El paraíso

El chico vuelve a despertar solo, las tres de la tarde del domingo. Dolor de espalda y de cabeza. Una botella de vodka vacía en la mesilla. El cuerpo aturullado; tendría hambre si no fuera por la resaca. Vuelve a ese bar en el que siempre imagina a Hunter S. Thompson montándoselo con alguna desdichada en el lavabo. Cree que es porque el sitio le recuerda a alguna película basada en alguno de sus libros. Hay todo tipo de fauna. Abuelos recordando los tiempos del combustible fósil, jóvenes bebiendo para olvidar que ayer seguían bebiendo y que lo vuelven a hacer hoy… El local está saturado de humo, porque las leyes cambian y no tiene importancia. Prostitutas. El negocio del placer y de las drogas de todo tipo siempre se abre camino, porque la humanidad sigue su camino. La filosofía del carpe diem sigue escupiendo cianuro hacia el futuro. Todo se ha mezclado. Hay un universitario con una grabadora; pidiendo permiso, se ha sentado en una mesa junto a una pareja de tortolitos. El chico conecta el radar desde la barra. El chaval les hace preguntas detalladas, como: «¿Estáis enamorados de verdad, o solo se trata del típico y antiguo acuerdo de sexo y pose y cariño a largo plazo?». Hay cosas que no cambian, pero el sistema económico, las tradiciones y cierto instituto de estadística están dinamitando conductas típicas en tiempos; aquellos comportamientos de dudosa autenticidad que muchas personas llevaban a cabo con tal de conseguir ciertos objetivos de estatus. Pero la mayoría de gente sigue sin saber estar sola. Ahora muchas parejas celebran un aniversario cada quince días. Quince días es un logro. Se ha instaurado cierto malestar relacionado con la verdad implícita en todas las emociones (de cuya naturaleza también se ha apropiado el capitalismo), la inevitable verdad entre la paja que nosotros creamos alrededor de ella.
La mayoría de los grandes negocios, esos complejos de ocio a reventar de grupos de amigos «correctos» de clase media y media/alta, son centros neurálgicos para el blanqueo de dinero. Las sonrisas de fin de semana puestas al servicio del fin de los días. El chico está convencido de que vive flotando en medio de un lento armagedón. A la gente le sigue dando todo igual, por supuesto. A veces hay protestas, manifestaciones masivas, etc., pero tarde o temprano todo eso se enfría. Todo el mundo anda demasiado ocupado pagando a cámara súperlenta algún piso minúsculo que seguirán pagando sus hijos (de tenerlos), o se lo quedará algún banco. El trato es que podrás vivir con dignidad a cambio de apenas tener una vida propia (y digna).
Teniendo en cuenta esa situación de «esclavos por la “dignidad”», sumada al hecho de que casi nadie sabe estar solo, pues bien, todo es un caldo de cultivo sin fin para las preguntas incómodas. Las que le hace el -al menos aparente- universitario a la pareja de tortolitos. La evolución del capitalismo actual hacia el ahogo constante e imparable de la mayoría de la población, arrincona muchas posibilidades de que quieras fiarte de nadie para, por ejemplo, abrir una cuenta compartida, o arriesgarte a perder más dinero del que te puedes permitir en una futura separación. Aun así, como por efecto rebote, eso ha hecho que, cuando alguien te dice que te quiere, normalmente es porque lo siente de verdad. Hay tantas implicaciones materiales en una declaración de amor (me refiero a una real: ojos llorosos, dudas, sufrimiento…), que la mayoría de personas reaccionan derritiéndose la mayoría de veces, y enamorándose casi al instante de quien es capaz de pronunciar según qué palabras de adoración.
En cada barrio, las pocas parejas que llevan años juntas, suelen ser populares, ya que prácticamente no hay cabida para el fingimiento. El sexo ya no es algo que deba estar necesariamente amparado por la ilusión de monogamia de larga duración. La gente sigue siendo monógama, pero en serie. Todo el mundo sabe lo que implica alquilar un piso con alguien o tener abogados para problemas conyugales. Las necesidades básicas han aumentado en número, y siguen siendo casi todas carísimas. Años atrás muchas parejas se quedaron en la ruina debido a demandas de divorcio. Personas que se casaron y acabaron a los pocos meses debajo de un puente. La proliferación de la inflación de precios en ciertos servicios, con el tiempo ha hecho que todo el mundo se ande con mucho ojo. La evolución de las parejas que se casaban por mandato de los padres a las que lo hacían en teoría por amor, ha inflado un orgullo sentimental que hace que muy poca gente siga teniendo una vida en pareja simplemente por mantener la estabilidad económica. El amor sigue sin ser el motor real del mundo (o eso parece), pero ahora puede reconocerse cuando se ve, como un oasis en el desierto. El amor ahora es otra ficha clave del capitalismo. La integridad de la gente puede reportar muchos dividendos. Si quieres salvaguardar el último milímetro de lo que aún te hace ser tú mismo, tendrás que pagar mucho por ello. En realidad, simplemente tendrás que pagar mucho. Punto.

