Terapia anal

Jamás siento tanto dolor como con eso, dice Esmeralda (Esme, 23 años), en serio, ese rollo es enfermizo, ¿por qué nadie lo ve? Para mí ya es lo más natural que hay, dice Alicia (Ali o Alicia, 25 años), simplemente te relajas, y con el tiempo te acaba gustando…; perdona que te lo diga, Esme, pero creo que lo que te pasa es que no tienes fuerza de voluntad, cariño. Ya, murmura Esme, lo que pasa es que tú no tienes que lidiar con la polla de ese animal… Es una cuestión de diámetro, digo, lo mismo que nos provoca orgasmos al uso es lo que hace que nos duela cuando nos la meten las primeras veces por… ya sabéis. Creo que para que esto funcione, dice Alicia, deberíamos ser sinceras y medir los miembros con los que lidiamos… todo… longitud y diámetro; así sabremos de qué habla cada una.
Yo soy Yo (Yo, 24 años). Esto no es “oficial”, es el grupo de apoyo anal semanal. Solo somos tres. Esme y yo no nos adaptamos aún a los nuevos tiempos, pero al menos lo intentamos. Alicia antes no, pero ahora dice que ya no se acuesta en la misma cama que su novio si en algún momento él no está dispuesto a trabajarle todos los orificios.
Les cuento que mi bisabuela murió hace diez años. Mi bisabuela decía que en su época no había muchas chicas que se dejaran hacer eso. Era algo que se reducía más bien al cine porno. Eran una generación salida de cierta revolución sexual a nivel europeo. Empezaba a darles menos vergüenza reconocerse sexualmente activas, quizá incluso podían practicar algún oral de vez en cuando, pero nada de dejarse dar por el culo… Eso, decía mi bisabuela, era un tema más bien tabú; obviamente a todos los chicos les apetecía, pero es probable que jamás surgiera el tema en pareja, y si lo hacía quedaba claro que la chica no estaba dispuesta a pasar por ahí. Al menos la gran mayoría de chicas. Obviamente a ella todo ese rollo le parecía repugnante, aunque bueno, a mi bisabuela todo le parecía repugnante; la homosexualidad, las demás razas, la viagra, el ateísmo, las demás mujeres… Para ella todo era inmoral. El coño servía para parir y de vez en cuando hacer que tu marido se callara, y el ano… bueno, el ano tenía una labor meramente digestiva, para ella que un tío quisiera meterterla por ahí era como querer metertela por el ojo. Cabe decir que siempre sospeché que la mujer jamás debió tener un orgasmo de verdad.
Me da mucha pena tu bisabuela, dice Alicia. A mí no, pienso, era de esa clase de personas llenas de mierda y con derecho a voto. Esme dice que en la nochevieja del 2083, cuando ella tenía dieciocho años, un tío quiso llevársela a casa. Ella sabía que si se iba con él y ponía pegas con el anal lo más probable era que no volviera a verle. El problema era que el tío le gustaba. Ahora sé que era un gilipollas, pero entonces lo que hice fue prácticamente violarle, dice; tomé las riendas, y cuando él ya gesticulaba para pillarme el culo, se la chupé hasta que explotó. Estuvimos cinco semanas juntos, asegura. De aquella época, susurra, tengo una habilidad para chuparla que me dan ganas de grabarme y compartirlo con el mundo, os lo juro. Esme dice que al final el tío se cansó y dejó de presentarse a las citas. Borró a Esme de los quince o veinte chats y servicios de mensajería y etcétera en los que podía localizarle. Pero por suerte para entonces él ya no me gustaba como al principio, añade.
¿Os sabéis esa leyenda urbana sobre la panadera que nunca la chupa?, dice Alicia.

