Espinas

Ahora follar también es una moda, me dice Rosa. Y créeme, Rosa dice cosas sin parar. Follar es una moda…; sí que sigue habiendo tías estrechas, pero es una estrechez más bien de diseño. Cierto tipo de estrechez moral (de cierta clase de moral moderna): el clásico machismo femenino inagotable, ahora aderezado con tecnología portátil y demás. En el fondo muchas aún creen que una mujer no debería disfrutar más de la cuenta del sexo; y si lo hace, desde luego no debería reconocerlo jamás. Forma parte de esa extraña pose occidental de hoy en día, de doble filo, mezclada con títulos universitarios y una lista de objetivos indie que cumplir. Es una moral difícil de calibrar. Follar es una moda igual que tener perros y gatos se ha convertido en una moda. Ya sabes, murmura, si no sigues lo suficiente las modas, eres básicamente un perdedor. No se trata de vivir una vida propia, se trata de amoldarte a las circunstancias del mercado de la moda, dice. No puedes hacer las cosas como tú quieras, sino como dicten las modas que hay que hacerlas, ¿qué eso de tener carácter?
Estamos en un tugurio, casi a oscuras. Una tienda de cómics ya cerrada. Nos rodean volúmenes de todo tipo, porno y violencia extrema, libretos underground, libertad de expresión a salvo de esos moralistas por no ser clientes potenciales de la misma.
Si te miras en el espejo el rato suficiente, al final dejas de tener una opinión sobre lo que ves, dice. Tienes que haber hablado al menos cuatro o cinco veces largo y tendido con Rosa para superar lo buena que está. Tiene esa capacidad física epatante que funciona a primer golpe de vista. Ella misma asegura que no es la clase de belleza que querría tener. Habla siempre de esas chicas que son más guapas a más las ves. Esas chicas monas que pasan de monas a guapas y de guapas a quizá la única mujer que alberga esas facciones atrayentes en particular. Es decir, una mujer guapa que no se parece a ninguna otra, y que cada vez es más guapa. Una tía buena de largo recorrido. Para paladares exigentes y mentes abiertas. No las encontrarás en las revistas, me dice, pero créeme, algunas de esas tías que pasan desapercibidas en el colegio y el instituto, en muchos casos acaban siendo el punto de mira de los pajilleros que se las agregan a Facebook como amigas.
No lo dudes, dice, si se supiera en qué piensan los tíos cuando se la cascan, los cánones de belleza muy pronto serían otros.

Aquí me siento a salvo de mis amigas, dice Rosa. Bueno, amigas… ya sabes, así es como las llamo. Sospechan de ti, me dice, yo no les he dicho nada, pero quieren saber si follamos o no, o qué rollo llevamos. Quieren ponerle nombre a lo que hacemos. La mayoría de gente se colapsa si no puede etiquetar algo; se ven con alguna especie de sobre marrón imaginario en la mano, y necesitan archivarlo, quieren la información. No puede ser que no puedan encajarte en su escala de valores. Y sobre todo, si no les das las información, les resulta mucho más difícil compararse contigo. Bastante tienen ya con dedicar todo su tiempo en ser socialmente aceptados, como para encima no saber si los otros son “oficialmente” mejores o peores que ellos.
Yo tenía un amigo, me dice Rosa. Un amigo de verdad, añade. Pero creo que se comenzó a poner nervioso ante la idea de que solo fuéramos amigos, dice, creo que sus colegas le empezaron a tratar de tonto por no meterme mano. Me dice que ese muchacho y ella dejaron de verse. Él comenzó a salir con una chica. De repente, su descuidado look y su sentido del humor comenzaron a transformarse en otras cosas. Sus tejanos normales se convirtieron en tejanos superficialmente desgastados, comenzó a llevar cierta clase de jerseys más ceñidos, le crecieron unas gafas de pasta que no le pegaban más que por el hecho de la moda, y su pelo pasó de ser natural a estar fijo y brillante todo el día. Sus colegas le hablaban aprobadoramente sobre lo mucho que había cambiado. De repente era más estable, “se notaba”. “Esas cosas se notan”, decían ellos y sus novias. Estaba avanzando, ahora sí había asentado las bases para quizá incluso comerse el mundo. Su cinismo comenzó a aparecer menos, y el flujo vaginal de esa novia suya ahogó por completo cualquier atisbo de sarcasmo o sentido crítico en su carácter. Si decía un taco delante de ella, se disculpaba. De golpe, era moderno, era “mono” porque había cambiado su indumentaria, y sobre todo, había mejorado los comentarios de sus colegas cuando él no estaba delante.

