Archivos Mensuales: marzo 2012

Una suerte de discreción casi heroica

Es cierto que a muchos no les gusta que lo intentes; sea lo que sea que intentes, si no conciben algo parecido para sí mismos, no les hace puta gracia para ti. Porque podrías conseguirlo, y eso podría ponerles en duda en cierto modo. ¿Qué pasa si te arriesgas buscando algo nuevo o especial y consigues quedar aunque sólo sea a unos metros de dignidad tragada de lograrlo? El sentido común de uso común, la coherencia, las acciones responsables, digamos, oficiales, podrían quedar en tela de juicio. Porque quizá estás insinuando, por ejemplo, que a lo mejor tú no quieres ser sólo dinero el 90% del tiempo. ¿Cómo coño te atreves a murmurar con orgullo que no eres solo un ignorante pensando así? Muérete de frío en la calle. No has querido sacar al mercado la Nancy Pinchazos; te negaste a publicitar el Ken Genocida. Tenías ya más de veinte años y no sólo querías tener principios de lo más extraños, sino que además estos eran volubles. No te importaba contradecirte o reconocer que habías sido hipócrita, y cuando lo hacías muchos pensaban que había un plan por lo que lo hacías. Un plan a largo plazo.
Pensabas utilizar a Dios para trazar una definición. Sonaba contundente. Dios existía, lo que pasaba era que quería un cielo más lujoso y se había vuelto ambicioso, se había vuelto emprendedor al más puro estilo Humano.

M era el secreto. Ibas a esperar un tiempo para luego decírselo todo, y también todo esto (aunque eso en presente te convirtiera en un capullo por transformar a alguien en un as en la manga, cosa que por el momento aún no te hacía sentir mal o estúpido). Mientras tanto, tenías sueños. En ellos te veías a ti mismo discutiendo rabioso con seres queridos, con tus padres, con amigos de toda la vida. Les mandabas a la mierda de cien formas distintas. La rabia corría por tus venas en esos sueños. Te complacía hasta cierto punto, pero también te desesperaba. Era algo que quizá no sabías cómo expresar de modo que la gente real te entendiera (es decir, que mientras te oyeran no estuvieran pensando que lo que decías pudiera ser simplemente descriptivo en cierto modo, sino que tenía que haber propósitos ocultos, algún tipo de ánimo de mostrate entrañablemente débil, frágil o profundo). Así, luego solías despertar, y cuando seguías viendo cosas que no te gustaban en lo demás y los demás y en ti mismo por imitarles, te las callabas durante mucho tiempo intentando ser educado, o simplemente para no meterte en líos. Esa era una actitud que sí respetabas en los otros, una suerte de discreción casi heroica en esta época, la capacidad de no inmiscuirte, el anteponer, se podría decir, la calma a tu propia curiosidad, por más fuerte que esta fuera.
Aun así, tu carácter acababa saliendo a flote (acababas pensando que esa discreción podía no tener sentido, al menos a veces). Y no es que lo que dicho carácter te hiciera decir fueran necesariamente mentiras o meras provocaciones (aunque los demás muy probablemente reducirían enseguida la información a eso), pero el hecho de haber estado guardándote la indignación, hacía que al final fueras capaz de mandar sutilmente (o no) al carajo en la vida real a muchos, ya harto de lo que considerabas sandeces, acciones estúpidas, dañinas y trilladamente narcisistas de los mismos que -aunque de un modo aparentemente educado- eran también culpables y por tanto no diferentes o superiores para juzgar o condenar a otros de nada.
¿Qué lugar podías tener ahí? ¿Cómo meterte en ese local de moda generacional e intentar ser menos gilipollas o hipócrita? Al fin y al cabo tú también sospechabas de las buenas maneras de los demás. Raramente te daba la sensación de que alguien hablara sin solapar algún interés personal. Puede que solo M te pareciera inocente a la par que inteligente y buena de verdad en el fondo (por motivos esencialmente irracionales). Pero qué ibas a hacer con el mundo, cómo ibas lidiar con él. ¿Te creías acaso que tu lucidez estaba por encima de la media, o que en absoluto podías estar limitándote a distorsionar tus percepciones para al fin y a la postre sentirte mejor con tu confusión y tus vanos intentos de ser realista y justo?

Pero es verdad, te gustaba esa confusión. Habías oído ya a mucha gente que decía no arrepentirse de nada. Hablaban de la Vida, y se atrevían a asegurar que su historial estaba limpio de polvo y paja. A su vez, solían ser los mismos que se aferraban a las lecciones de siempre, como aquella que dice que sólo de los errores se aprende. Es algo paradójico que alguien que asegura no arrepentirse de nada pueda creer a su vez que lo que ha aprendido ha sido producto de sus errores. Si nunca te has arrepentido de nada ¿qué proceso de reflexión ha podido seguir tu mente para aprender de la equivocación? ¿Puedes no arrepentirte ni un segundo en tu vida de tus acciones (con la dosis de malsana vanidad que eso conlleva) y a la vez aprender?
Es horroroso, puedes pasarte toda tu existencia dándole vueltas a cosas así; y a la vez es sumamente placentero, ya que estás convencido de que no se puede abordar algo realmente importante en la vida y reducirlo a un cliché, o limitarte a imitar lo que quien fuere hizo con ese algo, o abordar ese algo ya simplemente porque un hermano o «mejor amigo» ya lo hizo de determinada manera y tú no quieres quedarte atrás.

