Abluciones

R: Nunca llegaste a pensar que te acabarías convirtiendo en una de esas personas que se sienten como si nadie las comprendiera; personas que a menudo, además, son aún adolescentes. Pero cuando te descubres pensando en eso, te preguntas si lo que pasa no será que no sabes explicarte y punto.
Para luego preguntarte por qué no sabes explicarte.
Como si no existieran argumentos para justificar tus sentimientos; argumentos que fueran más allá (analíticamente) de tu narcisismo o incapacidades o miedos.
Es decir, que según la opinión mayoritaria te sientes así porque aún no has aprendido del todo a sufrir o sacrificarte.
Lo cual convierte la vida en pura paradoja cuando te atreves a concluir que la mayoría sufren y se sacrifican básicamente por ellos, sí (como tú cuando lo haces), pero también por un mal mayor. Sobre todo para que todo siga estancado y gris (sin ellos saberlo; o aún peor, sin que les importe aun siendo conscientes en el fondo de que tu creencia quizá no es sólo producto de tu narcisismo o miedo al sacrificio).
Eso da un miedo de cojones. Cuando el flipado de turno puede llegar a tener algo de razón.
Muchas veces la negación puede llegar a ser el opio del ser racional estándar.
Cuando llega el momento de la historia en que aquello que no tiene nombre o una explicación concreta, debe pasar a formar parte de aquello que arranca sonrisas gélidas y corta abruptamente conversaciones terrenales y prácticas.
Filosofar –o pseudofilosofar– puede ser una táctica sucia para autojustificarse, sí, pero el mundo se acabará cuando ya nadie lo haga (lo de filosofar, no lo de autojustificarse).
A bote pronto todo esto siempre es muy aburrido (ya por simple desgaste), lo de las preguntas sin respuesta, o lo de no saber ni tan siquiera cuáles son las preguntas.

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R: ¿Que si en serio? Claro que en serio. Yo sabía perfectamente lo que hacía. Desde el momento en que quedé con ella, lo tenía clarísimo. No fue por el calentón. Ni por la bebida. No era porque estuviéramos confundidos. La confusión no justifica nada ni a los 15 años. Incluso a los 15 años sabes perfectamente que si tu semen topa con la punta del condón… ¿Entiende? Yo lo tenía clarísimo. Ni por un momento pensé en enfermedades o bebés. ¿Es tan difícil de creer? Sí, yo había visto todos los anuncios, me los sabía de memoria, conocía marcas de condones, e incluso había llegado a acusar a otros de no habérselos puesto y de lo estúpido que es eso. Yo era plenamente consciente… Gracias… nunca llevo fuego… Yo sabía lo que hacía. Es más, el hecho de saberlo, la idea de la posibilidad de que ella se quedara embarazada, sólo hacía que excitarme más. Por el riesgo. Yo lo que quería era tener sexo con ella, eso era todo lo que quería, no había mañana; aunque fuera consciente de que sí había mañana y de que quería más cosas, lo cual, como le digo, sólo hacía que excitarme aún más. Es cuando mejor funciona, se lo aseguro, a pelo, en casa de una extraña, ambos con los anillos puestos. O a los quince años y sin protección. Cuando te sientes como alguien repugnante e irresponsable, el sexo se convierte en una razón de peso para ser feliz de verdad. Ella y tú lo sabéis, no hay límite. El hecho de que estés haciendo daño a terceros sólo hace que mantener la erección y la humedad. Para decir la verdad, reconozco que todo el tiempo ha sido así, toda mi vida; mi hijo nació y a pasó muy poco hasta que conocí a otras chicas con las que engañar a mi novia madre adolescente. Cuanto más reprochable ha sido todo ética y moralmente, mejor lo he pasado con el sexo. Tanto es así, que le diré que, cuando ya había dejado a mi novia, no quería liarme con chicas liberales a las que no les importara que follara con otras, ¿qué gracia tenía eso?, ¿dónde estaba la emoción? ¿hay alguna clase de sexo, digamos, correcto, con el que no acabes un día intentando metersela flácida a alguien?…

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R: En lo emocional lo tengo claro. Necesito una respuesta. Y sabes siempre cuándo es la adecuada. Le diré que, sí, entiendo que para mucha gente es muy difícil gestionar las emociones. Pero yo no tengo problema alguno. Suelo hablar de modo que la gente me entienda, me adapto. No es tan difícil. Y no es negarse a uno mismo o todo ese rollo íntegro. No tiene nada de malo intentar ser amable. Mis dos hijos no crecerán en ese ambiente de confusión y miedo. Porque se trata sólo de eso, ¿sabe? Sales a la calle pensando que todo el mundo te va a mentir. O sales de viaje pensando que vas a estrellarte con el coche, o que tú avión va a perder el control, o que tu novia te va a poner los cuernos durante esa semana en Irlanda con sus amigos… ¿Para qué?… es una perdida de tiempo pensar todo el rato así. Mis hijos van a crecer tranquilos. No les voy presionar. Ahora tienen cinco y siete años. Son todo sonrisas, debería verlos; enseguida le cogerían cariño. Un día, cuando acaben sus carreras y hayan encontrado a alguien especial, formarán sus propias familias tranquilas y sin miedo. Y le aseguro que muchos me tachan de conservador por hablar así, pero nunca me ha ido mal siendo como soy. El mundo no debe ser un lugar tan cruel como dicen.

