Gilipollas educación

Estoy sentando –y técnicamente vivo– en un sillón de tres plazas en casa de un amigo. Intento llevar con naturalidad la pesada digestión de una comilona que dicho amigo y su novia han preparado para mí y otros once comensales. El resto siguen a la mesa, ya ha pasado hora y media desde los cafés. Es domingo y todos hablan de que mañana vuelven al «curro», de a qué hora se levantan, etc. Hace varios siglos algunos se debieron asegurar de que la libertad fuera eso que asocias con la irresponsabilidad, y de que el estrés y la infelicidad vinieran dados por una serie de actividades que son a la vez las que te hacen ser y sentirte (al parecer) bueno y responsable (y sí, también supuestamente feliz y realizado). Esa paradoja simple y recurrente flota otra vez por todo el comedor haciendo que el humo de mi cigarrillo sea aire del campo por comparación.
Me invade sin embargo una agradable sensación. Algo indefinido. Sucede al quedarme mirando cómo el sol de ya entrada la tarde se refleja en los edificios de fuera. Estoy al lado de la ventana. No sé explicar lo que es, lo que hace que me sienta así; no me pasa mucho, pero habitualmente lo asocio con esa luz de media tarde, también con los besos en la boca, y muy a menudo con las noches de verano en las que no estoy en casa.
Alargo el brazo procurando que la mayor parte del humo se vaya por la ventana, intentando centrarme en la sensación positiva. Creo que, en parte, la misma se debe a que en esos momentos no pienso en nada concreto. No hay personas ni hechos en mi cabeza. Ni mi tedioso trabajo. Sólo la claridad solar o lunar, leves y placenteros calambres, algo como si tuviera de golpe una plena y sosegada conciencia del mundo y de que habito en él. No hay conceptos etiquetables, nada sobre lo que puedas escribir un poema comprensible. Se parece bastante al orgasmo, un orgasmo mental que, aunque sólo dure unos minutos, te recarga y te hace dócil. Luego serías capaz de sonreírle a cualquiera.

La sensación se interrumpe abruptamente y antes de lo habitual. Alguien se ha pasado la comida haciendo bromas de mal gusto y soltando pullitas a muchos de los presentes, incluido yo. Ahora ese alguien se dirige nuevamente a mí haciendo un comentario hiriente (disfrazado de broma). Luego me pregunta que de qué va mi libro.
Hace un tiempo alguien me aconsejó escribir, que eso me haría bien. Al principio estaba cagado e intentaba gustar, intentaba conseguir asentimientos de todos; complacer a todos: o al menos no asquear o enfadar a nadie con los textos.
Luego comencé a escribir de verdad.
Y más tarde decidí recopilar algunos relatos y probar suerte con alguna editorial. Ese asunto está en proceso, y mientras tanto, a ratos, toca explicarse, justificarse. Mucha gente no le ve un sentido a largo plazo a lo de escribir: lo respetan, digamos, y pueden entender que leas, pero lo de escribir requiere un tiempo y un esfuerzo que no estás dedicando a algo que todos consideren claro y tangible de verdad. Es decir, no hay un sentido material seguro en lo que haces. Es una historia muy vieja en realidad, y que siempre vuelve para joder vidas y más vidas.
El tipo, el de las pullitas, llevaba ya un buen rato hablando en tono elegantemente despectivo sobre esa faceta mía tan poco productiva materialmente hablando. Lo ha hecho a través de comentarios sobre “otra persona”. Y llega un momento en que decide alzar la voz y dirigirse a mí directamente mientras se da codazos con otro comensal.
Recuerda a los niños de tu clase cuando tenías doce años. Esto es lo mismo pero con carnet de conducir y una novia estándar.
¿Que de qué va mi libro?
El tío se ríe y se pone rojo, pero hay mucha gente en el salón, así que tiene el valor de insistir aun después de haberle dicho secamente que es un libro de cuentos. Es lo que decía sobre el tener que justificarse. Al tipo no le interesa de qué va el libro, lo que quiere es una respuesta elaborada por mi parte, la clase de argumentación que hace que luego te quedes solo durante un largo silencio, y resultes extraño, distante. Sobre todo en cierta clase de ambiente. Eso complacería al tío, ya que él seguiría siendo alguien normal que sólo ha hecho una pregunta, y yo alguien aún más rarito y solitario después de la respuesta. Es esa clase de veneno que tiene la mala educación y la maldad que vienen sin tacos pero con muy mala intención (algo muy de moda); ese escudarse en las formas y el diálogo común para tocar la moral sin que nadie crea que lo has hecho.
Así que esta vez en lugar de decir algo neutro y que el toma y daca se olvide en un minuto, lo que hago es decir la verdad.
Bueno, le digo, el libro habla de muchas cosas, pero sobre todo habla de cómo es posible que haya tanta gente que, después de haber pasado por todo el sistema educativo –al menos hasta acabar una carrera–, pueden tener aún una educación y un carácter tan pobres y previsibles. Fíjate en ti por ejemplo, le digo, estudias un máster y tienes un trabajo, aunque no dejes de quejarte de él…, pero has hecho todo lo que en teoría debías hacer y lo has hecho bien, ¿verdad?…; pues de eso va el libro, de que incluso así sigues siendo un gilipollas.