Rosa se levanta y comienza a apilar cómics, los cómics que tengo como “deberes” leer hasta el próximo día que nos veamos. Me encanta este sitio, trabajar aquí, me dice. Además, añade, hace que los demás se sientan muy cómodos contigo, la mayoría de ellos tienen sus carreras y sus fulgurantes trayectorias, y si tú solo trabajas en una tienda, eres de algún modo inofensiva. Cuando se trata de mí, no hay competición para ellos, dice. No entienden mi modo de vida, cómo me gano la vida y por qué no hago otra cosa, y sin embargo la mayoría de ellos mueren por que llegue el siguiente fin de semana, a la vez que curran como burros en algo que les es indiferente, y siguen estudiando algún master para especializarse en ese algo que les es indiferente. Es ese concepto de vida tan respetado, esa obsesión por acumular preparación; ves a tíos de treinta y pico años que siguen estudiando, es como si ya se prepararan para una siguiente vida, y no la que les está pasando por las narices. Siguen leyendo los libros que les obligan a leer y no los que ellos quieren leer; siguen aprendiendo de modo “unívoco”, aprenden en una sola dirección, profundizando (al menos en teoría) en exactamente lo mismo que otros miles de alumnos de la misma especialidad. Es la cadena de montaje de los “sabios”; todos pensando lo mismo, leyendo lo mismo y, sobre todo, aprendiendo por encima de cualquier otra cosa a aprobar exámenes concretos para profesores específicos. Es como si más que ponerse a prueba en cuanto al saber sobre las materias de la vida, pusieran a prueba su propia cabezonería e insistencia para superar pruebas que llevan toda la puta vida estandarizadas.

Rosa se sienta a mi lado otra vez en el mostrador, me pasa los cómics. Habla de patriotismo. Toda esa gente que pasa por la vida presumiendo de país, amando a un país, un país entero, decorando paredes con las banderas de ese país. Esa gente que reivindica sin parar a su país o quiere independizarse de otro país, que no hacen más que soltar discursos políticos sesgados y absurdos. Esa gente que pasa por delante de los mendigos igual que cualquiera, y que sin embargo dicen amar a todo el país de turno. Que queman banderas de otros países para reivindicar la de su país. No soportan ni cenar en casa de sus suegros, pero te quieren convencer de que el país entero forma parte de ellos. El país está en su corazón. Aunque luego en vacaciones aprovechen para irse al extranjero… No lo dudes, si tienen dinero pillarán el primer avión que pase. Españoles, catalanes, argentinos, americanos…; los americanos suelen ser los más patriotas; incluso se habla del sueño americano. El país más poderoso del mundo, militarizado hasta los dientes y capitalizado hasta la médula, lleno de orgullo nacional de mierda. El concepto de nacionalismo hace mucho que apesta, ese modo de añadir romanticismo a las fronteras. Y tanta gente cae… tanta gente que apenas ha salido de su barrio y agita banderas a la más mínima ocasión. De verdad, qué coñazo de gente.
Rosa ojea un libro de Clarice Lispector. Hace poco la tienda estrenó una sección de libros. Cómics y libros, dice Rosa, qué más quieres. Mañana toca socialización, dice. Cumple años alguien, la hermana de una amiga o algo así. Además, me quieren encolomar a un tío, dice. Un tío de esos preparados, un viajante. No tiene ni veinticinco años y ya va por ahí recorriendo aeropuertos a diario, dice. Tiene pasta por lo que dicen; y a juzgar por su coche, probablemente la polla pequeña, murmura. Así que mañana toca no depilarse, pasarse apenas el cepillo, e ir con la cara lavada, asegura, lo más fácil es que el tipo pase de mí; creo que cuando repartan el pastel de cumpleaños, me pondré a leer algún número viejo de Linterna Verde…; eso debería ser el golpe definitivo.
Tienes el problema de las tetas, le digo.
Sí, dice, pero te aseguro que no le quedarán ganas de vérmelas. Rosa tiene unos pechos abundantes, ella los llama «pechos de cubana». En un fanzine llamado Cosas que te follarías, escribió un amplio artículo sobre tetas. Formas y tamaños, tetas que invitan y tetas que rechazan, tetas insultantes y tetas casi inexistentes, etcétera.
Y ahora vuelve a hablarme sobre esa idea que tiene para una revista de lavabos. “TodoLavabos”, así querría llamarla. Es un tema sin fin, dice siempre. El mundo visto solo a través de sus lavabos. Reportajes y hasta entrevistas que me desarrolla con la mirada iluminada. Serios editoriales: Escasez de lavabos en África, El lavabo como refugio de violadores, El sitio en el que follarte a esa persona que te gusta, ¿por qué esperar? Lavabos estéticos (es tan bonito que me da igual que el tío que tengo al lado me pueda ver la polla). Etcétera.

