Relato diario (1 de 5) – Escupir al cielo

Amigo escritor aficionado compulsivo con ínfulas de futuro remunerado producto únicamente de seguir priorizando tu pasión, me dice el escritor profesional canoso y experto que quieras. Amigo… (etc.), me dice, lo mejor de la compulsión de escribir sin parar es que raramente las personas más allegadas te leerán. Lo harán poco o nada un tiempo después de saber que escribes, y nada o casi nada a largo plazo. Esto conllevará para ti la ventaja de no tener que codificar apenas ciertos textos más autobiográficos de lo que crees. Escribe mierda sobre todo el mundo y sobre ti hasta morir solo (al fin y al cabo nadie se libra de morir solo; no se conocen muertes en grupo a menos que éstas hayan seguido rituales bélicos o sectarios). La primera regla importante es no hacer caso a nadie. La segunda regla importante es caer de vez en cuando en un buen pozo de autocompasión, para poco después sacártela metafóricamente y medírtela con una regla. La tercera regla importante es el secretismo sobre tu vida. La cuarta: valora con cinismo cualquier relación sentimental ajena (no son felices, sólo han montado un escaparte en el cual hay una fenomenal moto de competición que te quieren vender a toda costa). La quinta regla es odiar la navidad (y aquí, cambiar la palabra «navidad» según convenga [cumpleaños, santos, día de los enamorados…]). La sexta regla es resoplar decepcionado cuando alguien de tu misma edad, ya sea amigo, conocido, ex-compañero, ex-pareja o lo que sea, haya tenido un hijo (tú sabes que esa criatura no es más que una cría de la moto fenomenal del escaparate, una mini-moto que despertará a sus padres cada noche y se cagará y vomitará y meará encima porque sabes que las crías de moto hacen esas cosas antes de acabar haciendo cola en el Inem). La séptima regla es mirar por encima del hombro a todo el mundo con (o sin) sutileza (ni que decir tiene sobre todo a aquellas personas que estén empleando su tiempo en estudiar Económicas, Empresariales o similares, ya que no solo sabes que se van a aburrir como cabrones durante toda su vida laboral, sino que además van a ser contribuyentes directos de todo lo malo que acontezca en el mundo al estar enchufados más que nadie en el Sistema occidental). La octava regla tiene que ver con relativizar cada paso que des en la vida, convertirlo en algo distinto a lo que hacen los demás (aunque técnicamente sea lo mismo que hacen los demás); si tienes una relación es porque tú sí estás enamorado; si lo que haces es follar con unas y con otras, es por el Carpe diem; sin tienes un hijo, ese niño es producto del amor. Tú no vendes motos. Eres tú, joder. La novena regla es tener orgullo de soltero/a. De no haber conseguido pareja estable ni haber tenido pequeñas mini-motos (y aunque todo el mundo te mirará por encima del hombro por ello porque en el fondo todos formáis parte de la misma mierda y estáis en la misma fosa séptica), alardearás de tu forma de vivir, porque tú sí has ejercido tu libertad, y lo has hecho porque no te has atado a nada ni nadie, lo cual, tiene ventajas y desventajas; y aunque sabes que a la gente le cuesta más ver las desventajas de haber construido un nido con-quien-sea para criar a una o varias mini-motos, tú sabrás que tu soledad no sólo “tiene un precio”, sino que además seguramente es impagable. La décima regla es entender y aceptar el caos, chocarla con el diablo e intentar analizar las cosas por separado sin acordarte de lo que decía tu abuelo o cualquier otra figura sabia que la “sabiduría popular” haya encumbrado por simple corrección política. Entonces, confuso, agobiado, quizá algo borracho y relativamente contento de seguir vivo, ya es un buen momento para ponerse a escribir.

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5 comentarios en “Relato diario (1 de 5) – Escupir al cielo

  1. Me alegro de haber cumplido al menos siete de las nueve reglas, y si tienes que sacar la cabeza de la fosa séptica que te has formado y escavado en tu vida (y estoy hablando de mi misma, que conste) es mejor hacerlo siendo consciente de que sea como fuere todo lleva al mismo lado, a ese termino entre gusanos y soledad, donde quieras o no aceptarlo estas solo y sin saber quién serán los capullos que llorarán tu puta muerte. Hoy tengo un mal día ¿se nota?
    Magistral texto, y mejor aún cuando sé que mañana y los próximos cuatro días tendré más dosis que consumir, eso me envalentona, no sé porque.
    Besos talento innato.

  2. Impresiona encontrarse con esas reglas cara a cara, aunque luego te des cuenta de que cumples casi todas.
    Volveré a por los siguientes y muchas gracias.
    Un abrazo.
    Y un beso para Irene con mucho ánimo.

  3. Jordim, con tanta crueldad, una vez más me hacés reir. Qué gusto leerte. Hasta la 7a me identifiqué como persona, pero sin duda en la 8a ALARDEARÁS DE TU SOLTERIA, me identifiqué como escritora.
    Igual, aunq me blog lleno de sexo, anécdotas y fantasías realizadas es leido, como bien decís, por la gente que no me conoce, pienso en este refrán que usamos a veces en Argentina : “Dime que ostentas y te diré de que careces”. Un beso. NACAR

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