Querer entender es como pretender convencer a los demás de que intentas ser bueno o sincero. Un error del que no aprendes una mierda, y que está a la orden del día. Todos tus logros en ese campo caben en en una bolsita de tela, como guardando las bolas de Dragón. Pero si no hay una sola respuesta posible para todo, surge la anarquía. Eso dicen. Dicen: «Jódete, no haber nacido».
Muchas citas, esas citas que suenan tan auténticas, cada una con su firma y ese porte de verdad absoluta, suelen tener a su vez una cita que las contraviene que suena igual de auténtica e irrebatible (cosa que, por cierto, te encanta; cosa que le jode al ángel de tu hombro derecho y le chifla al demonio del izquierdo, con el que poco a poco te vas llevando mejor).
Ahora las nubes están la mar de bien decoradas allí arriba. Ha costado un dineral, pero Dios se puso las pilas y estudió empresariales hace la tira (incluso a pesar de la edad). Comenzó a ir por ahí con unos zapatos cojonudos y enseguida ascendió en su primer trabajo (aparte de lo de las ovejas y demás). Dicen que fue a principios del siglo XIX cuando se le ocurrió la idea. Es un tío capaz, lleva su horario al dedillo, combina todas sus actividades empresariales con el rollo de la existencia y lo de estar en todas partes, etc. Además le sigue yendo bien, mucha gente sigue creyendo en él. O sea, se fían. Es un buen tío, tiene dinero para gastar. Su gestión le abala. ¿Alguien duda de que aún estamos hechos a su imagen y semejanza? Se referían a esto.
Algún día le hablarás a M de todo eso. Pero aún no, no hay prisa alguna. Mucha gente no sabe que en la vida (así en general) también puede haber preliminares como en el sexo. No saben que también podría ser mejor estar antes un rato sin meterla donde realmente quieres meterla. Sabes que sobre eso también hay alguna cita oscura que contraviene con la misma dosis de autenticidad otra blanca y que te enseñaría con tacto alguna personalidad de la ética. Podrías Googlearlo.
Sientes que intentas trascender, salirte mínimamente por alguna brecha de la red actual, la red que lleva tejiéndose desde hace cientos de años antes de que nacieras. El sistema que ya te abocaba de frente a cierto neón muy difícil de sortear. Por desgracia nadie te lo podía contar antes de nacer. “Oye, esto va así. Vas a salir ahí fuera y todo el mundo te va a dar órdenes, te van a decir lo que está bien y lo que no. Será tan así, que crecerás y es posible que para entonces ya no sepas darle al tarro por ti mismo. Ya sabrás lo que significa «darle al tarro». Yo sólo te aviso. Acuérdate de lo que te he dicho. Y acuérdate también de que muchos tendrán un montón de argumentos para pedirte que dejes de quejarte si lo haces. Argumentos que sonarán muy sólidos, les despojarán a ellos de toda culpa y te harán sentir como un despojo. Oirás muchas veces la frase «Sólo culpas a los demás de lo que te pasa». Sólo te digo que ahí fuera son gente de extremos, tendrás que ser muy hábil para sortear los baches y poder descubrir que puedes ser algo más que una pila llena de platos por fregar o el aburrimiento en vacaciones. Estás prevenido.”
No, nadie te dice eso antes de que salgas berreando de tu madre. De igual modo que nadie te pide permiso para hacerte nacer. No puedes detener el proceso y decir algo como «Un momento, ¿vengo al mundo por amor o sólo había una pareja más que estaba empezando a aburrirse y se han mudado a un piso más grande?».
Menudo rollo le tendrás que soltar a M cuando consigas armarte de valor. Y encima para quedar como una especie de anarquista anti-niños o algo parecido.
Puede que para cuando hayas conseguido que M sólo le haga caso al demonio de su hombro izquierdo en la cama contigo (si eso llega a pasar), ya te dé igual todo y mandes constantemente a todo el mundo a tomar por culo sin contenerte jamás. Puede que te conviertas en un “Troll” de la vida real, con ideología voluble y aún más confusión de la que te la pone dura. Quizá tu objetivo será caerle bien a tu suegra y parecerle un puto cabrón y un parásito a tu suegro. Eso no suena mal.

[Arriba, un temilla de Lana del Rey, esa muchacha que tanto ha indignado a algunos porque alegan que planeaba ser cool y en realidad no lo es (y eso viniendo de peña que se las da de modernos… y que no compondrán una canción como la del video en su puta vida…) Habrá que comenzar a dividir la red entre gente que escucha las canciones y gente que lleva una Belén Esteban dentro. Abajo + pin up.]

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Gran certamen literario

DECIMONOVENO CERTAMEN LITERARIO SOBRE LAS LEYES DE MENDEL ANALIZADAS DESDE UN PUNTO DE VISTA OBJETIVO. BASES DE CONCURSO

-Podrá concurrir al Certamen todo aquel que lo desee.

-Podrán optar al mismo sólo obras originales que no hayan sido premiadas en otros Certámenes.

-Deberán estar escritas en cualquiera de las lenguas muertas reconocidas (Se abrirá la recepción de copias manuscritas con clara caligrafía, será así dadas las potenciales limitaciones del teclado acusadas en anteriores concursos.)

-El tema de las obras deberá intentar contribuir con enfoques nuevos y originales siempre relacionados con las Leyes de Mendel y su naturaleza científica.

-No se aceptarán textos alegóricos, metafóricos o de cualquier naturaleza abstracta, deberán ceñirse a los parámetros científicos conocidos o la innovación (aceptable o no a juicio el jurado) en ese mismo campo.

-Los originales deberán tener una extensión no inferior a veinticinco folios y no superior a veintisiete. Si se presentan mecanografiados, deberá ser a doble espacio, formato Times New Roman 12, y por una sola cara. Los textos manuscritos también deberán ser tan sólo por una sola cara, valorándose si su extensión es correcta según el tamaño de la caligrafía empleada. Se deberán presentar cuatro copias. Cada autor podrá optar solamente a un premio.