Con todo, hoy no puedo evitar sacar el tema de marras. Es obvio que Rosa me gusta. No sé por qué, simplemente es así, me gusta. Podría decir que es porque está buena y demás, y obviamente ése es un motivo. Pero hay muchas chicas que están buenas, cada una a su modo. Al final, tienes que elegir. Yo hablo más de ese motivo irracional por el que te gusta alguien. El amor en sí, supongo. Ese no-sé-qué enterrado en eufemismos. Estoy colado, Estoy pillado, Estoy… lo que sea. No es sólo la vieja manía que tiene mucha gente de querer estar con alguien porque necesitan tener pareja. No me da miedo estar solo y no necesito tener siempre a una tía al lado en el cine a quien meterle la mano en las bragas. No quiero subir peldaños sociales por el hecho de tener pareja. No se trata de salir monísimos en las fotos, ni de ponerse serios y comprar ropa para ir a bodas de gente cuya muerte no me afectaría más allá de los cinco minutos.
Yo hablo del auténtico problema que supone el sufrir por alguien de verdad, por ella. Estoy solo y, la sola idea de que alguien pueda estar haciéndole daño donde sea que esté a algún nivel, hace que un nudo en el estómago me joda el resto del día.
No le digo todo eso a Rosa, pero sí intento darle a entender que follar encima del mostrador solo es suficiente cuando la otra persona no te resulta especial. Si la otra persona no sobresale para ti y eso es mutuo, pues adelante, Carpe Diem y todo ese rollo. Dale duro si se deja. Etcétera.
Ella dice que vale, no pasa nada, que no me ponga nervioso, no se va a poner críptica conmigo ni nada de eso. Si quiero que salgamos por ahí, saldremos. Eso sí, me dice, debo tener presente qué es lo que vamos a iniciar. Vamos a sacar lo nuestro fuera de la tienda de cómics. Lo cual implica el principio del desgaste. Ni tú ni yo somos como esas personas pacientes que se conforman con alguien que les soporte para toda la vida, me dice. Lo que decía, ella tampoco necesita tener pareja a menos que esté con alguien que le guste de verdad; eso mismo me está diciendo ahora. Tanto tú como yo conocemos las ventajas de la ocultación, me dice, y que de hecho una buena paja podría ser mejor que un mal polvo, sonríe (chiste personal). Yo asiento a cada cosa. No sé si ella nota mi nerviosismo. No vamos a hacer historia, y eso es lo más deprimente de todo. Es sólo el lío de siempre. Lo que vamos a hacer es dejar este mostrador tarde o temprano, dice. Vamos a ser un poco menos como somos y un poco más como son los demás. Es el motivo por el que jamás me casaré, dice, el solo concepto me parece asfixiante y cruel; donde los demás ven compromiso y madurez, yo solo veo estupidez y una tradición obsoleta. Casarse me parece como el circo romano de las relaciones, y hace la tira que no se celebran circos romanos.
Está bien, murmura ella, y con la boca pequeña me confirma que ella siente lo mismo que yo. O al menos algo parecido, y que eso basta. Sólo me pide una cosa. Me pide que piense en ello esta noche. Dice que entiende que me está pasando el muerto a mí, pero me ruega que analice la situación. Como ella decía, es el principio del desgaste. Si crees que quieres de verdad a alguien, hay que tener en cuenta algo, puede que el modo más rápido de perder a esa persona sea el tener una relación “oficial” con ella. Eso me dice Rosa. Luego, camina hacia una estantería y se queda en silencio mirando la cubierta de un cómic de Scott Pilgrim. Y yo pienso en que lo mejor sería ser como su amuleto, alguna piedra que ella llevara en la cartera siempre; siempre con ella; algo de lo que nunca se hartara y nunca llegara a molestarle. Son las dos de la mañana y fuera llueve. Me quedo pesando en el modo de convertirme en un amuleto humano. Estático y relajante. Estoy demasiado vivo ahora. No es agradable. Podría conformarme con ser su tampón. Ahora estoy enfadado. No me gusta ser de carne. Dios no tiene razón.