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R: Le aseguro que a veces es horroroso estar con ellas. No me considero una mujer rancia o algo así, pero algunas de mis amigas hablan de ciertos temas como si todo fuera banal o no tuviera importancia. Además creo que inflan las anécdotas: ¿usted cree que una mujer puede tener veinte orgasmos seguidos? ¿Y de ser así, tan fácil es llevar la cuenta? ¿No es algo así como si alguien te contara un sueño durante una hora entera detalle por detalle? ¿Alguien puede recordar un sueño con todo detalle? ¿Tanto como para llenar diez folios o una hora?… Y el caso es que luego, como ellas ya han explicado en voz alta todas sus anécdotas sexuales de la semana, me miran a mí y comienzan a pincharme. No entienden por qué yo no río histéricamente con sus historias. No es que mi novio y yo no tengamos una buena vida sexual, pero yo no veo dónde hay tanta comedia en ello. Entiendo que de vez en cuando haya risas, vale, ¿pero es que acaso ellas mientras lo hacen están todo el tiempo carcajeándose o algo así? Creo que mi modo de verlo es muy distinto. He llegado a pensar que, o bien ellas mienten siempre, o bien no están enamoradas de sus parejas y por tanto no les importa largar todas la intimidades (debido a que estas no lo son, sino sólo polvos que echan con sus novios del momento). ¿Entiende?… A lo mejor yo soy rancia o algo así, no lo sé, pero ya le digo yo que lo que yo siento mientras estoy con mi novio no da simplemente para unas risas bebiendo café. Si yo pudiera contar con palabras lo que siento respecto a mi novio, seguramente ya habría cortado con él hace mucho tiempo… ¿No hace mucho calor aquí?…

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R: Solo lo hice una vez, y no fue para tanto. Todos me pusieron el mote por esa vez. Le aseguro que luego jamás volví a hacerlo. Recuerdo a un compañero del instituto que lo hacía cada semana. Cada vez que podía. Pero por lo que sea eso sí encajaba con su forma de ser y nadie le puso mote alguno o le estigmatizó con ello. Sin embargo yo lo hice una vez y por lo que sea, el hecho de que yo lo hubiera hecho, era gracioso. Aún cuando me encuentro con gente de aquella época, siguen llamándome por aquel mote. Ahora lo hacen más avergonzados, como si supieran que te molesta pero su orgullo para mantenerte el mote fuera más importante que la posibilidad de respetarte por fin… Solo hubo una persona que continuó llamándome por mi nombre. En el baile de fin de curso del penúltimo año una chica quería bailar conmigo. Aunque yo era muy tímido, al final acepté. Era mala estudiante igual que yo, y casi se me saltaban las lágrimas cada vez que me llamaba por mi nombre y no por aquel mote desconcertante y horrible.
Estuvimos saliendo después unos dos meses en secreto (después de las vacaciones de verano). A ninguno de los dos nos gustaba la idea de publicar nuestra relación. Ella se avergonzaba hasta cierto punto de salir con un chico estigmatizado y ridiculizado. Y yo no quería que, dado el ambiente que mi mote había generado, el mero hecho de salir con una chica no fuera más que otra excusa para meterse conmigo, puede que incluso poniéndole también un mote a ella.
A los dos meses y medio de relación, ella tuvo un accidente. Iba en el coche de sus padres y su padre se durmió al volante. Me enteré de que había muerto durante una clase. Nos lo comunicó nuestro tutor. Tuve que fingir que no me afectaba más que a los otros alumnos.
Pero pasaron muy pocos días hasta que todo volvió a la normalidad. Lo único que sabían mis compañeros era que había bailado con ella aquel día antes del verano, y que ella era la única que aún me llamaba por mi nombre. Finalmente, llegó el día temido en que alguien me mencionó (obviamente por pura y llana crueldad), que vaya lástima lo del accidente, que para una persona que aún me llamaba por mi nombre, va y se muere. Lo cual hizo mucha gracia al resto de la clase (o al menos al núcleo fuerte), lo cual dio pie a otro mote distinto con el que ridiculizarme, pero que por algún motivo se desgastó pronto, lo cual en realidad sólo hizo que fortalecer el mote de siempre, arrinconando mi nombre ya definitivamente sin que hubiera posibilidad alguna de que resucitara junto a mi novia.

