Bibliografía

El bebé está desnudo y llorando en medio de la mesa pentagonal. Somos seis, los miembros de la congregación de la sangre purgadora. Nuestro líder se hace llamar Homero, y ahora blande un cuchillo y recita el texto sacrificial.
El bebé es una niña de dos meses llamada Soledad. Es la hija que les he robado personalmente a unos vecinos. Unos recién casados. Él creo que es arquitecto. Ella no sé qué es, pero es una especie de cuarentona en plan “Sexo en Nueva York”; tan profunda y espiritual que no sale de ninguna tienda de ropa en al menos hora y media. Hace poco hicieron una barbacoa en el jardín para celebrar el nacimiento de Soledad. Le pregunté a la pija si cree en Dios. Me dijo que sí, pero que no era una católica practicante; no iba a la iglesia ni esos rollos, pero sí creía en Dios. Le dije que entonces simplemente era una de esas personas a las que les aterra la muerte. Luego discutimos. Y luego me echaron de la barbacoa.
Te ofrecemos este sacrificio, esta niña nacida del amor asentado de…, va diciendo Homero.
Mi colega de toda la vida, Fran, me susurra que si estoy convencido de esto, que lo de montar orgías y demás es una cosa, pero el asesinato…
Tsss, le regaño.
… la gratitud por habernos hecho como somos, por habernos dado lo que… Soledad llora y llora. Todos están con los ojos cerrados excepto mi colega y yo. No está tan mal, le digo, es un bebé; si hubiéramos pillado al arquitecto hasta nos lo agradecería por librarle de Sarah Jessica Parker y la autopista de la felicidad de marca… en el encuentro con los espíritus, nosotros sabemos que…
Ya, me dice Fran, ¿pero esto no es como… moralmente reprochable?… Ya estamos con la moral, le corto, siempre estás igual; al final comenzarás a complicarte la vida…
No sé, me dice Fran, me gustaba más la secta cuando íbamos a una discoteca y drogábamos a un par de tías… al menos después del ritual había sexo… Claro que sí, susurro, la violación está muy bien vista entre los ateos…
… amarás a esta criatura, la acogerás en tu seno, liberada de la vorágine consumista de… ¿Cuánto queda para que mate a la niña?, me pregunta Fran. Ya no queda mucho, digo. ¿Y después?, susurra. Tsss, nos dicen. Creo que antes de usar el cuchillo la violarán. Al menos Homero. Pero no se lo digo a Fran. Todos llevamos unas togas azules. Es mi quinta secta. La tercera de Fran. Estamos amenazados de muerte por las dos anteriores.
… sabemos que la paz no puede subsistir sin la sangre, por eso… Fran me toca en el hombro. Creo que este rollo ya no me mola, susurra. Vale, digo, pero si nos vamos tiene que ser con la cría…

Al principio dices que sí a todo. Les dices que no tienes formación, que vienes de algún pueblo, que tus padres murieron cuando eras crío. Les dices que Dios es tu única respuesta. Quieres formar parte de algo. Cuando se trata del Diablo, dices que estás muy harto, que la Biblía satánica es tu libro de cabecera, que tu entorno… bueno, desearías quemarlos a todos, librarles de su hipócrita vida. Fran y yo las clasificamos en dos categorías: sectas azules y sectas rojas.
…queremos que sepas, señor, que todo lo que hacemos es para contentarte; esta niña, Soledad, va a perecer porque…
Bueno, yo quería ver lo que pasaba con el bebé, susurro, pero si lo hacemos tiene que ser ya.
… la hegemonía de los nuestros conformará los cimientos de… Fran se levanta de su silla. Todos siguen con los ojos cerrados. Soledad no deja de llorar. Yo también me levanto. Estamos en un bajo. La huida repentina es factible. Mi colega coge al bebé y sale disparado hacia la salida. Yo voy detrás. Es entonces, justo cuando cerramos la puerta a nuestras espaldas, cuando comenzamos a oír el chirriar del mobiliario y los gritos: …¡atrapad a esos malditos! Fran abre la puerta de su coche, deja a la niña en el asiento de atrás y nos colocamos en los asientos de delante. La puerta principal se abre. Los cuatro tíos van cada uno con una escopeta. Homero grita: ¡No dejéis que huyan con el sacrificio! Fran arranca y dice: Ese pavo se ha pasado los días plagiando a Gandalf…
Ellos también montan en dos coches, y se ponen a seguirnos.
Puta mierda, grito, no me acordaba de las escopetas rituales. Justo entonces, un disparo revienta nuestra luna trasera. Cojo a Soledad y le quito los cristales de la carita, la acuno contra mi pecho. Fran dobla una esquina intentando despistarles. Mira a la niña y dice: ¿Nos la podemos quedar? Sí, digo sarcásticamente, claro, puede venir con nosotros a la próxima secta…