-Los trabajos presentados no llevarán el nombre del autor. Deberán ser entregados bajo seudónimo. Cada trabajo llevará adjunto un sobre. En él deberá especificarse el titulo del relato y el seudónimo. Los originales deberán ser enviados a la dirección que se indicará como premio a todos aquellos que aprueben el test sobre la Leyes de Mendel que pronto publicaremos en la web. Éste constará de treinta preguntas con cuatro respuestas posibles cada una. Deberán acertarse al menos veintitrés de ellas. Aquellos que acierten al menos veinte, veintiuna o veintidós, participarán si lo desean en el sorteo de un completo lote de libros especializados sobre las Leyes de Mendel.

-El plazo improrrogable de recepción de originales, se cerrará el 22 de Agosto de 2015 a las 22:00 de la noche.

-El jurado estará compuesto por cuatro personas de reconocida competencia académica tanto en el ámbito de la ciencia como en el de las letras. Innovadores, personalidades sin fisura alguna que analizarán cada obra puntillosamente buscando errores potenciales de cualquier naturaleza en pos de que el fallo del jurado sea lo más coherente posible. Dicha decisión estará amparada por los parámetros científicos impuestos en el tema a tratar.

-El fallo del jurado será irrebocable.

-Se concederán los siguientes premios: Primer premio: 650 euros. Accésit: Tres entradas para el parque temático Miss Lenguas Muertas, ubicado a las afueras de Periferia Microsoft. Segundo accésit: Una cámara fotográfica digital Ixus 220 HS-negra.

-El hecho de participar en este Concurso implica la aceptación radical de sus Bases. Todas las incidencias no previstas en estas Bases serán resueltas por la organización en beneficio absoluto del Concurso.

La revista Ciencia y lenguas muertas publicará pronto la fecha segura en que publicaremos el fallo del Certamen.

Convoca: Foro por las Leyes de Mendel.
Colabora: Aula de las Ciencias (U.C.A), PCA Periferia Microsoft.
Más información: En la dirección que revelaremos como premio a todos aquellos que sean capaces de contestar correctamente a veintitrés de las treinta preguntas del Test sobre el genoma humano, lo podéis encontrar en la barra lateral de la web. Suerte a todos.

[Últimamente ando poniéndome sólo música clásica. Arriba una de mis piezas favoritas de neófito en la materia. Abajo + pin up. AQUÍ, reuniones, y DESAPAREZCA AQUÍ.]

Más pseudopsicocracia

No te esfuerces; si dices algo impopular o desconcertante, es porque quieres publicidad. El Lobo no tenía razón, a cada minuto vuelve a llegar la hora de chuparse las pollas entre todos. Una marca empresarial sube un video musical a diario a cada red social, acompañado de algo como «¡buenas noches, os dejamos con este temazo!». Lo máximo que esperarán de ti será publicidad amable. Tu corazón y tus tripas no cuentan, de ahí no puede salir nada. Sólo tiene sentido uno de los muchos pasos que puedes dar, y es el que todos van a entender desde el punto de vista material. El siglo XXI arranca pletórico, nadie debería dudarlo, estamos en pleno auge la «acción inteligente». Reuniones productivas. Realización de sueños metálicos a corto plazo. Seguir encendiendo velas a los santos. Bonitas frases sobre el amor para dignificar muros. Clicka en Compartir para unirte a la bonita intención. Si reniegas o dudas sólo serás un provocador, y a saber con qué oscuros intereses estrictamente personales; a saber por qué terrible desazón interior. No significas nada de valor hasta que no seas una acepción de lo que signifique la mayoría. El equilibrio es imposible, lo dice la canción. Pero todo marcha, hay bonitos libritos de poemas llenos de buen corazón. Posmodernismo, buen gusto aceptado a la postre. Fuera la rabia o el enfado, tienes que trascender eso. Serás un cínico si no te crees lo de la olla de oro al final del arco iris industrial. Sigues sonriente de excursión con todos hacia allí. Te han dicho que hay que sonreír antes de ser feliz; te han dicho que hay que creer. Quienes te lo dicen lo hacen porque creen que tu seriedad ha de venir de estar quieto y sin perseguir lo que quieres, muerto de miedo. Estás en modo off u on. Cualquier otra cosa, sobre el papel, sería filosofar sobre el sistema, negarlo, así que ya puedes ponerte el uniforme, ya sea por imposición o por moda. No quieras reivindicarte como algo único, la mayoría de esa gente muere joven. Estás en el camino, acepta los principios del manual de instrucciones. Sueña, pero solo al modo puntual que demuestra que eres lector y estás enterado. Quienes son inmortales lo consiguieron a menudo por una senda distinta, porque no creyeron en la olla de oro oficial; pero tú eres mediocre, ni lo intentes; intenta lo que todos; acepta que hay fases, supera tu adolescencia de una vez. Corre. El objetivo es quedar como un señor en casa de los suegros mañana. La humildad no casa con tener ideas distintas. Mira cada semana tu posición en la clasificación. Estás ahí con todos. Carga tu yunque y no te preguntes por qué hay una torre con un vigía armado. Si te deprime eso, sólo es autocompasión, solo buscas atención, o tienes celos, o rabia, o eres un cínico; no engañas a nadie, lo tuyo no es mera reflexión, no intentas aportar algo nuevo; lo que pasa es que alguien debió hacerte daño y no lo has superado, lo que pasa es que arrastras secuelas de algún tipo. Y por eso no eres normal. Así que no intentes vender motos existenciales, sólo sonríe y cambia las cosas, cámbialas a nivel personal para que a nivel general sigan estables al menos para los que te rodean. No seas capullo ni paranoico, tener pensamiento propio sólo es aceptable hasta cierto punto. No toques los cojones. El gran hermano ahora tiene cuenta en Twitter. No pongas en tela de juicio la evolución. Dios está en todas partes, exista o no; Dios también probó Google + hasta que se dio cuenta de que seguía prefiriendo Facebook. Si lo hizo Dios, ¿quién coño te crees tú que eres?