De niño sentía fascinación por una profesora, ya ves tú qué novedad. Fue en segundo de primaria cuando tomé conciencia de ello. Se llamaba Nuri. Siempre la he considerado el primer amor. Y como en algunas otras ocasiones, nunca dije lo que sentía en voz alta. Ya a esa edad sabía que nadie me tomaría en serio; pero con lo que no contaba es que esa sensación me perseguiría ya para siempre en mayor o menor grado. Y no solo en relación con enchochamientos más o menos “dramáticos”, sino prácticamente con todo. Creciendo, me fui dando cuenta de que había alguna convicción vital y sistemática que todos los demás tenían de serie y que a mí me faltaba, con lo cual normalmente siempre era el que tenía un punto más de desconfianza y cinismo en la sala, en la habitación, el aula, donde fuera… Irremediablemente, para todos existía un nombre para eso, y no tardaron en hacérmelo saber:
Pesimismo
… (la mayoría no suelen dar para más).
Ya sabía lo que me pasaba, sólo era pesimista. No era especial ni veía las cosas con más claridad o sencillamente desde otro ángulo, lo que pasaba es que no era feliz y quería –con mis comentarios y opiniones– hacer que los de mi alrededor tampoco lo fueran.
Eso podía ser así o no, pero daba igual porque ya me habían puesto la etiqueta. Estaba minuciosamente archivado. Pasarían bastantes años antes de darme cuenta de lo relativo que es todo eso, y de lo muy simple y agilipollada que puede llegar a ser la gente. Muchas veces incluso más que yo.
Yo sólo decía, por ejemplo, que la duda es atractiva, que la duda hace pensar, hace que trabajes ese músculo. Eso era cuando aún no había aprendido lo valioso que es el silencio, ya que no sólo te ahorra el quedar como un capullo enneurado muchas veces, sino que además en ocasiones te trae curiosas, agradables y desagradables (a la vez que significativas) sorpresas escuchando a los demás. Cuando comencé a callar y a observar a los otros, me di cuenta de que lo que la gente llama Conversación no es más que una Disputa el 90% de las veces. Siéntate cerca de donde haya personas charlando. Verás que pronto dos comenzarán a hablar sobre algún tema, y ambos iniciarán la plática con una postura a priori distinta cada uno. A medida que avancen, da igual hacia dónde se decante la razón, incluso aunque ambos la tengan en cierta forma: pero jamás cederá ninguno, ambos creerán que poseen más verdad en su argumentación que el contrincante. Así, raramente aprenderán el uno del otro.
Eso, aplicado a todo lo demás, lleva al estancamiento total, a la rivalidad constante, y a la convicción casi dolorosa de que no podrás comunicarte con nadie sin que esa manía por creer que quieres tumbarle desaparezca.
Es una actitud infantiloide, pero aún define incluso la Política tal y como la conocemos.
Y ni tan siquiera hay que irse tan lejos, basta con hacer un vago análisis en una relación sentimental potencial. Es un juego de Ganador y Perdedor, de quién queda por encima. Oyes a personas decir cosas como: No le llames, que llame él. O: Si la llamas parecerás ansioso… Etc.
Como sea, la pura verdad es que millones de hombres y mujeres adoran toda esa mierda. Adoran alimentar rivalidades y jerarquías, orgullos inútiles. Se corren de gusto cuando tienen la sensación de haber ganado; aunque la persona a la que han ganado sea alguien a quien quieren (o eso dicen ellos).
Son las mismas personas que luego quieren dejarte claro lo muy absurdo que es tener celos o ser condescendiente, no como ellos; ellos… bueno, ellos sólo maquinan
A veces creo que necesitamos más bombas nucleares.

