro que no.
No soporto que la gente que use a los animales con propósitos de estatus y estilo personal, murmura.

En especial el gatito doméstico, es, a menudo, el hijo moderno provisional, y suele ser idea de la chica (en supuesto acuerdo con la pareja); es, muy probablemente, una muestra de la teórica liberación sexual -y de todo tipo- de la mujer. Aunque aún oyes a chicas decir que si tienen un hijo no quieren tenerlo demasiado mayores, luego cuando ven que los treinta llegan a toda leche, al independizarse con el tipo majo de turno, prefieren agenciarse un gato. Aun así, hablan de lo jóvenes que las tuvieron a ellas sus propias madres, sin tener en cuenta que los tiempos ya son otros. Lo cierto es que yacemos bajo la sombra de un enorme reloj biológico. Lo que muchas parejas deben pensar es: “Si hemos luchado tanto por ser iguales que nuestros padres, también deberíamos tener un hijo, ¿no?”. Parece que, en muchos aspectos, lo que hace que la especie humana se reproduzca, es lo que nos frena para evolucionar. Tan complejo es el tema, que muchos lo quieren atajar con el autoengaño de que ellos seguirán haciendo las mismas cosas cuando tengan descendencia. Es sabido que en muchos casos, dice Noelia, los hijos se encargan para intentar llenar un vacío en la pareja; llegan por lo mismo por lo que Laura quiere comprar ahora un perrito.
Pero ni los animales están para que los abandones cuando te vayas de vacaciones, ni los niños son niños para siempre. La pregunta no es: ¿Te gustan los niños?; la pregunta es: ¿Quieres traer a un ser humano al mundo? La cuestión es que mucha gente debería entender la realidad de que… que no sean exactamente felices casi nunca, no está directamente relacionado con el hecho de no tener hijos (o mascotas). Si tu vida no te llena, eso seguro que obedece a cuestiones mucho más profundas, mierdas que no se van a solucionar necesariamente dejando de tomar anticonceptivos o gastando más dinero.

Tú vas por ahí diciendo sin parar «Carpe diem», y cuando te das cuenta te pasa lo que le está pasando a mi padre; de repente tu niña, la pequeña, ya se recorta el vello púbico y folla con los mismo niñatos que hacen botellones y te rayaron una vez el coche. No me malinterpretes, dice Noelia, pero es lo que él cree, y de todas formas la parte de verdad que tiene eso ya hace que se le revuelvan las tripas. Con mi hermana es distinto, asegura, ella se ha casado con un tío que parece incapaz de hacer nada más que respirar; seguramente sea de los que se violenta si empiezas a chupársela. ¿Has visto alguna vez uno de esos álbumes de fotos de boda en los que el novio suda sin parar por la frente y tiene los mofletes sonrosados?
Después de la cena, paseamos por callejones que parecen idóneos para que nos atraquen. A Noelia le gusta cogerme de la mano. A simple vista parece solo otra chica de diseño, adicta a las compras, con gustos previamente planeados para ella en despachos, aficiones impuestas y obsesiones de marca. Su sonrisa no denota ningún deje cínico. Su forma de vestir no es particularmente llamativa, abundan los tejanos y los sueters anchos, algún hombro al aire, una sola pulsera en la muñeca izquierda, ningún anillo, nada en el cuello. Uñas recortadas. Muy escasas veces, zapatos de tacón. Maquillaje escaso. Y cuando no se pone lentillas, unas enormes gafas de pasta que le otorgan un aspecto de niña empollona de lo más tierno. Puedes abrazarla sin que de repente el mundo tintinee o cruja. Con todo, se ve lo que claramente es: Una chica joven. Una muchacha que además demuestra a cada minuto lo muy lerdas que pueden ser muchas otras. Cuando dicen que lo importante está en el interior, en realidad eso requiere un matiz; más bien hay gente que tiene algún interior, y otros cuya forma de pensar y ver la vida, está construida por completo con material ajeno. Es como si alquilaran constantemente su cerebro a los demás, como si dijeran: “Adelante, en mi cabeza podéis meter lo que queráis y yo actuaré en consecuencia”.
Caseros de su propia supervivencia patrocinada.
Noelia colecciona frases recurrentes. Las apunta en un diario que además me deja leer cuando lo lleva en el bolso. La frase recurrente número uno, utilizada en toda clase de contextos y situaciones es: “No tengo tiempo”.
Ésa es la respuesta por excelencia. La respuesta a cientos de preguntas. La respuesta socorrida que se lleva la palma.
¿Te gusta leer?
Es la respuesta a tu pregunta, hagas la que hagas, sobre todo si la misma conlleva más conversación o da pie a otras preguntas.
¿Quieres venir el sábado a patatín patatán?
Hazlo, dilo, la respuesta te salvará, demostrará que eres responsable.
¿Has visto la última peli de Fulanito?
¿Cómo podrías haberla visto?, eres un tipo ocupado, tienes cosas que hacer, así que dilo, suéltalo.
¿Sales a correr?
Por Dios, ¿quién tiene tiempo de hacer algo que no le apetece hacer? ¿Leer?, ¿Ir a patatín patatán el sábado? ¿Ver la peli de turno? ¿Correr? No conoces mi vida, tío, sostengo tantas pelotas en el aire, estoy demasiado ocupado estando ocupado, forjo mi futuro, sigo haciéndolo, mi interminable futuro; ya alimentaron mi cerebro cuando estuve también ocupado estudiando la carrera. Soy ocupación. No puedo detenerme por tonterías; tengo tanto que hacer y recortar y pulir y viajar… Tío. En serio. De verdad. ¿Por qué no eres como yo?

