Una suerte de discreción casi heroica

Es cierto que a muchos no les gusta que lo intentes; sea lo que sea que intentes, si no conciben algo parecido para sí mismos, no les hace puta gracia para ti. Porque podrías conseguirlo, y eso podría ponerles en duda en cierto modo. ¿Qué pasa si te arriesgas buscando algo nuevo o especial y consigues quedar aunque sólo sea a unos metros de dignidad tragada de lograrlo? El sentido común de uso común, la coherencia, las acciones responsables, digamos, oficiales, podrían quedar en tela de juicio. Porque quizá estás insinuando, por ejemplo, que a lo mejor tú no quieres ser sólo dinero el 90% del tiempo. ¿Cómo coño te atreves a murmurar con orgullo que no eres solo un ignorante pensando así? Muérete de frío en la calle. No has querido sacar al mercado la Nancy Pinchazos; te negaste a publicitar el Ken Genocida. Tenías ya más de veinte años y no sólo querías tener principios de lo más extraños, sino que además estos eran volubles. No te importaba contradecirte o reconocer que habías sido hipócrita, y cuando lo hacías muchos pensaban que había un plan por lo que lo hacías. Un plan a largo plazo.
Pensabas utilizar a Dios para trazar una definición. Sonaba contundente. Dios existía, lo que pasaba era que quería un cielo más lujoso y se había vuelto ambicioso, se había vuelto emprendedor al más puro estilo Humano.

M era el secreto. Ibas a esperar un tiempo para luego decírselo todo, y también todo esto (aunque eso en presente te convirtiera en un capullo por transformar a alguien en un as en la manga, cosa que por el momento aún no te hacía sentir mal o estúpido). Mientras tanto, tenías sueños. En ellos te veías a ti mismo discutiendo rabioso con seres queridos, con tus padres, con amigos de toda la vida. Les mandabas a la mierda de cien formas distintas. La rabia corría por tus venas en esos sueños. Te complacía hasta cierto punto, pero también te desesperaba. Era algo que quizá no sabías cómo expresar de modo que la gente real te entendiera (es decir, que mientras te oyeran no estuvieran pensando que lo que decías pudiera ser simplemente descriptivo en cierto modo, sino que tenía que haber propósitos ocultos, algún tipo de ánimo de mostrate entrañablemente débil, frágil o profundo). Así, luego solías despertar, y cuando seguías viendo cosas que no te gustaban en lo demás y los demás y en ti mismo por imitarles, te las callabas durante mucho tiempo intentando ser educado, o simplemente para no meterte en líos. Esa era una actitud que sí respetabas en los otros, una suerte de discreción casi heroica en esta época, la capacidad de no inmiscuirte, el anteponer, se podría decir, la calma a tu propia curiosidad, por más fuerte que esta fuera.
Aun así, tu carácter acababa saliendo a flote (acababas pensando que esa discreción podía no tener sentido, al menos a veces). Y no es que lo que dicho carácter te hiciera decir fueran necesariamente mentiras o meras provocaciones (aunque los demás muy probablemente reducirían enseguida la información a eso), pero el hecho de haber estado guardándote la indignación, hacía que al final fueras capaz de mandar sutilmente (o no) al carajo en la vida real a muchos, ya harto de lo que considerabas sandeces, acciones estúpidas, dañinas y trilladamente narcisistas de los mismos que -aunque de un modo aparentemente educado- eran también culpables y por tanto no diferentes o superiores para juzgar o condenar a otros de nada.
¿Qué lugar podías tener ahí? ¿Cómo meterte en ese local de moda generacional e intentar ser menos gilipollas o hipócrita? Al fin y al cabo tú también sospechabas de las buenas maneras de los demás. Raramente te daba la sensación de que alguien hablara sin solapar algún interés personal. Puede que solo M te pareciera inocente a la par que inteligente y buena de verdad en el fondo (por motivos esencialmente irracionales). Pero qué ibas a hacer con el mundo, cómo ibas lidiar con él. ¿Te creías acaso que tu lucidez estaba por encima de la media, o que en absoluto podías estar limitándote a distorsionar tus percepciones para al fin y a la postre sentirte mejor con tu confusión y tus vanos intentos de ser realista y justo?

Pero es verdad, te gustaba esa confusión. Habías oído ya a mucha gente que decía no arrepentirse de nada. Hablaban de la Vida, y se atrevían a asegurar que su historial estaba limpio de polvo y paja. A su vez, solían ser los mismos que se aferraban a las lecciones de siempre, como aquella que dice que sólo de los errores se aprende. Es algo paradójico que alguien que asegura no arrepentirse de nada pueda creer a su vez que lo que ha aprendido ha sido producto de sus errores. Si nunca te has arrepentido de nada ¿qué proceso de reflexión ha podido seguir tu mente para aprender de la equivocación? ¿Puedes no arrepentirte ni un segundo en tu vida de tus acciones (con la dosis de malsana vanidad que eso conlleva) y a la vez aprender?
Es horroroso, puedes pasarte toda tu existencia dándole vueltas a cosas así; y a la vez es sumamente placentero, ya que estás convencido de que no se puede abordar algo realmente importante en la vida y reducirlo a un cliché, o limitarte a imitar lo que quien fuere hizo con ese algo, o abordar ese algo ya simplemente porque un hermano o «mejor amigo» ya lo hizo de determinada manera y tú no quieres quedarte atrás.

