Tesón

Llamo puta en la cara a una chica que no tiene culpa de nada. Salgo del tren y todos me increpan. Voy a uno de esos quioscos que hay en la calle y comienzo a desperdigar y desordenar todas las revistas y periódicos mientras el quiosquero me amenaza con llamar a la policía. Le digo que se busque un trabajo de verdad y le escupo en la camisa. El tío sale de su chiringuito a por mí y le pego una patada de karate cutre en toda la panza. Cae al suelo, doblado y tosiendo. Vuelvo a escupirle y le insulto ante todo el mundo. Nadie hace nada y comienzo a insultar también a los demás por cobardes y egoístas. Urbanitas de mierda, les digo. Agarro a un chaval que pasaba por allí y le quito la Blackberry. Se la tiro al suelo y la pisoteo. El gilipollas se me queda mirando. Le pego un puñetazo en la nariz y empieza a chorrear como la mujer de un eunuco con su primer Gigoló. Dos policías corren de lejos hacia mí. Yo también me pongo a correr. De camino, empujo a una puta vieja inflada como una pelota de playa, cae al suelo y se da un golpe en la cabeza. Queda inconsciente. Los polis siguen corriendo y yo sigo corriendo. Dos veinteañeras se me cruzan y las empujo a ambas. Sueltan gritos de veinteañera; aprovecho que una ha caído cerca de mí y pateo su estómago fuerte, dos veces. Alguien grita, gritos femeninos. Cruzo la calle. Un coche pega un frenazo y salto sobre su capó. Pateo la luna hasta conseguir que comience a resquebrajarse. Uno de los polis ha tropezado con una de las veinteañeras. El otro sigue corriendo detrás de mí. Les hago pedorretas, sigo y empujo y golpeo a todo el que se me cruza. Una señora de unos sesenta años me grita que si estoy loco. La cojo por un brazo y hago que dé vueltas como una noria hasta lanzarla contra un camión que pasa; se oye un sonido acuoso del vehículo golpeándola y pisándola con las ruedas delanteras y traseras. Más gritos femeninos. Llevo bastante ventaja con la poli; son dos regordetes asquerosos que se ahogan corriendo. Entro en un estanco, salto por encima del mostrador y me llevo dos paquetes de tabaco. Sigo corriendo mientras me enciendo un cigarrillo. Cada vez que veo un bar soplo el humo dentro y sigo a mi ritmo. Los polis ya van agotados y llaman a refuerzos. Le grito a un padre de familia que va con su mujer y un bebé que él no quería tener hijos, y que debería hablar con su mujer y dar al niño en adopción. Sigo dando zancadas largas. Le quito una botella de agua a un niño y su madre me insulta. Le digo que es una guarra y que use condón la próxima vez. Me detengo y bebo viendo cómo los dos polis boquean intentando llenar los pulmones mientras siguen corriendo. Vuelvo a ponerme en marcha a ritmo de footing. La madre que me insultaba se pone a correr detrás de mí. Me detengo. La agarro por su melena teñida y la tiro contra los coches. Su cuerpo rebota contra la luna de uno y cae destrozando la luna de otro. Los demás coches pitan. Más gente grita. Nadie me detiene por la calle. Avanzo a buen ritmo. Veo a un gallito cachitas con una camiseta de tirantes. Le grito que está ganando peso aquí fuera del gimnasio. Le digo que da asco, aún tiene mucha grasa corporal, que de todas formas seguirá siendo feo por más pesas que levante. El tipo se queda mirándome mientras me voy, decidiendo qué hacer. Los polis tropiezan con él. El gilipollas se enzarza con uno de ellos. El otro poli intenta separarlos y yo avanzo. Me cruzo con una universitaria, lleva una carpeta pegada a las tetas. La empujo, cae contra el estante de una frutería y comienza a llorar. Un anciano camina muy al borde de la acera; me mira a los ojos. Lo cojo por la cintura y lo tiro en medio de la calle. Le grito que acabe ya de una vez con su sufrimiento. Un autobús le pasa por encima. Salpica en todas direcciones. Entro en una licorería, ni tan siquiera veo ya a los polis. Me llevo dos botellas de vodka y salgo con la alarma antirrobo pitando. Miro hacia atrás y ahora es el cachitas de gimnasio el que me persigue. Le lanzo una de las botellas y le acierto en el cuello. La botella cae al suelo y se hace añicos. El tipo sigue corriendo. Cojo al niño de tres años de alguien, no deja de gritar. Me lo llevo conmigo y lo meto en un container en cuanto veo uno. Se oyen sirenas de la policía. Corro, cada vez más convencido de que debo buscar un sitio para descansar. El cachas sigue corriendo. Le grito que vuelva al gimnasio, que aquí no tiene nada que hacer. El capullo me insulta y me dice que me va a matar, que en cuanto me pille me ahogará con sus propias manos; me habla con jerga de cachitas. Me cruzo con una panda de quinceañeros enterrados en moda urbanita. Aprovecho para golpear a un par de ellos. Caen al suelo y sus amigos no hacen nada.
Le dejo una moneda a un mendigo y me dice «Gracias».
Llamo a la chica que me gusta a su móvil mientras resoplo, el cachitas cada vez corre menos. Le digo a la muchacha (que tiene novio) que su madre ha muerto, que acabo de ver su cadáver. Le miento. Ha sido un accidente de tráfico, le digo. Lo siento, murmuro resoplando, y cuelgo.