La preciosa libertad con fronteras y cebada de relojes… Una rubia se ríe de ti; tiene su larga trenza preparada, pero tira de ella impidiéndote escalar la torre cada vez que lo intentas. Eres duro y trabajador, tu meta es conservar y conservar. Eres un ejemplo de aguante y sentido del humor. Da igual si lo que quieres es que la rubia de la torre se siente en tu cara. No vas perder la sonrisa si no lo hace. La inteligencia consiste en no desvariar en publico. Desvariar consiste en tener ideas. Una buena conversación es aquella que hace que te contraten o alguien se baje las bragas para ti. El combustible fósil no es asukjbnjfn,.k…. Tu generación es lista y se la trata injustamente; los políticos son seres de otra galaxia que bajaron en su nave ya cincuentones y ávidos de poder; jamás fueron jóvenes cargados de ilusiones: solo son hijos de puta a los que tú no te pareces. Extraterrestres. Ellos no fueron a la universidad, no mojaron bragas ni calzoncillos. No son una posible versión de ti dentro de treinta años. Eso no puede pasar. Tú sólo quieres ser justo/a, una casa bonita y un par de coches, te gusta la decoración y cierto tipo de cocina, comer bien, cierto tipo de iluminación, sillones de tres plazas, moqueta. No mucho más. No vas a tener más ambición. Los especuladores y los mercados no son gente, no son humanos como tú que algún día tuvieron conciencia. Ellos no fueron jóvenes. Tú solo quieres que la rubia se te siente en la cara por amor. Eres todo corazón aunque sepas que necesitas dinero. Sorbe. No querrás más y más si un día consigues que la rubia se corra en tu boca. Tu techo está en el amor y en hacer lo que amas. Jamás te convertirás en calculadora. No perderás la perspectiva sobre qué necesitas para ser feliz; nunca creerás que cuanto más tengas más feliz serás. Por dios, no eres así. Te ha formado como persona el mismo sistema que inició la revolución industrial, pero eso no te va convertir en una tuerca. No, tú eres una persona. No te arrepientes de nada, no has hecho daño a nadie, sabes tomar decisiones sin quedarte a dudar como un pasmarote. El mundo es buen lugar en el que sembrar tu impresionante pose.

Lo que se dice es que Papá Tornillo se conformaba con encajar. Estaba de viaje durante meses, a veces años. Encajaba y encajaba. Y había tenido descendencia: Niña Tuerca y los Gemelos Clavo. Los gemelos llegaron cuando Papá Tornillo y Mamá Tuerca habían decidido que sólo querrían un hijo más, para que Niña Tuerca no se sintiese tan sola. Niña Tuerca era una buena alumna en el colegio metálico. Tornillos y mecanismos se llevaban bien con ella, y jamás tuvo problemas. Había otras Tuercas con Troqueladoras que a veces se burlaban de ella, pero ella no sufrió más de la cuenta por ello. Lo Gemelos Clavo eran menos obedientes, se dedicaban a sabotear corchos y no dejaban en paz a las Niñas Tuerca de su misma edad.
La vida era un mar infinito de madera y metal. Fuera no había nada. Niña Tuerca era la soñadora de la familia. Acostumbraba a leer por las noches, y le gustaba pensar que algún día encontraría un Tornillo que le gustara de verdad, y al que no le importara encajar en ella de vez en cuando. Sabía que la vida era estática y gris, pero en las clases de Conformismo (Conformismo 1, Conformismo básico y Conformismo avanzado), la Señorita Tuerca le había enseñado que a veces te toca un taller mal ventilado, o tienes que formar parte de una máquina medio oxidada.
Pero a ella no le daba miedo el futuro. Había asumido que estaría largos periodos fuera de casa. Ya había pasado mucho tiempo desde que en su primer año de colegio, otras tuercas consiguieran que llorara al contarle la leyenda urbana de la Tuerca de la curva.
Ella ya no era una Tuerca inocente. Era una Tuerca con ilusiones. Sólo se preguntaba sí algún día acabaría como tantas otras, formando parte de un tanque o un arma para poder seguir viviendo.

[Arriba, un nuevo spot con Kate Upton. Esta vez es distinto (no es distinto), se destaca no su cuerpo o su atractivo físico, sino sus dotes interpretativas (esto también es mentira). Además es bastante creativo (vale, no está mal…). Abajo + pin up.]