A más sesiones llevamos menos definidas están la reuniones. Últimamente nos las pasamos hablando sobre la “Pareja recién instalada”. La Pareja recién instalada está formada por unos amigos comunes. Ella tiene 24 años y él 27. Se dice que ella aceptaba independizarse con él si él prometía no intentar nunca con ella el sexo anal. Él estaba tan enamorado, dice Alicia, que acabó aceptando. Los rumores dicen que el chaval tiene un ano amante. Que queda con una puta sólo para aliviar sus necesidades anales. Todo lo demás va bien en la convivencia; ambos tienen trabajo y se quieren de esa forma en que la otra persona es como una extremidad tuya y demás. Casi te los imaginas agotando la esperanza de vida juntos. Enterrados para siempre ataúd con ataúd. Esa chica es cruel, dice Alicia. No estoy de acuerdo, dice Esme, hoy por hoy yo no podría casarme con nadie, por ejemplo. Lo tuyo solo es un problema de no-dilatación personal, dice Alicia; es un rollo mental, te cierras de mente y se cierra todo lo demás. Pasa en todas las facetas de la vida, dice, no se trata solo de impedir que la polla de turno entre, además dejas de absorber conocimientos; dentro de muchos años seguro que habrá una leyenda urbana sobre alguna panadera que se niega a practicar sexo anal. Ése es el problema, digo yo, que ya casi es imposible creer que haya chicas que se niegan a practicarlo.
La pareja recién instalada se instaló recientemente en un piso al uso. Ochenta metros o algo así. Todo tal y como lo esperas; la cocina (una cocina), el salón (un salón con su sillón y la tele plana y demás), las habitaciones (habitaciones… cama de matrimonio…). Todo tan práctico como aburrido si no es tu piso y aun así tienen la necesidad de enseñártelo. Se dice que esto lo suelen hacer las parejas recién instaladas porque les ha costado mucho esfuerzo conseguirlo. Alicia dijo un día: A mí también me cuesta la tira madrugar cada mañana, y no invito a nadie a verlo: no tiene puta gracia… Todos hemos pasado por ello más de una vez, y la “Pareja recién instalada” ha estado dando la vara recientemente. Te ves ahí asintiendo mientras ves una lavadora, una pila o un balcón pequeño; abres los ojos como platos viendo una cama de matrimonio; ¡el sillón es extensible!, y cómodo, no te creas. Los cuadros que han puesto también son fascinantes, todo es sencillo pero acogedor; el piso también está bien ventilado por supuesto… Haces el papel. Pero con la “Pareja recién instalada” sólo puedes pensar en que el culo de ella está cerrado por principios.
Para un tío debe ser como lamer una teta que no tiene pezón, dijo una vez Esme.
Un piso cuco en pareja, sin pezones.

Un día Alicia va y llama al cincuenta por ciento femenino de la “Pareja recién instalada”. La llama y la trae engañada a nuestra reunión anal semanal. Viernes por la tarde. Estamos donde siempre, el sótano minúsculo de la casa de los padres de Esme; y Alicia se ha presentado con Olga del brazo. Olga y su culo con ideología física, o hasta política, o feminista, no lo sé… ¿Un culo de dirección única sería un culo de derechas?, ¿o todo lo contrario?, ¿un culo que reclama sus derechos de culo meramente funcional para una necesidad básica podría hasta ser un culo sindicalista…?, ¿la clase de culos que están en contra del sexo anal serían la clase de culos que se manifestarían ante una clínica abortiva? No paro de pensar en todo ello mientras Olga nos da dos besos a todas, y capta cada detalle del sótano con su mirada verde, con su cabeza pelirroja y quizá análmente cornuda.
Olga pregunta luego que por qué estamos sentadas en sillas y formando un círculo. Alicia sonríe. No te preocupes, dice, es un rollo de chicas, venimos aquí a veces, echamos el rato… Sí, dice Esme, no somos una secta, no te preocupes… Olga me mira a mí. Sonrío sin decir nada y miro a Alicia, casi formando con los labios la palabra «ayuda». Bueeeeno, dice Alicia, pues ya estamos aquí. ¿Cómo te va la vida de… en pareja, Olga?, pregunta. Me sudan las manos. Esme me mira y mira a Olga, y me vuelve a mirar a mí, y Olga dice: Pues muy bien, no me puedo quejar… Y todas reímos, en un intento lamentable de relajar el ambiente. Un enorme ano cerrado flota sobre nuestras cabezas. Se hace un silencio violento de verdad. Todas miramos a Alicia. Alicia mira a Esme y dice que si hay algo de beber, cerveza o algo así, o vino, algún vino, ¿tienes vino?, pregunta mirando de reojo a Olga y luego clavando su atención en el centro de las pupilas de Esme.