Vigésimo informe:
Hoy al final nos hemos largado pitando. Hemos huido. Lo del bebé ha podido con nosotros. Lo que comenzó como un estudio sobre el terreno en cuanto a las pequeñas sectas, se está convirtiendo en una serie de pruebas para calibrar mi capacidad de aguante, hasta qué punto soy morboso si son los demás los que comenten ciertas aberraciones. El bebé es una niña y se llama Soledad. Se ha quedado conmigo, no quería dejarla con Fran. Al final no sé de qué narices va a ir el libro. Pero sé que hoy, de no haber sido por Fran, no hubiese hecho nada por evitar la violación y asesinato de una cría de dos meses.

La niña me despierta todas las noches. Lo que seguro no haré es devolvérsela a sus padres; al menos yo, no. Son demasiado $$$+??? para que no acabe siendo una gilipollas consentida. Fran me ha dicho que hay una secta satánica no muy lejos. Dice que la tenemos a una hora de coche. El reverendo que la creó tiene una página web. Dice que es una presa fácil para infiltrarse. Añade que echa de menos «los rollos del Diablo».
Cuantos más días paso con Soledad, menos ganas tengo de deshacerme de ella. Tiene unos ojos verdes enormes y sonríe con facilidad: la versión no corrupta de su madre. Me está ablandando hasta niveles que no había explorado personalmente. Debe ser algo parecido a lo que sienten los padres; o las personas que se enamoran de verdad. Sea como sea, es un problema. No tengo con quien dejarla.

Tres semanas después de huir de nuestra última secta, cogemos el coche de Fran y nos vamos a por la siguiente. El diablo.
Y Soledad viene con nosotros.
Hemos concertado una cita en la misma casa del reverendo. Es un señor que vive solo, y que alega haber hablado con el Señor de las Tinieblas personalmente. Son unos veinte miembros en la sociedad, algunos muy jóvenes; sus fotos estaban publicadas en la web. Las sectas rojas atraen a cierto tipo de jóvenes igual que lo hacen los skinheads. Es algo «guay» que hacer, algo con lo que no sentirse tan a menudo como un perdedor. Cualquier joven buscará información sobre Charles Manson alguna vez, pero muy pocos les harán preguntas a sus padres sobre los antepasados de la propia familia.
Al llegar a la casa, el tipo nos recibe con los brazos abiertos. Tiene cara de buena persona, es amable y nos invita enseguida a beber algo. Suele pasar. Con las sectas católicas a menudo todo es seriedad y hasta enfado mal contenido. Sin embargo, los autoproclamados siervos del Diablo, suelen ser sonrientes y amigables. Este tipo es una cara bondadosa con una cruz invertida de fondo.
El comedor es amplio. Al parecer, mi correo con clara intención por entrar en el grupo con mi colega, ha sido más que suficiente. El tío nos dice que pronto llegarán los demás. Esta noche toca ritual.
Como nota al margen, habría que añadir que el viejales no ha hecho alusión alguna al bebé que tengo entre los brazos.

Cuando llegan todos, es como estar esperando para un acústico de Marilyn Manson. Excepto dos hombres con pinta de padres de familia, el resto son casi todo chicas de entre diecinueve y veinticinco años. Llevan los acostumbrados atuendos góticos. Dos de ellas son gemelas, y sus escotes son el centro de la diana de Fran.
Hay una tabla de ouija en medio de la mesa del comedor, y nos tememos lo peor.

Vigésimo primer informe:
La secta satánica nueva ha sido todo un fracaso. Aunque he tenido parte de culpa. Ha habido varios intentos de contactar con los espíritus de la casa. Al parecer, ésta es un hervidero de asesinatos en el pasado. El puto vaso-ouija no se ha movido una sola vez (nunca lo hace). La idea del reverendo, ha sido intentar coger a Soledad y hacer un sacrificio para cerrar el ritual (el tío pensaba que la niña era un obsequio). Fran le ha lanzado un derechazo en la cara que ni yo mismo me esperaba. Ha cogido a una de las chicas presentes de la mano (el 50% de unas gemelas presentes), y hemos salido los cuatro de allí sin muchos aspavientos ni resistencia. La chica no podía dejar de reír. Soledad no podía dejar de llorar.