Querer entender es como pretender convencer a los demás de que intentas ser bueno o sincero. Un error del que no aprendes una mierda, y que está a la orden del día. Todos tus logros en ese campo caben en en una bolsita de tela, como guardando las bolas de Dragón. Pero si no hay una sola respuesta posible para todo, surge la anarquía. Eso dicen. Dicen: «Jódete, no haber nacido».
Muchas citas, esas citas que suenan tan auténticas, cada una con su firma y ese porte de verdad absoluta, suelen tener a su vez una cita que las contraviene que suena igual de auténtica e irrebatible (cosa que, por cierto, te encanta; cosa que le jode al ángel de tu hombro derecho y le chifla al demonio del izquierdo, con el que poco a poco te vas llevando mejor).
Ahora las nubes están la mar de bien decoradas allí arriba. Ha costado un dineral, pero Dios se puso las pilas y estudió empresariales hace la tira (incluso a pesar de la edad). Comenzó a ir por ahí con unos zapatos cojonudos y enseguida ascendió en su primer trabajo (aparte de lo de las ovejas y demás). Dicen que fue a principios del siglo XIX cuando se le ocurrió la idea. Es un tío capaz, lleva su horario al dedillo, combina todas sus actividades empresariales con el rollo de la existencia y lo de estar en todas partes, etc. Además le sigue yendo bien, mucha gente sigue creyendo en él. O sea, se fían. Es un buen tío, tiene dinero para gastar. Su gestión le abala. ¿Alguien duda de que aún estamos hechos a su imagen y semejanza? Se referían a esto.
Algún día le hablarás a M de todo eso. Pero aún no, no hay prisa alguna. Mucha gente no sabe que en la vida (así en general) también puede haber preliminares como en el sexo. No saben que también podría ser mejor estar antes un rato sin meterla donde realmente quieres meterla. Sabes que sobre eso también hay alguna cita oscura que contraviene con la misma dosis de autenticidad otra blanca y que te enseñaría con tacto alguna personalidad de la ética. Podrías Googlearlo.
Sientes que intentas trascender, salirte mínimamente por alguna brecha de la red actual, la red que lleva tejiéndose desde hace cientos de años antes de que nacieras. El sistema que ya te abocaba de frente a cierto neón muy difícil de sortear. Por desgracia nadie te lo podía contar antes de nacer. “Oye, esto va así. Vas a salir ahí fuera y todo el mundo te va a dar órdenes, te van a decir lo que está bien y lo que no. Será tan así, que crecerás y es posible que para entonces ya no sepas darle al tarro por ti mismo. Ya sabrás lo que significa «darle al tarro». Yo sólo te aviso. Acuérdate de lo que te he dicho. Y acuérdate también de que muchos tendrán un montón de argumentos para pedirte que dejes de quejarte si lo haces. Argumentos que sonarán muy sólidos, les despojarán a ellos de toda culpa y te harán sentir como un despojo. Oirás muchas veces la frase «Sólo culpas a los demás de lo que te pasa». Sólo te digo que ahí fuera son gente de extremos, tendrás que ser muy hábil para sortear los baches y poder descubrir que puedes ser algo más que una pila llena de platos por fregar o el aburrimiento en vacaciones. Estás prevenido.”
No, nadie te dice eso antes de que salgas berreando de tu madre. De igual modo que nadie te pide permiso para hacerte nacer. No puedes detener el proceso y decir algo como «Un momento, ¿vengo al mundo por amor o sólo había una pareja más que estaba empezando a aburrirse y se han mudado a un piso más grande?».
Menudo rollo le tendrás que soltar a M cuando consigas armarte de valor. Y encima para quedar como una especie de anarquista anti-niños o algo parecido.
Puede que para cuando hayas conseguido que M sólo le haga caso al demonio de su hombro izquierdo en la cama contigo (si eso llega a pasar), ya te dé igual todo y mandes constantemente a todo el mundo a tomar por culo sin contenerte jamás. Puede que te conviertas en un “Troll” de la vida real, con ideología voluble y aún más confusión de la que te la pone dura. Quizá tu objetivo será caerle bien a tu suegra y parecerle un puto cabrón y un parásito a tu suegro. Eso no suena mal.

[Arriba, un temilla de Lana del Rey, esa muchacha que tanto ha indignado a algunos porque alegan que planeaba ser cool y en realidad no lo es (y eso viniendo de peña que se las da de modernos… y que no compondrán una canción como la del video en su puta vida…) Habrá que comenzar a dividir la red entre gente que escucha las canciones y gente que lleva una Belén Esteban dentro. Abajo + pin up.]

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3 comentarios en “Una suerte de discreción casi heroica

  1. tenemos miedo de todos aquellos que intentan ser un poco mejores que nosotros, nos recuerda lo vagos, cobardes y conformistas que somos 🙂

    todas estas conversaciones, ¿las desarrollas en la cabeza? Leerte es como escuchar una voz en off

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