No hay que ser un genio para sacar la conclusión inmediata de que, obviamente, así la tasa de natalidad va caer cada año en picado. No solo por la poca predisposición de la mayoría a emparejarse y tener hijos aunque sólo sea por apariencia y construir un nido, sino porque obviamente, si hay algo caro, es un hijo. Sobre todo desde el nuevo impuesto de nacimiento, a pagar mensualmente hasta que el crío tiene diez años. Ser soltero es muy caro. Comprometerse es demasiado arriesgado. Tener hijos va casi contra el sistema. En realidad, lo mires como lo mires, no hay salida: el único modo aparente de que mucha gente pudiera salvarse en el sentido místico, es poner una bomba.
Se trata de que, quieras o no ser tú mismo, te cueste un riñón.
Cuanto más íntegra ha querido ser la gente en relación a ciertos sentimientos, más caro les ha costado eso (también). Ha sido el modo en que el nuevo capitalismo ha pasado no sólo a condicionar tu carrera profesional y tus ilusiones, sino también tu vida personal. Hay cientos de paradojas y discusiones sobre el sistema y las nuevas tradiciones. Demasiada confusión y aparentes contradicciones para que puedas expresarte con un mensaje que quepa en una pancarta de manifestación.
La gente mayor se muere, y cada vez más gente vive sola, no se reproduce, y a la larga…
Es un extinción lenta pero sin pausa. Las pocas personas que tienen mucho dinero, también tienen en su poder la calma, y la carencia casi total de miedo. Hay estudios sobre hasta qué punto puede condicionar esta sociedad los sentimientos de la clase media. ¿Qué grado de relajación y confianza económica se requiere a nivel personal para que te puedas enamorar de alguien? ¿Habrás dejado pasar muchas oportunidades por miedo a la mendicidad?

El chico bebe, y piensa en que mañana tiene que volver al trabajo. Lo cual le va a reportar mucho… trabajo, y nada más (quizá excepto más ganas de beber). Lee un artículo; revueltas en la ciudad, el coche de un ministro lleno de graffitis. La articulista denuncia el acto de vandalismo. Eres íntegro, no puedes hacer algo así.
La maldad te condena, la bondad también, el amor más popular de antaño -conformista y de dudosa autenticidad- ya no digamos. Solo queda seguir igual, esforzado y alimentando el sistema incluso sabiendo lo que es el sistema. Es el proceso de desgaste físico y emocional de la mayoría contribuyente, un proceso que ahora incluso parecer llevar a la extinción literal -a no muy largo plazo- de la clase social trabajadora.
Pero claro, piensa el chico, si se cargan a quienes explotan, ¿cómo van a poder seguir siendo unos hijos de puta avariciosos?
Ahí es donde entra la esperanza. Por decirlo así.
Al menos si no sabes de los planes de Cupido. Al menos si no sueles creer en los rumores…

Conforme han pasado los años, el chico siempre ha estado convencido de que el fin de los días no se anunciaría en los medios supuestamente serios. Serían las webs de apariencia poco fiable las que sacarían el tema a la palestra, los blogs, todo lo que se gestara en circuitos sensacionalistas. Del mismo modo que muchas veces no son tus padres quienes te enseñan las cosas importantes de la vida.

Todo nace con cierto mamotreto de dimensiones enciclopédicas llamado “¿Seguro que le quieres?, No pasa nada por pensarlo”, al cual siguió al cabo de dos años “¿Seguro que la quieres?, ¿O se trata más bien de pereza?”
Los dos tomos se podían encontrar en la sección de autoayuda. No se habían visto cifras de venta parecidas desde el lanzamiento de La guía Tab. El que iba dirigido a las mujeres era el doble de gordo. El que se dirigió a los hombres se podía resumir con alguna frase tipo: “Hace cinco años o menos no te hubieras atado ni loco, tío”.
El primer tomo tenía, pues, teorías interesantes, incluso revolucionarias, y el segundo parecía más bien un capricho de la editorial Oscuridad Interrogante. Como fuera, los dos tomos provocaron una lluvia de dinero. Y aunque para el segundo la mayoría de críticas se podían resumir con un “Por dios…”, el primero sigue siendo objeto de análisis.