Miro hacia atrás y el mamonazo ya no me sigue. Ahora vuelven a ser los polis. Esos dos zampa-hamburguesas, esos McGordos. Les grito que deberían hacer bien su trabajo, que alguien no deja de correr y putear a los demás por aquí. Les digo que espabilen, que no sé cómo podrá acabar la cosa. Antes era un chico tranquilo, digo, pero ahora ha perdido totalmente la cabeza y quiere destruir la ciudad y el mundo. Mientras hablo, cojo a una señora por el brazo y hago la noria con ella hasta soltarla contra el escaparate que estaba mirando. Queda incrustada entre cristales y joyas. El que parece su marido, les grita a los polis y me señala. No es nada nuevo para ellos, le digo. Bebo un poco más de agua y sigo adelante. Veo una buena piedra en el suelo y la cojo. Me la llevo conmigo. La tiro contra el escaparate de una tienda de productos para el hogar. Alguien me grita algo en francés. Le pego una patada en los huevos a un chico de unos catorce años. Cae retorciéndose, lleno de tatuajes y piercings. Me llama cabrón. Le incrusto la botella de agua en la boca. Los polis andan lejos, así que me cebo en el chico y le pisoteo la cabeza hasta que deja de moverse. Corro y corro, ya realmente agotado. Doblo una esquina perdiendo de vista a los polis. Veo a una señora intentando entrar en un portal con bolsas de la compra. Aprovecho para empujarla y entrar con ella. Cierro la puerta. La mujer está en el suelo. Las bolsas esturreadas. La tía tiene unos cincuenta años y me pide por favor que no le haga nada, que es una mujer trabajadora. Tiene dos hijos, dice. Le digo que se quede quieta y no se levante. Nadie golpea la puerta ni espera fuera. A la mujer se le ha caído también un Iphone. Lo piso hasta hacerlo papilla. La mujer comienza a llorar y me dice que está embarazada. Dice:
–Por favor…
Dice:
–Por favor…
Estoy agotado aún, así que espero y le digo que no se mueva. Que ahora no soy lo que se dice Ghandi. No me provoque, le digo.
Luego, ya reestablecido, le ordeno a la señora que se abra de piernas. Le pego dos patadas en el coño lo más fuerte que puedo. Se queda ahí, llorando, gorda y demacrada. Salgo del portal con calma. No hay nadie vigilando ni esperándome. Todo el mundo sigue a lo suyo, aun con los gritos que salen del portal. Comienzo a caminar a buen ritmo. Una chica camina delante de mí. La empujo con todas mi fuerzas. Cae al suelo de boca. La cara llena de maquillaje y mierda. Antes de que se levante, pateo su espalda. Lo hago tan fuerte que oigo un crujido de huesos. Sigo caminando, nadie se para a ver cómo está la chica. Le pego un puñetazo en la nariz a un tío de unos treinta años. Empieza a chorrear sangre por ella. El tipo se me queda mirando y grita de dolor al llevarse las manos a la cara. Se saca la cartera del bolsillo y me dice que no tiene casi dinero en ella. Le vuelvo a pegar en la nariz. Esta vez cae al suelo, inconsciente. Me llevo la cartera. Veo de fondo otra vez a los dos polis, y comienzo a correr al trote. Compruebo que corriendo es más fácil practicar la violencia. Al paso, le suelto un gancho de derechas a una mujer en el estómago. Alguien me increpa. Sigo trotando, llegando cada vez más lejos, cada vez más alto. Un señor tiene cara de pocos amigos y camina como de vuelta del trabajo. Le pego una patada en la entrepierna. Cuando se dobla, le suelto un puñetazo en la nariz. Y ahí se queda. Los polis asquerosos no son capaces de acorralarme ni dar con el modo de detenerme. Sigo oyendo sirenas, pero los coches deben dar vueltas y vueltas, atrapados en el tráfico. Entro en una frutería y cojo una manzana. Salgo y se la estampo en la cara a un padre de familia. Su bebé comienza a llorar en el carrito. Empujo el carrito hacia los coches. La madre grita. La empujo también a ella. Un autobús frena justo antes de atropellarlos a los dos. Me llevo una piña.
Un tío me increpa después de la escena del carrito. Sin mediar palabra, le estampo la piña en la cara. Se desequilibra, y cuando ya está en el suelo le pego con ella tres golpes en la cabeza. Y sigo con mi piña. Los polis babean de agotamiento. Doblo una esquina y le pego una patada a una niña de unos trece años. Le quito el helado que llevaba mientras abre la boca intentando respirar; tiro el helado. Un señor se me planta delante y me pregunta qué coño me pasa. Le doy la piña y se queda con ella en las manos, mirándome. Me dice que estoy enfermo. Le digo que se coma la piña y se calle. Se queda quieto y yo sigo al trote. Le doy un codazo en la cara a otra señora. Las señoras mayores son perfectas para eso; la altura adecuada, escasez de agilidad y movimientos. Cuando está en el suelo, salto con los dos pies sobre su cara. Una, dos, tres veces. Y sigo hacia delante, imparable. Dos chicas me miran extrañadas, llevo la camisa manchada de sangre, sudo y sigo mi camino. Les digo que no se crean la sal de la tierra por tener tetas. Un tipo que va con ellas me insulta. Le meto la mano en la boca antes de que reaccione, y le cojo la lengua. Tiro de ella hasta que noto que algo se desgaja, y lo dejo atragantándose en el suelo mientras las zorras lloran. Sigo al trote. Se me cruza alguien haciendo footing; le pongo la zancadilla y se estampa contra una vieja que comienza a darle bolsazos. Los polis siguen detrás y no paran de llamar a refuerzos. Le pego un guantazo con la mano abierta a un tío con la cara muy gorda. El guantazo resuena. El tío quiere correr detrás de mí, pero está tan gordo que se detiene a los diez metros jurando que me matará. Empujo a una mujer que subía por las escaleras del metro. Cae rodando y dándose terribles golpes; su cabeza queda dada la vuelta de un modo antinatural. Bajo las escaleras corriendo. Paso por el andén junto a la gente. Está llegando justo ahora el metro. Empujo a varias personas a la vía. Cuatro o cinco. Salgo por la otra salida.