A veces, al intentar hacer un análisis medianamente objetivo, me da la sensación de que las personas actúan con el mundo y los sistemas del mismo modo que una tía mía muy tarada que lleva veinticinco años vestida de negro por la muerte de su marido. Negándose a conocer otra vida, otro modo de hacer las cosas. Anclada en algo que estaba bien hace cuarenta años, pero que ahora ya no tiene sentido alguno dentro de ciertos parámetros racionales.
Lo peor de todo eso, es que esa mujer al menos sabe reconocer a ratos su estado de negación, pero a la gente que habita el mundo, tanto le da. Está todo lleno de espejos y la existencia va a toda leche, y eso es lo único importante. El calentamiento global es un proceso demasiado lento para asustar a nadie ahora. Si a mí me dieron caña, a ti te van a dar caña (y no te quejes). Mi abuelo decía que. Mi padre decía que. Refranes populares. Moda retro. Día de la madre…
Es como estar perdido en el bosque y volver a pasar por el mismo puto riachuelo miles de veces caminando en círculos. Y aun así sonreír. Porque si no, eres Pesimista (y no queremos eso, ¿verdaaad?)

Cierta chica, la ya veinteañera hija de Nuri, está viviendo sola en un segundo piso. “Nadie” sabe de qué vive. Las señoras del barrio, con su desbordante creatividad habitual, dicen que se prostituye (es mentira, pero las que lo dicen tampoco es que quieran precisamente informar, sólo echarse unas risas… que este mundo continúe siendo un lugar hostil e injusto en gran media, y para alborozo propio).
En el barrio vive también el tipo de las pullitas, el de flamante vida.
Después de mi comentario y de llamarle gilipollas delante de todos, su novia ha dicho que «una cosa es hablar y otra cosa es insultar». (¿Nos os da la sensación a veces de que muchas personas siguen un guión?). Yo le he dicho que él ha insultado igual durante la comida, sólo que le ha llevado más tiempo porque no ha usado tacos. Las palabras malsonantes también son palabras, que yo sepa, se trata de no abusar, como con todo. No decir tacos nunca es como saber vestir: quedas muy bien, pero no significa que no puedas ser un cabrón de mierda como cualquier otro.
El chico me ha recordado mi etapa infantil con Nuri, mi primer y veinteañero amor. Esa chica-maestra joven que para mí era LA MUJER, quien me trataba bien, respetaba mi silencio y timidez, me dio acceso a material escolar varios años y no me martirizaba por hacer dibujos horribles y salirme de la raya siempre pintándolos. Siendo honesto, fue la última profesora que avanzó conmigo de verdad.
Si el chaval de las pullitas y el vocabulario pulcro me ha recordado esa etapa, ha sido –entre otras cosas (que ya saldrán a la luz)– porque me parece una versión adulta de cierto compañero de clase de aquel entonces. Era un niño a quien tuve que soportar desde el parvulario. El primer día fue el único que no lloró o se quejó cuando sus padres le abandonaron en el aula. Iba de un lado a otro con diligencia, hablaba con la profesora de tú a tú con una seguridad infantil en sí mismo que a los adultos les parecía encantadora, y al resto de compañeros nos creaba cierto tipo de rechazo e inseguridad que nunca llegamos a verbalizar demasiado. Él por supuesto casi no se salía de la raya al pintar (tenía un trazo corto y controlado, meticuloso, más parecido al de las niñas). Aun así, la profesora jamás le trató mejor que a nadie, ni lo llegó a poner como ejemplo para los demás; lo cual estoy bastante seguro llegó a irritar a ese niño sin lágrimas, esa criatura tan extrañamente representativa de la edad adulta que vendría.