Veréis, dice Olga media hora después, a mí me da igual lo que hagan las demás; por mí como si os queréis meter una frutería entera por ahí, pero yo no soy como una bola de bolera con tres agujeros… Nadie va a… cogerme como le de la gana. A mí no me va ese rollo, dice, y desde el primer día se lo dejé claro a Tomás (el otro cincuenta por ciento de la “Pareja recién instalada”); y en serio os lo digo, soy una gran feladora, soy… lo digo en serio… hay… ¿queda vino? Alicia le rellena la copa. El caso, dice Olga, es que… Esme resopla e interrumpe preguntado si Alicia ha llegado a ver el piso de la “Pareja…”. No cambiéis de tema, dice Olga, esto es importante; es importante saber decir no, porque… ¿Tú estás a favor o en contra del aborto?, la interrumpo. Yo…, balbucea, respeto mucho a los fetos, pero creo que la mujer debe decidir…; como iba diciendo, mi culo… Entonces, pienso, un culo cerrado podría ser un culo de izquierdas, quizá hasta un culo comunista radical (toda esa intransigencia sexual…)… A Olga le entra una arcada. Todas nos incorporamos en nuestra sillas ¿Estás bien, cariño?, pregunta Alicia. Quizá debería acercarle un cubo, dice Esme, aquí abajo no hay lavabo… No os preocupéis, murmura Olga, solo ha sido…. Y entonces sucede, toda su cara se arruga alrededor de su nariz. Rompe a llorar.
Algo se desmorona dentro de Olga. Alicia se arrodilla frente a ella arriesgándose a ser duchada por vómitos comunistas anales. Una mano primorosa de Esme empuja un cubo hasta dejarlo entre los pies de Olga y las rodillas de Alicia. Esme y yo arrastramos nuestras sillas para acercarnos a Olga; miramos el cubo y la miramos a ella, y luego volvemos a mirar el cubo… El cubo es muy pequeño, casi como de juguete, para llevárselo a la playa para los críos; tiene un dibujo de Minnie Mouse casi desgastado del todo. Esperamos a que Olga pueda articular palabra entre tanto lloro. Creo que las bragas de algodón se me están metiendo por la raja… tanto que para recolocarmelas tendría que bajarme los pantalones. Hace un calor asfixiante (o quizá es la situación). Esme mira el cubo y a veces lo acerca un poco más a los pies de Olga. Alicia acaricia el pelo de la muchacha, que sigue hundida. Minnie juega con unos globos, alguien le ha pintado unos dientes horribles con tipex. Olga respira pesadamente y levanta una mano, comienza a abanicarse con ella. No lo soporto más, dice. No aguanto, dice. Y: No puedo seguir viviendo así. Esme y yo miramos a Alicia, suplicantes. Alicia susurra: Viviendo cómo, cariño… Mintiendo, dice Olga, mintiendo como una puta… Parece que va a romper a llorar otra vez en serio, pero se contiene, e inesperadamente suelta un eructo. Esme empuja un poco más el cubo de Minnie hacia los pies de Olga. Alicia le dice que puede hablar sobre lo que sea, que cada semana nos reunimos aquí para eso; nada de lo que hablamos aquí sale de aquí (aunque eso solo es un mantra… un mantra que es mentira…). Olga dice que vale, que está bien, que decirlo en voz alta le ayudará. Claro que sí, dice Alicia, seguro que no es tan malo… cuenta lo que quieras.