Ahora no hay ni rastro de los polis. Comienzo a andar deprisa. Un coche de policía pasa zumbando. No me ven. Cuando dobla una esquina, le meto los dedos en los ojos a una mujer; noto cómo los globos oculares se desplazan y acaban triturados. La tía cae al suelo y grita. De repente tengo una erección.
Camino rápido. Alguien me llama al móvil. Es para una entrevista de trabajo. Mucha pasta en perspectiva. Me dicen que mis credenciales son impresionantes y digo que Gracias. Mientras tanto, pongo el pie delante de un anciano y el hombre tropieza y cae de costado. Le empiezo a pisar la cara y digo que sí, me parece muy bien ir a la entrevista mañana. Le tapo al hombre las vías respiratorias con la planta del zapato. No hay mucha gente en esta calle, y los que nos ven solo aceleran el paso. Así que mantengo el pie en posición hasta que el anciano deja de respirar. Cuelgo. Hoy me he saltado mi reunión con cierto profesor para hablar de mi brillante futuro. Cojo por el cuello a una señora y aprieto hasta que gorjea y saca la lengua. No he recordado esa puta reunión y tendré que enviarle un correo al soplagaitas ése. La señora se derrumba y pateo su cara y sus tetas hasta quedar satisfecho. Las sirenas de la policía siguen oyéndose por todos lados. Comienzo a trotar por precaución. Me enciendo un cigarrillo y entro en un estanco. Hay una chica joven y sola, la dependienta. Doy dos buenas caladas. Voy tras el mostrador y la arrincono. Es delgada, menuda y balbucea. Agarro sus muñecas y le hago estallar un globo ocular con la punta del cigarrillo. La chica se atraganta gritando. Se revuelve y cae el suelo. Piso su cuello y doy otra profunda calada. Sólo vendéis muerte, le digo; y quemo su otro ojo hasta estar seguro de que la he dejado ciega.
Salgo a la calle y topo con un crío de unos nueve años. Está solo. Le retuerzo la cabeza hasta oír cómo su cuello cede. Otro coche de policía pasa zumbando y no ve nada. Dos chicas comienzan a gritar señalando en mi dirección. Están muy cerca. Una de ellas se pone en plan gallito. Le doy un puñetazo en la nariz y queda derrumbada. Agarro a la otra por el cuello hasta que deja de resistirse. Cuando está en el suelo, cojo mi navaja (regalo de mi abuelo) y rajo su vientre profundamente. Meto una mano y revuelvo sus tripas. Tiro de lo que parece el intestino grueso. Queda todo expuesto. Qué asco… La dejo allí tirada y sigo caminando con la mano llena de sangre.
Me limpio en la camisa de un anciano que me dice que voy a ir al infierno. Tú antes que yo, viejo, le digo. Tú antes que yo.
Un tipo bajito intenta alejarse de mí por la acera. Eso me cabrea, así que suelto una potente patada en su estómago, cae y le pateo todo el cuerpo mientras grito: «¡Cabrón, cabrón, cabrón, cabrón…!». El tío empieza a vomitar mientras hundo mi suela en su barriga. Me pongo a pata coja sobre él y esputa vomito como una fuente. Con el otro pie, le tapo la boca, y sigo saltando sobre él hasta que se ahoga en su propia bilis.
Ya es noche cerrada. Cuando comienzo a alejarme del enano cabrón, veo de lejos un prostíbulo. Hace ya mucho que voy con una erección de caballo. Cruzo la calle y voy hacia el local. Veo que hay dos de seguridad en la puerta. Miro a mi alrededor. Llevo la camisa manchada de sangre. La calle está demasiado iluminada en esa zona. Saco mi navaja y paro a un tío que avanzaba raudo con su maletín. Le digo que si no me da su puta camisa le rajaré como a un cerdo. El tipo, un clásico acojonado, suelta su maletín y empieza a desvestirse. Le digo que no se vaya hasta que me ponga su camisa. Me quito la mía y le ordeno que se la ponga él. Le digo que si no se la pone ya sabe lo que le toca. El capullo mimado se comienza a abotonar mi ropa llena de sangre. Yo me pongo la suya. Una camisa blanca perfecta para el puticlub. Pasta asegurada para cualquier chulo que me vea.
Las sirenas de la policía siguen atronando por todos lados. Camino hacia la puerta del antro. Luces rojas se vierten sobre la acera. Justo cuando voy a entrar, veo que un coche de policía derrapa junto a mi amigo de las camisas. Dos agentes salen y le ordenan a punta de pistola que se tumbe en el suelo y ponga las manos en la cabeza. (Varón blanco de metro setenta y cinco lleno de sangre y demás, supongo…) Los seguratas me dan las buenas noches y entro con paso seguro al putiferio.