Aun viviendo en el mismo barrio, nunca he tenido mucha relación con el tipo de las pullitas y su novia (y la hija de Nuri… es otro asunto, o eso creía yo). Pero ha resultado que tenemos un amigo común. A veces no sabes con quién vas a acabar comiendo. El problema de estas reuniones sociales que supuestamente consisten en juntar a un numeroso grupo de personas para conformar cierto tipo de divertido caos controlado y ruidoso, es que aumentan las posibilidades de tener que lidiar con alguien que no te cae bien.
Es decir, que esos rollos laborales desagradables que te vienen impuestos entre semana, se pueden colar en parte en tu tiempo libre.
Todo depende de lo dispuesto que estés a “socializar”.
Cabe decir que nadie de la mesa me defiende después de haber dicho «gilipollas». Como digo, nunca es una cuestión de educación en un sentido profundo, las formas siempre son más importantes. Dicha sea la verdad, podría haberle contestado con otra pullita para ponerme a su mismo nivel en plan lo-que-sea-pero-sin-tacos, pero me parecía apropiado de verdad llamarle gilipollas. Para mí no ha sido tanto un insulto como una mera descripción. La palabra ha salido rodando por mi lengua con toda naturalidad. Ni siquiera creo que me haya variado el pulso.
Dos o tres de las chicas se han levantado y se han puesto a recoger la mesa. Seguramente para echarse miraditas en la cocina y hablar por lo bajini. La novia del de las pullitas me ha dicho que debería pedir perdón por haber dicho la palabra malsonante. Pero ella no lo dice así, más bien me acusa de haber roto «el buen rollo que había», de no haber sabido encajar ciertas bromas, etc. Este tipo de parejas son las que suelen acabar –casi seguro– teniendo hijos (la actividad está en el programa). Todo en sus mundos es correcto y limpio de esa forma en que todo se ve correcto y limpio cuando uno no ha visitado el sótano ni revisado los cajones. A menudo (y les pasa a Pullitas y Novia), suelen transmitir cierta sensación de controlada crispación conyugal, como si más que personas libres que se quieren, fueran sufridos profesionales de la vida, el trabajo, la fidelidad, el amor y el sexo.
Le digo a la muchacha que no voy a tratar nunca más a su novio, así que no necesito pedir perdón, porque además él ha sido el primer maleducado hoy. Etc. Etc.
Mi argumentación se ha vuelto algo complicada, y creo que Novia no ha entendido bien lo que quería decir. Pero al menos he conseguido que me deje en paz.
Hay que decir que esa forma de salir en defensa de su querido, no ha sido un mero intento de poner paz. Ya sé hace tiempo, debido a ciertas habladurías al menos parcialmente fiables, que hay algún tipo de crisis en Casa Pullitas.
Y aquí es dónde entra muy a saco el nombre de Nuri. Nuri hija.
Así, lo que pasa ahora más que nada, es que Novia ha querido “proteger” a Pullitas de mi terrible mala educación no tanto para recriminarme nada a mí como para intentar re-inyectar vigor en el vínculo conyugal de Casa Pullitas. Algo, por cierto, que seguro todos los comensales han notado: Toda esa reivindicación de la pareja supuestamente estable y organizada frente al soltero pesimista y amargado que dice tacos…
Más tarde es posible que follen en casa y que Pullitas no piense en Nuri hija durante el proceso por una vez en meses.

Como he dicho un poco más arriba, no es que haya tenido nunca mucha relación con Pullitas; no era alguien a quien tuviera en cuenta para nada. Hasta que la hija de la profesora a la que amaba en secreto en primaria, comenzó a pasearse por ahí luciendo su físico como una “reenacarnación” de su madre. Incluso lleva la misma melena castaña, y joder, hasta tiene la misma edad que quien ya sabéis cuando me daba clases.
Todo resulta muy extraño. Ahora, mientras los comensales reanudan la charla al margen de mí (habiendo decidido todos supongo que la cosa acabará con una no-despedida al final entre Pullitas/Novia y yo), me siento como si de verdad tuviera un Enemigo y una Chica concretos en mi vida. Es definitivamente así: mi historia.

Nuri Junior se mudó al barrio hace menos de un año. Es informática, va por libre y trabaja desde casa. Vive a tiro de piedra de mi edificio. Pullitas y Novia viven a unas dos calles. Pero la panadería de más éxito en el lugar está justo debajo de mi bloque. La panadería sin crisis. Lo que nos unió a todos al principio: Nuri Jr, Pullitas, Novia y yo. Como sea, Novia dentro de no mucho seguramente tendrá que aceptar que sobra. Da igual lo que pase, tarde o temprano Pullitas le dará puerta. De hecho, en lo único en lo que podemos estar de acuerdo ese trepa gilipollas y yo, es en que su novia es lo más aburrido, estándar, previsible y mezquino que puedes encontrar en tiempos de paz.
No me cabe duda de que donde Pullitas comenzó a ver a Nuri Jr es en la panadería (como yo, aunque no pasara del Hola), dentro de ella o camino de ella o… etc. Es por algo que hace tanto que Pullitas es quien compra el pan siempre para Casa Pullitas. Novia… diría que no sospecha nada concreto, al menos nada con nombre y apellidos. Creo que lo único que sabe es que su idea de tener una relación prospera está a punto de irse a pique en lo que a Pullitas se refiere. Si los cálculos no me fallan, llevan unos dos años de novios. Después del primer año de relación, ni cortos ni perezosos, se fueron a vivir juntos. Imagino que ella para él al principio era una chica tierna que le buscaba… y él se dejó llevar por las erecciones. Y él para ella era un tipo decidido y preparado, “abierto”, apuntado al gimnasio, seguro de sí mismo y demás clichés sobre cómo hay que ser en la vida para ser alguien.