Olga dice que los primeros días de convivencia en casa “Pareja…” fueron viento en popa. Eran un equipo. Todo funcionaba, y Tomás jamás sacó el tema anal. Se limitaba a lamer esa zona, pero ni tan siquiera se atrevía a probar con un dedo. Mi argumento más potente, dice, es que a él seguro que no le gustaría que le insertaran nada por el culo… cada vez que le decía eso antes de vivir juntos se callaba o cambiaba de tema; es el punto débil de los tíos casi siempre cuando se trata de sexo anal. Pero con el tiempo, balbucea, yo misma comencé a no poder quitarme el tema de la cabeza. Olga narra su experiencia con cierto video que encontró por Internet. No sabéis la vergüenza que me da hablar de esto, dice.
En el video alguien le metía un pepino a una mujer por el ano. Era casi violento, dice Olga, pero la mujer… La mujer eyaculaba a chorro, no parecía apenas quejarse de dolor alguno; de hecho podías notar que la pizca de dolor que sintiera formaba parte del juego, era en parte lo que hacía que eyaculara de esa forma. El video era bastante largo, dice, y era asqueroso…; pero era real, ¿sabéis?
Olga dice que se sentía incapaz de contarle eso a Tomás. Lo que había visto y cómo se había sentido al verlo. Llevaban cuatro años juntos, y antes de irse a vivir al piso ella había dejado muy clara su opinión respecto al tema. Era casi moralmente inaceptable que se retractara con eso. Fue cuando él dejó de hablar de ello cuando me comenzó a interesar a mí, dice Olga. Creo que porque ya no tenía que reafirmar ningún tipo de integridad en relación con el tema, dice. Olga cuenta que al no hablar de ello acabó cogiendo perspectiva con la idea. La idea de que alguien con pocos miramientos la penetrara por ahí.
A media confesión, Olga rompe a llorar otra vez. Alicia se encarga de ello. Olga sorbe, se abanica con la mano. Esme empuja el cubo con el pie, un poco más.
Una noche le dije a Tomás que quería da un paseo sola, dice; fue una excusa muy mala, él no se quedó tranquilo; además lo del paseo no me daba mucho más de media hora; y más de noche; y más sola…; pero, qué queréis que os diga, no se me ocurrió nada más. Olga pega un trago largo de su copa. Todas miramos el cubo, incluso ella. Luego mira hacia el techo, se abanica. Cuenta que hacía dos días había conocido en su trabajo a un chico cubano. Era un chico de la limpieza en las oficinas. El muchacho bromeaba con ella, y a la vez no dudaba en probar a ver qué pasaba si de vez en cuando hacía un amago de tirarle la caña.
Total, que acabé quedando con él al día siguiente para vernos; para vernos en su piso. Además, dice, vivía con otro chico: comparten piso…
Es verdad, dice, el primer día no fue agradable… o al menos no todo el tiempo; pero al día siguiente…
…me acabé… corriendo…
Olga dice que ese tío la estimulaba vía clítoris mientras la penetraba por el ano. Ese tío hace las cosas de tal manera que confías en él, dice; confío en él más que en Tomás. Me estimulaba el clítoris y a veces hasta me penetraba la vagina con los dedos y… no tenía sentido… porque él la tiene más grande que… ya sabéis, murmura Olga. Con Tomás sólo lo intenté dos veces, y la sensación era de… torpeza… y… da igual si yo no estaba igual de colaborativa. Bebe de su copa, la acaba, Alicia la rellena, Esme acerca el cubo hasta el punto de tocar con él los pies de Olga. Olga dice que ahora si no tiene una polla por la vagina y otra por el ano, no llega ni a correrse. Un día se apuntó el compañero de piso, dice, vino a la cama conmigo y el cubano… Dice que hace un mes que sale todas las noches a dar un paseo nocturno. Una hora. Tiene una arcada. No sé qué hacer, susurra. Ya no soy feliz en mi vida “oficial”, murmura. Y: Es mi terapia anal…