Tres chicas se me han acercado mientras me bebía mi cubata. Elijo a Estrella y Topacio. Ya en la habitación, les digo que me la chupen. Las dos a la vez. Se atragantan con mi polla y me miran con recelo cuando me muevo para follarles la boca. Tengo dinero de sobras, les digo, no os preocupéis. Luego le ordeno a Estrella que se ponga de cuatro patas en la cama. Fuerzo su ano para follarla por ahí. Se queja. Escupo en mi polla y empujo fuerte; noto un desgarro. Cojo por el pelo a Topacio y le meto la lengua en la boca. Acelero el ritmo hasta correrme en el recto de Estrella. Justo cuando me he vaciado del todo, meto la mano en la boca de Topacio y sujeto su mandíbula. Con la otra mano empiezo a abrir su boca con todas mis fuerzas. Estrella no nos mira aún. Sangra por el culo y llora derrumbada. Topacio abre los ojos con terror. Saco fuerzas de flaqueza y, de un tirón, le desencajo la mandíbula. La chica cae desmayada al suelo. Entonces Estrella me mira, y hace ademán de ponerse a gritar. Antes de que eso pase, le doy un guantazo. Le ordeno silencio. Comienza a llorar con más fuerza. Recuerdo mientras la arrincono, que mañana no puedo faltar al gimnasio. Tengo la entrevista y mi sesión de pesas. Tengo que disculparme con cierta muchacha por decirle que su madre había muerto sin ser verdad. Tengo tantas cosas que hacer y tan poco tiempo… Agarro a Estrella por el cuello. Y empiezo a penetrarla por la vagina. Quizá porque se ha asfixiado o porque se ha desmayado, deja de resistirse, y la cosa pierde gracia.
Me visto y salgo del lugar lo más rápido posible. Los seguratas me dan las buenas noches admirando mi camisa. Sea como sea, la vuelvo a tener dura.