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R: No sabría cómo describirlo. Supongo que se podría decir que es algo suave y pequeño como un cachorro. Vaya, eso cuando no lo lleva rasurado. Antes de atacar siempre tengo el plan de que besaré alrededor de él, que proyectaré el aliento; vaya, que me montaré una especie de rollo en plan Don Juan pero sin susurrar poesía ni rollos aduladores… Pero cuando lo tengo delante, creo que tardo unos cinco segundos en lamer al estilo perrito. Ella dice que tiene que ver con la evolución. Si el hombre de las cavernas se hubiese pasado tanto tiempo ejecutando preliminares demasiado alargados, puede que aún estuviéramos esperando a que alguien inventara la bombilla.
Menudo rollo. No sé. La cuestión es que sí, me gusta pensar en todo eso de tomárselo con calma y demás, pero cuando llega el momento sólo quiero la pasta en mano, el cheque, el diploma, los fluidos de ella… No me suelo parar a pensar. No sé si es un error, pero algo debe tener de malo si pienso tanto en ello. Y bueno, lo de los fluidos no es del todo cierto. Si nos ceñimos a lo sexual estoy dentro del patrón de tío más bien egoísta que necesita mamadas larguísimas pero luego es incapaz de darle lo mismo a su pareja. En cuanto a lo demás, no sé hasta qué punto vamos acelerados o no. Supongo que la metáfora del sexo sirve, ¿no?… puede que no sea muy imaginativa, pero se entiende. El caso es que tengo miedo de despertar un día de estos en mi coche sin poder mover las piernas ni los brazos; inmovilizado y con alguien limpiándome la sangre de los ojos y quitando los cristales de mi regazo. He llegado a preguntarme si un tío que no tiene paciencia para comerse un coño como es debido tiene más posibilidades de morir en un accidente de tráfico. O puede que como peatón cruzando un paso de cebra sólo por ansia, sin ser capaz de esperar a que se encienda el muñequito verde. Es decir, ¿eso convierte a esos tíos que respetan los límites de velocidad en grandes amantes?, ¿o al menos en tíos con más pericia en la cama, etc.? Ya sabe que hay mujeres que dicen que si un tío baila bien también tiene que follar bien; pero yo diría que sería mejor para ellas tener más en cuenta a aquellos que no entran en la autopista casi sin mirar, o que no necesitan adelantar enseguida al camión de turno, etc. Sea como sea…, lo siento, no quería que lo notara, esto ya no cuela como un bulto de cartera en el bolsillo…

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R: Había ido con ella a un parque de atracciones. Y cuando llegamos a la montaña rusa, va y me cuenta que uno debe tener mucho cuidado con no atragantarse si le da por vomitar… Verá, ella no controla el contenido, ¿sabe?, simplemente suelta lo que sea y cuando sea. Estamos comiendo en un bareto imitación rollo de pistoleros, y ella me habla del color de su orina cuando estaba enferma de no sé qué… cosas así. Y, que quede claro, no me refiero a que ese detalle sea el típico que hace que quieras más a una persona. Ese día me hizo pensar en cuando pierdes a alguien de tu familia o a alguien que quieres, y comienzas a recordarlo todo de un modo entrañable. Ese momento suele valorarse como algo objetivo, puro amor y demás, porque echas de menos a alguien a quien querías y todo eso. Pero ese día del parque de atracciones se me ocurrió pensar que puede que después de un funeral sea cuando los recuerdos relacionados con seres queridos están más atrofiados y son más subjetivos… No me malinterprete, yo quiero a mi novia, pero nunca me he creído eso de que cuando quieres a alguien es por sus defectos. No quieres a alguien por sus defectos, ¿qué mierda es ésa? ¿Ya hemos llegado hasta esos niveles de negación-barra-optimismo? Le puedo hacer una lista muy detallada de las razones por las que quiero a mi novia, pero joder, entre ellas no están sus defectos. La cualidades también reflejan el carácter de una persona. ¿A qué viene eso de hacer apología de los defectos de la gente? Me parece un rollo casi religioso (que no espiritual). El rollo de lo religioso y ciertos discursos relacionados con los buenos sentimientos y bla bla blá… creo que se está saliendo de madre. Una cosa es que al recordar los defectos recuerdes a la persona, pero de ahí a hacer apología de los defectos…
¿Sabe qué creo?, que seguro que mucha gente ya se aferra a ese tipo de filosofía y aprovecha para no superar nunca sus defectos. Porque se supone que eso les caracteriza. Porque tener defectos no es sólo dañino y molesto, sino enternecedor y tu marca personal. Le aseguro que, si a mi novia, pobre, le pasara algo y la perdiera, echaría de menos muchas cosas de ella, pero jamás el hecho de vomitar en el lavabo de un bareto imitación Western.

