Felación

Biblioteca. Yo ando con mi portátil, con naderías, trasteo. Enrique está a mi lado, repasando no sé qué apuntes de no sé qué carrera que está intentando sacarse poco a poco; de esas no presenciales. Todo muy de ahora. Me hace pensar en el típico abuelo que sale a veces en la prensa porque está estudiando a los setenta años «solo por el placer de aprender» (lo cual me hace pensar en si realmente el vejestorio de turno lo haría si la acción no fuera un hecho público; sería estúpido no reconocer que existe cierto modo de vitalismo de apariencia, un rollo muy en boga…). Enrique no tiene setenta años, pero lo que me hace hacerme preguntas es por qué no dedica aún su tiempo libre a cultivarse en algo que realmente le apasione.

Lo cierto es que estamos lo más lejos posible de ella. Pero no ha sido premeditado, Felación es de esas personas discretas que aunque no lo pareciera hacía tiempo que estaban ahí. En esta biblioteca enorme de techos altos tampoco es difícil pasar desapercibido. Quizá por culpa de sus gafas enormes (ahora ya no sé distinguir lo moderno de lo viejo de lo hortera), tiene pinta de empollona de cómic, o de serie de adolescentes. Un rollo a lo nickelodeon, por decir algo. El origen de su nombre se asocia a veces a unos padres hippies; otras veces dicen que ella no se llamaba así y se cambió el nombre sólo por provocar. En ocasiones hay gente que no se entera y piensa que es un mote. Eso ha derivado en que algunos crean que su actitud algo esquiva y/ o tímida ha de contrastar con una vertiente sexual nunca vista.
La muchacha lee uno de esos tochos tamaño bebé. Tapa dura.
Un escote dinamitador de conversaciones. Las gafas deslizándose hasta la punta de la nariz. En general es toda una cucada indie, quizá involuntaria. No casa demasiado con la historia que corre por ahí entre la gente que no sabe divertirse sin colocar de vez en cuando mierdas como pianos ante ventiladores industriales.

Si es verdad que una Felación de seis o siete años empuñó una escopeta de caza y mató a su hermana gemela, de verdad que yo creo que la chica que ahora vemos en la otra punta de la estancia tiene pinta de no poder con un arma así ahora. Imagínate a los seis años. Sentada no parece tan bajita, pero incluso Kylie Minogue puede parecer alta en los videoclips. A todo esto, me dedico a ver videos de Katy Perry con los cascos puestos. El tiempo libre puede convertirse en algo de lo más absurdo. Mirando de reojo, los apuntes de Enrique no me dan pista alguna sobre qué estudia exactamente, pero me da que no puede ser nada vocacional si no eres prácticamente un psicópata o un ordenador que está cogiendo conciencia de sí mismo… Creo que es muy probable que éste acabe siendo también un abuelo universitario. Seguirá acumulando carreras como si los títulos convalidaran para una vida posterior. Es como seguir y seguir y seguir entrenando por miedo a salir al terreno de juego.
No estaría mal hablar sobre el tema con Felación, pero lo cierto es que ni tan siquiera conozco su timbre de voz. Hablando en plata (o no), es un misterio con tetas.
Es cuando veo un video de una entrevista a Katy que apenas entiendo en el cuarenta por ciento que mi inglés me permite, cuando la muchacha se levanta (Felación, no Katy) y se dirige a nuestra mesa acunando el libro contra su pecho al estilo universitaria.
A medida que se acerca, su cara parece transformarse, coger un semblante más amable. O quizá es que desde lejos y leyendo pareciera más “oscura” de lo que en realidad es.
El libro que acuna no es una inversión de futuro en el sentido material. Es Contraluz, de Thomas Pynchon.
Una chica aplicada.
Se sienta en nuestra misma mesa, frente a nosotros. Saluda no sin cierto apuro. Deja su bolso y el tocho de Pynchon en la mesa. (Recuerdo haber fumado un pitillo al acabar de leer ese mismo libro hace años, casi me sentía como después de haber echado un primer polvo exitoso con alguien de quien llevara meses enamorado.) Felación dice:
– Tranquilos. No muerdo.
Es fácil de decir. Por lo que sabemos de ella, podría lanzarse contra nosotros libro en ristre y atizarnos hasta dejarnos en coma a Pynchonazos. Es irónico. Contraluz es de esos libros maratonianos que te pueden dejar igual de aturdido con un golpe que leyendo veinte páginas. La broma infinita de David Foster Wallace no se llamaba así por casualidad, no se trataba solo de una alusión al contenido del mismo. Felación parece una persona de las que te puede descolocar a esos mismos niveles sin necesidad de usar la violencia o sus pechos y demás.
Me quito los auriculares y digo:
– ¿Qué?
– Que tranquilos. Que no muerdo.
Enrique levanta la cabeza y se une a nosotros.
– Qué estudias – le pregunta ella.
Enrique se lo dice. Me quedo igual. Ni idea. Ella asiente por amabilidad. Sonríe mirando de reojo los folios. Felación dice que le duele la cabeza siempre que lee más de media hora seguida. Cuando tiene que estudiar necesita cajas y más cajas de gelocatil. Es lo único que me funciona, dice.
No hay nadie más, así que la muchacha no duda en hablar en un tono de voz lejano al susurro. Tiene un timbre más grave de lo que imaginarías. Esperas que hable con sonidos agudos, pero es como si estuviera aún en esa fase de cambio a la edad adulta sonora. Es ese detalle que da un rasgo de sutil agresividad a algunas veinteañeras por muy dulces que se perfilen exteriormente. De golpe sabes que ya hablas con una mujer, por muy joven que sea, y que los personajes de la pelis porno -con esos tonos de falsete- no son un reflejo de la realidad si no es en un porcentaje ínfimo entre la población femenina.
Entonces Felación dice:
– Oídme.
Dice:
– Esto es serio…
Dice:
– Vengo del futuro.