Todo ese esfuerzo trascendente y oficial, dice Noelia mientras caminamos por el callejón más oscuro que he visto en mi vida; jamás recuerdo haber pasado por aquí. Todos esos mecanismos de autorrealización, y sin embargo luego a todos les cae mejor el Joker que Batman…
Las fantasías sobre el Apocalipsis, dice, ¿a alguien no le va el Apocalipsis? Ya no veo nada en esta calle. Sujeto con fuerza la mano de Noelia. Es divertido ver a alguien hundirse en arenas movedizas en una peli, me dice; yo soy de las que quiere ver una ola gigante tragándose la ciudad. ¿Dónde estamos?, le pregunto. Más bien deberías preguntarme quién soy, murmura, o aún mejor: quién es mi padre. Nos detenemos y me abraza, me coge las manos y se las lleva al culo. Por debajo de las bragas, dice, las quiero por debajo de las bragas. No veo nada, digo, nada de nada. Eso es lo bueno, murmura, ahora me gustaría oír los pasos de alguien; o mejor, un gorjeo, ladridos, una voz ronca… Aquí nos van a atracar, o algo peor, susurro. Sé que prefieres una habitación anónima y con luz eléctrica, asegura sonriendo. ¿Que querías decir con que es mejor que pregunte quién eres? En Matrix, susurra, en Matrix la última ciudad humana estaba cerca del centro de la Tierra, donde aún hacía calor.
No podéis estudiar ni calcular la maldad para poder contrarrestarla, susurra. ¿Cómo? ¿No podemos? ¿Quiénes? Tienes razón, dice, es mejor olvidarlo. Olvidar el qué, susurro. Calla, masculla, qué más da, vamos a un hotel barato a follar…: todo el mundo saca tiempo para follar.

[Arriba, video de frutas. Abajo más desnudo. AQUÍ, blog del que me encanta cuando veo una actualización.]

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12 comentarios en “Noelia

  1. le escena del álbum de bodas casi me ha hecho dejar de leer…

    demasiados recuerdos, demasiadas vidas que sabemos vacías pero intentamos llenar con lo que sea, y cuando todo falla tenemos las mascotas o los hijos para poder culparlos de nuestros fracasos.

    carpe diem.

  2. Pues como me gusta esta relación que tienen los protagonistas, tanto física como sicológica, él esta un poco acojonado al final con eso de ir por callejones oscuros, y tiene razón, que no hay que tentar a la suerte de pasar sin percances sobre ciertos escenarios y demás, pero a ella se la ve muy segura, y además, muy segura en muchos aspectos de la vida. Todos siempre podemos sacar tiempo para hacer lo que realmente queremos, todos podemos quitarnos de cosas secundarias para cumplir nuestros deseos más accesibles. Los otros deseos, los complicados y lejanos, quizás solo haya que tener un poco de paciencia, quien lo sabe?
    Muy buen relato como siempre Jordi, un beso de lunes, intenso y lleno de sabor, ponle tu el gusto 😉

  3. Me encanta esa habitación con olor a veinteañera. Así casi le perdono el Canto del loco pero que no lo ponga si follamos, no soporto la voz de ese tipo. Este relato que también y puestos a oler, huele a muy auténtico(en su fondo, digo) me recuerda que siq uiero una Valerie como la de “Plataforma” de Houellebecq solo la encontraría entre una chica de esa edad. Impresionante el relato, por cierto.

  4. He disfrutado muxo leyendo tu post, me ha dado penita por Noelia..no se…voy a seguir leyendo por aquí, besos Su

    Pd: en el anterior no salió el link de mi sitio sorry 🙂

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