[Arriba, trailer de “I saw the devil”, una muestra de ese cine koreano desvergonzado y brutal que tanto disfruto (y que por fin la he visto, joder). Abajo, sigo con el monográfico Upton (para qué cambiar, para una tradición que no es dañina…).]

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8 comentarios en “Espinas

  1. Sí he encontrado ese tipo de belleza que gana cada vez que la miro, incluso cada vez que la follo. Pero es una belleza que no ven todos como la ven yo. Es el idel de belleza que tengo yo que no coincide con el de otros, simplemente. Desde luego a esta mujer ya me la hace bella que esté en una tienda de comics. Pero da igual, no estamos para ser amuletos. Si tenemos la posibildiad de mojar mojamos y desgastamos lo que está entero porque está para eso, para desgastarlo. Y si se gasta pues no pasa nada. Se busca en otra tienda de comics o dónde sea.
    Por cierto los tonos de la fotografía de la Upton me recuerdan a películas porno antigüas.

  2. “Es como si más que ponerse a prueba en cuanto al saber sobre las materias de la vida, pusieran a prueba su propia cabezonería e insistencia para superar pruebas que llevan toda la puta vida estandarizadas.” Es tan cierto.
    Buen relato.
    Saludos.

  3. Te has modernizado con los comentarios.
    En el amor no hay que analizar las cosas. Hay que dejarse llevar. Analizarlo lo estropea, porque en realidad, lo que estamos anlizando es lo que pensarán los demás de nuestros actos y de nuestros sentimientos y entonces lo que hacemos es entregarselos a esa masa anónima que son “los otros” y nosotros dejamos la oportunidad de disfrutar de algo que siempre es un regalo. Perdemos la ocasión de ser un poco felices.
    Creo que cuando uno se enamora debe hacer (aunque suene cursi, no he encontrado nunca mejor definición) lo que le dicte el corazón.

    He echado mucho de menos tus recomendaciones peliculeras. Creo que para esta coreana, no voy a encontrar acompañante y yo sola no pienso ir.
    Estoy enganchada al “Californication”. Me va a tocar comprarme el resto de temporadas.

  4. Que difíciles son las disecciones de pareja, casi mejor no hacerlas, solo hay que pensar si se esta agusto o no con ese alguien que te acompaña de una manera u otra.
    Ayer pasé por una tienda donde una pareja discutía abiertamente (creo que es su tónica habitual) después de unos minutos de escándalo publico y avergonzarte para ellos, supongo, han salido agarrados de la mano. Es curioso como las personas discuten por nimiedades, o la rapidez en la que solucionan lo que parecía el inicio de la guerra mundial, o simplemente es que no puse atención (como hacía el resto de compradores) a lo que se estaban diciendo.
    No sé a qué venía este comentario ahora, pero supongo que todo tenía que ver con eso de no entender una puta mierda sobre relaciones, que creo que le pasa a todo el mundo.
    Un beso Jordi, una fantástica historia, y su protagonista de las que despierta todo mi interés, tus chicas siempre son atrayentes 😀

  5. cierto, era un texto largo y denso… pero merece la pena..

    creo que es verdad, empezamos a perder las cosas cuando les ponemos etiquetas, de repente se convierten en el objeto nombrado y dejan de ser la persona, se convierten en amigas, amantes, novias…

    pero no sabemos vivir sin esas etiquetas…

  6. pues yo te digo, pues qué diablos!!!
    eso mismo en ciertos instantes me vengo preguntando, que es esto que se crea, nace sin llamarlo? es cuando todas mis palabrotas y mis dulces palabras no alcanzan a describir mi sentir, es como un estado subjetivo, misterioso, casi un estado alterado de conciencia, pero bastante alerta, le veo pues del lado, de esa parte de enrredo y marañas, como ciertos atajos que amas, de aguas transparentes aún en las noches, donde puedo sumergirme y no ahogarme, donde explorar todos y cada uno de los dias desnuda, en cubierta, en canoa, con aletas, y eso eso cuenta y predomina en que crea en “eso” o “esto” . . . la gente solo añade comentarios, eso comentarios, indiscutiblemente la gente y todos etiquetamos cada acto, hasta la gente, pero quien diablos trajo ese tarjetero? y si me cuelgan una nota en la espalda, pues carajo mi correr por la vida la hace volar! … como siempre un gusto hacer unas cuantas reflexiones con vos!! leerte aun en el cansancio es lo mejor!! Saludos alegres de corazon ! 😀

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