Vale, algunos rumores eran ciertos. La chica está como una puta cabra. Se llamaba Teresa o algo así y hace que todos la llamen Felación. Felación dice que sabe que no la creeremos, pero que en el futuro casi todo el mundo tiene nombres alusivos al sexo o la idea del sexo. Cualquier cosa asociada al coito o lo que lo rodea. Mi hermana pequeña se llamaba (o llamará) Himen, dice. La pequeña Himen, dice. Y aquí la tarada del futuro arruga el ceño. Se tapa la cara con las manos y empieza a… ¿sollozar? Balbucea cuánto echa de menos a su hermanita. Cuánto echa de menos a su Himen. La adorable Himen.
Enrique me mira de reojo. Enrique el práctico, el realista, el nunca satisfecho. Todo un profesional que nunca está conforme con los conocimientos que atesora (o más bien con los conocimientos que quiere que todo el mundo crea que atesora según sus títulos y logros oficiales). Enrique el talentoso para los exámenes y para torear a los profesores, mira a esta chica que dice que somos agua pasada. Y pregunta:
– ¿Estás bien?
Felación se pasa la punta de un kleenx por el rabillo de los ojos. Y dice que no nos riamos, pero que su padre se llamaba (o llamará) Glande. Su madre era Virginidad. Virginidad Martínez. Y un poco antes de que Felación acabara atrapada aquí en el pasado, estaba a punto de nacer su hermano Dedo. Eso dice. Dedo ahora debe tener unos dos años. Hace dos años que Felación ronda por el barrio y la universidad anexa a esta biblioteca. En realidad no sabemos nada fiable de ella. Con quién vive o qué estudia. Si está matriculada o sólo asiste como oyente. La verdad indiscutible es que nadie ha contado nunca en relación a ella nada de todo esto de los viajes en el tiempo.
Cuando no saben algo de ti, lo que todos hacen es llenar los huecos en blanco. Necesitan etiquetarte. Pero nadie tiene tanta imaginación. Para que la gente te crea, tu historia tiene que ser verosímil. No puedes decir de nadie que viene del futuro y que su padre se llama Glande y esperar que eso cale. La gente quiere oír historias más sobadas, tan típicas como sórdidas. Historias de cuernos y separaciones y desgracias repentinas. Algo en lo que creer y regodearse. Anécdotas sobre desencuentros y peleas de gatas. Cabreos monumentales, indirectas, cenas conflictivas, cumpleaños desastrosos. Grupos de amigos dinamitados. Colegas íntimos que hace años que no se ven. Los jugosos motivos. Los supuestos porqués. Teorías divertidas. Abono con el que cultivar más historias falsas vendidas como reales a las mentes de todos.
Y ahora esta chica se sienta aquí y nos habla de sí misma añadiendo sexo denominativo y viajes en el tiempo. Borra cualquier atisbo de credibilidad de su persona. Pasa a convertirse directamente en personaje. El cuento de su vida es tan estrambótico que no da para alimentar chismorreos potenciales. Demasiada fantasía. No tiene gracia. Lo que tendría gracia sería verla pelearse a gritos con algún novio aquí mismo. Verla agrediendo al novio o siendo agredida por él. O que le acusara de haberla dejado embarazada y negarlo. Una buena ruptura en directo. Un reality real. Si Enrique y yo fuéramos de esa clase de vampiros existenciales, cualquiera de esas cosas nos darían para unas cuantas cenas maliciosas y cutres a costa del dolor de Felación.
Pero esto se pasa de la raya. Toda la historia que ahora nos cuenta sobre cómo su prima Eyaculación ha quedado atrapada en los años noventa es demasiado bizarra para que la gente no pronuncie la palabra «loca», tuerza el gesto de mala gana y pase a otra cosa. Sísí, esa pava dice que viene del futuro, pero lo que queremos saber es lo que esconde de verdad, dirían todos. Lo que queremos saber es la sucia historia real. Todos los detalles. ¿Sexo con su padre quizá? ¿Maltrato infantil? ¿Es retrasada mental y fornica con todo el mundo por ello? ¿O demasiado inteligente y frustrada y fornica con todo el mundo por ello? ¿O virgen y quiere fornicar con todo el mundo por ello? Tiene que tener algo, algo válido aunque solo sea tangencialmente con lo que crucificarla socialmente; algo por lo que ella sufra, se desespere o hasta piense en el suicidio. Necesitamos esa carne cruda por la que pelear.