Lo que se cuenta es que el autor que ha vuelto a hacer rica a Oscuridad Interrogante, es uno de esos capitalistas que controlan la mayor parte del consorcio económico mundial. Por supuesto, las capas inferiores de ese control las conforman los empresarios un poco menos hijos de puta, pero sobre todo los millones y millones de obreros que hacen que la rueda gire, que siguen empeñados en que si se esfuerzan todo va a ir bien. Es la historia de siempre. Quienes saben cómo funciona todo de verdad, exprimen a quienes tienen buena voluntad, no saben demasiado y están dispuestos a ser burros de carga toda la vida simplemente por sobrevivir.
Puedes creerlo o no, pero lo que se cuenta es que el hijo de puta es llamado Cupido en ciertos ambientes. Porque, a cierto nivel, y por supuesto como el capitalista que es, también es un mafioso; un mafioso sobre el que alguien inventó cierta historia cachonda y algo terrorífica, que ha corrido como la tinta o la sangre. El tío se enamoró de alguien y mató a Cupido, dice la historia, porque el primer paso para tener a esa mujer sólo para él, era acabar con la fuente de todas las complicaciones potenciales.
Escribe un libro y usa tu fortuna en publicidad (lo que el escritor canadiense Jonathan S. Cuthbert ya ha calificado como «la publicación más importante desde La Biblia»). Apoya con argumentos sólidos la idea del amor verdadero. Lleva a toda la población mundial que maneja el dinero de verdad a cierto colapso personal. Lo profesional ya está cubierto, así que ataca el otro talón de Aquiles. Los sueños.
Habla con cierta empresa. Pretecnotimes. Ellos están a punto de elaborar cierta inyección para la regeneración total de células. ¿Cuánto puede tardar la muerte natural en hacer que el planeta se quede sólo con los descendientes de quienes se enamoraron de verdad y los capitalistas más auténticos y cabrones? Como sea, el primer paso era la clase trabajadora, el grueso de la población. La idea no era el fin del mundo. El planeta es un buen lugar aún. ¿No se ha vendido siempre la idea de que podemos conectar con una sola persona y que eso basta para ser feliz? Pues el capitalista en cuestión cree en esa idea, se dice, y quiere llevársela al extremo. Enamorado, inmortal, y con ella.
A solas.
Ya tiene a la mujer. Ahora tiene que preparar el escenario. Un nuevo paraíso para Adán y Eva sin Dios de por medio que pueda joderlo todo. Sin serpiente. Sin manzana.
Su mayor baluarte, se dice, es la incredulidad. A millones de personas que se levantan cada día a las siete para currar y hacen cola en todos lados y lo más parecido a la libertad que han conocido son los pocos segundos del orgasmo, no puedes irles con historias. Saldrán perdiendo del mismo modo que siempre han salido perdiendo con todo. Nadie va a creer en la inmortalidad porque Pretecnotimes no se la va a vender a cualquiera, no va a publicitarla; saben que quienes pueden pagarla ya están informados. Lo cierto, se dice, es que el empresario cree a pies juntillas que muy poca gente se enamora de verdad. Ése es el secreto. El condón será lo que acabe con la humanidad. Es una táctica que coge un poco de allí y otro poco de allá; amor real, un poco de libertad sexual, otro poco de fanatismo religioso, algunas ideas de izquierdas, otras de derechas, comunismo, fascismo, anarquismo… Todo vale si tienes el suficiente poder. Es lo que la mayoría de gente no entiende. Que quizá desde hace un tiempo sí sea el amor lo que está moviendo el mundo. Y el amor es apolítico, y un asunto muy jodido.

El chico vuelve a casa con un pack de seis cervezas. En cierta web se dice que parte del plan de Cupido incluirá la devastación nuclear del tercer mundo. Tiene sentido, piensa el chico, es algo que siempre se ha hecho para sacar un beneficio; y tal y como lo ve Cupido, lo que él sacará no es más que eso, un beneficio. Hay montajes porno fotográficos con la mujer del tío. Es una cuarentona atractiva que parece tener la misma mentalidad que el trabajador medio. Muy dispuesta a tragar en todos los sentidos, y muy crédula e incrédula a la vez. Crédula porque cree que su marido es empresario y escritor, y eso es todo (de hecho ésa es la versión oficial). E incrédula porque tampoco se creería jamás la historia sobre el nuevo paraíso. Y supongo que es normal, ¿no?, se dice a sí mismo el chico. ¿Lo es?

[Arriba, un poco más de Pixies, que nunca viene mal, y abajo + pin up. Y por otro lado, informaros de que mi otro blog, el mierdas, quizá quedará algo arrinconado, ya que un colega y yo hemos iniciado algo llamado REUNIONES EN LA CUMBRE, un blog escrito a cuatro manos en el que, como buenos hijos del VHS y el cassette, nos centraremos en el mundo de la música y el cine. Así que animaos y pinchad en el enlace. Será un blog con mucho desvarío y lindezas de todo tipo. Fanatismo del bueno.]

3 comentarios en “El paraíso

  1. Demasiado comprimido, creo. Más que un relato, me parece el embrión de una buena historia. La sensación que me deja es que se trata de un esbozo, el del marco social y temporal en el que la historia se va a desarrollar, y que precisamente la historia apenas si se apunta. Parece la idea a para una novela o para una película. Y el caso es que tiene muy buena pinta. Tal vez merezca un relato de mayor extensión.

    Y he visto una errata por ahí, la primera vez que mencionas a la editorial: pone Orcurdidad donde probablemente debería poner Oscuridad

  2. Vaya fin del mundo. Lo peor es que la primera parte no me parece una distopía tan descabellada. Un mundo donde la gente está obligada a trabajar mucho y a pagar la totalidad de sus ingresos como única forma de supervivencia es el paraíso capitalista… No me parece algo tan lejano.

    El hecho de retorcer hasta ese punto la idea de que el amor mueve el mundo me ha encantado. Aunque por otra parte, siendo realistas, si el amor moviese de verdad el mundo, probablemente no podría ser de otro modo.

    Mucha suerte con el nuevo blog.

    Un saludo
    Ehse

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