Todo empieza el día de cierta fiesta de cumpleaños. Nuri Jr hace poco que se ha mudado al barrio (como un mes) pero conocía a la cumpleañera (una suerte de muñeca Bratz humana de 24 años que mete aunque sea con calzador la palabra «¿sabes?» al final de cada una de sus intervenciones). Hay unas treinta y cinco personas entre familiares y amigos. Muchas parejas recientes, jóvenes entre los 18 y los 25. Muchas chicas de veintipocos que se mueven y hablan a veces muy impostadamente para intentar aparentar más edad, lo cual hace que se lleven la contraria a sí mismas cuando con cierto uso del maquillaje intentan aparentar menos. La fiesta es en el jardín de la casa. En ese momento Pullitas y Novia están en teoría en el apogeo de su felicidad. Fue el día que más traté con ellos hasta la comilona. O más bien, el día que más tiempo los tuve cerca, los vi relacionarse, hablar y vivir en lo que aún era o parecía ser su casi palpable nube rosa entre la veintena y la treintena: dos jóvenes con preparación y planes para seguir preparándose, supongo que una activa vida sexual y varios álbumes de fotos en crecimiento constante.
En ese momento aún no sabía que ella era una mujer sacada de algún molde de mujeres infladas de comportamientos y discursos prefabricados, sin nada propio. No sabía que él me resultaría un gilipollas.
Todo fue muy sencillo y básico. No es que fuese asunto mío en ese momento, pero por lo que vi, no es que hubiera un gran feeling entre ellos. Siempre me ha parecido que las parejas realmente sólidas o, digamos, honestas, sinceras, auténticas más allá del sexo y la foto, tienden a un comportamiento de lo más tranquilo en público. Para resumir, denotan confianza el uno en el otro. No tienen nada de eso que comentaba antes sobre esas relaciones que parecen constantemente crispadas, como si además de tener que lidiar con tu trabajo y pagos y demás dolores de cabeza, también tuvieras que lidiar con tu pareja. Cuando tu pareja en lugar de parecer un apoyo, parece sencillamente otro elemento de tu vida que tienes que coger con pinzas…
En cierto momento me aparté de donde se reunía más gente; iba con una cerveza. Había dos amigos míos que trataban de ligar con quien fuera. Nuri Jr iba más bien por libre (La muñeca Bratz humana tenía demasiado que agradecer y atender). Novia chismorreaba en corrillo con su grupo de amigas: de ese modo en que cuando hablan sobre ti bajando la voz, no tienen ningún reparo en mirarte y soltar risitas. Y fue en ese momento cuando Pullitas le entró descaradamente a Nuri Jr con todo su arsenal de Ficha técnica ejemplar y años de gimnasio. Estaban lo suficientemente cerca para que pudiera oírles (ella apenas dijo nada). Él hacía eso que hacen tantas personas, lo de hacer peguntas concretas del modo más educado posible para después poder hablar de sí mismos en relación directa con esas preguntas. ¿A qué te dedicas? ¿Te has mudado ahora? Etc. Nuri Jr contestaba y entonces Pullitas se dedicaba a hablar sobre sí mismo con ese tono en plan Todo-lo-que-he-conseguido-pero-me-gustaría-hacer-otras-cosas-pero-jeje-así-es-la-vida…
Él sonreía y gesticulaba, a veces acariciaba el brazo derecho de Nuri Jr. Era todo muy obvio. Era a los encuentros naturales lo que la coprofagia al romanticismo. Pero Pullitas estaba convencido de que todo iba bien, de que estaba cayendo divinamente a esa monada de veintipocos de cabello ondulado por los hombros, ese bollycao de la panadería. Lo que él creía era que estaba impresionándola: lo que pasaba era que ella estaba totalmente roja, incomodada, porque se había dado cuenta de que Novia llevaba tiempo mirando en esa dirección, haciendo que no con la cabeza, y a punto de tomar medidas.
Novia se arrancó en un alarde de sentido común y control de la situación (o eso creía ella seguro), empujo primero a Pullitas, y luego a Nuri Jr para separarlos. Pullitas estuvo a punto de caer al suelo. Nuri Jr había sido desplazada en mi dirección, y la ayudé a levantarse del suelo.
Con ese gesto, Novia no estaba en realidad demostrando ningún brote inexplicable de celos psicóticos. La historia en global que se dejaba entrever, es que Pullitas seguro había intentado ligar muchas otras veces con otras. Y puede que incluso ya hubiera habido cuernos con perdón incluido. Lo que los demás presenciamos no fue más que la punta del iceberg, como suele pasar casi siempre. La intuición a veces es un mero ejercicio de 2 + 2.
Novia, después de montar el numerito de gruñidos y manotazos sobre Pullitas, se fue caminando moviendo la caderas de tal forma que incluso esa indignación parecía ensayada.
Fue luego cuando hablé con Nuri Jr, y por suerte, yo no debí parecerle tan gilipollas. Horas después me mandó una invitación de amistad a Facebook. Los meses posteriores me ha contado cada paso que Pullitas ha dado con ella en secreto para intentar que se citaran juntos. Yo me fui haciendo cada vez más amigo de ella, como suelo hacer a veces de forma errónea (es decir, hasta el punto de que ella cree que la veo como nada más que una amiga). Y el tiempo pasa volando hasta el día de la comilona, en que, no sé cómo, creo que Pullitas se ha enterado –(quizá nos ha visto juntos)– de que la dulce Nuri Jr y yo solemos hablar digital y presencialmente de lo gilipollas que él nos parece.
Supongo que ya me toca dar algún paso importante en todo esto…
Después de la comilona, salimos “a tomar algo”.
Ante mi sorpresa, Pullitas y Novia se enzarzan en no sé qué discusión absurda sobre algo acontecido hace dos meses. Pienso en Nuri Jr y en que hoy le contaré que su madre me daba clases de niño (es una jugarreta algo sucia que me guardaba, que pretende enternecerla antes de…). Novia le pega un tortazo a Pullitas en plena calle ante el pasmo de todos. Esos dos ejemplos de cómo controlar la vida… sacando de quicio la vida, regodeándose en su error conyugal (y yo siento otra vez mi agradable sensación extrañamente fuera de sus habituales contextos). Pienso en la entrepierna de Nuri Jr. Sus tetas, que ya quiero verlas. Su delicioso cerebro que quiero tener más tiempo más cerca. Pullitas pierde el control. Coge del pelo a Novia y la lanza hacia el tráfico murmurando: «Yo a ti te mato». Coches. Un autobús…