Llego a casa. Travesuras por el camino: Dos abuelos muertos apenas sin esfuerzo. Una chica preciosa de unos dieciocho años ha quedado tendida en la acera con la nariz partida, quizá con algún hueso encajado en el cerebro. Y una señora ha muerto… atropellada.
Me estiro en mi cama. Ha sido un día agotador. Cojo el dossier con mi currículum. Tengo aún mi erección lista y a punto. Comienzo a leer. Cada uno de mis logros. La demostración de mi fuerza de voluntad. Todos mis años de esfuerzos. La promesa de la vida que me merezco. Me acaricio la polla lentamente cuando voy por la segunda página. Leo con calma la lista de idiomas en los que sé hablar. Me detengo a mirar las acotaciones de mis logros en la universidad y otras actividades. Acelero el ritmo. Paso a la tercera página del currículum. Está ya prácticamente llena también. Cierro los ojos… Una luz blanca de superación personal lo invade todo. Exploto corriéndome en mi pecho y hasta mi cuello. Luego, preparo el despertador de mi Iphone, y voy quedándome dormido poco a poco.

[Siguiendo con el monográfico De kate Upton, video y foto para ella otra vez. Juro que un día cambiaré de tema… Ojo por eso a la entrevista, y la cara-tomate del tipo (muy poco gracioso). Ella lleva demasiado maquillaje… Y eso, pasaos por el MIERDAS si os apetece]

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13 comentarios en “Tesón

  1. Lo veo como que las personas y las cosas están unidas por un hilo y cuando algo se mueve, todo lo hace. En el capitalismo en que estamos inmersos, ascender socialmente implica violencia y el hecho de intentar sostener valores desfasados, también. Tengo que interiorizar en este tema…
    Y claro, el lugar hasta donde te lleva la narración da mucho vértigo 😀
    Saludos.