[Arriba, tema de un buen grupo que publica primer disco más que interesante: The Vaccines. A ver qué es de ellos. Abajo + desnudo. Y si eso… DESAPAREZCA AQUÍ.]

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11 comentarios en “Terapia anal

  1. Un relato muy bueno, puedo ver con claridad a esas mujeres y como es que responden a sus necesidades. Me gustaría que existiera más apertura al respecto, pues lo que te gusta -valga la redundancia- te gusta, y no vale la pena huir de ello y mucho menos ocultarlo, claro, si dañas a terceros, ahí debería pensarse como debe resolverse la situación, yo dejaría a Tomás jajaja, no ya, en verdad lo haría y usar preservativos por supuesto.

  2. Pues no creo que un relato tan cojonudo y (como siempre) lleno de joyitas mentales, se pueda resumir en dos frases, pero esta vez lo haré así.
    Primero, todo el mundo puede cambiar de idea, todos nos podemos equivocar, y como decía mi madre, “si no pruebas las alcachofas, nunca sabrás si te gustan”
    Y segundo, el 99 % de las catástrofes, problemas y desdichas de las parejas, son la falta de confianza en la comunicación, joder!!! ¿Pero es que con la persona que has jurado estar toda tu puta vida y además te acuestas todas las noches, no puedes decirle que te la meta por el culo, que se beba tus fluidos o que te mola usar juguetes sexuales, por ejemplo? Si no tienes confianza con ella/él ¿con quien coño la vas a tener?
    Y claro, así pasa luego, que tu pareja te daría seguro muchas cosas que tu necesitas, pero como no las pides y dialogas….. (Y esto va para los dos sexos eh)
    Besazos y genial entrada como siempre.

  3. Vale. He leído el relato. Punto.
    También yo estoy de acuerdo en que deberían desaparecer algunos tabúes como el de que los hombres reconozcan de una puta vez que les encanta el sexo anal. Pero para ellos; o sea que les encanta que les den por el culo. Todas las parejas heterosexuales deberían tener juguetitos para que ella le sodomizase a él, porque es ahí donde el hombre tiene su punto G debido a la estimulación de la próstata. Nosotras, aparte de que no tenemos próstata, muchas veces tenemos almorranas. Las que han parido casi todas. Pero es que el “Cosmopolitan” está haciendo muuuucho daño a la sociedad.

    Donde sí me he perdido (aposta) es en el “Desaparezca Aquí”. Me ha gustado.

  4. Desde el punto de vista de la heterosexualidad me da que no hay muchos hombres a los que les parezca atractiva la idea de que les den por ahí… El sexo anal para con la mujer imagino que es atractivo para el hombre hetero por el hecho de la penetración, las estrecheces y el hecho de que la propia idea es más obscena que la de la penetración normal… (y me consta que existen mujeres a las que les gusta, como quizá también existan hombres hetero a los que les vaya eso, a saber…) Haces bien en perderte en Desaparezca, y si dejas alguno de tus sustanciosos comentarios, mejor 🙂

  5. tus relatos siempre me recuerdan la cantidad de muros que levantamos, la cantidad de cosas que nos habremos perdido sólo porque no quisimos, no pudimos o no nos atrevimos a preguntarlas…

  6. Bueno, bueno, bueno…no sé por dónde empezar. El texto…podría hablar largo y tendido pero ahroa casi no tengo tiempo…
    The Vaccines, uno de mis grupos predilectos ahora mismo, de lo que más suena en mi ipod, discazo redondo, los ví en Madrid hace unas semanas en directo y aluciné. Prometen.
    Y lo más curioso…encontrar la web Desaparezca Aquí, con un título tan parecido al de mi blog…casi igual…no la conocía ni había oído hablar nunca de ella…coincidencias de esas que me gustan tanto…. 😉

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