El nuevo cuento de terror moderno

El edificio de cristal que ves, creció de un terraplén hará unos diez años, dicen que sobre todo para blanquear dinero. Si entras al vestíbulo, cuando llegas a los ascensores, puedes observar entre los dos en la pared un rótulo indicativo (también de cristal) que te hace saber qué empresa ocupa qué planta.
Un chico espera ahí: traje de chaqueta, veintimuypocos, bolsa de mensajero a lo hipster; en ella: varias cosas y muy caras, tecnología. Pero sobre todo, hoy, su currículum: tres páginas y media.
El chico resopla. El ascensor no llega y no sabe en qué pensar, no hay nada en su cabeza. Sólo tiene una vaga sensación de miedo por lo que pueda pasar en la entrevista.
Luego, un par de chicas vuelven a su mente como por inercia, casi para que el cerebro tenga algo de comer. Una es menuda, morena, le gusta; aunque ha terminado un máster y eso no le gusta tanto: él solo tiene una carrera acabada, no tiene trabajo e intenta estudiar algo más a distancia. La otra es morena también, más guapa que la anterior y de la misma edad que el chico; también tiene (sólo) una carrera acabada igual que el chico; él se siente más cómodo con ella.
Aunque sabe perfectamente que interpreta a la perfección su papel de persona respetuosa, libre e individual con ambas; aun sabiendo que para los demás él no es alguien a quien le preocupen las clases sociales y las jerarquías, y que no valora a las personas según ciertos méritos sino por su humanidad. Aunque casi ha conseguido engañarse incluso a sí mismo respecto a todo eso, en el fondo sabe que es mentira, y que le trastorna bastante comenzar a salir con una chica con más estudios que él, aunque para él eso sea infinitamente mejor que salir, por ejemplo, con una cajera o, que sé yo, con una carnicera (a no ser que esos trabajos de bajo perfil estén sirviendo para pagar unos estudios, o para eso y para tener algo que hacer por las mañanas y no ser unas parásitas sociales, sino personas maduras que saben al menos dar la sensación de que respetan esos trabajos. Calmadas, inteligentes, no les importa llevar un delantal o servir copas, aunque enseguida te aclaren que en realidad están cursando a la vez algo para ser “alguien” en el futuro.
Todos estos pensamientos pasan en muy pocos segundos por la mente del chico, son un clásico en su cabeza. El ascensor no acaba de llegar, ninguno de los dos. El chico recuerda una novia que tuvo hará dos años; era unos años mayor que él. Estuvo realmente enamorado de ella (quizá la única vez que lo ha estado de alguien); ella jamás le juzgó. Entonces él comenzó a juzgarla y ella le dejó. La muchacha trabajaba en una librería, y no quería estudiar ninguna carrera de las que el chico, «por su bien», consideraba perfectas para ella. La muchacha, incluso pensó en estudiar unas oposiciones para en el futuro dejar de preocuparse por el trabajo y disfrutar de su tiempo libre más descansada y menos agobiada por la posibilidad de irse al paro de un día para otro. El trabajo era algo secundario para ella, y no digamos ya cierto tipo de ambición. Con el tiempo, el muchacho lo comentaba con sus amigos y la mayoría estaban de acuerdo: esa chica estaba perdida, estaba tirando su futuro, y si él no tenía intereses comunes con ella, lo mejor era que dejara de preocuparse por esa relación. Además, era ella la que le había dejado; seguramente por su propia inseguridad, que no sólo la dejaba impedida para labrarse una buena carrera profesional, sino también para tener una buena relación. Un tiempo después, el chico supo que la muchacha se lió con un bombero «o algo así» (al que incluso él llegó a conocer), y luego no supo nada más del tema.
La espera en el vestíbulo se le hace eterna. Le comienzan a sudar las manos. Él sí quiere hacer cosas, llegar lejos, y hacerlo del modo más lógico. Él sí se siente en la realidad, no construye castillos en el aire. Ha visto hacer eso algunas veces; pero él no va a caer en eso, va a madrugar todos los días y va a salir al mundo para adaptarse a sus reglas, va a repetir frases como «qué se le va a hacer » o «es lo que hay» todas las veces que haga falta. Sacrificio, él sabe que donde funcionan el sacrificio y el esfuerzo, es dentro del sistema. Conoce todos los mecanismos que dividen y unen a la gente, que te hacen parecer respetable o un perdedor; un vago o alguien realmente responsable. Sabe que, por suerte o por desgracia, lo importante es salir en la foto junto al sabio canoso tarde o temprano. Contactos, buena imagen, alimento para el prejuicio positivo ajeno. ¿Por qué escoger otro camino o intentar otra cosa?: el tiempo es oro. Y además, cuando se plantea otros modos de vida, su mente entra en un estado de vacío, un vacío extraño…
Es lo único que le desconcierta. De dónde procede ese vacío: por qué no puede llenarlo con algún tipo de lógica aprehendida en la vida real, con la que él cree tan capaz es de enfrentarse.

Varios años atrás. (No muchos…)
El chico se llama Andrés. Desde los siete u ocho años, se convierte en el favorito mental de mamá y papá, por encima de su hermana mayor, la cual es, según sus padres (y a no mucho tardar, él mismo): «una viva la vida». En el colegio no es exactamente un empollón, pero todos los profesores valoran su esfuerzo, su capacidad para acumular notables e incluso algún sobresaliente. No es un niño remilgado, no tapa con la mano su hoja del examen para que no le copien ni discute con los maestros para convertir un 7’5 en un 8. Tiene un carácter colaborativo e intenta siempre cumplir con sus tareas. Si algún día no ha podido hacer los deberes, llega a clase con una amplia nota explicativa de papá en la que el mismo se culpa de haberle entretenido con algún viaje o quehacer familiar, y que debido a eso «Andrés no ha podido hacer su tarea».
Al entrar en la adolescencia, su comportamiento se hace cada vez más recto y ejemplar. Con los años, se va construyendo una opinión sobre prácticamente cualquier cosa. Muchas veces, eso sí, se siente como una especie de farsante, al desarrollar teorías o conceptos para con los demás en ocasiones sin saber bien lo que significan o qué está diciendo, pero que, como sea, resultan, suenan creíbles. Ese modo de acción le hará aprobar algunas asignaturas incluso en la universidad.
Cuando tiene veinte años, está completamente seguro de que, sea lo que sea él, tiene calado al sistema, a la vida. No intenta desarrollar un proceder propio, sino que observa y hace un análisis cuidado sobre lo que «funciona», para luego intentar aplicarlo él.
No se trata de tener principios, piensa él. Se trata de seguir los únicos principios comunes que hay, sean los que sean. Lo cual es una de esas cosas que jamás diría en voz alta, y que sabe es el único principio en la vida de la mayoría de la gente.
De todo eso, obviamente, solo es consciente en los contados momentos en los que intenta averiguar «qué pasa», «quién es él» o «en qué clase de mundo habita». Pero por suerte para él, esos momentos de reflexión nunca pueden durar mucho, ya que normalmente siempre «está de camino», tiene que «acabar algo», «ir a dormir», «llamar a», contestar algún correo, preparar tal o cual proyecto, actualizar el currículum… Todo ese proceso, de durar el día diez horas más, podría hacerle pensar realmente, quizá recordar los tiempos en que salía al patio y los niños eran diferentes entre sí, y él diferente a todos ellos. Pero lo cierto es que, Andrés, siempre ha estado demasiado preocupado por enfrentarse a la vida del modo que todos esperan, demasiado para enfrentarse alguna vez a la cuestión de qué significa o puede significar eso, lo cual sería enfrentarse a sí mismo y quizá incluso acabar reivindicándose algún día, algo con lo que seguramente, piensa él, no se llega a ningún lado ni se consigue un trabajo respetable.