Solo queda una secta más. Una más y empezaré a escribir el libro. Siete es un buen número. Menos resultaba algo escaso, y diez era innecesario.
Soledad es técnicamente una niña secuestrada. Y la bola se hace cada vez más grande. Arquitecto y Pija Cuarentona deben estar chillándole a la poli con toda la fuerza de su estatus. Están solo a tres casas y en el mismo barrio. Todas esas frases hechas sobre el gran esfuerzo que hay que hacer para conseguir algo en la vida, pues bien, todo ese rollo está jugando a mi favor.

Vigésimo segundo informe:
Mañana vamos a visitar la última secta. Ayer Soledad tenía calentura. Me acojoné. Busqué información por Internet. Lo necesario:
– Un termómetro.
– Un aspirador nasal.
– Suero fisiológico.
El resto eran más bien competencias del pediatra de turno. Y no es aconsejable que vaya paseando a la cría por ahí.
Al final no tenía fiebre. He seguido los consejos de cierta web en cuanto al ambiente idóneo para una cría tan pequeña. No he pegado ojo en toda la noche. Esta mañana ha vuelto a sonreír. Su temperatura era estable. La Secta de mañana vuelve a ser satánica.

Llegamos a una casa apartada. Una casa de madera a las afueras de la ciudad. El plan es el siguiente: Fran y su nueva novia gemela se quedarán con Soledad en el coche; no queremos que nadie la confunda con un regalo a Belcebú o un tentempié para la polla pedófila de nadie.
Llamo con el puño a un portón. Si la cosa se pone muy fea, saldré corriendo y les haré una seña para que arranquen y pongan a Soledad a salvo. Fran ha aceptado a regañadientes su papel pasivo de hoy, pero por otro lado le ha gustado la idea de quedarse cuidando de la niña.
Me abre la puerta un tipo de unos cincuenta años, con la típica amplia sonrisa satánica. Claro que sí, dicen sus ojos, es otro gran día para hacer el gilipollas disfrazados. Cuando entro y veo a los demás (hay unas cincuenta personas y no me ha dado muy buen rollo que digamos), me pregunto qué niveles de negación habrá en este lugar. De qué huirán todos. Aunque supongo que de lo que todo el mundo. Esto no es más que otro juego. Para algunos, jugar es intentar el sexo anal con la novia; otros necesitan sacrificar a una virgen o hacer pactos de sangre. Pero lo que está claro es que todos queremos huir de un modo u otro. Huir de Arquitecto y Pija y lo que representan. Es el motivo por el que he secuestrado a un bebé. Es la idea de base por la que uso mi libro como excusa para andar haciendo el cabra en sectas que, al escapar uno de ellas, hacen que la cárcel no sea una mala idea para los próximos años.
La cárcel garantiza aislamiento total de las gilipolleces latentes.
El reverendo de turno dice:… amaréis solo a aquellos que no muestren piedad gratuita…
Me han dado una toga roja. El reverendo está de pie y su discurso parece inacabable. Todos los demás estamos sentados. El tío se parece al actor Brian Cox. Es muy convincente; no en el contenido, pero sí en el tono.
Después de una media hora de divagaciones del tío, los dos tipos que le flanquean (misma edad y formato físico), se levantan y van hacia un armario metálico que hay en un rincón.
Antes de sentarme a la mesa, le he dicho al reverendo que vivo solo. Que no tengo a nadie. Que alguien me habló de este grupo. Le he dicho que necesito una vía de escape. He dicho todo eso tartamudeando. Tienen que pensar que tienes once años mentales y además eres poco espabilado para un crío de once años.
Del armario, sacan a una chica desnuda, joven. El sacrificio. Si una cosa tienen en común todas las sectas satánicas, es que ninguna es para nada original. Todas centran sus rituales en el asesinato simbólico de alguien. Uno se pregunta qué harán Dios y el Diablo con tantos cadáveres sacrificiales. De dónde sacará Alá a tantas vírgenes que ofrecer a sus obedientes siervos suicidas.
Plantan a la chica echada boca arriba en medio de la mesa rectangular y enorme de madera. Está amordazada. Y el reverendo reanuda su rollo/excusa para matar a la chiquilla de turno, para añadir un poco de sal a esta puta vida aburrida de Arquitectos y Pijas y orden social dogmático y cuadriculado.
Casi puedo entender a esta gente sin hacer demasiado esfuerzo. Es como irse al otro extremo del espectro vital. En lugar de querer a los demás y sufrir por ellos muchas veces estúpidamente, te encierras en ti mismo y te entregas a una fantasía más elaborada; pero sobre todo más “fácil”, más agradecida en cierto modo.
Sin olvidar la esperanza de la inmortalidad.
Satán siempre es más enrollado que comer en casa de tus suegros.
Dios siempre da más esperanzas que Darwin; Darwin es demasiado… finito.
La chica se retuerce haciendo crujir la cinta aislante de sus tobillos y sus brazos. Y yo solo quiero volver con Soledad, librarme de Fran y conducir sin parar. Obligan a la chica a estirarse bien. Y comienzan la matanza de la veinteañera. A cuchillo. Los cerdos montan mucho más escándalo, la verdad. La chica deja de gritar muy pronto. Todo se torna en un borboteo acuoso. Es la primea vez que llego a ver el asesinato sectario de verdad. La muerte humana es muy “seca”, muy poco… dinámica. El reverendo apuñala su presente oficial, su vida real, añadiendo protagonismo a éste otro presente que veo ahora. Quizá él no acuchilla a esa chica, quizá es su banquero, su mujer, o la mujer de quien está enamorado y no le hace caso; quizá ella también tiene unos veinte años. Ahora, todos menos yo, meten las manos en el cadáver y lo destripan. Comienzo a dar pasos hacia atrás. Hacia el portón. Se acabó el trabajo sobre el terreno.
He visto cómo violaban a chicas inconscientes, y he salido pitando cuando veía que el cuchillo se alzaba por los dioses. Y ahora ya he visto todo lo que había que ver. Nadie me detiene. Salgo afuera. Me doy cuenta de que tengo la camisa salpicada de sangre. Me meto en el coche, a sabiendas de que el reverendo se pondrá en contacto conmigo. Me dirá, probablemente, que aún no lo sé notar, pero que ya estoy muerto.
Fran conduce y yo acuno a Soledad. La gemela me pregunta que qué voy a hacer con “el bebé” al final. Soledad estira los bracitos. Y me sonríe.