  2. Caray Jordi, justo ayer un amigo (muy estupidamente) comenta un libro un libro q se iama El Principe y claro Maquiavelo le habla al principe para decirle como se debe manejar el poder, y mi brillante amigo dice que es la forma de vivir la vida, que nadie te conozca, que no sepan tus flaquezas, que aproveches lo que puedas obtener y si matar a alguien te ieva a tu fin pues habra que hacerlo sin dudarlo … en fin el pto no es contarte el libro sino decirte que estoy tremendamente de acuerdo con Julieta, el capitalismo es un pretexto mas para joder al de a lado y accesar a tu mundo egocentrista asi como nuestro amigo portagonista de este breve acto de estupidez. Es curioso como la gente con un poco de cultura pero falta de mente critica pueda utilizar ciertos conocimientos para justificar su vacio … Enhorabuena he leido esto Jordi, un saludo fuerte!! Besos en la frente !!! Te espero siempre en mi blog 😀

  3. Normalmente me gusta todo lo que escribes pero hoy… ¡Todavía me ha gustado más! Creo que tienen razón los que dicen que estoy enfermo. La violencia gratuita es una parte más de la ficción. La puedes soportar o no pero no invalida el fondo del relato que es algo más que todos esos episodios a lo American Psycho o “La naranja mecánica”. Tu aproximación es incluso distinta, más actual, más nerviosa e intensa y yo leo una reflexión final diferente. Estoy con mi comentarista anterior. De todos modos tu psicópata es un poco marica. Le da asco el intestino grueso de una chica que se cruza con él.
    La explosión orgásmica del final es muy apropiada y resume esa mente mejor que todo lo que ha hecho. Y me encanta también que las empresas con todos sus departamentos de selección de personal y sus psicólogos en esta historia son pura paradoja. Es ficción pura y dura pero como siempre te digo hay muchas verdades en esas mentiras.
    BU-E-NÍ-SI-MO

  4. Zas!!! en toda la boca!!!!
    Es curioso a quién deja libre y a quién no. Este hombre (aunque de una forma nada conveniente) solo esta intentando dar su opinión de las deficiencias y errores que tiene la sociedad. De lo sumidos en nuestro mundo dictatorial estamos, del convencionalismo y las apariencias, de cómo hay que estar guapos y apetecibles, ser madres y maridos y abuelos obligatoriamente para ser “normales”, de lo que dicen que es bueno o no hacer, de la dependencia que nos crean marcas y publicistas, todo marketing a “tuti plen”, de todas esas mierdas que si no estas a la moda o en el rail adecuado eres un paria o un marginal. Es exagerado el alcance de su rasero, pero supongo que también lo es el de muchas otras cosas que pasan más desapercibidas que este “atlético y corredor de fondo asesino”. Nada, una critica muy impactante, eso si. Habrá que ir mirando dónde ponen a trabajar a este elemento, no vaya a ser que uno de sus parámetros sea exactamente nuestro modo de vida. Eso o ser un mendigo, que al parecer son los únicos que merecen un poco de respeto por oponerse al sistema.
    Perdón por el extenso e incoherente comentario, me cuesta a veces escribir lo que me suscitan tus textos, será que me lo tengo que hacer mirar jajaja
    Besos

    1. Tenía que agobiar, raramente escribo textos complacientes. De todas formas el sentido del relato está en el ultimo párrafo; lo demás es el camino hiperbolizado. El estilo puede recordar a Ellis, pero él en esos libros hablaba más bien de vacío existencial, y aquí hablo de “superación personal” acorde a los tiempos que corren.

  5. La madre que te parió y que te trajo… joder (y supongo que, tras tanta matanza y cosas varias, un taquito de “ná” no será demasiado^^)
    Es la puta hostia; crítica social en cada punto y coma, y el que vea más allá de ello, de verdad, o no ha leído lo mismo que yo, o no se ha enterado mucho.
    Fuerte, que nadie puede decir lo contrario, duro, deslenguado, cruel y desalmado… cómo la sociedad y los tiempos que corren,
    Jordi, Jordi, Jordi… estoy segura de que letra de tu puño, oro que acabará… y si el honor se pudiera medir, ahora mismo no tendría balanza en la cual pesarlo por tenerte a mi lado en el humilde proyecto que hace poco hemos empezado.

    Un beso de esos de noria y mareos varios (ejem, entiéndeme, que en ocasiones veo muertos, traducción: no te ofendas que lo mío no tiene cura)^^

    Feliz noche… ¡¡a escribir y a fumarse el cigarrito de después se ha dicho!!

    Karol…

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