&

R: La verdad es que odio la no-linealidad o el desconcierto. Como por ejemplo en la letra de muchas canciones. Todos los fragmentos desligados entre sí, pretendiendo formar un todo coherente. De hecho ya está comenzando a haber incluso gente así, orgullosos de contradecirse o desconcertar y demás. ¿Qué tiene de malo el orden? Una habitación ordenada, un salón ordenado… Todos los libros están paginados, ¿no?, pues ¿a qué viene contar la historia desde el final o desde la mitad?… Y de verdad, no soy un obseso del control. Mi única ambición es pasar por la vida entendiendo al menos un ochenta por ciento de lo que veo o me pasa. ¿Es tanto pedir? ¿Usted tiene hijos?… No me hable, es igual; lo que quiero decir es que no todos podemos permitirnos el lujo de estar todo el tiempo perdidos y dudando. Ya sé que es muy bonito y no sé qué a veces lo de “perderse”… Pero qué quiere que le diga, mi mujer y yo somos buenos amigos y eso es todo. Nos juntamos y nos hicimos reír desde el principio. Y nunca sufrimos. Puede que no seamos muy originales o sentidos; pero yo creo que esas parejas que se separan no eran ni tan siquiera amigos. Fíjese que le estoy diciendo que mi pareja y yo no estamos enamorados, pero que al menos somos amigos. Y que muchas parejas rompen porque ni tan siquiera eran amigos. Y todo por andar soñando con hadas, por ese rollo de alimentar el mundo interior y ser profundos. Pero ¿y qué hay del mundo exterior?. Que yo sepa nadie paga un alquiler con amor. O la ropa de los niños con polvos a de hora y media a cámara lenta. ¿Para qué complicarse la vida pudiendo tocar con los pies en el suelo? ¿Qué tiene de malo intentar simplificar las cosas? ¿Acaso no tenemos derecho a moldearnos como queramos? ¿No cree que se está poniendo demasiado de moda lo abstracto y que eso nos lleva al desastre?

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R: Estamos cocidos. Como patatas cocidas. Conozco a mucha gente que a los treinta y cinco años ya te miran como si la idea de una bañera llena de agua caliente y una cuchilla de afeitar tampoco les pareciera para tanto. Fíjese en que mucha gente reacciona con toneladas de filosofía cuando oye la noticia de un suicidio. Es como si dijeran “Ya ya, qué me vas a contar…”
Yo nunca había pensado en ello, pero una vez estuve a punto de intentarlo. ¿Tiene eso algún sentido? Tenía treinta años y me acababa de divorciar. La gemelas se quedaron con ella. Las veo una vez cada dos semanas. Antes eran mis hijas y ahora son como mercancía. Cada vez que su madre y yo nos cruzamos, las niñas tienen que ver cómo discutimos. No sé hasta qué punto ellas se sienten responsables, pero sí sé que lloran por nuestra culpa.
¿No le parece este planeta un lugar horrible?… No hace falta que intente convencerme, no se preocupe. Verá, el problema es que siempre tiendo a pensar que mis problemas son más profundos que los del resto de personas… de modo que no se me da bien aceptar palmaditas en la espalda y demás… y mucho menos consejos. Putos consejos… Hay gente que sólo vive para enseñar a vivir a los demás. No puedes entender cómo coño a esa gente no le llueve el dinero, y por qué no llevan una relación mucho más electrizante con alguien, o por qué no sonríen siempre o por qué se quejan los domingos por la tarde. Esa gente… esa gente es muy curiosa… Puede no fiarse de mí si quiere, o reírse de lo que digo más tarde cuando quede con su pareja o lo que sea, pero le advierto que también hay un buen puñado de razones para fiarse muy poquito de la gente que te ametralla a consejos. Puede fiarse aproximadamente lo mismo de ellos que de mí. Pero no cometa el error de elegir un bando. Es el error eternamente de moda, pero por más de moda que esté, le sugiero que vaya con cuidado con ese rollo.

[Arriba, un poco de Queens… Abajo + pin up.]

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2 comentarios en “Abluciones

  1. qué extraños son esos primeros pasos, ¿verdad? Cuando no entiendes ni tu propio cuerpo y te empeñas en cubrir de honrosos sentimientos lo que es puramente hormonal..

    me gusta como evoluciona el texto, y me gusta el final, ese final duro en el que todos en algún momento nos hemos situado. Cuando ya eres incapaz de sorprender y, peor, de indignarte por casi nada…

  2. Me agrado! Las conversaciones interiores en diferentes planos de ideas, de edades y momentos . . .
    Cada quien tiene y hace lo que piensa que merece 😉 . . . Besos y Flores !

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