Los mofletes de Felación se llenan de sangre. Lo que sucede a continuación, no sé a Enrique, pero a mí me parece fascinante. Piensa en ese gesto de un niño mientras te cuenta una mentira. Una mentira elaborada quizá, pero mentira. Sus ojos sonrientes no hacen juego con el intento de su boca por parecer seria y segura. Felación se divierte con esto. Ahora lo sé. Le he preguntado cómo fue que viajó en el tiempo. Me lo está contando.
Felación quedó con un tío en el futuro, en su presente. Era un tío interesante, dice, ya sabes, de los que no parecen iguales que la mayoría. Dice que ella había oído hablar sobre los viajes en el tiempo y cómo se estaban produciendo. Pero ella no es de las que se cree cualquier cosa. Felación te mira a los ojos hablando. Te dice sin recular ni un momento en su “encriptación” que jamás vas a conocerla de verdad si ella no te importa de verdad. Nos dice eso contándonos que ese tío y ella fueron a un hotel barato. El tío se llamaba Feto. Pero no os confundáis, dice Felación, de feto no tenía/tiene/tendrá nada. El libro de Pynchon reposa en la mesa, dándome ahora algunas respuestas con su sola presencia sobre lo nada absurda en el fondo que es la chica que tengo delante. La muchacha dice que de verdad, que ella no tenía ningún miedo de la habladurías con ese hotel. Ella no escucha si no se trata de alguien que enuncie algo con sentido. La verdad, se exprese como se exprese, siempre tiene sentido, siempre cuaja, te proporciona esa sensación que lo cuadra todo en tu mente. Es el cosquilleo de la verdad. Yo no soy la única que ha viajado en el tiempo. Ya, decimos, Eyaculación, su prima. No, dice, no se trata sólo de ella. Lo cierto, dice, es que en esta ciudad reina el caos temporal. Es por ese hotel, dice, el hotel María Trona. Es un antro de dos estrellas, murmura, pero creédme, es el picadero más salvaje del país. No se puede comparar con nada. Es como el final del viaje, la última oportunidad. Parejas, tríos, orgías. Es por el objetivo temporal.
Convierte tu vida en una fantasía épica, me digo a mí mismo. Esta tía es Ballard poniéndotela dura. Felación dice que ese tío, el tío, aquel tío, sabía cómo follarla. Estaba encima de ella. Por aquel entonces el hotel aún no se había convertido en lo que es ahora. Dice que sus propios gemidos debieron despertar a todo cristo allí. Lo papeles de Enrique abandonados sobre la mesa; todo su futuro, sus credenciales siempre a medias. Yo hace rato que he apagado el ordenador. Me centro en los ojos de Felación. Y no aparto la mirada de ella cuando dice que fue en el momento del orgasmo cuando todo sucedió.
Cerró los ojos y la invadió toda esa electricidad. El placer se reprodujo subiendo por su espina dorsal. La polla de Feto hasta el fondo de Felación. Ella rodeando al tío con sus piernas. Temblores. Suspiros y demás…
Y cuando se quiso dar cuenta, abrió los ojos y ya no tenía a nadie sobre ella. Justo en el momento del orgasmo da el salto en el tiempo. Mira a su alrededor aún con su entrepierna palpitando, y la decoración de la habitación se ha vuelto retro. Todo era tan cutre, dice. Tan… años 2000… Tuve que buscar ropa en el armario cochambroso que había. Todo había cambiado o desaparecido excepto yo, dice. Total…, que ahora, murmura, todas las chicas que han saltado al pasado vía orgasmo no dejan de ir a ese hotel a tirarse a todo lo que se mueve para intentar volver al presente. Entorna los ojos. O… ya sabéis, mi presente, murmura.
Quiera o no, tengo una brutal erección bajo la mesa. Empieza a entrar más gente a la biblioteca. En fin, dice ella levantándose, acunando otra vez a Pynchon.
– Y dime -dice Enrique, con una sonrisa en exceso sobrada-, ¿los hombres no viajan en el tiempo?
– Cariño… -dice Felación-, ¿licenciatura en ciencias actuariales y financieras?… los hombres no sé, pero yo prefiero viajar en el tiempo…