[Arriba un poco del narcotizante y raro folk de Ben Howards. Abajo más pin-up (celebridad). Y pasaos si eso por REUNIONES EN LA CUMBRE.]

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2 comentarios en “Gilipollas educación

  1. Jaja, ¡al fin! Al fin el protagonista sale de sus pensamientos silenciosos y le suelta al gilipollas de turno lo que es. Me ha encantado eso y el final, que me ha hecho reír un buen rato.

    Yo también hincaría el diente a uno o un par de Nuris Jr… pero ni han nacido todavía 😉

    Por lo demás, le diría al prota que aprovechase para hacer un trío con Nuri y Nuri Jr. Todo sea por esos amores primerizos.

  2. Cuantos Pullitas andan sueltos y nadie hace nada para evitarlo…hay que joderse. Se veía venir…estas cosas siempre terminan del mismo modo y luego vienen las lamentaciones de chica estándar y de amigas más estándares todavía…

    Lo de Nuria Jr. a veces pasa también, llega un punto en que sin saber como, te has convertido en su amigo y no sabes como volver atrás en el tiempo, esa es la zona de no retorno…en fin, esperemos que la última estrategia sabiamente escondida de su resultado y se enternezca un poco.

    Me gustó leerte hoy 🙂 mientras leía iba asintiendo en silencio, reflejaste muy bien ciertas realidades cotidianas que todo “pesimista etiquetado” ha de pasar. Que triste es el mundo de los felices y satisfechos….

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