Pseudopsicocracia

Se acabó. Ya no se puede ser honesto. El clima está tan viciado y hay tantas dobleces en todo, que ya no puedes ser honesto sin que nadie lea entre líneas que esa honestidad te ha de servir para algo; no puede ser honestidad y punto, tiene que haber algún propósito malsano de fondo siempre. El sol cada vez ilumina un porcentaje mayor de mierda aquí abajo. Mierda muy bien disfrazada de números impresionantes con los que meter la cabeza en oficinas y despachos y fabricarte un futuro de lujo en el infierno.
No puede ser que tu honestidad no tenga propósito alguno, no puede ser que sólo quieras ser bueno o sincero, es imposible que des ese paso y no estés intentando conseguir algo con ello a largo o corto plazo. No puede ser que cuando lo consigas no te hagas la foto para que quede bien claro que lo has conseguido. No puedes follarte a Julieta simplemente por amor.

La viejecita te da un manotazo y gruñe dejándote claro que ella ya puede cruzar el paso de cebra sola. No se fía de ti. A veces la experiencia sí es un grado. No se fía de ti, eres joven y vigoroso, y ella sabe que no eres lo que se dice de fiar. Incluso con tu gesto al intentar cogerla del brazo, incluso levantando la mano para que los coches se percaten y frenen. Puede que la viejecita no sea solo una cascarrabias. Es como esa moralina que argumenta que si mientes siempre, al final nadie te creerá cuando digas la verdad; y no es que paguen justos por pecadores con eso, es que lo de intentar ser justo ya ha sido despojado de toda su pureza. Hemos querido cocinar un plato difícil, y en algún momento del proceso la hemos cagado con un ingrediente que no venía a cuento; pero aún así seguimos trabajando sobre el mismo plato aunque ya lo hayamos estropeado: hemos creado a nuestro lado a alguien que sujeta una pistola que apunta a nuestra cabeza para que sigamos cocinando sin resetear nada. Y lo escalofriante es que seguir haciéndolo con una sonrisa, sin ser consciente -quizá por autoengaño- de que a nadie le va a gustar el plato, es lo que todo el mundo llama: madurar.

Dejar de ser uno mismo a los trece, a los veinte, a los veinticinco años. Hacerlo para poder subsistir. Arrinconar la pasión, sustituirla por glamour hueco, si puedes, alejando de ti los trabajos de bajo perfil. Dejarte llevar es cosa para tu tiempo libre.
Trucos para ser feliz siendo tú mismo: Hunter S. Thompson se suicidó a los sesenta y siete años; arguyó que había vivido diecisiete años extra que ya no le apetecía vivir.
Otra cosa que decía era que si no hubiese sido consciente a lo largo de su vida de que podía suicidarse en cualquier momento, para él hubiera sido insoportable vivir.
Trucos para enamorarse: 0
Trucos para morir: Esperar. (O tomar una decisión.)
¿Una mujer? A menudo suele haber una. A veces ella no lo sabe. Prefieres que te odie a que simplemente no te quiera.
Trucos para vivir tranquilo: A veces no hay ninguna mujer.
Trucos para conseguir lo que quieres: A veces hay que cargarse de paciencia y esperar. Luego, cuando ya has conseguido quererte un poco más, es un buen momento para intentarlo y fracasar. O triunfar; pero esto último es peligroso, puede convertirte en un gilipollas. O en más gilipollas de lo que ya eres.

Ves una película vieja en la tele y te sientes a mil kilómetros de ella. Recuerdas el momento en que disfrutabas de ella. Todo te hace pensar en ti. Te levantas a la mañana siguiente y decides que vas a intentar seguir siendo bueno. Vuelves a creer que algún día lo conseguirás.
No es optimismo, es como comer bichos en una isla desierta. Intentas sobrevivir a esa pseudopsicocracia que te rodea. Sabes que tarde o temprano te volverán a malinterpretar. Y no solo eso, además será imposible darle la vuelta a ese asunto. Hablar, ahora, puede ser tan útil como intentar calmar la sed con la foto de un vaso de agua. Como sea, un día otra viejecita sí te permite que la ayudes a cruzar el paso de cebra. Mientras tanto, te cuenta que el otro día una «amiga» suya, al cruzar la calle, fue atropellada por un motorista. La mujer es muy expresiva hablando, y dice que esa amiga suya murió del golpe en la cabeza. El joven que la atropelló apenas se hizo un rasguño; y alegó que lo sentía mucho, que tenía mucha prisa, que llegaba tarde a una reunión. La viejecita echa a llorar mientras te lo cuenta. Igual que el chico lloraba ante la policía con el cráneo de aquella mujer vaciándose de sangre en el asfalto.
Un quehacer apuntado en la agenda de otro puede matarte. Cosa que derivaría en cientos de preguntas que nadie tendría tiempo de contestarte; quizá estarían llegando tarde a una reunión muy importante como para quedarse de cháchara contigo.
Vivir la vida plenamente. Coges el tenedor e intentas llevarte una buena porción del plato que todos hemos preparado a la boca. Tragas. Y mientras tu estómago se revuelve, y se te pone la cara blanca, alguien te dice que vomitar sería un acto de demagogia.

[Arriba, tema del ultimo disco de “The Horrors”, del que me estoy empapando últimamente. Abajo + pin up.]

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6 comentarios en “Pseudopsicocracia

  1. Estamos llegando a un estado de conformismo, que madre del amor hermoso, un día no va a quedar nadie para que nos diga que la hemos cagado. Como de costumbre, un estupendo relato, un gran escritor.

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