La palabra

Una palabra. Bajo todas las piedras junto a todos los bichos. Entre cada gilipollez que te dicen. Entre, debajo, delante, detrás. Dentro. Donde sea. En cada primer pensamiento del día y en cada último, en la ensalada, en las patatas de bolsa. En la tele en todos los putos canales y en cada programa y anuncio-coñazo. En la radio y en Internet. En tus padres y tus amigos. Los colores todos son el mismo y en todos está. En todo lo que importa y lo que no. En las piedras del riñón y la hernia y el último trozo de pan del niño desnutrido de las noticias. En Dios, tanto si existe como si no. En lo que necesitas y en lo que te falta y en lo que tienes y te sobra. En las gestiones pesadas, diarias o semanales o anuales. Análisis de sangre, también ahí está. Vómitos de fin de semana después de fiestas agrias por estar la palabra también ahí. En un vino demasiado caro durante una cena para la que sólo llevas 20 euros. O en un chino. O en la enésima escucha del Ok Computer de Radiohead. La palabra, ahí está. Como en la mierda que ves flotar en el váter. O en el siguiente post que escribes para actualizar tu blog intentando encriptar sentimientos a la vez que los aireas. En la sala de cine. En la sala de conciertos. El lunes por la mañana. En el silencio, en el silencio está, joder si está, y hace que todo sea ruido blanco, y el suficiente hace que rompas a llorar y ahí está también en las lágrimas. En las moléculas. En los átomos. En la electricidad que te convierte en persona moderna capaz. En los celos terribles. En todos los periódicos, ahí está en portada y en las páginas centrales, y en las deportivas, el horóscopo, Política, Cultura… También dentro de la vagina si frecuentas alguna. En la lamparita de tu mesilla. El suspiro del ventilador de tu ordenador. El silencio falso.
Y está por supuesto –más a menudo de lo que querrías– en los sueños, también en los que tienes cuando estás dormido.
Y está por descontado tanto en tus ganas de vivir como en tus secretas fantasías de suicidio. Está en cada euro que se te va en minucias, en cada burla y sarcasmo y sarpullido verbal de cinismo. En cada disculpa y cada insulto justificado o no. En todas las formas de vida y cada secreto de estado. En el espacio, el puro espacio, aunque pudieras irte a la distancia concreta de “a tomar por culo”, ahí seguiría.
La palabra.
Como sigue en cada personaje de cada película o novela. O como en todas las pataletas y el odio más o menos contenido. Está en el sufrimiento y en los parques temáticos, en las fotos de tías en biquini. La palabra… también desparramada por Facebook, como en cada heavy de espaldas, como en cada mujer madura o no, cada peluca, cada paja, aguja, puto villancico o canción del verano. Como en cada playa sobrevalorada; como en cada enfermedad terminal o noticia del abuelo que ha superado los 100 años. Está en cada cita y también en la cita que la contraviene. En el zumo y el cianuro. En las chicas que se recogen el pelo siempre antes de tener sexo.
En todas las gafas modernas. En cada complemento. En toda la historia de la superficialidad permanentemente latente e inmortal. Pero también está en los vampiros y los zombis. Está en la maquina del tiempo y en el fanatismo conservadurista. Está en el arco-iris (no por ver pocos se iban a librar). Claramente está también presente en el placer solitario que salpica. Los amaneceres no son más que para iluminar nuevamente la palabra. La noche sólo para que gane en encanto. Las drogas sólo para mitificarla. La resaca para endiosarla. La depresión para odiarla, así como la alegría para amarla. La palabra, tan dulce que convierte el azúcar en eufemismo. La palabra dentro de todo cuanto te jode y te hace seguir. Que es el nombre de la mujer que no está.

[Arriba, un video que he recordado y que me hace gracia compartir. Conceptos: niña y Aphex Twin. Abajo + pin up.]

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7 comentarios en “La palabra

  1. Y despues de tanta palabra lo mejor es follar en silencio… las caricias, suspiros, lametazos, besos… uso ahora palabras para describirlos pero no hacen falta palabras para realizarlos…

  2. Me ha encantado el final. Oh, y eso de “O en el siguiente post que escribes para actualizar tu blog intentando encriptar sentimientos a la vez que los aireas.”, desde luego. Una se siente identificada de la manera más estúpida, pero sí.

    Iba a no leer ahora el relato, pero al ver que era cortito… es curioso que mis desconexiones de leer sean coger el ordenador y seguir leyendo. Quizá deba ver el vídeo que enlazas. O seguir estudiando para el examen de las 11. No sé.

    En fin, buenas noches.

    Pero antes me preguntaba.. programas las entradas o ¿realmente las escribes a horas intempestivas?

    1. Escribo normalmente muy tarde sí; y leo (puedo). No hay molestias ni ruidos, nadie haciendo obras ni pajaritos cantando ni móviles ni teles sonando. Soy muy nocturno (pero no de esa forma en que lo dice la gente en plan bebercio…)

      Y la cría está muy bien en su interpretación 🙂

      Gracias por leer!

      (Y sí, Levanah, a veces hay demasiadas palabras…)

  3. oook Jordi me mataste yaaa 🙂 -“O en el siguiente post que escribes para actualizar tu blog intentando encriptar sentimientos a la vez que los aireas.” con esto … existen diferentes modos de escribir, unos piensan que haran o miran mas alla hacia el futuro, yo sin en cambio me planto bien en donde estoy y observo, siento, me entrego y soy … en mi blog hay cientos de historias, diria que es mi diario, diria que me describe, diria que es una gran parte de mi vida, y lo es, pero por otra parte hay algo mas misterioso en las palabras, lo que quieren y especificamente significan para ti 🙂 besos y flores!!!! ❤

    1. Yo no diría que es mi diario, pero a veces sí hace las funciones de diario, aunque sea con retórica y ficción y mentiras. Alguna vez leí una entrevista a un escritor que decía que él nunca podría hablar mejor de él mismo en un diario o en una autobiografía de lo que ya lo hacía en la ficción. (Eso pasa por muchos motivos si te detienes a pensar.) Coincido.

      Gracias por leer! 🙂

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