Las aventuras psicosexuales de Rudolph (un cuento extremadamente navideño)

Hay un problema en una línea de producción. El índice de ganancias ha bajado en cierta empresa. Papá y mamá no follan desde hace años que se sepa. Un chino ha muerto congelado por un problema de obcecación profesional. Alguien ha empujado a alguien a las vías del tren, eran las ocho de la mañana. Una adolescente llamada Clara ha vomitado en el portal antes de subir a su casa. Otra adolescente, también llamada Clara, se ha suicidado por obcecación amorosa, su sueño era ser madre. El representante de Dios en la Tierra se ha defecado encima, incontinencia. Un mayordomo, poseedor de un miembro de veinticinco centímetros, practica sexo con La Señora, mientras El Señor sigue de viaje de negocios en Praga. Un astronauta filtra su orina para convertirla en agua potable. Un gigoló entra en Irina, de cuarenta y cinco años, viuda, adicta al sexo y al juego, una clienta habitual.
Rudolph, pues, trabaja la entrepierna de la cuarentona. Fuera es noche cerrada y nieva. En el piso de arriba alguien canta villancicos. En algún lugar un chico mata sin querer a su novia de quince años; la enculaba y ella se ha roto el cuello contra el cabecero de la cama. Rudolph se pregunta si los chicos estarían haciéndolo con los padres en la habitación de al lado y eso lo ha precipitado todo, pero las visiones no siempre le llegan en detalle. A veces le llega un nombre, una acción, y todo se difumina; los sucesos le llegan de forma instantánea o con un aparente retardo de horas. Una ama de casa llamada Esther se clava en el ojo sin querer un cuchillo de cocina. Un niño grita solo en medio de un bosque, llama a su madre (pasa muy a menudo). La cuarentona le grita a Rudolph que se corra dentro. La que parece la actriz porno Silvia Saint, prepara un bocadillo de queso en una cocina. Arriba los villancicos no cesan. Una chica francesa de veinte años se podría quedar embarazada, su novio ha descubierto que el condón está roto. Un hombre muere de frío echado en un banco (un clásico). Rudolph suele tardar bastante en correrse; esa idea sobre pensar en algo desagradable para retrasar el orgasmo, en su caso puede venir de serie; todo depende del momento. Un niño de tres años llamado Javi, chupetea el neumático de un coche, y la polla de Rudolph sigue erecta y aguantando el tirón. La cuarentona mueve el culo como loca. Alguien prepara su declaración de la renta, es rubia, está desnuda, se llama Anabelle. Rudolph se debilita.