Al fin llega el ascensor. En el último momento, entra con él una chica. Al final, el tedio de la espera ha servido para que Andrés vuelva a esos pensamientos oscuros antes mencionados. Esas ideas inútiles que sólo pueden hacerle daño. Cuando has pasado tu vida hincando codos y confiando ciegamente en las manos firmes que te han guiado, resulta demasiado duro reconocer la posibilidad de que ese sistema pueda tener taras mucho más graves de lo que se cree, o de que pueda haber una vida igual o mejor fuera de él. Eso no puede ser. No puede haber tantos fallos de raíz, tiene que poderse arreglar la máquina aún y que no sea necesario tirarla e idear otra; no puede estar todo tan viciado, no puede ser que él haya entregado su vida y haya dedicado el núcleo fuerte de sus esfuerzos a la opción equivocada; o no necesariamente la equivocada, sino simplemente la opción que era equivocada para él. La idea de que quizá haberse arrodillado ante ese sistema haya podido moldear en él algo que ni se acerque a lo que es en realidad, es aterradora.
Sólo espera que todo eso no trascienda, que no se convierta en el nuevo cuento de terror moderno.
Aún hay argumentos sólidos (o que al menos suenan sólidos), con los que seguir quedando estupendamente aunque acabes siendo un hijo de puta metido en la más hija de puta de las empresas que haya en pos del capitalismo y la cultura del “vótanos, pero la única solución es que trabajes aún más por incluso menos”. (Lo de ser o no tú mismo, piensa Andrés, es un debate que la mayoría de gente ni se plantea, lo cual le hace respirar tranquilo. Él cree, muy en el fondo, que esa clase de conceptos de autorrealización auténtica casi abstractos hoy en día, son los que transforman a la gente y revolucionan la vida y la sociedad. Pero cabe recordar que la sociedad vigente, es la sociedad por la que él lucha queriendo o sin querer, y en la que encaja perfectamente.)