Arriba, trailer de la película que voy a ir a ver en cuestión de horas. Abajo, más del monográfico kate Upton. A este paso, será la musa/celebridad de este blog… Y, visiten el MIERDAS, está imparable.]

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3 comentarios en “Bibliografía

  1. En cierta ocasión vi a un niño pequeño con su madre y sus cuatro hermanos mayores, estuve hablando con la madre mientras ésta maleducaba de forma despiadada a sus criaturas, las malas pintas, el mal vocabulario, higiene, y sobre todo los malos consejos para el futuro de sus hijos era la conversación predominante en aquella familia. Con el tiempo serán un grupo de personas inadaptadas y con suerte no caerán en las drogas o la delincuencia siguiendo los pasos del padre. Por un momento pensé en la vida de aquel bebe, en sus rubios cabellos y sus ojos azul claro, en sus manitas rechonchas y su sonrisa inocente, por un momento pensé que si aquella criatura fuese (no mía) pero si de una familia adecuada, tendría quizás la oportunidad de ser alguien normal fuera de la mierda en la que ahora inconsciente estaba metida. Ya sé que no tiene nada que ver con tu texto, pero me lo ha recordado mucho, éste chico debería quedarse con la niña e intentar educarla como es debido, eso o entregarse a la policía, devolviendo a Soledad y escribiendo su libro tras las paredes de la cárcel que seguro medios ofrece.
    De las sectas no sé porqué pero no me apetece hablar jejeje
    Como siempre genial.
    Un beso

  2. Yo sólo venía a agradecerte visita y comentario y me he encontrado con un relato realmente interesante. Por el desarrollo del mismo no me esperaba el final y me ha pillado desprevenida el reguero de sangre.
    Me ha gustado mucho
    Bueno ¿como ha ido la peli?
    Un saludo

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