[Arriba, video añejo de los Artic Monkeys. Llevo días youtubeandolos y ese video es representativo de por qué han llegado donde están… Abajo, tengo que insistir con Kate Upton (es una mezcla de falta de ideas y fanatismo lúbrico, es la novedad…) Por cierto, no dudéis en pasar por AQUÍ, o si eso… DESAPAREZCAN AQUÍ.]

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11 comentarios en “Felación

  1. Brillante idea la de los nombres del futuro. Ya le gustaría PYnchon el aturdidor. Aunque ya que hablamos de referencias literarias “Contraluz”, eso es cierto, pesa como la cabeza de un muerto. Y lo cierto es que leo a los dos, al de la broma y al hombre sin rostro actual.
    El relato y el sexo y las ideas excelentes. Aunque no quisiera pasar sin decir que me robo la frase que citas en la cabecera del blog, la de Maria Escuin. Tristemente real pero no todo el mundo ordena las palabras igual. Hay verdades que en según que orden valen más que su verdad misma, cuestión de amar o no la estética. Afortunadamente sigues en el ajo.

  2. regreso al futuro habría sido una gran película si hubiesen viajado así en vez de un coche 😉

    oye, de que coño iba la broma infinita??, no sé, es como si me hubiese perdido algo en las 3000 putas páginas de libro, joder.

    y, quizás, siempre escribamos sobre las mismas cosas, pero al menos en las tuyas siempre encuentro algo nuevo 🙂

  3. Esta chica es muy polifacética, interesante y al parecer intriga más de lo que debiera a los demás. Es curiosa una de las diatribas que has propuesto en el texto, algo que me ha llamado mucho la atención, y es que cuando alguien no es verosímil, deja de despertar expectación, se le considera loco y se pasa a otra cosa, porque ya no hay hilo que sacar, ya no se puede descuartizar su vida, es una malformación que no tiene chicha en cuestiones de cotilleos y despellejo. Que bien que estos chicos puedan ayudarla (si a ella le parecen buenos sujetos) para poder volver con el sexo a su mundo, a su futuro. Y quien sabe si lo que cuenta no es verdad, al menos su verdad.
    Como siempre un texto que engancha desde la primera hasta la última nota, genial sinfonía Jordi.
    Arctic Monkeys, he de reconocer que el ultimo disco me está costando un poquito llegar hasta el tope de su calidad, pero como están en la misma rama de genialidad que tu por ejemplo, solo será seguir escuchándolos una y otra vez, una y otra vez.

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