La chica del ascensor mira raro a Andrés. No como cuando una chica tiene curiosidad, ni porque Andrés tenga la cremallera bajada. Y desde luego no es porque la chica parezca atraída por él (es algo más alta, tiene algunos años más, y por cómo viste ni parece que trabaje en el edificio). No es que mire fijamente; sólo echa un vistazo de vez en cuando, y hasta parece dibujar con la boca algún tipo de sonrisa cínica. Andrés cree que nunca nadie le ha mirado así. Luego piensa con pavor que quizá sí le hayan mirado así muchas veces, pero cuando no se daba cuenta. Pero luego vuelve a estar seguro de que nunca nadie le ha mirado así, ni tan siquiera su hermana. Parece un gesto de sutil repulsión. Algo sin precedentes en el mundo de Andrés.
El ascensor parece ir a cámara lenta. Es como si esa mujer no sólo intuyera en él lo que todo el mundo intuye a bote pronto (buen aspecto, estudios, buen futuro, etc.), sino que además parece ver más allá de su camisa y sus ojos; es decir, también la parte cabrona, la parte que tanto le ha ayudado a estar donde está. Su facilidad para encajar al precio que sea. Es horrible, ella le hace sentir de un modo horrible; sus ojos azules, esos tejanos, el suéter… su boca maquillada, ese rojo explosivo, la melena castaña; aunque incluso le gustaría si no fuera por su modo de escrutarle y torcer esos labios.
El ascensor no acaba de llegar arriba. Andrés mira el marcador que indica los pisos por los que pasan, pero no hay ninguno iluminado. Sencillamente el ascensor sube y sube. La chica cada vez le mira con más descaro, ya sin apartar la vista cuando él le mira a los ojos. Él mira su reloj, ¿cuánto llevan ahí dentro ya, cinco minutos? Es entonces cuando intenta hablar con ella sobre el tema, le señala el marcador roto, le pregunta si ella trabaja en el edificio. Pero ella no dice nada, y a la vez ya no deja de mirarle, no hace pausas; la media sonrisa casi imperceptible se va volviendo cada vez más amplia y siniestra a juego con la mirada.
Él empieza a sudar. Esto tiene que ser una broma. Al mirar a la chica, que ya no deja de reírse claramente de él, su expresión parece así casi exacta a la de la novia librera que tuvo, la que le dejó aun teniendo él más ambición y currículum que ella, aun siendo él un «partidazo» e intentando ayudarla con su futuro, diciéndole que aún podía estudiar una carrera y convertirse en «alguien», que era tonta porque él lo estaba haciendo y obtendría su título, pero que ella así siempre viviría con su ínfima preparación y muchas más dificultades. Y cuanto más piensa en aquella chica que, joder, se repite una y otra vez, encima fue ella la que le dejó, más reveladora se vuelve la risa de la chica que le mira, como si supiera exactamente lo que él piensa.
Se aleja de ella todo lo que el ascensor le deja. Cada pared del mismo es un espejo de cintura para arriba. Eso no ayuda. La chica chica ríe y ríe, sólo para para respirar. Si él le dice algo, ella sólo ríe con más fuerza. Él se siente como si ese mundo abstracto y confuso que tanto teme, pudiera estar empezando a comerse el que él ha aprendido a amar, el del sacrificio siempre, el de poner la otra mejilla y el culo, el que lo ha traducido todo a números fuera posible o no; el que ha hecho que él escoja un camino frío y aséptico pero seguro, para así no tener que afrontar quizá ilusiones a las que temía, otros proyectos en los que no soportaría fracasar, y con los que a largo plazo no se sentiría mejor pensando que al menos lo intentó.
Entonces, pasados unos diez minutos de subir sin parar, el ascensor se detiene brúscamente, y la luz parpadea, aun sin irse. La chica se carcajea viendo la expresión de susto de Andrés. Él comienza a insultarla, sin conseguir reacción nueva alguna por su parte. La luz del ascensor vuelve a parpadear, lo hace a intervalos de unos cinco segundos. No hay teléfono ni botón alguno para llamar a nadie. Andrés saca su móvil y comienza consultar su lista de contactos sin saber qué hacer. La chica ríe tanto que se lleva la mano al estómago, como si ya le doliera de tan divertido que le parece todo. Se oye un sonido metálico arriba, fuera, como chispas, alguien cortando algo. La chica mira hacia el techo, pone la boca en forma de o, sin dejar de mirar de esa forma a Andrés. ¿Están cortando los cables o qué?, piensa él. Y comienza a gritar. ¡¡Eh, estamos aquí!! ¡¡Estamos aquí, joder!!
El marcador de pisos vuelve a funcionar de golpe; Andrés lo mira después de oír una especie de sonido líquido, casi imperceptible. Parpadean los pisos 27 y 28. Estamos entre dos pisos, le dice a la chica. Y ella empieza a reírse de él otra vez con fuerza. Él es claustrofóbico desde siempre, y cree que ella se burla de él por eso. O eso quiere creer, que se ha dado cuenta de eso y solo está siendo cruel. Pero lo cierto es que si es sincero consigo mismo (algo que tiende a evitar), la sensación sigue siendo la de que esa chica es el primer ser humano vivo que le ha calado del todo, incluso más que la librera o sus propios padres. Siente terror por primera vez en su vida. Terror físico, y también esa sensación de que alguien que no querías que supiera algo terrible sobre ti, acaba de enterarse, y además se está descojonando a tu costa mientras tú pierdes absolutamente cualquier tipo de encanto o crédito que hayas conseguido forjar en la impresión que esa persona tuviera de ti.
Luego, cuando él ya se ha sentado en el suelo (pero ella no; de hecho sigue tan fresca como una lechuga), el ruido sobre el ascensor ha cesado. La chica le sigue mirando, y aunque ha dejado de reírse, su expresión sigue encendida del peor modo, mirándole, y le mira como si fuera el peor despojo; hace que no con la cabeza, lentamente. “Te he pillado. Tu vida tal y como la concibes ya nunca volverá a ser la misma”. Hace que no con la cabeza. “Soy la mujer de tu vida”. Todo eso parece asegurarle sin mover los labios. “Soy la mujer de tu vida quieras o no, respondas lo que respondas cuando te pregunten. Este ascensor es lo más importante que te ha pasado nunca.”
A él le cuesta dejar de mirarla, pero no sabe por qué. Ella cambia su expresión poco a poco hasta su semblante inicial, su boca torcida, escrutando a Andrés. “La gente como tú es la que tiene la auténtica culpa de todos los males del mundo”.
Entonces, un ruido seco, metálico. Alguien usa una herramienta desde el piso 28, y hace palanca para forzar las puertas. ¡Estamos aquí!, grita Andrés. Alguien contesta que no se muevan por nada del mundo, que enseguida les sacarán. Andrés no puede dejar de mirar a la chica, y ella, a cada ruido de la herramienta, vuelve a reír otra vez. ¿Quién coño eres?, pregunta él, gritando. Ella se pone seria de repente, guiña el ojo izquierdo y vuelve a reír. “La mujer de tu vida”. Las puertas se están abriendo. Hay un hueco no demasiado amplio para salir. Es la primera vez que me pasa esto, piensa Andrés, sin saber muy bien a qué se refiere, y monta en pánico debido a ello, con las risas atravesando sus oídos. La herramienta consigue forzar del todo las puertas. Hay tres hombres uniformados. “Qué pequeño es el mundo…”. Uno de los bomberos le dice que si está bien. Sí, dice Andrés, estamos bien. ¿Estamos?, dice el bombero. La chica comienza a carcajearse descontroladamente, incluso señala con el dedo a Andrés. “Me río de ti, ignorante, recuérdalo siempre”. Uno de los bomberos le alcanza la mano. Andrés la sujeta. Su corazón comienza a bombear más rápido cuando ve que el tío es el novio de la librera. Andrés rompe a llorar como no lo hacía desde niño; su corazón, de hecho, bombea combustible fósil, y es la primera vez que no sabría jactarse de ello. La chica se arrodilla en el suelo, tose sin poder controlar las carcajadas.
Cuando Andrés ya está sobre el piso 28, respira hondo y mira hacia el ascensor. No hay nadie. ¿Estás bien?, le pregunta el novio de la librera.