Más tarde la cuarentona fuma y le pregunta a Rudolph por qué Rudolph. Y Rudolph, que no tiene una explicación concreta para eso, fuma también, y vuelve a contar la mentira sobre aquella vez que vio en un graffiti al reno Rudolph follándose a alguna clase de Mamá Noel, una Mamá Noel grotescamente inflada por la zona del trasero, las tetas y los labios. Otro rasgo a destacar de Rudolph (el gigoló, no el reno) es su propensión a la mentira. Mientras en su mente una nueva adolescente llamada Clara se corta las venas metida en una bañera, le habla a la cuarentona sobre su preferencia por las cuarentonas, sobre lo muy a tono que le ponen; y si están casadas y con hijos, si están atadas y llevan años así, mucho mejor, dice. Cuanto más inaccesible sea la cuarentona en sí, mejor. Cuanto más seria y aparentemente poco predispuesta a una aventura sexual con él, más cachondo se pone él con la idea de tirársela. Es el motivo por el que se suele poner a tono viendo una iglesia, o a cualquier persona firmando un papel, cerrando un contrato, prometiendo fidelidad. Lo que me pone de verdad, dice, son las familias. Me encanta la navidad, dice. Y una mujer llamada otra vez Clara, tropieza en un pasillo y derrama por el suelo todo el contenido de una bandeja. Me encanta la navidad, dice, porque la navidad es la época en que todos hacen apología de la familia, hablan de lo importante que es la familia, se llenan la boca de amor familiar…; ahora muchas de mis clientas están en casa besando a sus hijos, sonriendo a sus maridos, sacando fuentes de turrón…; no te haces una idea de cómo me pone eso, esa mentira descarada, ese anteponer el sexo a todo lo demás en el fondo, esa hipocresía que tiene que ver con la fidelidad conyugal… esa fidelidad sólo de cara a la galería… la idea de que en cuanto puedan librarse de sus hijos y los protocolos de clase media, me llamarán desde sus segundos móviles para quedar conmigo y desahogarse. La cuarentona escucha atentamente. Una nueva Clara entra en la mente de Rudolph, esta vez tiene solo dos meses; fallece en su cuna por muerte súbita infantil. La verdad, dice Rudolph, es que hay sobre todo dos situaciones en las que de verdad funciona el sexo; una es cuando estás realmente pillado de alguien, y la otra es cuando hay mentira y desahogo de por medio, o cabreo, o algún sentimiento potente que te haga libre…; creo que me gano la vida gracias al matrimonio.
La cuarentona presiona a Rudolph para que le cuente cuándo ha llegado a estar más excitado en toda su vida. Rudolph, mientras otra Clara aparece por su cabeza cantándole una especie de nana a su hijo acostado, dice que eso está claro, es fácil. Hace cinco años, dice, era veinticinco de Abril, y yo estaba en una cafetería; entró un matrimonio joven y se sentó en una mesa cercana. Una Clara de unos treinta años, despierta dentro de lo que parece una caja, quizá un ataúd, enciende un mechero y rompe a llorar. La pareja, dice Rudolph, era de esas que parecen ser realmente felices, un amor reciente, y con unos gemelos en su cochecito biplaza. Arriba siguen los villancicos, no cesan. Un niño negro muere mientras duerme al raso. Dos chicas de unos veinte años comienzan a besarse en la boca dentro de un ascensor que parece averiado o bloqueado. Una mujer muy alta se seca las manos en su delantal mientras le grita a su marido que se vaya de casa «de una puta vez»; la mujer se llama Clara. Rudolph dice que la madre de esos gemelos tenía los labios gruesos, buenas caderas, no hubieses asociado su imagen a la de una madre; iba con tacones y llevaba un escote pronunciado. Uno de los gemelos comenzó a llorar, dice, y el otro se contagió. Una mujer salta desde un piso quince. Un hombre desnudo arrodillado y con el pene erecto, agarra a su gato por las patas traseras mientras éste maúlla de puro terror. Un piloto se da cuenta de que uno de los motores ha dejado de funcionar. Un hombre muere echado en un banco. Una niña grita en medio de un supermercado, llora y llama a su madre. Rudolph dice que, en realidad, lo que más le ponía de todo el asunto, era la imagen que daba el marido, el padre de los gemelos; daba la sensación de ser un paria, alguien a quien esa mujer -demasiado potente para él- le pondría los cuernos una y otra vez. Esa mujer joven, dice, así de potente en todos los sentidos…, no podía ser que su vida ya se hubiera “acabado”, no podía ser que todo lo que le quedara fuera estar con ese tipo y los gemelos hasta la muerte. Un niño le tira una bola de nieve a otro, que queda inconsciente tirado en el suelo. Una chica de veintiún años rompe a llorar después de que el chico que le gusta se declare a ella justo en el momento en que ella iba a hacer exactamente lo mismo con él. El vigilante de seguridad de un parking comienza a masturbarse ante los monitores de control. Vale, dice Rudolph, la chica no era mi tipo, no era la típica cuarentona que me pone a tono, pero el solo hecho de imaginar a ese tío muy pronto abandonado con los gemelos en alguna casa imposible de mantener sólo con su sueldo, estaba haciendo que se me pusiera como una piedra. Otra mujer llamada Clara se prueba un sujetador en un habitáculo estrecho y se mira de frente, de perfil y de espaldas en un espejo.
Se hace un silencio en la habitación y arriba siguen los villancicos. Rudolph vuelve a sentir cómo cierto calor terrible se acomoda en su estómago; vuelve su preocupación sobre el porqué suele tener constantes visiones sobre sucesos relacionados con niñas/chicas/mujeres llamadas Clara. No entiende qué significa eso, o si debería hacer algo al respecto. Su mayor terror es conocer a una mujer que se llame Clara; no sabe muy bien qué haría, cómo debería actuar. Cree que, muy posiblemente, debiera tratar de proteger a esa persona; cree que es muy posible que se enamore de una Clara si la llega a conocer. No sabe por qué esas visiones le afectan más que la otras, incluso cuando las otras son realmente desagradables. La cuarentona se está quedando dormida. Justo cuando él se acomoda de costado e intenta (dentro de lo posible) que le venza el sueño, le sobreviene la imagen de un entierro -teóricamente acontecido en algún lugar durante el día-, y el nombre grabado en la lápida es el de alguien llamado Clara Mas Torres. Rudolph se pregunta si a partir de ahora dejará de tener visiones relacionadas con mujeres llamadas Clara, e incluso llega a dudar sobre si esa mujer muerta, según las fechas, a los treinta y seis años, no debía ser el amor de su vida al que nunca llegó a conocer.

[Como dije, hoy, día de navidad, sería el último día que pusiera una foto de Kate Upton (quería que fuera en plan navideño, pero no he encontrado ninguna muy de ese estilo…). Hoy se cierra el monográfico más bien involuntario y promovido por la pereza. En el video dejo el spot con el que la descubrí. Nada más. Protegeos de la familia en estas fechas, y mordeos la lengua en comidas y cenas todo lo necesario hasta que pase la “tormenta” protocolaria de estos días…]

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5 comentarios en “Las aventuras psicosexuales de Rudolph (un cuento extremadamente navideño)

  1. Pobre Rudolph…

    Yo soy una de las pocas y afortunadas personas que adora a su familia (madre, padre y hermanos) y que hace años no tiene la obligación de aguantar prim@s, tí@s y demás, por acuerdo unánime.

    Feliz Navidad, pues.

  2. Tal vez, se me ocurre ligeramente, el nombre no sea literal sino un indicio. Se interpreta así: es claro que tiene que ver con una mujer, es claro que los eventos que llegan a su mente tienen un punto en común (mujer llamada Clara), y se me da más con el pasado, tal vez una mujer llamada Clara haya sido quien le dio vida a Rudolph, alguna mujer vestida de mamá noel, con grandes caderas y tetas infladas…
    Sobre por qué le excita, bueno, es una mujer cuarentona, de familia, viviendo una mentira llamada monogamia…

    Salute!

  3. Que pasote de texto, esa mezcla de visiones y escenas y descripciones de lo que los rodea, y la conversación a tiempo real, mas los recuerdos pasados y vuelta a las visiones “Clarividentes” y todo esto sin dejar de explicarlo de forma que no te pierdes, que estás ahí engullido por el texto, joder joder, eres un puto genio, no puedo dejar de decirtelo mi chico 😀

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