Relato diario (2 de 5) – Paula

Paula tiene diecinueve años. Lo cual es un dato aburrido -y sí, lo sé, sosamente narrado- hasta que te enseña lo que tiene en el armario de su habitación. Te abre las dos puertas y te muestra su declaración de principios: unos siete estantes abarrotados de botes de esos en los que te hacen mear para los análisis. Entonces, preguntas qué hay en los botes. Ella te contesta, y sonríe. Puede que pocos segundos después, mientras tú intentas dar crédito a lo que ves (y puede que ya con el estómago revuelto), ella esté procediendo a desnudarse mientras comenta que sus padres están fuera de viaje. Se quita la ropa de forma rutinaria, aunque no por ello a desgana.
Se desviste, y si apartas la mirada del armario y te centras en las curvas y el olor de la muchacha, es muy fácil recuperarse; puede que pasen dos o tres minutos y ya has superado lo de los botes llenos de semen. Y cuando vas a tocar una teta, o su culo, o quizá intentas meter la lengua en su boca, entonces te dice: Espera. Dice: ¿No quieres saber antes de qué voy? No se sabe si te detiene a esas alturas porque al verla desnuda sabe que ya te tiene en sus redes, o porque simplemente es su proceder; “le enseño el armario, me desnudo, y antes del sexo se lo cuento todo”… Así pues, comienza a hablarte siempre con su media sonrisa asomando, y te dice que al principio pensó que simplemente practicaría el coito con cada tío una vez, para así ir sumando. Luego, dice, le pareció que eso era demasiado frío o manipulador, así que decidió que follaría con cada uno hasta que llenase de su bote correspondiente. Creo que así es mejor, te asegura, creo que eso hace que el tío no se sienta tanto como un kleenex, sino más como una especie de “follamigo” temporal; sin olvidar que, si tengo que elegir entre un polvo y cinco, o seis, siete o los que sean, siempre prefiero cinco, seis, siete o los que sean…
Miras su sonrisa.
Vuelves a atacar porque te repites a ti mismo: “Sí, colecciona botes de semen, pero no me voy a casar con ella, puedo olvidarme de eso y…”. Pero ella te detiene otra vez y te dice que aún no ha acabado. Argumenta que no es que esté tarada y punto; lo que hace obedece a una especie de plan personal relacionado con algo que muchas veces los seres humanos no sabemos controlar. Vale, murmura, déjame explicarme, te prometo que no te estoy tomando el pelo. Lo creas o no, la miras a los ojos mientras te dice que en serio, que ella lo que quiere es tener hijos algún día. Creo, asegura, creo que mucha gente fracasa cuando intenta tener una relación sólida porque no están todo lo saciados que querrían en variedad y cantidad. Mi objetivo, argumenta, es hartarme ahora que puedo, hartarme de tener sexo con tíos y más tíos; de ese modo, seguro que dentro de siete u ocho años, podré afrontar una relación monógama habiéndome librado ya de la cuestión más farragosa; pensaré en todo lo que follé ya en su día, en que sé lo que es eso, y en que no lo necesito más de esa forma; y eso me curtirá para poder ser madre en el futuro con alguien a quien quiera y a quien no engañaré, porque mi cupo de tentaciones ya estará desbordado, será una asignatura superada, y podré afrontar con calma la vida familiar tranquila y tradicional que es mi verdadero objetivo.
Guardas silencio y ella sonríe otra vez.
Sé lo que estás pensando, te dice, pero todo el mundo hace planes… sólo que mi plan es a lo grande; si me gustaras lo más mínimo ya no estarías aquí; no me malinterpretes, eres mono y todo eso, pero no siento nada más allá de lo físico. Todo el rollo de los botes, añade, no es más que una forma de llevar la cuenta, de recordarme a mí misma lo que ahora toca hacer; tengo sesenta y dos botes llenos, calculo que podría llegar a trescientos o cuatrocientos…; y dime, ¿crees que después de haber tenido sexo siete u ocho veces con trescientos tíos voy a seguir con ganas de… “ser mala”?…; es muy poco probable, ¿no crees?, ya lo habré sido todo lo que era necesario…; el problema es que la gente alarga esto durante toda su vida por culpa de la moral; pero yo sé aprovechar mi tiempo, sé cuándo comenzaré a envejecer, sé que quiero un marido y niños y un perro y puede que hasta una valla blanca; y al menos no seré yo quien estropee esa ilusión.
En ese momento, es ella la que intenta besarte; pero entonces tú preguntas: ¿Tus padres lo saben?
Cariño, te dice Paula, mi madre tiene cuarenta años y va por su tercer matrimonio, la idea fue de ella.

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4 comentarios en “Relato diario (2 de 5) – Paula

  1. Magistral. Me encanta lo que escribes (no todo. Perfecto no se puede ser). Si llega el día, serás mi libro de cabecera. Ánimo para lo que viene.

  2. Ojo con Paula, esta muy organizada, como si todo lo que tiene planeado ya lo hubiese visto antes, como si supera a ciencia cierta el final de todo ese plan que se ha montado.
    Me encanta como te quedo este relato, y menos mal que tengo algunos atrasados, porque se me hizo corto corto para lo que nos tienes acostumbrados
    Un beso nene

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