[Arriba, trailer de “Prometheus”, la película más esperada por quien escribe de las que tienen que venir en mucho tiempo. Vuelvo a confiar en Ridley Scott. Abajo + pin up.]

Pseudopsicocracia

Se acabó. Ya no se puede ser honesto. El clima está tan viciado y hay tantas dobleces en todo, que ya no puedes ser honesto sin que nadie lea entre líneas que esa honestidad te ha de servir para algo; no puede ser honestidad y punto, tiene que haber algún propósito malsano de fondo siempre. El sol cada vez ilumina un porcentaje mayor de mierda aquí abajo. Mierda muy bien disfrazada de números impresionantes con los que meter la cabeza en oficinas y despachos y fabricarte un futuro de lujo en el infierno.
No puede ser que tu honestidad no tenga propósito alguno, no puede ser que sólo quieras ser bueno o sincero, es imposible que des ese paso y no estés intentando conseguir algo con ello a largo o corto plazo. No puede ser que cuando lo consigas no te hagas la foto para que quede bien claro que lo has conseguido. No puedes follarte a Julieta simplemente por amor.

La viejecita te da un manotazo y gruñe dejándote claro que ella ya puede cruzar el paso de cebra sola. No se fía de ti. A veces la experiencia sí es un grado. No se fía de ti, eres joven y vigoroso, y ella sabe que no eres lo que se dice de fiar. Incluso con tu gesto al intentar cogerla del brazo, incluso levantando la mano para que los coches se percaten y frenen. Puede que la viejecita no sea solo una cascarrabias. Es como esa moralina que argumenta que si mientes siempre, al final nadie te creerá cuando digas la verdad; y no es que paguen justos por pecadores con eso, es que lo de intentar ser justo ya ha sido despojado de toda su pureza. Hemos querido cocinar un plato difícil, y en algún momento del proceso la hemos cagado con un ingrediente que no venía a cuento; pero aún así seguimos trabajando sobre el mismo plato aunque ya lo hayamos estropeado: hemos creado a nuestro lado a alguien que sujeta una pistola que apunta a nuestra cabeza para que sigamos cocinando sin resetear nada. Y lo escalofriante es que seguir haciéndolo con una sonrisa, sin ser consciente -quizá por autoengaño- de que a nadie le va a gustar el plato, es lo que todo el mundo llama: madurar.

Dejar de ser uno mismo a los trece, a los veinte, a los veinticinco años. Hacerlo para poder subsistir. Arrinconar la pasión, sustituirla por glamour hueco, si puedes, alejando de ti los trabajos de bajo perfil. Dejarte llevar es cosa para tu tiempo libre.
Trucos para ser feliz siendo tú mismo: Hunter S. Thompson se suicidó a los sesenta y siete años; arguyó que había vivido diecisiete años extra que ya no le apetecía vivir.
Otra cosa que decía era que si no hubiese sido consciente a lo largo de su vida de que podía suicidarse en cualquier momento, para él hubiera sido insoportable vivir.
Trucos para enamorarse: 0
Trucos para morir: Esperar. (O tomar una decisión.)
¿Una mujer? A menudo suele haber una. A veces ella no lo sabe. Prefieres que te odie a que simplemente no te quiera.
Trucos para vivir tranquilo: A veces no hay ninguna mujer.
Trucos para conseguir lo que quieres: A veces hay que cargarse de paciencia y esperar. Luego, cuando ya has conseguido quererte un poco más, es un buen momento para intentarlo y fracasar. O triunfar; pero esto último es peligroso, puede convertirte en un gilipollas. O en más gilipollas de lo que ya eres.

Ves una película vieja en la tele y te sientes a mil kilómetros de ella. Recuerdas el momento en que disfrutabas de ella. Todo te hace pensar en ti. Te levantas a la mañana siguiente y decides que vas a intentar seguir siendo bueno. Vuelves a creer que algún día lo conseguirás.
No es optimismo, es como comer bichos en una isla desierta. Intentas sobrevivir a esa pseudopsicocracia que te rodea. Sabes que tarde o temprano te volverán a malinterpretar. Y no solo eso, además será imposible darle la vuelta a ese asunto. Hablar, ahora, puede ser tan útil como intentar calmar la sed con la foto de un vaso de agua. Como sea, un día otra viejecita sí te permite que la ayudes a cruzar el paso de cebra. Mientras tanto, te cuenta que el otro día una «amiga» suya, al cruzar la calle, fue atropellada por un motorista. La mujer es muy expresiva hablando, y dice que esa amiga suya murió del golpe en la cabeza. El joven que la atropelló apenas se hizo un rasguño; y alegó que lo sentía mucho, que tenía mucha prisa, que llegaba tarde a una reunión. La viejecita echa a llorar mientras te lo cuenta. Igual que el chico lloraba ante la policía con el cráneo de aquella mujer vaciándose de sangre en el asfalto.
Un quehacer apuntado en la agenda de otro puede matarte. Cosa que derivaría en cientos de preguntas que nadie tendría tiempo de contestarte; quizá estarían llegando tarde a una reunión muy importante como para quedarse de cháchara contigo.
Vivir la vida plenamente. Coges el tenedor e intentas llevarte una buena porción del plato que todos hemos preparado a la boca. Tragas. Y mientras tu estómago se revuelve, y se te pone la cara blanca, alguien te dice que vomitar sería un acto de demagogia.

[Arriba, tema del ultimo disco de “The Horrors”, del que me estoy empapando últimamente. Abajo + pin up.]